El desarrollo de niñOS, niñas y adolescentes


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Instituciones financiadoras

Consejería de Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía


Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid

Sevilla, 28 de junio de 2002



La familia española se encuentra en un tiempo de profundas y aceleradas transformaciones cuyo reflejo más claro puede apreciarse en la diversificación de modelos familiares que podemos encontrar en la actualidad en nuestra sociedad. Así, en las últimas décadas se han reducido drásticamente los hogares múltiples o complejos (aquellos en que convivían distintos núcleos familiares), mientras que, junto a las familias nucleares tradicionales constituidas por una pareja conyugal y sus hijos e hijas, han ido teniendo cada vez más presencia las que se conocen como familias “posnucleares” (Requena, 1993). De hecho, son cada vez menos excepcionales las uniones no matrimoniales, las parejas sin descendencia, las familias “reconstituidas”, o “combinadas”, procedentes de uniones anteriores, las familias monoparentales y las que nos ocupan en este informe, las familias homoparentales, aquellas en las que niños y niñas viven con progenitores gays o lesbianas.
Asistimos, por tanto, a un proceso que constituiría, a juicio de Flaquer (1999), la clave de la segunda transición familiar. Para este autor, hubo una primera transición familiar que estuvo ligada a su contracción en torno al núcleo familiar estricto (en detrimento de las familias extensas o polinucleares) y a una cierta pérdida de funciones (por ejemplo, la producción económica o la defensa). La segunda transición familiar, a la que estaríamos asistiendo ahora, estaría ligada, sin embargo, a su desinstitucionalización. De acuerdo con la propuesta de este autor, en estos últimos años se han difuminado en España los límites entre legitimidad e ilegitimidad familiar, puesto que han comenzado a ser aceptadas y reconocidas situaciones familiares y vitales que durante décadas fueron rechazadas o simplemente obviadas. Tal es el caso, a nuestro juicio, de las parejas heterosexuales que conviven sin estar casadas, las familias sin hijos, o las familias adoptivas. Este mismo proceso de reconocimiento y aceptación han comenzado a experimentar las familias monoparentales, tanto las formadas tras divorcio como, en menor medida, las que configuran una madre soltera y su hijo o hija, o las familias “combinadas”, las formadas a partir de uniones anteriores.
Sin embargo, otras formas de familia presentes en nuestra sociedad siguen estando proscritas y rechazadas, careciendo todavía del menor reconocimiento social. A nuestro juicio, este es el caso de las familias que hoy nos ocupan, las integradas por padres gays o madres lesbianas y sus criaturas. No figuran en las estadísticas oficiales del I.N.E., no son contempladas en ninguno de los tratados recientes acerca de la realidad española, ni en los escritos con óptica sociológica (cif. Alberdi, 1999; Flaquer, 1999; Gimeno, 1999; Meil, 1999) ni en los escritos desde el ámbito de la psicología (Rodrigo y Palacios, 1998). De hecho, y éste es un indicador muy significativo a nuestro juicio, resulta difícil aún encontrar en nuestra sociedad una denominación para ellas, hecho que no nos parece casual, porque el nombre confiere entidad e identidad, y supone, por tanto, un reconocimiento explícito. Nuestro equipo ha optado por una de las denominaciones que ha comenzado a utilizarse en ámbitos académicos y en los propios colectivos de gays o lesbianas: familias homoparentales. Hemos preferido este término, por más preciso, al de “familias homosexuales”, que también se usa, sobre todo, en escritos de ámbito anglosajón.
