El concepto de competencia comunicativa Jasone Cenoz Iragui Introducción



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El concepto de competencia comunicativa*

Jasone Cenoz Iragui



Introducción

La competencia comunicativa es uno de los conceptos más importantes en lingüística aplicada, tanto en el estudio de la adquisición de segundas lenguas como, a un nivel más práctico, en la enseñanza de lenguas. En efecto, la competencia comunicativa es un concepto clave al tratar de responder a las siguientes preguntas:



  • ¿En qué consiste adquirir una lengua?

  • ¿Qué conocimientos, capacidades o destrezas se necesitan para hablar una lengua?

  • ¿Cuál es el objetivo de la enseñanza de lenguas?

La lingüística aplicada muchas veces ha tomado como base teorías de la lingüística teórica o de otras áreas de conocimiento, como la psicología o la antropología, para desarrollar modelos teóricos y constructos que puedan resultar apropiados a sus propios fines. El concepto de «competencia comunicativa» tiene su origen en el concepto de «competencia de la lingüística» teórica en el marco de la gramática generativa, pero también ha recibido la influencia de teorías de la antropología y la sociolingüística. Por lo tanto, se trata de un concepto que, del mismo modo que los de adquisición de segundas lenguas o enseñanza de lenguas, tiene un carácter interdisciplinar (Cenoz, 1996).

1. La competencia lingüística

La importante difusión del concepto de competencia comunicativa en los estudios de adquisición y enseñanza de lenguas está relacionada directamente con la distinción realizada por Chomsky (1965) entre competencia y actuación:

La teoría lingüística se centra principalmente en el hablante-oyente ideal de una comunidad de habla completamente homogénea que conoce su lengua perfectamente y al que no le afectan condiciones irrelevantes a nivel gramatical como las limitaciones de memoria, las distracciones, los cambios de atención y de interés y los errores al aplicar su conocimiento de la lengua a la actuación real(Chomsky, 1965: 3).

Por lo tanto, para Chomsky, la competencia es el conocimiento que el hablante-oyente tiene de la lengua, y la actuación es el uso real de la lengua en situaciones concretas. Chomsky está interesado en estudiar la competencia, no la actuación. Desde la perspectiva del estudio de la lengua como sistema no está interesado en el uso del lenguaje o en la adquisición y enseñanza de lenguas. Su interés se dirige al desarrollo en una teoría lingüística centrada principalmente en las reglas gramaticales.

Aunque en un principio Chomsky aceptó que todos los aspectos relacionados con el uso se incluían en la actuación, más tarde reconoció que algunos aspectos del uso son sistemáticos y están gobernados por reglas. Así, en 1980, reconoció que, además de la competencia gramatical, también existe la competencia pragmática; esta referida al conocimiento de las condiciones y al modo de uso apropiado conforme a varios fines, y aquella, la competencia gramatical, referida al conocimiento de la forma (Chomsky, 1980: 224).

Además de centrarse en el conocimiento y no en la capacidad o habilidad para utilizar este último en la comunicación interpersonal, el concepto de «competencia lingüística» está unido al conocimiento de la lengua por parte de los hablantes monolingües nativos. El concepto de «hablante nativo ideal» es difícil de aceptar puesto que no todos los hablantes de una lengua son competentes y pueden distinguir oraciones gramaticales de oraciones no gramaticales. Además, hablantes no nativos pueden distinguir ciertos tipos de oraciones gramaticales y no gramaticales con más exactitud que algunos hablantes nativos.

El concepto de competencia de Chomsky provocó reacciones importantes entre los investigadores situados fuera del marco de la gramática generativa (Lyons, 1970; Campbell y Wales, 1970; Hymes, 1972). Se considera inadecuado porque se limita a la competencia lingüística del hablante-oyente ideal en una sociedad homogénea y no considera aspectos centrales del uso de la lengua. En efecto, el concepto de competencia propuesto por Chomsky supone una abstracción e idealización, que no tiene una relación directa con la capacidad y habilidad para utilizar una o varias lenguas en la comunicación interpersonal por parte de hablantes monolingües y plurilingües en sociedades multiculturales. Es un concepto útil dentro de la gramática generativa, pero que se torna demasiado reduccionista si se aplica a la adquisición y enseñanza de lenguas.

Sin embargo, es preciso reconocer, como considera Llurdá (Llurdá 2000: 86), que la definición de Chomsky representa el punto de partida de otros enfoques posteriores y que, además, la controversia sobre el concepto de competencia lingüística ha favorecido la aceptación del concepto de competencia comunicativa como concepto fundamental en la adquisición y enseñanza de lenguas.

