El Corazón de la Meditación Budista


CAPITULO VI Atención a la Respiración (ánápána-sati)



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CAPITULO VI

Atención a la Respiración (ánápána-sati)

Instrucciones para la práctica

Puede, sin embargo, haber quien, por diversas razones, prefie­ra elegir la respiración como objeto primario de la atención, bien sea para obtener previamente las Absorciones o para el desarrollo directo de la Visión Cabal. Incluimos en su beneficio unas breves instrucciones sobre la «Atención a la Respiración» (ánápána—sati). Están basadas en la sección correspondiente del Satipatthána­Sutta. En El Sendero de Purificación (Visuddhi Magga) se ofrece otro método de práctica en el que se comienza por contar las res­piraciones.

Hemos dicho anteriormente que para practicar la Atención a la Respiración es preferible la postura del Loto, con las piernas totalmente entrelazadas, aunque no sea de absoluta necesidad. Hemos advertido también que no debe haber ningún tipo de in­terferencia en la respiración; en la práctica budista no hay ningu­na retención o detención del proceso respiratorio, ni una profun­dización deliberada ni ningún intento de imponerle un ritmo de­terminado. Lo único que hay que hacer es seguir el flujo natural de la respiración atenta y continuadamente, sin rupturas de la atención o sin que éstas pasen desapercibidas. El punto en el que se fija la atención son las ventanas de la nariz, que es donde roza el aire al respirar, y no se debe abandonar este punto de observa­ción porque en él se siente fácilmente la entrada y la salida del aire. No se debe, por ejemplo, seguir el aire en su recorrido de ida y vuelta dentro del cuerpo, puesto que ello distraería la atención desviándola hacia las varias etapas del recorrido respiratorio. Pue­de haber fluctuaciones en lo que se refiere al punto en que se per­cibe con claridad el contacto del aire; puede haber variaciones en­tre una y otra ventana de la nariz; pueden existir también deter­minadas diferencias individuales según la longitud de la nariz o lo anchas que sean sus ventanas. Uno debe simplemente notar estas fluctuaciones y diferencias sin entrar en más detalles, limitándose a atender a la respiración en sí misma dondequiera que vaya ha­ciéndose sucesivamente más perceptible.

Aunque la atención se mantiene en su puesto de observación habrá, sin embargo, debido a la ligera presión del aire, una cons­ciencia más o menos clara del paso de la respiración a través del cuerpo, pero no debemos prestarle directa atención. De la misma manera que el ojo, aunque esté enfocado sobre un objeto determi­nado, abarca en su campo de visión otros objetos cercanos, así también tiene la atención una cierta extensión de su radio de acción más allá del centro elegido. En la antigua literatura budista existe un símil muy adecuado: si un hombre sierra un tronco de madera, su atención estará concentrada en el «punto de contacto» de los dientes de la sierra y el tronco, pero será también conscien­te de las idas y, venidas de la sierra más allá de ese punto, sin pres­tarles, empero, ninguna atención especial.

Los principiantes cometen a menudo el error de estar dema­siado tensos o cohibidos cuando dirigen su atención a la respira­ción. Si la atención se fuerza de este modo, dando una especie de salto interno, como si se abalanzase uno sobre una presa, se estará totalmente desconectado del delicado proceso respiratorio. Lo que hay que hacer, tras acabar la contemplación o haber formulado la aspiración iniciales, es dirigir la atención tranquilamente hacia el flujo natural de la respiración y seguirle, participando de su ritmo regular. No se requiere ningún acto enfático de la voluntad. (¡Voy a captar la respiración!), pues sólo serviría de obstáculo.

En la sección pertinente del Sermón se dice en primer lugar: «Al hacer una respiración larga (o corta) sabe "estoy haciendo una respiración larga (o corta)".» Esto no quiere decir que se deba deliberadamente alargar (o hacer más profunda) o acortar la respiración, sino que se debe, simplemente, notar si es relativamente más larga o más corta en el momento de observarla. El meditador, con absoluta naturalidad, llegará a ser consciente de estas diferencias que se producen en el proceso respiratorio, así como de otros muchos detalles, una vez que se haya acostumbra­do a vigilar atentamente la respiración. Sucede lo mismo que con cualquier percepción, por ejemplo, la de un objeto visual; cuanto más íntima y sostenida sea la observación, muchos más detalles se revelarán que habían pasado desapercibidos en una mirada super­ficial.

