El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero



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El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo



Hagiografía -no autorizada- del heterodoxo “socializador” de las pérdidas del sistema financiero

Una larga “cadena de favores” en la que los intereses comerciales han ido por delante de las cuestiones legales, económicas y sociales.

Dedicatoria: a todos aquellos que continúan trabajando contra toda esperanza

Ricardo Lomoro

Junio 2013

Temario

Parte I

1 - Introducción

2 - Los orígenes de la crisis

3 - La “memoria” de Henry

4 - “Helicopter” Ben

5 - Bernie dixit

Parte II

6 - La Volcker “rule”

7 - Il Gattopardo en Wall Street

8 - La “socialización” de las pérdidas

9 - El “fandango” de la deuda

10 - Canción triste de Main Street

11 - El casino sigue abierto

Parte III

12 - La guerra de las divisas

13 - La “solución final” al problema de la deuda

14 - La crisis podría haberse evitado

15 - La “verdad” de la milanesa

El “factor” Bernanke: otro “Maestro” que se cae del tabernáculo (Parte I)

1 - Introducción

- El corazón podrido del sistema bancario apesta más de lo que se pensaba

Por esas raras “muecas siniestras de la suerte”, comienzo a redactar el Ensayo (luego de varios meses de investigación y reunión de antecedentes) el día 29 de octubre de 2012.

El mismo día en que el huracán Sandy (la tormenta perfecta) golpea la costa este de los Estados Unidos.

Toda una metáfora (“quise abrigarla y más pudo la muerte”), para entender (y admitir) los “limites” del ser humano y el poder (tal vez el único real y efectivo) de la naturaleza.

La primera vez que se cerraba Wall Street desde los atentados del 11 S. Así lo contaban los periódicos (algunos titulares):

- “Sandy” y Halloween: la tormenta perfecta amenaza el este de EEUU (Libertad Digital - 27/10/12)

Los expertos coinciden en que puede ser muy destructivo por su amplitud, que hace que afecte por más tiempo en un mismo sitio.

- Wall Street cerrado, vuelos cancelados... Nueva York se paraliza por el huracán Sandy (El Confidencial - 29/10/12)

El huracán “Sandy” llega esta noche a las proximidades de Nueva York para encontrar una metrópoli prácticamente paralizada, con evacuaciones y cierres de servicios públicos, instituciones, empresas y hasta la bolsa en toda la región. Los estados de Nueva York, Nueva Jersey y, Connecticut y la alcaldía de la Gran Manzana han decretado medidas de emergencia y acelerado todo tipo de preparativos, como la movilización de unidades militares, para minimizar las consecuencias de la tormenta…

- La tormenta tropical “Sandy” obliga a evacuar a 375.000 ciudadanos de Nueva York (Vozpópuli - 29/10/12)

El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, ordenó este domingo el inicio de la evacuación de buena parte de los residentes de la ciudad ante la inminente llegada del huracán. La orden afecta a la llamada “Zona A” que comprende todos los barrios a menor altura respecto al nivel del mar que podrían quedar inundados por la subida de las aguas…

Hasta que llegó “Sandy” y paralizó 48 hs. Wall Street (¡al fin!), tenía previsto comenzar esta Introducción con una cita de las “Historias de Almanaque”, de Bertolt Brecht:



He observado”, dijo el señor K., “que mucha gente se aleja, intimidada, de nuestra doctrina por la sencilla razón de que tenemos respuesta para todo. ¿No sería conveniente que, en interés de la propaganda, elaborásemos una lista de los problemas para los que aún no hemos encontrado solución?”

Pocas frases como esta reflejan la miseria de una clase dirigente que tiene respuestas para todo pero que no ofrece soluciones para resolver ninguno de los problemas.

Es insoportable ver cada día la contradicción que supone ayudar a un sistema financiero en parte quebrado y, al mismo tiempo, recortar las prestaciones sociales. Las mismas entidades que reciben fondos públicos para tapar sus vergüenzas, son las que expulsan a muchos propietarios de sus viviendas por falta de pago. Y los gobiernos, como se sabe, poniéndose de perfil sobre un asunto que mide la capacidad de los poderes públicos para atajar los problemas. Mala política y peor economía se retroalimentan. Y en la recámara no hay más que humo. Estamos ante un gigantesco fiasco.

La economía no es una ciencia hasta el punto en que nos gustaría que fuera. Pero cuando hay pruebas abrumadoras para una premisa económica -como las hay para la premisa de que las recesiones causadas por crisis financieras son diferentes- tenemos el derecho a esperar que los políticos y sus asesores respeten esas pruebas. De otro modo, terminarán haciendo políticas basadas en fantasías en vez de enfrentarse a la realidad.

Y una vez que los políticos empiezan a negarse a reconocer hechos incómodos, ¿dónde pararán?

¿Pueden los mismos dirigentes que causaron la crisis, gestionarla, resolverla? ¿Podrán entender la crisis a pesar de no querer entenderla? ¿Existen los hombres grandes para tiempos tan duros?

Pero ya que estamos de “metáforas”, hay otra muy sugerente sobre la diferente vara de medir que utilizan los políticos (y la justicia cómplice) cuando se trata de juzgar a “uno de los nuestros” (ricos y poderosos) o al “resto de los mortales” (científicos, contribuyentes, pensionistas, desahuciados, parados, o gente que pasaba por allí…).

