El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero


Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy - ¿Aprendemos algo de las crisis? - - ¿Estamos mal, pero vamos mejor? - La farsa continúa… - Junio 2011



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Animal Spirits: “Historias” de ayer… y de hoy - ¿Aprendemos algo de las crisis? - - ¿Estamos mal, pero vamos mejor? - La farsa continúa… - Junio 2011

(Parte II) - De Greenspan a Bernanke (la “regadera” y el “helicóptero”)

Alan Greenspan (la era de la “exuberancia irracional”)

Párrafos extraídos de mi Ensayo: Al “Maestro” con cariño (50 variables y ningún rigor) Hagiografía -no autorizada- de Alan Greenspan, mayo de 2005.



Introducción

Los pecadores de Wall Street deben ser castigados prontamente”. (Alan Greenspan - 16/04/04)

Es necesario tener cuidado al reformular las reglas y las prácticas que ya no son suficientes para afrontar la reciente ola de escándalos en Wall Street…los legisladores deben evitar provocar daños colaterales”. (Alan Greenspan - 16/04/04)

Algunas prácticas y reglas han perdido su utilidad y requieren ser actualizadas. Pero al hacerlo debemos ser cuidadosos y no erosionar el paradigma que ha gobernado voluntaria y efectivamente las operaciones”. (Alan Greenspan - 16/04/04)

Un día, cualquiera, la bolsa comienza a caer, el Nasdaq, cuyo oro relucía a más de 5000 puntos, y pasa a boquear, arrastrándose por los 1800 (agosto/2001).

¿La culpa la tiene Greenspan que pinchó la burbuja? ¿El batir de las alas de una mariposa en China? ¿O es que el príncipe estaba desnudo?

¿Es ésta una derrota huérfana?

¿Es ésta una crisis bursátil (especulativa) o una crisis sistémica?

No es la primera vez que ocurren estos eventos especulativos (primero), estos derrumbes caóticos (segundo) y estas réplicas del temblor esperables (tercero). Para sólo citar el pasado reciente: crac de 1987, minicrac de 1989, crisis de 1997, crisis de 1998…situación reciente.

Pero ahora la financierización de la economía (hija putativa del librecambio y la globalización) provoca estallidos más intensos, más extensos, y de efectos más prolongados, por mucho que les pese a los profetas del fin de los ciclos económicos.

Ese es el drama de la Nueva Economía, entre la velocidad y la verdad, entre lo intangible y lo tangible, el mito, la fantasía y la ilusión, han dejado a los actores de sí mismos frente al crash, la recesión…la depresión. Ahora la crisis lo contagia todo…

Intentaron pasar de los beneficios decrecientes a la economía de escala creciente.

Apabullaron con pronósticos y predicciones. Ayudados por los profetas de la nada -perdón- FMI, BM, OCDE, OMC,… intentaron pasar del mercado al supermercado.

Del arte de lo posible al arte de lo imposible… El dominio despótico del Leviatán económico.

En conocimiento de todo ello hace la Fed su entrada… El guardián de dinero se transforma en el guardián de la bolsa (que no es lo mismo)… Decide atizar el fuego, acepta sembrar problemas para el futuro, dándonos la razón a los que decimos que los gobiernos son instrumentos de los capitalistas financieros… dándonos la razón a los que decimos que es la sociedad la que paga el precio del rescate.

Los pesimistas (de ahora) tenemos fundamentos para creer que existen defectos en el sistema financiero actual que ponen en peligro la prosperidad económica mundial. Los pesimistas (de antes) tenemos pruebas para sostener que las crisis de la bolsa pueden ser los desencadenantes de una recesión prolongada… y más allá la depresión.

A todo esto la Fed opta por abordar el problema de la confianza…

Ofrece crédito ilimitado… Se dispone en forma incondicional y abierta a proporcionarlo…

Que fluya el dinero…

¿Para quién? Para los especuladores del parqué… Para los hacedores de mercado… Para los mariscales de la derrota...