El hecho de que existan nuevas formas de familia y, sobre todo, que comiencen a hacerse visibles, plantea nuevas preguntas a la sociedad y obliga, por tanto, a buscar nuevas respuestas. Sin duda, el hecho de que haya comenzado a hablarse de la existencia en España de familias homoparentales, o que los colectivos de gays y lesbianas hayan reclamado el derecho al matrimonio y a la adopción o acogimiento conjunto de menores por parte de parejas homosexuales, ha trasladado a la sociedad un debate encendido acerca de estas realidades familiares de las que se desconoce en España casi todo, comenzando por su número y siguiendo por sus características o cómo es la vida en ellas.
Sin duda, el aspecto que más preocupa a la sociedad acerca de estas familias es la posible incidencia sobre el desarrollo de niños y niñas del hecho de haber crecido en ellas. Así se refleja con frecuencia en los medios de comunicación y así se hizo patente en los debates recientes habidos en los distintos parlamentos autonómicos a propósito de proyectos de ley de parejas de hecho que extendían a este tipo de parejas el derecho al acogimiento conjunto de menores. No es casual que esto sea así, dado que distintas instituciones están implicadas en el deber de protección y atención a la infancia y, por tanto, estamos hablando de un tema que atañe tanto a instituciones legislativas como judiciales, sanitarias, educativas o de servicios sociales.
Las dudas con respecto a la incidencia sobre el desarrollo infantil y adolescente de crecer en una familia homoparental están siendo despejadas en distintos estudios realizados en diversos países (sobre todo en los Estados Unidos y el Reino Unido, pero también en Canadá, Suecia o Bélgica). Lo que estos estudios han concluido se resume fácilmente: estos chicos y chicas no difieren de los que viven con progenitores heterosexuales en ninguna dimensión del desarrollo intelectual o de la personalidad (autoestima, lugar de control, ajuste personal, desarrollo moral, etc.). Tampoco difieren en identidad sexual, identidad de género u orientación sexual. Asimismo, mantienen relaciones sociales normales con sus compañeros y compañeras y son tan populares entre ellos como los hijos o hijas de heterosexuales (Falk, 1994; Patterson, 1995; Patterson y Redding, 1996; Tasker y Golombok, 1997). Estos resultados, replicados y coincidentes en distintos estudios, llevaron a concluir a distintas personas expertas que la orientación del deseo de los progenitores no parecía ser un factor determinante en la construcción del desarrollo infantil.
A pesar de que el amplio conjunto de estudios realizados llega a conclusiones muy concordantes, en nuestra sociedad aún se mantienen dudas con respecto a estas familias y se contrapone como argumento que las sociedades anglosajonas han integrado y aceptado la homosexualidad en mayor medida que la nuestra, por lo que se necesita saber qué ocurre con estos chicos y chicas en nuestra propia sociedad. Por todo lo expuesto, parecía particularmente necesario que se realizara el estudio cuyo informe ahora avanzamos, y que nació de la preocupación y el interés conjunto de distintas instituciones y colectivos. De una parte, dos instituciones públicas comprometidas con la infancia y los colectivos con especiales dificultades de integración social: la Consejería de Relaciones Institucionales de Andalucía y la Oficina del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid. De otra parte, los propios colectivos de gays y lesbianas y especialmente la asociación SOMOS, plataforma gay-lesbiana y transexual de Sevilla; y aún de otra parte, las instituciones públicas y los organismos privados implicados en el estudio de nuevas realidades sociales: el Colegio Oficial de Psicólogos de la Comunidad de Madrid y el Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, institución esta última a quien se confió la dirección del estudio.
Lo que presentamos a continuación es un primer avance de resultados de la investigación realizada, centrada casi exclusivamente en la búsqueda de respuestas a las siguientes preguntas de investigación:


