El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero


De la locura apoteósica al estrés postraumático (the day after…)



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De la locura apoteósica al estrés postraumático (the day after…)

“La corporación constituye un rasgo esencial de la vida moderna. Debemos conservarla, pero ésta tiene que ajustarse a los patrones socialmente aceptados y a las restricciones públicas indispensables. La libertad para la acción económica benéfica es necesaria; esta libertad, sin embargo, no tiene por qué ser una tapadera para la malversación, legal o ilegal, de renta o riqueza ajenas. La dirección corporativa debe tener autoridad para actuar, pero no para el robo aparentemente inocente. Controlar el poder corporativo es uno de nuestros mayores retos y, dadas las dimensiones, una de nuestras necesidades más urgentes. Una sociedad de desventuras económicas y crímenes corporativos no sobrevivirá ni será útil”… (John Kenneth Galbraith - “La economía del fraude inocente” - 2004 - Editorial Crítica).

¿Cómo puede ser inocente el fraude? Dice el profesor Galbraith que la distancia entre la realidad y la “sabiduría convencional” nunca había sido tan grande como hoy en día porque el engaño y la falsedad se han hecho endémicos. Tanto los políticos como los medios de comunicación han metabolizado ya los mitos del mercado, como que las grandes corporaciones empresariales trabajan para ofrecer lo mejor para el público, que la economía se estimula si la intervención del Estado es mínima o que las obscenas diferencias salariales y el enriquecimiento de unos pocos son subproducto del sistema que hay que aceptar como males menores. Es decir, que nos hemos rendido totalmente ante el engaño y hemos decidido aceptar el fraude legal, “inocente”.

Pero la realidad es que el mercado está sujeto a una gestión que planifican y financian cuidadosamente las grandes corporaciones privadas. Éstas, por otra parte, ni están al servicio del consumidor ni las controlan sus accionistas, sino los altos ejecutivos, que han desarrollado una compacta burocracia corporativa responsable de escándalos financieros como los de Enron, WorldCom o Arthur Andersen hace menos de una década y que ahora vuelven a resurgir travestidos de banqueros, hedge funds, bancos de inversión, agentes bursátiles, analistas de mercado o agencias de calificación.

Han creado un sistema basado en grandes instituciones financieras excesivamente apalancadas e infracapitalizadas; demasiado importantes como para que el regulador pueda permitir su caída sin acudir antes a su rescate; en las que todos, propietarios, acreedores y empleados son ampliamente remunerados si las cosas van bien mientras cuentan con el respaldo de los contribuyentes si, por el contrario, las cosas se tuercen. Capitalización de ganancias y socialización de pérdidas, esto es: lo contrario de lo que defendería Robin Hood.

La actual crisis económica no vino de la nada. Es la conclusión lógica de una filosofía cansada y desencaminada que ha dominado Estados Unidos por demasiado tiempo. La banca rompió el viejo principio de prestar a corto y endeudarse a largo; desafiando, además, las leyes del riesgo, como si la posibilidad de un “default” fueran nulas. Y todo ello en un contexto de desregulación financiera desconocida hasta la fecha.

Esta crisis ha puesto de manifiesto las limitaciones de los mercados. Todo el mundo debería comprender que la idea de que los mercados funcionan perfectamente es absolutamente errónea. Las implicaciones de esto es que hay un amplio margen para la regulación. Las regulaciones de los bancos comerciales deben extenderse a los de inversión, hedge funds y otras formas de instituciones financieras. Necesitamos requisitos de capital, supervisión e información. Cualquier institución que requiera de ayuda de emergencia en una crisis debe estar sujeta a algún régimen de regulación.

Muchos de los problemas que ha traído consigo esta crisis podrían haberse evitado con la regulación adecuada. Aun así, soy bastante escéptico con que haya un cambio fundamental porque hay gente que ha ganado mucho dinero con este modelo.

