El espectro del sindrome de alienacion parental (parte I a)



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EL ESPECTRO DEL SINDROME DE ALIENACION PARENTAL (PARTE I - A) -

Psicóloga Forense Dra. Deirdre Conway Rand - PERIODICO AMERICANO DE


PSICOLOGIA FORENSE, VOLUMEN 15, NUMERO 3, 1977

Deirdre Conway Rand, Doctora en medicina, practica la psicología


clínica y forense en Mill Valley, California.  Se especializa en
formas complejas de abuso emocional, tales como la Alienación
Parental severa y el Síndrome de Munchausen por terceras partes.  Es
la autora de artículos sobre este último, y de dos capítulos del
libro "El Espectro de Trastornos Artificiales ", publicado por la
Asociación Psiquiátrica Americana.

 El  Síndrome de Alienación Parental, llamado así por el Dr. Richard


Gardner, es una respuesta de contexto familiar típica al divorcio,
en la cual el niño resulta alienado respecto de uno de sus
progenitores, y acosado con la denigración exagerada y/o
injustificada del otro progenitor.  En los casos más severos, la
relación antaño cariñosa del niño con el progenitor objeto  resulta
destruida.   El testimonio acerca del Síndrome de alienación
parental (PAS) en los procedimientos legales ha levantado un intenso
debate.  Este artículo en dos partes persigue arrojar alguna luz
sobre el debate por medio de la revisión del trabajo de Gardner, así
como de otras personas, acerca del PAS, integrando el concepto de
PAS con la investigación realizada sobre divorcios altamente
conflictivos y con otra literatura relacionada.  El material está
organizado bajo encabezamientos temáticos tales como "padres que
inducen la alienación", "el niño en el PAS", "El padre objeto de la
alienación", "abogados y PAS" y "evaluación e intervención".  La
segunda parte comienza con el niño en el PAS.  Se presentarán en
ambas partes testimonios de PAS, desde casos moderados hasta agudos,
algunos de los cuales ilustran las consecuencias para los niños y
las familias cuando el sistema se manipula con éxito por parte del
progenitor alienador, así como algunas difíciles pero efectivas
intervenciones que han sido realizadas por la autora, por su esposo
el Dr. Randy Rand y por otros colegas.

El Dr. Richard Gardner fue un experto psiquiatra infantil y forense,


que realizaba peritajes para la justicia cuando en 1985 formuló el
concepto de Síndrome de Alienación Parental (PAS) en un artículo
titulado "Tendencias Recientes en el Divorcio y la Litigación por la
Custodia" (1).  Su trabajo con niños y familias durante los años
setenta le indujo a escribir libros como "El libro del Divorcio para
Chicos y Chicas". "El libro del Divorcio para los Padres"
y "Psicoterapia con los Hijos del Divorcio".  El conocía por
experiencia que la norma para los hijos del divorcio era continuar
queriendo mucho a ambos padres, a pesar del divorcio y del paso de
los años, un hallazgo corroborado por uno de los primeros estudios a
gran escala sobre el divorcio (2).  Con estos antecedentes, Gardner
comenzó a preocuparse a principios de los ochenta sobre el creciente
número de hijos del divorcio que estaba examinando, quienes,
especialmente en el curso de las evaluaciones para la custodia, se
embarcaban en la denigración de uno de sus progenitores, hasta el
punto de expresar, en ocasiones, odio hacia el padre al que una vez
amaron.  Él utilizó el término Síndrome de Alienación Parental para
hacer referencia a los síntomas del niño , a raíz del divorcio,
consistentes en la denigración y el rechazo de un padre antes amado.

