El anticristo



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Doy un cierto número de pruebas de aquello que se le metió en la cabeza a esa gentecilla, de lo que puso en labios de su maestro: simples profesiones de fe de bellas almas.

“Y todos aquellos que no os recibieren ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, en testimonio a ellos. De cierto os digo que más tolerable será, el castigo de los de Sodoma y Gomorra el día del Juicio que el de aquella ciudad.” (Marcos, 6, 11.) ¡Qué evangélico es esto!

“Y cualquiera que escandalizare a uno de estos pequeñitos que creen en mi, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino el cuello, y fuera echado en la mar.” (Marcos, 9, 42.) ¡Qué evangélico es esto!

“Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo que teniendo dos ojos ser echado a la Gehenna, donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga.". (Marcos 9, 47.) No se trata precisamente de los ojos...

"También les dijo: «De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte basta que hayan visto el reino de Dios, que viene con potencia»”.) (Marcos, 9, 1.) Mientes muy bien, ¿oh león!

“Cualquiera que quisiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, y tome su cruz y sígame. Porque... “ (“Observación de un psicólogo!”: la moral cristiana es refutada por sus porqués; sus argumentos refutan, y esto es cristiano.) (Marcos, 8, 94.)

“No Juzgaréis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados: y con la medida con que medís, os volverán a medir". (Mateo. 7, 1.) ¡Qué concepto de la Justicia, de un juez justo!...

“Porque si amareis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis!? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si abrazaseis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen así también los Gentiles?" (Mateo, 5, 46.) Principio del amor cristiano: en fin de cuentas, quiere ser bien pagado...

“Mas si no perdonareis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.” (Mateo, 6, 15.) Muy comprometedor para el susodicho Padre...

"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." (Mateo 6, 33.) Todas estas cosas, es decir: comida, vestidos, todo lo que hace falta en la vida. Es un error para hablar modestamente... Poco antes, Dios aparece en calidad de sastre; por lo menos, en ciertos casos...

"Gozaos en aquel día, y alegraos, "porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos, porque así hacían sus padres a los profetas." (Lucas, 6, 23.) ¡Oh cínica canalla! Ya se compara con los profetas...

"¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es." (Pablo, a los corintios. I, 3, 16.) Cosas como esta no serán nunca bastante despreciadas...

"¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?" (Pablo a los corintios, I, 6, 2.) Desgraciadamente, esto no es sólo el discurso de un loco... Este terrible mentidor continúa, textualmente, así: "¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de este siglo?"

"¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Porque por no haber el mundo conocido la sabiduría de Dios, a Dios por sabiduría. agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación....No sois muchos sabios, según la carne; no muchos poderosos, no muchos nobles, Antes, lo necio del mundo escogió Dios para avergonzarnos a los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios para avergonzar lo fuerte: y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es: para que ninguna carne se jacte de su presencia." (Pablo, a los corintios, 1, 20 y sig.) Para comprender este pasaje, testimonio capital de la sicología de toda moral de chandala, léase la primera parte de mi Genealogía de la moral; en ella se pone de manifiesto por primera vez la contradicción entre una moral noble y una moral de chandala, nacida del rencor y de la venganza impotente. Pablo fue el mayor de los apóstoles de la venganza...

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¿Qué se deduce de aquí? De aquí se deduce que es conveniente ponerse los guantes cuando se lee el Nuevo Testamento. Casi nos obliga a ello la presencia de tanta impureza. Nos guardaremos de escoger para el trato cristianos primitivos, como nos guardaríamos de los judíos polacos: no hay que oponerles reparo alguno, pero tienen mal olor.

