El miedo y la vulnerabilidad de los jóvenes en un contexto violento en una región del noroeste mexicano: Apuntes para el debate



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XXX Congreso ALAS, Costa Rica, 2015.

GT 23: Corrupción, violencia social, crimen organizado y seguridad



"El miedo y la vulnerabilidad de los jóvenes en un contexto violento en una región del noroeste mexicano: Apuntes para el debate".

Beatriz A. Servín Herrera, Jesús Osorio Calderón y José M. Rangel Esquivel.

Monterrey, México. Instituto de Investigaciones Sociales.

Unidad Mederos de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).

Resumen.

Esta ponencia tiene el objetivo de contribuir a la reflexión en torno a las condiciones de vulnerabilidad social en la que se encuentran los jóvenes en un contexto de inseguridad y violencia. A través de explorar la construcción de narrativas de los jóvenes en torno al miedo, se analizan sus percepciones de (in)seguridad y se descubren los mecanismos catalizadores del miedo al delito, así como las implicaciones de la alteración de hábitos de interacción social y convivencia comunitarias.


Introducción.

El propósito de este trabajo es reflexionar sobre las condiciones materiales de los jóvenes en el noroeste de Chihuahua, México haciendo énfasis en aquellos estudiantes de escuelas secundarias de la región. Además se analizan los impactos de la violencia estructural en la comunidad, a través de los discursos de los jóvenes y sus experiencias cotidianas de vida y escolares.

Los referentes empíricos que nutren la base del presente texto, están conformados por los datos y la información derivados de una encuesta y algunas entrevistas realizadas a jóvenes estudiantes de secundaria en el marco del proyecto “Comunidad educativa y comunidad escolar: un análisis de la relación de la violencia estructural con la violencia escolar en la región noroeste de Chihuahua”, en el que se participó en las fases de exploración, trabajo de campo y análisis. La estructura de este trabajo contempla tres grandes apartados. En la primera parte se describe el contexto de violencia al que se enfrentan los sujetos juveniles en el noroeste de Chihuahua y en la segunda parte, se reflexiona sobre el miedo como experiencia individual y socialmente compartida por los jóvenes ante la violencia. Finalmente, se presentan un conjunto de reflexiones finales.

a) La juventud escolar en el noroeste chihuahuense ante la violencia.

La región noroeste de Chihuahua delimitada como zona de estudio para este trabajo, se conforma por los municipios de Casas Grandes, Nuevo Casas Grandes, Janos, Ascensión y Galeana. En conjunto comprende un total de 110,774 habitantes, lo que representa aproximadamente el 3.25% de la población total a nivel estatal (INEGI, 2010). Las edades de los jóvenes estudiantes que fueron encuestados están en un rango entre los 11 y los 16 años1. Se registró que la edad promedio es de 13.6 años. La mayoría de los estudiantes (87.6%) atribuyó mucha importancia al estudio. El 52.4% de los jóvenes encuestados dijo que su expectativa al salir de la secundaria es seguir estudiando, lo que puede hablar de los deseos de superación a través de la instrucción escolar. Por otro lado, el 44.3% ubicó sus expectativas en estudiar y trabajar. Al respecto cabe mencionar que a la mayoría de los jóvenes (34%) les gustaría llegar a estudiar la universidad; y la cuarta parte de los encuestados dijo que les gustaría alcanzar los estudios de posgrado.


Aproximadamente el 45% de los estudiantes dijo tener una ocupación fuera del horario escolar. De ellos sólo una tercera parte declaró recibir una remuneración a cambio. Entre las actividades que desempeñan se encontraron las siguientes: actividades referentes con la ayuda (en su casa, a sus padres, en desponchado, en tienda o rancho, etc.); b) práctica de algún deporte (principalmente futbol); c) trabajo remunerado (en alguna tienda o comercio, o en la venta de algún producto); d) actividades referentes a la limpieza, el cuidado y otras vinculadas con su edad como pasear con sus amigos o usar el chat. Por otro lado, Aproximadamente 3 de cada 4 de los estudiantes encuestados vive con ambos progenitores: madre y padre, lo que habla de la existencia mayoritaria de familias nucleares biparentales; sólo una tercera parte de los padres de los encuestados (34%) alcanzó los estudios de primaria.
Las ocupaciones de los padres de los jóvenes, se ubican mayoritariamente en el caso de las madres en las actividades relacionadas con el hogar, aunque figuran también actividades femeninas extradomésticas, sobre todo las actividades asalariadas y por cuenta propia, así como el desempeñado en las industrias ensambladoras (maquilas) que se ubican en el trabajo caracterizado por Maza (2004) como inestable y precario, o el que se ha desbordado en “las calles”, en el barrio, o la casa, lo que las clasifica como ocupaciones de baja calificación.
b) El miedo: una experiencia y emoción individual, socialmente construida y compartida por los jóvenes ante la violencia.

