El Cuerpo Sexuado: Proceso histórico



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El Cuerpo Sexuado: Proceso histórico



*RAQUEL VALERO OLTRA
Reseña del taller: Comenzaré por una parte práctica o mejor dicho vivencial del taller, pasando luego a hacer una breve exposición teórica sobre el tema. Terminando con una puesta en común, donde se conjugarán los aspectos teóricos y vivenciales.
A partir de una serie de autores y de corrientes, se presentarán distintas concepciones de “cuerpo”, para terminar presentando lo que en sí nos interesa aquí, la construcción del “cuerpo sexuado”, el nuestro, en el transcurrir de los siglos, hasta la actualidad. Y finalmente, cómo ello lo podemos descubrir en cada uno y cada una de nosotr@s.
Esquema de la parte teórica:

Introducción a la Sexología


Distintas concepciones sobre el término “cuerpo”

El cuerpo sexuado: un proceso histórico.

Introducción

Antes de comenzar a explicar algunos puntos básicos que sustentan esta actividad, taller teórico-práctico o como cada una quiera llamarlo, creo oportuno exponer desde el campo que éste surge, en una palabra: “posicionarme”.



Pues bien, éste parte desde el amplio espectro de la: “Sexología”. Una Sexología interdisciplinar e instaurada como ciencia, desde el momento que tiene un objeto propio de estudio: el Hecho Sexual Humano.; es decir el hecho por el cual, el ser humano se hace, se vive y se expresa como ser sexuado. E interdisciplinar porque se nutre como otras ciencias, en especial las llamadas “ciencias humanas”, de diversos campos como son: la Psicología, la Sociología, la Biología, la Endocrinología, la Antropología..........................etc.
Distintas concepciones sobre el término “cuerpo”.
A continuación quisiera presentar una serie de concepciones que, desde distintos campos, se tiene sobre el cuerpo, como previo al discurso sobre el cuerpo sexuado.
Hace ya algunos años, aproximadamente unos 15, presenté dentro del curso de doctorado un trabajo teórico sobre el cuerpo, que llevaba por título “El cuerpo desatado”. Lo había titulado así, basándome en un capítulo de un libro llamado: “Del código al deseo”, que en aquellos momentos me ilustró mucho sobre el tema.
Entonces comencé planteando una serie de concepciones sobre el cuerpo para finalmente presentar la filosofía del movimiento corporalista, tendente a invertir esta proposición, frente a las raíces de nuestra cultura evidentemente judeo-cristiana, marcada profundamente por una desvalorización del placer y una exaltación del sufrimiento como único medio de autoconocimiento y crecimiento o evolución. Es decir aquí el placer pasaba a ser la ley básica de cualquier organismo vivo, además fuente de salud y de equilibrio. Este movimiento denuncia la alienación corporal hacia la que nos lleva nuestra civilización, exalta las posibilidades de nuestro cuerpo pulsional y desea liberar a éste del cepo de los códigos culturales y de las inhibiciones sociales.
*Psicóloga-Sexóloga. Directora de INTESEX (www.intesex.com)
Uno de los autores que comenzaba citando decía lo siguiente:
Uno de los rasgos más evidentes y característicos de la cultura contemporánea, es que nos hace descubrir la presencia y el valor esencial de nuestro cuerpo, a tal punto que algunos hablan de la “civilización del cuerpo” o incluso de un “humanismo del cuerpo”. Asistimos en nuestros días al florecimiento de un movimiento cultural que promueve tanto la renovación de los estudios sobre el cuerpo, como también y principalmente una transformación radical de nuestra actitud frente a él”. (“El cuerpo” de M Bernard).
Lo curioso de todo esto es que las palabras de este autor, que fueron escritas hace más de 20 años, siguen siendo de actualidad en estos momentos. Personalmente pienso que cualquier exageración que no contemple toda la realidad y sólo la parcialice, no favorece nuestro “mejor andar por el mundo”.
¿Qué quiero decir con esto? Pues que está muy bien contemplar un principio de placer, pero desgraciadamente sin un principio de realidad que de cuenta de todos los aspectos de la vida, difícilmente sabremos por donde andamos.