Con una práctica regular y diligente, el meditador debe capa­citarse, en primer lugar, para mantener la atención en el flujo res­piratorio durante un periodo de tiempo cada vez más largo, sin` rupturas o (al principio) sin que esas rupturas pasen desapercibi­das. Cuando pueda mantener la concentración durante veinte mi­nutos con una cierta facilidad, podrá notar todavía más detalles del proceso observado. Se distinguirá mejor el hecho de que inclu­so el momento más efimero de una sola respiración tiene una duración temporal, un inconfundible principio, medio y final del movimiento. Esta observación llevará a un perfeccionamiento ul­terior de la práctica.

Es posible que el meditador se dé entonces cuenta de que su atención no es igualmente clara y aguda durante las tres fases de una respiración. Las naturalezas lentas, por ejemplo, tras observar la fase final de una respiración, pueden perder la primera fase de la siguiente al no ser lo suficientemente rápidas como para acudir a ella inmediatamente; o, debido a la ansiedad de no perder el co­mienzo de la siguiente respiración, uno puede, inconscientemen­te, distraerse de la fase final de la precedente. Nos puede servir de ejemplo un consejo de múltiples aplicaciones que encontramos en las escrituras budistas: «Ni quedarse corto ni pasarse de la raya».

Puede considerarse que se ha dado un paso adelante en el de­sarrollo de la atención y la concentración cuando se noten estas sutiles diferencias en la vigilancia y claridad de la atención. Estas observaciones proporcionarán además al meditador un útil auto­conocimiento, que le ayudará a ajustar sus disposiciones mentales tal y como se requieren para un esfuerzo bien equilibrado que evi­te tanto la desidia como la tensión.

Junto con la percepción de las fluctuaciones en la aplicación de la atención surgirán en el meditador el deseo y el esfuerzo para remediar las deficiencias. Procurará mantener su atención a un nivel uniforme durante las tres fases de la respiración. Cuando lo consiga, el meditador habrá practicado según el tercer ejercicio del Sermón: «Consciente de todo el cuerpo (respiración), inspira­ré—espiraré».

El doble esfuerzo —de vigilar sin interrupción la secuencia respiratoria y de prestar igual atención a todas las fases de la res­piración— puede dejar trazas de tensión o de vibración en el pro­ceso respiratorio y en la mente que lo observa, lo cual será notado cuando aumente nuestra capacidad de estar alerta. Y de nuevo, implícitos en esta observación, estarán el deseo y el esfuerzo de calmar aún más los procesos mental y respiratorio involucrados. Esto constituye el cuarto y último escalón de la práctica tal y como se menciona en el Sermón: «Calmando la función corporal (de respirar), inspiraré—espiraré (20)». Se necesitará, sin embargo, perseverancia en la práctica para que todos estos estadios sean un logro seguro del meditador y pueda entrar en ellos con relativa facilidad. Una vez obtenido esto puede esperarse realizar nuevos progresos.

(20) Algunos de los comentarios que acabamos de hacer relativos a la «Aten­ción, a la Respiración», se aplican también a la atención dirigida al movimiento abdominal, especialmente la que se refiere a las tres fases de un solo movimiento.

Es también al llegar a este punto de Calmar la Respiración que se separan temporalmente las dos ramas principales de la medita­ción budista (Samatha y Vipassaná).

Si el meditador aspira el logro de las absorciones (jhána) pro­fundizando en la Tranquilidad (samatha), debe continuar el pro­ceso de Calmar y hacer la respiración todavía más tenue y sutil y su flujo más suave. Aunque debe asegurarse de que su atención abarca siempre las tres fases de la respiración, no debe prestarles una atención individualizada. En este punto, cualquier examen y observación discriminativa sería un obstáculo. Cuando se aspira a la Absorción, uno debe, por decirlo así, dejarse flotar con el flujo ondulante de la respiración. Si se persevera en esta práctica, se in­crementará la concentración de la mente y en su momento podrá aparecer una imagen mental simple (nimitta), como una estrella, etcétera, anunciando la plena absorción. Ahora bien, la aparición de imágenes complicadas y diversas o de visiones no es signo de progreso y cuando se produzcan habrá que limitarse a notarlas y descartarlas.