Debido a la complejidad del tema de la violencia y su impacto en los jóvenes, en este trabajo se enfatiza sólo en una de sus múltiples manifestaciones en este grupo social: la generación del miedo. Bajo esta lógica es útil subrayar el vínculo innegable entre la violencia y el miedo al delito, cuya relación en el contexto estructural es influida por la proliferación de delitos graves como los secuestros, los robos, los homicidios y lesiones dolosas que ponen en riesgo la integridad física de cualquier ciudadano.


La violencia considerada como una de las expresiones más severas y directas del poder físico, refiere a las acciones que se orientan a producir deliberadamente sufrimiento y daño en contra de otras personas a través del abuso (Varela, 2004)2. Y para el caso de México, la violencia tiene como principal referente al crimen organizado (Gutiérrez, Magdaleno y Yáñez, 2010). Por esa causa, en el apartado anterior se ha descrito de manera general el panorama de inseguridad y violencia en que ha estado inserta la región del noroeste chihuahuense en los últimos años y que ha estado directamente vinculado con el creciente despliegue de prácticas violentas por parte del crimen organizado principalmente. Por lo tanto, en concordancia con Hale (1998)3, se considera que “el miedo al crimen reduce de forma considerable la calidad de vida”. De ese modo, de manera exploratoria se hace una aproximación al análisis de las condiciones de los jóvenes estudiantes en escuelas secundarias en relación a sus percepciones de (in)seguridad y expresiones de angustia y miedo ante el contexto violento en que se ha encontrado inmerso el país, específicamente el estado de Chihuahua y su región noroeste.
Valdez y Paniagua (2011) sostienen que la inseguridad pública que se manifiesta en el aumento de la criminalidad, genera la movilización de dos emociones en el ser humano: el miedo y el malestar. La primera, ante el temor de ser víctima de actos delictivos; y la segunda, ante la pérdida de confianza en el Estado para brindar seguridad a sus habitantes. En el caso que nos ocupa, la exploración de la construcción de narrativas de los jóvenes en torno al miedo, surge al analizar descriptivamente las asociaciones que ellos hacen con la inseguridad. Se encontró que 12.8% de ellos, la vinculan con el miedo; y en menor medida, éste es asociado con la violencia: 5.4%. La consideración del fenómeno del miedo al crimen en este trabajo, no contempla sólo su vinculación al ámbito delincuencial, sino que, yendo más allá intenta rastrear la percepción de seguridad que tienen los jóvenes estudiantes de secundarias, lo que tendría implicaciones en los aspectos comunitarios, de convivencia y de participación ciudadana.
Interesa resaltar siguiendo a Reguillo (2000: 4), que el miedo es “siempre una experiencia individualmente experimentada, socialmente construida y culturalmente compartida”. Y en el caso de los jóvenes chihuahuenses de la zona de estudio, específicamente el contexto inseguro y violento es un elemento constitutivo del miedo en la población en general, y de este sector poblacional en particular. Por otro lado, con base en Enríquez (2008: 203), se parte de considerar a los miedos y las preocupaciones (además de otras emociones), como elementos clave para entender el mundo íntimo y social. Dicho en otras palabras, la exploración del rostro sociocultural de la emoción “no significa negar o atenuar su referente fisiológico y psicológico”, sino aprehenderla desde la subjetividad y rastrearla a ravés de la construcción del lenguaje. Por lo tanto, se busca subrayar la forma en que esta emoción es moldeada por un grupo social, haciendo que opere de acuerdo con el colectivo del que se es parte: joven estudiante de secundaria.
Siguiendo a la autora, se ha considerado entonces al miedo y al malestar emocional como emociones que adquieren sentido en la medida en que producen modificaciones en la vida de los jóvenes y en su noción como sujetos (Enríquez, 2008). En este caso, son emociones aparentemente normales ante la presencia de amenazas, “útiles para la supervivencia del individuo y de la especie y para evitar peligros innecesarios”. Es decir, refiere a sensaciones normalmente desagradables, que son puestas en marcha ante peligros que se viven como reales, y que originan respuestas de tipo defensivo o protector, pudiendo ser estas fisiológicas, motoras-comportamentales y manifestaciones cognitivo-subjetivas (Pérez, 2000: 125). Por lo tanto, el miedo como un fenómeno adaptativo y protector, motivador y socializante, dependiendo de su intensidad, puede generar a su vez descuido o torpeza.
Acorde con algunos autores (Medina, 2003; Ruiz, 2007), el miedo al delito puede generar conductas protectoras dentro y fuera del hogar de tipo activo o evitativo. Esto implica también alteraciones en los hábitos de interacción social, que pueden incluir decisiones como evitar salir de casa en determinadas horas, o atender llamadas telefónicas a partir de ciertas horas o provenientes de números desconocidos. De ese modo, en la zona de estudio se encontraron evidencias empíricas como la siguiente: “ellos que cambiaron de domicilio, todas sus cuentas, y toda su información”(E4NCG2012).
Por otro lado, desde la perspectiva de los jóvenes a nivel comunitario las conductas de protección ante las condiciones de inseguridad y violencia, se manifestaron explícitamente a través del cierre de negocios:

