El conocimiento de los valores


Nacimiento, bautismo y transfiguración



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Nacimiento, bautismo y transfiguración


A nivel estructural, la Vita Christi se puede dividir en tres momentos principales teniendo como punto culminante de su vida pública la transfiguración de Cristo, como el bautismo fue su inicio y la ascensión su fin, y que se enmarcan dentro del marco narrativo de la peregrinatio vitae. En torno a estos tres elementos y a lo que ellos llevan asociado voy a estructurar mi argumentación. Más concretamente: 1) Nacimiento, bautismo y transfiguración; 2) La peregrinación: en búsqueda del muiraquitã; 3) Ascensión, muerte y memoria.

Macunaíma, compuesto por diecisiete capítulos y un epílogo, se desarrolla en torno a la búsqueda de la piedra muiraquitã que, después de un encuentro con su amante, Macunaíma, el protagonista, recibe como amuleto, antes de subir al cielo.

Macunaíma nace en el seno de una tribu que se extingue, hijo de la noche –y, al igual que Jesucristo, se hace eco aquí de la presencia de la ausencia física de un padre-, de una madre que ya es vieja y predestinado como un héroe a la salvación de los suyos –en términos parecidos se lee en el misterio de La Visitación a Santa Elisabet-, los tapanhumas, símbolo de toda la cultura original brasileña. Como su modelo literario, destinado también a salvar a los suyos –aunque, como se sabe, en Macunaíma, con la desaparición de su pueblo esto no se produce-, nace en un entorno humilde, escaso y pobre.

A Macunaíma, en tanto que personaje literario, se le atribuyen, además, otras características, especialmente las que sobresaltan sus debilidades o flaquezas: pereza, lengua viperina, falta de sujeción y obediencia tanto a los iguales como a los mayores y a los menores, de forma parecida, aunque opuesta, a las características que se le atribuyen a Jesús, según se lee en el Misterio de cuando se perdió el Niño Jesús. A éstas hay que añadir el continuado desenfreno sexual expresado a través de las constantes “brincadeiras” con Sofará, la mujer de su hermano Jiguê, y con tantas otras, oponiéndose para ello al Misterio del ayuno y tentación. Pero no sólo esto. Respecto a su modelo igualmente destaca su falta de socorro a los prójimos –como se lee, de nuevo en forma contraria, en el Preámbulo de la Pasión al Señor, en la Adoración de los Reyes magos y en el Misterio del ayuno y tentación. Así, por ejemplo, a partir del episodio de la transportación de la casa materna –motivo legendario que procede de la Saga 6 de Koch Grünberg- Macunaíma consigue que él y su madre vivan en opulencia y desahogo. En cambio, los hermanos quedan en el lugar de origen, en el cual sufren una gran escasez de víveres. Al ver su desgracia, la madre quiere ayudarles echándoles pequeños trozos de fruta, lo cual irrita a Macunaíma, quien, en un acto de venganza, vuelve a transportar la casa al lugar de origen.

Curiosamente, en un sentido opuesto -no se olvide el sentido de la parodia que Andrade lleva a término-, todo ello se encuentra en dos momentos de la Vita Christi que median entre el nacimiento y el bautizo del héroe. Me refiero al Misterio de la adoración de los Magos –condenación de la pereza y de la falta de control de las pasiones, socorro de los prójimos- y en el Misterio de la circuncisión del Señor y Misterio de la purificación de Nuestra Señora. En su lugar, la castración sufrida por Macunaíma con la imposibilidad de descendencia12 -Capítulo III, “Ci, Madre de las matas”-, se puede interpretar en clave psicoanalítica,13 en un sentido que cabe relacionar con la fragmentación de la identidad o de la identidad perdida por la aceptación de la castración sufrida en manos del colonialismo cultural, si se piensa que la obra, mediante su personaje protagonista, plantea el choque cultural del indígena amazónico con la cultura europea. Es igualmente un anticipo del final trágico de su pueblo que se lee al final del relato, a la vez que metáfora de la castración del indio después de ser catequizado o cristianizado, representado por el bautismo en la tradición católica y que corresponde al Misterio del Bautismo del Señor.

