El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero


- Se acabo la “guita” (dinero, moneda, plata, pasta, cuartos…)



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- Se acabo la “guita” (dinero, moneda, plata, pasta, cuartos…)

La fiesta ha terminado. Esa es la conclusión de la extraña crisis de las “hipotecas basura”. Ya tiene gracia que un jubilado de Frankfurt (Alemania), París (Francia) o Madrid (España), se pueda ver afectado negativamente por el hecho de que un señor de Los Ángeles, California (Estados Unidos) deje de pagar sus créditos, pero la globalización es así. Bueno, la globalización y, sobre todo, la ingeniería financiera. El banco que le dio el préstamo a ese desconocido ciudadano estadounidense transformó esa deuda en un título negociable, que, después de pasar por cincuenta manos diferentes terminó en el fondo de inversión en el que ha metido sus ahorros el humilde pensionista de nuestro ejemplo, en la carpeta de renta fija, que como se ha visto ahora, no siempre es sinónimo de seguridad.

Ese es uno de los efectos concretos; de forma un poco más abstracta, la crisis ha sembrado la duda entre las entidades financieras, que tradicionalmente, aunque no se tengan demasiado cariño, se prestan unas a otras. Al igual que la energía, la “guita” (dinero, moneda, plata, pasta, cuartos…) ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma. Cambia de manos. A unos bancos les sobra -ellos sabrán por qué-, así que se la dejan a los que andan escasos de efectivo.

Ahora, sin embargo, las entidades se miran de reojo, porque no saben hasta qué punto el vecino se ha pillado los dedos entrando en el juego de los productos financieros “imaginativos”, como las “hipotecas titulizadas”. Y, como consecuencia de ello, el grifo del dinero se ha cerrado. Se acabó esa extraordinaria liquidez que ha permitido financiar las operaciones empresariales más insospechadas.



- Titulización: pasar el muerto a otros…

Antes de la titulización

Cuando una entidad de hipotecas subprime concede una hipoteca, se la apunta en su balance, lo que significa que se lleva los beneficios… pero también asume el riesgo del impago, y debe dejar una cantidad de dinero en concepto de reservas, y ambas cosas (riesgo y reservas) limitan el número de hipotecas subprime que estas entidades pueden conceder.

Titulización: venderlas en un bonito paquete con un bonito lazo

Para reducir el riesgo asumido y las reservas necesarias, y así poder seguir dando hipotecas, lo que han hecho las entidades de hipotecas subprime es traspasar a otros las hipotecas, de forma que quien las compra pasa a llevarse los beneficios y a asumir los riesgos… mientras que la entidad de hipotecas subprime se queda con las comisiones y cierra la operación con beneficios y ya sin riesgos, está en disposición de dar otra nueva hipoteca subprime.

Pero la gracia del asunto no es vender una hipoteca subprime, que sería difícil encontrar quien la quisiera comprar, sino vender un paquete, que es lo que se llama “titulización”. Si me ofrecen comprar “una hipoteca de 240.000 euros concedida a una pareja de “mileuristas” con contrato temporal de trabajo para que compren una casa de 250.000 euros”, lo más probable es que los mande a la mierda, como cualquiera. Pero, las entidades de hipotecas subprime cogen un montón de hipotecas (algunas subprime y otras no) y hacen con ellas un paquete, le ponen un nombre bonito y a venderlas:

Empaquetan sus hipotecas y las venden en lotes como derivados de crédito llamados CDOs (Collateralized Debt Obligations - Obligaciones con garantía colateral), unos instrumentos teóricamente de alta calidad crediticia, pues están diversificados y respaldados por garantías inmobiliarias; incluso Standard & Poor's, Moody’s y Fitch así lo reconocen.

Claro, suena mucho mejor decir que es “deuda diversificada y con garantías inmobiliarias bien calificada por Moody’s” que decir que son “un montón de hipotecas de mala calidad en un pésimo momento del ciclo inmobiliario”, pero ambas cosas son ciertas. Naturalmente, las entidades hipotecarias subprime emplearon la primera expresión dando al mundo una lección de marketing sobre cómo vender al mundo “una mierda empaquetada”

La titulización dispersa el riesgo

Estos “paquetes” fueron comprados en un primer nivel por “hedge funds”; a su vez hubo fondos de renta fija y planes de pensiones que compraron participaciones de estos hedge funds, formando un segundo nivel; también hubo fondos que entraron a un tercer nivel, pues compraron fondos que habían entrado en los hedge funds… y así, poco a poco, el producto se dispersó y en vez de haber una entidad que asumía el riesgo, cada hipoteca subprime tenía virtualmente millones de pequeños partícipes que ni sabían que su plan de pensiones o su fondo de ahorro conservador incluía también una pequeñísima parte de “una hipoteca de 240.000 euros concedida a una pareja de mileuristas con un contrato temporal de trabajo para que se compren una casa de 250.000 euros”.

Y si la parte que poseía mí (su) fondo de esa hipoteca era pequeñísima ¿de dónde sale la crisis? Incluso aunque no paguen, el impacto debería ser pequeñísimo.

Pues sí, si es sólo una, el impacto sería pequeñísimo a nivel de tercer o cuarto nivel… pero no en el primer nivel, donde sí será muy apreciable.

Y ese primer nivel es el que desencadena el efecto “bola de nieve”. En este caso, al ponerse feo el asunto de las hipotecas subprime, nadie quiere comprar sus emisiones de CDOs, llevando a la ruina a muchas entidades de hipotecas subprime que tuvieron que “comerse” el riesgo… y arrastrando a los hedge funds de primer nivel, que iban “cargados” de CDOs.

Crisis de liquidez

En efecto, los CDOs no son un activo con mucha liquidez de por sí, y cuando se empiezan a vislumbrar problemas con las hipotecas subprime, nadie quiere comprarlos a ningún precio. ¿Y qué valoración tiene un producto en donde hay vendedores y no hay compradores? La única respuesta es… “prácticamente cero”, aunque sea una exageración; es lo que tienen estos “mercados eficientes”. Y cuando la valoración es próxima a cero y uno va “apalancado”, como suelen hacer los hedge funds, entonces el banco que le ha prestado dinero para apalancarse le da un toque llamado “margin call”: “No tienes suficientes garantías, tienes que poner más “guita” (dinero, moneda, plata, pasta, cuartos…) o vendo todo lo que tienes para cobrarme, aunque sea a precios ridículamente bajos. Y si no hay compradores, el mismo banco que emite la petición de garantías puede ponerse de comprador con 1 euro (o dólar) y desplumar legalmente al hedge funds. O puede pasar al revés: que realmente los CDOs no valgan nada, y que el banco que le ha prestado el dinero para apalancarse haya perdido el dinero prestado al hedge funds.

Crisis de confianza

Llegados a este punto, ya nadie quiere saber nada ni de las entidades de hipotecas subprime, ni de los CDOs, ni de los hedge funds metidos en CDOs… ni de los bancos que han prestado a esos hedge funds. Nadie se fía de nadie, y todo el mundo se huele que hay suelto un “marrón” de los gordos, pero no sabe dónde está. Y entonces ocurre la “crisis de confianza”: los bancos dejan de prestarse dinero entre ellos, porque prefieren recibir intereses mucho más bajos en deuda del estado, antes que prestar el dinero a otro banco y que sea justo ese el que tenga el “marrón” escondido.

Y aquí aparece el fantasma del mayor de los males posibles: una “crisis bancaria”.