En vano he buscado en el Nuevo Testamento un rasgo simpático: nada hay en él que sea libre, benévolo, franco ni honesto. Aquí no ha comenzado todavía el humanismo, falta el instinto de limpieza; en el Nuevo Testamento no hay mas que malos instintos. Todo es vileza; todo allí es un cerrar los ojos y un engañarse a si mismo. Cuando se ha leído el Nuevo Testamento, cualquier otro libro parece limpio: para poner un ejemplo, yo, después de haber leído a san Pablo, leí con verdadero arrebato a Petronio, aquel gracioso y petulante humorista, del cual se podría decir lo que Domenico Boccaccio escribía de César Borgia al duque de Parma: "Es inmortalmente sano, inmortalmente sereno y bien constituido: e tutto festo..."

Estos hipocritillas desbarran precisamente en lo esencia. Atacan, pero todo lo que es atacado por ellos se hace por esto mismo distinguido. Cuando un cristiano primitivo ataca, el atacado no resulta con mancha; por el contrario es un honor tener contra si cristianos primitivos. No se puede leer el Nuevo Testamento sin sentir predilección por lo que en él resulta maltratado, para no hablar de la sabiduría de este mundo, que un descarado fanfarrón intenta en vano desacreditar con predicaciones estúpidas... Hasta los escribas y los fariseos han sacado provecho de semejantes adversarios: debieron tener algún valor para ser odiados de manera tan indecente. ¡La hipocresía, he aquí un reproche que los cristianos primitivos tendrían derecho a hacer! Por último, escribas y fariseos eran privilegiados; esto basta; el odio de los chandalas no tiene necesidad de otros motivos. El primer cristiano, y temo que también el último cristiano, que acaso yo viva lo suficiente para ver es rebelde por un profundo instinto contra todo lo que es privilegiado; vive y combate siempre por la igualdad de derechos... Si se observa mejor, no tiene elección. Si se quiere ser, personalmente, un elegido de Dios, o un templo de Dios, o un juez de los ángeles, entonces todo otro principio de elección, por ejemplo, la elección fundada en la probidad, en el espíritu y en el orgullo, en la belleza y en la libertad del corazón, me hace simplemente mundo, el mal en sí... Moraleja: toda palabra en labios de un cristiano primitivo es una mentira, cada una de sus acciones es una falsedad instintiva; todos sus valores, todos sus fines son nocivos, pero lo que odia, esto tiene valor... El cristiano, el cristiano sacerdote particularmente, es un criterio de valores.

Debo aún añadir que en todo el Nuevo Testamento se encuentra una sola figura que se deba honrar: Pilatos, el gobernador romano. Tomar en serio un asunto entre judíos, es cosa a la que no se resuelve. Un judío de más o menos, ¿qué importancia tiene?... La noble ironía de un romano, ante el cual se ha hecho un cínico abuso de la palabra verdad, ha enriquecido el Nuevo Testamento con la única palabra que tiene valor, que es por si la critica y aun el aniquilamiento del Nuevo Testamento: ¿qué es la verdad?...

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Lo que nos distingue no es el hecho de que no encontramos a Dios ni en la historia, ni en la naturaleza, ni detrás de la naturaleza, sino el hecho de que consideramos lo que se oculta bajo el nombre de Dios, no como divino, sino como miserable, absurdo, nocivo; no sólo como error, sino como delito contra la vida... Nosotros negamos a Dios en cuanto Dios... Si se nos demostrase este Dios de los cristianos, creeríamos aún menos en él. Para expresarnos con una fórmula: Deus, qualem Paulus creavit, dei negatio.

Una religión como el cristianismo, que en ningún punto se encuentra en contacto con la realidad, que se quiebra en cuanto la verdad adquiere sus derechos aun en un solo punto, debe naturalmente ser enemiga mortal de la sabiduría del mundo, o sea de la ciencia; debe aprobar todos los medios con que la disciplina del espíritu, la pureza y la serenidad en los casos de conciencia del espíritu, la noble frialdad y libertad del espíritu pueden ser envenenadas, calumniadas, difamadas. La fe como imperativo es el veto contra la ciencia; en la práctica es la mentira a toda costa... Pablo comprendió que la mentira – que la fe – es necesaria; a su vez la Iglesia, más tarde, comprendió a Pablo.