Esta “crónica” (en tiempo real) la finalizo el 27/6/08. Les dejo con los “titulares” de la mañana, para que “tomen la fiebre” (salud financiera) al enfermo (del siniestro glamour de la avaricia) y decidan si darlo de alta, dejarlo en la UVI, intervenirlo o llamar al sacerdote: (intereconomia.com / lavanguardia.com / elpais.com)


  • Imparable: los precios en junio se disparan hasta el 5,1%

  • Continúa la caída en el Ibex que amenaza los 12.000

  • El petróleo toca los 140 dólares

  • Las ventas minoristas bajaron un 5,3% en mayo

  • Las bolsas asiáticas cierran la semana inmersos en las pérdidas

  • Wall Street cae de nuevo y acumula un descenso de casi el 20% en ocho meses

  • El número de viviendas que se iniciaron en España cae el 36,1 por ciento en el primer trimestre (ésta era de ayer, pero sigue vigente y por mucho tiempo…)

  • Los visados de obra nueva se desploman un 56% de enero a abril

  • Las hipotecas se encarecen al nivel más elevado desde que existe el euro

A finales de junio de 2007, el banco de inversión Bear Stearns trataba de evitar la quiebra de dos fondos de alto riesgo dañados por los impagos de las hipotecas subprime. El movimiento hizo saltar las alarmas de los mercados financieros y acabó por desnudar la fragilidad del sistema, que desde agosto vive al borde del colapso. La tormenta crediticia ha castigado Bolsa, bonos, vivienda, deuda privada y fondos. Los efectos definitivos de la crisis están aún por verse, pero el alza de las hipotecas, la inflación y el parón económico, especialmente grave en el sector inmobiliario, tienen su origen en las malas prácticas de la banca de EEUU al hacer hipotecas.

La mala gestión de riesgos y la avaricia, un ansia desaforada por ganar cada vez más dinero, explican una crisis con la que el mercado lleva ya un año peleando. La necesidad de fortalecer el sistema financiero para evitar nuevos episodios de estrés se ha convertido en una prioridad para los reguladores. Se prevén cambios que fomenten una mayor transparencia y perfeccionen las normas existentes. La ingeniería financiera, las agencias de rating, los vehículos fuera de balance, las prácticas de concesión de créditos o el apalancamiento centran el debate por su papel a la hora de amplificar la crisis actual. Las autoridades, ausentes en este fenómeno, quieren ahora regular esta cadena.

La búsqueda de rentabilidades cada vez mayores, fruto de años de bonanza y de la enorme liquidez que se amasó en el sistema financiero, resultó desastroso. La ingeniería financiera respondió con la creación de productos cada vez más sofisticados, algunos muy complejos, opacos y arriesgados que llevaban incorporadas las hipotecas de alto riesgo de EEUU. Muchos jugadores terminaron por endeudarse demasiado y exponerse en exceso a una desaceleración. La cantidad de activos ilíquidos a largo plazo financiados con deuda a corto plazo provocó que el sistema se hiciera vulnerable a una salida masiva de inversores. “Cuando yo era joven”, dijo Tommaso Padoa-Schioppa, ex ministro italiano de Finanzas de 68 años, “los reguladores y los banqueros conocían los productos financieros. Después los conocían los banqueros pero no los reguladores. Ahora ni uno ni otro”. Y es lo que sucedió. El gran fiasco de la alquimia financiera.

El reto para los reguladores es grande. La normativa siempre va un paso por detrás de la innovación financiera y las prácticas de mercado no son fáciles de cambiar. Mientras haya incentivos como los bonus es muy posible que los jugadores del mercado actúen de maneras peligrosas. Es imposible de evitar. Sin embargo, sí hay normas que pueden prevenir grandes problemas.

A las puertas de la UVI, sólo quedará preguntar: -Y Doctor ¿usted, cómo lo ve?...