Por otra parte esta exaltación del cuerpo, a veces nos lleva también a crear tópicos, potenciados además por un bombardeo publicitario, y el planteamiento por todas partes de cómo ser y cuidar nuestro cuerpo, nos convertirá en esclavos de él, más aún a nosotras, las mujeres.


Braudillard, un famoso sociólogo francés decía en su libro La sociedad de consumo: “El cuerpo se ha convertido en el más hermoso objeto de consumo”. Y tenemos la siguiente parte, pobre la que no sea un hermoso objeto. Esto me trae a la mente un artículo de mi amigo Josep Vicent Marqués, también de aquel entonces, cuando escribía una columna en la revista del diario El País, que tituló “Venga ya, piérdanse”, en él hacía una crítica a la publicidad y a las modas, fruto todo del negocio oportunista de unas cuantas multinacionales que logran no sólo que transformemos o consigamos un cuerpo según sus intereses, sino a quien y como debemos desear y un largo etc.
Pero sigamos este recorrido y aunque de pasada presentemos algunas de las concepciones que se ha tenido de cuerpo en la historia de la humanidad.
Las primeras ideas y estudios surgen desde luego de la patología o de aspectos más biológicos o fisiológicos en si, hablándose más que de “cuerpo” de un esquema corporal.

El siguiente paso fue incluir aspectos más psicológicos, entrando ya en un enfoque psico-biológico, donde los estudiosos del tema hacen hincapié en que el niño a medida que va creciendo adquiere conciencia de su cuerpo, como una realidad distinta de los demás objetos y seres vivos.


Estas teorías a través de los siglos fueron evolucionando a concepciones en las que se entremezclan aspectos más psicológicos y sociológicos.

Merlau-Ponty nos plantea la siguiente pregunta ¿qué es lo que hace que mi cuerpo se presente a mi conciencia de esta o de aquella manera, en un determinado lugar y en un determinado momento, mientras conserva ciertos elementos adquiridos y excluye otros?

Y es que según este autor el espacio corporal no es algo neutro, sino que está cargado de valores y de significaciones claras. El cuerpo es eminentemente un espacio expresivo, es una forma de ser y estar en el mundo. Este es un enfoque fenomenológico del cuerpo.


Finalmente os presentaré la concepción psicoanalista del cuerpo, que evidentemente parte de las teorías desarrolladas por Sigmund. Freud, que plantea que vivimos nuestro cuerpo desde nuestra más tierna infancia como pulsión sexual; es decir que a medida que crecemos vamos pasando por distintas fases que están marcadas por una serie de zonas erógenas, que tendrá para distintas personas distinto predominio de una sobre otras y que el alcance de esto dará una evolución sexual particular. En unas palabras cada niño o niña vivirá su cuerpo según la singularidad o particularidad de su propia historia, según las experiencias personales de satisfacción o frustración de su libido (pulsión o instinto sexual) que haya tenido en su vida.
Para dar más luz a esto podríamos decir que según las experiencias vividas de satisfacción o frustración que se haya tenido desde el nacimiento hasta la adolescencia se irá construyendo la conciencia de cuerpo, el deseo, la forma particular de acceder al placer o de vivir la sexualidad....................etc.

El cuerpo Sexuado: un proceso histórico.
A partir de aquí presentaré el grosso de mi exposición: El cuerpo sexuado y su proceso histórico.

Como ya he hecho referencia al principio mi discurso tiene como base a la sexología y a los estudios e investigaciones que parten de esta ciencia.


Mi idea en estos momentos no es cerrar puerta, ni ventanas, ni encasillar como a lo largo de los siglos se ha venido haciendo con cualquier objeto de estudio. Mi idea estaría más en una línea de apertura, de posibilitar nuevas vías, de ampliar nuevos horizontes, quizá en la medida de lo posible, de hacer: un cambio de cuerpo, que nos permita todo esto. Pero eso si, un cuerpo a nuestra medida, según nuestras posibilidades y nuestros límites, sin restricciones ni imposiciones desde fuera.........
Ahora cualquier intento de construcción de un nuevo cuerpo, no puede, ni debe olvidar el pasado que ha comprometido el que actualmente tenemos. Por ello, voy a intentar, aunque sea de forma breve y algo apresurada, analizar algunos elementos que han codificado nuestro cuerpo, que lo han estructurado como hoy se encuentra.
Empezaré planteando la concepción de cuerpo que hace años nos presentó nuestro profesor de Sociología, Marcos Sanz, en mi formación como sexóloga: “entendemos el cuerpo, como resultado histórico de la intervención cultural sobre los datos biológicos”.
A partir de ahí analizaremos algunos de esos datos culturales que ha generado este cuerpo sexuado que tenemos.
Nuestra cultura de raíces judeocristianas, de clara influencia platónica, ha estructurado un cuerpo codificado, normativizado por unos valores, unas normas, una moral, un código que han generado un cuerpo en el que la sexualidad se vive como dualidad, tensión, lucha, esfuerzo, ambivalencia, angustia..........etc.