La semana pasada (mientras estaba, justamente, de viaje por Roma) seis científicos y un funcionario del gobierno italiano fueron sentenciados a seis años de prisión por “homicidio involuntario por hacer comentarios “falsamente tranquilizadores” previos al terremoto que sacudió la región de L'Aquila en 2009”. Pero, ¿fue algo justo? - ¿Deben los científicos dejar de opinar? (BBCMundo - 29/10/12)

Primero, tenemos que entender los límites de la ciencia en lo que se refiere a terremotos.

Ian Main, profesor de sismología de la Universidad de Edimburgo, integrante de la comisión internacional sobre predicciones sismológicas establecida después de L'Aquila, asegura que hasta cierto punto es posible anticipar dónde ocurrirá un terremoto. “Podemos predecir que con casi total seguridad ocurrirá en una zona dada con una muy baja probabilidad, quizá una vez en 100 años, una vez en 1.000 años, dependiendo del tamaño del sismo. Ese es un riesgo que está allí todo el tiempo”, asegura Main.

En L'Aquila una serie de movimientos menores, el llamado “enjambre sísmico”, ocurrió antes de que golpeara el terremoto principal. Main asegura que luego de un “enjambre” las probabilidades de que se produzca un sismo mayor se incrementan pero siguen siendo bajas.

“Hay una oportunidad de uno en cien de que un “enjambre” termine en un terremoto mayor, o que un terremoto menor dispare uno más grande. Es algo muy raro pero ha ocurrido”. En otras palabras, 99 de cada 100 veces los movimientos telúricos de este tipo no desembocan en un gran sismo. Pero en L'Aquila, por supuesto, sí ocurrió.

En el pasado en L'Aquila, después de un enjambre, algunos residentes dejaban sus casas y dormían en sus automóviles para evitar el peligro del colapso de edificios. Pero en esta ocasión, los comentarios de las autoridades hicieron que muchas de esas personas cambiaran su tradicional respuesta y se quedaran dentro de casa.

Este caso no es sobre la habilidad de los científicos para predecir terremotos, es sobre las declaraciones comunicando los riesgos de un terremoto. Los sismólogos italianos entendían que un terremoto era improbable pero no imposible. En una conferencia de prensa, sin embargo, el mensaje pareció ser que eso significaba que no había nada de qué preocuparse. Esa falsamente tranquilizante declaración formó parte del caso en su contra.

Bernardo De Bernardinis, entonces jefe encargado del departamento de protección civil italiano, habría aconsejado a preocupados residentes que regresaran a casa y tomaran una copa de vino e incluso les habría especificado de qué clase: “Absolutamente un Montepulciano”. “La comunicación está en la base de todo este caso”, dijo David Spiegelhalter, profesor de Comprensión Pública de Riesgos de la Universidad de Cambridge.

“Los científicos se reunieron, hicieron una evaluación de riesgos y concluyeron que había un incremento del riesgo pero que el riesgo absoluto era muy bajo. Concluyeron que no podían confiar en que habría un terremoto”. “Sin embargo, esto fue comunicado luego al público y se entendió como un mensaje de que podían confiar en que no habría un terremoto. Eso fue lo que la gente entendió y eso es lo que condujo a este caso legal”…

Si cambiamos L'Aquila por Washington, y a De Bernardinis por Greenspan o Bernanke ¿no creen ustedes que el “enjambre sísmico” (estallido de la burbuja financiera) podría haber sido anticipado y que los segundos, deberían haber sido acusados (y condenados, como ha sido en Italia) por “homicidio involuntario” por hacer comentarios “falsamente tranquilizadores” previos al terremoto financiero que sacudió a los Estados Unidos y cuyo tsunami se propagó por gran parte del mundo (y aún prosigue)? ¿Qué diferencia hay entre haber dicho que los valores inmobiliarios no encerraban ninguna burbuja (y que el que invierte en propiedades nunca pierde) y haber aconsejado a preocupados residentes que regresaran a casa y tomaran una copa de vino? Es una historia que aún no ha terminado y que lamentablemente se está transformando en una tragedia.

- De “Burbujita” Greenspan, pasamos a “Helicopter” Bernanke, ¿un “clon” del “Maestro”?

Se dice de mí”…:La cara del optimismo” (Cinco Días - 20/3/09)

El presidente de la FED ocupa el mandato más complicado desde la Gran Depresión. Pero se muestra confiado.

¿Cuántos políticos estadounidenses llevan barba? Prácticamente ninguno. En Estados Unidos no está bien vista, no se estila; es un rasgo poco común entre las autoridades o figuras públicas. Un ejemplo: sólo la han lucido cinco de los 44 presidentes del país norteamericano, todos ellos en la segunda mitad del siglo XIX. La cosa cambia en los pasillos de las universidades, ambiente mucho más proclive a la relajación de las normas estéticas. Este detalle dice mucho del carácter y procedencia del doctor Benjamin Shalom Bernanke (Augusta, Georgia, 1953), profesor de Economía en Princeton durante 20 años y actual presidente de la Reserva Federal.

El máximo responsable de la política monetaria estadounidense en marzo de 2009 en una entrevista televisiva, la primera de alguien en su cargo en 20 años, que la depresión en EEUU había quedado descartada y que “el final de la recesión se producirá probablemente este año” y la recuperación en 2010. A los tres días anunció la inyección de un billón de dólares a la economía a través de deuda a largo plazo. En 2008 inyectó la misma cantidad tras la caída de Bear Stearns mediante descuentos al crédito para la banca de inversión, reinventando así el repertorio de herramientas de la Fed -hasta entonces tocaba poco más que los tipos de interés-.

