El Corazón de la Meditación Budista


Los cuatro objetos de la Atención



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Los cuatro objetos de la Atención

1 Cuerpo.

2 Sensación.

3 Estado de la mente.

4 Contenidos mentales.

Los cuatro objetos de la Recta Atención comprenden el conjunto del hombre y todo su campo de experiencia. Se extienden desde el cuerpo y sus funciones a las sensaciones, así como a los procesos y contenidos de la percepción y del pensamiento. La Recta Atención abarca tanto los aspectos más primitivos como los más elevados de este complejo llamado «hombre»; desde las funciones que posee en común con los animales, por ejemplo, la nutrición y la excreción, hasta las cumbres exaltadas de los Factores de la Iluminación. Volvemos a encontrar aquí el minucioso cuidado que es principio fundamental de este método, junto con su carácter de Camino Medio que, evitando extremismos o exclusivismos, aspira a la plenitud y a la armonía. El trabajo de práctica espiritual recibe así cimientos vastos y seguros, basándose sobre toda la personalidad. Sin tales cimientos puede sobrevenir que de lo que se descuide, menosprecie o ignore vayan creciendo fuerzas antagónicas que puedan perjudicar seriamente o incluso destruir los resultados de un largo esfuerzo espiritual. Al proceder, en cambio, con minucioso cuidado se hará la ruta del progreso interior todo lo segura que se pueda, razonablemente, esperar al emprender una aventura que apunta a tales cumbres. Hay' además diversos conflictos a considerar, aquellos conflictos interiores que consumen tanta energía y son la causa de muchas derrotas en la lucha espiritual: por ejemplo, el conflicto entre la mente que quiere y la carne que no puede, entre la emoción y la razón, etc. Estos conflictos también serán muy reducidos o moderados por la atención equitativa y la sabia comprensión que se le presta a cada lado del conflicto en este método de desenvolvimiento armónico. Hay que empezar por conocer y comprender lo que se trata de dominar, transformar o trascender.

Es, pues, necesario que el discípulo de este método cultive las cuatro Contemplaciones u Objetos de la Atención mencionados en el Discurso cada vez que se presenten en la esfera de su experiencia cotidiana. Sim embargo, la práctica meditativa sistemática está centrada (como se verá más adelante) en unos pocos aspectos seleccionados extraídos de la «contemplación del cuerpo», pero los otros objetos de la atención tendrán asimismo muchas oportunidades de ser observados, debiendo entonces dedicárseles plena atención.

Instrucciones para la Práctica

Lo cuidadoso y completo del método se extiende también a otros dominios, como lo demuestran las que podemos llamar «Instrucciones para la Práctica», que se repiten en el Discurso después de cada ejercicio'. Comienzan así: «Así permanece, contemplando el cuerpo interiormente (en él mismo)..., exteriormente (en los demás)..., tanto interior como exteriormente...»

Según esta primera parte de las «Instrucciones», cada uno de los ejercicios debe ser aplicado primero a sí mismo, seguidamente a los demás (en general o a una persona en particular, observada en el instante mismo) y, finalmente, a los dos. Este triple ritmo de cada aspecto de la práctica se consideraba evidentemente muy importante. Se le encuentra en diferentes contextos y aplicaciones en varios Discursos del Buda y también en la literatura pall posterior. Siguiendo las instrucciones se eliminarán afirmaciones incompletas y juicios erróneos, resultado de un insuficiente alcance de la atención y de actitudes parciales.

En lo concerniente a estas últimas, están, por ejemplo, los tipos básicos de carácter formulados por C. G. Jung: introvertidos y extrovertidos; es decir, personas vueltas sobre todo hacia el interior o hacia el exterior, respectivamente. El primer tipo preferirá, naturalmente, la contemplación de las cosas interiores. El segundo, aquélla de las cosas exteriores. Las deficiencias resultantes de cada contemplación parcial serán compensadas observando fielmente las instrucciones mencionadas anteriormente. La consecuencia natural de esta triple aplicación de la práctica será que cada tipo de carácter remediará sus insuficiencias hasta obtener un equilibrio ideal. Este método de Recta Atención como concreción del Camino Medio suministra de hecho lo que le falta a cada tipo extremo y lo hace de forma aceptable e inteligible para cada uno. Pero en esta breve exposición no es posible entrar en detalles.

Hay muchas cosas que se comprenden mejor cuando se las observa en los otros o en los objetos externos más que en uno mismo. De este modo se puede hacer posible un examen más atento y más imparcial, y los defectos y cualidades, así como sus consecuencias, pueden aparecer bajo una perspectiva más clara. Por otra parte, sin embargo, si se dedica la atención exclusivamente a las personas o las cosas externas, puede ocurrir que, por comodidad, uno olvide la importancia capital de aplicarse la atención a sí mismo. Esto puede suceder inconscientemente, incluso cuando se está contemplando la Impermánencia, etc. Son estas las contemplaciones que si se hacen solamente de manera muy general, sin referencia directa al propio caso, no tendrán más que un efecto muy limitado.

La tercera fase en este triple ritmo de la práctica consiste en ver lo interior y lo exterior en rápida sucesión. Comparando las semejanzas observadas, así como las diferencias, se aprenderá mucho. Además, con ello la atención será dirigida sobre las relaciones que existen entre las manifestaciones interiores y exteriores de elementos pertenecientes al mismo grupo de cosas: por ejemplo, la materia que compone nuestro cuerpo y la naturaleza exterior; sobre las relaciones causales y otras que existen entre los diversos fenómenos interiores y exteriores, y en breve, sobre el hecho de la Condicionalidad o relatividad de los fenómenos. Este examen de las relaciones y condiciones es tan importante para la comprensión de la realidad como lo son los resultados del mismo análisis. En fin, esta tercera fase combinada de la práctica sirve para mostrar la validez general del conocimiento y la experiencia adquiridos y el carácter impersonal de todo objeto examinado. Esto llevará gradualmente al resultado de que las cosas tanto interiores como exteriores —es decir, tanto si le pertenece a uno mismo como a los demás— son percibidas inmediatamente como procesos impersonales.