  1. ¿Cómo desempeñan gays y lesbianas sus roles parentales y qué hogares configuran para sus hijos e hijas?

  2. ¿Cómo es el entorno social de estas familias: son familias aisladas o integradas en la sociedad?

  3. ¿Cómo es la vida cotidiana de estos chicos y chicas?




  1. ¿Cómo es el desarrollo y ajuste psicológico de los chicas y chicas que viven con madres lesbianas o padres gays?

MÉTODO
Muestra
Uno de los problemas de partida de este tipo de estudios es entrar en contacto con la muestra, dado que no hay instancias oficiales u extraoficiales en las que se lleve un registro de ellas. Por esa razón, el contacto se debió efectuar a través de procedimientos informales entre los que se incluyeron los siguientes:


  • Publicidad en la prensa dirigida a gays y lesbianas, así como llamamientos a la participación en prensa de ámbito estatal o autonómico, a raíz de dar a conocer la realización del estudio.

  • Publicidad en librerías y otros establecimientos frecuentados por gays o lesbianas.

  • Contactos con centros ginecológicos y de inseminación artificial para que hicieran llegar a madres lesbianas noticias del estudio que se estaba realizando.

  • Contactos con los distintos profesionales de la psicología y la sexología especializados en población gay y lesbiana.

  • Contactos con profesionales del ámbito de la adopción.

  • Contacto con los distintos colectivos de gays y lesbianas, tanto de la Comunidad Andaluza (colectivos Algama, Arcadia, Arco Iris, Colega (todas sus delegaciones), Ligan Córdoba, Ligan Málaga, Mojual, Nos, Ojalá y Triclinium.) como de la Comunidad de Madrid (Cogam y Triángulo). A todos ellos se les pidió su colaboración en dos tareas: de una parte se les solicitó que entrasen en contacto con las familias homoparentales que pudieran conocer y les solicitasen su participación en el estudio; de otra parte, se les solicitó, asimismo, que hiciesen publicidad del estudio en sus sedes y en cuantos cauces informativos estuviesen a su alcance (prensa propia, páginas WEB, etc.).

  • A través de los propios participantes en el estudio, que a su vez conocían a otras familias.

Por estos distintos cauces, se llegó a contactar con más de 60 familias, de las que finalmente se pudo completar el estudio de 47, 19 en la comunidad andaluza y 28 en la comunidad de Madrid. Aunque todas estas familias tenían en común el hecho de que estaban configuradas por padres gays o madres lesbianas con hijos/as, eran muy diversas internamente. El grupo más numeroso estaba integrado por familias de lesbianas que convivían con sus hijos, procedentes de uniones heterosexuales anteriores (24 de ellas). Otro conjunto de familias estaba conformado por gays o lesbianas que, como los anteriores, habían tenido descendencia en una relación heterosexual pero, tras la ruptura de ésta, no tenían la custodia de aquellos (12 familias). Junto a estas, había otro grupo de familias constituidas por madres lesbianas o padres gays que habían tenido a sus hijos e hijas cuando ya se vivían como homosexuales y que, para ello, habían recurrido a técnicas de inseminación (6 familias) o a la adopción (5 familias). Como quiera que, además, los hijos e hijas de estas familias tenían edades muy diversas, desde 20 meses hasta 35 años, decidimos efectuar una selección de ellas para este primer informe, y exponer los datos del conjunto de familias que convivían con hijos en edad escolar (menores de 16 años). Por tanto, la muestra de familias de las que hoy efectuamos el informe está compuesta por 28 familias que se distribuyen del modo siguiente:




  • 15 Familias de madres lesbianas que conviven con sus hijos procedentes de uniones heterosexuales anteriores.




  • 10 Familias de madres lesbianas o padres gays que tuvieron a sus hijos cuando se vivían como tales, bien por adopción (5 familias), bien por inseminación (otras 5 de ellas). Tres de estas familias habían surgido como un proyecto compartido en pareja




  • 3 Familias en las que los padres no tienen la custodia de sus hijos, pero conviven con ellos diariamente, tanto o más tiempo que sus madres.

Gráfico 1



En cuanto a la estructura de las familias estudiadas, 14 eran monoparentales, o sea, vivía el padre o madre a solas con los niños o niñas y otras 14 familias eran biparentales, o lo que es lo mismo, vivían en parejas con sus hijos e hijas.

Gráfico 2



Del número de familias seleccionadas para este informe preliminar, 15 vivían en la Comunidad Autónoma de Andalucía y 13 en la Comunidad de Madrid.

Gráfico 3


Dentro de Andalucía, la distribución por provincias fue la que se recoge a continuación:

Gráfico 4


Por lo que respecta a las características sociodemográficas de las madres y padres estudiados son las siguientes:


  • En cuanto al sexo del progenitor o progenitores, estudiamos 21 familias de madres lesbianas (75%) y 7 familias de padres gays (25%). Estos datos no deben sorprender si tenemos en cuenta que en España el grueso de las custodias tras separación o divorcio se otorgan a las madres y que sólo las mujeres tienen posibilidad de concebir con técnicas de reproducción asistida (en España no es posible la maternidad subrogada, popularmente conocida como “madres de alquiler”).


Gráfico 5



  • Con respecto a la edad de padres y madres, la media está en 38 años, teniendo la madre más joven 22 años y el padre mayor, 52.