“…las personas de ahí, empezaron con secuestros, con extorsiones, cerraban en cuanto oscurecía, antes de que oscureciera cerraban y se iban a sus casas (…) Sí, había una tienda que a él pues lo tenían amenazado que si no pagaba cierta cantidad de dinero, pues iban a empezar con los familiares.. que es con lo primero que asustan, pues ya ve que la familia es algo que uno cuida mucho y es con lo que amenazan”(E1Asc2012).


Por otro lado, siguiendo a Conklin (1975)4, las personas especialmente temerosas del delito deciden refugiarse en sus hogares y/o protegiéndose con candados, cadenas, barras de seguridad y alarmas. De ese modo, en las narrativas de los jóvenes se aprecian sus experiencias referentes a las medidas que han tenido que tomar ante la inseguridad y la violencia. Las cuales se manifestaron a través de:

  1. instalar o incrementar el uso de mecanismos de protección en las viviendas: “cuando llega mi papá de trabajar a las cinco de la mañana pone el candado en el cerco para que no se roben la moto y antes no poníamos candado” (E5NCG2012); “pusimos cercos y así, luego tenemos faros, focos de esos que se prenden solos y está mi perro” (E6NCG2012).

  2. evitar atender el teléfono ante números desconocidos: que tuviéramos mucho cuidado… que cuidado en la calle, no salgan tanto, una voz que no conozcan al teléfono mejor cuelguen” (E1Asc2012) o;

  3. llegar temprano a casa o evitar salir a cierto horario: “lo que me da miedo es cuando ya está oscuro como a las 7:00 pm, por lo de los barrios, pero mientras no salgas muy lejos como para la escuela… como está el barrio de los robos por eso”(E5NCG2012).

  4. salir acompañado: “meterse más temprano (…) saliendo siempre con alguien, no salir solo, con amigos, tíos o familiares” (E4NCG2012).

La evidencia anterior, sugiere la importancia de reflexionar sobre las implicaciones de la alteración de algunos hábitos de interacción social ante las condiciones de inseguridad impuestas por la violencia estructural, tal como ya sostuvo Ruíz (2007). Al ser el miedo un sentimiento que progresivamente se fue generalizando y penetrando en el tejido social (Barreira, 2009), ha provocado diversos efectos sobre éste, y por lo tanto, tiene también una considerable influencia sobre la calidad de vida, las expresiones de solidaridad social y la desconfianza en las autoridades procuradoras de justicia. Tomando estas circunstancias en cuenta, podrían deducirse recomendaciones diversas de política pública en materia de seguridad y vigilancia comunitaria para la región estudiada.


