El Alma y su Mecanismo Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul



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Apéndice

Nota i
(Referente al Capítulo IV)


Lo siguiente ha sido extraído de una reciente publicación donde se expone de otra manera el tema del alma, y quizás proporcione alguna idea de la tendencia del pensamiento occidental mo­derno, respecto al mismo.
"La frase percepción religiosa es en sí vaga. ¿No sería posi­ble dar a esa frase un contenido definido sin apartarse de la actitud de crítica? Ayudaría a obtener tal definición si nos pre­guntáramos qué elemento lo ha inclinado a apartarse de la vida del hombre moderno con la declinación de las disciplinas tradi­cionales. De acuerdo a Walter Lippmann, el hombre moderno ha perdido la convicción de que "existe una esencia inmor­tal que preside sobre sus apetitos como un rey". Pero ¿por qué adjudicar la afirmación de tal esencia o voluntad superior, al simple tradicionalista? ¿Por qué no afirmarlo ante todo como una realidad psicológica, uno de los datos inmediatos de la con­ciencia, una percepción tan primordial que, en comparación, las negaciones deterministas de la libertad moral del hombre sólo son un sueño metafísico? De esta manera estaríamos en posición de ejecutar un movimiento de flanco alrededor de los conductis­tas y otros psicólogos naturalistas, considerados hoy como los peores enemigos de la naturaleza humana. Al mismo tiempo estaríamos bien encaminados hacia la evasión del dilema moderno y a convertirnos en modernos, íntegros y cabales.
"Los filósofos han debatido frecuentemente la cuestión de la prioridad de la voluntad o el intelecto del hombre. La cualidad de la voluntad que estoy dilucidando y que bien merece ser considerada suprarracional, ha estado, sin embargo, asociada al cris­tianismo tradicional, no principalmente por la voluntad del hombre, sino por la de Dios, como gracia. Los teólogos se han dedi­cado a inútiles sutilezas, a propósito de la gracia. De ninguna manera podemos prescindir, como ha sido la tendencia moder­na, de la verdad sicológica de la doctrina, conjuntamente con estas sutilezas. La voluntad superior debe ser aceptada simple­mente como un misterio que puede ser estudiado por sus efec­tos prácticos, pero que su naturaleza real, no es posible definir. Por eso, la voluntad superior no es peculiar. 'Todas las cosas', de acuerdo a la máxima escolástica, 'terminan siendo un misterio'. El hombre de ciencia está cada vez más dispuesto a aceptar que no sólo elude la realidad detrás del fenómeno que está estudian­do, sino que por la naturaleza del caso deberá siempre evadirla. Por ejemplo, ya no sostiene, como lo hacían sus antepasados más dogmáticos del siglo xix, que la hipótesis mecanicista, valiosa como técnica de laboratorio, según ha probado ser, es absoluta­mente verdad; acepta que su verdad es relativa y provisoria.
"La persona que se niega a aprovechar la voluntad superior hasta no estar segura de que ha comprendido su naturaleza real, se halla en el mismo nivel del hombre que se niega a utilizar en forma práctica la energía eléctrica, hasta no haberse formu­lado una teoría impecable de la electricidad; podrá decirse con­trariamente que la voluntad superior, sin sobrepasar la actitud de crítica, no es absoluta ni un imperativo categórico, tampoco lo orgánico y mucho menos lo mecánico, y por último, ni es 'lo ideal' en el sentido común de ese término. Positivamente, podría definirse lo inmediato superior, conocido por su relación con lo inmediato inferior –el hombre meramente temperamental, con sus impresiones, emociones y deseos comunicativos–, como un poder de control vital. No ejercitar este control es indolen­cia espiritual, que para el cristiano y el budista no es sólo uno de los orígenes principales, sino el principal origen del mal. Aun­que Aristóteles, basándose en modismos griegos, no adjudica pri­macía a la voluntad sino a la mente, a cuyo poder me he refe­rido con toda seguridad y que se relaciona a su 'energía del alma', el tipo de actividad distinta de la mera actuación externa, consi­derada apropiada para la vida tranquila que él propone como meta de una educación liberal... La energía del alma que ha servido de nivel humanista para la mediación, aparece en el nivel religioso como meditación. La religión, lógicamente, puede significar algo más que meditación. Al mismo tiempo la media­ción humanista que tiene el apoyo de la meditación, puede decirse correctamente que posee un trasfondo religioso. Después de todo, mediación y meditación, son sólo etapas distintas del mismo 'sendero' ascendente y no deberían separarse arbitraria­mente".
Artículo: Humanism: An Essay on Definition, de Irving Babbitt, págs. 39‑41. Extraído de: Huma­nism and América: Essays on the 0utIook of Mo­dern Civilization, editado por Norman Foerster.
Nota ii
(Referente al Capítulo VII)

Es interesante observar en la actualidad la proliferación del hipertiroidismo y las diversas dificultades vinculadas con la glándula tiroides. ¿Esta condición no corroborará la teoría oriental? Muchas personas obligadas por las circunstancias y las estrechas condiciones económicas, llevan una vida sexual anor­mal y practican el celibato. Otras por alguna idea errónea sobre las demandas espirituales, rechazan el matrimonio normal y se dedican a una vida célibe. Debido a estas condiciones, la fuerza asciende al centro que constituye su meta y llega a la laringe. Siendo anormal esta condición y estando el hombre o mujer centrados emocionalmente y si el equipo mental (tan necesario para el verdadero trabajo creador) es relativamente mediocre, no hay capacidad para utilizar este poder creador, de allí surge el sobreestímulo de la glándula tiroides. Hemos observado va­rios de estos casos y parecen sustanciar esta posición. Aquí po­dría aplicarse la investigación y emplearse el método científico de acumular evidencia, que prueben o refuten la hipótesis. En el conjunto de casos y de testimonios, podrá hacerse la luz en esta cuestión. Cuando la transferencia es normal y no prematura, se producen resultados en el trabajo creador, literatura, drama, música y las artes en general.

Bibliografía
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Sicología:
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Studies in the Bhagavad‑Gita, The Dreamer.

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2007






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