Sin embargo, es necesario apuntar que en el desenvolvimiento meditativo sistemático de la Visión Cabal, sólo los objetos interiores son tomados como punto de enfoque de la Atención Pura. Tal es así porque sólo nuestros propios procesos físicos y mentales son accesibles a la experiencia directa. Y lo que aquí se persigue es precisamente el conocimiento por la experiencia directa (paccakkhañána), en el sentido más estricto, que es rasgo distintivo de la meditación budista dedicada a la Visión Cabal (vipassaná—bhá vana). Todo inferencia, reflexión, etc., son enteramente excluidas desde el principio de la práctica y no es más que en una ulterior etapa que se les puede conceder un lugar limitado (como una especie de interludio) cuando, partiendo de la observación meditativa de los hechos del momento, se hace la ilación con acontecimientos pasados y futuros del mismo género. Sin embargo, la atención a los objetos exteriores puede y debe ser cultivada fuera de la práctica meditativa estricta. Estos objetos exteriores, es decir, las actividades fisicas y mentales de los demás, se presentarán ante nosotros ya sea por la percepción directa de los sentidos, ya sea por la inferencia. Su contemplación asumirá un carácter diferente según los detalles específicos de cada ejercicio (dados en el Discurso) y pretenderán diversos grados de importancia —tema éste que no podemos hacer más que mencionar aquí, pero sin entrar en detalles.

El segundo modo de aplicación de los ejercicios individuales procede igualmente con un ritmo triple; es dedicar la atención: 1) al origen; 2) a la disolución; 3) justamente al origen y a la disolución de los objetos respectivos. Como lo hemos visto —anteriormente, esta experiencia directa del hecho— y de la naturaleza del Cambio es un punto clave de la práctica y tiene consecuencias decisivas para su éxito. Se debe consultar el Comentario del Discurso —cada vez que se repite ester pasaje. No, obstante, el Comentario no trata de la observación meditativa concreta de los hechos y de la naturaleza del Cambio, pues esto es cuestión no de comentarios, sino de práctica diligente. Trata más bien de la utilización de las observaciones meditativas para la reflexión analítica de la comprensión penetrante de dichas observaciones en el contexto más amplio del Dhamma. Aparte de esto, bastará mencionar aquí el hecho de que, mediante la reflexión, esta contemplación del origen y la disolución puede ser muy útil para evitar y también para—refutar ciertas teorías especulativas. Según el Buda, la creencia en la aniquilación (nihilismo filosófico, materialismo, etc.) es refutada por el hecho del origen. Y la creencia en el eternalismo (teísmo, panteísmo, realismo ingenuo, etc.), por el hecho de la disolución.

El resto de este pasaje del texto indica los resultados de la práctica doble mencionada anteriormente, es decir, la práctica concerniente a las cosas interiores, etc. y el origen, etc. «El cuerpo existe», «la sensación existe», etc., pero no un «yo» distinto, no un alma o una personalidad perdurables. Estas expresiones_ del texto indican los resultados en términos de la: visión cabal, es decir, de la visión realista de las cosas tal y como son en realidad. Más adelante, en el texto leemos: «vive independiente, y no se apega a nada». Ello indica la actitud de desapego que se consigue. Esta parte conclusiva del repetido paisaje muestra, como resultado de la práctica, la liberación de los dos principales apegos o «dependencias» del ser humano, tal como los formula el Comentario: las falsas opiniones (ditthi) y el deseo (tanhá), es decir, la liberación de la esclavitud intelectual e irracional, teórica y práctica.

Todo el pasaje que hemos considerado es un impresionante ejemplo de las cualidades distintivas que se manifiestan en las exposiciones provenientes de la fuente de la Perfecta Iluminación (sammá—sambodhi). Tienen un carácter de perfección singular y de finalidad en cuanto a su sentido y a su medio de expresión, creando una convicción profunda en aquellos que son capaces de apreciar esta cualidad al menos parcialmente. Está en la naturaleza misma de estos enunciados aliar lo profundo con lo simple y,, en consecuencia, se los siente satisfactorios a no importa qué nivel de comprensión. Su acción sobre la mente es a la vez tranquilizante y estimulante:'tranquilizante porque apaciguan las dudas y los conflictos y procuran ese sentimiento de satisfacción profunda al que nos hemos referido; estimulante por su profundidad, o como podría también decirse, por la «ampliación de horizonte» que conllevan.

Hemos podido ofrecer aquí sólo una escueta indicación del extenso y profundo alcance de las palabras aparentemente simples del Maestro. Quien practique en consecuencia y reflexione sabiamente, profundizará más en ellas.

Pasamos ahora a considerar las contemplaciones y ejercicios individuales que figuran en el Discurso.

I. Contemplación del Cuerpo (Káyñnupassaná)

1. Atención a la respiración

La sección sobre la Contemplación del Cuerpo comienza con la Atención a la inspiración y la espiración (anapana—sati). Se trata de un ejercicio de atención y no de un «ejercicio de respiración» como el pránayáma del Yoga hindú. En el caso de la práctica budista ho hay «retención» del aliento y ninguna intervención sobre el mismo. No hay más que una «pura observación» práctica con toda calma de su curso natural, con atención firme y constante, pero cómoda y «elástica», es decir, sin esfuerzo ni rigidez. Se observa si la respiración es larga o corta, pero no se la regula deliberadamente. Sin embargo, mediante la práctica regular, la calma, la uniformidad y la profundidad del aliento se producirán por sí mismas con toda naturalidad; y la tranquilidad y la profundidad del ritmo total de la vida. De esta manera, la Atención a la Respiración es un importante factor de salud fisica y mental, aunque esto no sea más que un resultado accesorio de la práctica.

