El darse cuenta



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El darse cuenta y las Polaridades

La Gestalt es también conocida como la terapia del darse cuenta y awareness es la palabra inglesa que se emplea para referirse a ello: estar alerta, estar atento, percatarse, tomar conciencia.

El darse cuenta es la capacidad que tiene cada ser humano para percibir lo que está sucediendo dentro de sí mismo y del mundo que le rodea, la capacidad de comprender y entender aspectos de sí mismo, situaciones y acontecimientos externos que le posibilitan el autoconocimiento y el desarrollo de sus potencialidades, facilitándole llegar a mostrarse tal cual es.

Una de las grandes dificultades que presenta el ser humano es haber perdido parte de su capacidad de saber lo que está sintiendo y de cuáles son sus más auténticas y verdaderas necesidades. El ponerse en contacto con uno mismo y tomar conciencia de lo que realmente siente y desea, es el primer paso para la integración.

El darse cuenta se caracteriza por el contacto y aquí incluimos un nuevo concepto básico. Tomamos contacto reconociendo y haciendo frente al otro y al hacerlo nos experimentamos a nosotros mismos. El contacto consiste en un proceso continuo de movimiento, de oscilación entre yo y el otro.

El contacto es un fenómeno que tiene lugar en el límite entre el organismo y su entorno, utilizando una metáfora sería como la muralla de una ciudad, que está en contacto con la ciudad y las afueras al mismo tiempo. Es en ese límite entre yo y el otro donde se sitúan: la emoción, el interés, la preocupación, la curiosidad, el miedo y la hostilidad.

El esfuerzo básico en Terapia Gestalt es que el paciente se dé cuenta de cómo está funcionando aquí y ahora. Ampliando poco a poco ese darse cuenta le ayudaremos a descubrir y disolver las resistencias que han obstruido su desarrollo e impiden un funcionamiento más adaptativo. En esta área es donde estamos más afectados por la neurosis.

Podemos distinguir tres aspectos en el darse cuenta:



  • Darse cuenta de sí mismo, es decir de la zona interna, que comprende todos aquellos acontecimientos que ocurren dentro de uno mismo: sensaciones, sentimientos, emociones... Nos permite ponernos en contacto con nosotros mismos. Responde a preguntas tales como: ¿qué estoy sintiendo?, ¿dónde lo estoy sintiendo?, ¿cómo lo estoy sintiendo?

  • Darse cuenta del mundo exterior o zona externa, que nos permite ponernos en contacto con los objetos y acontecimientos del mundo que nos rodea, de todo aquello que está fuera y de lo que ocurre más allá de nuestra piel. Se relaciona con los sentidos: lo que oigo, veo, toco, huelo...

  • Darse cuenta de la zona intermedia o zona de la fantasía, que abarca todas las actividades mentales: pensar, adivinar, imaginar, planificar, recordar, anticipar. Es la zona de nuestros pensamientos, creencias, fantasías, el mundo de las ideas. Tradicionalmente se considera a esta zona como el lugar privilegiado de la neurosis: aquí residen los prejuicios, las fobias, las paranoias, distorsiones de lo que llega de dentro o de fuera. Unido a este asiento de la neurosis también es la capa de la autoconsciencia que nos separa de otros seres vivos.

La capacidad de darse cuenta permite a la persona ir integrando partes de sí misma. No consiste en un proceso racional ni en el análisis de una situación sino en una reacción vivencial. Significa, pues, tomar contacto a nivel emocional con un sentimiento o una sensación que estaba borrada de la conciencia, que estaba ahí aunque no la percibía y de la que la persona no se había dado cuenta.

El terapeuta ayuda al paciente a ponerse en contacto consigo mismo al plantearle las cuatro preguntas clave, propuestas por Perls:



  • ¿Qué estás haciendo ahora?

  • ¿Qué sientes tú en este momento?

  • ¿Qué estás tratando de evitar?

  • ¿Qué quieres, qué esperas tú de mí?

Podemos resumir que el awareness reside en poner atención a las sensaciones y organizarlas y que este darse cuenta siempre transcurre en el presente. Sin la capacidad de darse cuenta, no hay cognición electiva.