El enfoque de Gardner sobre el PAS como perturbación propia de los


hijos de un divorcio es único, aunque desde la mitad de los años
ochenta en adelante ha habido una proliferación de literatura
profesional sobre las tendencias perturbadoras en las disputas del
divorcio/custodia, incluyendo las falsas acusaciones de abuso para
influir en la resolución sobre dichos divorcio/custodia.  Al menos
tres nuevos síndromes asociados al divorcio fueron identificados con
posterioridad.  En 1986, dos psicólogos en Michigan aún
desconocedores del trabajo de Gardner, publicaron el primero de
varios documentos sobre el síndrome SAID, el acrónimo que Blush y
Ross emplearon para "Acusaciones de abusos sexuales en el divorcio"
(3).  Basándose en sus experiencias de peritaje para los tribunales
de familia, y en las experiencias clínicas de sus colegas, estos
autores delinearon tipologías para el padre que acusaba en falso, el
niño involucrado y el padre acusado.  Dos de los síndromes del
divorcio nombrados en la literatura tienen su enfoque esencial en la
rabia y la patología del padre alienador o acusador en falso. 
Jacobs, en Nueva Your, y Wallerstein en California, publicaron
informes sobre casos de lo que llamaron el Síndrome Medea (4, 5). 
Jacobs discutió el grabajo de Gardner sobre el PAS en su estudio de
1988 sobre una madre con el síndrome Medea, como también hizo Turkat
cuando describió el Síndrome de la Madre Maliciosa Asociado al
Divorcio en 1994 (6).  Este trastorno también puede hallarse
vinculado a los padres varones, como muestra uno de los casos
narrados más adelante, pero por alguna razón Turkat no logró hallar
ninguno. 

Adicionalmente a los artículos específicos sobre el PAS y a la


literatura que hace referencia al síndrome, hay un cuerpo de
investigación sobre el divorcio, así como escritos clínicos que, sin
darle nombre, describen el fenómeno.  La literatura revisada aquí
proviene de numerosas fuentes, incluyendo ejercientes que, como
Gardner, buscan mejorar los medios de diagnóstico y las estrategias
de intervención de los tribunales y de otros profesionales que
tratan con divorcios altamente conflictivos;  abogados y jueces que
están en contacto con casos de PAS;  investigadores que, como Clawar
y Rivlin, referencian el trabajo de Gardner sobre el PAS en su
estudio a gran escala sobre la "programación parental en el
divorcio" (7),  o como Johnston, cuyo trabajo sobre divorcios
altamente conflictivos (8) la condujo a analizar el problema de los
niños que rechazan la visita de su progenitor no custodio,
incluyendo una reflexión sobre el PAS (9).  Cuando el PAS se
contempla desde el punto de vista de las partes y de los subprocesos
que lo generan, la literatura al respecto aumenta exponencialmente,
por ejemplo:  características psicológicas de los progenitores que
falsamente acusan en el curso de las disputas sobre el divorcio/la
custodia;  cultos que ayudan a los padres que se divorcian a alienar
al niño del otro progenitor;  y abusos psicológicos a los niños en
casos de PAS severo, incluyendo el Síndrome Munchausen por abuso a
través de sustituto.

Las tendencias identificadas por Gardner y otros, son el resultado


de importantes cambios sociales que comenzaron a arraigar y florecer
alrededor de mitad de los setenta.  El tratamiento legal del
divorcio y la custodia de los niños varió desde la preferencia por
dar a las madres la custodia en exclusiva y la "presunción de los
tiernos años" a la inclinación por la custodia conjunta y el
principio del "mejor interés para el niño".  Esto dió a los padres
divorciados más opciones legales para seguir siendo padres de sus
hijos, e incrementó la cantidad e intensidad de las disputas sobre
el divorcio, en cuanto los progenitores disentían vehementemente
sobre la variedad de posibles acuerdos sobre la custodia por los que
ahora podían optar.   Al final de los años setenta, surgió la
preocupación respecto a la programación del niño por parte de un
progenitor, con el fin de influenciar en la decisión respecto a las
disputas del divorcio y la custodia;  lo que conduja a la Asociación
legal Americana en su sección de Derecho de Familia a comisionar un
estudio a gran escala sobre el problema.  El resultado de este
estudio de 12 años de duración fue publicado en 1991 en un libro
llamado "Niños Rehenes" (7).  Clawar y Rivlin descubrieron que la
programación parental era practicada en diverso grado por el 80% de
los progenitores que se divorciaban, de los cuales el 20% lo
aplicaban a sus hijos al menos una vez al día.  Continuaremos
hablando sobre este libro más adelante.

Al mismo tiempo, a medida que han ido surgiendo las nuevas


tendencias en los divorcios, algunos cambios sociales se han ido
dando en el tratamiento social del abuso a los niños.  Un informe
preceptivo se convirtió en prescripción legal en los años setenta, y
los procedimientos para la elaboración de los informes se
simplificaron de tal manera que los informes anónimos fueron
aceptados y usados como base de actuación judicial en algunos
estados.  A medida que el número de informes sobre abusos se duplicó
prácticamente, también lo hizo el número de informes falsos o sin
fundamento, de acuerdo con las estadísticas compiladas por el Centro
Nacional para los casos de Abuso y Negligencia a la infancia en
1988, que mostraba que los informes no-válidos excedían en número
los casos de abuso reportado bona fide en una proporción de dos a
uno (10).