Frente a ello, en Macunaíma, la voz narrativa14 se sirve del bautismo del héroe en dos sentidos complementarios. El primero se produce cuando Mário de Andrade bautiza a su personaje protagonista con el nombre parlante “Macunaíma” (3).15 De esta forma lo contrapone a la figura de Jesucristo desde este mismo momento. Frente a la reminiscencia de “salvador” y “redentor” implícita en el nombre de Jesús, Macunaí- ma, etimológicamente significaría algo así como el “Gran Malo.16 Aunque como ha advertido la crítica, para Mário de Andrade este nombre designa sobre todo “el héroe sin ningún carácter,” tal y como reza el subtítulo de la obra, esto es, “nada sistematiza-do en psicología individual o étnica,”17 no cabe duda de que irónicamente Macunaíma se presenta a sí mismo como “emperador,” con todo el simbolismo que esto comporta. En este sentido, en su “Carta pras Icamiabas” –capítulo IX-, en la que el diálogo con la literatura clásica y su proceso de reescritura paródica se hace más que evidente, al relatarnos cómo es su vida en São Paulo, se refiere a sí mismo varias veces con el apelativo de “emperador.” Sirva como ejemplo el párrafo final y la signatura del héroe:

Recebei a bênção do vosso Imperador e mais saúde e fraternidade. Acatai com respeito e obediéncia estas mal traçadas linhas; e, principalmente, não vos esqueçais das alvíçaras e das polonesas, de que muito hemos mister [...] Macuníma/Impertaror. (81)

Aunque él es “Imperador do Mato-Virgem” (27), evidentemente parodiando el modelo de epístola heredado del mundo clásico, no sólo por la forma sino también por el contenido, a ello cabe añadirse otra dimensión, también paródica, y que me permite asociar el “emperador” con el “Cristo-Rey” al que Andrade se refería en otro fragmento de la carta de 1931 que cité más arriba:18
Essa civilização construída por outros povos, com outras necessidades e outros climas, passou pela nossa alfândega, como um aerólito fulgurante. [...] A imagem de Cristo no tope do Corcovado, se representa uma felicidade da nossa tradição, se representa uma das medidas do nosso ser rotulado, representa ainda o aerólito a que nos escravizamos. Que falseamos. E que nos falseia inda mais. A imagem será chamada de Cristo-Redentor, pelo que poderá valer em nossa com-temporaneidade. Mas como índice da civilização brasileira, é apenas Cristo-Rei. A imagem será chamada de Cristo-Rei enquanto símbolo duma civilização que nos falseia demais. (“Cristo-Deus” 447-48)
En un segundo sentido, el bautizo es físico y19 presenta un marcado carácter simbólico. Tiene lugar en un momento clave del relato, cuando, precisamente de camino a São Paulo, decide sumergirse en el agua:
Uma feita a Sol cobrira os três manos duma escaminha de suor e Macunaíma se lembrou de tomar banho. Porém no rio era impossível por causa das piranhas tão vorazes [...] Então Macunaíma enxergou numa lapa bem no meio do rio uma cova cheia d’água. […] O herói […] entrou na cova e se lavou inteirinho.

Mas a água era encantada porque aquele buraco na lapa era marca do pezão do Sumé, do tempo em que andava pregando o evangelho de Jesus pra indiada brasileira. Quando o herói saiu do banho estava brabuco louro e de olhos azuizinhos, água lavara e pretume dele. E ninguém não seria capaz mais de indicar nele um filho da tribo retinta dos Tapanhumas. (39-40)

El fragmento no tiene desperdicio, pues presenta una gran concentración de motivos en unas poquísimas líneas. Además del motivo del bautizo,20 y estrechamente relacionado con él, se encuentra el elemento de la transfiguración que proporciona el blanqueamiento de Macunaíma, frente a la imposibilidad de transformación de sus dos hermanos, lo que remite a la imagen del Mesías –aunque, cabe recordar, disociada del elemento redentor.