Cuando se dedica un día entero, o medio día, a la práctica que aspira a la Absorción, la atención debe estar presente constante­mente, pero sólo de una manera muy general, sin fijarse en los de­talles. Por ejemplo, al caminar debe hacerse con atención, pero sin subdividirlo en fases como hacíamos en la práctica de la Vi­sión Cabal. Con un escrutinio minucioso de los detalles, la mente se dedica con demasiado interés y ahínco a una multiplicidad de objetos, en tanto que aquí el propósito debe ser la unificación y tranquilidad de la mente.

Pero si, tras haber llegado al estado de Calma, el meditador de­sea seguir el camino directo de la Visión Cabal, entonces debe prestar una atención muy marcada a cada una de las fases de la respiración, en particular al principio y al final, y deben observar­se atentamente todos los objetos secundarios y generales de la atención, tal y como explicamos anteriormente (ver pág. 108). No es, pues, más que un ligero cambio en el enfoque de la atención lo que señala las diferencias entre los métodos del desarrollo del Jhána (Absorción) y el de la Visión Cabal.

Cuando, en la práctica de la Visión Cabal, el meditador haya. obtenido cierta destreza en lograr el estado de Calma, llegará un momento en que tendrá consciencia de que están involucrados dos procesos: el proceso fisico (rúpa) de la respiración o del movi­miento del abdomen y el proceso mental (ni ma) de su conoci­miento. Aunque en teoría esto es totalmente evidente, la mente, antes de obtener facilidad para la concentración, estará demasiado ocupada con el objeto de la atención como para ser consciente de su propia actividad. Si mediante la repetición la consciencia de esos dos procesos se ha fortalecido, ambos se manifestarán con re­gularidad como una progresión de los fenómenos físico y mental: respiración—conocimiento, respiración—conocimiento.

Al continuar con el esfuerzo llegará un momento en el que la fase final de cada respiración o del movimiento del abdomen re­saltará con fuerza, mientras que las otras fases pasarán a segundo término. La línea divisoria entre el final de una respiración o mo­vimiento y el comienzo de la siguiente estará muy marcada y el he­cho de la cesación hará profunda impresión en la mente del meditador. A partir de este punto se puede de nuevo esperar realizar nuevos progresos.

Estos dos grados —la progresión pareja y la premininencia de la fase final— se desarrollan naturalmente al progresar la meditación. No se pueden «forzar mientras esté en marcha el proceso observado, pues ello supondría una ruptura de la atención, sino que son el resultado legítimo de una práctica diligente. En las instrucciones orales, el maestro de meditación no habla de estados no alcanzados todavía por el discípulo, pero en esta exposición escrita hay que hacerlo para ofrecer algunos hitos o criterios de progreso al meditador que carezca de contacto personal con un maestro. Aunque la guía del maestro experto es preferible, un meditador serio puede perfectamente progresar en su esfuerzo solitario si se dedica a la práctica con vigilancia y rigor crítico.



El Gran Sermón sobre

los Fundamentos de la Atención

El texto básico

 Maha Satipatthana Sutta

NAMO TASSA BHAGAVATO ARAHATO SAMMA SAMBUDDHASSA

Los Fundamentos de la Atención

 

Así lo he oído. En una ocasión vivía el Buda entre los Kurus, en Kammásadamma, una ciudad de mercado de los Kurus.



Allí el Bienaventurado se dirigió así a los monjes: «Monjes», y ellos le contestaron: «Venerable Señor». Y el Bienaventurado habló como sigue:

Monjes (1), el único camino para la purificación de los seres, para la superación de la pena y las lamentaciones, para la destrucción del dolor y de la aflicción, para alcanzar el recto sendero, para la realización del Nibbána es éste: Los Cuatro Fundamentos de la Atención.