Estas intervenciones, junto con los importantes recortes de tipos practicados en 2007 y el polémico rescate de AIG, convierten a Bernanke en uno de los presidentes de la Fed más intervencionistas -y controvertidos- desde la fundación de la institución en 1913. Algo a tener en cuenta, ya que las simples palabras de quien ostenta tal cargo hacen ganar o perder fortunas. El anuncio de la inyección de liquidez, por ejemplo, provocó inmediatamente una fuerte subida de la Bolsa y un rápido reajuste del dólar y de la rentabilidad de los bonos.

Pero antes de manejar los resortes del banco central de EEUU, este descendiente de emigrantes judíos de Europa del Este sólo se había enfrentado a la inflación y a la deflación en sus numerosos artículos científicos. “Yo nunca he estado en Wall Street”, comenta en la entrevista televisiva concedida a 60 Minutes. “La razón por la que me importa es que lo que allí pasa afecta a Main Street”, en referencia al entorno de los trabajadores.

Se podría decir que Bernanke cumple con los estereotipos del profesor universitario estadounidense. Más allá de la ya mencionada barba, durante su etapa en Princeton el lugar que más frecuentaba era su despacho. Allí, rodeado de montones de libros y papeles y vestido con pantalones tejanos y camisa de cuadros, atendía pacientemente a sus alumnos. Joan Comajuncosa, profesor de Esade, fue uno de ellos. “Bernanke es una persona muy abierta, trabajadora y atenta con los estudiantes”, apunta. “Ya de vuelta en España, me contestaba los e-mails muy rápidamente. Eso denota cierta empatía hacia los sufrimientos de los doctorandos”. En la facultad tenía fama de ser un profesor claro y conciso, muy cercano a la gente -dentro de los estándares anglosajones-.

Sólo le faltaría una chaqueta de pana con coderas para redondear el cuadro. Él mismo no ha escondido nunca su predilección por la comodidad. En 2005, cuando sonaba su nombre como posible sustituto de Alan Greenspan, Bernanke declaró al Wall Street Journal que lo más duro de trasladarse a Washington era tener que llevar traje. “Mi propuesta de que los gobernadores de la Fed mostrasen su completa dedicación al servicio público vistiendo camisas hawaianas y bermudas no se tomó en serio”.

Y es que para entonces ya era gobernador de la Fed. Asumió ese cargo en 2002, tras colaborar varios años como asesor de la institución. Eso sí: no abandonó la docencia hasta 2005, cuando el ex presidente George W. Bush le puso al frente de su equipo de consejeros económicos.

Bernanke es conocido por sus posturas cercanas al keynesianismo. En su etapa de director del departamento de Economía de Princeton invitó en alguna ocasión al también académico Paul Krugman, premio Nobel de Economía y gran crítico de George W. Bush. Todo eso contribuyó a que el nombramiento en 2006 de Bernanke como presidente de la Fed desconcertase a más de uno. En Princeton, en cambio, se comentaba que se le eligió por su condición de experto en la Gran Depresión. “Se rumoreaba que en Washington querían a alguien preparado contra un posible escenario de deflación, algo inédito en EEUU en los últimos 70 años”, recuerda Comajuncosa.

Aunque ya no vista camisas y pantalones vaqueros, Bernanke conserva su deje académico. No sólo en sus característicos ojos entornados y en su mirada relajada, propia de quien vive en el mundo de las ideas. También resulta palpable en su capacidad de hacer inteligible lo que a duras penas lo es. Según declaró a 60 Minutes, de todas las medidas que ha llevado a cabo como responsable de la Fed, la que más le angustia, y una de las que más se le han criticado, es el rescate de AIG, que le ha costado 165.000 millones de dólares a las arcas públicas. ¿Por qué lo hizo, entonces? Por la misma razón, dice, que si tu vecino incendia su casa al quedarse dormido con un cigarro encendido le ayudarás a apagar el fuego aunque sea su problema, sobre todo si el pueblo entero es de madera.

Esperemos, pues, que su optimismo sea justificado y no haya que llamar más a los bomberos…

- Las primeras reacciones políticas e institucionales a la Crisis de las hipotecas “subprime”

Bush (POTUS): el gobierno federal “tiene un papel en la ayuda a las familias, pero no para salvar a los especuladores”…

Bernanke (Fed) “La Reserva Federal está lista para tomar acciones adicionales como sea necesario para ofrecer liquidez y promover un ordenado funcionamiento de los mercados”. Las pérdidas excedieron “las proyecciones más pesimistas”…

El FMI recuerda que las pérdidas por la crisis deben ser para los inversores y no para los contribuyentes. “Las autoridades deben resistir las presiones por parte de los acreedores en apuros para evitar el refuerzo de comportamientos especulativos y fraudulentos”…

Greenspan (ex Fed) admite que sólo entendió el problema de las hipotecas hacia el “fin de 2005”…

- El presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, explicaba en el Washington Post (14/11/10):

Los mercados subieron y los tipos de interés a largo plazo bajaron cuando los inversores empezaron a anticipar la actuación más reciente de la Fed. Una situación financiera más favorable promoverá el crecimiento económico. Por ejemplo, unas hipotecas a tipos más bajos harán las viviendas más asequibles y permitirán que un mayor número de propietarios puedan refinanciarse. Unos tipos más bajos para las empresas incentivarán la inversión. Los precios más altos de los activos impulsarán el patrimonio de los consumidores, devolviéndoles la confianza, lo que podrá también reactivar el gasto. El aumento del gasto producirá mayores rentas y beneficios que, en un círculo virtual, darán un mayor soporte a la expansión económica”.