Tanto el darse cuenta, como el contacto y el presente no son más que aspectos diferentes de un mismo y único proceso: la autorrealización.



Las Polaridades
El concepto de polaridad existe desde hace siglos en el pensamiento oriental tanto en la filosofía como en la religión. Perls lo recupera para la terapia Gestalt y cuando habla de los conflictos de la persona señala que éstos proceden de la alienación, es decir, del rechazo a características personales que son vividas como negativas. Como consecuencia de esta vivencia nos vamos desprendiendo de partes nuestras, y empobreciendo nuestra personalidad. Lo nuevo en la perspectiva gestáltica es la concepción del individuo como una secuencia interminable de polaridades, unas aparecen en un momento y otras en otro pero todas están ahí y forman parte de nosotros. Podemos afirmar que cada parte de nosotros tiene su correspondiente opuesto.

Nos identificamos con una forma de ser concreta y rechazamos todo lo que no cuadre con esa imagen. Por ejemplo, si una persona se considera poco inteligente, no se atreverá a estudiar aunque lo desee; o si se considera una persona fuerte, no dejará que otros la ayuden ni podrá compartir con ellos sus dificultades. Así va creando una imagen parcial y pobre de sí misma que denominamos «identidad», sin saber que cada rasgo con el que se identifica también tiene su opuesto, y que la energía invertida en evitar lo negado resta fuerza y creatividad a esa persona.

La polaridad no aceptada se sepulta o bloquea por temor a lo que podría desencadenar, como ocurre por ejemplo en el temor a hacerse cargo de la propia agresividad o tristeza y a manifestarla.

La filosofía básica de la Terapia Gestalt es la integración, de modo que el trabajo terapéutico se ocupa de buscar aquellas polaridades que por estar en liza paralizan la capacidad de darse cuenta de la persona. El objetivo es integrar los rasgos «opuestos» para completarla. En el caso ya dicho de la agresividad, si no acepto mi agresión —la considero una emoción negativa en oposición a su opuesto socialmente aceptado— esta cualidad no podrá estar disponible cuando la necesite. Esto, además de perturbarme, dificultará la vivencia satisfactoria de la emoción opuesta.

Todas las emociones son valiosas para la persona porque nos dan información acerca de lo que nos está ocurriendo a nosotros y de lo que ocurre a nuestro alrededor, además de ser el motor que nos acerca o aleja de nuestras necesidades; de ahí que sea tan importante recuperar las emociones que consideramos negativas: tristeza, agresividad, ira, envidia...

Mostrar esos aspectos rechazados nos disgusta, nos avergüenza, nos asusta... de modo que invertimos mucha energía en que una de las partes de la polaridad permanezca oculta, la que menos encaja con nuestra imagen, la que nos parece que nos desvaloriza... y no nos damos cuenta de que si utilizáramos dicha energía a nuestro favor podríamos estar enteros en las experiencias de la vida disponiendo en cada momento de todos nuestros recursos y cualidades para responder creativamente a cualquier situación vital que se nos presente.



La psicoterapia nos invita a vivir plenamente cada aspecto de lo que llamamos una polaridad: ser flexible-ser firme, ser alegre-ser triste, interesarse por el ámbito de lo privado y de lo público para ir integrando como características propias aquellos aspectos rechazados y/o negados.
La diferenciación en opuestos es obviamente infinita, pero las consideradas clásicas en la práctica terapéutica gestáltica son las cinco siguientes:

  • Masculina y femenina. Perls la localiza en la mitad derecha e izquierda del cuerpo respectivamente. Neurológicamente se relacionan con el hemisferio lateral izquierdo (que rige la mitad derecha del cuerpo) y se considera el cerebro lógico-masculino, entendido metafóricamente: pensamiento racional, acción, fuerza,... y el hemisferio lateral derecho (que rige la mitad izquierda) y se considera analógico y femenino: emoción, receptividad, imaginación, fantasía, creatividad, instinto, ternura... Ambos aspectos son cualidades propias del ser humano, independientemente de su sexo.

  • Apoyo y relación. Que se localiza en la mitad inferior y superior del cuerpo: la parte inferior se relaciona con el autoapoyo, mientras que la superior tiene que ver con las relaciones con el entorno.