¿Cuáles son esos cuatros? He aquí que (en esta enseñanza) un monje medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo (2), fervoroso, comprendiendo claramente y atento, superando la codicia y la aflicción inherentes al mundo; medita practicando la contemplación de las sensaciones en las sensaciones, fervoroso, comprendiendo claramente y atento, superando la codicia y la aflicción inherentes al mundo; medita practicando la contemplación de la mente en la mente (3), fervoroso, comprendiendo claramente y atento, superando la codicia y la aflicción inherentes al mundo; medita practicando la contemplación de los objetos mentales en los objetos mentales, fervoroso, comprendiendo claramente y atento, superando la codicia y la aflicción inherentes al mundo.

1. Monjes. Pali: bhikkhave (plural), bhikkhu (singular). Un bhikkhu es aquél que ha recibido las Ordenes Mayores (upasampada) en una orden monástica budista (sangha) basada en la aceptación del Código de Disciplina (vinaya). En este contexto, sin embargo, el Comentario dice: «Bhikkhu se emplea aquí como ejemplo de aquellos que están dedicados a la práctica de la Enseñanza... Cualquiera que emprenda esta práctica..., se halla comprendido bajo el término Bhikkhu».

2 Las frases «practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo», «la contemplación de las sensaciones en las sensaciones», etc. se repiten para hacer bien comprender al meditador la importancia de permanecer atento y consciente de sí. La atención dirigida al objeto determinado que se ha elegido se sigue manteniendo fija en él, y no se ha desviado al campo de otra Contemplación. Por ejemplo, al contemplar cualquier proceso corporal el meditador, inconscientemente, puede desviarse hacia la consideración de sus sensaciones conectadas con ese proceso corporal. Debe entonces ser plenamente consciente de que ha abandonado su objeto principal y que se ha entregado a la contemplación de sensaciones.Ver pág. 38.

3 En la I .a parte de este libro, los términos palis «mente» (citta) y «objetos mentales» (dhamma) han sido traducidos libremente por «estado de la mente» y «contenido mental» respectivamente, a fin de expresar más claramente su significado.



I. La Contemplación del Cuerpo

1. Atención a la Respiración

Monjes, ¿cómo medita un monje practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo?

Monjes: he aquí que un monje va al bosque, al pie de un árbol o a un lugar solitario, se sienta con las piernas cruzadas, mantiene su cuerpo erguido y su atención alerta (4). Atento aspira y atento espira.

Al hacer una aspiración larga, sabe: «hago una aspiración larga»; al hacer una espiración larga, sabe: «hago una espiración larga». Al hacer una aspiración corta, sabe: «hago una aspiración corta»; al hacer una espiración corta, sabe: «hago una espiración corta». «Consciente de todo el cuerpo (respiración) aspiraré», así se ejercita. «Consciente de todo el cuerpo (respiración) espiraré», así se ejercita; «calmando la función corporal (de respirar), aspiraré», así se ejercita; «calmando la función corporal (de respirar), espiraré», así se ejercita.

De la misma manera que un tornero experto o un aprendiz sabe al labrar una voluta grande: «estoy labrando una voluta grande», o al labrar una voluta corta sabe: «estoy labrando una voluta corta», así el monje al hacer una aspiración larga, sabe: «hago una aspiración larga»; al hacer una espiración larga, sabe: «hago una espiración larga». Al hacer una aspiración corta, sabe: «hago una aspiración corta»; al hacer una espiración corta, sabe: «hago una espiración corta». «Consciente de todo el cuerpo (respiración), aspiraré; consciente de todo el cuerpo (respiración), espiraré», así se ejercita. «Calmando la función corporal (de respirar), aspiraré; calmando la función corporal (de respirar) espiraré», así se ejercita.

Así medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo, interna o externamente, o tanto interna como externamente (6). Medita contemplando los factores del origen del cuerpo(7), o medita contemplando los factores de disolución (8) del cuerpo, o medita contemplando tanto los factores del origen como los de disolución' del cuerpo, o tiene consciencia de que «hay un cuerpo» (10) en el grado necesario para el conocimiento y la atención (11). Medita con independencia (12), sin apegarse a nada en el mundo. Así es como el monje medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo.