Rápidamente, todos los bancos centrales salen a inyectar liquidez al sistema, con la intención de conseguir evitar el desastre… pero ya la gente le ha visto las “orejas al lobo”, y se empieza a subir la prima de riesgo de todos los activos hasta niveles más normales, ya que el riesgo -hasta ahora- se estaba valorando con una prima ridículamente baja.

¿El resultado? Pues que el impacto total a nivel mundial ha sido 10 veces, o 20 veces, o 50 veces mayor que el total de deuda impagada en hipotecas subprime. Porque lo que hemos tenido no ha sido el resultado de una serie de impagos, que sería algo muy irrelevante teniendo en cuenta la importantísima dispersión de los mismos, sino una vuelta a la cordura. La gente sólo se acuerda de lo que es riesgo cuando sufre, y llevamos más de cuatro años sin sufrir, y ya se asumían riesgos demasiado alegremente. Por eso es importante que la crisis no se suavice demasiado y que quien haya asumido demasiado riesgo pague por ello: si acude el gobierno al rescate (cosa que ya han hecho y continúan haciendo los bancos centrales), sólo conseguirán que la gente aumente el apetito por el riesgo, sabiendo que si vienen mal dadas “el gobierno volverá a acudir al rescate”…

- El gran robo bancario (Project Syndicate - 2/9/11) Lectura recomendada

(Por Nassim Nicholas Taleb and Mark Spitznagel)

Nueva York.- Para la economía americana -y para muchas otras economías desarrolladas-, el elefante en la habitación es la cantidad de dinero entregado a los banqueros en los cinco últimos años. En los Estados Unidos, la suma asciende a la asombrosa cifra de 2,2 billones de dólares en el caso de los bancos registrados en la Comisión del Mercado de Valores de los EEUU. Si la extrapolamos al próximo decenio, la cifra se acercaría a los cinco billones de dólares, una cantidad muchísimo mayor que lo que el Gobierno del Presidente Barack Obama y sus oponentes republicanos parecen dispuestos a reducir de los próximos déficits gubernamentales.

Esos cinco billones de dólares no son dinero invertido en la construcción de carreteras, escuelas y otros proyectos a largo plazo, sino que se transfieren directamente de la economía americana a las cuentas personales de ejecutivos y empleados de bancos. Semejantes transferencias representan para todos los demás el impuesto más artero que imaginarse pueda. Parece de lo más inicuo que los banqueros, después de haber contribuido a causar los problemas económicos y financieros actuales, sean la única clase que no está padeciendo sus consecuencias... y en muchos casos se está beneficiando, en realidad.

Los megabancos principales resultan desconcertantes en muchos sentidos. (Ya) no es un secreto que han funcionado hasta ahora como grandes y complejos planes de remuneración, que han ocultado las probabilidades de acontecimientos imprevistos que representan poco riesgo, pero tienen grandes repercusiones, y se han beneficiado del parapeto gratuito de las garantías públicas implícitas. Se ve claramente que a un apalancamiento excesivo y no a sus aptitudes es a lo que se deben sus beneficios resultantes, que después recaen desproporcionadamente en los empleados, y sus pérdidas, a veces en gran escala, que recaen sobre los accionistas y los contribuyentes.



Dicho de otro modo, los bancos corren riesgos, reciben los beneficios y después transfieren las pérdidas a los accionistas, los contribuyentes e incluso los jubilados. Para rescatar el sistema bancario, la Reserva Federal, por ejemplo, bajó los tipos de interés hasta unos niveles artificialmente bajos; como se ha sabido recientemente, también ha concedido préstamos secretos de 1,2 billones de dólares a los bancos. El efecto principal hasta ahora ha sido el de ayudar a los banqueros a conseguir primas (en lugar de atraer a prestatarios) ocultando los riesgos.

Los contribuyentes acaban pagando dichos riesgos, como también los jubilados y otros que dependen de los réditos de sus ahorros. Además, las políticas de bajos tipos de interés transfieren el riesgo de la inflación a todos los ahorradores y a las generaciones futuras. Así, pues, tal vez el mayor insulto a los contribuyentes es el de que el año pasado la remuneración de los banqueros volviera a alcanzar el nivel del período anterior a la crisis.

Naturalmente, antes de que los gobiernos los rescataran, los bancos nunca habían repartido dividendos en su historia, suponiendo que sus activos estuvieran ajustados al valor del mercado. Tampoco es de esperar que lo hagan a largo plazo, pues su modelo de negocio sigue siendo idéntico al que era antes, con modificaciones sólo cosméticas en relación con los riesgos inherentes a las transacciones.



De modo que los datos están claros, pero, como contribuyentes individuales, estamos indefensos, porque, dadas las medidas concertadas de los grupos de presión o -peor aún- de las autoridades económicas, no controlamos los resultados. Nuestras subvenciones para los directores y ejecutivos de los bancos son completamente involuntarias.

Pero la perplejidad resultante representa un elefante aún mayor. ¿Por qué un gerente de inversiones compra los valores de bancos que pagan porciones muy grandes de sus ganancias a sus empleados?

La razón no puede ser la promesa de repetir beneficios pasados, dada la insuficiencia de dichos beneficios. En realidad, filtrar los valores conforme a los beneficios habría reducido a más de la mitad las pérdidas de las inversiones en el sector financiero en los veinte últimos años, sin pérdidas de beneficios.

¿Por qué los gerentes de carteras y de fondos de pensiones abrigan la esperanza de que sus inversores les concedan impunidad? ¿Acaso no resulta evidente a los inversores que están transfiriendo voluntariamente los fondos de sus clientes a los bolsillos de los banqueros? ¿Acaso no están violando los gestores de fondos tanto las obligaciones fiduciarias como las normas morales? ¿Están desaprovechando la única oportunidad que tenemos de disciplinar a los bancos y obligarlos a competir para correr riesgos de forma responsable?

Resulta difícil de entender por qué el mecanismo del mercado no elimina esas preguntas. Un mercado que funcionara bien produciría resultados que favorecerían a los bancos que contaran con los riesgos adecuados, los planes de remuneración idóneos, el reparto de riesgos correcto y, por tanto, la gestión empresarial adecuada.

Podemos preguntarnos: si los gestores de inversiones y sus clientes no reciben beneficios elevados por sus valores bancarios, como sucedería si se beneficiaran de la externalización por parte de los banqueros del riesgo que recae en los contribuyentes, ¿por qué no se deshacen de ellos? La respuesta es la llamada “beta”: los bancos representan una gran proporción de los S&P 500 y los gestores necesitan invertir en ellos.



No creemos que la reglamentación sea una panacea para este estado de cosas. Los bancos mayores y más complejos han llegado a ser expertos en mantenerse un paso por delante de los reglamentadores creando constantemente productos financieros y derivados que eluden la letra de las normas. En esas circunstancias, una reglamentación más complicada significa simplemente más horas retribuibles para los abogados, más ingresos para los reglamentadores que cambien de bando y más beneficios para los gestores de derivados.

Los gestores de inversiones tienen la obligación profesional y moral de desempeñar su papel imponiendo cierta disciplina al sistema bancario. El primer paso debería ser el de diferenciar los bancos conforme a sus criterios de remuneración.

En el pasado los inversores se han regido por criterios éticos -al excluir, pongamos por caso, las empresas tabaqueras o las multinacionales cómplices del apartheid en Sudáfrica- y han logrado ejercer presiones en los valores subyacentes. La inversión en bancos constituye una doble violación: ética y profesional. Los inversores y todos nosotros estaríamos mucho mejor económicamente, si esos fondos afluyeran a empresas más productivas, tal vez reorientando hacia organizaciones benéficas una cantidad equivalente a la que se transferiría a las primas de los banqueros.