Esa dualidad ha cercado, atrapado nuestro cuerpo entre lo bueno y lo malo, el dolor y el placer, la carne y el espíritu................y que aparece como una constante a lo largo de todo el proceso de nuestra cultura occidental.


Si nos remontamos a la Prehistoria de la sexualidad, que E Amezúa denominará del “Locus genitales”, donde el interés se centra esencialmente en los genitales, tenemos que la mujer no se presenta como sujeto sino como objeto frente al hombre. Su valor como sujeto sexuado sólo tendrá sentido en cuanto en tanto sea fértil; es decir en su capacidad procreadora. A lo largo de los siglos se ha mantenido esta situación donde el hombre era sujeto y la mujer objeto.

Según mi parecer hasta el siglo XX no ha habido un intento de cambio en los roles sexuales de hombres y mujeres, aunque otros autores lo remontan a la Ilustración, entre ellos Amezúa, que denominará a esta nueva etapa la de “las identidades”, donde cada sexo se plantea su propia identidad y pasa a ser sujeto frente al otro. Realmente es la mujer la que se plantea su identidad y por efecto dominó el hombre empieza a cuestionarse la suya. Aún estamos en ello.


Una vez analizada a grandes rasgos, la historia de la sexualidad y por lo tanto también el lugar que ocupaba el cuerpo en ella, pasaremos a presentar otra serie de aspectos que han contribuido a la construcción de éste, como se nos presenta hoy.
Volvemos a remontarnos al pasado, pero esta vez sólo nos iremos al siglo XIII, en plena época de los Trovadores, por considerar que es de suma importancia lo que heredamos de ellos. Estos con sus poesías y cantares dieron paso al mito del Amor Pasión o Amor Cortés, como entonces se denominaba.
Denis de Rougemont en su obra “El amor y Occidente” dirá:
La historia de la pasión de amor, en todas las grandes literaturas, desde el siglo XIII hasta nuestros días, es la historia de la degradación del mito cortés en la vida “profanada”. Es el relato de las tentativas cada vez más desesperadas que hace Eros para reemplazar la trascendencia mística por una intensidad emocional”.

Desde entonces, la pasión se ha convertido en la base de toda vivencia sexual, y seguimos manteniendo una moral, una erótica, un cuerpo, en que la pasión es el elemento clave de toda relación; es decir en querer mantener eternamente esa sensación de enamoramiento que se tiene al principio de cualquier relación, donde la fantasía juega el papel principal. Donde los elementos fantaseados superan a la realidad de la situación y también a la de la otra persona. Esos momentos de sentirse flotando y creer que el otro es como tú siempre has soñado. Esos momentos de idealizar al otro y a la situación vivida, más allá de cualquier posibilidad.


Y es así, que hay personas que se niegan a aceptar la realidad, persiguiendo eternamente esa sensación de enamoramiento, ese sentimiento de pasión. A tal punto llega esto, que la mayoría se niega a aceptar la realidad: de la “no existencia del ideal del yo”. Además reconocer que la construcción de un amor, de una pareja se hace día a día, valorando las cosas que nos gustan de la otra persona, y aceptando lo que no nos gustan, proceso que sería conveniente comenzar en nosotro/as mismo/as. Al no suceder esto, la relación nos decepciona, viviéndola con resignación y frustración el resto de la vida, o buscando incansablemente en cada nueva pareja, la permanencia de ese estado.
El siguiente concepto también nos llegará del Amor Cortés: “la fidelidad”, que sigue siendo hoy en día, uno de los sustratos básicos de las relaciones de pareja. Aunque hay que reconocer que según el sexo que sea, tiene más peso o menos. En esa obligación y no en la elección, van a surgir esas dobles morales, donde muchas veces, una cosa es lo que se dice y otras lo que se hace. Se sabe que no tenemos unos cuerpos monogámicos; es decir pueden gustarnos y hasta desear más de una persona a la vez, la cultura, las normas nos acotan y el resultado está a la vista. Aquí no propongo nada, sólo constato una realidad. Ahora eso no quiere decir, que esta situación se viva, sin culpa en general.
Junto a este concepto encontramos los celos y la necesidad de posesión de la otra persona, que constriñe la relación y a veces la hace insostenible, o por lo menos siempre a punto de la ruptura.
En España durante el siglo XIV, nos encontramos con dos corrientes claramente opuestas dentro de la literatura, que generalmente suelen ser el reflejo de la sociedad y las costumbres de la época.