4. Literalmente «poniendo la atención enfrente».

6. Internamente: contemplando su propia respiración; externamente, contemplando la respiración de otro; interna y externamente, contemplando su propia respiración y la de otro alternativamente, con atención ininterrumpida.

7. Los factores originantes (samudaya—dhamma), o sea, las condiciones del origen de la respiración son: el cuerpo en su totalidad, las fosas nasales y la mente.

8. Los factores disolvente vaya—dhamma) son: la disolución del cuerpo, las fosas nasales y la cesación de la actividad mental.

9. La contemplación de ambos, alternadamente.

10. Es decir, sólo existen procesos corporales, sin un alma, un ser o una substancia permanente. La fase correspondiente en las siguientes contemplaciones debe comprenderse de acuerdo a esto.

11. Conocimiento significa aquí la cuádruple Clara Comprensión (ver pág. 52). Atención es la Atención Pura. El meditador debe esforzarse por mantenerse dentro del terreno y del propósito propios de este tipo de práctica. No debe ser desviado por reflexiones, emociones o imágenes mentales evocadas por las Contemplaciones; si surgen deben ser someramente notadas y abandonadas.

12 Con independencia del deseo y de puntos de vista equivocados.

 

2. Las posiciones del cuerpo

Asimismo, Monjes, cuando un monje camina sabe: «estoy caminando»; cuando permanece en pie, sabe: «estoy en pie»; cuando está sentado sabe: «estoy sentado»; cuando se tumba, sabe: «estoy tumbado», y también tiene consciencia de cualquier otra posición—del cuerpo.

Así medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo, interna o externamente, o tanto interna como externamente. Medita contemplando los factores del origen del cuerpo, o medita contemplando los factores de disolución del cuerpo, o medita contemplando tanto los factores del origen como los de disolución del cuerpo (13). 0 tiene consciencia de que «hay un cuerpo» en el grado necesario para el conocimiento y la atención. Medita con independencia, sin apegarse a nada en el mundo. Es así como el monje medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo.

13 En todas las Contemplaciones del cuerpo, excepto la de la Respiración, los factores originales son: ignorancia, deseo Kamma, alimento y la característica general de la disolución.



3. Atención con Clara Comprensión

Asimismo, Monjes, un monje aplica la clara comprensión al avanzar y al retroceder (14); al mirar hacia delante y al mirar alrededor, aplica la clara comprensión; al extender y encoger los miembros, aplica la clara comprensión; al vestir la ropa y al llevar el bol de limosnas aplica la clara comprensión; al comer, al beber, masticar y saborear aplica la clara comprensión; al obedecer las necesidades naturales aplica la clara comprensión; al andar, permanecer de pie, sentarse, dormirse, al despertar, al hablar y al callar aplica la clara comprensión.

Así medita practicando la comprensión del cuerpo en el cuerpo... (como antes).

Así es colmo el monje medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo.



4. Reflexión sobre la Asquerosidad del Cuerpo

Asimismo, Monjes, un monje reflexiona sobre su propio cuerpo, de la planta de los pies hacia arriba y de la coronilla hacia abajo, envuelto en la piel y lleno de impurezas, y piensa así: «En este cuerpo hay: pelo en la cabeza, vello en el cuerpo, uñas, dientes, piel, carne, tendones, huesos, tuétano, riñones, corazón, hígado, pleura, bazo, pulmones, intestinos, mesenterio, estómago, heces, bilis, flemas, pus, sangre, sudor, grasa sólida, lágrimas, grasas líquidas, saliva, mocos, fluido sinovial, orina» (15). Es como tener un saco de provisiones de aquellos con dos aberturas, lleno de diversas clases de grano, tales como arroz de montaña, arroz corriente, alubias, guisantes, sésamo, arroz perlado, y un hombre que tiene buenos ojos lo abre, lo examina y dice: «esto es arroz de montaña, esto es arroz corriente, esto son alubias, esto son guisantes, esto es sésamo, esto es arroz perlado». De la misma manera reflexiona sobre su propio cuerpo de las plantas de los pies hacia arriba y de la coronilla hacia abajo, envuelto en la piel y lleno de impurezas: «En este cuerpo hay: pelo en la cabeza..., orina».

