El Gaucho Martín Fierro, seguido de La Vuelta de Martín Fierro



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1137

Primero fue la frontera

por persecución de un juez;

los indios fueron después

y, para nuevos estrenos,

ahora son estos morenos,

pa' alivio de mi vejez.

1138

La madre echó diez al mundo,

lo que cualquiera no hace

y tal vez de los diez pase,

con iguales condiciones…

La mulita pare nones,

todos de la mesma clase.
1139

A hombre de humilde color

nunca sé facilitar;

cuando se llega a enojar

suele ser de mala entraña.

Se vuelve como la araña,

siempre dispuesta a picar.
1140

Yo he conocido a toditos

los negros más peliadores.

Había algunos superiores

de cuerpo y de vista… ¡Ahijuna!

Si vivo, les daré una…

historia de las mejores.
1141

Mas cada uno ha de tirar

en el yugo en que se vea.

Yo ya no busco peleas,

las contiendas no me gustan,

pero ni sombras me asustan

ni bultos que se menean.
1142

La créia ya desollada

mas todavía falta el rabo

y, por lo visto, no acabo

de salir de esta jarana.

Pues esto es lo que se llama

remacharselé a uno el clavo.

XXXI
1143

Y después de estas palabras

que ya la intención revelan,

procurando los presentes

que no se armara pendencia,

se pusieron de por medio

y la cosa quedó quieta.



Martín Fierro y los muchachos,

evitando la contienda,

montaron y paso a paso

como el que miedo no lleva,

a la costa de un arroyo

llegaron a echar pie a tierra.

Desensillaron los pingos

y se sentaron en rueda,

refiriéndose entre sí

infinitas menudencias,

porque tiene muchos cuentos

y muchos hijos la ausencia.



Allí pasaron la noche

a la luz de las estrellas,

porque ese es un cortinao

que uno lo halla dondequiera,

y el gaucho sabe arreglarse

como ninguno se arregla.

El colchón son las caronas,

el lomillo es cabecera,

el cojinillo es blandura,

y con el poncho o la jerga,

para salvar del rocío

se cubre hasta la cabeza.

Tiene su cuchillo al lado

pues la precaución es buena;

freno y rebenque a la mano

y, teniendo el pingo cerca,

que pa' asigurarlo bien

la argolla del lazo entierra

(aunque el atar con el lazo

da del hombre mala idea),

se duerme ansí, muy tranquilo,

todita la noche entera.

Y si es lejos del camino,

como manda la prudencia,

más siguro que en su rancho

uno ronca a pierna suelta,

pues en el suelo no hay chinches

y es una cuja camera

que no ocasiona disputas

y que naides se la niega.

Además de eso, una noche

la pasa uno como quiera,

y las va pasando todas

haciendo la mesma cuenta.

Y luego los pajaritos

al aclarar, lo dispiertan,

porque el sueño no lo agarra

a quien sin cenar se acuesta.

Ansí, pues, aquella noche

jue para ellos una fiesta,

pues todo parece alegre

cuando el corazón se alegra.

No pudiendo vivir juntos

por su estado de pobreza,

resolvieron separarse

y que cada cual se juera

a procurarse un refugio

que aliviara su miseria.
Y antes de desparramarse

para empezar vida nueva,

en aquella soledá

Martín Fierro, con prudencia,

a sus hijos y al de Cruz

les habló de esta manera:


XXXII
1144

Un padre que da consejos

más que padre es un amigo.

Ansí, como tal les digo

que vivan con precaución:

naides sabe en qué rincón

se oculta el que es su enemigo.
1145

Yo nunca tuve otra escuela

que una vida desgraciada.

No estrañen si en la jugada

alguna vez me equivoco,

pues debe saber muy poco

aquél que no aprendió nada.
1146

Hay hombres que de su cencia

tienen la cabeza llena,

hay sabios de todas menas …

Mas digo, sin ser muy ducho:

es mejor que aprender mucho

el aprender cosas buenas.
1147

No aprovechan los trabajos

si no han de enseñarnos nada;

el hombre, de una mirada

todo ha de verlo al momento.

El primer conocimiento

es conocer cuándo enfada.
1148

Su esperanza no la cifren

nunca en corazón alguno.