El concepto de competencia comunicativa

Jasone Cenoz Iragui



2. Competencia lingüística y competencia comunicativa

La reacción al concepto de «competencia» de Chomsky se centró en resaltar el carácter social de la competencia y la importancia de que los enunciados sean apropiados al contexto en el que tiene lugar la comunicación. De este modo Lyons (1970: 287) considera que:

La habilidad de utilizar la lengua con corrección en una variedad de situaciones determinadas socialmente es una parte tan central de la competencia lingüística como la habilidad de producir oraciones gramaticalmente correctas.

Campbell y Wales también insisten en la idea de que la gramaticalidad de las oraciones no es suficiente: «la habilidad de producir o comprender enunciados que no son tanto gramaticales sino algo más importante, apropiados al contexto en el que tienen lugar» (Campbell y Wales, 1970: 247).

Los investigadores que critican el concepto de «competencia lingüística» consideran que el concepto de «competencia» en la gramática generativa es reduccionista porque en él no se consideran elementos del contexto sociolingüístico. Sin duda alguna, la reacción contraria de mayor importancia ha sido la de Hymes (1972), quien considera que la competencia lingüística es insuficiente porque los enunciados deben ser también apropiados y aceptables en el contexto en el que se utilizan:

Hay reglas de uso sin las cuales las reglas gramaticales serían inútiles. Del mismo modo que las reglas sintácticas pueden controlar aspectos de la fonología, y las reglas semánticas quizá controlar aspectos de la sintaxis, las reglas de los actos de habla actúan como factores que controlan la forma lingüística en su totalidad(Hymes, 1972: 278).

Hymes propuso el concepto de «competencia comunicativa», que incluye las reglas de uso a las que hace referencia. En él incluye el significado referencial y social del lenguaje, y no solo se refiere a la gramaticalidad de las oraciones, sino también a si estas son apropidadas o no en el contexto. Para Hymes la competencia comunicativa presenta cuatro dimensiones: el grado en que algo resulta formalmente posible (gramaticalidad), el grado en que algo resulta factible, el grado en que algo resulta apropiado y el grado en que algo se da en la realidad. Por lo tanto, podemos ver que conceptos como ser apropiado o aceptable forman parte, al igual que ser gramaticalmente correcto, de la competencia comunicativa. Hymes afirma que la competencia es el conocimiento subyacente general y la habilidad para el uso de la lengua que posee el hablante-oyente. Según este autor, los hablantes consideran factores que intervienen en la comunicación cuando usan la lengua. Estos factores incluyen las características de los interlocutores o las relaciones que nos unen al interlocutor. Dependiendo de las distintas situaciones, los hablantes pueden utilizar diferentes registros.

El concepto de «competencia comunicativa» propuesto por Hymes tiene gran fuerza como herramienta organizadora en las ciencias sociales y es utilizado con gran frecuencia en la lingüística y psicolingüística, especialmente en relación con la adquisición de la primera y la segunda lengua. Sin embargo, son muchos los investigadores que han complementado algunos aspectos de la definición de competencia comunicativa. Por ejemplo, Gumperz (1972) considera que esta es lo que necesita el hablante para comunicar en contextos que son significativos culturalmente. Saville-Troike (1989: 21) opina que la competencia comunicativa incluye, además, aspectos de la comunicación, tales como hablar con personas de distintos estatus, conocer rutinas en la alternada de turnos u otros relacionados con el uso de la lengua en contextos sociales específicos.

La competencia comunicativa no es solamente una extensión de la competencia lingüística, a la que se le han añadido las reglas relacionadas con el uso. No se trata únicamente de una adición cuantitativa, es también y sobre todo, una ampliación cualitativa. El concepto de «competencia lingüística» se refiere al conocimiento de determinadas reglas mientras que la competencia comunicativa incluye además la habilidad o la destreza para utilizar ese conocimiento. Esta habilidad para usar el conocimiento puede distinguirse de la actuación, aunque solamente la actuación sea observable. La competencia es, en este sentido, conocimiento y habilidad, mientras que la actuación es lo que el hablante hace en el acto de comunicación.

Otra diferencia importante entre las competencias lingüística y comunicativa corresponde al carácter dinámico de la segunda frente al carácter estático de la primera. La competencia lingüística es innata, tiene base biológica, es estática, tiene un carácter absoluto y no implica comparación. La competencia comunicativa es un concepto dinámico que depende de la negociación del significado entre dos o más personas que comparten hasta cierto punto el mismo sistema simbólico. Como Savignon (1983) propone, tiene un carácter interpersonal y no intrapersonal. Además, la competencia comunicativa tiene un carácter relativo y no absoluto y los diferentes usuarios de la lengua pueden presentar distintos grados de competencia comunicativa. La competencia comunicativa, por lo tanto, tiene base social y es específica del contexto en el que tiene lugar la comunicación.