¿Por qué?… Tienen ustedes la respuesta…

¿Para qué?…Tienen ustedes la respuesta…



Ben Bernanke (la era del “quantitative easing”)

Del conundrum de Greenspan al conundrum de Bernanke

El “Conundrum de Greenspan” y la liquidez internacional

En febrero de 2005, Alan Greenspan, quien presidía la Reserva Federal de los Estados Unidos, dictó un discurso en el cual advirtió que se estaba viviendo un “Conundrum” en las tasas de interés norteamericanas. Esto se debía a que si bien la Fed se encaminaba hacia su segundo año consecutivo de apretón monetario (subiendo la tasa de referencia -Fed funds-), las tasas de largo plazo no acompañaban esa misma suba, sino que se mantenían inusualmente incambiadas.

La causa principal que gestaba este fenómeno era la abundante liquidez internacional que procuraba bonos del tesoro norteamericano de largo plazo, y ello conducía a un descenso de las tasas de interés que pagaban estos instrumentos (simplemente por la ley de oferta y demanda).

Esta liquidez que ha venido inundando al mundo de dólares, se ha visto reflejada en tasas de interés internacionales históricamente bajas, así como un notable descenso en las primas de riesgo para las economías emergentes, a la vez que se ha producido un extraordinario aumento en el precio de los commodities (todos efectos que han conducido a la bonanza actual en los países emergentes).

Como es sabido, el gran ahorrador a nivel mundial ha sido China que ha desarrollado un proceso creciente de integración a las corrientes globales de comercio. Este inmenso y nuevo ahorrador global ha acumulado reservas internacionales en la forma de bonos del tesoro norteamericano de largo plazo, cuyo objetivo principal ha sido no permitir apreciar su moneda frente al dólar para favorecer a su sector exportador. Sin embargo, mantener ese ahorro bajo la forma de bonos estadounidenses ha tenido un inmenso costo de oportunidad: el de invertir en activos más rentables tendiendo a la eficiencia en el manejo de las reservas.

Bernanke da la vuelta al “conundrum” de Greenspan... para mal

A pesar de la bajada de tipos a corto, la subida a largo encarece las hipotecas y pone más presión en la vivienda. ¿Se acuerdan del “conundrum”? Pues bien, resulta que ahora ese “conundrum” empieza a invertirse y a funcionar al revés. Es decir, ahora lo que bajan son los tipos a corto plazo después de la sacudida que metió Bernanke, los tipos a largo no bajan, sino que suben. Es decir, tenemos otro “conundrum” sólo que al revés del de Greenspan. Y puede ser peor.

La razón que están citando los analistas para este comportamiento de la deuda en los últimos tiempos reside en los mínimos históricos del dólar frente al euro y los máximos del petróleo y otras materias primas. Ambos elementos son claramente inflacionistas y eso, un repunte de la inflación, es lo que anticipan los tipos de los bonos. No hay que olvidar que uno de los riesgos que asumía Bernanke con su bajada de tipos era precisamente una explosión inflacionista o incluso estanflación (si además de dispararse los precios, la actividad se estanca por la crisis de crédito). Pero la Fed y Wall Street consideraron que era más grave el riesgo de recesión que el de inflación.

Más leña a la crisis inmobiliaria

Este “conundrum invertido”, aunque está normalizando la pendiente de la curva de tipos y, por tanto, aleja las perspectivas de recesión, dista mucho de ser positivo para la economía. De hecho, es muy peligroso si tenemos en cuenta que la mayor amenaza para la economía, de la que deriva toda la crisis “subprime” y del mercado de crédito, es la crisis del mercado inmobiliario.

En EEUU, las hipotecas no se referencian a un tipo a corto plazo como nuestro euribor (lo que hacemos aquí es una aberración cuando hablamos de deudas a 30 años o más). Allí utilizan referencias más lógicas, como los tipos de los bonos a 10 ó 30 años. Por eso, si estos tipos suben aunque la Fed los baje a corto plazo, los que tienen hipotecas a tipo variable verán encarecerse su pago mensual.

Y ya sabemos lo que va detrás: aumentan los impagos -la mayoría de las hipotecas “subprime” están a tipo variable- y los desahucios, lo cual incrementa la oferta de vivienda y reduce a la demanda... y finalmente, se retroalimenta la caída del precio de la vivienda. Sin contar con el nuevo golpe para el gasto de consumo que supone el aumento de la letra de la hipoteca, ya bastante golpeado por la subida de los carburantes.