(Nassim Nicholas Taleb es profesor de Prevención de Riesgos en la Universidad de Nueva York y autor de The Black Swan (“El cisne negro”). Mark Spitznagel es gestor de fondos de cobertura. Los autores tienen posiciones que se benefician, si los valores de los bancos se devalúan. Copyright: Project Syndicate, 2011)



- La doctrina del miedo (“el tiempo se agota”, dice el FMI)

Una peculiar cuenta atrás atruena en los mercados financieros desde agosto (2011). Y la última asamblea del Fondo Monetario Internacional (septiembre 2011) devolvió el eco, multiplicado. La cita, que reúne la mayor concentración de responsables de política económica del mundo, tuvo un efecto paradójico: solo fue capaz de constatar que el tiempo se escapa entre los dedos de los responsables políticos. La “sensación de urgencia” que quiso instalar la nueva directora gerente del FMI, Christine Lagarde, se convirtió en un ejercicio de impotencia. “El tiempo se agota”, fue la salmodia de los expertos del Fondo. Todos los ojos se dirigen a Europa, donde la crisis financiera se ha vuelto a hacer fuerte. Cada vez son más los que creen que ya es demasiado tarde. Que el envite -una reforma radical de la estructura de la zona euro- es demasiado grande para ser resuelto por los actuales dirigentes europeos. Con el grifo del crédito ya medio cerrado, la recaída está a la vuelta de la esquina.


“Lo que tenemos en Europa es una crisis bancaria que puede generar un credit crunch”, advierte Guillermo Calvo, de la Universidad de Columbia, en Nueva York. “En el mejor de los casos, se le va a dar a Grecia la medicina para que siga pagando su deuda en el corto plazo y se hará lo necesario para que no quiebren los bancos. Pero eso no va a evitar el credit crunch, lo que va a tener un impacto severo en el crecimiento europeo y también, muy posiblemente, en el de Estados Unidos. La probabilidad de una recaída importante del PIB en Europa y Estados Unidos no se puede descartar”, apunta.
El escenario descrito por el profesor no es, ni mucho menos, el peor de los manejados. Varios de los expertos consultados (y es una opinión creciente en todo tipo de foros especializados) creen que el retraso en la toma de decisiones en la UE hace casi imposible evitar la suspensión de pagos en Grecia. Y que los problemas de las autoridades europeas para dar competencias más ambiciosas al fondo de rescate y al Banco Central Europeo dificultarán frenar el contagio a otras economías y al sistema bancario europeo.
“La crisis no se ha gestionado bien; va de mal en peor. Hagan lo que hagan los Gobiernos ya, Grecia y Portugal entrarán en suspensión de pagos. Quizá España e Italia también. Eso no puede gestionarse de manera voluntaria y ordenada y el resultado será quiebras bancarias”, sostiene Charles Wyplosz, del Graduate Institute de Ginebra, que no deja pasar la ocasión de atizar a la propuesta comunitaria de que los bancos con títulos griegos asuman una quita de la deuda. “Hay un riesgo claro de que la crisis de la deuda pública se vaya de las manos”, corrobora Paul de Grauwe, de la Universidad de Lovaina.
La serpiente de la crisis financiera muda de piel cada cierto tiempo, pero se mantiene viva cuatro años después. En algunos momentos, como el arranque de 2010 o de 2011, su carga tóxica pareció menguar. Entonces, algunos países avanzados (en ningún caso España) aceleraron el crecimiento, dejaron atrás el mal sueño de la Gran Recesión. Fue un espejismo. Las dificultades de varios países europeos (Grecia, Irlanda, Portugal) para hacer frente al pago de la deuda pública dispararon las dudas de los inversores. La lenta reacción de la UE hizo el resto. La desconfianza elevó el coste de esa deuda, y eso, junto al efecto de los planes de ajuste en las perspectivas de crecimiento, retroalimentó las dudas de los inversores en una espiral que los planes de rescate de la UE a estos tres países no fueron capaces de cortar.
La crisis de deuda pública en varios países periféricos de la zona euro se manifestó cuando varias economías occidentales apenas habían empezado a digerir los excesos de la deuda privada, origen de las primeras turbulencias financieras en 2007. Y ambos problemas lastran las cuentas de los bancos, catalizadores de esta crisis. El balance es que, pese a los estímulos fiscales con que los Gobiernos del G-20 combatieron la recesión, las inyecciones de fondos públicos a las entidades financieras y la avalancha de liquidez suministrada por los bancos centrales, el peso de la deuda acogota a los bancos. Una vía de agua que no ha hecho más que crecer desde el tercer trimestre de 2011, disparando la exigencia de nuevas recapitalizaciones en las entidades europeas para afrontar la pérdida de valor de sus activos, ya sean títulos de deuda o créditos con más opciones de caer en morosidad por la falta de crecimiento económico. Por no hablar del agujero inmobiliario.
“Inicialmente, la crisis bancaria arrastró a una situación muy complicada a las cuentas públicas. Ahora, es la deuda pública la que arrastra a la banca”, resume Vicente Pallardó, del Instituto de Economía Internacional de Valencia.
El FMI ha acumulado mensajes contradictorios en los últimos tiempos, un signo de la ansiedad del vigilante de la estabilidad económica mundial, como le rebautizó el G-20. Aquí pesa también el precedente de 2007, cuando el Fondo no vio venir el impacto que iba a tener la crisis financiera. Pero si los expertos del Fondo tenían una idea clara, era que había que meter presión a los políticos. Y, singularmente, a la UE. “Hay una sensación generalizada de que los políticos europeos van un paso detrás de los mercados”, proclamó Olivier Blanchard, jefe del departamento económico del Fondo. “Les diría que dejen de combatir los síntomas y se centren en las causas profundas”, siguió días después el jefe del departamento financiero, José Viñals.
Un gráfico, sencillo para lo que suele gastar el FMI, sintetizaba la aproximación del Fondo a la cuestión. Si la crisis comenzó siendo de deuda privada, luego se propagó a los bancos y pasó después a las cuentas públicas, ahora ha vuelto a mudar de piel para convertirse en una crisis política.
El mensaje se ha adobado con elevadas dosis de dramatismo, un broche razonable para un período dominado por el temor, una expresión repetida hasta la saciedad por políticos, analistas de mercados, expertos económicos y medios de comunicación en las últimos tiempos. “Hay miedo a lo desconocido”. La frase, más propia de una película de terror de serie B, se recoge en el análisis que abre el informe de Perspectivas Económicas Mundiales del FMI. El Fondo ha llegado a la conclusión de que para despejar los miedos de los mercados, hay que meter presión a los políticos para que actúen. Y que la mejor manera es... con más miedo.
La secuencia recuerda a algunas de las descritas con prolijidad por la periodista canadiense Naomi Klein, que glosó el nacimiento de los movimientos contra la globalización capitalista, en el libro La Doctrina del Shock. El desastre, recuerda Klein, es un evento muy conveniente para acelerar cambios que llevan años bloqueados por la resistencia social y política. La periodista utiliza la teoría para explicar cómo se impusieron algunas recetas que tilda de neoliberales al calor de convulsiones políticas o económicas. No está tan claro que aquí sea el caso: en las recetas que se proponen para salir del atolladero conviven el recorte del sector público, el uso de fondos estatales en auxilio de la banca, más impuestos a los ricos o a las entidades financieras o una mayor integración fiscal de la zona euro. Lo que sí es cierto, es que unas van más rápidas que otras.
“Lo que ha hecho estos días el FMI es de pirómano, y ellos deberían comportarse como bomberos prudentes. Hay cierto efecto Roubini (por Nouriel Roubini, que anticipó la crisis financiera); nadie quiere que le acusen de no haber avisado. Pero a mí me enseñaron hace mucho que cuando detectas un problema debes aportar soluciones o te conviertes en parte del problema”, critica José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. “La situación es seria, pero los mercados financieros tienden a exagerar mucho”, matiza Stephany Griffith-Jones, coautora del libro “Un tiempo para la mano visible” junto al Nobel Joseph Stiglitz y al profesor José Antonio Ocampo.
Al reclamo del Fondo, escoltado por nuevos tropiezos en las Bolsas, la presión sobre los líderes europeos se ha redoblado. El primer ministro británico, David Cameron, en un gesto poco apreciado por sus colegas de la UE, abanderó una carta abierta de siete países del G-20 para exigir a la zona euro que resuelva ya sus problemas. El secretario del Tesoro de EEUU, Timothy Geithner, aseguraba, cada vez que se la acercaba un micrófono, que los europeos estaban a punto de multiplicar la potencia del fondo de rescates, algo que negaban los dirigentes de la UE una y otra vez. El ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, aquel que se mostró sorprendido por la codicia de los bancos de inversión estadounidenses tras haberlos dejado campar por sus respetos, daba “semanas” a la suspensión de pagos en Grecia. El ministro de Economía brasileño, Guido Mantega, que había prometido un gesto de respaldo de los gigantes emergentes, se limitó a lanzar una frase redonda y venenosa -“Europa es el epicentro de la crisis”- y a reclamar medidas “rápidas y osadas” para evitar el contagio.
En lo que va de año, la cotización de los bancos europeos ha caído un 40%; los fondos monetarios estadounidenses, una fuente de financiación esencial para varios gigantes financieros continentales, ha reducido a mínimos históricos su exposición a las entidades europeas; y el Fondo, en una polémica estimación, cree que las pérdidas potenciales por la devaluación de títulos de deuda pública ronda los 300.000 millones de euros, un boquete en los balances bancarios que apremia la recapitalización.
Para no ahogarse en la tormenta, la UE se agarra a la tabla del acuerdo alcanzado, con mucha dificultad, en julio, para ampliar las competencias del fondo de rescates. Y aprieta las tuercas a Grecia para que prosiga con los ajustes, antes de liberar otro tramo del crédito fijado en el primer plan de ayuda y dar paso a la segunda fase. No quiere que ningún debate le desvíe de conseguir esos dos objetivos, al alcance de la mano.
“Aunque finalmente caiga Grecia, la crisis no tiene por qué irse de las manos. Solo ocurriría así si no logran controlar los mercados de la deuda italiana y española”, dice Francisco Alcalá, catedrático de Economía de la Universidad de Murcia. “Para evitarlo, habría que dejar claro que el problema de Italia y España sería de liquidez, no de solvencia; propiciar que el BCE declare abiertamente el compromiso firme de estabilizar los mercados de deuda de los países con problemas de iliquidez; y preparar medidas que eviten un posible colapso del sistema bancario”, enumera. “El único que tiene recursos ilimitados e inmediatos para despejar todas las dudas es el BCE”, concede Alcalá.
La exigencia de un nuevo mandato para el BCE que le permita respaldar al euro como hacen la Reserva Federal con el dólar o el Banco de Inglaterra con la libra, es común a varios expertos. “El fondo de rescate (que podrá prestar hasta 440.000 millones) es demasiado pequeño para afrontar el riesgo añadido de España e Italia. Se necesitaría una reserva de tres billones al menos, y ningún Gobierno puede con eso. La única manera de evitar la crisis es que el BCE garantice toda la deuda pública europea. Cuanto más esperemos, más profunda será la crisis. Y la recesión”, avisa Wyplosz. “El fondo de rescates nunca funcionará bien. Solo puede intervenir por unanimidad de todos los países y es demasiado pequeño. El BCE debe dejar atrás los dogmatismos y anunciar que va a intervenir en los mercados permanentemente”, corea De Grauwe.
Un paso así, que requiere en paralelo una abrupta integración fiscal, no parece cosa de días. Menos aún, cuando hay una oposición en varios países, especialmente de Alemania. “El problema no es tanto que los políticos no sean conscientes de lo que se juegan, sino que los electorados del centro y el norte de Europa no admiten más consideración con el sur. Hace muchos meses que se les debería estar explicando el enorme coste que tendrá para ellos una posible ruptura del euro y quién sabe si, con él, del proyecto europeo”, explica Pallardó. Con esa perspectiva, los líderes alemanes, holandeses o nórdicos necesitan mucho tiempo para convencerse y convencer a su electorado de decisiones tan drásticas. Y no está nada claro que los mercados vayan a concedérselo.
“No estamos en regímenes napoleónicos en los que se chasquea los dedos para hacer reformas, estamos en democracias parlamentarias, que tienen otros procesos”, recalcó la directora gerente del FMI, en otra de esas contradicciones tan frecuentes en los últimos días. “Es curioso como la presión se ha concentrado de forma exclusiva en los líderes políticos europeos, que desde luego, podrían hacer mucho más”, recoge el guante Stephany Griffith-Jones. “Hay otra vez silencio sobre la responsabilidad de los mercados financieros y los bancos en la crisis de la eurozona. ¿Qué pueden hacer para resolver la situación? ¿Cómo pueden ayudar a los Gobiernos a suministrar crédito? ¿O deberían ser regulados de forma radical para que dejen de hacer tanto daño a la economía en el futuro?”.
Una pregunta similar se lanzó desde la sala de prensa a los expertos del FMI. “Exigen a los políticos que pongan más de su parte, ¿creen que los bancos han hecho su parte?”. La respuesta llevó decenas de palabras. Pero, en síntesis, no hubo respuesta.
- Please, remember (no olvidar lo inolvidable)