  • Resentimiento y aprecio. El odio y el amor no son dicotómicos ni incompatibles. Puedo amar a una persona por alguna de sus características y odiarla por otras. Por ejemplo, puedo apreciar su valentía, y a la vez temerla. En este sentido una de las reglas básicas de la Gestalt es anular el «pero» y sustituirlo por la conjunción «y»: «te aprecio por tu valentía y te temo por ella». De otro lado, el trabajo con los resentimientos es una constante en la Terapia Gestáltica, ya que son un ejemplo claro de situación inconclusa.

  • Perro de arriba y perro de abajo (topdog y underdog). Es la polaridad gestáltica más conocida y se relaciona con la lucha entre opresor y oprimido, entre amo y esclavo. Esta polaridad refleja los aspectos autoritarios y sumisos de la misma persona, dos partes en litigio que representan el juego neurótico por excelencia y generan mucho sufrimiento. El perro de arriba representa las normas dadas por padres, docentes, instituciones y personas importantes de nuestra vida, mientras que el perro de abajo es aquel que se rebela ante dichas exigencias. Por ejemplo, las exigencias sobre las tareas de la casa y las constantes excusas para no hacerlo que ponen los hijos. Este mecanismo, aprendido en la relación con las figuras de autoridad, se produce constantemente en nuestro interior. El «perro de arriba» se expresa en forma autoritaria, virtuosa, ejemplar, siempre tiene razón, exige, juzga, critica, amenaza... habla en términos de «tu deberías», mientras que el «perro de abajo» se muestra defensivo, adulador, víctima, justificándose constantemente y posponiendo sus compromisos. Ninguno de los dos aspectos es mejor o peor que el otro, es su intento por controlar lo que perpetúa la autotortura e impide que la persona crezca.

  • Contacto y retirada. Esta polaridad engloba al resto de las polaridades. Contactar es coger del entorno aquello que satisface cualquier necesidad. El hecho de respirar supone un contacto ya que necesitamos el oxígeno para vivir. En el campo emocional ocurre lo mismo dado que la persona necesita calor, afecto, sexo, intercambiar ideas, confrontar diferencias, etc. Retirarse es el movimiento inevitable tras el contacto satisfactorio. Es el momento del descanso y la preparación para lo siguiente. Retirarse es también una necesidad, por ejemplo en el caso de tener que escapar de un peligro; puede tratarse de algo emocional, como por ejemplo despedirse de un ser querido muerto, o de algo intelectual, cuando es necesario deshacerse de una idea fija.

Ante una polaridad hay que tratar siempre de establecer una diferenciación clara entre los opuestos, hacer que ambos polos se definan (si no lo están no cabe ni dialéctica, ni darse cuenta, ni integración); es necesario que extremen sus posiciones para poder reconocer quiénes son los contendientes, cuáles son sus cualidades, qué necesidades y deseos tienen, etc. Por ejemplo, en un conflicto entre intelecto y emoción, si la cabeza no expresa lo que quiere, lo que teme,... y el corazón no explica sus deseos legítimos, difícilmente vamos a poder establecer un diálogo entre ambos en el que se reconozcan, se escuchen, se entiendan y puedan llegar a algún tipo de acuerdo, aunque éste sea que no es posible el acuerdo por ahora. Algunas técnicas son: la silla vacía, la expresión de los sentimientos negativos para clarificar zonas de ambigüedad, la teatralización de una polaridad, la exageración, la amplificación...

Para concluir diremos que todos somos fuertes y débiles, valientes y cobardes, estrictos y laxos, autoritarios y sumisos... y que todas nuestras emociones son valiosas porque nos dan información acerca de lo que está ocurriendo en el presente. El trabajo terapéutico permite observar ambos lados de una polaridad, oscilar y dialogar entre ambos polos, sin apegarse y sin negar ninguno de ellos y así poder construir una verdadera identidad, más completa, menos dividida, más real y más acorde con nuestras potencialidades y nuestra realidad.



Jesús Ruiz de la Rosa
Gestalt: Psicoterapia y Formación

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