El martirio de san felipe



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La   fuente iconográfica se encuentra en la aparición de la Virgen a la dama portuguesa Beatriz de Silva  que fundó en el siglo XVI  en Toledo la Orden de la Concepción Purísima.  En la aparición,  la describió  con los ojos alzados al cielo y los brazos cruzados sobre el pecho, rodeando su cabeza 12 estrellas que formaban una corona plateada, cubierta con  una túnica blanca y un manto azul.

Dicha imagen de la luna se asoció primero a la Iglesia, posteriormente a la Asunción y finalmente a la Inmaculada Concepción. Además el sol, la luna y las estrellas eran símbolos del saber, lo que venía a explicar que la concepción inmaculada de María lo fue con plena sabiduría. La iconografía se completa en este caso con querubines que portan los atributos marianos: las azucenas como símbolo de pureza, las rosas de amor, la rama de olivo como símbolo de paz y la palma representando el martirio.

Esta obra es así llamada por haber permanecido en el Escorial como pieza de las colecciones reales, según parece después de ser comprada en Sevilla por Carlos III.

Murillo vive lo peores momentos de la crisis alrededor de los años 50 del siglo y una pequeña recuperación en el  último tercio del siglo  coincidiendo con el el reinado de Carlos II, último de los Austrias    

Murillo fue pintor de gran éxito.  Su estilo evoluciona desde su etapa inicial con cuadros fundamentales son de género o escenas costumbristas ( niños comiendo fruta) que tienen influencia del naturalismo y del tenebrismo con  predominio de colores ocres, terrosos  , que eran los más utilizados en los vestidos del pueblo.

En esto cuadros participa Murillo de algo barroco presenta , LA VIDA COTIDIANA, con  la que el espectador se sentía identificado- ellos eran los protagonistas, pero sin mostrar rasgo de crítica social, la visión es amable            

Evoluciona  hacia una técnica más vaporosa  utilizando tonos suaves : azul, rosa,  y la luz dorada y envolvente, además las figuras se caracterizan por la belleza, gracia y  ternura.  

   

LOS NIÑOS DE LA CONCHA

FICHA


AUTOR:  Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). MURILLO

FECHA:  1670-75

LOCALIZACIÓN: Museo del Prado – MADRID - ESPAÑA

ESTILO: Pintura española del Barroco (Siglo XVII)



 

ANÁLISIS
La obra es un óleo sobre lienzo. Pertenece a la pintura barroca andaluza.

La pintura refleja el momento en el cual Niño Jesús da de beber agua con una concha a su primo San Juan Bautista. Estos dos personajes son los protagonistas del cuadro, y ocupan casi todo el lienzo. Además, en la parte superior de la obra hallamos a tres ángeles niños que observan la escena. Éstos presentan el recurso llamado “rompimiento de gloria”, que es la representación del plano espiritual sobre el terrenal, todo ello enmarcado en una perspectiva fingida.

Murillo trató de representar el bautismo de Jesús a orillas del río Jordán, pero con figuras infantiles llenas de gracia y ternura, los denominados “niños divinos”. Encontramos un elevado nivel de idealización en los personajes. 

La composición está realizada en un triángulo, con la cabeza de Jesús en el vértice superior de éste. El cordero y el bastón de San Juan Bautista refuerzan las diagonales. En éste último se puede leer la frase “Ecce Agnus Dei”, que son las palabras de San Juan Bautista que aluden a la condición de Cristo como cordero de Dios. La pintura, como muchas otras de Murillo, se encuentra envuelta por una niebla o bruma conocida como “efecto vaporoso”, muy común en las obras de sus últimos años.

La gama cromática de esta composición es oscura, y los personajes son elegantes y frágiles. La función de la obra es decorativa y religiosa. En el fondo apreciamos algunos arbustos de color verde oscuro que apenas se distinguen entre sí, dejando todo el protagonismo a los tres ángeles, a Jesús y a San Juan Bautista, y al cordero. El cielo es azul grisáceo oscuro, y de él resaltan los tres angelitos, quienes están cubiertos por la bruma.