La respiración está siempre con nosotros. Por tanto, podemos y debemos prestarle atención durante cada minuto libre o «vacío» en el curso de nuestras ocupaciones cotidianas, aun cuando no nos sea posible hacerlo con la máxima atención que exige el ejercicio propiamente dicho. Incluso una aplicación breve y fortuita de la mente al «cuerpo de la respiración» echa los cimientos de una notable sensación de bienestar, de felicidad que se basta a sí misma, de invulnerable sosiego. Tales dichosas disposiciones de la mente, así como una atención siempre más despierta y natural, se desarrollarán mediante una práctica repetida.

Efectuar algunos movimientos respiratorios conscientes, profundos y sosegados antes de comenzar cualquier trabajo prolongado será muy beneficioso tanto para uno mismo como para el trabajo. Cultivar el hábito de obrar así antes de tomar importantes decisiones, de pronunciar palabras responsables, de hablar a una persona excitada, etc., evitará muchos actos y palabras atolondrados y conservará el equilibrio y la eficacia de la mente. Simplemente observando nuestra respiración podemos fácilmente, y sin que nadie se de cuenta de ello, replegarnos en nosotros mismos cuando queramos cerrarnos a las impresiones molestas, a la conversación vacía de interés de una vasta reunión o a toda otra perturbación. No son éstos más que algunos ejemplos de la forma en que la Atención a la Respiración, aún ejercida sólo accidentalmente, como puede hacerse en la vida ordinaria, proporciona beneficiosos resultados:

Estos ejemplos muestran que la Atención a la Respiración es muy eficaz para calmar la agitación o irritación fisica y mental, tanto para fines ordinarios como también para los más elevados. Es además un medio simple para conducir a las etapas iniciales de la concentración y de la meditación y se utiliza sea como preludio a otros ejercicios, sea como ejercicio por derecho propio. Sin embargo, cuando se trata de alcanzar un grado de concentración más elevado, o incluso de obtener la completa unificación de la mente en las «Absorciones» meditativas (jhána), la Atención a la Respiración dista de ser un método simple, pero no deja por ello de ser altamente recomendable. El progreso a este elevado nivel de la práctica puede conducir a las cuatro etapas de Absorción meditativa y a realizaciones aún más elevadas. A propósito de esta etapa avanzada de la práctica, la tradición budista dice: «La Atención a la Respiración ocupa el primer lugar entre los diferentes temas de meditación (kammatthána). Ha sido para todos los Budas, Pacceka—Budas y santos discípulos la base de su obtención de la Meta y de su bienestar aquí y ahora.»

La respiración se sitúa entre las funciones corporales voluntarias y las involuntarias, ofreciendo así un buen punto de partida para incrementar el control consciente ejercido sobre el cuerpo. De esta forma, la Atención a la Respiración puede contribuir a aquella parte de la tarea del Satipatthána que se puede formular según las palabras de Novalis: «¡El hombre debe llegar a ser un perfecto instrumento de sí mismo!.»

Si bien, según la tradición, la Atención a la Respiración se considera en primer lugar como base para la Meditación de Tranquilidad (samatha—bhávaná), es decir, para inducir las Absorciones meditativas (jhána), se puede utilizar también para'el desenvolvimiento de la Visión Cabal (vipassaná—bhávaná), porque en la respiración, utilizada como objeto de Atención Pura, se puede observar bien la marejada del Océano de la Impermanencia, el continuo surgir y desvanecerse de sus olas.

La Atención a la Respiración contribuirá también a la Comprensión general de la verdadera naturaleza del cuerpo. De igual manera que en el antiguo pensamiento místico, la respiración era identificada con la misma fuerza vital, así la tradición budista considera la respiración como representante de las funciones corporales (kdya—sankhára). En la evidente evanescencia de la respiración, percibimos la impermanencia del cuerpo; en una respiración pesada, corta o penosa, o en las enfermedades de las vías respiratorias, adquirimos consciencia del sufrimiento inherente en el cuerpo; en la respiración, en tanto que manifestación del elemento vibratorio o Elemento Aire (váyo—dhi tu), se evidencia la naturaleza del cuerpo como algo activado por procesos impersonales, es decir, que se manifiesta la ausencia de toda substancia en el cuerpo; el hecho de depender la respiración del funcionamiento eficaz de ciertos órganos y, por otra parte, el que el mismo cuerpo viviente dependa de la respiración, muestran la naturaleza condicionada del cuerpo. Así la Atención a la Respiración ayuda a comprender el cuerpo de verdad y, en consecuencia, a desapegarse de él.

2. Atención a las posturas del Cuerpo

En la aplicación general de este ejercicio, en el curso de la vida cotidiana, su primera finalidad es la de aumentar la conciencia de lo que está haciendo el propio cuerpo en cada momento determinado: caminando, de pie, sentado o tendido. Sucede con frecuencia que la preocupación de los pensamientos con el fin que se persigue al caminar eclipsa completamente la plena consciencia del acto de marchar, y que al prestar atención únicamente a la actividad que está uno efectuando mientras está de pie o sentado, no se tiene consciencia de dichas posturas en sí mismas. Si bien en la vida ordinaria no es posible ni siquiera deseable estar siempre plenamente consciente de las posturas, la práctica de adquirir consciencia de las posturas será, sin embargo, favorable, también, por numerosas razones prácticas. Dirigiendo la atención a la postura se dominará toda prisa nerviosa de los movimientos al caminar y las distorsiones inútiles y perjudiciales del cuerpo; en el caso de otras posturas, serán evitadas o corregidas, evitándose así malformaciones debidas a las posturas, malformaciones que la medicina tiene que tratar en niños y también en adultos. Se evitará una fatiga inútil del cuerpo y, por consecuencia, de la mente, y se prevendrá la reducción del alcance del control consciente sobre el cuerpo. El movimiento controlado del cuerpo es necesariamente la expresión de una mente en posesión de sí misma.