Con base en Reguillo (2000:11), se puede argumentar que los miedos que ahora experimentan los jóvenes en la sociedad contemporánea “… comportan, configuran su propio programa de acción: a cada miedo (a ciertos espacios, a ciertos actores, a ciertas visiones y representaciones del mundo) unas respuestas”. De ese modo, destaca que en la experimentación del miedo como una de las emociones ante la inseguridad, figuran ciertos actores presentes en sus discursos, generadores de tal emoción, tales como “los malandros”, “la gente mala”, “los sicarios”, “los narcos”, “los delincuentes”, e incluso “los malos policías”.
Con base en lo expuesto por Medina (2003), se afirma que dichos miedos, pueden detonar en una espiral de deterioro comunitario, pues el miedo al delito podría fracturar el sentimiento de comunidad y transformar algunos espacios públicos en áreas que nadie quiere visitar. En el caso que aquí se analiza, la evidencia empírica manifiesta que en el noroeste chihuahuense, la calle y algunos espacios públicos (como el gimnasio o el centro) han dejado de ser utilizados como puntos de reunión debido a las condiciones de inseguridad.

antes yo salía bastante, salíamos mucho.. que así que al gimnasio, o sí a hacer actividades en familia. Ahora tratamos más de estar en casa, o en casa de algún familiar cuando hay algún.., algo qué hacer afuera. Yo con mis amigos, antes salíamos ahí al centro, a la pizzería así.., ahora los padres de mis amigos y los míos dicen que mejor en una casa” (E1Asc2012).


Por otro lado, entre los resultados que arrojó el análisis de los datos cuantitativos recolectados en la investigación refiere a la vinculación que hacen los estudiantes con la inseguridad. Destaca lo siguiente: el 17.1% de los estudiantes vincula la inseguridad con los delitos (asaltos, robos y/o ladrones); el 17.5% vincula la inseguridad con la violencia; el 11.8% vincula la inseguridad con el miedo; el 5.7% vincula la inseguridad con las matanzas; el 2.6% asocia la inseguridad con los secuestros; el 3.3% asocia la inseguridad con la implementación de una medida de seguridad como “no salir a la calle”.
Al respecto de la percepción de (in)seguridad que guardan los estudiantes con respecto a ciertos lugares, los resultados arrojaron que, el 37.1% de los jóvenes percibe a la colonia donde vive insegura; el 41.6% percibe a su municipio inseguro; el 41.6% se siente inseguro en la tienda; el 56.3% se siente inseguro en el parque; el 78.9% se siente inseguro en las calles; y en contraparte el 95.2% se siente seguro en casa. Resulta interesante notar que las percepciones de seguridad se asocian con espacios como la casa, el automóvil y la tienda. Por el contrario una percepción de inseguridad se asocia con espacios abiertos o públicos como el parque, las calles y la carretera (Servín y Cano, 2012).
En concordancia con Barreira (2009), la inseguridad en la calle se circunscribe a la posibilidad de limitar salir hacia allá. Y en este caso, además la preocupación generada por las condiciones de inseguridad como tal, se evidenció en este trabajo como una emoción que define y estructura relaciones sociales y condiciones de la convivencia.
“… eran muy bien, andábamos seguros por las calles, sin preocuparnos ni nada. Pero ahora ando todo preocupado por cualquier cosa, no salgo ni nada (…) en la noche ya no se puede salir, bueno… sí se puede, pero ando preocupado”(E4NCG2012).

“… nos invitan a fiestas y así, y a veces no podemos ir”(E6NCG2012).


Acordes con Medina (2003), la investigación criminológica ha develado la consistencia de la relevancia del contexto comunitario para entender el fenómeno del miedo al delito. Siguiendo al autor, la percepción del riesgo de victimización, así como el desorden social en la comunidad son factores de notable relevancia a la hora de entender el miedo al delito. Las personas que han sido expuestas a situaciones de victimización del delito, de un familiar o conocido, contextualizan el proceso de interpretación de los riesgos de manera muy particular. La evidencia empírica obtenida, ha permitido reflexionar sobre las implicaciones de la exposición de los jóvenes escolares a experiencias directas y/o indirectas con el delito (algunos de ellos graves, tales como las amenazas, los asaltos en carretera, los robos de autos, el secuestro o la extorsión) hacia:


  • Ellos mismos: “.. a mí me amenazan (…) unas chavalas (…) que me van a matar y que no se qué”(E2Asc2012).