El Fondo Monetario Internacional (FMI) proporcionó “pocos avisos claros” sobre los riesgos y las debilidades ligados a la última crisis financiera que se cernía sobre la economía mundial antes de que ésta estallara, según un informe de la Oficina de Evaluación Independiente (OEI), que controla la labor de la institución”. (Negocios.com - 9/2/11)



En un informe sobre su comportamiento entre 2004 y 2007, los años anteriores a la crisis financiera y económica, la OEI considera que, durante el periodo previo a la crisis, el mensaje bandera de la vigilancia del FMI se caracterizó por su “excesiva confianza en la solidez y la resistencia de las grandes instituciones financieras” y en la aprobación de las prácticas llevadas a cabo en los principales centros financieros.

Por desgracia, estamos muy lejos de un mundo idealizado en que los mercados financieros comparten el riesgo de forma eficaz. De los aproximadamente 200 billones en activos financieros mundiales que existen hoy en día, casi tres cuartas partes se expresan en alguna especie de instrumento de deuda, como préstamos bancarios, bonos corporativos y valores públicos. Sin duda, el mercado de derivados ayuda a distribuir el riesgo más ampliamente que lo que implica este cálculo superficial, pero el punto básico sigue siendo válido”. (Kenneth Rogoff - Project Syndicate - 1/3/11)

La Reserva Federal se ha convertido en el comprador de más del 60% del mercado de los bonos estadounidenses. Y es que, resulta algo ingenuo pensar que las entidades con licencia para comprar directamente deuda pública, los llamados “Primary Dealers”, podrían o querrían comprar esa enorme cantidad de bonos de escasa rentabilidad si la FED no estuviera a su vez dispuesta a adquirir casi todo el papel que el Tesoro emite al “mercado”.