En lo referente al fin último del Satipatthána, la Atención a las Posturas proporcionará una consciencia inicial de la naturaleza impersonal del cuerpo y ayudará a desidentificarse interiormente de él. Durante la práctica se llegará a contemplar las posturas con la misma indiferencia con que se miran los movimientos automáticos de una marioneta de tamaño natural. El juego de los miembros de la marioneta evocará un sentimiento de completa separación e incluso una cierta diversión como la que experimenta el espectador de un espectáculo de marionetas. Contemplando así las posturas con objetividad desapasionada, comenzará a,disolverse la habitual identificación con el cuerpo.

En un entrenamiento meditativo estricto, la consciencia de las posturas del cuerpo forma el punto de partida de un día entero de práctica y la atención del que medita debe retornar a ella en cuanto no se ocupe de otros objetos de la atención (ver Capítulo V). En particular, es mediante el cultivo de una consciencia bien agudizada en la práctica estricta como también las posturas ofrecerán ocasiones para observar el surgir y desvanecerse de los fenómenos de uno a otro momento, así como para realizar esas otras observaciones sobre la naturaleza del cuerpo a las que hemos hecho anteriormente referencia.

3. Clara Comprensión

La Clara Comprensión se extiende a todas las funciones del cuerpo: a las cuatro posturas y a los actos de mirar, inclinarse, extenderse, vestirse, comer, beber, evacuar, hablar, estar callado, estar despierto, dormirse, etc. Los principios generales de esta práctica, su fin y su valor, han sido descritos anteriormente. Resumiendo brevemente: la práctica de la Clara Comprensión enseña la acción circunspecta y útil: 1) con fines prácticos; 2) con la finalidad de progresar en el Dhamma; 3) para una fusión gradual de la vida ordinaria y de la práctica espiritural; 4) para profundizar la visión cabal de impersonalidad de los procesos del cuerpo, visualizándola durante la experiencia cotidiana; 5) para llegar, en consecuencia, a desapegarse del cuerpo.

En el ejercicio precedente, la Atención acompaña las posturas mientras se están adoptando, registrando simplemente su ocurrencia. Por contraste, la primera y la segunda clase de Clara Comprensión («Fin» y «Conveniencia») ejercen una influencia dirigente sobre las diversas actividades del cuerpo. El ejercicio precedente consistía en una consciencia completa pero solamente general de las posturas y de su carácter impersonal. La cuarta clase de Clara Comprensión («Realidad») puede también incluir un análisis más detallado de los procesos en cuestión, llegando así a una penetración más profunda de su naturaleza impersonal.

4. Las Partes del Cuerpo

Esta contemplación corta, como un bisturí, la piel de nuestro cuerpo y expone a la vista lo que se oculta abajo. Esta disposición mental disuelve la noción vagamente concebida de la unidad del cuerpo, designando sus diversas partes; borra la ilusión de la belleza del cuerpo revelando su impureza. Cuando se visualiza el cuerpo como un esqueleto que anda descuidadamente, cubierto de carne y de piel, o cuando se le ve como una aglomeración de sus diversas partes de extrañas formas, se es poco propenso a identificarse con lo que comúnmente llamamos nuestro «propio» cuerpo o a desear el de otra persona.

Si en la visualización de las Partes del Cuerpo se consigue una concentración bastante buena de la mente sin caer en estados emotivos de repulsión o de atracción, se podrá llegar, en el curso de esta práctica, a desapegarse cada vez más del cuerpo y a desengañarse sin esfuerzo de la sensualidad. Aunque estos progresos sean transitorios e imperfectos hasta que se alcanzan la segunda y tercera etapas del Camino de la Realización (arahatta)(9), la práctica diligente de esta contemplación en el cuadro del ejercicio general de la atención será útil para irse aproximando a este elevado fin. Además, la destreza adquirida en recurrir a élla rápida y fácilmente será muy útil en la vida diaria si desea neutralizar un apego fuerte y perturbador para con su propio cuerpo (por ejemplo, en caso de enfermedad grave o de peligro) o si se desea resistir a las tentaciones sensuales.

1 Esto es, el estado del que retorna una vez (sakadágami) y el del que no retorna (anagámi).

Sin embargo, esta contemplación no está encaminada hacia la represión de las sensaciones de atracción fisica mediante la producción de una contrapresión emotiva de revulsión, sino que pretende y da por resultado un apartarse sin esfuerzo del apego y una comprensión más y más completa de la verdadera naturaleza del cuerpo. Aunque —esta contemplación de las Partes del Cuerpo sea algunas veces llamada «meditación sobre lo repugnante», el «estado de ánimo» que crea cuando se practica correctamente no se caracteriza por ninguna revulsión violenta ni por melancolía, sino de tranquilidad o incluso de júbilo de resultante de una observación analítica y sobria.

Aún quien no se proponga renunciar a lo que se denomina «los próceres de la carne», pero desee obtener una mayor capacidad de control sobre sus emociones y sentidos, puede también beneficiarse de esta contemplación. El habitante de las ciudades modernas está hoy día constantemente expuesto a verdaderas andanadas—de estímulos sensoriales dirigidas particularmente al instinto sexual. Le llegan por numerosos canales: la escena y la pantalla, la radio y la televisión, el arte y la literatura, el pseudo—arte y la pseudo—literatura, la publicidad, las portadas extravagantes de las revistas. El hombre culto corriente puede encogerse de hombros y no tomar todo esto muy en serio. Se creerá superior a todo ello incluso si consume esta dudosa alimentación en tanto ella le place o le divierte. Pero, en su repetición cotidiana, la sutil influencia que ejerce sobre su mente consciente y subconsciente será más fuerte de lo que él piensa, pudiendo gradualmente provocar cambios profundos en toda su estructura mental, tanto en el plano emotivo como en el ético o intelectual —a menos que él no se defienda con entereza de esas insidiosas influencias—. En tales casos la Contemplación de las Partes del Cuerpo puede ser provechosa al establecer un mecanismo de defensa consciente y subconsciente contra la infección.