  • Los integrantes del núcleo familiar nuclear o extendido (padres, tíos): “… a mi papá cuando estaba todo esto de los secuestros, le dijeron que me tenían vigilada a mí saliendo de la escuela. Y sí se preocupaba mucho, y sí y en mi familia materna un tío es dueño de una ferretera, a él lo trataron de secuestrar, no pudieron. Y por parte sí de mi mamá, otras extorsiones. Decían que les daban dinero o se hacía pasar por familiares, pidiendo dinero o así, algún número de cuenta, todo eso así… sí para hacer todo eso de males” (E1Asc2012).

  • Sus conocidos cercanos (vecinos): “Allá había unos secuestradores (…) cuando empezó lo de la violencia cada jueves secuestraban a una persona. La secuestraban el jueves para devolverla el martes cuando daban la recompensa, pero todos los jueves era de que alguien secuestrado” (E3Asc2012).

Una de las expresiones del miedo al crimen, es el temor que se tiene en la colonia de residencia. Acorde con Vilalta (2010), esto depende entre otras cosas, de la experiencia de haber sido víctima de un delito y de los niveles de confianza en la policía local. En el caso específico de uno de los municipios de la zona de estudio (Ascensión), la percepción es clara en cuanto a la vulneración de las garantías individuales que llegaron a impedir la concentración de los ciudadanos en lugares públicos: “era difícil el poderse concentrar en algún lugar por el miedo de que algo pudiera pasar…” (E1Asc2012). O en otros casos, a provocar el desborde de la reacción de algunos pobladores del municipio que tomaron la justicia por su propia mano, ante el hastío de casos frecuentes de secuestros5: “…se dio un secuestro de una alumna de la preparatoria precisamente. Entonces ya habían sucedido otros, el pueblo se organizó con ciertas personas y en cuanto se diera otra situación de estas, todos iban a estar comunicados. Entonces se comunicaron y atraparon, la gente, la misma población atraparon a los que cometieron este, a los que cometieron este atraco, este secuestro y pues fue una cuestión muy difícil…”(E4NCG2012). Lo anteriormente dicho, es apenas un botón de muestra de los efectos del desorden comunitario debidos a la delincuencia y la generación del miedo al delito. A través de ello se pone en evidencia el desorden y la inseguridad como mecanismos catalizadores del miedo al delito, que a decir de Pérez (2000), tiene manifestaciones cognitivo-subjetivas que se pueden ver en la pérdida de confianza y la sensación de impotencia. Se considera que esto último se evidencia más claramente cuando se trata de delitos graves que repercuten seriamente en las decisiones (temporales o definitivas) de los jóvenes escolares (y de sus padres) de abandonar la escuela secundaria donde estudian.


Conclusiones.

A lo largo de este trabajo se reflexionó sobre las condiciones de los jóvenes en la región del noroeste chihuahuense. El punto de partida fue la contextualización del entorno violento, precario y desventajoso en el que se encuentran los estudiantes de las escuelas secundarias ante la existencia de un Estado frágil y sin capacidad efectiva de intervención que les garantice una vida segura, tranquila y libre de restricciones. Se revisaron las características generales sociodemográficas de los estudiantes y las de su entorno familiar, logrando identificar elementos latentes que se encuentran en sus producciones discursivas y que permitieron de alguna forma aproximarse al estudio de la vulnerabilidad como fenómeno social que enmarca sus condiciones materiales.


