El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero


- Más incógnitas que ecuaciones (los amigos de Henry)



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- Más incógnitas que ecuaciones (los amigos de Henry)

- Los cerebros detrás del colapso financiero (The Wall Street Journal - 1/2/10)

Extractos del libro “The Quants”, sobre cómo una banda de matemáticos e ingenieros informáticos casi destruyó Wall Street

(Por Scott Patterson)



Hace unos días, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, propuso nuevas normas para mantener a raya algunas de las actividades más arriesgadas (y rentables) de Wall Street. Uno de los blancos son las reservadas operaciones de corretaje entre bancos que utilizan altos niveles de apalancamiento, o dinero prestado, para hacer grandes apuestas sobre el mercado.

Wall Street asegura que las regulaciones no son necesarias, y desde que se desató la crisis financiera, la mayoría de bancos ha disminuido su exposición a esta clase de operaciones. Pero cuando la recesión empezó a propagarse con toda su fuerza en 2007, muchos de ellos se convirtieron en las primeras víctimas, perdiendo en conjunto miles de millones de dólares en cuestión de días.



En su nuevo libro “The Quants” (algo así como Los quants), el reportero de The Wall Street Journal, Scott Patterson, sugiere cómo un grupo de matemáticos e ingenieros informáticos se apoderó de gran parte del sistema financiero (y los daños que infligieron en el colapso económico de 2007).

El 6 de agosto de 2007, Peter Muller, un operador de Morgan Stanley y fundador del fondo Process Driven Trading, PDT (negociación dirigida por procesos), estaba cerca de Boston visitando a un amigo. Al mando de la unidad en su reemplazo estaban Mike Reed y Amy Wong, ambos veteranos de PDT, desde cuando el grupo no era más que un experimento teórico y sus operadores una banda de jóvenes genios de las matemáticas que se la pasaban ensayando modelos en computadoras.

En Wall Street eran conocidos como los quants (o inversionistas cuantitativos): operadores e ingenieros financieros que recurrían a complejos conceptos matemáticos y computadoras superpoderosas para jugar con miles de millones de dólares. En lugar de seguir a compañías individuales y fijarse en su desempeño, la gerencia y sus rivales, se basaban en elaboradas fórmulas matemáticas para configurar apuestas sobre qué acciones subirían y cuáles bajarían. Para principios de 2000, estos inversionistas cuantitativos ya dominaban Wall Street, respaldados por importantes descubrimientos teóricos en la aplicación de las matemáticas a los mercados financieros, avances que los habían hecho merecedores de varios estantes llenos de premios Nobel.

PDT, uno de los fondos cuantitativos más reservados, era ahora una potencia económica, con oficinas en Londres y Tokio y alrededor de US$ 6.000 millones en activos (el monto podía cambiar a diario dependiendo del dinero que Morgan dirigía hacia la unidad). Se trataba de una máquina bien engrasada que no paraba de imprimir dinero, día tras día.

Sin embargo, esa semana, PDT no imprimiría nada de dinero, todo lo contrario, lo destruiría cual gigantesca trituradora industrial.

Las acciones que PDT seguía habían comenzado a comportarse de forma inusitada a mediados de julio y habían empeorado en los cinco primeros días de agosto. El viernes anterior, en torno a seis de los grandes triunfadores en el Nasdaq eran los títulos que PDT había vendido al descubierto, dadas sus expectativas de que su precio caería, y varios de los mayores perdedores eran acciones que el fondo había comprado con la esperanza de que subirían. Era el mundo al revés para los quants. Arriba era abajo y abajo era arriba.



Las oscilaciones en el mercado que PDT y otros fondos quants empezaron a ver a principios de esa semana desafiaban toda lógica. Toda la matemática y la ciencia que había propulsado la inversión cuantitativa a la cima de Wall Street no podían asimilar lo que estaba sucediendo.

En los días siguientes empezó a cobrar forma una teoría: el mercado inmobiliario de Estados Unidos se estaba hundiendo, traduciéndose en gigantescas pérdidas en los portafolios de hipotecas de bancos y fondos de cobertura. El resultado fue un catastrófico efecto dominó.

Destrucción de un modelo



La ola de ventas apresuradas hicieron añicos los modelos que los quants habían utilizado para comprar y vender acciones. A principios de agosto, las ventas cobraron vida por sí mismas, causando pérdidas multimillonarias. El colapso también reveló peligrosas conexiones en el sistema financiero de las que pocos habían sido conscientes hasta entonces: las pérdidas en el mercado de bienes raíces de EEUU podían provocar pérdidas en gigantescos portafolios de acciones que no tenían nada que ver con ese sector. Lo que reinaba era un auténtico caos alimentado por el pánico.

Los inversionistas cuantitativos hicieron lo que pudieron por contener los daños, pero parecían bomberos tratando de apagar un infierno con gasolina.

El martes se aceleró la caída en espiral. Cliff Asness, ex ejecutivo de Goldman Sachs que dirigía Applied Quantitative Research, un fondo quant, y su equipo de técnicos trabajaban sin parar. Mientras, las autoridades apenas tenían noción de las cuantiosas pérdidas que estaban azotando a Wall Street.

La masacre puso en evidencia la falta de transparencia en el mercado. Nadie sabía cuál era el fondo que había activado el colapso. Nerviosos, los operadores intercambiaban rumores por email y teléfono en una caza frenética por descubrir al paciente cero. Muchos apuntaban a Global Alpha, el fondo quant de Goldman Sachs fundado por Asness en los años 90 y que había alcanzado proporciones desmesuradas. Pero nadie estaba seguro.