De hecho, los “Primary Dealers” están vendiendo a la Reserva Federal deuda que compraron al Gobierno de Washington apenas una o dos semanas antes. Aunque el presidente de la FED, Ben Bernanke, ha reiterado que no está monetizando deuda pública, los números son contundentes. Es más, el hecho de que los “Primary Dealers”, los únicos capaces de comprar deuda gubernamental, sean una serie de entidades autorizadas por el propio Gobierno está volviendo a levantar muchas sospechas acerca de su independencia real”. (Libertad Digital - 21/3/11)

El problema de la Reserva Federal y del resto de bancos centrales del mundo es que conforme monetizan más deuda aumentan las presiones inflacionarias, y todo apunta a que está empezando a llegar el momento en el que si dejan de monetizar los tipos de interés de los bonos subirán debido a la gran cantidad de papel emitido. Por otro lado, Si deciden seguir monetizando la prima por inflación seguirá subiendo, lo cual hará que los tipos de interés también suban. Es decir, la política monetaria parece haber llegado a una especie de callejón sin salida.

Conforme los gobiernos de países avanzados asumen una creciente responsabilidad para proteger a sus ciudadanos, inversionistas, bancos y compañías de las penurias infligidas por los desastres, extreman sus recursos financieros hasta cerca del límite. Ello, dicen economistas, podría privarlos de los medios necesarios para responder la próxima vez que ocurra una crisis de proporciones”. (The Wall Street Journal - 27/3/11)



¿Podemos permitirnos otra crisis? Creo que la respuesta es no”, dice Raghuram Rajan, profesor de la Universidad de Chicago quien se desempeñó como economista jefe del Fondo Monetario Internacional entre 2003 y 2007. “Simplemente no tenemos la capacidad fiscal en muchos países para rescatar nuevamente el sistema”.

Cuatro años se acaban de cumplir desde que la quiebra del banco de inversión norteamericano Lehman Brothers marcara el inicio de la peor crisis financiera y económica desde hace casi un siglo. Sin haber terminado de encajar el golpe, entidades y estados contemplan ahora cómo la historia puede estar a punto de repetirse. La suspensión de pagos de Grecia, que de forma más o menos controlada todos dan ya por sentada, podría provocar una reacción en cadena -desde el primer banco acreedor al último ciudadano europeo- que justificaría, por sí sola, el temor del Fondo Monetario Internacional a que el planeta se vea abocado a una segunda recesión. “Las presiones soberanas amenazan con reactivar un círculo vicioso entre el sistema bancario y la economía real”, ha advertido el organismo. Una segunda tormenta perfecta que Europa está dispuesta a capear inyectando más capital a la banca.

Inicialmente, la crisis bancaria arrastró a una situación muy complicada a las cuentas públicas. Ahora, es la deuda pública la que arrastra a la banca.

Y lo peor es que, cinco años después de que comenzara la mayor crisis desde el crash de 1929, nada parece que haya mejorado: el Fondo Monetario Internacional (FMI) sigue alertando de que hay que recapitalizar a la banca. A esto se suma que los desequilibrios en el crecimiento han rebrotado de nuevo tras un corto paréntesis de fuerte crecimiento en 2010. Asimismo, el agujero de las cuentas públicas ha puesto en peligro el euro y ha dado lugar a una histórica rebaja del rating de la primera potencia mundial.

La economía mundial se encuentra ahora al borde de una nueva recesión, con numerosas incógnitas que amenazan el horizonte próximo.

No deja de resultar esperpéntico que los Estados vayan a tener que recapitalizar sus bancos porque el mercado cree que dichos Estados (que ya sostuvieron el sector financiero hace dos años) no podrán pagar sus deudas a los bancos. Pero una vez abierta la espita, probablemente no quede más remedio que acometer dicha recapitalización.

Si hay que inyectar varias decenas de miles de millones, no serán inversores asiáticos o qataríes quienes salven a la banca; serán contribuyentes alemanes, españoles o franceses. Ya sea directamente, ya sea a través del fondo de estabilidad europeo. Lo único que, por algún motivo, la elite política no suele poner demasiadas pegas cuando de dar dinero a los bancos se trata. Cosas, de la vida.



Desde septiembre de 2008 y hasta fines de 2011, la Fed de Bernanke creó US$ 1,8 billones (millones de millones) de dinero nuevo. Pero los estrategas de la Reserva Federal apenas estaban calentando. En septiembre anunciaron que iniciarían una tercera ronda de relajación cuantitativa, es decir, más creación de dinero, aparentemente para impulsar el crecimiento y reducir el desempleo, a un ritmo de US$ 40.000 millones al mes sin un plazo fijo.

- Anexo: El huevo de la serpiente (cuando en 1986 el Big Bang de Margaret Thatcher cambio la City)

- Cómo los años cambiaron al corazón financiero del mundo (BBCMundo - 4/8/12)

(Por Peter Day) Lectura recomendada

La City, el centro financiero de Londres, está irreconocible.

No sólo por la manera cómo luce y el espacio que ahora ocupa, que incluye los Docklands (una antigua zona portuaria), sino por cómo se comporta.



Cuando empecé a pasear en bicicleta por la City en 1975, el Banco de Inglaterra exigía que todos los bancos en el distrito financiero londinense estuvieran a diez minutos de caminata de la oficina del gobernador del banco central británico.

La idea era, se argumentaba entonces, que en momentos de crisis el director del Banco de Inglaterra pudiera convocar a su oficina a los jefes bancarios con una anticipación de tan solo media hora.

El gobernador podía manejar la City con simplemente levantar sus cejas en esos encuentros cara a cara, se decía.

La gobernabilidad bancaria se manejaba eficientemente tras bambalinas. El gobernador nunca hablaba en público, con lo que mantenía su misterio.

Espíritu cambiante



Fue en los años 80, cuando el Banco de Inglaterra relajó esa regla de los diez minutos de caminata, que fue posible que la zona que se conoce como Canary Wharf -en el este de Londres- se convirtiera en un lugar aceptable para establecer bancos en Londres.

Y luego, en octubre de 1986 con el Big Bang (la desregulación del mercado financiero en tiempos de Margaret Thatcher) todo cambió.

De la noche a la mañana, el antiguo monopolio de caballerescas asociaciones de operadores y corredores de la Bolsa de Valores de Londres fue oficialmente abolido.

Entonces se dijo que la movida creó el equivalente de 1.500 millonarios, cuando los miembros de aquellas asociaciones vendieron sus intereses a los banqueros y se retiraron a sus parroquias campestres.



La City floreció con miles de nuevos trabajos que surgieron de las nuevas oficinas y la industria de servicios financieros se convirtió en un sector en expansión.

Las recién edificadas torres de Canary Wharf se convirtieron no en oficinas traseras excedentes sino en contribuyentes vitales para la economía.

Banca universal



Bancos extranjeros acudieron en masa a la City y los bancos británicos sintieron que tenían que participar en la carrera por la banca universal que se hacía evidente en todo el mundo. Después de todo, ellos siempre habían sido grandes.

Un nuevo problema era la brecha entre la cautela natural del banquero tradicional y el inmenso apetito por el riesgo de la nueva camada de corredores creada por el influjo de la banca de inversiones.

Durante generaciones, los bancos eran manejados por banqueros tradicionales que habían escalado posiciones dentro de la estructura, que no tenían los instintos para hacer lo que los corredores estaban haciendo y que bien podrían no haberlo entendido.