Las perspectivas desde las que se han propuesto los conceptos de competencia lingüística y comunicativa difieren porque las líneas de investigación para las que estos conceptos son necesarios son diferentes. La gramática generativa se centra principalmente en el estudio de los aspectos sintácticos de la lengua como sistema, mientras que otras perspectivas, relacionadas con la lingüística aplicada y la antropología, necesitan de este concepto porque refleja una perspectiva más amplia del estudio de la lengua e incluye otras áreas contextuales e interdisciplinares relacionadas con el uso de la lengua.

Taylor (1988) considera que cada gran confusión conceptual se debe a que Chomsky está interesado en la competencia como estado y no como proceso, y en el conocimiento y no en la habilidad. Widdowson (1995: 84) expresa las diferencias entre los dos conceptos:

Para Chomsky, entonces, la competencia es el conocimiento gramatical como un arraigado estado mental por debajo del nivel de lengua. No es una habilidad para hacer nada. Ni siquiera es la habilidad para formar o comprender oraciones, porque el conocimiento puede existir sin que sea accesible (...). Para Hymes, por otro lado, la competencia es la habilidad para hacer algo: para usar la lengua. Para él el conocimiento gramatical es un recurso, no una configuración cognitiva abstracta existente por propio derecho como una estructura mental. El modo en que este conocimiento se convierte en uso es, por tanto, una cuestión central, y es necesariamente un componente de la competencia comunicativa.

El concepto de competencia comunicativa

Jasone Cenoz Iragui

3. Modelos de competencia comunicativa

Como ya hemos señalado más arriba, el concepto de «competencia comunicativa» ha tenido un gran impacto en la lingüística aplicada. Se ha considerado importante definir las distintas dimensiones de la competencia comunicativa con el fin de concretar los aspectos específicos que un estudiante de lenguas debe conocer.

En esta sección presentamos tres modelos de competencia comunicativa, que reflejan el desarrollo de la lingüística aplicada y la importante influencia de la pragmática y el análisis del discurso.

3.1. El modelo de Canale y Swain (1980)

Al desarrollar un modelo que incluye los componentes de la competencia comunicativa, Canale y Swain tratan de ir más allá de la competencia gramatical como objetivo de enseñanza y como evaluación en adquisición de segundas lenguas. En el contexto de los modelos de inmersión de Canadá (Cummins y Swain, 1986; Genesee, 1987), en los que el francés se utiliza como lengua vehicular con alumnos que tienen el inglés como primera lengua, resultaba muy importante tratar de definir en qué consiste ser competente en una segunda lengua.



Canale y Swain distinguen tres componentes de la competencia comunicativa (véase figura 1):

Figura 1: El modelo de Canale y Swain



  • La competencia gramatical incluye «el conocimiento de los elementos léxicos y las reglas de morfología, sintaxis, semántica a nivel de gramática de la oración y fonología» (Canale y Swain, 1980: 29). Este componente se centra directamente en el conocimiento y la habilidad requeridos para comprender y expresar con exactitud el significado literal de los enunciados. Gracias a la competencia gramatical sabemos que frases como «Yo soy muy contento en esta ciudad» o «No quiero que Pablo viene mañana a la fiesta», son incorrectas.

  • La competencia sociolingüística. Permite usar la lengua según las normas de uso y las normas de discurso que sirven para interpretar los enunciados en su significado social. Las reglas socioculturales de uso especifican el modo en el que se producen los enunciados y se comprenden de forma apropiada respecto a los componentes de las secuencias comunicativas. El conocimiento de las normas de uso de registro y estilo nos permiten, por ejemplo, dirigirnos de forma adecuada cuando existe distancia social al entablar una conversación con un desconocido o cuando hay diferencias de edad o de estatus. Una situación de falta de competencia sociolingüística se produce, por ejemplo, cuando un camarero se dirige a unos clientes con una frase del tipo: «Eh, tíos, ¿qué vais a comer?», en vez de decir algo como: «Buenas noches. Aquí tienen la carta». Otro ejemplo que muestra problemas con la competencia sociolingüística sería el de un estudiante universitario pidiendo a otro apuntes del día anterior de la siguiente forma: «Perdone usted, caballero, ¿sería tan amable de dejarme los apuntes de ayer?», en vez de emplear una frase como «Perdona, ¿te importaría dejarme los apuntes de ayer?»