A Bernanke se le complica la vida. El “conundrum” ha vuelto... pero al revés: suben los tipos de interés

La interpretación inflacionista, más negativa, es la que sostiene que los bonos descuentan una escalada de los precios precisamente por culpa de una política monetaria demasiado laxa. Esta explicación está relacionada con el dólar, puesto que esta política ha resultado en una debilidad del billete verde que hace menos atractiva la inversión en activos en dólares (como los bonos americanos) para los extranjeros.

Es decir, justo lo contrario de la explicación favorita de Greenspan para el “conundrum”: que el atractivo de los bonos americanos para los extranjeros (sobre todo los países emergentes con grandes reservas de divisas) mantenía altos los precios de la deuda y bajas sus rentabilidades (que se mueven al revés que el precio).

Una continuidad del fenómeno actual hará subir más los tipos hipotecarios y prolongará la crisis del mercado inmobiliario. Pero, por otro lado, la creciente diferencia entre los tipos a corto y a largo plazo (el empinamiento de la curva de tipos) hace más rentable para los bancos prestar dinero a largo, aunque tengan problemas para titulizar esos préstamos en activos tal como está el mercado de crédito. Y eso puede volver a poner en marcha la maquinaria del crédito necesaria para que la economía vuelva a crecer.

Los analistas sostienen que el mercado de viviendas va a tener que encontrar su piso y ninguna disminución de la tasa de interés lo va a revivir en el corto plazo. Pero en la medida que los mercados continúen poniendo presión sobre la Reserva Federal para que sea más agresiva, los riesgos inflacionarios aumentarán y esto seguirá afectando las tasas de interés de largo-plazo.

Por lo tanto, mientras que el “conundrum” de Greenspan era que las tasas de interés de largo-plazo no aumentaban después de que la Reserva Federal aumentaba las tasas de corto-plazo, el “conundrum” de Bernanke parece estar caracterizado por lo contrario, con las tasas de corto-plazo disminuyendo y las de largo-plazo aumentando. Mientras que el “conundrum” de Greenspan era problemático en sí mismo, este nuevo “conundrum” es mucho peor porque pone en tela de juicio la habilidad de la Reserva Federal de conducir una política monetaria efectiva en caso de que la economía de los EEUU entre en una recesión. Y como las cuentas fiscales del gobierno de los EEUU están en tan malas condiciones, esto dejará a la economía de los EEUU con menos grados de libertad para reaccionar en caso de que la crisis se expanda al resto de la economía. Se puede argumentar que el gobierno puede aumentar los gastos fiscales pero esto también afectará los intereses de largo plazo, lo que hará más difícil la versión actual del “conundrum”.

En todo caso, la volatilidad del mercado significa que no tiene nada claro cuál es el rumbo de la economía y si la actuación de la Fed está siendo la correcta. Al final, la respuesta y el futuro de los mercados dependerán de si tienen razón los que creen que la economía ya ha entrado en recesión o los que piensan que no es así y que las rebajas de tipos son una exageración que va a disparar la inflación.



Imagining Keynes (It’s time to get stimulated vs. ¡Take the money and run!)