Sólo le faltó decir: Y si el “círculo virtual” no se cierra, que Dios (o Yahveh, en su caso) y la Patria, me lo demanden.

Para unos (que creen en Dios), u otros (que creen en la Patria) o los pocos (que creemos en Dios y la Patria), algunas reflexiones de “Manias, panics and crashes”:

La labor del prestamista de último recurso ante una debacle está plagada de ambigüedades y dilemas. (...) En estas circunstancias, más que una ciencia la intervención se convierte en un arte”.

La evolución del “Arte del banquero central” durante los últimos doscientos años tiene como seña de identidad la evolución del concepto de prestamista de último recurso”.

El prestamista de último recurso está listo para frenar una estampida (…) proporcionando tanto dinero como sea necesario”.

¿Con cuánto dinero? ¿Para quién? ¿En qué condiciones? ¿Cuándo? Estas preguntas acechan al prestamista de último recurso, que afronta el dilema de que los inversores piensen que los bancos y otros privilegiados acreedores recibirán apoyo en caso de dificultades, lo que reducirá su prudencia en el siguiente boom”.

Sin embargo, si en medio del pánico la estampida no se frena (…) la venta de activos para minimizar pérdidas puede llevar a la bancarrota a un gran número de empresas, que hasta entonces eran solventes y estaban bien capitalizadas”.

Los argumentos en contra del prestamista de último recurso han sido continuos. (…) El más tajante fue de Herbert Spencer. “Proteger al hombre de los efectos de su locura lo único que consigue es llenar el mundo de locos”. Un punto de vista comprensible en una era Darwiniana”.

Los bancos centrales suelen tener normas. Cuando no se pueden romper con facilidad, a menudo surgen problemas. También hay problemas cuando las normas se rompen con demasiada facilidad”.

'Demasiado poco, demasiado tarde’ es una de las frases más tristes en la jerga de los bancos centrales y de cualquier actividad. Pero ¿cuánto es bastante? Y ¿cuándo es el momento adecuado?”.

La gestión del tiempo es un arte. Eso no dice nada y lo dice todo”…



- Anteriores escritos en “cuerpo presente” (denunciábamos ayer…)

La codicia de los mercados (el virus mutante) - De la crisis de crédito a la crisis del descrédito - Enero 2009

Entre la codicia y la miopía (la parálisis del pensamiento)

(Con la decisión de no alejarme de la franqueza y la honestidad en un momento en que esas cualidades son de lo más necesarias)

Cantando las verdades del barquero, sin la más mínima compasión

Si alguien le dice: Tú bebe, que yo conduzco. ¿Usted qué hace? Pues bebe…

Si alguien le dice: Tú bebe, que yo pago. ¿Usted qué hace? Pues bebe…

Y si alguien le dice: Tú bebe, que yo pago y conduzco. ¿Usted qué hace? Muy probablemente beba el “doble o más”. Hasta que el cuerpo aguante, digamos…

Pues eso es lo que han hecho las entidades financieras. Disparar con pólvora del Rey y sin ningún control cinegético. Entonces, lo que tenía que pasar pasó. No hay sorpresas. La sorpresa es sorprenderse. ¿Se podría haber esperado otro resultado de una economía de manos libres y sin espejo retrovisor?

Ahora tratan de escapar. O sea: ¿Cómo servirse de la globalización sin ser globalizado?

¿Cómo continuar practicando el funambulismo entre la titulización y el apalancamiento del sistema? ¿Cómo mantener el “Private Profits and Socialized Risk”?

Otra cosa es resolver quién paga la fiesta. Ellos, seguro que no. La “tranquilidad” de los mercados los transforma en “testigos protegidos”. Se cambiarán la identidad, la figura y el domicilio, aunque seguirán siendo los mismos. Los “paganos” serán los descolgados de la riqueza que generan esos monstruos financieros sin cara y sin ideas que no sean las de obtener más beneficios. Los miembros de la “manada” (como dicen despectivamente los “brokers” de Wall Street) no sólo pagarán (pagaremos) la pólvora, sino que, además, serán (seremos) las piezas a abatir. “Imbéciles por 2”. Cornudos y apaleados.

El problema no es que nos vayamos a la mierda, sino que no sabemos si habrá mierda para todos. Algunos han confundido libertad de mercado con licencia para estafar. La libertad de mercado no debe ser ilimitada.

Una economía “a dos velas”: los bancos centrales y los fondos soberanos. ¿Y si alguno las sopla? ¿Y si una corriente de aire…? ¿Y si el batir de las alas de una mariposa…?

¿De la burbuja financiera al fin del “súper-boom”? Debilitamiento y agonía de la economía en Estados Unidos. Debilitamiento y agonía del modelo del libre mercado. Debilitamiento y agonía del modelo neoliberal (privatización, desregularización, financierización).

El problema de los bancos es de excesivo apalancamiento ya que cuentan con unos activos tangibles que, en muchos casos, superan en más de 30 veces sus bases de capital. De ser unas compañías de intermediación han pasado a convertirse, en los últimos años, en unos grandes almacenes que acumulan todo tipo de mercancías, mejores y peores (el hecho de que Citigroup haya decidido descargar 400.000 millones de dólares de su balance, da buena prueba de la verdad de la afirmación y de la dimensión del problema).