5. Los Cuatro Elementos

Esta práctica continúa la disección del cuerpo en componentes de naturaleza más y más impersonal, reduciéndolos a las cuatro manifestaciones primarias de la materia que el cuerpo tiene en común con la naturaleza inanimada. El resultado será también el de desengaño, alienación y desapego, así como una intensificada consciencia de la ausencia de yo en el cuerpo.

Como ejercicio practicado por su propia cuenta, el Análisis del Cuerpo en Cuatro Elementos (dhátu—vavatthána) ha gozado siempre de una consideración muy alta en la tradición budista, porque sirve para romper muy eficazmente la aparente densidad y substancialidad del cuerpo (10). Aunque en la práctica metódica del Satipatthána tal como se describe en el Capítulo V, esta meditación no figura como ejercicio separado, producirá, sin embargo, un conocimiento íntimo, en particular del Elemento de Vibración o Aire (váyo—dhátú) que es el que principalmente interviene en los dos principales objetos de meditación que se recomiendan como alternativos: el movimiento del abdomen y la respiración. Al meditador se le hace evidente que las características y funciones distintivas del Elemento Aire o Elemento Vibratorio en el interior del cuerpo, tal y como se formulan en los comentarios que produjo más adelante la literatura budista en lengua palí (11), no son cuestión de mera deducción, abstracción o especulación, sino que se basan en experiencias meditativas concretas. También la naturaleza de los otros tres elementos materiales se irá revelando con mayor claridad al practicar el ejercicio con diligencia.

10 En el Capítulo XI del Visuddhi-magga (traducido por Nánamoli Thera: The Path of Purification, Colombo 1956) se dan instrucciones detalladas para la práctica de esta meditación.

11 Ver Visuddhi-Magga (pág. 339 de la traducción al inglés).

6. Las Contemplaciones en los Cementerios

Para estas contemplaciones o bien se obtienen objetos reales para la observación directa o bien, si esto no es posible, se contemplan los objetos mediante una vívida visualización. En ella se muestra el cuerpo muerto en diversos grados de descomposición. Tienen por finalidad provocar en una naturaleza apasionadamente sensual el nacimiento del disgusto por el objeto de su deseo (aunque en algunos casos otros métodos pueden ser más convenientes). Por otra parte representan una lección de impermanencia, mostrando la disolución de este cuerpo compuesto que en otros ejemplos, pero particularmente en el de propia cuerpo, uno ve lleno de vida y movimiento. Así se lo aplica a sí mismo: «En verdad también este cuerpo mío es de la misma naturaleza que este otro, igual se volverá y no escapará a esto.»

Estas contemplaciones revelarán también cómo se engaña uno a sí mismo al considerar y amar como «Mío» este cuerpo que mañana puede «pertenecer» a, los elementos o—como presa a las aves y a los gusanos. Estas contemplaciones nos familiarizarán también con el hecho de la muerte.

También en este caso el proceso evolucionará de modo análogo: de la repugnancia, pasando por el desengaño y la alienación, a un desapego con respecto al cuerpo que proviene de la vívida consciencia de su naturaleza impersonal.

En la antigua India se podía ver fácilmente los objetos de estas contemplaciones en los osarios, en los que los cadáveres de los pobres y los criminales eran expuestos a los elementos y a las bestias del cielo y de la tierra. En nuestra época, rara es la ocasión de poder ver tales objetos, aunque se puede todavía encontrarlos en los depósitos judiciales de cadáveres, las casas funerarias o los laboratorios de disección de nuestras ciudades; y además la avidez, el odio y la estupidez del hombre no dejan, por desgracia, de proporcionar. también espectáculos de este género en los campos de batalla.

Conclusión sobre la Contemplación del Cuerpo

Los. ejercicios de esta sección que aquí concluimos sobre la «Contemplación del Cuerpo» abarcan ambas clases de práctica: son en parte ejercicios de Atención Pura y en parte ejercicios de Clara Comprensión.

Como rasgo común a todos estos ejercicios, hemos encontrado que conducen a un desapego con respecto al cuerpo nacido de la observación de su naturaleza y de la verdadera comprensión de la misma. El desapego confiere, con respecto a los objetos observados, el dominio y la libertad. Cosa igualmente cierta en lo—que concierne al cuerpo. No hace falta mortificar el cuerpo para afirmar el dominio de la mente sobre él. Más allá de los extremos de la mortificación y de la sensualidad se halla el Camino Medio, la Vía simple, realista y sin coerción de la Atención y de la Clara Comprensión que conduce al dominio y a la libertad, Siguiendo este «único Camino para eliminar el dolor y la aflicción», el :cuerpo del viandante se hace ligero y dócil. E incluso si el cuerpo sucumbe a la enfermedad y al sufrimiento, la serenidad de su mente no será afectada.

II. La Contemplación de las Sensaciones (vedanónupassaná)

El término pali vedana, traducido aquí por «sensación», significa en la psicología budista simplemente' la sensación agradable, desagradable o neutra, de origen fisico o mental. No se utiliza, como a veces en nuestro idioma, en el sentido de «emoción», que es un factor mental de naturaleza mucho más compleja.