(Parte II) - JMK: ¿ángel o demonio? (ante el absurdo ionescano que va desde el “demasiado grande para caer” -bancos- hasta el “demasiado grande para ser rescatado” -países-) - Marzo 2012
La “resurrección” de Keynes (por intercesión de apóstoles tardíos e inciertos estructuralistas) - QE1, 2, Lite, Op. Twist, y otros “relajamientos”… ¿para quién?
Un buen banquero central es aquel que retira el ponche cuando la fiesta se anima”, frase pronunciada por William McChesney, presidente de la Reserva Federal entre 1951 y 1970.
John Maynard Keynes decía: “El mercado puede permanecer irracional durante más tiempo del que uno puede mantenerse solvente”.
Decía Albert Einstein que “locura es repetir una y otra vez lo mismo esperando resultados diferentes”.
Desaprendiendo a Keynes (entre tantas medias verdades, que son siempre insidiosas) - Sense and Sensibility (algunos cometarios finales, sin Copyright)
Al libro de Keynes, “Teoría general de la ocupación, el interés y dinero”, como ya dije antes, lo he leído cinco veces. A la mayoría de los autores citados los leo casi a diario, y he podido seguir sus opiniones sobre la crisis financiera a través de diversos medios internacionales. Otra cosa es que me haya “enterado” de algo… Pero sigo intentándolo.
Entre la nostalgia y la alarma, he podido constatar que la mayoría de los prestigiosos “seguidores” de Keynes (en su caso) ha promovido, justificado, o tolerado (por decirlo suave), que se debe continuar suministrando droga al drogadicto (banca). Todo sea para que no delinca (caiga), dicen… Ha fomentado, aceptado, o apoyado (por decirlo suave), que se pueda estimular a un muerto (banca zombi)… Todo sea para evitar el riesgo sistémico (aunque continúen delinquiendo), aseguran. Un vodevil siniestro.
La mayoría de estos (“ilustrísimos señores”) “piden más” (gasto); en mi caso (perdón), con toda humildad “pediría diferente” (manera de gastar), y recién luego, si no alcanzara para incentivar la demanda, entonces propondría un incremento del gasto. No es un pequeño matiz. Es una forma totalmente diferente de emplear los fondos públicos.
Tal vez por miedo (riesgo sistémico), por vanidad (académica) o por connivencia (donaciones, contratos, publicaciones, cátedras, conferencias, congresos, premios…), han transigido, han rumiado, y han encubierto el proceso de “relajamiento cuantitativo”.
Han consentido (casi todos) la socialización de las pérdidas (de la banca) y la privatización de las ganancias (de los bancos socorridos con el dinero público), por parte de sus directivos (bonus récord). La “cultura del maná”, aplicada a los bancos.
¿Y por qué se da dinero? Pues porque el derrumbamiento de una institución crediticia importante origina tal caos para el conjunto del sistema que es mejor encogerse de hombros y sacarlo de los impuestos. Unas medidas irracionales, en cualquier caso. Y es que son múltiples las paradojas y círculos viciosos que de ellas se desprenden. De Ricitos de Oro (2007) se ha pasado al barón de Münchhausen (2011), en función de la arbitrariedad política y sus oscuros intereses.
Lo de la “arbitrariedad política” va de suyo: el TARP de Geithner, el helicóptero de Bernanke y los diversos Quantitative Easing (1, 2, Lite…), el Twist again, and so on…
Sobre lo “oscuros intereses”, tomen nota de la siguiente noticia y saquen sus propias conclusiones: “El presidente de EEUU, Barack Obama, ha recaudado este año para su campaña electoral más dinero procedente del sector financiero y bancario que todos los candidatos presidenciales republicanos juntos”. (The Washington Post - 20/10/11).
Probablemente Keynes no hubiera aceptado que los bancos que han sido ayudados con fondos públicos siguieran comportándose como empresas privadas cuando sus directivos deberían haberse convertido en funcionarios y trabajar por los contribuyentes que han aportado para su pervivencia.
Posiblemente Keynes hubiera propuesto que el sector bancario debería regirse por el Código de Hammurabi, que es la mejor regla de control del riesgo. No supondría el “ojo por ojo”, sino asumir las consecuencias de las acciones llevadas a cabo y restablecer la simetría entre las remuneraciones y el trabajo realizado. Los bancos esconden el riesgo, ganan dinero, pagan bonus... Pero si la cosa se colapsa, deben pagar el precio.
Seguramente Keynes les hubiera dicho (grandes bonetes), que lo único “sistémico” es el ciudadano, el contribuyente, el hombre de la calle, del que muchos de ustedes (no digo todos), lamentablemente se han olvidado. Eso es lo que tiene vivir en la torre de marfil de las universidades de ‘la Ivy League’, y no haber trabajado en una empresa nunca, no haber tenido que pagar una quincena nunca, no haber rodado por la puta calle nunca…
Finalmente (muchos, no digo todos), por exceso (consintiendo la malversación de fondos públicos) o por defecto (miedo de sostener ideas políticamente incorrectas) han terminado “traicionado” a Keynes. Lo han falsificado, desnaturalizado, adulterado, amañado, desvirtuado, deformado, tergiversado. Han “desaprendido” a Keynes, vamos.
El coste de los rescates bancarios y los ingentes planes de estímulo aplicados por los gobiernos para combatir la crisis ha ascendido a 13 billones de dólares (hasta 2009), el 21,12% del PIB mundial (61,5 billones en 2008). Una deuda adicional de 1.897 dólares por cada niño, mujer y hombre del planeta. Y ello, sin contar con las inyecciones extraordinarias de liquidez aplicadas por los principales bancos centrales. (Libertad Digital - 28/1/10)
En concreto, los rescates bancarios por parte de los gobiernos (empleando dinero del contribuyente) ha ascendido a 3,6 billones de dólares (el 5,73% del PIB mundial) o, lo que es lo mismo, 515 dólares per cápita. Mientras, los planes de estímulo han sumado 9,4 billones de dólares (el 15,39% del PIB mundial), equivalente a 1.382 dólares por ser humano, según un estudio elaborado por Grail Research and de Luxe & Associates, para la prestigiosa Harvard Business Review.