Lo anterior permite reflexionar sobre la importancia que tiene el tiempo como dimensión social de la emoción del miedo al delito. En tanto el miedo que los jóvenes han sentido, les ha permanecido a través del tiempo, definiendo y estructurando sus relaciones sociales, definiendo sus pautas de interacción y asistencia a los espacios educativos, temporal o definitivamente. De ese modo, las consecuencias del miedo para este caso de estudio se hacen reales, tangibles con impactos en ambos niveles, el individual y el social. Los abandonos de la vida pública expresados a través de las construcciones discursivas de los estudiantes en sus relatos, dejan entrever que la generación del miedo y el malestar emocional en ellos, ha sido a consecuencia principalmente de la proliferación de la violencia criminal a gran escala, lo que ha repercutido seriamente en el tejido social y la vida comunitaria. Se puede apreciar en ello que, se pone en evidente crisis la consideración de la política social como conjunto de principios y acciones relativamente coherentes que determinan la distribución y control del bienestar por la vía política, cuestionando seriamente además al Estado como la institución que debiera hacer valer dichos principios.
Referencias:

  • Barreira, C. (2009). Representaciones sobre la violencia entre jóvenes. Estigma, miedo y exclusión. En: Espacio Abierto. Vol. 18. Núm. 2. Venezuela: Asociación venezolana de sociología.

  • Enríquez, R. (2008). El crisol de la pobreza. Mujeres, subjetividades, emociones y redes sociales. México: Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente.

  • Gutiérrez, P.; Magdaleno, G. y Yáñez V. (2010). Violencia, estado y crimen organizado en México. En: El Cotidiano. Núm. 163. Septiembre-octubre. México: Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. p.p. 105-114.

  • INEGI (2010). Encuesta Nacional sobre Inseguridad. México: INEGI.

  • Maza, O. (2004). El trabajo, una nueva lectura desde los procesos de precarización. En: Revista Polis. Vol. 2. México: UNAM. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Archivo electrónico en: http://www.juridicas.unam.mx/publica/librev/rev/polis/cont/20042/art/art5.pdf Consultado el 30 de agosto de 2013.

  • Medina, J. (2003). Inseguridad ciudadana, miedo al delito y policía en España. En: Revista electrónica de Ciencia Penal y Criminología. España.

  • Pérez, M. (2000). El miedo y sus trastornos en la infancia. Prevención e intervención educativa. En: Revista de Pedagogía de la Universidad de Salamanca. España: Ediciones Universidad de Salamanca. Archivo electrónico en: http://campus.usal.es/~revistas_trabajo/index.php/0214-3402/article/viewFile/3564/3584. Consultado el 10 de junio del 2013.

  • Reguillo, R. (2010). Los jóvenes en México. México: Fondo de Cultura Económica, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.




  • Reguillo, R. (2000). Los laberintos del miedo. Un recorrido para fin de siglo. En: Revista de Estudios Sociales. Núm. 005. Colombia: Universidad de los Andes.

  • Ruiz, J. (2007). Cultura ciudadana, miedo al crimen y victimización: un análisis de sus interrelaciones desde la perspectiva del tejido social. En: Acta Colombiana de Psicología. Vol. 10. Núm. 1. Colombia: Universidad Católica de Colombia.

  • Servín, B. y Cano A. (2012). Juventud, escuela y violencia: un caso de estudio en el noroeste de Chihuahua. Ponencia presentada en el Primer Congreso Internacional de Educación. Construyendo inéditos viables. Chihuahua, México: UACH.

  • Valdez, A. y Paniagua, A. (2011). Criminalidad, inseguridad pública y comportamiento de los electores: un análisis del proceso electoral estatal 2010 en Ciudad Juárez, Chihuahua. En: Estudios Fronterizos Vol. 12, núm. 23. México: Universidad Autónoma de Baja California.

  • Vilalta, C. (2010). El miedo al crimen en México. Estructura lógica, bases empíricas y recomendaciones iniciales de política pública. En: Gestión y política pública. Vol. 19. No. 1. México: Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

1 Principal motivo por el que se usan de manera indistinta los términos adolescentes y jóvenes para efectos de definir los sujetos de investigación con los que se trabajó, como ya se dijo líneas arriba.

2 Citada por Gutiérrez, Magdaleno y Yáñez (2010).

3 Citado por Vilalta (2010: 4).

4 Citado por Medina (2003).

5 Un grupo enardecido de pobladores de la cabecera municipal de Ascensión golpeó severamente a dos presuntos secuestradores de una menor de edad. La gravedad de las lesiones y la inatención médica les provocó la muerte. (Ver La Jornada, 22 de septiembre de 2010).


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