En el mayor infortunio

pongan su confianza en Dios;

de los hombres, sólo en uno,

con gran precaución, en dos.
1149

Las faltas no tienen límites

como tienen los terrenos;

se encuentran en los más buenos

y es justo que les prevenga:

aquel que defetos tenga

disimule los ajenos.
1150

Al que es amigo, jamás

lo dejen en la estacada

pero no le pidan nada

ni lo aguarden todo de él.

Siempre el amigo más fiel

es una conduta honrada.
1151

Ni el miedo ni la codicia

es bueno que a uno lo asalten.

Ansí, no se sobresalten

por los bienes que perezcan,

al rico nunca le ofrezcan

y al pobre jamás le falten.
1152

Bien lo pasa, hasta entre pampas,

el que respeta a la gente.

El hombre ha de ser prudente

para librarse de enojos,

cauteloso entre los flojos,

moderado entre valientes.
1153

El trabajar es la ley,

porque es preciso alquirir;

no se espongan a sufrir

una triste situación.

Sangra mucho el corazón

del que tiene que pedir.
1154

Debe trabajar el hombre

para ganarse su pan,

pues la miseria, en su afán

de perseguir de mil modos,

llama en la puerta de todos

y entra en la del haragán.
1155

A ningún hombre amenacen

porque naides se acobarda.

Poco en conocerlo tarda,

quien amenaza imprudente,

que hay un peligro presente

y otro peligro se aguarda.
1156

Para vencer un peligro,

salvar de cualquier abismo

- por esperencia lo afirmo -

mas que el sable y que la lanza,

suele servir la confianza

que el hombre tiene en si mismo.
1157

Nace el hombre con la astucia

que ha de servirle de guía…

Sin ella, sucumbiría.

Pero, sigún mi esperencia,

se vuelve, en unos, prudencia

y en los otros, picardía.
1158

Aprovecha la ocasión

el hombre que es diligente.

Y tenganló bien presente:

si al compararla no yerro,

la ocasión es como el fierro …

se ha de machacar caliente.

1159

Muchas cosas pierde el hombre

que a veces las vuelve a hallar.

Pero les debo enseñar,

y es bueno que lo recuerden:

si la vergüenza se pierde,

jamás se vuelve a encontrar.
1160

Los hermanos sean unidos,

porque esa es la ley primera.

Tengan unión verdadera

en cualquier tiempo que sea,

porque si entre ellos pelean

los devoran los de ajuera.
1161

Respeten a los ancianos,

el burlarlos no es hazaña.

Si andan entre gente estraña

deben ser muy precavidos,

pues por igual es tenido

quien con malos se acompaña.
1162

La cigüeña, cuando es vieja,

pierde la vista y procuran

cuidarla en su edá madura

todas sus hijas pequeñas…

Apriendan de las cigüeñas

este ejemplo de ternura.
1163

Si les hacen una ofensa,

aunque la echen en olvido

vivan siempre prevenidos.

Pues ciertamente sucede

que hablará muy mal de ustedes

aquél que los ha ofendido.
1164

El que obedeciendo vive

nunca tiene suerte blanda,

mas, con su soberbia, agranda

el rigor en que padece.

Obedezca el que obedece

y será bueno el que manda.
1165

Procuren de no perder

ni el tiempo, ni la vergüenza.

Como todo hombre que piensa

procedan siempre con juicio

y sepan que ningún vicio

acaba donde comienza.
1166

Ave de pico encorvado

le tiene al robo afición,

pero el hombre de razón

no roba jamás un cobre

pues no es vergüenza ser pobre

y es vergüenza ser ladrón.
1167

El hombre no mate al hombre

ni pelée por fantasía.

'Tiene en la desgracia mía

un espejo en que mirarse;

saber el hombre guardarse

es la gran sabiduría.
1168

La sangre que se redama

no se olvida hasta la muerte.

La impresión… es de tal suerte

que, a mi pesar -no lo niego-

cái como gotas de fuego

en la alma del que la vierte.
1169

Es siempre, en toda ocasión,

el trago el pior enemigo.

Con cariño se los digo,

recuérdenló con cuidado:

aquel que ofiende embriagado

merece doble castigo.
1170

Si se arma algún revolutis

-siempre han de ser los primeros-

no se muestren altaneros

aunque la razón les sobre.

En la barba de los pobres

aprienden pa' ser barberos.
1171

Si entriegan su corazón

a alguna mujer querida

no le hagan una partida

que la ofienda a la mujer.