El Doctor contestará: -Yo sólo puedo ver lo que es evidente… (Poco consuelo tienen…)



Facebook (alertas y trasvases)

- Los 25 culpables de la crisis (El Confidencial - 27/1/09)

(Por E. Sanz / Agencias)

Los culpables de la mayor crisis financiera de la historia desde la Segunda Guerra Mundial tienen nombres y apellidos. Según el periódico británico The Guardian, lo que viene sucediendo durante el último año y medio no se debe a un fenómeno natural sino a un desastre humano que ha llevado a las principales economías y empresas del mundo al borde del abismo y en el que 25 personajes han jugado un papel decisivo.



¿Quién nos ha llevado a la ruina?, se pregunta el diario.

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal entre 1987 y 2006 se alza con el primer puesto. Tras una vida prácticamente entera dedicada al organismo regulador y retirado como un auténtico héroe, Greenspan pasará a la historia, entre otros aspectos, por su defensa del libre mercado, su capacidad para rescatar a la economía de Estados Unidos del colapso financiero de 1987 y de mitigar los devastadores efectos derivados de los ataques terroristas del 11-S. Greenspan es, para muchos expertos y según The Guardian, el principal culpable de la crisis al permitir la formación de una gran burbuja inmobiliaria gracias a unos tipos de interés bajos y a la ausencia de regulación en torno a los préstamos hipotecarios. Apoyó, según el diario, los préstamos subprime e instó a los hipotecados a cambiar tipos fijos por variables, lo que dejó a muchos de ellos al descubierto incapaces de hacer frente a sus compromisos cuando los tipos subieron. Durante años, Greenspan también defendió el boom de los derivados, un mercado que apenas existía cuando se hizo con las riendas de la Fed y que bajo su mandato creció como la espuma. De hecho, el periódico le acusa de haber protegido a un mercado que ha provocado muchos de los problemas actuales. La publicación destaca, no obstante, que Greenspan también ha sido capaz de reconocer sus errores. Por ejemplo, que demasiada regulación podría dañar Wall Street o que los bancos pondrían siempre por delante la protección de sus accionistas.



Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra. Cuando accedió al cargo en Threadneedle Street, la economía del Reino Unido crecía al 3% y la inflación se situaba en el 1,4%. En su primera reunión rebajó los tipos al 3,5% y su ambición consistía en que la política monetaria del Banco llegara a ser “aburrida”. Cuando la crisis estalló, King insistía en que no se transformaría en una crisis internacional. De hecho, en un primer momento, se negó a inyectar liquidez al sistema financiero e insistía en que no habría rescates bancarios. Ahora, algunos miembros del Tesoro británico aseguran que debería haber sido “más proactivo”. The Guardian le echa en cara que debería haberse dado cuenta de la burbuja inmobiliaria y haber tomado medidas, así como haber previsto más recientemente la recesión del país y haber actuado con mayor celeridad a la hora de recortar los tipos de interés.

Los políticos también han jugado un papel clave en la actual crisis financiera. Bill Clinton forzó a las hipotecarias a relajar sus requisitos a la hora de conceder hipotecas a los más desfavorecidos. En 1999 revocó la ley que garantizaba la completa separación entre los bancos comerciales -que ofrece depósitos- y la banca de inversión -que invierte y asume riesgos-. Esta decisión supuso el nacimiento de la era de la superbanca, que favoreció el desarrollo y la extensión de las hipotecas subprime. Su sucesor, George W. Bush, no consiguió que mejoraran las cosas al no poner coto a la inmensa cantidad de los denominados “hipotecados Ninja” -no income, no jobs, no assets-. Otro de los políticos culpables de la crisis para The Guardian es el primer ministro británico, Gordon Brown, quien puso los intereses de la City por delante de cualquier otro aspecto económico. La oposición le ha acusado de no haber tenido en cuenta que una economía “construida sobre deuda” no es una economía “construida para durar” durante su cargo como responsable del Tesoro durante diez años en el gobierno de Tony Blair.

El periódico británico también se acuerda del primer ministro islandés, Geir Haarde, después del colapso financiero de los tres grandes bancos del país por culpa de sus millonarias deudas. Islandia se vio forzada a recibir prestados 2.100 millones de dólares del FMI además de fondos procedentes de diferentes países europeos.