Por un lado tenemos el libro del “Buen Amor” de Arcipreste de Hita, que nos presenta al amor y a la sexualidad anegados de alegría y gozo, por otro “La Celestina” de Fernando Rojas, donde la vida y el amor acaban siendo tragedia. Este último elemento será el que más perdurará en la historia de las relaciones amorosas. De hechos todos podemos constatar que se consideran grandes amores y hasta grandes películas románticas, aquellos y aquellas donde la relación en sí acaba en tragedia o como dicen algunos “acaban mal”. Parece ser que los amores que duran, son siempre los mediocres.


Y es así como los amores trágicos son sobrevalorados en nuestra cultura occidental y es posible que también en alguna otra.

Podría relataros mi experiencia en ciertos talleres que coordiné hace unos años en distintos institutos de Bachillerato de Valencia, cuando trabajaba para un Centro de Planificación Familiar Público, como sexóloga y que titulé “La mejor historia de amor”, en el cual los chicos y chicas tenían que escribir después de una fantasía dirigida, su propia historia fantaseada. Bueno pues pude constatar que a pesar que se llamaba “la mejor.....”, la mayoría tenía un final trágico o acababa mal.


En el siglo XVI nos encontramos con una corriente que deja su huella en la literatura y cuyos escritores se denominaban “libertinos”. Estos quisieron oponer una moral natural o una moral reveladora.
Pero será en el siglo XVIII donde nos encontraremos a los grandes sibaritas de todos esos siglos, aquellos que intentaron efectuar una síntesis entre el amor único y el libertinaje. Entre ellos podemos destacar al Marqués de Sade y Sacher-Masoch, que más que por su vida y por sus obras, nos interesan aquí porque han dado nombre a dos aspectos de nuestra sexualidad, fuertemente arraigados en ella. De sus nombres se deriva dos términos, ampliamente conocidos por todos “sadismo” y “masoquismo”.
Sería interminable la lista de aspectos y momentos, tanto del pasado como del presente, que han dado lugar a estructurar un cuerpo sado-masoquista. Desde las noticias de los telediarios, las películas que se mantienen en cartelera, la mayoría de las relaciones interpersonales y como no, en las relaciones de pareja. Éstas, cotidianamente están inmersas en ello, no es necesario aludir al maltrato, ni es necesario aludir a un sexo u otro (además ese sería otro tema a tratar). Lo cierto en el día a día se va plasmando esta realidad, a veces, la mayoría quizá, ocurre soterradamente, sin que seamos plenamente conscientes de ello, y lo que es peor, es que no sabemos salir de ahí.
En el siglo XIX vamos a tropezar con otro elemento clave en la construcción de nuestro cuerpo actual: “el romanticismo”.

Desde entonces un amor que no esté impregnado de romanticismo, no tiene el mismo valor, más bien carece de éste. Este aspecto, aunque se valore así en general, son las mujeres las que más hincapié ponen en la necesidad de la existencia de él. De hecho, la literatura y el cine llamado romántico están generalmente dedicados al público femenino. Y no olvidemos, además, el éxito que tienen las canciones y los cantantes románticos, que hacen soñar a los enamorados y a muchas personas, en especial mujeres, que son incapaces de vivir su realidad, carente de ese romanticismo.