Aquel Dios que Pablo se inventó, un Dios que desacredita la sabiduría del mundo (o en sentido estricto, los dos grandes adversarios de toda superstición: la filología y la medicina), no es en realidad mas que la resuelta decisión de Pablo de llamar Dios a su propia voluntad, la Thora; esto es Judaico, Pablo quiere desacreditar la sabiduría del mundo: sus enemigos son los buenos filólogos y los médicos de la escuela alejandrina; a éstos les hace la guerra. En realidad, no se es filólogo y médico sin ser al mismo tiempo anticristiano. Porque en calidad de filólogos se mira detrás de los libros santos, y en calidad de médicos sé ve detrás del cristiano típico la degeneración psicológica. El médico dice: Incurable; el filólogo dice: Charlatanería.



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¿Se ha entendido bien la famosa historia que se encuentra al principio de la Biblia, la del terrible miedo de Dios ante la ciencia? No se ha comprendido. Este libro de sacerdotes por antonomasia comienza, como es justo, con la gran dificultad íntima del sacerdote: el sacerdote tiene un solo peligro, por consiguiente, Dios tiene sólo un gran peligro.

El viejo Dios, todo espíritu, todo gran sacerdote, todo perfección, pasea por distracción en sus jardines; pero se aburre. En vano luchan contra el tedio los dioses mismos. ¿Qué hace Dios? Inventa al hombre; el hombre es divertido... Pero he aquí que también el hombre se aburre, La compasión de Dios por la única miseria que todos los Paraísos tienen en si, no conoce limites: pronto  creó otros animales. Primer error de Dios: el hombre no encontró divertidos a los animales – fue su amo, no quiso ser un animal. Después de esto Dios creó a la mujer. Y, en realidad, entonces acabó de aburrirse; pero acabaron también otras cosas. La mujer fue el segundo error de Dios. "La mujer es, por su naturaleza, serpiente: Eva"; esto lo sabe todo sacerdote; "de las mujeres procede todo el mal sobre la tierra"; esto también lo sabe todo sacerdote. "Por consiguiente, también de ella viene la ciencia..." Precisamente, de la mujer aprende el hombre a gustar el árbol del conocimiento.

¿Qué había sucedido! El viejo Dios se vio acometido de un tremendo error. El hambre mismo se había hecho su mayor error; Dios se había creado un rival: la ciencia nos hace iguales a Dios; ¡cuando el hombre se hace sabio han terminado los sacerdotes y los dioses! Moraleja: la ciencia es la cosa vedada en si, es lo único vedado. La ciencia es el primer pecado, el germen de todos los pecados, el pecado original. Sólo esto es la moral. Tú no debes conocer: todo lo demás se sigue de aquí. El tremendo miedo experimentado por Dios no le impidió ser hábil. ¿Cómo nos defenderemos de la ciencia? Este fue durante mucho tiempo su problema capital. Respuesta: ¡Arrojemos al hombre del Paraíso! La felicidad, el ocio, conducen a pensar; todos los pensamientos son malos pensamientos... El hombre no debe pensar.

Y el sacerdote en sí inventa la miseria, la muerte, los peligros mortales del parto, toda clase de sufrimientos, de dolores, de fatigas, y sobre todo la enfermedad; ¡simples medios en la lucha contra la ciencia! La miseria le impide al hombre pensar... Y, sin embargo, ¡cosa terrible!, la obra de la ciencia se eleva, llega hasta el cielo, haciendo palidecer a los dioses. ¿Qué hacer? El viejo Dios inventa la guerra, separa a los pueblos, hace que los hombres se destruyan unos a otros (los sacerdotes tuvieron siempre necesidad de la guerra). ¡De la guerra. que, entre otras cosas, es una gran perturbadora de la paz de la ciencia! ¡Oh cosa increíble! No obstante la guerra, la ciencia, la emancipación del poder del sacerdote, aumentan. Y una última decisión se presenta al viejo Dios: El hombre se ha hecho científico: no sirve, hay que ahogarlo.