El martes en PDT, Muller seguía tanteando a los gerentes, tratando de averiguar quiénes estaban vendiendo y quiénes no. Pero pocos querían hablar. A medida que la situación se desbordaba, Muller mantenía al corriente a la élite ejecutiva de Morgan. Quería saber cuánto daño era aceptable. Pero sus jefes no le dieron ninguna cifra concreta. No entendían los detalles de cómo funcionaba PDT. Muller había mantenido la operación del fondo tan en secreto todos esos años que muy pocas personas en la firma tenían idea de cómo generaba dinero. Sabían que casi siempre era rentable y eso era lo único que importaba.

Eso significaba que la decisión estaba en manos de Muller. Así que el gestor decidió vender.

En la sede principal de Morgan en Nueva York, Muller entró a la sala de corretaje. Tras un vistazo rápido a lo que estaba pasando en las bolsas, comprobó que las noticias eran malas. Muller nunca había visto un mercado tan brutal.

Esa mañana, PDT ejecutó las órdenes de Muller, deshaciéndose agresivamente de sus posiciones. Muchos otros fondos quant también estaban vendiendo en tropel. Todas las estrategias cuantitativas, consideradas hasta hace apenas unos días como las ideas de inversión más sofisticadas, se estaban reduciendo a la nada.

Curiosamente, el complejo mundo del corretaje quant logró enmascarar inicialmente las pérdidas ante la vista pública. Los inversionistas comunes y corrientes no tenían ni idea de lo que estaba pasando bajo la superficie, donde miles de millones de dólares de fondos de cobertura se estaban evaporando. Las ganancias que generaron las ventas de acciones al descubierto generaron una ilusión óptica: el mercado parecía estar recuperándose, pese a que los pilares sobre los que se sustentaba se estaban despedazando.



Hacia el final del día, PDT había perdido casi US$ 300 millones. Todo indicaba que el fondo iba a desaparecer. Otros fondos sufrieron pérdidas incluso mayores. Global Alpha, de Goldman Sachs, registró una caída de 16% para ese mes, una pérdida de unos US$ 1.500 millones. No había nada que pudiera hacerse. O al menos eso es lo que parecía.

- El consejero delegado de Goldman Sachs cobrará un “bonus” récord de 100 millones de dólares (Cinco Días - 1/2/10)



El máximo ejecutivo del banco estadounidense Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, percibirá una prima récord de 100 millones de dólares (72 millones de euros) después de que la entidad que dirige se haya convertido en la gran triunfadora de la crisis financiera tras obtener un beneficio neto de 12.192 millones de dólares (6.825 millones de euros) en 2009, lo que representa seis veces más que en el ejercicio precedente.

El diario británico The Times señala que Blankfein y otros altos ejecutivos de Goldman Sachs cobrarán “bonus” récord este año, según indicaron diversos banqueros reunidos durante el pasado fin de semana en la localidad suiza de Davos. “Es una burla de Lloyd a Obama”, afirmó un banquero perteneciente a una entidad rival de Goldman Sachs.

Blankfein recibió la mayor prima hasta la fecha en 2007, cuando cobró un bonus de 67,9 millones de dólares (49 millones de euros), pero ya que los beneficios del banco en 2009 fueron 1.800 millones de dólares (1.295 millones de euros) más elevados que entonces, la entidad cuenta con la justificación necesaria para pagarle aún más, aunque estas primas sean abonadas en acciones en vez de en metálico para hacerlas más correctas desde el punto de vista político, señala el periódico.

Por su parte, Goldman Sachs declinó realizar comentarios al respecto y revelará las retribuciones de sus cinco empleados con mayores compensaciones en un informe que será remitido al regulador bancario estadounidense a finales del mes que viene.



- Mientras tanto: la crisis no da tregua…

Las entidades de Estados Unidos tendrán que afrontar en los próximos dos años revisiones de créditos para vivienda y vencimientos de hipotecas comerciales por 1,75 Billones de dólares, lo que volverá a poner presión sobre sus balances”... La banca aguarda la segunda oleada “subprime” (Expansión - 1/2/10)

Los expertos de la firma de banca privada Lombard Odier advierten que a la crisis subprime, ni mucho menos cerrada, aún le queda “la secuela”. Según la entidad suiza, aunque el riesgo inmediato de derrumbe sistémico se erradicó en 2009, aún hay varios problemas pendientes, sobre todo, en Estados Unidos.

Lombard recuerda que las revisiones de las condiciones de los préstamos subprime (alto riesgo), el punto de partida de la crisis, alcanzaron su punto álgido en 2007 y 2008. “En 2009, hubo una tregua que pareció dar algo de respiro a las pérdidas bancarias por impago de préstamos, pero los datos muestran claramente que se está preparando una segunda oleada para 2010 y principios de 2011”, explica el banco.

Lombard calcula que en los dos próximos ejercicios tienen que revisarse 750.000 millones en hipotecas con opción de pago y créditos Alt-A (préstamos que cumplen los requisitos de solvencia convencionales, pero donde el cliente no aporta todos los documentos justificativos). La magnitud del importe es equivalente al que se produjo entre 2007 y 2008.

“Teniendo en cuenta que un 50% de las revisiones del periodo 2007/2012 aún está por llegar, es previsible que las entidades financieras estadounidenses registren nuevas pérdidas por insolvencia en 2010”, pronostican estos analistas.

En este escenario hay que considerar, además, los inmuebles de carácter comercial. “Si tenemos en cuenta los ajustes de créditos para vivienda y los vencimientos de hipotecas comerciales, un total de 1,75 billones de dólares de préstamos tendrán que reajustarse en los próximos dos años, lo que supondrá enormes tensiones para los prestatarios y, por consiguiente, para los balances de la banca”, concluye Lombard.

