El Alma y su Mecanismo Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul



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René Guénon 17 sintetiza el resultado de esta unión en los siguientes términos:
"La liberación o unión, que es una y la misma cosa, implica, como ya hemos dicho, 'por encima de todo', la posesión de todos los estados de conciencia, pues es la perfecta realización (sadha­na) y la totalidad del ser. Además, es de poca importancia que estos estados estén o no realmente manifestados, pues sólo deben considerarse metafísicamente, como posibilidades permanentes e inmutables. 'Señor de muchos estados, por el sencillo efecto de su voluntad, el yogi sólo se interesa en uno sólo, dejando a los otros, vacíos del hálito animador (prana), así como otros tantos instrumentos no utilizados, él puede animar a más de una forma, así también una sola lámpara puede alimentar a más de una mecha'.
'El yogi', dice Aniruddha, 'está conectado directamente con el principio primordial del universo, en consecuencia, secundaria­mente, con la totalidad del espacio, del tiempo y de las cosas', es decir, con la manifestación y, más particularmente, con el estado humano, en todas sus modificaciones."

Notas:


  1. Bhagavad Gita, Cap. XIII, Vers. 32, 33, 34.

  2. Kenopanishads. Citado por rama Prasad en Las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, pág. 159

  3. The Serpent Power, pág. 89, de Sir John Woodroffe (Arthur Avalon).

  4. Shakti and Shakta, pág. 167 de Sir John Woodroffe (Arthur Avalon).

  5. Ídem. pág. 170

  6. Raja Yoga, pág. 63, 64, de Swami Vivekananda.

  7. La Ciencia Hindú-Yogi de la Respiración, págs. 35, 36 y 37.

  8. Shakti and Shakta, pág. 207, de Sir John Woodroffe.

  9. The Mysterious Kundalini, pág. 40 de Vasan G. Rele.

  10. The Philosophy of the Upanishads, págs. 286, 287, del Dr. Paul Deussen.

  11. Ídem, pág. 170.

  12. Ídem, pág. 171.

  13. The Mysterious Kundalini, pág. 70.

  14. Outlines of Indian Philosphy, págs. 58, 59.

  15. The Serpent Power, pág. 3, de Sir John Woodroffe.

  16. The Mysterious Kundalini, págs. 13, 14.

  17. Man and His Becoming, págs. 238.

Capítulo vi


Los Siete Centros de Fuerza
En el capítulo anterior vimos que, según la doctrina oriental, el cuerpo etérico o vital, está constituido por éter, actúa como conductor de prana o principio de vida, energetiza la materia y produce la forma. El cuerpo vital contiene también el principio sensibilidad de la naturaleza, denominado alma, o en otras pa­labras, el cuerpo vital es la expresión y el vehículo del alma.
La principal característica del alma es la conciencia. El alma, como vida, está "situada en el corazón", y como conciencia racional espiritual, está "situada en el trono entre las cejas". René Guénon 1 expresa esto de la siguiente manera:
"Desde el punto de vista físico, lo que reside en el centro vital es el éter; desde el punto de vista psíquico es el 'alma viviente', y hasta aquí no trascendemos el reino de las posibilidades individua­les; pero desde el punto de vista metafísico es además y ante todo, el 'yo' principal e incondicionado. Por lo tanto, es verdaderamen­te el 'Espíritu Universal (Atma) que en realidad es Brahma mis­mo, el 'Supremo Regente', de manera que la designación de este centro como Brahma‑pura, está plenamente justificada. Pero al considerarse que Brahma reside dentro del hombre (y puede con­siderárselo de igual manera en relación con cada estado del ser), se denomina Purusha, porque reposa o mora en la individuali­dad... 'como en una ciudad (puri‑shava), pues pura, en su sen­tido propio y literal, significa ciudad'."
La fuerza vital tiene siete puntos principales de contacto con el cuerpo físico y se los denomina centros. Estos siete centros de fuerza trasmiten la energía de la vida, son los agentes del alma, mantienen la existencia corporal e inician su actividad.
En Studies in the Bhagavad Gita 2, dice:
"¿Qué son los centros del hombre? Son los reflejos, en los res­pectivos núcleos, del 'upadhi' del yo único. Si estudiamos los pro­cesos de la impregnación de la materia por la energía divina, lla­mada a veces olas de vida, veremos cómo, por la proyección del yo y en los límites de la objetividad llamada materia, se le im­parten a la materia ciertas cualidades que se desarrollan en lo que se denominan tattvas. Cada tattva ha obtenido, como vida que lo anima, una tanmatra, o modificación de la conciencia divina. En cada tattva, por lo tanto, tenemos la conciencia divina como vida central, mientras que la idea de resistencia forma el muro externo.
"Hemos visto que el yo, en virtud de su poder de manifesta­ción, se refleja en los diversos 'upadhis', desarrollando en ellos cen­tros artificiales que, por así decirlo, forman instantánea y simul­táneamente los núcleos de los 'upadhis', así como las representa­ciones del yo en los planos respectivos."
El nombre dado por un hindú a un centro de fuerza, es "chakra". La ubicación de los siete centros de fuerza con sus nombres en hindú, desde la cabeza hacia abajo, son:
1. Centro coronario sahasrara chakra