Si el cristianismo ve en el agua la doble naturaleza de Cristo, como aquí la del protagonista –de negro a blanco-, la transfiguración, punto culminante de la vida de Cristo, se produce aquí, como en la Vita Christi, en un monte. Si en Lucas (9:29) y Mateo (17:2) se lee que entre tanto la apariencia del rostro de Jesús se hizo literalmente “diferente” –es decir, que su apariencia cambió- delante de sus discípulos, en Macunaíma, aunque el suceso se produce de igual forma en un monte, el autor echa mano del recurso de la cueva en la que se produce la transfiguración del protagonista para enfatizar la introspección e inmersión del personaje en el conocimiento de su ser más interno e íntimo que en este mismo momento va a empezar con el desarrollo de la peregrinación y que a nivel extratextual repercute en la tensión que el autor busca en su lucha por re-construir la “verdadera raza” brasileña.

Esta metamorfosis interesa aquí de una manera particular, ya que de alguna manera inicia el proceso de ascensión ligado a la peregrinación del personaje, como se explica más adelante.

Sin embargo, no es ésta la única de las metamorfosis que Macunaíma sufre. La palabra “transfiguración” proviene del verbo denominal del griego clásico que tiene su étimo en el sustantivo óς y que está formado de dos partes: 1) meta, que significa “cambio” y 2) morphe: “forma.” De modo que significa “[t]ransformación de algo en otra cosa” (DRAE, s.v. “Metamorfosis”). La palabra “metamorfosis” se emplea, por tanto, para describir algunas de las más asombrosas transformaciones diseñadas por Dios en la naturaleza, como la transformación de una oruga en mariposa. En Macunaíma la práctica totalidad de sus transformaciones se pueden relacionar con la imaginería que aparece en la Vita Christi y, por supuesto, con la Biblia. Así, por ejemplo, la transformación de negro a blanco21 simboliza igualmente la pureza, la santidad, por lo que suele el color habitual del héroe, desde Sir Galahad en Chrétien de Troyes al Caballero de la Blanca Luna en el Quijote, o al propio Dios y al Sol, a la luz, hacia la que tiende al final del relato.

Otra metamorfosis igualmente es la que produce la transformación del héroe en pez, que, como recuerda Montserrat Escartín, “[p]ara los Cristianos, la palabra griega para pez, Ichtus, era usada como acróstico para aludir a Cristo: Iesous CHristos, THeou Uios, Soter –Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador-” (240-1). La pesca y el pescador poseen, por tanto, un sentido místico en el sentido que el pez es símbolo de Cristo y en el acto de pescar la extracción de un tesoro o una sabiduría. Así, pesca-dores eran los apóstoles o el rey en la leyenda del Graal del mencionado Chrétien. 22

De igual forma, otras de las atribuciones o relaciones que en la obra se establecen entre el héroe y otros elementos remiten a imágenes directamente relacionadas con la de Jesús en la Vita Christi. Sirvan para ello, y sólo a modo de ejemplo, las “hormigas” –elemento revalorizador de la vida- y la “lepra.” Además, se advierten en el relato numerosas resurrecciones del héroe que recuerdan al Ave Fénix. Ésta, que el cristianismo simboliza con la muerte y resurrección de Cristo –no es por casualidad que en un mismo episodio se haga referencia al Evangelio de Jesús (40), y, acto segui-do, se produzca una resurrección –Capítulo V, Piaíma-, contribuye a la configuración simbólica que del héroe ofrece constantemente la voz narrativa de Macunaíma.

Se han repasado hasta este momento dos momentos cruciales de Macunaíma en su proceso de reescritura de la Vita Christi del Cartujo: el bautismo, la transformación y, vinculado con esto, la configuración del héroe, la cual se puede relacionar con su modelo literario. Veamos el siguiente paso: la peregrinación y las imágenes con ella asociadas.