Y porque dejarnos atrás una época más actual, pero no menos influyente (el siglo XX): con el apogeo del Capitalismo y su repercusión en las relaciones sexuales. Sólo hay que constatar la fuerte carga de apropiación (propiedad privada) del cuerpo del otro/a en las relaciones sexuales o de pareja, por no hablar también del campo de lo acumulativo (aumento de capital), pues se valora más lo cuantitativo de la relación (número de coitos, cantidad de orgasmos....) frente a una relación sexual cualitativa; es decir donde la calidad de ésta, sea lo importante.
Después de este breve repaso histórico, volvamos al principio y continuemos con esa primera idea, de la posibilidad de un “cambio de cuerpo”. El siglo XX, lleno de cambios, de invenciones, de descubrimientos ha sido incapaz de elaborar un nuevo código que nos permita conseguir una nueva forma, más creadora y gozosa de “vivir nuestra sexualidad”. El actual siglo XXI tampoco lleva visos de hacerlo.
La trampa en la que se cayó en el siglo XX, quizá también esté pasando ahora, es haber querido vivir una sexualidad libre o liberada, manteniendo un cuerpo esclavizado, normativizado que quizás muchos y muchas ya no queremos que sea el nuestro, pero que sin embargo mantenemos interiorizado, somatizado y no es muy difícil salir de él.
A este cuerpo nuestro se le sigue exigiendo ser: monogámico, genital, heterosexual, pasional, sadomasoquista, romántico, posesivo, competitivo, tendente a la tragedia y a la culpa..........................etc.
La idea de un cuerpo distinto implicaría un cuerpo integrado con más horizontes o con los que cada uno eligiera o tuviera como propio, donde se pudiera dar todos los modos, matices y peculiaridades individuales en la vivencia como “ser sexuado” y como no desde luego, en el vivir en general.
Mi planteamiento estaría en fomentar una sociedad que no estuviera basada en el principio de rendimiento, que no tendiera a transformar el cuerpo en máquina, que no diera paso a una civilización esquizoide tendente a favorecer la divergencia entre la carne y el intelecto, entre lo interior y lo exterior, entre lo íntimo y lo social; en una palabra entre el cuerpo y la mente. Más claro aún, entre lo racional y lo emocional.
Mi planteamiento estaría en integrar todas las partes y vivir nuestro cuerpo como una globalidad, donde se irían sucediendo los distintos hechos de nuestra vida, donde de alguna manera se iría escribiendo “nuestra historia personal”, y como no desde luego, construyendo “nuestro yo”, como un todo.
Y en este punto, retomo las palabras de Marcos Sanz: “el cuerpo es el resultado histórico de la intervención cultural sobre los datos biológicos”. Desde nuestro punto de vista y a modo de esclarecer más esta afirmación, podríamos decir: “somos un cuerpo, más que tenemos un cuerpo”, y de esta forma no sólo nos hacemos más conscientes de él (nuestro cuerpo) y de quienes somos, sino que empezamos a responsabilizarnos de “nosotro/as mismo/as” y de nuestro propio proceso.
A lo largo de la historia y más concretamente de “nuestra historia”, crecemos no sólo físicamente, no sólo a partir de una base biológica, que sigo manteniendo es uno de los puntos de partida, sino psíquica, social y sexualmente sobre una base cultural heredada a través de los tiempos, con un programa filogenético inscrito (según palabras del famoso investigador americano: John Money), que modula nuestra realidad actual , y que a veces desgraciadamente dificulta nuestro avance y hasta nuestra libertad de movernos a “nuestro aire”.
Estamos haciendo referencia a ese “inconsciente colectivo”, herencia de nuestros antepasados, a veces tan necesario y enriquecedor, pero también una traba en muchas ocasiones, demasiadas quizá para vivir nuestros deseos, abrir nuestros horizontes y disfrutar de nuestras posibilidades. Ya que éste anclado en nosotros, transmisor de tantos siglos, nos introduce en un mundo de contradicciones y de fantasmas.
Y así nos encontramos deseando, teorizando sobre un sin fin de cuestiones, que luego somos incapaces de llevar a la práctica. A veces, nos paralizamos sin encontrar motivo; otros, entramos en momentos de pánico, de confusión, de sobresaltos......... etc. De alguna manera ese “baúl de los recuerdos”, parte heredada y otra construida con las experiencias de nuestra vida (seguimos hablando de “nuestro inconsciente”), nos juega malas pasadas, constantemente. Y es así que en muchos momentos, quizá demasiados aquí también, nuestras ideas, nuestras teorías se nos vienen abajo, porque “nuestro ser emocional” es incapaz de integrar, de vivirlas, en una palabra.