Frecuentemente los jefes, directores y gerentes de esos bancos ganaban menos que el monto de los bonos que recibían muchachos que trabajaban en las operaciones bursátiles

Los mismos bonos eran otra curiosidad en la nueva City de Londres.

En el viejo mundo de los asociados las ganancias se dividían al final del año financiero, y los socios compartían las recompensas del mando. En años malos no había pagos, en años buenos venía la bonanza.



En la City pos Big Bang se reprodujo esta estructura de recompensas para motivar a los empleados llenos de adrenalina pero sin las desventajas. Sólo se compartían las ganancias

Espíritu capitalista



Para el Banco de Inglaterra aquel viejo sistema de regulación basado en los gestos y muecas del gobernador no podía seguir funcionando.

En la nueva City muchos eran participantes internacionales que no respetaban o siquiera entendían caballerosos y familiares conceptos de la City como el lema de la Bolsa de Valores: “Mi mundo es mi bono”.

Aparecen aquí los reguladores oficiales con sus libros de normas. Aparecen los funcionarios con su autoridad basada en reglas. Aparecen los abogados y los contadores, cobrándoles por minuto a sus clientes para mantenerlos dentro de las reglas y al mismo tiempo buscándoles atajos que explotar.

El verdadero cambio en la City de Londres, sus bancos y otras instituciones es el cambio de la cultura de normas éticas de los 60 y 70 al ambiente regulado posterior al Big Bang.

Al definir lo que está regulado se crean enormes oportunidades para lo que no lo está.

De allí que el uso de las llamadas “hojas fuera de balance” -que metió a los bancos de EE.UU. en grandes problemas con la crisis de los préstamos de alto riesgo- viera un tremendo crecimiento, porque quedaban fuera de la supervisión de las autoridades.

Ganancias inmediatas



Donde el regulador define una línea clara, el espíritu animal del capitalismo de libre mercado buscará una línea lateral para operar fuera de las regulaciones. Y por hacerlo será inmensamente recompensado.

Así, en la mente de los participantes del mundo financiero, hacer “lo correcto” fue reemplazado por hacer “lo que puedas sin ser pillado”.

Sería tonto añorar demasiado la desaparecida vieja City. Al fin y al cabo era estirada, introvertida, nada competitiva y llena de prácticas restrictivas, y por tanto muy poco saludable.

Pero ha sido reemplazada por algo mucho más inquietante: un sistema donde reinan las ganancias a corto plazo y donde todo lo demás queda relegado a un segundo plano.

De aquellos polvos vienen estos lodos…

El mercado ha dejado de ser una expresión de la economía… es la economía. Sus expectativas (y la creación de dinero) son más importantes que la ley de la oferta y demanda de bienes y servicios (o el crecimiento económico). Somos prisioneros de una ingeniería monetaria creada por los bancos centrales que tratan de alentar la bonanza económica sosteniendo artificialmente los precios de los activos financieros. Fuera de esa híper realidad se halla el desierto de lo real. De ahí que no puedan dejar de actuar.

En un mundo en el que los bancos centrales manipulan el riesgo percibido, los precios de los activos se separan de la realidad hasta un punto en el que son meras representaciones de valor imposibles desde cualquier teoría eficiente de mercado. Ya no se pueden aplicar las reglas válidas hasta ahora. El sentido común dice que no te fíes del sentido común. Si la FED sigue comprando al ritmo actual titulizaciones hipotecarias, será titular en una década del 100% de las mismas, ¿entonces?

3 - La “memoria” de Henry (las mejores aventuras de Paulson de la Mancha y Geithner Panza: entre el insomnio y el miedo)



- Siga, siga, siga el baile,… al compás del tamboril, al compás del tamboril, al compás del tamboril… (Del Quant al SIV y… vuelta a empezar)

The Wall Street Journal -online- (15/10/07): “EEUU orquesta la creación de un fondo para terminar con la crisis del crédito

“El Departamento del Tesoro de Estados Unidos, preocupado de que los mayores bancos del país se desprendan de sus valores respaldados por hipotecas y estremezcan a los mercados financieros, intentó durante el fin de semana dar los toques finales a un plan para poner fin a los problemas en los mercados de crédito. La iniciativa permitiría a los bancos reunir sus activos riesgosos, que ascienden hasta US$ 100.000 millones, y eludir medidas que desincentivan el otorgamiento de préstamos.

Entre las preocupaciones que originaron las conversaciones entre el Tesoro y unos 10 bancos figuran los activos respaldados por hipotecas y otros valores en poder de entidades afiliadas de Citigroup. El mayor banco del mundo por valor de mercado excluyó estos activos de su balance general y tendría que venderlos en una liquidación o traspasarlos a sus libros. Cualquiera de estos dos escenarios perjudicaría a los mercados y a la economía estadounidense al desincentivar el crédito a las empresas y los consumidores.

Otros bancos también están preocupados de que sus afiliadas no puedan vender deuda de corto plazo, obligándolas a desprenderse de esos activos en una oleada de ventas que podría generar una estampida de vendedores y una caída radical en el valor de los valores hipotecarios en EEUU.

Según el plan de rescate que se está discutiendo, Citigroup, J. P. Morgan Chase Co. y Bank of America Corp. supervisarán un fondo, o superconducto, a través del cual los bancos podrán vender sus valores y otras inversiones. El fondo estaría funcionando en unos 90 días y serviría como una solución temporal durante aproximadamente un año, señalan fuentes cercanas. El fondo aceptará valores de cualquier tipo de activos, pero no asumirá valores ligados a hipotecas que considere demasiado arriesgados.

No es común que el gobierno estadounidense se involucre tan a fondo en esta clase de problemas. La participación del Departamento del Tesoro ha levantado interrogantes acerca del papel del gobierno a la hora de ayudar a los bancos a eludir grandes pérdidas por apuestas que resultaron fallidas.

Citigroup y otras entidades han creado fondos afiliados, denominados vehículos de inversión estructurada (SIV), como una forma de generar ganancias sin asumir el riesgo en sus balances. La popularidad de los SIV se disparó luego de que dos ejecutivos de Citigroup inventaran la táctica en Londres a fines de los años 80.

“Jamás había visto que el Tesoro jugara esta clase de papel”, señala John Makin, que trabaja para el fondo de cobertura Caxton Associates LLC y que es un ex consultor del Departamento del Tesoro. Los bancos realizaron “inversiones más riesgosas que no dieron fruto. Ahora deberían colocar eso en sus balances”, señala.

Ayuda condicionada

El gobierno intervino al detectar el potencial de una venta “desordenada” de activos que podría exacerbar la restricción crediticia, perjudicando a los inversionistas y la economía, señaló una fuente cercana.

Cuando comenzaron las conversaciones con los bancos, el Tesoro dejó en claro que un rescate del gobierno o el uso de fondos públicos estaban fuera de cualquier negociación. La idea es facilitar un acuerdo global del sector privado, señalan las fuentes.

Según el plan contemplado por el Tesoro y Citigroup, el superconducto será en esencia un comprador de última instancia. Adquirirá los activos SIV a precios de mercado en operaciones orientadas a evitar una venta masiva de estos activos.

Al cierre de esta edición, el comité de supervisión de los tres bancos aún ultimaba los criterios que establecerá para comprar activos. Por ahora, es improbable que el fondo adquiera activos ligados a hipotecas de alto riesgo, de otro modo, la reputación del fondo podría verse perjudicada.