¿Cómo se ha podido llegar a esta situación? Por un esquema viciado de remuneración al que se destinan, en la banca de inversión, hasta el 50% de los ingresos. A más endeudamiento, más ingresos, mayores bonus. Como resultado de ello los bancos resultan ser unas grandes agencias de comunicación ya que, mientras el conjunto del mercado discute la legitimidad de los gestores de hedges o de capital riesgo para hacerse con un 20% de lo obtenido con su trabajo, el sistema retributivo bancario mantiene esa frontera de recompensación en todos los entornos bajo la excusa de retener el talento.

¿Cómo han podido justificar los bancos niveles tan nimios de capitalización? Por la falsa sensación de seguridad que dan los modelos de riesgo basados en el Value at Risk o VaR que no tienen en cuenta los sucesos extremos (o colas en una distribución normal) que son los que, en definitiva, causan las crisis. El análisis VaR es como un airbag que funciona siempre… menos cuando sufres el accidente. La infra estimación del riesgo real conduce a una acumulación de activos “seguros” cuyo consumo de capital es mínimo, lo que finalmente provoca que el retorno sobre recursos propios o ROE de los bancos se dispare. Todo ello, construido, eso sí, sobre un punto de partida inválido.

¿Qué estaban haciendo, mientras, los reguladores? Repasemos tanto a las agencias de rating, como a la SEC o CNMV norteamericana. De las primeras, se puede censurar la ausencia de medios pese a su condición de garantes de la calidad de las emisiones del mercado (3-4 profesionales para… toda la banca de inversión estadounidense), su falta de perspectiva sobre el negocio bancario (que había pasado de empaquetador a tenedor de activos, como ya he señalado), la falta de continuidad en su análisis y la prioridad que en el mismo dan a la información pública frente a los propios modelos de valoración.

El segundo objeto del reclamo es la SEC. Aquí la crítica se centra en la normativa aprobada por el regulador bursátil norteamericano en 2004 que, por una parte, ampliaba el concepto de capital que pasaba a incluir instrumentos híbridos y deuda subordinada, (ojo, “por participar de las características del mismo”), legitimaba el VaR como mecanismo para que los brokers pudieran calcular su capital regulatorio, en segundo lugar y, por último, daba un tratamiento paritario a los activos líquidos e ilíquidos del balance a efectos de consumo de recursos propios. A cambio de lo que parecía ser un mayor control por parte del órgano supervisor, las entidades afectadas lograban reducir en más de un 40% sus necesidades de capital. Si las agencias ayudaron a engordar la vaca, fue el propio regulador el que ayudó a que la misma naciera ya con el cuerno retorcido.

“Los bancos convencionales han perdido mucho, y ahora están en el proceso de depreciarse en cientos de miles de millones de dólares, que es mucho dinero. Y mientras discutimos sobre esto, y hablamos de la ralentización de la economía a causa de los problemas del sector bancario, nadie se ha hecho la pregunta de ¿quién es el responsable de esto? No se ha hecho ninguna investigación, no se ha escrito ningún editorial. Si un empleado mediano comete un error y pierde dinero, se hacen muchas investigaciones, pero por cientos de miles de millones nadie hace nada. La gente responsable de esto está probablemente jugando al golf, y no les importa. Sus salarios no se han visto afectados. Pero, eso sí, nadie le deja dinero a una mujer pobre por si no lo puede devolver”…

(Muhammad Yunus, Presidente del Banco Grameen y Nobel de la Paz)



Tomemos posiciones… (el síndrome del ojo vago)

¿Por qué los académicos y los encargados de diseñar la política económica sólo utilizan un ojo solamente? ¿Están ciegos, acaso, del otro ojo? ¿Padecen el síndrome del ojo vago, que les lleva a utilizar uno solo, con lo que el ojo poco usado acaba por volverse apático e inactivo?

El síndrome del ojo vago está diagnosticado no sólo como enfermedad que aqueja al diseño y ejecución de las medidas macroeconómicas, sino también en el ámbito de la microeconomía. No sólo los gobiernos, sino también las empresas olvidan que tenemos dos ojos. La particularidad que ofrece el síndrome en las empresas, a diferencia de lo que ocurre en los gobiernos, es que, en este caso, el ojo más desarrollado es el de la oferta y el que languidece o campa por sus respetos es el de la demanda.

Hace unos cuantos años, un humorista argentino (Enrique Pinti), tenía un espectáculo, de singular éxito, en un teatro de Buenos Aires (“Salsa Criolla”), en uno de cuyos “monólogos”, relataba una conversación que había mantenido con un “académico” norteamericano que visitaba la Argentina para investigar los orígenes y razones de su “inexplicable” fracaso económico. Después de un tiempo de estudio, el visitante, sorprendido, intrigado, aturdido, confundido, le preguntaba, finalmente, a Pinti: - ¿Cómo llegaron hasta aquí? , a lo que Pinti respondía: - Y…, de a poquito…

Este relato (de cercanías), puede servirme de introducción para, con toda humildad, procurar interpretar la crisis de la subprime:

La “olla” podrida. Antes, en Estados Unidos, teníamos los déficits gemelos (el fiscal y el comercial); ahora, tenemos las burbujas gemelas (el mercado inmobiliario y el mercado de crédito). De las “subprime” al “credit crunch”. Del boom de la burbuja al colapso de la burbuja.

Inútiles circunspectos, pagados de sí mismos, se creyeron su propia ficción, e hicieron de claque en la ficción de Wall Street. Un espiral de avaricia y enriquecimiento rápido.

Un “Katrina” financiero. Imprevisión, frivolidad, indiferencia, incapacidad de los gestores, corrupción, distinta actitud con los ricos y con los pobres, falta de información (transparencia), incorrecta evaluación de los daños… Una derrota sin culpables.