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¿Se me ha entendido? El comienzo de la Biblia contiene toda la sicología del sacerdote. El sacerdote sólo conoce un peligro: la ciencia, el sano concepto de causa y efecto. Pero la ciencia prospera conjuntamente sólo en situaciones favorables; hay que tener tiempo, hay que tener espíritu de sobra para investigar ., Por consiguiente, se debe hacer al hombre infeliz: ésta fue en todo tiempo la lógica del sacerdote.

Ya se adivina qué ha entrado en el mundo con arreglo a esta lógica: el pecado. El concepto de culpa y de castigo, todo el orden moral del mundo fue inventado contra la ciencia, contra el rescate del hombre de los sacerdotes...

El hombre no debe mirar fuera de sí, sino dentro de si; no debe mirar las cosas con habilidad y prudencia para aprender; en general, no debe mirar; debe sufrir... Y debe sufrir de  modo  que  tenga  constantemente  necesidad del sacerdote. ¡Fuera los médicos! ¡Hay necesidad de un salvador! ¡El concepto de culpa y de castigo, comprendida la doctrina de la gracia, de la redención, del perdón -todas completas mentiras privadas de toda realidad psicológica- fue inventado para destruir en el hombre el sentido de las causas; fue un atentado contra la nación de causa y afecto! ¡Y no un atentado realizado con el puño, con el cuchillo, con la sinceridad con el odio y en el amor , sino partiendo de los instintos más viles, más astutos, más bajos! ¡Un atentado de sacerdotes! ¡Un atentado de parásitos! ¡Un vampirismo de  pálidas  sanguijuelas  subterráneas!...  Si  las consecuencias naturales de una acción no son ya naturales, si no que se fantasea que sean influidas por conceptos fantasmas de la superstición, por Dios, por espíritus, por almas, como consecuencias puramente morales, con premio castigo, indicación, medio de educación, es destruida la premisa de la ciencia y se ha cometido el mayor delito contra la humanidad, fue inventado para hacer imposible la ciencia, la civilización y el ennoblecimiento del hombre; el sacerdote domina gracias a la invención del pecado.



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Al llegar a este punto no puedo prescindir de una sicología de la fe del creyente, a favor, como es justo, de los creyentes. Si tampoco faltan hoy personas que ignoran cuán indecoroso es el ser creyente    – o cómo esto es un signo de decadencia, de falta de falta de voluntad de vivir–, ya se sabrá mañana. Mi voz llega incluso los duros de oído. Parece, si no he comprendido mal, que     llama la prueba de la fuerza. La fe nos hace felices: luego es verdadera. Ante todo, se podría objetar aquí que la felicidad tampoco está demostrada, sino que no es mas que una promesa: la felicidad va unida a las :condiciones de la fe: hay que ser feliz porque se cree...

Pero ¿cómo se puede demostrar que efectivamente su cede lo que el sacerdote promete al creyente en un más allá inaccesible a todo control? La presunta prueba de la fuerza es, por consiguiente, a su vez la creencia en que no faltará aquel efecto que se nos promete por la fe. Aderezado en una fórmula: "yo creo que la fe nos hace felices; por consiguiente, la fe es verdadera". Pero con esto estamos ya al cabo de la calle. Aquel por consiguiente es el absurdo mismo tomado como criterio de verdad.

Pero supongamos, con alguna indulgencia, que esté demostrado que la fe asegura la felicidad (que la felicidad no es sólo deseada, no es sólo prometida de labios, un tanto sospechosos, de los sacerdotes): ¿fue nunca la felicidad -o para hablar técnicamente, el placer- una prueba de la verdad? Dista tanto de serlo que casi es lo contrario: en todo caso es la más vehemente sospecha contra la "verdad", cuando sentimientos de placer toman la palabra a la pregunta: ¿qué es la verdad? la prueba del placer es una prueba para el placer, nada mas. ¿De dónde se podrá sacar que precisamente los juicios verdaderos causan mayor placer que los falsos, y que, de conformidad con una armonía preestablecida, llevan necesariamente consigo sentimientos placenteros? La experiencia de todos los espíritus severos y profundos enseña la contrario: Para conquistar la verdad hay que sacrificar casi todo lo que es grato a nuestro corazón, a nuestro amor, a nuestra confianza en la vida. Para ello es necesario grandeza de alma: el servicio de la verdad es el más duro de todos los servicios. ¿Qué significa ser probo en las cosas del espíritu? Significa ser severos con nuestro propio corazón, despreciar los bellos sentimientos y formarse una conciencia de cada mente...