  • La competencia estratégica. Este componente «está formado por las estrategias de comunicación verbales y no verbales cuya acción se requiere para compensar las dificultades en la comunicación debidas a variables de actuación o a competencia insuficiente» (Canale y Swain, 1980: 30). Tanto los hablantes nativos como los estudiantes de lenguas utilizan estrategias para hacer frente a las limitaciones que impone su conocimiento o a los problemas para acceder a determinados elementos lingüísticos que pueden surgir en el mismo acto de la comunicación. En general, los hablantes no nativos tienen este tipo de problemas con más frecuencia que los hablantes nativos. Varios investigadores se han centrado en describir las estrategias más utilizadas por parte de hablantes de segundas lenguas (Kellerman, 1991; Kasper y Kellerman, 1997; Bialystok, 1990; Cohen, 1998). Algunas de las estrategias comunicativas más frecuentes incluyen (Manchón, 1993):

    • Ajustar el mensaje utilizando un término en el lugar de otro. Por ejemplo, decir «clavo» en vez de «tornillo».

    • Utilizar mímica o gestos para hacerse entender.

    • Describir un objeto cuando se ignora su nombre. Por ejemplo, «lo que usas para poner la ropa lisa» (en vez de decir «plancha»).

    • Acuñaciones léxicas. Por ejemplo, «Estas cosas se utilizan para luz, para luzar» (Manchón, 1993: 162).

El modelo de competencia comunicativa de Canale y Swain fue revisado y modificado por el primero tres años más tarde (Canale, 1983). Canale elaboró el concepto de «competencia socio-lingüística» y la diferenció de la competencia discursiva:

  • La competencia sociolingüística incluye las reglas socioculturales y, por lo tanto, se trata de producir y comprender los enunciados «de forma apropiada en distintos contextos sociolingüísticos dependiendo de factores contextuales como el estatus de los participantes, el propósito de la interacción y las normas o convenciones de la interacción»(Canale, 1983: 7).

La competencia sociolingüística se refiere a la caracterización de las condiciones que determinan qué enunciados son apropiados en determinadas situaciones. Hemos señalado ya algunos ejemplos de problemas referentes a la competencia sociolingüística a los que cabe añadir la utilización de algunas distinciones en la lengua, como «Ud.» y «Tú» en español. En inglés existe una sola forma, you, pero la lengua ofrece otros recursos para marcar distancia entre los interlocutores, como el empleo de un título (Mr., Mrs., Ms.) o del nombre de pila (John, Mary) cuando nos dirigimos a alguien.

  • La competencia discursiva se refiere al modo en el que se combinan formas gramaticales y significados para obtener un texto hablado o escrito unificado. La unidad del texto se consigue por medio de la cohesión en la forma y la coherencia en el significado. Tal y como señala Canale (1983), la cohesión se refiere al modo en que las oraciones se unen estructuralmente y facilita la interpretación de un texto. Veamos el siguiente ejemplo:

Iba por la calle cuando de pronto oí un ruido y vi que un coche rojo se chocaba contra una moto que estaba aparcada. Inmediatamente, el conductor se bajó y vio que la había tirado.

En este ejemplo podemos observar que se utiliza un deíctico temporal, «inmediatamente», y la utilización anafórica de «la» para referirse a la moto. Estos mecanismos sirven para relacionar las oraciones del texto.

Según Canale, la coherencia también relaciona las distintas partes del texto, pero desde un punto de vista semántico, haciendo referencia a las relaciones entre los distintos significados. Canale toma un ejemplo de Widdowson (1978: 29) para explicar la coherencia:

A.

El teléfono.



B.

Estoy en el baño.

A.

Vale.


La relación entre estos enunciados no se da por medio de mecanismos de cohesión, sino por la interpretación del significado de los enunciados como una petición, una disculpa y una aceptación de la disculpa, respectivamente.

Además de esta importante distinción entre competencia sociolingüística y competencia pragmática, Canale amplía el concepto de «competencia estratégica» para incluir las características compensatorias de las estrategias de comunicación debidas a la incompetencia insuficiente y las estrategias utilizadas para favorecer el efecto retórico de los enunciados (Canale, 1983: 339).

El modelo desarrollado por Canale y Swain (1980) y su revisión por Canale (1983) han tenido una importante influencia en la adquisición y enseñanza de lenguas. Define las dimensiones de la competencia comunicativa, aunque algunos investigadores han considerado que las definiciones no son suficientemente completas (Schachter, 1990). A pesar de esta crítica, el modelo ha contribuido significativamente al desarrollo de otros modelos, tanto en la adquisición de lenguas en general como en el área de evaluación.