La sensación, pues, en el sentido al que acabamos de referirnos es la primera reacción a cualquier impresión sensorial y por consiguiente merece la atención particular de quien aspira al dominio de la mente. En la fórmula del «Origen' Condicional» (paticca—samuppáda), por la cual el Buda muestra el carácter condicional del «surgir de toda esta masa de sufrimiento» , se dice que la Impresión Sensorial es la condición principal de la Sensación (phassapaccayá vedana), mientras que por su parte la Sensación es la condición potencial del Deseo y, subsiguientemente, del más intenso Apego (vedana—paccayá—tanhá, tanhá—paccayá upádánam).

He aquí, pues, un punto crucial en el Origen Condicional del Sufrimiento, porque éste es el momento en que la Sensación puede dar nacimiento a las emociones apasionadas de diversos tipos y es, por lo tanto, precisamente en este punto que llega a quebrar esta necia concatenación. Si al recibir una impresión sensorial se es capaz de interrumpirse, parándose en la fase de la Sensación y tomándola, apenas se manifieste, como objeto de la Atención Pura, la sensación no podrá engendrar el Apego ni otras pasiones. Se detendrá en las simples consideraciones de «agradable», «desagradable» o «neutro», dando a la Clara Comprensión el tiempo de entrar y decidir la actitud o la acción a adoptar. Además, si al ejercer la Atención Pura se observa la aparición condicionada de una sensación y su desaparición progresiva para hacer lugar a otra sensación, se verá por propia experiencia que no hace ninguna falta dejarse arrastrar por reacciones apasionadas que no harán más que comenzar una nueva concatenación de sufrimiento.

Este papel decisivo de la Sensación en el continuo mental hará comprender por qué en las Escrituras Budistas 12 la Contemplación de la Sensación ocupa, en lo que se refiere a la mente, un lugar de importancia similar al que tiene la Contemplación de los Cuatro Elementos Materiales con respecto al cuerpo. También en la meditación metódica de Satipatthána (tal como se describe en el Capítulo V), tan pronto como el meditador llega al punto de progresar sin dificultades mayores en la contemplación de los objetos corporales de la atención, el maestro de meditación le pide que preste atención a las sensaciones de satisfacción e insatisfacción que puedan nacer en él durante la práctica y en relación con ella. Aun si se practica sin maestro se puede actuar igual tan pronto como se note que está bien afianzada la atención hacia los objetos corporales básicos.

Estas satisfacciones e insatisfacciones son desde luego estados de la mente bastante complejos y no «sensaciones» puras (tales como se definieron anteriormente). Pero dirigiendo la atención pura hacia ellas, serán despojadas de sus componentes emociones y de sus referencias egocéntricas; aparecerán como simples sensaciones agradables o desagradables y por tanto no podrán desviar más al meditador hacia estados de exaltación o abatimiento excesivos que le aparten del sendero del progreso.

La insistencia indebida sobre el aspecto «sensitivo» de la realidad caracteriza las naturalezas que llamamos emotivas. Estas insisten sin tregua, apasionadamente, en los aspectos agradables o desagradables de una experiencia y, por consiguiente, los exageran. Esto conducirá a menudo a una visión exagerada de la situación y a una reacción extrema, ya sea de exaltación o abatimiento, sobreestimando o menospreciando, etc. Pero aparte de los tipos particularmente emotivos, la falta de control de la sensación que es corriente en el hombre ordinario tenderá también a crear las exageraciones habituales, con toda la insatisfacción y decepción que ellas conllevan. A menudo se escucha a las gentes exclamar: «Esta o aquella es mi única dicha» o «Esto o Aquello me mataría». Pero la voz tranquila de la Atención se hace oír: «Es una sensación agradable, como muchas otras, y ¡nada más!», o «Es una sensación desagradable, como muchas otras, y ¡nada más!». Tal actitud contribuirá muchq a la obtención de un equilibrio y contentamiento interiores que tan necesarios son en medio de las vicisitudes de la vida.

Otra habilidad innata del mundo de la sensación, en tanto que la razón y la sabiduría no la controlan, es su subjetividad extrema y sin discernimiento. A la sensación no controlada no se le ocurre nunca contrastar los valores que tan generosamente asigna a las personas y a las cosas; no admite la posibilidad de otras evaluaciones del mismo objeto; desprecia o hiere fácilmente los sentimientos —es decir, los valores emotivos— de los demás, y todo esto por ser tan ingenuamente egocéntrica. También aquí suministra la Recta Atención el remedio, extendiendo la observación desapegada igualmente a las «sensaciones» de los demás y comparándolas con las propias, de acuerdo con las «Instrucciones para la Práctica» que procura el Discurso.

El texto de la Contemplación de las Sensaciones, tal y como la presenta el Discurso, empieza—con la simple consideración de la cualidad general de la sensación que acaba de nacer, sea agradable, desagradable o neutra. Sobreviene en seguida la misma constatación, acompañada ahora de una cualificación relativa a la naturaleza que puede ser mundana o elevada, de estas tres clases de sensaciones. Estas simples distinciones serán de una ayuda muy grande para el refinamiento progresivo de la vida emotiva y para el desarrollo de las sensaciones nobles y la abolición de las bajas o innobles. El hecho de tomar consciencia, de modo breve y sencillo, pero repetidamente, de la naturaleza de las sensaciones que acaban de nacer tendrá una influencia más grande sobre la vida emotiva que una contrapresión emotiva o racional mediante el elogio, la desaprobación, la condena o la persuasión. La experiencia demuestra que las personas de tipo emotivo son menos sensibles a los argumentos o a las reacciones emotivas de otros que a la sugestión repetida mediante consideraciones breves, simples y definidas que se les hagan y que les impresionan por la fuerza y la seguridad de la convicción interior que las inspiran. El simple mecanismo de la Atención Pura, o sea la formulación de las sencillas consideraciones proporcionadas en el Discurso, será un método muy apto para hacer este mundo fugituvo de las emociones más fácil de dirigir y controlar. Esto es particularmente importante cuando, en la vida cotidiana, en los encuentros con nuestras propias emociones y de las de los demás, necesitamos hacerles frente de modo rápido y sencillo, pero eficaz.