Los proyectos educativos de hoy, por más revisiones que hagan, siguen siendo cognitivos en exceso (sólo interesa adquirir conocimientos en diferentes materias, cada día más técnicas y específicas) , no dando paso otra serie de actividades y adquisiciones que propicie a un saber vivir con mayor calidad y entendimiento del otro/a; es decir con mayor humanidad. Y que se entienda bien, que aquí no hacemos referencia a esa “calidad” en cuanto cosas materiales, que eso ya lo fomenta bien el consumismo existente en la sociedad actual. Hablamos de otra clase de calidad más profunda e intimista, que incorpora lo emocional como valor a promocionar. Esa que puede dar paso a la construcción de cuerpo que aquí estamos planteando.
Cualquier proyecto educativo que se plantee incidir en la gestación de un futuro cuerpo distinto, con actitudes y expresiones más coherentes a éste, no sólo en lo sexual, sino en todos los niveles de la vida, no deberá olvidar por un lado el referente histórico, que nos da las claves para entender nuestras formas de ser y estar en el mundo, como también de vivir nuestra sexualidad, y por otro el referente de “corporalidad”, que nos hace sentir en la propia piel, como hemos integrado el proceso histórico de forma personalizada y cuales son nuestros deseos y nuestras necesidades particulares en la actualidad.
Probablemente haya que pasar de la “dualidad” hacia una “integridad polarizada”; es decir cambiar el continuo de hombre-masculino y de mujer-femenino por forma distinta que parte del concepto de persona integrando la polaridad masculina-femenina.
En esta sociedad, a lo largo de los siglos, el hombre ha encaminado su desarrollo hacia la masculinidad (la fuerza, la autonomía, la inteligencia, el control, los aspectos racionales...) y se ha movido principalmente en el ámbito de lo público. La mujer en cambio, lo ha hecho hacia la feminidad (la ternura, la comprensión, la sensibilidad, los aspectos afectivos y emocionales....) y ha estado inmersa en el ámbito de lo privado. No hay duda que en estas últimas décadas tanto del siglo XX, como del principio del XXI, han habido cambios, a veces podríamos decir que hasta espectaculares, pero las mujeres y los hombres seguimos divergiendo en más aspectos que convergemos y sigue existiendo la “guerra de los sexos”. Todavía podemos escuchar la mala prensa que un sexo hace del otro “todos los hombres son unos.....” o “a las mujeres no hay quien las entienda” y así un sin fin de frases que ruedan por ahí. Y es que ciertamente, a pesar de todo, seguimos manteniendo una educación dual y poco equitativa (no entro en quien sale perdiendo o ganado, porque eso tendría distintos análisis) y que además nos encamina a un difícil entendimiento.
Desde aquí creemos que lo interesante sería integrar esas polaridades, constructos culturales impuestos a uno y otro sexo, como única opción, y que cada uno/a se permitiera desarrollar más o menos sus potencialidades, según su propio deseo u circunstancias.
Probablemente en educación, como en tantos otros aspectos de la vida y desde luego en la sexualidad, tengamos que evolucionar de un discurso cientificista, a un discurso científico-artístico, pasando de una pedagogía de las habilidades, de las aptitudes sexuales en este caso a las actitudes sexuales.
Y desde luego como tantas veces repite un compañero mío, sexólogo, Just Valls:

Centrarnos en lo cualitativo frente a lo cuantitativo.

Sustituir el rendimiento por goce.

Vivir el goce y no sólo la pasión.

Dejar de centrar la sexualidad exclusivamente en la genitalidad.

Vivir la ternura asociada al goce,.......etc......etc.
Quizá en unas palabras sería sencillamente “dejarnos sentir, integrar en nuestro cuerpo todas nuestras vivencias, deseos, fantasías, sensaciones, pensamientos..............Integrar lo emocional y lo racional en un mismo discurso. No olvidar que la imaginación nos transporta a lugares insólitos, pero que por la piel también se disfruta y se aprende. Y a partir de ahí, cada uno/a que con u piel o/y con su imaginación llegue en su vida, hasta donde quiera o sus límites se lo permitan.
Valencia a 10 de Marzo de 2005






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