La peregrinación: en búsqueda del muiraquitã

La idea del peregrino, tan presente en la cosmovisión y las letras medievales y del Renacimiento se funda en el concepto bíblico de peregrinación-destierro-patria que simboliza la constante búsqueda del origen paradisíaco por parte del hombre.

No se descubre nada nuevo aquí si se afirma que por esta condición, así como por el modelo de ascensión –o escalera- dentro del relato se ha querido ver en la picaresca española y en los libros de caballerías –aunque cabría especificar en sus vueltas a lo divino- los modelos literarios de los que parte Mário de Andrade. Aunque no faltos de certeza, quizás sí de precisión, los críticos han obviado el hecho de que el modelo último de este tipo de narrativas es el de la peregrinación, que se difunde, principalmente, a través de la Vita Christi y de la Scala espiritual de Juan Clímaco –y, más tarde, a través de la novela bizantina. Antes se ha hecho referencia a la traducción que de ésta realizó Fray Luis de Granada bajo el título de La Escala espiritual (1562) y que consta como la primera obra impresa en el Nuevo Mundo,23 más concretamente, en casa del impresor Juan Pablos, en 1532, cuyo antecedente último es igualmente la Vida de Cristo. Ambos textos gozaron de una enorme popularidad a ambos lados del Atlántico desde el mismo momento del encuentro transatlántico.

El modelo literario de la peregrinación que arranca de Homero, le sirve a Mário de Andrade para abrir a su protagonista a un proceso de búsqueda psicológica, interior e íntima,24 que también recuerda los Ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola, que se inaugura con el viaje que realiza junto a sus dos hermanos, Maanape y Jiguê. De esta manera se puede argumentar que esta experiencia del peregrinaje que conduce al conocimiento de sí mismo puede extrapolarse a la colectividad ya que Macunaíma puede leerse como un emblema de la identidad del país.25 Por tanto, cuando Andrade define a su protagonista como “O herói sem nenhum caráter,” se puede afirmar que pretende trazar una generalización de éste y no, por el contrario, desposeerlo de todo rasgo.

Mientras que el peregrinaje arquetípico en el mundo medieval era a Jerusalén, Roma y Santiago de Compostela, en Macunaíma el autor traslada a sus tres personajes –quizás cabría ahondar en la relación de estos tres con la Santísima Trinidad, aunque en el modelo literario de la Vita Christi la peregrinación debe hacerse en solitario- a São Paulo en el intento de recuperar el muiraquitã que Ci, antes de convertirse en estrella, le había regalado a Macunaíma. Después de perderlo, la piedra va a parar a manos Venceslau Pietro Pietra, “o gigante Piaimã” comedor de gente, que mora en São Paulo. De ahí que, a partir de este momento, la acción gire en torno a la búsqueda del amuleto, que, al final, es recuperado, aunque éste se le vuelve a escapar de sus manos poco después –capítulo XVII. A partir de esto se pueden establecer varias conexiones. Por ejemplo, en el mundo medieval la búsqueda del cáliz, grial o graal es el argumento de la obra de Chrétien de Troyes, La demanda del Santo Graal –s. XII. Para el cristianismo, el cáliz es la copa donde se consagra el vino y el agua durante la Eucaristía, en memoria de la última cena y la Pasión de Cristo, temas, ambos, presentes en la Vita Christi. En el contexto de Macunaíma se alude al cristianismo a través de la forma del muiraquitã –piedra verde en forma de lagarto, atributo de Juan Evangelista, uno de los doce apóstoles presentes en la última cena. Vinculado con esto cabe señalar también la presencia del imaginario de la última cena o El misterio de la cena del Señor en Macunaíma, de la que, de forma paródica, el héroe, después de narrarse su genealogía “divina,” queda excluido por demorarse en su llegada:
-Ah, herói, tarde piaste! Era uma honra grande para mim receber no meu mosqueiro um descendente de jaboti, raça primeira de todas... No princípio era só o Jaboti Grande que existia na vida... Foi ele que no silêncio da noite tirou da barriga um indivíduo e sua cunhã. Estes foram os primeiros fulanos vivos as primeiras gentes da vossa tribo... Depois, que os outros vieram. Chegaste tarde, herói! Ja somos em doze e como você a gente fichaba treze na mesa. Sinto muito mais chorar não posso! (158-59)