COMENTARIO
En el proceso evolutivo del sentir religioso del siglo xvii, el fervor católico se encuentra cada vez más atraído por los temas de la infancia de Cristo y de San Juan Bautista. A pesar de que San Juan no vio a Cristo desde que lo adoró en el vientre de su madre hasta que lo bautizó en el Jordán, en numerosas obras que representan la infancia de Cristo se incorpora a San Juanito, por lo menos desde el Quattrocento florentino. Las razones que se dan respecto a esta introducción se basan en el hecho de que San Juan Bautista era uno de los Santos Patrones de Florencia. Reducirlo a niño y así acercarlo al pequeño Jesús satisfacía ciertos deseos que los florentinos fueron los primeros europeos del Renacimiento en sentir. Sin embargo, este tema distó mucho de ser un tema florentino o renacentista en sí, y tuvo una rápida difusión por toda la Europa católica.
Murillo pinta Los niños de la concha entre 1670 y 1675. Se ha querido ver en la composición de este lienzo una copia de la obra de Guido Reni y por ende la posible influencia directa del artista italiano en Murillo. Sin embargo, la obra de Guido Reni procede de una estampa original de Annibale Carraci, lo que hace suponer que Murillo, más que un especial interés por el estilo de Guido Reni, lo que nos muestra es el eco que se hace del ambiente religioso de la escuela pictórica boloñesa, creadora, como es sabido, de temas de la más amplia difusión.

Nos encontramos ya en uno de los periodos de gran actividad del artista sevillano. La obra nos muestra al niño Jesús dando de beber con una concha a San Juan Bautista. Las figuras están acompañadas por los símbolos que las identifican. Así, por un lado tenemos a San Juanito sosteniendo la cruz de su martirio, vestido con la piel de camello y acompañado por un cordero. En la filacteria que rodea la cruz se puede leer «Ecce Agnus Dei», la cual alude a las palabras de Juan Bautista, quien llamó a Cristo el Cordero de Dios. El niño Jesús aparece de pie y en un plano superior al de San Juanito y alrededor de su cabeza se abre un fondo de Gloria, el cual puede aludir a su naturaleza divina.

Bartolomé Esteban Murillo perteneció a la escuela de pintura barroca andaluza, al haber nacido en Sevilla. Se adaptó al gusto de la época, plasmando una religiosidad familiar y tierna, siendo su mayor preocupación el colorido de sus obras. En su juventud comenzó iniciándose en el tenebrismo, pero en las décadas siguientes sus pinturas denotaron ternura, intimidad y misticismo.

LOS NIÑOS JUGANDO A LOS DADOS

FICHA


AUTOR:  Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). MURILLO

FECHA:  1665-75?

LOCALIZACIÓN: Pinacoteca antigua – Alte Pinakothek- MUNICH - ALEMANIA

ESTILO: Pintura española del Barroco (Siglo XVII)



 

ANÁLISIS Y COMENTARIO
Nació Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) un mes de diciembre –no se sabe el día– de hace cuatrocientos años, y murió un 3 de abril, cuando contaba sesenta y cuatro, a causa de una caída de un andamio mientras pintaba la parte superior de un retablo para una iglesia que le habían encargado. 
Murillo tenía encargos de temática religiosa por doquier, porque su clientela provenía del mundo eclesial o relacionado con él, pensemos que la Contrarreforma quería impedir el avance de la Reforma protestante con imaginería religiosa, entre otros factores, por lo que estaba en auge esta iconografía; también en los hogares de las clases pudientes que podían permitírselo. Encargos que hacía con gusto porque él era un hombre creyente.

  

Mas, paralelamente, creó temas profanos, del pueblo entre ellos los retratos de niños de la calle, dejándonos una expresiva documentación de otra cara de la Sevilla de aquel tiempo. Una obra de género sin precedentes en España hasta entonces, que inició en la década de los cuarenta del siglo XVII y que continuaría en adelante.



Dos de los chiquillos juegan a los dados en posturas encontradas mientras que un tercero come una fruta mientras que un perro le mira. Se supone que se trata de vendedores de fruta o aguadores debido a la presencia en primer plano de una canasta con fruta y una vasija de cerámica, jugando las escasas monedas conseguidas, realizados todos los detalles con una impronta claramente naturalista. Los gestos de los muchachos están perfectamente caracterizados, especialmente el que echa los dados cuyo rostro está parcialmente iluminado por la rica y dorada luz. Una línea diagonal une las tres cabezas de los muchachos mientras que alrededor del centro de atención -los dados- Murillo ha creado un círculo donde se integran gestos y actitudes.

Como viene siendo habitual en las obras de la década de 1670, el pintor sevillano introduce una atmósfera vaporosa creada por las luces cálidas y la armonía cromática de pardos, blancos, grises y ocres, obteniendo un resultado de gran calidad y belleza protagonizado por las actitudes desenfadas y vitales de los muchachos. El lienzo aparece documentado en 1781 en la Hofgartengalerie de Munich donde fue adquirido a principios del siglo XVIII para la Colección Real Alemana.


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