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Una breve visita a un manicomio nos enseña con suficiente claridad que la fe en ciertas circunstancias hace hombres felices, que la felicidad no hace de una idea fija una idea verdadera, que la fe no transporta las montañas, sino que coloca montañas donde no las hay. Esto no convence a un sacerdote, - porque éste niega por instinto que la enfermedad sea una enfermedad y el manicomio un manicomio. El cristianismo tiene necesidad de la enfermedad, casi como la Grecia tenía necesidad de un exceso de salud: hacer enfermos es la verdadera intención recóndita de todo el sistema de salvación propio de la Iglesia. Y la Iglesia misma, ¿no es el manicomio católico como último ideal? ¿La tierra en general, como manicomio? El hombre religioso, cual le quiere la Iglesia, es un decadente típico; el momento en que una crisis religiosa se posesiona de un pueblo es siempre caracterizado por epidemias nerviosas; el mundo interno del hombre religioso se parece al mundo interior de los sobreexcitados y de los agotados, hasta el punto de confundirse con él; los más elevados estados de ánimo que el cristianismo ha colocado sobre la humanidad como valores supremos, son formas epileptoides: la Iglesia ha santificado solamente a locos o a grandes impostores in majorem dei honorem... Yo osé una vez definir todo el training cristiano de la expiación y  de la redención (hoy estudiado especialmente en Inglaterra) como una locura circular producida metódicamente, como es natural sobre un terreno ya preparado, o sea fundamentalmente morboso. Nadie es libre de llegar a ser cristiano: no se convierte la gente al cristianismo, hay que estar bastante enfermo para el cristianismo...



Nosotros, que tenemos el valor de la salud y también del desprecio, ¡cuánto derecho tenemos a despreciar una religión que enseñó a comprender mal el cuerpo, que hace un mérito de la falta de alimentación! ¡que combate en la salud una especie de enemigo, de diablo, de tentación!; ¡que se persuadió de que es posible llevar un alma perfecta en un cuerpo cadavérico, y a este fin debió tomarse una nueva concepción de la perfección,una criatura pálida, enfermiza, idiotamente fanática, la dicha santidad, la santidad que es simplemente una serie de síntomas de un cuerpo empobrecido, enervado, irremediablemente lesionado!...

El movimiento cristiano como movimiento europeo es, a priori,  un movimiento colectivo de los elementos de desecho y de descarte de todo género (los cuales quieren llegar con el cristianismo al poder). No expresa el ocaso de una raza, es un agregado de formas de decadencia provenientes de todo lugar, las cuales se reúnen y se buscan. No es, como se cree, la corrupción de la antigüedad misma, de la noble antigüedad que hizo posible el cristianismo; nunca se combatirá con suficiente saña el idiotismo erudito que aún sostiene una cosa semejante. En la época en que las capas sociales enfermizas y dañadas  del chandala se cristianizaron en todo el imperio romano, el tipo opuesto, la nobleza, existía precisamente en su forma más hermosa y más dura. El gran número alcanzó el poder: el democratismo de los instintos cristianos venció... El cristianismo no fue nacional, no se concretó a una raza, se dirigió a todos los desheredados de la vida; encontró en todas partes sus aliados. El cristianismo tiene en su base el rencor de los enfermos, dirige sus instintos contra los sanos, contra la salud. Todo lo que está bieconstituido, todo lo que es altivo, orgulloso, sobre todo la belleza, lastima sus ojos y sus iodos. Recordaré, una vez más, la inestimable frase de Pablo: “Lo que es débil a los ojos del mundo, lo que es loco para el mundo, lo que es innoble y despreciable para el mundo, fue elegido por Dios"; ésta fue la fórmula, in hoc signollegó la decadencia.