Según el informe, casi el 75% del rescate bancario ha sido llevado a cabo por los países occidentales, es decir, EEUU y las grandes potencias europeas. En este caso, el coste de salvar el sistema financiero haciendo uso del gasto público ha sido del 7,8% del PIB conjunto de dichos países.



¿Cuánto se podría haber incrementado el empleo con un aumento de la inversión equivalente a 13 billones de dólares? ¿Por qué no se aplicó ese dinero para ayudar a las familias que no podían pagar su hipoteca? ¿Por qué no se emplearon esos fondos en solucionar los problemas de la economía real? ¿Se puede restablecer así la confianza?
¿Por qué se intenta mantener el mismo sistema financiero que ya fracasó? ¿Por qué se admite que sigan mandando en los bancos los mismos directivos que promovieron semejante estafa piramidal? ¿Es ésta la forma de alcanzar expectativas razonables?
La crisis ha puesto de manifiesto que es necesaria una reorganización mundial del sistema financiero, que pasa por volver al viejo mecanismo en el que los bancos de negocios son para el largo plazo y el banco comercial, para el corto “les guste o no”. Creo que el único que sostiene este postulado es Paul Volcker (ha declarado su preferencia para reinstalar algunas de las divisiones entre la banca comercial y de inversión que fueron eliminadas en 1999 con la revocación de la Ley Glass-Steagall).
Además, opina también que a la reforma se le debería dar una dimensión internacional: Algunos acercamientos, tales como los estándares de contabilidad, los requerimientos de liquidez y de capital, y el registro y reporte de procedimientos, deberían ser coherentes y acordados internacionalmente.
El 26 de noviembre de 2008, fue nombrado director del President's Economic Recovery Advisory Board (Consejo para la Reconstrucción Económica) por el presidente Barack Obama. El 10 de enero de 2011, Paul Volcker abandonó el gabinete de Obama y con él desaparece cualquier esperanza de que el Gobierno estadounidense consiga domar el salvaje mundo financiero. Lo demás es historia…
Aunque ser ahora keynesiano no es la vía, me gustaría conocer sobre estos asuntos, según la interpretación de los “apóstoles” citados. Alguien, debería poner un poco de luz en medio de las tinieblas. Dar voz al que no la tienen y renovar la esperanza, de los que tienen hambre y sed de justicia. Un acto de contrición, arrepentimiento y cambio.
Algo “políticamente incorrecto”, algo sacrificial, algo inmolatorio. Aunque, tal vez, sea demasiado pedir (con tanto freno y marcha atrás,). Así y todo, continúo esperando…
- Entonces… (iniciativas de desempeño aberrante)

La crisis financiera mundial puso al descubierto defectos del capitalismo al estilo estadounidense, las insuficiencias de lo que los británicos apodaron como la regulación financiera “leve” y la tendencia del sistema hacia cometer excesos periódicos. Más recientemente, la crisis de la deuda soberana de Europa puso de relieve la tensión de un costoso estado de bienestar en ausencia de un vigoroso crecimiento económico que lo financie.

El modelo de EEUU continúa en dificultades tres años después de que los reguladores dejaran que Lehman Brothers se hundiera. Miles de millones de dólares duermen ociosos en las arcas de las empresas, a pesar de que millones de trabajadores se hallan desempleados desde hace más de un año. El mercado inmobiliario sigue deprimido. La parálisis política en materia fiscal socava la autoridad económica en EEUU. Todo esto y más ha debilitado el argumento más simple a favor del modelo económico de EEUU: el hecho de que funciona.