La pérdida del Graal, que significa la pérdida del estado paradisíaco, provocó que en las epopeyas medievales se crearan héroes imaginarios en busca de este objeto insigne. A modo parecido, Andrade elabora su protagonista, al que lleva a enfrentar al gigante Piaimã. Aunque el episodio se puede interpretar dentro del contexto del folclore brasileño, no se puede obviar aquí la semejanza que guarda con otro motivo folclórico, como el del Fuerte de Retenú, procedente de la época ramesida en el Antiguo Egipto. Igualmente el episodio remite al contexto cristiano en la lucha de David contra Goliat.

David, segundo rey de Israel –téngase presente la asociación de Cristo rey/emperador/Macunaíma-, se enfrentó al gigante Goliat. En el relato este enfrentamiento se rescribe a través de la lucha entre el héroe Macunaíma y Venceslao Pietro Pietra y, como en el episodio bíblico, acaba con la victoria de David/Macunaíma.26 En la tradición literaria la figura del gigante es un ser primigenio de cuyo sacrificio surge toda la creación, traducido por Andrade como la construcción de la identidad brasileña y que persigue encontrar a través de la búsqueda a la que su personaje se abre en este viaje que se está comentando.27

Interesa aquí también la figura del gigante, a pesar del trágico final que acaba padeciendo, porque su sacrificio, además de corresponder estructuralmente al necesario avance del héroe en su intento de devorar antes que ser devorado.

Con todo, en São Paulo, hay otros dos momentos que recuerdan los Misterios del Señor. Más concretamente, tanto en el Misterio de la predicación de Cristo y sus milagros como a la Predicación del Evangelio, se relata como, llegado el Señor a la edad perfecta, comenzó a entender en el oficio de la predicación y salvación de las ánimas. En un sentido parecido, de nuevo paródico, en el capítulo X –“Pauí-Pódole”-, desencadena una trifulca alegando que cierta constelación no consagra la imagen de ninguna cruz católica sino a Pauí-Pódole, una deidad de la Selva. Pero no sólo esto. En otro pasaje, siguiendo uno de los principios de todo peregrino, la oración continua, se dirige a San Antonio de Nazaret para pedirle aquello de:

Valei-me Nossa Señora

Santo Antônio de Nazaré,

A vaca mansa dá leite,

A braba dá si quisé! (54)

La referencia a San Antonio puede relacionarse a priori tanto al Misterio de San Antonio como al fundador del movimiento eremítico, San Antonio o Antón de Egipto, a quien, en última instancia, se debe el origen del modelo de peregrinatio vitae y del género literario de la hagiografía en la Edad Media. A mi modo de entender, esta breve composición poética es una clara parodia de la continua oración que se le requiere al peregrino que persigue el camino de la santidad -modelo de las versiones a lo divino, la Scala Paradisi o la Peregrinación de Bartolomé Lorenzo a los que se ha hecho referencia con anterioridad. Asimismo, la referencia a San Antonio podría de-berse a la figura de San Antonio de Padua o Lisboa (1195-1231), que tanto ha influi-do en la cultura popular del Brasil, aunque cabría ahondar en el estudio de esta posi-bilidad, ya que la temática del poema está lejos de las imágenes asociadas a este santo.

Con todo, esta posible intertextualidad que en forma de parodia de la Vita Christi en el relato, se reafirma en el proceso de ascensión del protagonista, que también hay que relacionar con el modelo de la peregrinatio, especialmente por lo que al proceso de la ascensión del alma se refiere y que aquí cabe traducir con la última metamorfosis del héroe, ahora en estrella, y con el Misterio de la memoria de la muerte. De ello me ocupo a continuación.



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