Según algunos observadores, las falsas acusaciones de abuso en casos


de divorcio/custodia contenciosa  se han convertido en el arma
definitiva.  El Juez Steward escribió que "los juzgados de familia
de toda la nación sienten los efectos de una nueva falacia urdida
por las partes que concurren en una disputa por la custodia:  la de
que el otro progenitor abusa sexualmente del niño... El impacto de
semejante acusación en un litigio por la custodia es sutil y
trascendental...  el juez de familia está capacitado para hacer
cesar el acceso al niño mientras se completa una investigación" (11,
p. 329).  En respuesta a cuestiones como esta, la Unidad de
Investigación de la Asociación por la Familia y los Tribunales de
Conciliación obtuvo fondos para estudiar las acusaciones de abuso
sexual en los casos de disputa en divorcios/custodias (12).  Se
agregaron los datos de 1985 y 1986 recogidos de diversos juzgados de
familia de todo el país.  En aquel tiempo, la incidencia de las
acusaciones sobre abuso sexual en los casos de divorcio se cifró en
un dos por ciento, pero variaba del uno al ocho por ciento
dependiendo del lugar.  Los resultados de este estudio sugerían que
las acusaciones en el contexto de un divorcio podían ser válidas
sólo en un 50% de las veces.  Muchos de los consejeros y
administradores de los juzgados que fueron entrevistados, creían que
se estaban produciendo una mayor proporción de estos casos que en
las décadas precedentes. 

Diez años más tarde, en 1996, el Congreso aprobó el Acta de


Prevención y Tratamiento del Abuso infantil, para eliminar la
inmunidad de la que gozaban quienes hacían premeditadamente
acusaciones falsas, basándose en la información de que 2 millones de
niños habían sido objeto ese mismo año de informes falsos, en
oposición al millón de niños que habían sufrido auténticos abusos
(13).  Adicionalmente, muchos estados habían ya habilitado leyes
contra los informes deliberadamente falsos sobre abusos a los
niños.  En California, donde ejercen la autora y su marido, la
Oficina para la Prevención del Abuso Infantil revisó su manual para
informadores de oficio hace varios años, para incluir una sección
sobre acusaciones falsas, en la cual, el adoctrinamiento de los
niños durante las disputas sobre la custodia se describe como un
problema grave, y en el cual se hace referencia al trabajo de
Gardner sobre el PAS (14).

Entretanto, los años ochenta fueron testigos de una campaña masiva


para entrenar a los asistentes sociales, policias, jueces y
profesionales de la salud mental en conceptos tales como "los niños
no mienten cuando hablan de los abusos".   Para remediar la ceguera
social hacia los abusos a los niños en el pasado, los profesionales
fueron incitados a "creer incuestinablemente al niño" y a aceptar
reflexivamente que todas las alegaciones de abuso contra el niño
eran ciertas.  Una amplia difusión en los medios y una proliferación
de libros y películas populares sobre abusos a niños continuaba
sugiriendo que el problema era generalizado e insidioso.  Los padres
y los profesionales afines fueron convocados para vigilar lo que se
consideraban como "indicadores de comportamiento" del abuso sexual. 
Estos incluían el síntoma tan común como vago de la baja
autoestima, "indicadores" de conflicto tales como el comportamiento
agresivo y autoaislamiento social, así como comportamientos
infantiles que pueden ser normales en el contexto del desarrollo,
tales como la curiosidad sexual y las pesadillas.  Se hizo caso
omiso del hecho de que tales síntomas pueden ser desarrollados por
el niño en respuesta a otras circunstancias estresantes, incluyendo
el divorcio y la ausencia paterna.

También los niños están siendo sensibilizados hacia el abuso,


instruídos acerca de lo que son "tocamientos buenos/tocamientos
malos".  Al final de esta lección escolar, se les puede pedir que
reporten sobre cualquier persona que ellos puedan considerar que les
ha hecho tocamientos malos.  Aunque en algunas ocasiones esto ha
servido para detectar algunas formas de abuso, los niños a veces no
entienden bien la lección, como el caso de un cariñoso abuelo que
levanta en brazos a su nieto como ha hecho muchas veces
anteriormente, para encontrar que el niño le rechaza horrorizado,
acusándole de "malos tocamientos".  Los adultos que dirigen estas
clases están a menudo tan excesivamente interesados en encontrar
abusos que en un estado del sur detuvieron a los padres de la mitad
de la clase.