El plan resalta cómo los bancos pueden beneficiarse de los problemas que su industria contribuyó a crear. Los tres grandes bancos, por ejemplo, recibirán comisiones por aportar los recursos necesarios para formar el fondo. Además, las unidades de corretaje de los bancos serán recompensadas por encargarse de la compraventa de activos entre los SIV y el fondo. Bank of America, por ejemplo, no opera un SIV pero vio la oportunidad de generar comisiones en las conversaciones que desembocaron en el plan final, dicen fuentes.

El fondo también pretende revivir el mercado de la deuda de corto plazo, que ha estado prácticamente congelado desde mediados de año. Se espera que el respaldo de los grandes bancos les brinde a los inversionistas la confianza para comprar su deuda de corto plazo, también conocido como papel comercial. La deuda de corto plazo emitida por los SIV no cuenta con el respaldo del banco afiliado.

El modelo SIV “presumía un mercado líquido para estos activos”, dice Paul Kerlogue, de Moody's Investors Service. “El verdadero problema para los SIV ahora no son sus activos, sino la liquidez”…

- “Decíamos ayer”…

La “argentinización” de la economía mundial - Lecciones de la historia: Un amargo despertar (El único modelo económico que transformó a un país rico en uno pobre) - Noviembre 2009

City’s “Grupo” (El Reino de la especulación)

- Citigroup, Bank of America y AIG lideran las ayudas públicas del Plan Paulson (Libertad Digital - 24/3/09)



EEUU ya tiene otro Plan Paulson, un TARP II para comprar activos tóxicos a la banca, de hasta un 1 billón de dólares. Citigroup, Bank of America y AIG lideran la concesión de estas ayudas públicas, con 135.000 millones de dólares. La deuda pública de EEUU supera por primera vez los 11 billones.

Geithner presentó este lunes el TARP II, un sistema de compra de activos tóxicos muy similar al aprobado por el ex secretario del Tesoro de EEUU, Henry Paulson, bajo la Administración Bush. El nuevo programa amplía el volumen de ayudas públicas para limpiar los balances de las entidades financieras que acumulan activos incobrables o ilíquidos. Además, abre la puerta a la participación de los inversores privados en la compra de dicha deuda basura, aunque mediante la concesión de amplias y generosas subvenciones procedentes del dinero de los contribuyentes estadounidenses.



De este modo, se confirma que el Plan Paulson resultaba del todo insuficiente para restaurar la estabilidad del sistema financiero norteamericano, tal y como avanzó LD. Hasta el momento, numerosas entidades se han beneficiado del programa TARP, con el fin de deshacerse de activos tóxicos a precios muy superiores a los de mercado. De hecho, la primera fase del Plan Paulson ha generado importantes pérdidas a las cuentas públicas de EEUU (unos 78.000 millones de dólares), como adelantó este periódico.

Cinco entidades acumulan el 26% de las ayudas del Plan Paulson

Hasta el momento, los gigantes financieros han sido los más beneficiados por las ayudas públicas concedidas bajo este programa especial. En concreto, Citigroup lidera la concesión de ayudas con cerca de 50.000 millones de euros, seguido de Bank of America con cerca de 45.000. La aseguradora AIG es la tercera entidad más beneficiada por la adquisición de activos tóxicos (unos 40.000 millones), según los datos oficiales que semanalmente recoge el Tesoro de EEUU. JP Morgan y Wells Fargo ha recibido del Gobierno casi 25.000 millones, respectivamente. Estas cinco entidades acumulan, en total, unos 185.000 millones de dólares procedentes de los contribuyentes estadounidenses, el 26,5% del Plan Paulson.

La deuda pública total supera los 11 billones



Sin embargo, el rescate público del sistema financiero no está exento de riesgos. La factura se acrecienta por momentos. Así, las últimas medidas ideadas por el presidente de EEUU, Barack Obama, con el fin de estimular su deteriorada economía se están materializando en un endeudamiento público récord. En este sentido, la deuda total del Gobierno acaba de superar el umbral de los 11 billones de dólares, que equivale al 78,5% del PIB nacional.

A ello, se suma además el último programa anunciado por la Reserva Federal de EEUU (FED) con el objetivo de reactivar el crédito bancario. El presidente de la Fed, Ben Bernanke, ampliará el balance de la entidad para adquirir 300.000 millones de dólares en letras del Tesoro (deuda pública), así como otros 100.000 millones en deuda de entidades privadas. Y ello, mediante la impresión de billetes ex novo, sin respaldo de ningún tipo (un mero apunte contable), tal y como reconoció el propio Bernanke.

El balance de la Fed asciende a 2 billones



Las ayudas a la banca aprobadas hasta el momento han elevado ya el balance de la Fed hasta casi los 2 billones de dólares, según los últimos datos oficiales. Sin embargo, las nuevas medidas prevén incrementar esta cuantía hasta algo más de 4 billones de dólares, duplicando así la masa monetaria. Una medida extraordinaria y no convencional, que carece de precedentes y no está exenta de riesgos (elevada inflación futura). El Plan Geithner, que asciende hasta un máximo de 1 billón de dólares, se vendría así a sumar a todo este dispendio de dinero público destinado al rescate del sistema financiero y económico de la primera potencia mundial.

- El Gobierno de EEUU pone en marcha un programa para evitar ejecuciones hipotecarias (Expansión - 16/4/09)



El Gobierno estadounidense puso ayer en marcha un programa para ayudar a los dueños de vivienda a evitar las ejecuciones de sus hipotecas.

A través de este programa el Gobierno pone a disposición de seis empresas financieras 9.900 millones de dólares que servirán para hacer menos onerosas las condiciones de los acuerdos hipotecarios e impedir las ejecuciones.

El Departamento del Tesoro indicó que las instituciones son JPMorgan Chase, que recibirá 3.600 millones de dólares; Wells Fargo (2.900 millones) y Citigroup (2.000 millones).

Las otras son GMAC Mortgage, con 633 millones; Saxon Mortgage, 407 millones y Select Portfolio Servicing, 376 millones. Dos de esas empresas, JPMorgan Chase y Wells Fargo, habían comenzado a modificar los préstamos hipotecarios desde este mes en tanto que CitiMortgage manifestó que iniciará pronto el proceso.

En una declaración, Wells Fargo indicó que “esta es una oportunidad para que millones de dueños de propiedades preserven y mantengan el sueño de la casa propia”.



El Gobierno ha destinado un total de 75.000 millones de dólares para subsidiar parte de la reducción en los pagos hipotecarios y proporcionar incentivos para resolver el problema de las ejecuciones que se multiplicó al estallar la crisis el año pasado.

El plan, que ayudaría a unos 9 millones de dueños de casa que tienen problemas para pagar sus hipotecas, señala que la refinanciación promueve la reducción de las tasas de interés y no debe incluir pagos mensuales superiores al 31 por ciento de los ingresos del beneficiado.

- EEUU rescatará aseguradoras de vida y estudia salvar los fondos de pensiones públicas (Libertad Digital - 16/4/09)

El Tesoro extiende su política de rescates a las aseguradoras de vida. Además, estudia ayudar a los fondos de pensiones de funcionarios, que ya han perdido más de 1 billón de dólares. Estas ayudas se suman al salvamento de las familias con pisos embargados.

El Tesoro de los EEUU ha decidido extender su plan de compra de activos “tóxicos” (TARP, en sus siglas en inglés) al sector asegurador de vida. Hasta ahora, este programa de rescate público sólo era accesible para las industrias bancarias y del automóvil, pero varias compañías aseguradoras con problemas (como Hartford, Lincoln o Genworth) pueden ser rescatadas.