  • Por lo que respecta al nivel educativo de estos padres y madres, la muestra está compuesta por padres y madres con diversa experiencia escolar, aunque, como puede observarse en el gráfico 6, hubo una clara sobrerrepresentación de padres y madres con estudios universitarios.

Gráfico 6




  • En cuanto a la cualificación profesional de estos padres y madres, ésta es bastante coherente con su nivel de formación, puesto que el 61,5% de ellos desempeñaba profesiones con alta cualificación, un 23,1%, profesiones de cualificación media y un 15,4%, profesiones de baja cualificación (gráfico 7).

Gráfico 7



  • En cuanto a la situación laboral de padres y madres, en el momento de realizar el estudio, el 78,6% de estos padres y madres trabajaban en jornadas de tiempo completo, un 7,1 a tiempo parcial y un 14,3% se hallaba en situación de desempleo.




  • Por lo que respecta a los recursos económicos la media de ingresos mensual se hallaba en 1969 €, aunque había claras diferencias entre unos hogares y otros: con un intervalo entre 360 € y 5709 €. Si comparamos la media de ingresos de estos hogares con la media de ingresos de los hogares españoles en la actualidad (1031€)1 encontramos que las familias que hemos estudiado se encuentran en general, en situación desahogada. De hecho, el 80% de las familias comentaron que sus ingresos eran suficientes para cubrir las necesidades de las familias, dato que no nos puede hacer olvidar que había un 20% de hogares cuyos ingresos eran, sin embargo, insuficientes.


Gráfico 8


En estas familias convivían un conjunto de 40 chicos o chicas, de los que finalmente hemos estudiado únicamente a 25. El hecho de no haber estudiado a los 15 chicos o chicas restantes se ha debido a razones diversas: 9 de ellos eran mayores de 16 años, la edad elegida como tope; otra niña era demasiado pequeña (tenía 20 meses), 2 chicos presentaban una discapacidad psíquica, y aún hubo 3 chicos que no pudimos estudiar por circunstancias relacionadas con las familias o los centros escolares a los que acudían. De todas formas, de estos 3 últimos niños o niñas disponemos de los datos de sus rutinas diarias que nos fueron facilitadas por sus padres o madres.

Los chicos y chicas que constituyeron la muestra presentaban las características que se recogen a continuación:




  • En cuanto al sexo, la distribución era prácticamente equitativa.




Gráfico 9


Por lo que respecta a las edades y, por tanto, el nivel educativo en que se encontraban escolarizados, 5 niños o niñas de la muestra tenían edades de escuela infantil (3-6 años), 12 cursaban primaria (6-12 años) y otros 8 que se hallaban escolarizados en secundaria (12-16 años).


Gráfico 10

Junto a estos niños y niñas, estudiamos otras dos muestras de compañeros o compañeras de sus respectivas aulas que nos sirvieron como muestras de comparación:


  • La primera muestra de comparación estaba formada por compañeros o compañeras seleccionados al azar dentro de la misma clase entre los que eran del mismo sexo. Nos referiremos a ella como “muestra control de sexo”




  • La segunda muestra de comparación estuvo compuesta por compañeros o compañeras de la misma clase, o de otra clase del mismo nivel educativo, que compartieran el tipo de familia en cuanto a su estructura (monoparental, biparental, reconstituida, etc.). Las referencias a esta muestra las efectuaremos con el término “muestra control de familia”.



Instrumentos y Procedimiento
A las familias se les dio la oportunidad de ser entrevistadas, bien en sus casas, bien en un despacho de la Universidad de Sevilla o del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid o bien en cualquier otro lugar que prefirieran. En todos los casos, se garantizó la confidencialidad de los datos. En la entrevista se abordó todo un conjunto de aspectos relevantes acerca de la realidad cotidiana de estas familias, y se administraron una serie de pruebas para evaluar distintas dimensiones que la literatura apuntaba como relevantes. A continuación citamos los instrumentos que se administraron conforme a los objetivos del estudio.


  • Roles de Género. Versión en femenino y en masculino del Bem Sex Role Inventory (Bem, 1974).




  • Autoestima. Hemos utilizado la versión en femenino y en masculino del cuestionario de autoestima de Rosenberg (1973).




  • Estado de Salud. Hemos utilizado el Inventario de Salud de la OMS (Organización Mundial de la Salud, 1982).