Varios años después… casi todo, sigue igual, y otro “Katrina” se avecina… los diques estallarán, todo se inundará y los pobres “volverán” a joderse… Como varios años “antes”, habrá otra “derrota” sin culpables.

Liberalismo asimétrico. La economía especulativa versus la economía real. El fracaso de la economía apalancada. Privatización de las ganancias y socialización de las pérdidas. Si yo gano, gano yo; si yo pierdo, pierdes tú. Cómo lograr que el que se joda sea el vecino.

Una lección de marketing: cómo vender mierda empaquetada. La “titulización” dispersa el riesgo (la mierda). La “deslocalización” de la deuda. Pasar el muerto a otros (y volver a empezar, tan fresquitos).

¿Burbu-giles? El Señor de las burbujas. De “Put” Greenspan, pasamos a “Helicopter” Bernanke (un “clon” del Maestro). Otra vez, los “vigilantes de la playa” abrieron los grifos -olvidándose de la inflación proclamada- para “calmar” al mercado. Los bancos centrales y su “amabilidad” con el mercado ¿Por qué llamarán “mercado”, a sus “amiguetes” de Wall Street? Que fluya el dinero… la inflación, puede esperar… la justicia, también… Ahora, Bernanke tira los dados. El “riesgo moral”… ¿qué es el “riesgo moral”?

Los caprichos del mercado. Se sabe que hay un agujero, pero ni cuánto, ni dónde. ¿Las agencias de calificación? Otras de las “manos que mecen la cuna”. ¿Los reguladores? Jugando a los dados con Dios. La “titulización” de las hipotecas crecía un 94% antes de estallar la crisis. ¿Alguien lo vio? ¿Quién ejerce el control de los mercados? Ben Bernanke y las “recetas” de Greenspan.

Delitos de iniciados. Información privilegiada. Truquitos contables. La banca y el “lifting”. La hipoteca “subprime” que no paga un granjero de Oregón, afecta a una familia española o a un banco inglés. Estados Unidos ha “exportado” la crisis hipotecaria, gracias a la “globalización”. ¿Capitalismo popular o socialización de las pérdidas?

¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué lo que hace menos de un año parecía infalible y glamoroso, ha mostrado ahora la peor de sus caras? Será, como recientemente señalaba a The Wall Street Journal, Matthew Rothman, responsable de estrategias cuantitativas de Lehman Brothers, “situaciones que, según los modelos que manejamos, podrían darse únicamente una vez cada diez mil años, han ocurrido durante tres días consecutivos”. Y con ello, la peor de las consecuencias: mucho dinero evaporado y varios mitos del mercado por los suelos. Veamos algunos de ellos:

Diversificación y correlación. Si hay algo que ha demostrado la crisis actual es que los distintos mercados están mucho más interrelacionados de lo que en teoría parecen. Aunque la mayoría de los analistas y gestores circunscriben la situación corriente al mercado de crédito, el impacto sobre el resto de los activos se ha hecho notar debido a dos causas principales: por una parte, demasiadas ganas de salir a la vez de toda clase de valores de riesgo por una puerta demasiado estrecha y, por otra, liquidación simultánea de los títulos de mayor calidad para hacer frente a las deudas y reembolsos con el consecuente mantenimiento de los más dudosos en las carteras.

El “value at risk” o la pérdida máxima esperada ha pasado a convertirse en el “risk of value” para muchos gestores cuantitativos. El hecho de que muchos fondos estadísticos estuvieran invertidos en posiciones similares ha provocado que, a la hora de realizar las ventas a las que obligaban las barreras de volatilidad, ellos mismos arrastraran los precios a la baja incrementando sus pérdidas.

Los stress test o simulaciones de comportamiento de los fondos ante eventos extremos del mercado han resultado incapaces ante una crisis endógena del mismo. Los modelos podían imaginar situaciones en las que el impacto de un shock externo provocara una caída en los activos en los que se encontraban invertidos los fondos. Sin embargo, no estaban preparados para prever que la misma financiación que justificaba gran parte de su existencia, y de sus rendimientos, se secara prácticamente por completo. Ante esta situación los sistemas informáticos que sustentan los modelos se han visto incapaces de reaccionar.

Los “triple A” no lo soportan todo. Uno de los abusos más recientes cometidos por los hedge funds y los bancos de inversión, ha sido el uso de los tramos más seguros de las cestas o pools de activos titulizados, a través del apalancamiento, como soporte para invertir en los tramos más arriesgados de los mismos como forma de incrementar la rentabilidad agregada. Así mismo se ha generalizado el uso de conduits o vehículos que invierten en titulizaciones y que se financian en el corto plazo vía pagarés.

Hace apenas unos meses el mundo parecía en orden: le economía mundial y los mercados financieros estaban en apogeo. Ahora, tenemos un crack bursátil a plazos que desemboca en una crisis del mercado monetario: los bancos centrales no dejan de inyectar capital a los mercados financieros.

La clase política se ejercita en conjuros de buena salud, pero todos los concernidos saben que lo peor está por llegar. Como muy tarde, cuando estallen otras burbujas especulativas. Por ahora, el bello nuevo orden de los mercados financieros internacionales “liberalizados” se ve sometido a una dura prueba. El popular dogma, conforme al cual los mercados financieros -y la economía mundial- son tanto más “eficientes” y “estables”, cuanto más desregulados y liberalizados están, esa fe del carbonero, quedó en suspenso. Por doquier se escucha el clamor de imponer reglas y bridas a los agentes de los mercados financieros.