2. Centro entre las cejas ajna chakra

3. Centro laríngeo vishuddha chakra

4. Centro cardíaco anahata chakra

5. Centro plexo solar manipura chakra

6. Centro sacro o sexual svadhisthana chakra

7. Centro de la base de la columna muladhara chakra

vertebral


Se observará que hay cuatro centros arriba del diafragma, y tres abajo.

Mucho se ha escrito y más puede decirse sobre estos centros de fuerza o chakras, pero lo dado a continuación servirá como resumen introductor.


Los centros de fuerza llevan energía pránica a cada punto del cuerpo, y están en estrecha relación con el sistema nervioso, en sus tres divisiones: cerebro‑médula espinal, gran simpático y periférico.
Desde los centros de fuerza, la energía vital o pránica es distribuida siguiendo sutiles líneas denominadas "nadis", estre­chamente relacionadas con los nervios y, al mismo, tiempo, con las arterias, subyaciendo aparentemente en el sistema nervioso corpóreo. Dice René Guénon 3:
"Respecto a los nadis o arterias de la forma sutil, no se los debe confundir con las arterias del cuerpo, por donde circula la sangre; fisiológicamente corresponden más bien a las ramificaciones del sistema nervioso, pues se hallan especialmente descritas como lu­minosas. Así como el fuego está en cierto modo polarizado en la luz y el calor, el estado sutil está vinculado al estado corporal de dos modos diferentes y complementarios: por la sangre, respecto a la cualidad calórica y por el sistema nervioso, en lo que atañe a la cualidad luminosa. No obstante, se debe comprender que entre los nadis y los nervios sólo hay una simple analogía y no una identifi­cación, pues los primeros no son corpóreos y, en realidad, se trata de dos reinos distintos en la individualidad integral. Cuando se afirma, análogamente, que existe una relación entre las funciones, de estos nadis y la respiración, por ser esencial para el sostenimien­to de la vida, y corresponder verdaderamente con la principal ac­tividad vital, no se debe deducir en modo alguno que sean los nadis una especie de conductos por donde circula el aire. Esto sería confundir el 'hálito vital' (prana), que pertenece adecuadamente a la manifestación sutil, con el elemento corpóreo.
"Se afirma que el número total de nadis es de setenta y dos mil. Según otros, serían setecientos veinte millones. Pero la diferencia es aquí más aparente que real, pues como siempre sucede en tales casos, estos números deben ser tomados en forma simbólica, no textualmente."
Rama Prasad 4, utilizando la palabra indú "Ioto" para de­signar al chakra o centro de fuerza, hace un interesante comen­tario a este respecto:
Los centros de fuerza llevan energía pránica a cada parte con estos centros. Por lo dicho anteriormente, parecería como si los centros estuvieran constituidos por vasos sanguíneos. La única diferencia entre los nervios y los vasos sanguíneos, es la que hay entre los vehículos de los pranas positivo y negativo. Los nervios son positivos y los vasos sanguíneos constituyen el sistema negativo del cuerpo. Dondequiera que haya nervios, hay los correspondientes vasos sanguíneos. Ambos son indistintamente llamados nadis. Una serie tiene por centro el loto del corazón; la otra el loto de mil pétalos del cerebro. El sistema de vasos sanguíneos es una representación exacta del sistema nervioso, siendo en verdad, sólo su sombra. Lo mismo que el corazón, el cerebro tiene sus divisiones superior e inferior (el cerebro y el cerebelo), y también sus divi­siones derecha e izquierda."
Los centros de fuerza están situados a lo largo de la columna vertebral y en la cabeza. Dice Arthur Avalon 5:
"Una descripción de los chakras implica, primero, una enume­ración de los sistemas centrales y simpático de la anatomía y de la fisiología occidentales; segundo una explicación del sistema nervio­so tántrico y de los chakras y, finalmente, la correlación de los dos sistemas, hasta donde es posible, en el aspecto anatómico y fisioló­gico, porque el resto es en general privativo del ocultismo tántrico.
"La teoría tántrica relativa a los chakras y al sahasrara, se re­fiere al aspecto fisiológico... en relación con el sistema espinal central, que comprende el cerebro o encéfalo, contenido en el cráneo, y la médula espinal, contenida en la columna vertebral (me­rudanda). Es digno de observarse que así como hay cinco centros (chakras), la columna vertebral está dividida en cinco regiones que, comenzando por la inferior, son:

La coxal, que consta de cuatro vértebras imperfectas, con frecuencia soldadas en un hueso llamado coxis.

La sacra, compuesta de cinco vértebras soldadas en su solo hueso llamado sacro.

La lumbar o región de los riñones consti­tuida por cinco vértebras; la dorsal o región de la espalda, formada por doce vértebras.



La cervical, o región del cuello, que tiene siete vértebras.
Como se ve, en las diferentes partes, la médula muestra diversas características para cada región. En líneas gene­rales estas regiones corresponden a las que han sido asignadas al control directriz de los centros o chakras; Muladhara, Svadhisthana, Manipura, Anahata y Vishuddha o chakras (centros de la base de la columna vertebral, sacro, plexo solar, cardíaco y laríngeo, respectivamente). El sistema central tiene relación con la periferia por medio de los treinta y un nervios espinales y doce nervios craneanos, que a la vez son aferentes y eferentes o sensorios y moto­res, que producen la sensación o acción estimuladora. De los nervios craneanos, los últimos seis surgen del bulbo raquídeo (la médula), y los otros seis, excepto los nervios olfatorio y óptico, de las partes del cerebro que están precisamente enfrente del bulbo. Los escritos de las escuelas Yoga y Tantra emplean el término nadis, en lugar de nervios. Además, como se ha dicho, se refieren a los nervios craneanos cuando hablan de los shiras, sin emplear esta última, para designar las arterias, como se hace en la literatura médica. Sin embargo, debe observarse que los nadis yoga no son los nervios materiales comunes, sino las líneas más sutiles por las cuales circu­lan las fuerzas vitales. Los nervios espinales después que salen del foramen intervertebral, entran en comunicación con las cuerdas ganglionadas del sistema nervioso simpático, que están a ambos la­dos de la columna vertebral. La médula espinal se extiende en el hombre desde el borde superior del atlas, debajo del cerebelo, y penetrando en la médula y abriéndose finalmente en el cuarto ven­trículo del cerebro, desciende hasta la segunda vértebra lumbar, donde se estrecha y afina hasta un punto llamado el filamento terminal."
Lo anteriormente expuesto se refiere al sistema tántrico, de­biendo observarse que concierne a un sistema indú para con­trolar sin peligro la energía, únicamente para quienes posean el más puro y elevado carácter moral, pureza de vida y de pen­samiento. Ciertas prácticas y escuelas degradadas, que aparecen en Oriente y Occidente, enseñan prácticas llamadas tántricas, nunca serán condenadas con excesiva severidad.
Estos centros de fuerza no están situados meramente a lo largo de la columna vertebral y en la cabeza, como se ha indica­do, sino relacionados unos con otros por medio de la columna, relación demasiado intrincada para ser detallada aquí.
De los siete centros, dos están en la cabeza y cinco en la columna vertebral. Los dos centros de la cabeza se relacionan directamente con las facultades de la mente y del movimiento. El centro Sahasrara (centro coronario), llamado comúnmente el loto de mil pétalos, es la corporificación de la energía espiri­tual, manifestada como voluntad, mente abstracta, espiritual o intuición. El centro ajna, o centro entre las cejas, concierne a la mente inferior y a la naturaleza síquica del organismo integrado, denominado hombre, la personalidad.