  • Cuestionario de Estilos Educativos. Cuestionario elaborado por Palacios y Sánchez-Sandoval (2001) sobre la base de las dimensiones originales de Baumrind.




  • Red Social. Se usó un instrumento elaborado por el propio equipo e inspirado en otros anteriores (Belsky et al., 1984), aunque adaptado a los objetivos del estudio.




  • Apoyo social. Se usó una adaptación del instrumento Social Support Questionnaire de Sarason (1983).




  • Ideas Evolutivo-educativas. Para evaluarlas, se usó la versión reducida del Cuestionario de Ideas de Padres (C.I.P), de Palacios (1988).




  • Valores Educativos. Se evaluaron en el seno de una entrevista diseñada a tal fin por el propio equipo.

Por lo que respecta a los hijos o hijas de estas familias, tanto ellos como sus compañeros de clase que sirvieron de muestras de comparación, fueron evaluados en los centros escolares a los que acudían. Para ello, se utilizaron diversos instrumentos que fueron cumplimentados por distintas personas, como pasamos a exponer.


Los aspectos que se detallan a continuación fueron valorados por su profesorado, dado que se trataba de dimensiones que requerían un conocimiento amplio del niño o la niña:


  • Competencia Académica. Medida a través de una adaptación al sistema educativo español de las medidas contenidas en el Social Skills Rating System (SSRS) (Gresham, y  Elliot, 1990).




  • Competencia Social. Medida a través del cuestionario Social Skills Rating System (SSRS) (Gresham, y  Elliot, 1990).




  • Ajuste Emocional y Comportamental. Se evaluó a través del Strengths and Difficulties Questionnaire (SDQ) (Goodman, 1997), compuesto por distintas subescalas (síntomas emocionales, problemas de conducta, hiperactividad, problemas de relación entre compañeros y conducta prosocial).

Los siguientes contenidos fueron evaluados mediante instrumentos que se aplicaban en entrevistas a los niños y niñas más pequeños y en su versión de autoaplicación a los chicos y chicas de secundaria:




  • Autoestima. Hemos utilizado la escala The Perceived Competence Scale for Children de Harter (1982) para los niños y niñas de Infantil y Primaria, y el cuestionario Self-Steem Scale de Rosenberg (1973) para los de Secundaria.

  • Roles de Género. Se usó una adaptación del Sex Role Learning Index de Edelbrock y Sugawara (1978) para los niños y niñas de Primaria, y el Children's Sex Role Inventory de Boldizar (1991) para los de Secundaria.




  • Ideas Respecto a la Diversidad Social. Nuestro equipo diseñó un instrumento que nos permitía disponer de datos relativos a la visión que los chicos y chicas de la muestra que cursaban secundaria tenían de la diversidad social en atención al género, la orientación sexual, la cultura y las estructuras familiares.

Además a los chicos y chicas mayores de 8 años se aplicaron otros cuestionarios que se administraron a los grupos completos de cada clase, puesto que se trataba de saber no sólo cómo se sentían niños y niñas en su grupo social, sino también de conocer cómo este medio social les percibía a ellos.




  • Aceptación e Integración Social. Se diseñó un cuestionario inspirado en Schneider (2000) que pedía a cada niño o niña de la clase una valoración de todos los compañeros y compañeras en una escala de 1-5.




  • Experiencia de Amistad. Se diseñó un pequeño cuestionario en el que se preguntaba a chicos y chicas por su experiencia de amistad y la existencia de amigos íntimos en el centro escolar y fuera de él, inspirado en Schneider (2000).

Por último, los contenidos relativos a la vida cotidiana de estos niños y niñas fueron evaluados de dos modos distintos. En el caso del alumnado de infantil o primaria recibimos la información de sus padres o madres. En secundaria, los propios chicos y chicas cumplimentaron un pequeño autoinforme. En ambos casos las dimensiones evaluadas fueron las siguientes:




  • Rutinas diarias y de fin de semana. Se usó el instrumento diseñado por Moreno y Muñoz (no publicado).




  • Actividades. Sobre la base de estudios anteriores de nuestro propio equipo de investigación González, Hidalgo y Moreno (1998) se confeccionaron listados de actividades frecuentes en chicos y chicas de los distintos niveles educativos.





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