Culpables en la Gran Manzana

Wall Street tampoco queda al margen de su implicación en la crisis financiera. Según el diario, en este apartado suena el nombre de Abi Cohen, directora de estrategia de Goldman Sachs y que hace unos años llegó a ser una de las mujeres más poderosas de Estados Unidos. Sin embargo, no fue capaz de ver el crash de la bolsa y se hizo famosa por sus previsiones alcistas. Fue sustituida en el cargo el pasado mes de marzo. Kathleen Corbet, antigua consejera delegada de Standard & Poor's, también ocupa un puesto destacado. No en vano, las agencias de rating no advirtieron de los riesgos los activos respaldados por las hipotecas subprime. Corbet dirigía las riendas de la mayor de las tres agencias de calificación de riesgos y dejó su puesto en 2007 por las enormes críticas recibidas. Standard & Poor's, Fitch y Moody's han sido cuestionadas por el rol jugado en la actual crisis subprime, mientras ellas recuerdan que lo hicieron lo mejor que pudieron con la información disponible. Corbet dijo que su marcha de Standard & Poor's había sido “largamente planeada” y negó que tuviera que ver con presiones de ningún tipo.



Hank Greenberg, presidente del grupo asegurador AIG. A sus 83 años convirtió AIG en la mayor aseguradora del mundo. Tenía un enorme negocio de CDS y por ende, una enorme exposición a la crisis hipotecaria. Cuando su rating fue recortado, se enfrentó a una enorme crisis de liquidez y necesitó de 85.000 millones de dólares públicos para evitar el colapso. Posteriormente necesitaría de ayuda pública estatal adicional, pero eso no evitó que los principales ejecutivos del grupo renunciaran a viajes lujosos.

Quienes lo vieron venir



The Guardian reserva también un hueco para algunos de los inversores más importantes de los últimos cincuenta años y cuya visión del mundo financiero les hizo anticipar la que se venía encima. Como el gestor de hedge funds John Paulson, calificado en el mundo financiero como “el mayor ganador del credit crunch”. Paulson se embolsó 3.700 millones de dólares en 2007al apostar por el estallido de la burbuja inmobiliaria. También aparece, el multimillonario Warren Buffett, quien no se cansó de advertir sobre los peligros de los derivados que nadie entendía. En su carta anual dirigida a sus accionistas en 2003, comparó estos productos con el mismo infierno. “Fácil de entrar y casi imposible de salir”. En una muestra de optimismo, en octubre dijo que había empezado a comprar de nuevo en el mercado estadounidense, sugiriendo que lo peor de la crisis podría haber pasado.

También advertía en 2006 sobre una “gigantesca burbuja inmobiliaria”, el inversor George Soros, así como al economista y profesor de la Universidad de Nueva York, Nouriel Roubini, quien fue el primero en augurar el credit crunch. En 2006 advertía a los economistas del FMI que Estados Unidos se enfrentaba una histórica burbuja inmobiliaria, un shock en el mercado de materias primas a una recesión. Todavía hoy se muestra muy pesimista respecto a la crisis. Sin ir más lejos, la semana pasada vaticinaba la bancarrota del sistema bancario estadounidense y europeo. Tras los rescate financieros y nacionalizaciones, es muy famosa su frase para describir a George Bush, Henry Paulson y Ben Bernanke como “la troika de bolcheviques que fue capaza de convertir Estados Unidos en la República Socialista de Estados Unidos de América”.

La lista, hasta 25 responsables, incluye otros nombres del mundo financiero de la Gran Manzana. Como el presidente de HBOS -Andy Hornby-, el de Royal Bank of Scotland -Sir Fred Goodwing- o Bradford&Bingley -Steve Crwashaw-. Sin olvidar a los máximos responsables Citigroup -Chuck Prince-, Merrill Lynch -Stan O’Neil- o Bear Stearns -Jimmy Cayne.



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