El modelo europeo tampoco ofrece demasiado. En uno de los momentos más reveladores de 2011, Klaus Regling, que dirige el fondo de rescate de la zona euro, fue enviado en busca de dinero no a Washington, sino a Beijing. La misión no produjo resultados, pero sí provocó arrebatos de desdén por parte de algunos en China sobre las imperfecciones en el modelo europeo. En una entrevista con Al Jazeera TV, en noviembre (2011), Jin Liqun, director de la junta supervisora del fondo soberano China Investment Corp., se refirió a Europa como una “sociedad de bienestar agotada”.

El modelo japonés, impulsado por las exportaciones, en su día la envidia de casi todas las demás economías, ha sido en gran medida descartado, como consecuencia de una década de luchas para reactivar el crecimiento. Si a eso sumamos el golpe asestado por la calamidad nuclear de Fukushima Daiichi, provocada en marzo (2012) por un tsunami y un terremoto, resulta que la reputación de Japón en términos de competencia y eficiencia se vio gravemente perjudicada.

¿Pero existe una alternativa bien articulada al capitalismo de mercado de los países (anteriormente) ricos?

Por ahora, los países (anteriormente) ricos están demostrando que no aprendieron la lección, y continúan actuando con “lentitud, parsimonia y vacilación”…

2 - Los orígenes de la crisis (el huevo de la serpiente)



- De “Burbujita Alan” a “Helicóptero Ben” - Conozco esta canción… (los lacayos de los mercados)

Utilizo algunos antecedentes históricos aportados por Carlos Sánchez, en un artículo titulado: “La metástasis ya está aquí ¿Y ahora, qué?”, publicado en El Confidencial - del 18/3/08, para componer los orígenes del “huevo de la serpiente”.

La célebre reaganomics de los años 80 -ejecutada en Europa occidental por Margaret Thatcher- hundía sus raíces en dos pilares básicos. Por un lado, planteaba la necesidad de bajar impuestos en aras de devolver a los contribuyentes lo que el Estado -siempre “manirroto”- les requisaba vía nóminas. El argumento era bien simple: el dinero donde mejor está es en el bolsillo de los contribuyentes, y ellos saben mejor que nadie dónde deben gastarlo sin que papá-Estado se lo administre a través de unos tipos impositivos tan altos que desalientan la actividad privada. De ahí la rebaja de los tipos marginales en el impuesto sobre la renta bajo el influjo de la famosa curva de Laffer, que viene a decir que reduciendo impuestos se recauda más.

El segundo pilar de la reaganomics tenía que ver con otro principio no menos categórico. El mejor Gobierno es el que no existe, lo que dicho de una forma menos ruda venía a significar que la acción del Ejecutivo debía limitarse a intervenir en determinadas áreas estratégicas para la sociedad: seguridad pública, política exterior o servicios sociales básicos. El Estado, por lo tanto, dejaba de ser un agente económico de primer orden y se convertía en un mero regulador de la actividad económica sin interferir en el libre juego de la oferta y la demanda.

Aquellas propuestas de Ronald Reagan y de su equipo de asesores fueron consideradas en su día una auténtica revolución liberal, y en coherencia con la potencia de los argumentos Estados Unidos abrazó la cultura del laisser faire como el nuevo paradigma económico. Los nuevos santones pasaron a ser Von Hayek o Milton Friedman, considerados los herederos de Adam Smith, a quien por cierto sus seguidores han aplicado la versión hard del libre mercado: la venta al mejor postor de la casa en la que vivió los últimos doce años de su vida, como si se tratara de una mercancía de usar y tirar.

Fruto de aquella desregulación de los mercados, la economía estadounidense vivió en los años 90 -paradójicamente de la mano de un presidente demócrata- un periodo de esplendor económico basado en la existencia de altos niveles de productividad al calor de una revolución tecnológica que convirtió a la patria de Abraham Lincoln en el paraíso de la innovación industrial y financiera. Pocos observadores se dieron cuenta, por entonces, que aquellos cambios, sin duda intensos, estaban generando sus propios monstruos que con el tiempo emergerían, como el célebre personaje que habita en el lago Ness.

Esos monstruos -en forma de todo tipo de instrumentos financieros, muchos de ellos extremadamente sofisticados- son los que ahora han estallado de la manera más cruel, poniendo contra las cuerdas a la principal economía del planeta -más del 20% del PIB mundial-.