  


SINDROME DE ALIENACION PARENTAL.

Según Gardner, el PAS es una perturbación en el niño que, en el


contexto del divorcio, es inducido a desaprobación y crítica de un
progenitor, denigración que es injustificada o/y exagerada.  Gardner
considera que el  PAS  nace primariamente de una combinación de
influencia parental y de las contribuciones activas del propio niño
a la campaña de denigración, factores que pueden reforzarse
mutualmente.  Gardner distingue entre Síndrome de Alienación
Parenta,l y el término "Alienación Parental".  Hay un gran elenco de
causas de alienación parental, incluyendo el abuso parental de buena
fe y/o negligente, así como déficits significativos en un padre
rechazado que pueden no alcanzar el grado de abuso.  Desde la
perspectiva de Gardner, el diagnóstico de PAS sólo resulta aplicable
cuando el abuso, la negligencia y otras conductas llevadas a cabo
por el padre alienado que puedieran justificar razonablemente la
alienación sean relativamente mínimas.  Por tanto, Gardner concibe
el PAS como una subcategoría especializada de la alienación parental
genérica.  Desde que introdujo el concepto de PAS en 1985, Gardner
ha escrito dos libros sobre la materia (15 y 16), e incluido un
capítulo sobre el PAS en su libro titulado "Evaluación Familiar  en
la Mediación, Arbitraje y Litigios por la Custodia del Niño (17).

Dependiendo de la severidad del PAS, un niño puede exhibir todos o


unos cuantos de los  siguientes comportamientos.  Es la acumulación
de estos síntomas lo que inclina a Gardner a considerarlos un
síndrome:

El niño está alineado con el progenitor alienador en una campaña de


denigración contra el progenitor objeto, en la que el niño
contribuye activamente.
Las razones alegadas para justificar el desacreditar al padre objeto
son a menudo débiles, frívolas o absurdas.
La animadversión hacia el padre rechazado carece de la ambivalencia
normal en las relaciones humanas.
El niño afirma que la decisión de rechazar al padre objeto es
exclusivamente propia, lo que Gardner llama el fenómeno
del "pensador independiente".
El niño apoya reflexivamente al progenitor con cuya causa está
alineado.
El niño expresa desprecio sin culpa  por los sentimientos del padre
objeto u odiado.
Se evidencian escenarios prestados, por ejemplo, las afirmaciones
del niño reflejan temas y terminologías propias del progenitor
alienador.
La animosidad se extiende a la familia ampliamente y a quienes se
asocia con el padre odiado.
En la experiencia de Gardner, obtenida tanto por la práctica clínica
como por la investigación publicada (revisada más adelante), las
madres son más frecuentemente adictas al PAS, sobre todo del que
Clawar y Rivlin equiparan al secuestro psicológico (7)  Cuando
quiera que el PAS coincide con la abducción física, son los padres
los más frecuentes adictos, como señala Huntington (18).  Gardner
reconoce que también los padres pueden suscitar PAS y muestra
ejemplos en sus libros.  Por consistencia y simplicidad, él se
refiere con "madre" al progenitor que aliena, y "padre" al
progenitor objeto del PAS.

Según Gardner, el componente de lavado de cerebro en el PAS puede


ser más o menos consciente de parte del progenitor que "programa" al
hijo, y puede ser sistemático o sutil.  La contribuciones activas
del niño a la campaña de denigración pueden ayudar a crear y
mantener un flujo de refuerzo mútuo entre el niño programado y el
progenitor que le programa.  Pese a las contribuciones del hijo,
Gardner contempla al padre alientante como el adulto responsable que
crea o trasmite un conjunto negativo de creencias respecto al
progenitor objeto.  Las experiencias cariñosas del niño con el padre
objeto en el pasado son reemplazadas por una nueva realidad, el
escenario negativo trasmitido por el progenitor programador y
compartido por el niño, que justifica su rechazo del padre
alienado.  A la luz de estas observaciones, Gardner previno de que
las afirmaciones de los niños en los casos de divorcio/custodia que
versaran sobre el rechazo a uno de los progenitores no deberían
tomarse en consideración literalmente, sino evaluados por el filtro
de las dinámicas del PAS.  De acuerdo con la psicóloga Mary Lund,
esta introspección es una de las contribuciones más imporatntes de
Gardner, porque alertó al sistema legal, a los padres y a los
profesionales de la salud mental que tratan con divorcios de una
importante eventualidad que podría tener efectos desastrosos si se
deja pasar desapercibida. (19)