Dios en la cruz, ¿todavía no se puede comprender el terrible pensamiento oculto en este símbolo? Todo lo que es pensamiento, todo lo que esta suspendido de una cruz es divino... Todos nosotros estamos suspendidos de una cruz, por consiguiente, todos nosotros somos divinos... Nosotros solos somos divinos... El cristianismo fue una victoria, por él pereció una mentalidad más noble; el cristianismo ha sido hasta hoy la más grande desgracia de la humanidad.

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fil cristianismo está también en contradicción con toda buena constitución intelectual: sólo puede valerse de la razón enferma como razón cristiana, toma el partido de todo lo que es idiota, lanza la maldición sobre el espíritu, sobre la soberbia del espíritu sano. Como la enfermedad pertenece a la esencia del cristianismo, también el estado típico de ánimo cristiano, la fe, debe ser un forma de enfermedad, y todos los caminas rectos, honrados, científicos, que conducen al conocimiento deben ser refutados por la Iglesia como caminos prohibidos. Ya la duda es un pecado... La falta completa de limpieza psicológica en el sacerdote --que se revela en su mirada-- es un fenómeno y una consecuencia de la decadencia: obsérvese de un lado las mujeres histéricas y de otro los niños de constitución raquítica, y se verá que, ordinariamente, la falsedad instintiva, el placer de mentir por mentir, son manifestaciones de decadencia. La fe significa no querer saber qué es la verdad. El pietista, el sacerdote de ambos sexos, es falso porque es un enfermo: su instinto exige que la verdad no tenga razón en ningún punto.



"Lo que nos hace enfermos es bueno; lo que proviene de la abundancia, del exceso, del poder, es malo"; así piensa el creyente. Yo adivino a todo teólogo predestinado por la esclavitud a la mentira.Otro indicio del teólogo es su incapacidad para la filología. Por filología debe  entenderse aquí, en sentido muy general, el arte de leer bien; de saber interpretar los hechos sin falsearlos. Con interpretaciones; sin perder, por el deseo de comprender, la prudencia, la paciencia, la finura. La filología como ephexis en la interpretación; ya se trate de libros o de noticias, de periódicos, de destinos o de hechos meteorológicos, para no hablar de la salvación del alma...

El modo que un teólogo, ya se encuentre en Berlín o en Roma, interpreta una palabra de la Escritura o un acontecimiento; una victoria del ejército nacional, por ejemplo, bajo la alta luz de los salmos de David, es siempre de tal manera audaz que un filólogo le hace perder la paciencia. ¿Y qué decir cuando los pietistas y otras vacas de Suavia justifican su miserable existencia cotidiana con el dedo de Dios,  y de él hacen un milagro de la gracia, de la providencia; un milagro de santa experiencia? El más modesto empleo del espíritu, para no decir de la decencia, deberla llevar a estos intérpretes a persuadirse de la completa puerilidad e indignidad de semejante abuso del dedo de Dios. Si se tuviese en el cuerpo una medida de piedad, por pequeña  que fuera, un Dios que nos cura oportunamente de un resfrío o que nos hace entrar en el coche en el momento justo que estalla un gran aguacero, debería ser un Dios tan absurdo que, si existiese, debería ser abolido. Un Dios cual mensajero, como cartero, como mercader, es en el fondo una palabra para indicar  la  más  estúpida  especie  de  todas las casualidades...  La Divina providencia, La “divina providencia”, tal como continúa creyendo hoy en ella aproximadamente una tercera parte de la “Alemania culta”, sería una objeción tan fuerte contra Dios, que no se la podría imaginar mayor. ¡Y en todo caso, es una objeción contra los alemanes!...




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