- … aunque los banqueros siguen a lo suyo (así en la “Tierra” como en “Davos”)

Durante el fin de semana, los manifestantes se dedicaron a repartir folletos por las calles de Davos, pero su indignación en esta ocasión no se centraba en la pobreza, en la energía nuclear o en la guerra. En este caso, exigían un aumento de la transparencia del sistema financiero”... Los banqueros intentan combatir los controles (Expansión - The Financial Times - 1/2/10)

La noticia pone de manifiesto el protagonismo que ha cobrado la estabilidad financiera en la agenda del Foro Económico Mundial (WEF, en sus siglas en inglés). Durante gran parte de la pasada década, los bancos consideraban que este foro representaba una oportunidad para entretener a sus clientes. No obstante, en esta oportunidad, intentaron eludir aspectos tan polémicos como los bonus, el comercio con capital propio o los derivados.

Los supervisores internacionales, encabezados por el Comité de Estabilidad Financiera y el Comité de Basilea sobre Supervisión Bancaria, estudian cómo y cuándo cambiar los niveles de capital y liquidez que los bancos tendrán que mantener en el futuro. Además, últimamente, políticos como el presidente de EEUU, Barack Obama, el ministro de Finanzas británico, Alistair Darling, y el presidente francés Nicolas Sarkozy, han presentado un plan de medidas, evitando la respuesta reguladora, más inquisitiva. No se sabe si los bancos pueden considerar la labor de presión que han ejercido como una victoria, en parte porque el sector financiero tiene varios frentes abiertos.

Uno de los aspectos que dominaron los debates del WEF fue el comercio con capital propio y la propuesta de la administración Obama de levantar un muro de contención entre los depósitos asegurados y las carteras de las que echan mano los bancos en sus operaciones de alto riesgo. La mayor parte de los banqueros mostraron su indignación ante la propuesta. Frédéric Oudéa, presidente y consejero delegado de Société Générale, aseguró que “ya hay un proceso que se ha puesto en práctica en Basilea. Necesitamos que éste siga un rumbo ordenado en el que los reguladores tomen la iniciativa y organicen el diálogo con el sector bancario. De lo contrario, se creará confusión, incertidumbre y una mayor presión en el sistema financiero”.

La propuesta de Obama ha generado una sensación de confusión generalizada. En declaraciones a Financial Times, Barney Frank, presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes de Washington, afirmó que la prohibición de comercio con capital propio podría incluirse en un proyecto de ley que su comité había redactado, lo que permitiría el férreo control de un regulador sistémico. Algunos reguladores occidentales creen que se deberían imponer restricciones a las iniciativas que el Comité de Estabilidad Financiero está analizando para limitar la forma que tienen los bancos de gestionar sus operaciones.

No obstante, los políticos reunidos en Davos advirtieron de que los bancos serían demasiado ingenuos si piensan que ellos “les sacarán de apuros”. “Hay presiones políticas para que se tomen acciones. Los bancos tienen que ser conscientes de esto”, recordaba además un regulador.

Declaraciones como éstas se tradujeron en un pequeño, aunque significativo, cambio de actitud de los banqueros. Hasta hace poco, la mayoría confiaba en poder aprovechar los encuentros de Davos para intercambiar impresiones sobre los defectos de las propuestas del comité de Basilea, presentadas por un equipo de burócratas financieros el año pasado. Bob Diamond, de Barclays Capital, llegó a calificar de “muy negativo” el impacto que tendrían las medidas en EEUU. Josef Ackermann, de Deutsche Bank, habló de discordancia de costes asociados a las propuestas, por su falta de coordinación. En opinión de Sadeq Sayeed, consejero delegado de Nomura en Europa, Oriente Medio y África, “muchas de las políticas y propuestas fiscales que se están presentando están sin perfilar”.

Mientras los burócratas internacionales eran partidarios de distanciarse de los banqueros, insistieron en que las reformas tendrían que ser coordinadas, en lugar de depender de la política de cada país. “No podemos reformar el sistema en función de las necesidades de los distintos gobiernos”, aseguró Dominique Strauss-Kahn, director del Fondo Monetario Internacional. “Necesitamos coordinación; no podemos aportar distintas soluciones para distintas partes del mundo”, concluyó.

- Henry “Hank” Paulson en el “diván” (entre la náusea y la oración)

- Los dos días que estremecieron a Wall Street (The Wall Street Journal - 2/2/10)

En un pasaje de su nuevo libro, el ex secretario del Tesoro de EEUU Henry Paulson detalla las tensas horas previas a la bancarrota de Lehman Brothers

(Por Henry M. Paulson Jr.)

Sábado 13 de septiembre, 2008

A primera hora del sábado, dejé el hotel Waldorf-Astoria en el centro de Manhattan y me subí a un auto que partió raudo por la desierta Park Avenue para llegar al edificio de la Reserva Federal de Nueva York poco después de las siete de la mañana.

Tomamos el ascensor hasta el piso 13, donde Tim Geithner me había conseguido una oficina... Llamé a Ken Lewis (el presidente ejecutivo de Bank of America), quien me informó que después de revisar de cerca las finanzas, su equipo creía que los activos de Lehman estaban en peor estado de lo que habían estimado la tarde anterior. Era cada vez más obvio que, en realidad, no quería comprar Lehman.

Fui a la oficina de Tim para participar en una conferencia telefónica con Barclays a las ocho de la mañana. El presidente de la junta del banco, Marcus Agius, y el presidente ejecutivo, John Varley, estaban en Londres. Mientras, (el director general) Bob Diamond estaba en las oficinas de Barclays en Manhattan. Varley manifestó que estaban trabajando arduamente para alcanzar un posible acuerdo, pero que había grandes preocupaciones acerca de algunos de los activos de Lehman e indicó que Barclays tendría que desprenderse de unos US$ 52.000 millones en activos.