III. La Contemplación del Estado de la Mente (Cittánupassaná)

En esta contemplación también la mente es colocada ante el claro espejo de la Atención Pura. El objeto de la observación es aquí el estado y el nivel de actuación de la mente y de la consciencia en general, tal como se presenta en un momento dado. A tal fin, el pasaje correspondiente del Discurso ofrece varios ejemplos de estados contrastantes de la mente, beneficiosos o perjudiciales, desarrollados o no desarrollados; por ejemplo, una mente en la que hay o no hay deseo, odio u ofuscación, una mente concentrada o no concentrada. La única excepción es la de dos términos —mente encogida y mente distraída— que contraponen dos estados de la mente que, si bien de signo opuesto, son ambos nocivos.

A nivel del entrenamiento general de la mente, la ventaja principal de la Contemplación del Estado de la Mente es que se trata de un medio eficaz de examen de sí mismo, que conduce a un mejor conocimiento de sí mismo. También aquí lo que se hace es simplemente tomar consciencia, bien rectrospectivamente, bien —siempre que sea posible y deseable— por la confrontación inmediata con el humor o el estado de la mente del momento mismo. Este método de permitir a los simples hechos observados que hablen ellos mismos, produciendo su efecto sobre la mente, será más saludable y eficaz que un método de introspección que se enzarce en argumentos interiores de justificación o de acusación de sí mismo o en una búsqueda complicada de los «motivos ocultos». Estos últimos métodos de autoexamen pueden (aunque no sea necesariamente así en todos los casos) conducir a serios inconvenientes u obstáculos en el desenvolvimiento del carácter, según los diferentes tipos de personas. Puede haber quien acabe por quedar torpe y cohibido, poco seguro de sí, incapaz de conducta y de reacciones espontáneas; en otros pueden provocar conflictos internos ternos constantes, sentimientos de culpabilidad o de inferioridad (con los que, sin embargo, algunas veces se disfruta); otros que crean haber llegado a justificarse plenamente pueden acabar en un estado de engreimiento total. Y todos ellos pueden sucumbir a la autocomplacencia y al convencimiento de la propia virtud de los que se enorgullecen de tomar «el sendero espiritual de la introspección». Todos estos peligros están ausentes o muy reducidos en el método sobrio y discreto que se limita simplemente a tomar consciencia de lo que pasa. Cultivándolo regularmente, este método puede fácilmente llegar a ser una función natural de la mente, sin nada de carácter artificial ni de interés egocéntrico.

Un autoexamen tal es útil para fomentar la honradez para consigo mismo, cosa indispensable para el progreso interior y para la salud mental.

En la mayor parte de los casos, el hombre evita cuidadosamente examinar de cerca su propia mente, por temor a que la visión de sus propias faltas e insuficiencias perturbe su complacencia o perjudique seriamente la buena opinión que tiene de sí mismo. Si en ciertas ocasiones no puede dejar de observar sus propias faltas, tiende a disimularse lo más rápidamente posible tan desabrida verdad. Pero es precisamente esta actitud la que le hace incapaz de impedir la reaparición y el crecimiento de sus rasgos indeseables.

Por otra parte, las buenas cualidades del hombre, particularmente las que todavía son débiles, deben ser objeto de plena atención cuando aparezcan, lo que estimulará su desarrollo. La atención deliberada de los buenos rasgos y el recuerdo de los mismos son también cosas que se descuidan a menudo.

La Contemplación del Estado de la Mente remedia estas dos omisiones. En la práctica metódica de la meditación, la Contemplación del Estado de la Mente ayudará a evaluar el progreso o los fracasos (por ejemplo, la mente concentrada o no). Por lo demás, las simples consideraciones formuladas en esta contemplación ayudarán a hacer frente a; las interrupciones y a otras molestias durante la meditación. Si se experimenta, por ejemplo, cólera a causa de un ruido molesto, la simple consideración «mente encolerizada» será a menudo capaz de disolver el sentimiento de irrita­ción reemplazando un estado de agitación emotiva por un estado de introspección desprovisto de emoción. Además, este procedi­miento distraerá también la atención de la perturbación original (el ruido) y cambiará la dirección de la mente de los objetos exte­riores a los objetos interiores.

También aquí, pues, como en otros ejemplos, vemos cómo la simple aplicación de este sencillo medio que es la atención pura aporta muchas ventajas en diversas esferas.

IV. La Contemplación de los Contenidos Mentales (Dhammá-nupassaná)

Mediante la práctica regular de esta cuarta y última Contem­plación, los objetos mentales (dhammá tiene aquí este sentido es­pecífico), es decir, los contenidos del pensamiento, asumirán pro­gresivamente la configuración característica del pensamiento ins­pirado por el Dhamma, o sea por la enseñanza del Buda sobre la realidad y la liberación. A tal fin, los cinco ejercicios que propor­ciona esta sección del discurso suministran una selección suficien­te de configuraciones mentales o términos doctrinales que están de acuerdo con la verdadera visión y procurarán a la mente una inclinación natural hacia la meta de la liberación. Deben ser ab­sorbidos tanto como sea posible en el cuadro de pensamiento de la vida cotidiana y reemplazar los conceptos que no pueden so­portar el examen de la Recta Comprensión y están demasiado es­trechamente ligados a nociones y fines extraños al Camino de la Atención.

El primer ejercicio trata de los cinco principales Obstáculos Mentales (ni varana) y el cuarto, de los siete Factores de Ilumina­ción (bojjhanga); en otros términos, estos dos ejercicios versan, respectivamente, sobre las cualidades que se deben abandonar y las cualidades que se deben adquirir. Otras cualidades que han de ser abandonadas se indican en el tercer ejercicio sobre las seis Es­feras de los Sentidos, bajo el término de Ligaduras (samyojana).