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3.2. El modelo de Bachman (1990)

El modelo de Bachman proviene del área de la evaluación de lenguas dentro de la adquisición de segundas lenguas y trata de establecer las distintas dimensiones de la competencia comunicativa. En este modelo se distingue competencia organizativa y competencia pragmática (veáse figura 2):



Figura 2: El modelo de Bachman



  • La competencia organizativa. Esta dimensión de la competencia incluye las «habilidades relacionadas con la estructura formal de la lengua para producir o reconocer frases gramaticales correctas, incluyendo su contenido proposicional y ordenándolas para formar textos» (Bachman, 1990: 87). Estas habilidades son de dos tipos:

    1. La competencia gramatical, que incluye la competencia de uso lingüístico y es similar a la competencia gramatical de Canale y Swain (1980).

    2. La competencia textual, que incluye el conocimiento de las convenciones para unir enunciados de manera que formen un texto. Este componente es similar al de competencia discursiva de Canale (1983), pero Bachman lo presenta de forma más elaborada. La competencia textual incluye la cohesión y la organización retórica. La cohesión se refiere a las formas de marcar explícitamente las relaciones semánticas, como la referencia, la elipsis o la cohesión léxica. La organización retórica se refiere a la estructura conceptual general del texto y está relacionada con el efecto del texto en el usuario de la lengua (Van Dijk, 1977). Las convenciones de organización retórica incluyen métodos comunes de desarrollo, como la narración, descripción, comparación, clasificación y análisis del proceso.

Las habilidades relacionadas con la competencia organizativa se refieren a la organización de las señales lingüísticas que se utilizan en la comunicación y al modo en el que estas señales se usan para referirse a personas, objetos, ideas y sentimientos.

  • La competencia pragmática se refiere a las relaciones entre signos y referentes y también a las relaciones entre usuarios de la lengua y contexto de comunicación. La competencia pragmática incluye dos dimensiones, la competencia ilocutiva y la competencia sociolingüística:

    1. La competencia ilocutiva implica el análisis de las condiciones pragmáticas que determinan si un enunciado es aceptable o no. Se refiere a la relación entre los enunciados y los actos o funciones que los hablantes intentan realizar por medio de los enunciados. Se distinguen funciones ideativas, manipulativas, heurísticas e imaginativas. Veamos el siguiente ejemplo:

En una empresa:

Secretaria:

El despacho del Sr. López está al fondo del pasillo.

Visitante:

Gracias (pero no se mueve).

Secretaria:

Le está esperando el Sr. López.

Visitante:

Oh, perdón.

En este ejemplo podemos observar que hay un problema de tipo pragmático en la comunicación porque la persona visitante no ha entendido que la intención de la secretaria era que se dirigiera inmediatamente al despacho del Sr. López al darle su localización. En este caso la secretaria ha formulado una petición indirecta que no ha sido interpretada como tal.



    1. La competencia sociolingüística se refiere a la caracterización de las condiciones que determinan qué enunciados son apropiados en determinadas situaciones y determinan el registro, variedad dialectal y referencias culturales. Este componente es similar al concepto de «competencia sociolingüística» de Canale y Swain (1980).

En una versión más reciente del modelo, Bachman y Palmer (1996) introducen algunos cambios en la competencia pragmática y consideran que tiene tres componentes: i) el conocimiento léxico, que anteriormente estaba incluido en la competencia gramatical; ii) el conocimiento funcional, que se refiere a las relaciones entre los enunciados y las intenciones comunicativas de los hablantes, y es similar, pero más amplio, que el concepto de «competencia ilocutiva» y iii) el conocimiento sociolingüístico que ya había sido considerado en la versión anterior del modelo.

Bachman también incluye la competencia estratégica y describe los mecanismos por los que esta competencia funciona. Para ello, aplica el modelo de producción del habla de Faerch y Kasper (1983) e incluye los siguientes componentes: valoración, planificación y ejecución. En una versión modificada del modelo (Bachman y Palmer, 1996) se refiere a la competencia estratégica como estrategia metacognitiva.

El modelo de Bachman (1990) y el de Bachman y Palmer (1996) tratan de distinguir entre conocimiento y habilidad de uso de la lengua, aunque resulte difícil distinguir algunos aspectos de la competencia estratégica y de la competencia funcional. El modelo es considerado como una aportación importante en el área de la evaluación.

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