Gardner subraya la importancia de distinguir entre PAS leve,


moderado y agudo en la determinación de qué medidas legales y
terapéuticas son de aplicación.  En los casos leves, existe alguna
programación parental, pero el régimen de visitas no resulta
seriamente afectado y el niño consigue adaptarse a las transiciones
sin excesiva dificultad.  El niño mantiene una relación sana con el
progenitor programador y normalmente participa en la campaña de
denigración para mantener el vínculo emocional primario con el
progenitor preferido, por regla general la madre.  El PAS de estas
caracterísiticas puede normalmente verse atenuado cuando los
tribunales confirman la custodia del progenitor preferido o
primario.

En los casos de PAS moderado existe una programación parental


considerable, con interferencias significativas en el régimen de
visitas.  El niño a menudo experimenta dificultades en la transición
de una casa a otra, pero eventualmente consigue calmarse y se
involucra benevolentemente con el progenitor con el que convive en
cada momento.  El vínculo entre el progenitor alienador y el hijo es
aún razonablemente sano, a pesar de su convicción compartida de que
el progenitor objeto es de alguna manera despreciable.  A este nivel
se requiere una intervención legal más fuerte, y un perito terapeuta
especializado en PAS resulta muy recomendable para organizar las
visitas, oficiar profesionalmente en el momento de las transiciones
de una casa a otra e informar al juzgado de los incumplimientos que
se han forzado en el régimen normal de visitas.  Puede ser necesaria
la amenaza de sanciones contra el padre alienador a fin de asegurar
el cumplimiento del régimen de visitas ordenado.  Si fracasa la
implantación de medidas legales y de intervenciones terapéuticas en
el caso de PAS moderado, el niño puede quedar bajo riesgo de
desarrollar un PAS agudo.  En algunos casos moderados, cuando han
fracasado las medidas terapéuticas legalmente ordenadas y también
las sanciones, Gardner afirma que puede ser necesario considerar
seriamente el transferir al custodia al progenitor supuestamente
odiado, asumiendo que el progenitor es adecuado.  En ciertas
ocasiones, esa es la única esperanza de proteger al niño de la
progresión hacia el grado agudo del síndrome. 

El niño que sufre un caso de PAS agudo es un fanático en su odio por


el padre objeto.  El niño puede rehusar las visitas, formular de
motu propio falsas acusaciones de abuso sexual o amenazar con huir,
con el suicidio o con el homicidio si se le obliga a ver a su
padre.  La madre y el hijo tienen un vínculo patológico, a menudo
basado en fantasías paranoides sobre el padre, a veces hasta el
punto de ser una locura  a dos.  En los casos agudos de PAS, Gardner
descubrió que si se deja al niño permanecer con la madre, la
relación con el padre está condenada y el niño desarrollará una
psicopatología de larga duración, e incluso una paranoia.  Asumiendo
la idoneidad del padre objeto, Gardner está convencido de que el
único remedio efectivo en los casos de PAS agudo es dar la custodia
al progenitor alienado.  En 1992 sugirió que los tribunales debieran
ser más receptivos al cambio de custodia empleando un periodo
transitorio con apoyo terapéutico para el niño, tal como una
hospitalización, recurso este empleado profesionalmente por la
autora de este artículo y su marido (ver caso en la segunda parte
del mismo).
 
 La concepción inicial de Gardner sobre el PAS se basaba en la
obsesión del niño por denigrar al padre objeto.  No fué sino dos
años más tarde, cuando publicó su primer libro sobre el PAS, que
vinculó el problema del síndrome con el de las acusaciones falsas de
abuso sexual.  Gardner opta por la idea de que tales acusaciones son
una derivación del PAS, y observa que a menudo emergen cuando
cualesquiera otros esfuerzos de excluir al progenitor objeto han
fracasado.  Parte de la literatura mencionada más adelante indica,
no obstante, que las falsas acusaciones de abuso pueden aflorar
incluso con anterioridad a la separación matrimonial, síntomas de
una patología psiquiátrica previa del padre alienante que puede no
diagnosticarse sino con el subsiguiente deterioro mental posterior
al divorcio.  Gardner fue de los primeros en reconocer que
involucrar a un niño en falsas acusaciones de abuso, es una forma de



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