La primera parte de los ejercicios primero y cuarto pertenecen a la práctica de la Atención Pura. En breve, el contenido de estos pasajes es el siguiente: en cada momento, el meditador debe ser plenamente consciente de si uno de los Obstáculos Mentales o un Factor de Iluminación está presente o ausente en él. A la Aten­ción Pura pertenece asimismo la parte del tercer ejercicio que dice: «... y la ligadura que surge dependiendo de estos dos (por ejemplo, del ojo y de las formas), bien la conoce él.»

Estos tres pasajes que ofrecen una simple declaración del esta­do de la consciencia en el momento presente son, hablando con propiedad, partes de la Contemplación del Estado de la Mente. Sirven aquí de preparación indispensable a la segunda fase de es­tos tres ejercicios. En ella la Clara Comprensión, porfiada y pene­trante, se emplea en las tareas siguientes: 1) evitar, vencer primero temporalmente y aniquilar luego definitivamente los Obstáculos y Ligaduras respectivos; 2) producir y desarrollar los Factores de Iluminación. Para estas dos tareas, una negativa y otra positiva, es indispensable un conocimiento íntimo de las condiciones favora­bles para la aparición y no aparición de los respectivos estados de la mente. En el Discurso, la indagación de dichas condiciones se menciona en términos generales diciendo: «De qué manera se produce el surgir de lo no surgido (Obstáculo, Ligadura, Factor de Iluminación) lo sabe bien él.»

Algunas de las condiciones principales para la aparición o la no aparición de estos factores mentales se encontrarán en las no­tas explicativas de las secciones respectivas del Discurso (29, 31, 33), y son descritas con más detalles en el Comentario del Discur­so de Buddhaghosa 13.

Pero un conocimiento teórico de estas condiciones no basta. Es observando en sí mismo los Obstáculos, Ligaduras o Factores de Iluminación como se reunirán progresivamente informaciones sobre las circunstancias exteriores e interiores que favorecen o di­ficultan la aparición y la no aparición de estas cualidades. Estas circunstancias pueden variar en diferentes individuos y sucede a menudo que uno no se da plena cuenta de situaciones típicas par­ticularmente favorables a la aparición o no aparición de dichas cualidades positivas y negativas. La familiaridad con ellas, que se consigue mediante una observación asidua, ayudará a evitar las si­tuaciones desfavorables y a ocasionar las favorables, lo que será de una considerable ayuda en el sendero del progreso.

Estos tres ejercicios (el primero, el cuarto y el tercero, en su se­gunda fase) pertenecen al conocimiento de la mente y a su de­senvolvimiento.

El segundo, el tercero (en su primera fase) y el quinto ejerci­cios, que tratan de las cinco Categorías de Apego (upádaña­kkhandha), de las Seis Esferas de los Sentidos (áyatana) y de las Cuatro Nobles Verdades (sacca), delimitan totalmente la realidad, cada uno de una manera particular y desde un ángulo diferente.

Estos tres ejercicios permitirán al meditador vivir sus expe­riencias cotidianas —que relaciona habitualmente con un supues­to, pero de hecho inexistente, «Yo perdurable»— de conformidad con la verdadera realidad, en la que no se encuentra nada de esta­ble o eterno, sea personal o impersonal. El lenguaje convencional (vohára o sammuti), basado en la creencia de una personalidad permanente, se traduce aquí a los términos «últimos», o reales (paramattha), del Dhamma. De esta manera, las experiencias in­dividuales de la vida pueden entrar en relación con el Dhamma en su totalidad, asignándoles los lugares que les corresponden en el sistema de la doctrina.

Para esta aplicación de la Contemplación de los Contenidos Mentales, el Comentario da un ejemplo tanto más impresionante cuanto que se repite con regularidad. Después de haber explicado en detalle cada uno de los ejercicios indicados en el Discurso, el Comentario lo pone cada vez en relación con las Cuatro Nobles Verdades. Por ejemplo: «Aquí la Verdad del Sufrimiento es la atención que se fija en la inspiración y la espiración. El Deseo que precede esta atención y la provoca es la Verdad de la Cesación. El Sendero Puro, que consiste en comprender el Sufrimiento, aban­donar el Origen y tomar la Cesación como objeto, es el Camino de la Verdad.»

He aquí una ilustración impresionante de la manera en que se puede y se debe aplicar la Contemplación de los Contenidos Men­tales a la vida cotidiana: siempre que las circunstancias permitan fijarse atenta y deliberadamente en cualquier cosa que esté ocu­rriendo, sea grande o pequeña, se deberá relacionarla' con las cua­tro Verdades. De esta manera se podrá uno ir aproximando al postulado de que la vida debe llegar a ser una con la práctica es­piritual y la práctica espiritual llegar a ser la vida en su plenitud.

Así el mundo de la experiencia corriente, que tan «locuaz» es cuando se trata de aceptar o de rechazar fisica y mentalmente, pero tan mudo en cuanto a la lengua de la visión liberadora, se irá volviendo cada vez más «elocuente» y evocador con respecto a la eterna voz del Dhamma.

Las tres Contemplaciones de la sensación, del estado de la mente y de los contenidos mentales que tratan del lado mental del hombre convergen, como lo hace también la Contemplación del Cuerpo, en la concepción central del Dhamma: Anattá, No-yo. Se puede considerar todo el Discurso sobre los Fundamentos de la Atención como una instrucción teórica y práctica completa para la realización de esta verdad liberadora que es el Anattá, con sus dos aspectos de «ausencia de yo» y de «vacío de sustancia». La orientación que suministra el Satipatthána conducirá, no sola­mente a un conocimiento profundo y completo de esta verdad, sino también, al demostrarla visiblemente mediante los ejercicios, a su directa visualización que es la única que transmite el poder de transformar y de trascender la vida.

 

 



Capitulo IV

 




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