Según informa The Wall Street Journal, el acceso al TARP permitiría a las aseguradoras evitar descensos de su calificación crediticia, fortalecer la solvencia y evitar la venta forzada de activos. De las aseguradoras europeas, Aegon, Axa, Ing y Allianz podrían ser las más beneficiadas por esta medida dado que las cuatro cuentan con filiales en EEUU que han necesitado recapitalización en 2008.

El aspecto negativo es que el acceso al TARP supone acatar las medidas de control y supervisión impuestas por el Gobierno; el aspecto positivo es que resta presión a las matrices europeas ya que sus filiales americanas cuentan con una opción adicional de levantar fondos sin tener que recurrir a préstamos de su holding matriz.

Las pensiones de los empleados públicos, en peligro

La crisis de la industria financiera ha causado pérdidas generalizadas en las bolsas de valores, lo que ha repercutido negativamente en los ahorros de los trabajadores, además de obligar a los consumidores a detener sus decisiones de compra y obligar, en muchos casos, a retrasar la jubilación por falta de dinero.

Los datos de la Oficina Presupuestaria del Congreso norteamericano no dejan lugar a dudas: los planes de pensiones privados han perdido 2 billones de dólares con el tsunami subprime, tal como avanzó LD el pasado octubre. Ahora, los gestores de estos fondos consideran que una parte de sus activos también son tóxicos, en concreto los que han sido contratados por el sector público y cifran en 1,3 billones de dólares el dinero necesario para el rescate.

Así lo explica la revista Business Week y la agencia norteamericana Associated Press, quienes auguran una buena receptividad por parte del Gobierno de EEUU a las peticiones de salvamento del sector. La importancia de estos fondos de pensiones es vital, ya que alrededor de 14 millones de trabajadores públicos dependen de ellos para su retiro.

Las pérdidas de estos fondos de pensiones pueden entorpecer la decisión del secretario del Tesoro, Timothy Geithner, de permitir a los inversores privados participar en el rescate de empresas en apuros a través la agencia Corporación de Inversión Pública, que combinará recursos provenientes de la Reserva Federal, de inversores privados y de la Corporación Federal Aseguradora de Depósitos, una institución que también es pública.

Geithner quiere que las empresas también rescaten bancos

El motivo para que se combinen fondos públicos y privados es, según Geithner, compartir riesgos. Si el Estado asumiera por completo el rescate de los bancos, todo el peligro que ahora soporta la banca con estos activos de escaso valor pasaría a estar sobre los hombros de los contribuyentes.

Por ello, y dado que dejar a estas entidades en la estacada sería una forma de prolongar la crisis, el Gobierno de Barack Obama ha decidido abrir la puerta a fondos de pensiones, fondos de inversión y otros grandes inversores para que contribuyan a aliviar esta carga y a reactivar el crédito. La Administración busca apoyos para evitar que los planes de pensiones públicos se conviertan también en “tóxicos”.

- Obama: “Wall Street seguirá siendo importante, pero no la mitad de nuestra economía” (El Economista - 3/5/09)

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, preconiza una refundación económica del país basada en una mayor regulación de los mercados financieros, para que éstas “pongan freno a tomas de riesgo masivas”. En una entrevista con 'The New York Times', Obama cree que el modelo aplicado en la bolsa en los últimos tiempos es insostenible.

El presidente americano señala al respecto que “era una aberración esa situación en la que los beneficios empresariales del sector financiero fueron una parte tan considerable de nuestros beneficios totales a lo largo de la última década”. “Parte de eso se producirá con una regulación que inhiba parte de las inversiones de riesgo masivas que han sido tan comunes”, señaló.



Pese a todo, Obama señaló que “Wall Street va a seguir representando una parte importante, enorme, de nuestra economía, de la misma manera que ya lo fue en los años 70 y 80. Lo que no representará será la mitad de nuestra economía”.

Quiere devolver la confianza



El presidente muestra su esperanza en que esta regulación devuelva la confianza al sector. Entre estas reformas incluye un “órgano de regulación del riesgo en el sistema financiero” que podía intervenir en compañías financieras no bancarias si supusieran un riesgo para la estabilidad del sistema financiero. Además, se basa en hechos consumados en otros países: “La experiencia de otros países, como Canadá, indica que una regulación eficiente y robusta que tenga en cuenta no tanto la forma legal de las instituciones como las funciones que desarrollan es probablemente una buena solución”, aseguró.

Obama mostró su disconformidad en la situación actual: “Es importante comprender que parte de la riqueza generada en la última década por los beneficios empresariales era puramente ilusoria”.

“Echaremos en falta esa riqueza en el sentido de que, como consecuencia de que había jóvenes de 25 años cobrando bonos de un millón de dólares, estaban dispuestos a pagar 100 dólares (unos 75 euros) por un filete para cenar y el camarero se estaba sacando en propinas cantidades que harían morirse de envidia a un profesor de universidad. Parte de esa dinámica acarreará ciertas consecuencias de contracción económica para capas sociales más bajas”.

- Warren Buffet arremete contra todos por su avaricia sin límites (Negocios - 5/5/09)

Acusa a bancos, aseguradoras, reguladores y medios de causar la mayor recesión en 50 años.



En la reunión anual de Berkshire Hathaway, Warren Buffet arremetió contra banqueros, aseguradoras y autoridades reguladoras por no prever la caída en el sector de la vivienda y dijo que sus deficiencias ocasionaron la peor recesión en medio siglo. Buffet y el vicepresidente de la empresa, Charles Munger, indicaron que Wall Street vendió “las aguas servidas del alto riesgo”, y culparon a los medios de comunicación y a los reguladores por no detectar el peligro.

Un número récord de 35.000 personas participó en la reunión anual de la empresa, con sede en Omaha, estado de Nebraska, el pasado 2 de mayo.



“Pienso que virtualmente todas las personas relacionadas con el mundo financiero contribuyeron a ella”, reflexionó Buffet sobre la crisis. “Parte fue por avaricia, parte por estupidez y parte por había gente que decía que era el otro el que lo estaba haciendo”.

Las ejecuciones hipotecarias han subido a un récord, el desempleo estadounidense aumentó a su máximo nivel en 25 años y las acciones de Berkshire se desplomaron un 31% desde que los accionistas se reunieron en el centro de convenciones Qwest Center de Omaha el año pasado. El Gobierno y la Reserva Federal de EEUU han gastado, prestado o comprometido 12,8 billones de dólares, cantidad que se acerca al valor de todo lo producido en el país el año pasado, para combatir la recesión.

Buffet apuntó que los medios de comunicación no informaron adecuadamente sobre la burbuja en el sector de la vivienda y culpó a los reguladores de las instituciones hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac por no detectar el peligro que sus préstamos representarían si el precio de las viviendas caía. Munger dijo que las empresas que titulizaron hipotecas subprime o de alto riesgo “tuvieron alucinaciones o fueron timadoras”.

“Iban a tomar un montón de aguas negras, mezclarlas de manera distinta y decir que no eran aguas negras”, explicó Munger. “Las leyes de la naturaleza son tales que mantienen sus cualidades de aguas negras”, concluyó.

El beneficio operativo de Berkshire en el primer trimestre bajó a unos 1.700 millones de dólares, frente a los 1.900 millones en el mismo periodo de un año antes, adelantó Buffet. El resultado, que no incluye algunas inversiones, bajó porque la recesión afectó los negocios de Berkshire dedicados a materiales de construcción, joyas y muebles. (Bloomberg)…




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