¿Cómo ha pasado? En EEUU ha estallado una gigantesca burbuja inmobiliaria. Bajos intereses, precios inmobiliarios en constante incremento (hasta un 20% anual en los mejores emplazamientos), un mercado hipotecario en hiperbólica expansión han mantenido al galope la economía de EEUU. El boom alimentaba el consumo privado, el endeudamiento de los hogares estadounidenses subía desaforadamente hasta llegar, de media, al 120% del ingreso anual, constituido en sus tres cuartas partes por deudas hipotecarias. Los bancos hipotecarios y los fondos inmobiliarios ofrecían crédito abundante a la gente, incluso a quienes nunca habrían podido permitirse poseer casa propia. La previsible ruina de un sinnúmero de pequeños propietarios de viviendas no representaba el menor problema, siempre, claro es, que se mantuviera el boom. Los bancos y las sociedades financieras ganaron fabulosamente con ello, lo mismo que la muchedumbre de gestores inmobiliarios.

Desde hace meses crece la morosidad, y las ventas forzadas suben astronómicamente; más de 5 millones de viviendas están a la venta en EEUU (datos de finales de agosto de 2007). Por vez primera en diez años comienzan a bajar los precios, y se disparan los intereses. La crisis ha estallado -como no podía ser de otro modo- en el segmento subprime del mercado, entre las familias más pobres con pocos (y en términos reales, descendentes) ingresos. Según datos de agosto de 2007, más de dos millones de norteamericanos han perdido sus casas, hay más de 500 mil millones de dólares acumulados en morosidad, los embargos hipotecarios alcanzaron los 223.538 procedimientos en septiembre, el doble que en el mismo período de 2006: un tsunami de hipotecas fallidas arrasa el país.

Con la espectacular quiebra en junio pasado de dos hedge funds multimillonarios pertenecientes al quinto mayor banco estadounidense de inversiones -Bear Stearns- se perdieron por lo pronto, 1.600 millones de dólares. Además, las acciones de Bear Stearns se desplomaron, lo mismo que las de muchos otros fondos de inversiones, bancos y aseguradoras: más de 200 mil millones de dólares se perdieron de la noche a la mañana. Wall Street se estremeció, y el resto de los mercados de valores del mundo reaccionaron de inmediato. El colapso de los dos hedge funds era una señal de alarma para todos los iniciados.

Los bolsistas reaccionaron con pánico, lógicamente: los créditos morosos se hallan por doquier, y son bombas de tiempo colocadas, no sólo en el sistema financiero estadounidense, sino distribuidas por el mundo entero. Porque la burbuja inmobiliaria sólo podía crecer en la medida en que los financieros siguieran creyendo en la posibilidad de poner a la venta en cualquier momento hasta los peores y más arriesgados créditos hipotecarios. Esos créditos, lo mismo que todos los demás tipos de deuda, así como los pagos futuros de intereses y las amortizaciones a futuro, se han transformado en mercancías comerciables.

De manera que, hasta los créditos flojos y aún tambaleantes servían de base a una vertiginosamente expandida sobre estructura de derivados crediticios en manos de especuladores profesionales. Créditos hipotecarios y de otros tipos fueron empaquetados en masa y usados como garantía para nuevos títulos: los bancos hipotecarios vendían esos títulos respaldados por hipotecas (mortgage backed securities) traspasando así su riesgo crediticio a otros bancos, fondos de inversiones y aseguradoras. Éstos no se preocupaban de la calidad de la deuda hipotecaria originaria, porque también ellos pretendían vender a su vez esos títulos.

Mientras se mantiene un boom inmobiliario, esos títulos resultan lucrativas inversiones monetarias, los hedge funds se los disputan, la securitization de todo tipo de deudas y la emisión de esos títulos respaldados por hipotecas se convierte en una rama en auge, a la que se abalanzan fondos especiales. El comercio a escala planetaria con esos derivados se da al margen de las bolsas, la concurrencia entre los grandes hedge funds dispara sus precios, de manera que, sobre la burbuja inmobiliaria, se forma una nube de ulteriores burbujas de derivados.

¿Qué ocurre, empero, cuando todos los créditos que se hallan en la base fallan en masa? Entonces se hace dramáticamente claro para los especuladores que están cabalgando sobre una ola de valores ficticios generada por ellos mismos. Puesto que las garantías no son nada, se desvanece el valor de los títulos garantizados, los bancos quieren la devolución de los dineros prestados a corto plazo, los hedge funds no pueden seguir vendiendo sus títulos y entran en bancarrota. Con lo que también aquellos bancos, aseguradoras y fondos de inversiones que financiaron la especulación con esos derivados se ven en muy serios aprietos.

Puesto que esos derivados fueron comercializados a escala planetaria, se ven también súbitamente en dificultades bancos que jamás financiaron una hipoteca en EEUU. Pero participaron -como la IKB, como la Westdeutsche y el Banco Regional de Sajonia y muchos otros- en hedge funds, cuando no crearon los propios, que especulaban con tales derivados crediticios. Sus pérdidas repercutieron a través de las cotizaciones de los mercados de valores; en todo el mundo, los valores financieros se desplomaron, y, esperando una ola de quiebras, los inversores huyeron en masa. También los bancos que juegan en primera división, y que nada tienen que ver con la especulación inmobiliaria, se ven ahora en aprietos.