Ya no cabe ninguna duda de que lo que se planteaba como un fenómeno pasajero -fruto de los excesos de endeudamiento de los hogares, principalmente por la compra de casas- ha derivado en una crisis que amenaza con ser sistémica. La temida metástasis en el sistema financiero mundial puede que ya esté aquí, y hasta Alan Greenspan habla de que estamos ante la mayor crisis desde la segunda Guerra Mundial.

Lo primero que hay que decir es que esta crisis tiene mucho que ver con la excesiva desregulación del sistema financiero estadounidense llevada a cabo en los últimos 25 años al calor de la revolución reaganiana, y que tuvo un primer episodio (del que hoy casi nadie se acuerda) con la quiebra de decenas de cajas de ahorros. No estaría de más recordar que entre 1986 y 1992 un total de 1.030 entidades de ahorro (Savings & Loans) fueron a la bancarrota, mientras que otras 1.140 entidades bancarias acabaron también en quiebra. La “broma” costó al erario público nada menos que 150.000 millones de dólares (de los de antes). No estamos, por lo tanto, ante un fenómeno nuevo en EEUU, cuya capacidad de adaptación al medio es prodigiosa. Fruto de aquella crisis financiera, la Administración Bush (padre) endureció en 1989 la supervisión prudencial de las entidades financieras, que había caído en el olvido. Y ello pese a que EEUU -tras el crack de 1929- fue el primer país que puso en marcha un Fondo de Garantía de Depósitos.

Aquel ímpetu regulador del primer Bush en la Casa Blanca duró poco. Diez años después, con la aprobación de la Ley de Modernización de los Servicios Financieros, y con Greenspan en la cresta de la ola, se rompía una tradición “proteccionista” (para los depositantes y los accionistas) inspirada por la Gran Depresión. La Ley Glass-Seagall (de 1933) impuso la radical separación entre las actividades de banca comercial y las operaciones de banca de inversión. Los bancos, incluso, fueron privados de ofrecer una amplia gama de productos de seguro a sus clientes, toda vez que la supervisión la ejercían los propios Estados, y no una agencia específica.

Ese modelo de banca fue el que se quebró en 1999 con la aprobación de la Ley Gramm-Leach-Blieley, que permitió a las compañías tenedoras de acciones bancarias convertirse en sociedades holding que a su vez podrían emprender cualquier tipo de actividad financiera. Y de aquellos polvos, vienen estos lodos.

Lo dice el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) en su informe sobre estabilidad financiera (septiembre de 2007), en el que se hace un análisis certero de lo que ocurre. “La facilidad con que algunos bancos y vehículos de inversión (como los hedge funds) -dice el FMI- obtuvieron crédito garantizado con activos ilíquidos y difíciles de valorar se transformó en un lastre pesadísimo cuando el mercado perdió liquidez, puso en marcha un proceso de desapalancamiento forzado a precios irrisorios y empujó algunos fondos a la quiebra”. No es fácil ser tan certero en la descripción del fenómeno.

La banca rompió el viejo principio de prestar a corto y endeudarse a largo; desafiando, además, las leyes del riesgo, como si la posibilidad de un “default” fueran nulas. Y todo ello en un contexto de desregulación financiera desconocida hasta la fecha. Sin que la Reserva Federal (con sus agresivas bajadas de los tipos de interés), la Administración Bush y las distintas agencias de supervisión hayan hecho bien su trabajo. ¿Y qué decir de las agencias de calificación de riesgo? Por menos desapareció Arthur Andersen tras el estallido de Enron y WorldCom.

Parece evidente que la desregulación es positiva en la medida en que los productos financieros están supervisados por agencias independientes. Pero no hace falta ser un lince para darse cuenta de que el sistema empieza a fallar cuando los productos estructurados (activos de renta fija ligados a derivados) no están asegurados por un activo subyacente (un valor real), sino por la calificación crediticia que tiene el emisor.



Como dice el FMI, “el proceso de ajuste llevará tiempo”, como la propia reforma del FMI, convertido en una especie de servicio de estudios universal en lugar de un instrumento útil para detectar los “agujeros negros” que periódicamente genera el sistema. Algo que, por cierto, va en su naturaleza.

La crisis mutante




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