Le dije a Varley que se concentrara en los problemas mayores, los activos que en su opinión eran más problemáticos, y nos dijera qué era lo que necesitaba para resolver el problema. Si Barclays nos presentaba su mejor oferta ese día, pensamos que podíamos hacer que un consorcio del sector privado financiara cualquier brecha. Mientras hablábamos, los líderes de prácticamente toda la industria financiera se estaban reuniendo en los pisos de abajo de la Fed.

Habíamos programado una reunión con los presidentes ejecutivos de Wall Street para las nueve de la mañana. Justo antes, me llamó Dick Fuld (el presidente de Lehman Brothers). Le informé sobre mi poco prometedora conversación con Lewis y le dije que era más importante que nunca trabajar con Barclays. Estaba muy decepcionado, rayando la incredulidad, acerca de los hallazgos de BofA.

Al hablarles a los presidentes ejecutivos, traté de ser totalmente transparente. “Estamos trabajando intensamente en una transacción, y tenemos que saber cuál es su postura”, señalé. “Si hay un agujero de capital, el gobierno no lo puede llenar. ¿Cómo lo solucionamos?”.

Sólo puedo imaginar lo que estaba pasando por sus mentes. Me encontraba ante empresarios inteligentes y realistas en una posición difícil. Les estábamos pidiendo que rescataran a un competidor al ayudar a financiar su venta a otro rival.

John Mack (el presidente ejecutivo de Morgan Stanley) quería saber por qué el gobierno no podía orquestar otra transacción asistida, como el rescate de Bear Stearns. Tim descartó la posibilidad. “No es una opción viable”, afirmó. Dejó en claro que la Fed no iba a prestar contra los cuestionados activos de Lehman.

Al caer la tarde, los presidentes ejecutivos ya habían acordado apoyar, en principio, una propuesta que permitiría a Barclays dejar atrás un montón de deudas incobrables relacionadas con préstamos de bienes raíces e inversiones de capital privado, y que dejaría sin un centavo a los titulares de acciones comunes y preferentes de Lehman. Para cerrar el negocio, Barclays pretendía que el consorcio de firmas de Wall Street prestara hasta un máximo de US$ 37.000 millones a un vehículo de propósito especial que conservaría los activos.

Dejé el edificio de la Fed a las nueve de la noche. En ese momento era optimista acerca de las posibilidades de un acuerdo. Anticipé otra noche de desvelo y llegué al hotel exhausto. Me dirigí al baño de mi habitación y saqué un frasco con pastillas para dormir que me habían dado en Washington. Como devoto de la Ciencia Cristiana, no tomo medicinas, pero esa noche necesitaba descansar con desesperación. Me quedé parado bajo la luz del baño, observando la pequeña pastilla en la palma de mi mano. Luego, boté el frasco entero por el inodoro. Decidí que iba a depender de la oración y confiar en un Poder Más Alto.

Domingo 14 de septiembre, 2008



Cuando me quedé dormido albergaba un optimismo moderado acerca de las probabilidades de salvar a Lehman. La oferta de Barclays seguía su curso y Diamond había fijado una reunión de la junta directiva para primera hora de esa mañana en Londres.

Tim habló con Diamond tras la reunión de la junta de Barclays, a las 7:15 de la mañana, hora de Nueva York. Bob le advirtió que Barclays tenía problemas con sus reguladores. Aproximadamente 45 minutos después acudí a la oficina de Tim para dialogar con Diamond y Varley, quien nos informó que la Autoridad de Servicios Financieros de Gran Bretaña (FSA por sus siglas en inglés) se había negado a aprobar el pacto. Pude percibir la frustración en la voz de Diamond.

No lo podíamos entender. Era la primera vez que nos decían que era posible que la FSA no aprobara el acuerdo. Barclays nos había asegurado que mantenía a los reguladores al corriente de las negociaciones. Ahora decían que no entendían la postura de la FSA. A las 10 de la mañana, nos volvimos a reunir con los líderes de la banca y les dijimos que Barclays se había topado con algunos obstáculos regulatorios, pero tenía la firme determinación de superarlos. Los presidentes ejecutivos nos presentaron una hoja con las condiciones de un acuerdo. Acordarían aportar más de US$ 30.000 millones para salvar a su rival. Si Barclays se comprometía a llegar a un acuerdo, podríamos contar con el financiamiento del sector.



A las 11 de la mañana, volví a mi oficina y me comuniqué por teléfono con Alistair Darling (el ministro de Hacienda británico), que quería que lo pusiera al tanto de lo que pasaba con Lehman. Le conté que nos habíamos quedado atónitos al enterarnos de que el gobierno británico se negaba a aprobar la transacción de Barclays.

Me dejó en claro, sin el rastro de una disculpa en su voz, que no había forma de que Barclays comprara Lehman. No brindó detalles, salvo puntualizar que le estábamos pidiendo al gobierno británico que asumiera un riesgo demasiado alto y que él no estaba dispuesto a que le traspasáramos nuestros problemas a los contribuyentes británicos.

Poco después de la una de la tarde, Tim, Chris Cox (presidente de la Comisión de Bolsa y Valores) y yo volvimos a dirigirnos a los presidentes ejecutivos. Barclays había desistido y no había comprador para Lehman.

“Los británicos nos jodieron”, señalé, más presa de la frustración que de la rabia. No me cabe duda de que la FSA tenía muy buenas razones para justificar su postura y habría sido más apropiado y responsable expresar mi sorpresa y desilusión al conocer la decisión del ente regulador británico, pero me traicionó la emoción del momento.

De regreso en mi oficina temporal del piso 13, me invadió súbitamente el miedo mientras pensaba en lo que se avecinaba. Lehman ya había pasado a mejor vida y los problemas de AIG estaban fuera de control. EEUU estaba inmerso en una recesión y la quiebra de una institución financiera importante repercutiría en todo el país y mucho más allá de nuestras fronteras. Salir de un desastre de estas proporciones demoraría años.