Siempre los ha de perder

una mujer ofendida.
1172

Procuren, si son cantores,

el cantar con sentimiento.

No tiemplen el estrumento

por solo el gusto de hablar

y acostumbrensé a cantar

en cosas de jundamento.
1173

Y les doy estos consejos,

que me ha costao alquirirlos,

porque deseo dirigirlos.

Pero no alcanza mi cencia

hasta darles la prudencia

que precisan pa' seguirlos.
1174

Estas cosas y otras muchas

medité en mis soledades.

Sepan que no hay falsedades

ni error en estos consejos:

es de la boca del viejo

de ande salen las verdades.



XXXIIl
1175

Después a los cuatro vientos

los cuatro se dirigieron;

una promesa se hicieron

que todos debían cumplir,

mas no la puedo decir,

pues secreto prometieron.



1176

Les advierto solamente

-y esto a ninguno le asombre,

pues muchas veces el hombre

tiene que hacer de ese modo-

convinieron entre todos

en mudar allí de nombre.
1177

Sin ninguna intención mala

lo hicieron, no tengo duda,

pero es la verdá desnuda.

Siempre suele suceder:

aquél que su nombre muda

tiene culpas que esconder.
1178

Y ya dejo el estrumento

con que he divertido a ustedes;

todos conocerlo pueden

que tuve costancia suma.

Este es un botón de pluma

que no hay quien lo desenriede.
1179

Con mi deber he cumplido

y ya he salido del paso.

Pero diré, por si acaso,

pa' que me entiendan los criollos:

todavía me quedan rollos

por si se ofrece dar lazo.
1180

Y con esto me despido

sin espresar hasta cuándo.

Siempre corta por lo blando

el que busca lo siguro,

mas yo corto por lo duro,

y ansí he de seguir cortando.
1181

Vive el águila en su nido,

el tigre vive en la selva,

el zorro en la cueva ajena…

Y en su destino incostante

sólo el gaucho vive errante,

donde la suerte lo lleva.

1182

Es el pobre en su orfandá

de la fortuna el desecho,

porque naides toma a pecho

el defender a su raza.

Debe el gaucho tener casa,

escuela, iglesia y derechos.
1183

Y han de concluír algún día

estos enriedos malditos.

La obra no la facilito

porque aumentan el fandango

los que están, como el chimango,

sobre el cuero y dando gritos.
1184

Mas Dios ha de permitir

que esto llegue a mejorar…

Pero se ha de recordar,

para hacer bien el trabajo,

que el fuego, pa' calentar,

debe ir siempre por abajo.
1185

En su ley está el de arriba

si hace lo que le aproveche;

de sus favores sospeche

hasta el mesmo que lo nombra:

siempre es dañosa la sombra

del árbol que tiene leche.
1186

Al pobre, al menor descuido

lo levantan de un sogazo.

Pero yo compriendo el caso

y esta consecuencia saco…

¡El gaucho es el cuero flaco!

Da los tientos para el lazo.



1187

Y en lo que esplica mi lengua

todos deben tener fe.

Ansí, pues, entiendanmé,

con codicias no me mancho:

no se ha de llover el rancho

en donde este libro esté.
1188

Permítanmé descansar

¡pues he trabajado tanto!

En este punto me planto

y a continuar me resisto;

estos son treinta y tres cantos,

que es la mesma edá de Cristo.
1189

Y guarden estas palabras

que les digo al terminar:

en mi obra, he de continuar

hasta darselá conclúida

si el ingenio, o si la vida,

no me llegan a faltar.
1190

Y si la vida me falta,

tenganló todos por cierto,

que el gaucho, hasta en el desierto

sentirá, en tal ocasión,

tristeza en el corazón

al saber que yo estoy muerto.
1191

Pues son mis dichas desdichas,

las de todos mis hermanos;

ellos guardarán ufanos

en su corazón mi historia.

Me tendrán en su memoria

para siempre mis paisanos.


1192

Es la memoria un gran don,

calidá muy meritoria;

y aquéllos que en esta historia

sospechen que les doy palo,

sepan que olvidar lo malo

también es tener memoria.
1193

Mas naides se crea ofendido,

pues a ninguno incomodo

y si canto de este modo,

por encontrarlo oportuno,

NO ES PARA MAL DE NINGUNO

SINO PARA BIEN DE TODOS.





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