Caídos los primeros bancos (EEUU), o penosamente rescatados (Alemania), comienza el siguiente acto del drama: la crisis del mercado monetario. Puesto que los bancos saben que todos los demás están empantanados pero no con qué profundidad, ponen límites severos al préstamo interbancario, exigiendo muy elevados intereses para créditos a corto plazo. En otras palabras: el sector más estable de los mercados financieros, el tráfico crediticio interbancario, se contrae súbitamente. Sólo los bancos centrales pueden entonces intervenir como “lender of last resort” -como prestamistas últimos-, lo que han hecho masivamente durante días.

El Banco Central Europeo (BCE) inyectó casi 400 mil millones de euros (WSJ - 7/8/07) para créditos a corto plazo en el mercado monetario, la FED estadounidense abrió la espita crediticia más de 400 mil millones de dólares (web.urgente24.com - 10/10/07), pero además, bajó claramente los intereses y alargó el plazo de los créditos a corto plazo. En todo el mundo se ha seguido el ejemplo. Aún si con eso pareciera posible superar la crisis del mercado monetario, lo cierto es que la crisis financiera mundial no ha hecho sino comenzar (En la crisis de las punto com la “regadera” llegó a los US$ 900.000).

Para cubrir pérdidas, los hedge funds y los bancos venden los títulos que aún conservan algo de valor; títulos petrolíferos o títulos de metales. Muchos inversores conservadores del mundo entero huyen buscando refugio en títulos seguros (bonos estatales). Las operaciones en los mercados de valores se aplazan, el mercado de nuevas emisiones se viene abajo, el segundo motor del rally bursátil entra en la “UVI”.

Si las últimas señales que provienen de los bancos (30/10/07) sirven como indicador, los estragos provocados por las turbulencias en el mercado del crédito podrían prolongarse por más tiempo del que anticipaban muchos.

Los inversionistas reaccionaron con optimismo a principios del mes de octubre cuando los principales bancos del mundo anunciaron miles de millones de dólares en pérdidas relacionadas, en su mayoría, a valores respaldados por préstamos hipotecarios de Estados Unidos. Las acciones de los bancos subieron ante la expectativa de que lo peor había pasado. Ahora, sin embargo, eso ya no parece realista.

Se creía que lo peor ya había pasado y que el tercer trimestre sería una oportunidad para que los bancos limpiaran su contabilidad, pero en la última semana o dos, se ha vivido un resurgimiento del nerviosismo y de la volatilidad y se han reavivado las preocupaciones sobre el mercado de hipotecas de alto riesgo.

En la tercera semana de octubre la firma de calificación de riesgo Moody's Investors Service redujo, o dijo que pronto reduciría, la calificación de riesgo de miles de millones de dólares en obligaciones de deuda colateralizada (CDO).

La banca de inversión no se fía de la banca de inversión. O bien no sabían, o si sabían no lo contaron. Ninguno de estos escenarios es bueno. Tras las millonarias pérdidas que han aflorado por la exposición a las hipotecas de alto riesgo en varias de las principales entidades financieras del mundo, el mercado se ha llenado de informes negativos que recomiendan a los inversores mantenerse alejados del sector por la percepción de que lo peor puede estar por venir.

Las advertencias -que han provocado una verdadera hecatombe en las cotizaciones de las primeras sesiones de noviembre- cobran mayor relevancia si se tiene en cuenta que proceden de las propias entidades implicadas en la crisis. El analista Roger Freeman (de Lehman Brothers) recortaba el precio objetivo de Merrill Lynch de 79 a 58 dólares y el de Bear Stearns, de 145 a 117, por el esperado deterioro de los fundamentales debido a las subprime. Debido a las pérdidas de miles de millones de dólares, las acciones de las firmas de Wall Street han caído en picada. El índice Financiero de Dow Jones había caído 14% en el año, hasta principios de noviembre, frente a un alza de 9% del Promedio Industrial Dow Jones.

La banca americana no es la única víctima de la complicada situación del sector. Goldman Sachs alertaba de una caída mayor en bolsa de la banca europea por el deterioro de los mercados crediticio e inmobiliario. “Habrá revisiones a la baja de las estimaciones de beneficios. El ciclo bajista va a ser más profundo y duradero de lo previsto”, vaticinaba Oppenheilmer, estratega jefe para Europa de Goldman Sachs.

Pero no son sólo estas noticias sobre más posibles amortizaciones lo que está causando los últimos brotes de temor y precaución en los mercados. El motor real es la incertidumbre. La instituciones financiaras no han sido totalmente francas acerca de su exposición a este tipo de títulos y los inversores han desarrollado una saludable desconfianza ante todas las cifras que se les proporcionan. Es una situación frágil, incluso peligrosa.

Hemos llegado aquí, desde luego, debido a la crisis de crédito que en el último verano de 2007 (en el hemisferio norte) ha absorbido gran parte de la liquidez para los CDO relacionados con las subprime y hay todavía una gran diferencia entre los bajos precios que la gente ofrece por ellos y los que los bancos propietarios creen, o esperan, que valgan.

El final del túnel dista aún por mucho de estar a la vista. Bancos y hedge funds, en el mundo entero, siguen quitándose de encima derivados crediticios preñados de riesgo que habían financiado con dinero japonés barato; los créditos tienen que ser devueltos en yenes; entonces, se dispara hacia arriba el cambio del yen y se hunden las cotizaciones en Tokio. ¿Vendrá ahora la crisis del dólar, y con ella, la crisis del comercio mundial, con las consiguientes consecuencias, para las economías exportadoras de China (más otros países “emergentes”) y Alemania (más otros países europeos), en lo que respecta al mercado estadounidense? Lo peor no ha pasado…




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