Durante todo el fin de semana me había puesto mi armadura de crisis, pero ahora sentí que bajaba la guardia. Sabía que tenía que llamar a mi esposa... Caminé a un rincón cerca de unas ventanas. Wendy acababa de regresar de la iglesia. Le dije que la quiebra de Lehman era inevitable y que AIG estaba en aprietos. “¿Qué pasa si el sistema colapsa?” le pregunté. “Todos me están mirando y no tengo la respuesta. Tengo mucho miedo”.

Le pedí que rezara por mí y por el país, y que me ayudara a confrontar el temor que me invadía. De inmediato, recurrió a una cita del Segundo Libro de Timoteo, versículo 1:7: “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

(Adaptado del libro “On the Brink: Inside the Race to Stop the Collapse of the Global Financial System” (algo así como “Al borde: Al interior de la carrera por detener el colapso del sistema financiero”) de Henry M. Paulson Jr. De momento, no hay planes para que el libro se publique en español)

- Miedo, insomnio y arcadas en el epicentro de la crisis: memorias de Henry Paulson (El Economista - 22/2/10)

Henry “Hank” Paulson regresa a la actualidad más de un año después de abandonar su cargo de secretario del Tesoro, y lo hace con un libro autobiográfico en el que relata los infernales pormenores de la parte más dura de la crisis financiera. On the Brink: inside the race to stop the collapse of the global financial system (Al borde del abismo: dentro de la carrera para detener el colapso del sistema financiero global) promete convertirse en uno de los clásicos imprescindibles para entender nuestro agitado tiempo.

Paulson es humano. El que fuera CEO del todopoderoso Goldman Sachs antes de unirse a la Administración Bush en 2006 relata de modo natural que en otoño de 2008 era una persona consumida por el insomnio y la arcada fácil, ya que el colapso financiero se le había agarrado al estómago.

“No tuvimos otra alternativa que dejar caer a Lehman Brothers”, asegura Paulson. Esta fue, sin duda, una de las decisiones más difíciles y polémicas que se hayan tomado durante la crisis, ya que no falta quien asegura que la caída de este icono de Wall Street aceleró y empeoró la situación. “Para alguien como yo, que trabajé en Wall Street, ver a una firma quebrar de esa forma es algo terrible”, explicaba Paulson en una reciente entrevista con Bloomberg.

“Los ingleses nos han jodido”



Este gigantón con porte de jugador de fútbol americano, curtido en mil batallas en Wall Street, vio como el suelo se abría bajo sus pies tras conocer que el desesperado plan de rescate de Lehman Brothers se iba al traste, ya que las autoridades británicas no permitieron que Barclays cargara con un muerto cuyos activos tóxicos estaban sobrevalorados en unos 37.000 millones de dólares. Aquella fue la sentencia de muerte de un banco con 158 años de historia y el comienzo de una pesadilla sin parangón.

Paulson dice en su libro que quería salvar a Lehman, pero que resultó imposible porque la operación de rescate no se podía realizar del mismo modo que con Bear Stearns, que tuvo a JP Morgan como salvador en marzo de 2008 gracias a un respaldo de 29.000 millones de dólares de la Reserva Federal (Fed). Lehman también necesitaba un comprador al que poder prestarle dinero, pero tras la retirada de Barclays no lo había y la Fed no tenía poder para prestar directamente. Además, como recuerda Paulson, “la calidad de los activos tóxicos de Lehman le habría asegurado pérdidas a la Fed”.

Al fin y al cabo, los rescates y las ayudas del Gobierno partían de la premisa de que el dinero se recuperaría con intereses. Y por lo visto la salvación de Lehman no se ajustaba a ese criterio porque sus cuentas eran un insondable agujero negro. No había fórmulas legales ni morales que justificaran el rescate. Ahora bien, el tiempo dirá si el contribuyente ha recuperado, como dijo el presidente Barack Obama, hasta el último centavo prestado a los bancos.



Así las cosas, y tras recibir las noticias de Barclays, no sorprende que Paulson les espetara a sus colaboradores un coloquial “los ingleses nos han jodido”. El secretario del Tesoro sabía positivamente que las placas de la tectónica financiera habían chocado, que el terremoto iba a ser devastador y que sus consecuencias eran impredecibles.

La confesión: “Estoy muy asustado”

Paulson evoca en On the Brink que acto seguido pidió disculpas a los congregados en la sede de la Fed de Nueva York, antiguo hogar el actual secretario del Tesoro, Tim Geithner, y que se dirigió al lavabo para llamar a su esposa Wendy. Era domingo, llevaba todo el fin de semana encerrado con su gabinete de crisis y el mundo estaba en vilo a la espera de noticias.

“¿Y si el sistema se derrumba? Le pregunté. Todo el mundo está pendiente de mí, y yo no tengo la respuesta. Estoy muy asustado”. De nuevo, el Paulson más humano, un tipo con fuertes convicciones religiosas que no encontraba respuestas y que le pedía tierno consuelo y oraciones a su mujer. “No debes tener miedo, dijo Wendy. Tu trabajo es el reflejo de Dios, de su mente infinita, y puedes confiar en él”.

No es de extrañar, sabiendo que lo de Lehman sólo fue el comienzo de la pesadilla, porque luego vendría la lucha con el Congreso para la aprobación del plan de estímulo y los nuevos rescates de la aseguradora AIG y las hipotecarias Freddie Mac y Fannie Mae, que Paulson diga a estas alturas que “ahora me siento yo mismo por primera vez en mucho tiempo”.