Así medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo... (como antes).

Así es como el monje medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo.

15 Con la adición posterior de «sesos en el cráneo», estas 32 partes del cuerpo son un tema frecuente de meditación en los países budistas. Para los detalles de la práctica meditativa ver «The Path of Purification» cap. VIII, 8.

5. Reflexión sobre los Elementos Materiales

Asimismo, monjes, he aquí que un monje reflexiona sobre su propio cuerpo, en cualquier lugar o posición que se encuentre, pensando en sus elementos primarios: «En este cuerpo hay el elemento tierra, el elemento agua, el elemento fuego y el elemento aire» (16).

Como un carnicero experto o un aprendiz que, tras sacrificar a una vaca y dividirla en partes, se pone a venderlas en el cruce de cuatro carreteras, de la misma manera el monje reflexiona sobre su propio cuerpo en cualquier lugar o posición que se encuentre, pensando en sus elementos primarios: «en este cuerpo hay el elemento tierra, el elemento agua, el elemento fuego y el elemento aire».

Así es como medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo...

Así es como el monje medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo.

16 Estos «elementos» (dhatu) son las cualidades primarias de la materia, explicadas por la tradición budista como solidez (tierra), adhesión (agua), calor (fuego) y movimiento (viento o aire). Ver The Path of Purification, cap. XI.



6. Las Nueve Contemplaciones del Cementerio

1. Asimismo, monjes, cuando un monje ve un cuerpo que lleva un día muerto, o dos días muerto, o tres días muerto, hinchado, amoratado y putrefacto, tirado en el osario, aplica (esta percepción) a su propio cuerpo de esta manera: «En verdad que este cuerpo mío tiene también la misma naturaleza, se volverá igual y no escapará a ello».

Así medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo...

2. Asimismo, monjes, cuando un monje ve un cuerpo tirado en el osario, que está siendo devorado por los cuervos, los gavilanes, los buitres, las garzas, los perros, los leopardos, los tigres, los chacales o por diversas clases de gusanos, aplica (esta percepción) a su propio cuerpo de esta manera: «En verdad que también mi cuerpo tiene la misma naturaleza, se volverá igual y no escapará a ello...»

3. Asimismo, monjes, cuando un monje ve un cuerpo tirado en el osario, reducido a un esqueleto unido tan sólo por los tendones y con algo de carne y sangre adherido a él...

4. Reducido a un esqueleto unido tan sólo por los tendones, embadurnado de sangre, sin carne...

5. ... Reducido a un esqueleto unido tan sólo por los tendones, sin carne y sin sangre aplica entonces (esta percepción) a su propio cuerpo de esta manera: «En verdad que también mi cuerpo tiene la misma naturaleza, se volverá igual y no escapará a ello...»

6. Asimismo, monjes, cuando un monje ve un cuerpo tirado en el osario y reducido a huesos sueltos esparcidos en todas las direcciones —aquí los huesos de la mano, allí los de los pies, los huesos de las espinillas, los de los muslos, la pelvis, las vértebras, el craneo...

7. Asimismo, monjes, cuando un monje ve un cuerpo tirado en el osario, reducido a huesos blanqueados como una concha...

8. Reducido a huesos de más de un año, amontonados...

9. Reducido a huesos podridos, reducidos a polvo entonces aplica (esta percepción) a su propio cuerpo de esta manera: «En verdad que también mi cuerpo tiene la misma naturaleza, se volverá igual y no escapará a ello».

Así medita practicando la contemplación del cuerpo en el cuerpo, interna o externamente, o tanto interna como externamente. Medita contemplando los factores del origen del cuerpo, o medita contemplando los factores de disolución del cuerpo, o medita contemplando tanto los factores del origen como los de la disolución en el cuerpo. O tiene consciencia de que «hay un cuerpo» en el grado necesario para el conocimiento y la atención. Medita con ¡dependencia, sin apegarse a nada en el mundo.

Así es como el monje medita, practicando la atención del cuerpo en el cuerpo.




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