¿Más confesiones? Paulson concede en su libro sin pudor alguno que en medio de esa carrera por evitar el colapso financiero buscaba la paz y la tranquilidad que no tenía en el aseo, donde intentaba relajarse ojeando la revista Sports Illustrated.

El gran paquete: peligro de infarto

Efectivamente, la siguiente parada del viacrucis fue el paquete de rescate financiero que el Tesoro orquestó con la ayuda de la Reserva Federal y su presidente, Ben Bernanke, para el que Paulson sólo tiene palabras de elogio.

“Bernanke es realmente brillante. Es un gran economista y un gran historiador económico que fue capaz de hacer lo que se tenía que hacer en el momento adecuado. Creativo y fuerte. Como estadounidense estoy muy orgulloso de que haya sido reelegido. Duermo más tranquilo cada noche sabiendo que él está al frente de la Fed”, comentaba Paulson en la entrevista con Bloomberg.

Paulson cuenta como ambos convocaron a los líderes del Congreso en el Capitolio para explicarles que el Gobierno debía comprar una gran cantidad de activos tóxicos para sacarlos de los balances bancarios. Fue entonces cuando se les preguntó cómo de grande era esa cantidad, a lo que Paulson respondió que “cientos de miles de millones de dólares”. “Sabía que era mejor así que pronunciar la palabra billón. Les habría causado un paro cardiaco”, recuerda.

“Necesitamos anunciarlo esta noche para calmar a los mercados y la legislación para semana que viene”, continuó Paulson, que aulló un “que Dios nos ayude a todos” ante los asombrados y reacios congresistas, que no parecían dispuestos a autorizar con tanta celeridad y sin más detalles un rescate histórico con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina.

La colisión de los mercados y la política

El sufrimiento por la batalla que se desencadenó en el Congreso mientras los mercados se desangraban no había hecho más que empezar. ¿Qué congresistas apoyarían un plan impopular antes de unas elecciones? El ala republicana quedó retratada al echar abajo el plan de rescate el 26 de septiembre de 2008, un plan liderado por su secretario del Tesoro y respaldado por el presidente George W. Bush.

Ni el mismo Paulson, cada vez más agotado, nauseabundo y aterrado por los acontecimientos, se lo podía creer. Es más, tuvo que arrodillarse ante la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, para pedirle su ayuda a la vista de que los republicanos le estaban fallando.

No en vano, Paulson afirma que On the Brink es un libro que trata sobre la colisión de los mercados y la política, ya que lo peor de la crisis llegó seis semanas antes de las elecciones y hubo todo tipo de interpretaciones sobre la finalidad del rescate.



Harina de otro costal fue la lucha contra las posiciones cortas que día a día machacaban el mercado de valores y especialmente a los bancos e instituciones financieras. Y es que los pasillos de la SEC también fueron el escenario de otra de las encarnizadas batallas de Paulson, un hombre que se lo debía todo a Wall Street y que se vio en la tesitura de pedir la prohibición de las ventas a corto para estabilizar las bolsas de manera urgente. Chris Cox, presidente del regulador, se mostraba reticente, por lo que Paulson, tal y como rememora en su libro, tuvo que presionarle diciendo que "si esperamos más no habrá un mercado que regular".

“Odio lo que tuvimos que hacer”



El ex secretario del Tesoro, desaparecido de la vida pública desde enero de 2009, cuando la Administración Obama tomó el poder, ha roto su silencio con motivo de la publicación de su libro y sigue defendiendo a capa y espada que el paquete de ayuda de 700.000 millones de dólares era necesario.

“Entiendo las críticas. A nadie en este país le gustan los rescates, ni a los republicanos ni a los demócratas. Odio lo que tuvimos que hacer. Pero era la mejor alternativa”, afirmó Paulson en la citada entrevista con Peter Crook para Bloomberg. “A todos aquellos que dicen que no debimos hacerlo, les digo que no había otra alternativa”, reitera.

¿Y qué piensa de las críticas hacia él y hacia Tim Geithner, actual secretario del Tesoro y estrecho colaborador en aquellos días como responsable de la Fed de Nueva York? “Tim fue un gran gestor durante las crisis. Calmado y frío. Siento un gran agradecimiento hacia él porque fue clave para estabilizar el sistema financiero. Es difícil para quienes lideraron el país durante la crisis recibir este trato por prevenir una calamidad que nadie ve. Lo que la gente ve es el 10% de desempleo, pero nuevamente les digo: ese nivel de desempleo es después de un esfuerzo masivo, ¿qué hubiera pasado si no se hubiera hecho?”.



La mayoría de las decisiones tomadas en el otoño de 2008, según Paulson, fueron las más apropiadas en aquel momento, porque si los mercados se hubieran colapsado totalmente las empresas se habrían quedado sin acceso a ningún dinero, y no habrían podido pagarle ni a sus proveedores ni a sus empleados. “Hubiera sido horrible. Millones de empleos perdidos, millones de hogares perdidos, miles de millones de dólares en ahorros perdidos”.

Una cuestión humillante: mirando al futuro



A pesar de que llevaba tiempo barruntando una crisis, Paulson no esconde en su libro que fue incapaz de predecir las dimensiones y las causas del tsunami financiero. En agosto de 2006 charló con el presidente George W. Bush sobre economía en Camp David, y le dijo que el aumento de las reservas de capital no reguladas y el crecimiento exponencial de algunos mercados de derivados auguraban problemas, ya que todo eso había permitido que ingentes cantidades de deuda y riesgo anegaran el sistema financiero.

Fue entonces cuando Bush preguntó con la inocencia de un niño que cómo había sucedido todo eso y cuando Paulson se dio cuenta de que, en parte, él mismo había sido culpable. “Era una pregunta humillante para cualquier persona del sistema financiero. Después de todo, somos los únicos responsables”, escribe el que fuera CEO de Goldman Sachs.

¿Y a partir de ahora, qué? El pasado 18 de febrero, en un coloquio celebrado en Nueva York con motivo de la presentación de sus memorias, Hank Paulson explicó que “fuimos los primeros en responder a un incendio forestal... y no teníamos las herramientas adecuadas. Yo estaba allí con un hacha y tratando de sacar una manguera”.

Por eso, Paulson dice que se necesita una estructura reguladora que resista el paso del tiempo. “Me gustaría ver un regulador de riesgo sistémico, con amplias facultades. Cualquier tipo de institución que vigile las amenazas que intenten echar abajo el sistema. En este momento nos enfocados en los árboles, pero lo que necesitamos es alguien que se centre en todo el bosque”.

- Se marchan Bush y Paulson y llegan Obama y Geithner (el plan de Timothy)

No ha habido sorpresas, pero supone una auténtica revolución de facto. La Cámara de Representantes de EEUU ha aprobado, con la oposición en bloque de los republicanos, el plan de estímulo de 816.000 millones propuesto por los demócratas. La oposición, minoría en la Cámara, ha rechazado lo que considera una propuesta de tintes socialistas y que sienta las bases de un Estado de bienestar a la europea. El plan costará lo mismo que la guerra de Irak y, junto a la propuesta paralela del Senado, elevará los niveles de deuda a cotas no vistas desde la Segunda Guerra Mundial”... La Cámara de Representantes de EEUU aprueba el plan de estímulo económico de Obama (El Economista - 29/1/09)

Con 244 votos a favor y 188 en contra, los legisladores aprobaron un plan que incluye recortes tributarios para las familias y pequeñas empresas e inversiones en infraestructura y programas sociales en los próximos dos años. Todos los representantes republicanos y 11 demócratas votaron en contra, por lo que las aspiraciones bipartidistas de Obama quedan en entredicho.

El importe inicial del plan era de 825.000 millones de dólares, pero la oficina de presupuesto del Congreso estimó finalmente que el coste total del programa es de 816.000 millones, a lo que se sumó una enmienda de 3.000 millones el miércoles para financiar proyectos de transporte público.

Tras la votación 244-188, Obama llamó al Senado a aprobar el proyecto. “Estoy agradecido a la Cámara de Representantes por aprobar (el plan de) Recuperación y Reinversión hoy”, afirmó el presidente por medio de un comunicado minutos después de la votación

“El plan pasa ahora al Senado, y espero que podamos seguir reforzándolo antes de que llegue a mi escritorio”, dijo Obama, en una clara señal de que no ha renunciado a la idea de introducir reformas en el proyecto con el fin de lograr más apoyo republicano.

La votación definitiva se ha producido a las 23.15 GMT, momentos después de que se derrotara una alternativa presentada por la minoría republicana, que ha tachado el plan de estímulo de costoso e ineficaz para espolear la maltrecha economía. También se rechazó otra propuesta republicana para modificar el texto del plan.

La “bronca” que ha provocado el plan no es gratuita. Tal y como señala la edición digital de WSJ, los republicanos tienen serias dudas de si este plan no supone toda una “socialización” de la economía más que un plan concreto de estímulo ante una crisis excepcional -de hecho, buena parte del dinero se gastará en 2010 e incluso después- y traerá consigo la puesta en marcha de un Estado del bienestar a la europea.

Según el diario, el plan resume toda la filosofía de Obama, tal y como demostró en su discurso de investidura, resumida en la idea de una nación en crisis que ha ido más allá de los “argumentos políticos rancios” sobre el tamaño y el alcance del Gobierno.

Como señala un diputado republicano: “La estrategia que subyace en este plan es tirar miles de millones de dólares en cada uno de los departamentos de la Administración, cruzar los dedos y esperar lo mejor”.

Así, la oposición republicana ha visto en el plan una clara apuesta por hacer resurgir al Estado como actor con mayor importancia en la esfera política -un concepto en clara retirada durante la Administración Bush y, por ende, muy arraigado durante las últimas décadas en la mentalidad estadounidense- y el claro riesgo de que, de conseguir los frutos deseados, el plan acabe beneficiando y fortificando políticamente al bando demócrata durante años.

Y es que aunque la mayor parte del programa, unos 526.000 millones, se gastará en 2009 y 2010, la inversión en algunos proyectos (como los dedicados a la educación) durará más allá de lo que se espera que dure la recesión, avivando el debate sobre el rol del Estado.

Entre las medidas sociales que incluye el plan se incluye el acceso a la sanidad de los desempleados, créditos para estudiantes y un impulso a las energías renovables, medidas que permanecerán durante todo el mandato de Obama. Entre otros, también habrá partidas de dinero destinadas a luchar contra las enfermedades de transmisión sexual, para fomentar el arte o para programas contra el tabaquismo.

Un plan de 647 páginas

El plan ante la Cámara Baja, de 647 páginas, tiene el objetivo de crear o preservar entre tres y cuatro millones de empleos, más inversiones en la infraestructura nacional y en proyectos energéticos, y ayudas para los desempleados y para los gobiernos locales y estatales.

En total, el proyecto de ley incluye poco más de 365.000 millones de dólares para la infraestructura nacional, 180.000 millones de dólares en ayudas para los desempleados y para otros programas sociales, y 275.000 millones en recortes tributarios (centrados sobre todo a las familias con menores ingresos) que incluiría un crédito de 500 dólares para cada trabajador.

Obama: “No hay tiempo que perder”

El presidente Barack Obama, que esperaba un apoyo bipartidista al plan, insistió en que en la economía atraviesa un momento “peligroso” y que “no hay tiempo que perder”. El martes, siete días después de su investidura, Obama se desplazó al Capitolio para persuadir a sus detractores republicanos.

Pese a los intentos de Obama, los republicanos presentaron una alternativa con más recortes tributarios y que, a su juicio, costaría menos y duplicaría la creación de empleos. Así, la votación de hoy reflejó la disputa entre ambos partidos sobre el alcance y contenido del plan.

Durante un agitado debate, la mayoría de los demócratas insistió en que el plan creará empleos y fomentará el crecimiento económico, mientras los republicanos replicaban que los gastos fiscales son excesivos y que los recortes de impuestos no son suficientes.

Con el correr de los días, empiezan a delinearse los contornos del plan del equipo económico del presidente Barack Obama para combatir la crisis financiera. En un intento por diseñar una solución que no perjudique ni a los contribuyentes ni a los bancos, los principales asesores del mandatario estadounidense evalúan la posibilidad de comprar una parte de los activos tóxicos de la banca y, al mismo tiempo, ofrecer garantías parciales sobre pérdidas futuras”... EEUU evalúa un rescate financiero en dos partes: “banco tóxico” y seguros contra pérdidas (The Wall Street Journal - 30/1/09)

El secretario del Tesoro, Timothy Geithner, analizó el plan esta semana con el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.

Mientras su equipo económico ultimaba los detalles del plan, Obama intensificó sus ataques contra los mismos bancos que recibirían ayuda. El presidente catalogó la noticia de que los bancos otorgarían bonos multimillonarios a sus ejecutivos como “el colmo de la irresponsabilidad” y un acontecimiento “vergonzoso”. Obama habló después de una reunión con Geithner en la Casa Blanca. “Llegará la hora en que generen ganancias y llegará la hora en que reciban bonos. Pero ahora no es el momento”, señaló.

El rescate financiero forma parte de una serie de medidas contempladas por el gobierno estadounidense como parte de un paquete amplio de medidas después de meses marcados por rescates ad-hoc.

Se espera, por ejemplo, que el anuncio venga acompañado de un programa de gran alcance diseñado para prevenir ejecuciones hipotecarias. Otros elementos del paquete serían el plan de estímulo fiscal de US$ 819.000 millones que acaba de aprobar la Cámara de Representantes y que ahora está en manos del Congreso, la reforma de las agencias que regulan el sistema financiero y un esfuerzo para estabilizar a las automotrices estadounidenses.

Rescate bancario

La idea de combinar la compra de activos tóxicos de los bancos con la concesión de garantías parciales sobre otros activos incobrables intenta resolver uno de los problemas centrales para las autoridades: cómo eliminar parte de la cartera incobrable de los bancos sin obligarlos a asumir rebajas contables en otros activos.

Al comprar activos que ya están muy rebajados y asegurar los que no lo están, los reguladores podrían tratar de sortear el problema.

La idea es una de varias que el gobierno estadounidense baraja y parece ser un híbrido entre varias de las ideas que se han estado debatiendo durante el último mes. Fuentes cercanas resaltaron que la situación podría cambiar de un momento a otro, si bien muchos esperan que se tome una decisión la próxima semana.

Geithner habló sobre la última propuesta en una reunión con Bernanke, la presidenta de la Corporación de Seguros de Depósitos (FDIC por sus siglas en inglés), Sheila Bair y el Contralor de la Moneda, John Dugan, según fuentes cercanas. Geithner se reunió con su equipo de asesores durante el día y con el presidente Barack Obama por la tarde, como parte de una serie de reuniones semanales sobre la economía.

La idea más en boga es establecer un “banco tóxico”, posiblemente gestionado por la FDIC, que compraría cierto tipo de activos que los bancos ya estaban tratando de eliminar. Debido a que los precios de estos activos ya están muy rebajados, venderlos al gobierno podría no deprimir el valor de otros activos en los portafolios de los bancos. Las entidades, sin embargo, podrían quedarse con grandes cantidades de activos de dudosa calidad en sus libros.

Bair, la responsable de la FDIC, había propuesto que este “banco tóxico”, al que ha calificado como un “banco agregador”, debería comprar cantidades más grandes de activos que los que estén en los libros de venta de los bancos. Funcionarios del Tesoro, no obstante, temen que esta opción podría resultar muy onerosa, según fuentes cercanas. El “banco tóxico” podría ser capitalizado con fondos del paquete de rescate gubernamental, conocido como TARP, aunque seguramente necesitaría otras fuentes de financiación, como por ejemplo la Reserva Federal. Su tamaño total podría alcanzar US$ 2 billones (millones de millones).

El segundo componente del rescate financiero ofrecería algún tipo de seguro de garantía para hipotecas, valores respaldados por hipotecas y otros préstamos que los bancos no venderán inmediatamente.

Esto se parecería a la estructura creada recientemente para proteger a Citigroup Inc. y Bank of America Corp. contra futuras pérdidas.

Los bancos probablemente se verán obligados a sufrir pérdidas iniciales si ciertos grupos de activos pierden valor y luego compartirían la responsabilidad por futuras pérdidas con el gobierno. Un acuerdo para repartir esta responsabilidad que se está evaluando estipula que el gobierno absorba el 90% de las pérdidas futuras y la institución financiera el resto.

Esta opción resultaría menos cara para el gobierno y permitiría a los bancos seguir gestionando los activos, pero también probablemente requeriría que las entidades financieras sigan manteniendo grandes cantidades de capital contra esos activos problemáticos.

El esfuerzo forma parte de un intento por crear una solución sistémica a la crisis financiera, que el gobierno ha tratado de contener durante más de un año. Muchas de las soluciones hasta ahora han sido intentos por resolver crisis aisladas, como las de Bear Stearns Cos., American International Group Inc., Wachovia Corp. y Citigroup.



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