Los cinco centros de la columna vertebral conciernen a las diversas actividades del organismo, mediante las cuales el hom­bre pone de manifiesto su instinto animal, sus reacciones emoti­vas y la intención de su vida. Tales centros están, en gran parte, dirigidos por la fuerza que entra y sale de los centros de la cabeza.
Arthur Avalon 6 dice que:
"Los centros influyen no sólo sobre las combinaciones muscu­lares, concernientes a los movimientos volitivos, sino también so­bre las funciones de la inervación vascular, de la secreción y cosas análogas, que tienen sus centros más o menos en la médula espinal. Sin embargo, se dice que los centros cerebrales dirigen estas funcio­nes sólo en relación con las manifestaciones de la volición, el sen­timiento y la emoción, y que los centros raquídeos, con el sistema simpático subordinado, constituyen el mecanismo de adaptación inconsciente, de acuerdo a las condiciones variables del estímulo, esenciales para la continuada existencia del organismo.

La médula es, además y a la vez, una senda de comunicación entre los centros superiores, y la periferia un centro independiente que regula las funciones de mayor importancia en el sistema, Como se observará, las fibras nerviosas que llevan los impulsos motores que descienden del cerebro a la médula espinal, la atraviesan de un lado a otro súbitamente en su trayecto a través del bulbo raquídeo (médula), hecho mencionado en los Tantras, cuando describen el Mukta Triveni. Este último está conectado por numerosos conductos afe­rentes y eferentes, con el cerebelo y los ganglios cerebrales.

Arriba del cerebelo está el cerebro, cuya actividad está asociada en común con la volición consciente, la ideación y el origen de los movimien­tos voluntarios. La noción de conciencia, temario introspectivo de la sicología, no debe confundirse con la función fisiológica. Por consiguiente, no existe un órgano de conciencia, porque la con­ciencia no es un concepto orgánico, y nada tiene que ver con el concepto fisiológico de la energía, cuyo aspecto interno introspectivo representa. La conciencia en sí es el Atma. Tanto la mente, como el cuerpo, del cual el cerebro es una parte, son imperfectos, o expresiones veladas de la conciencia, y en el cuerpo está tan velada, que tiene la apariencia de inconsciencia. El cerebro vi­viente está constituido por materia densa sensible (Mahabhuta), infundida por el prana. Su material ha sido elaborado hasta cons­tituir un adecuado vehículo para la expresión de la conciencia en forma de mente (antakarana). Como conciencia no es una propiedad del cuerpo ni una mera función del cerebro. El hecho de que la conciencia mental esté afectada o desaparezca cuando hay desórdenes cerebrales, prueba la necesidad del cerebro a fin de expresar tal conciencia, y no que la conciencia sea inherente sólo a él o propiedad del mismo.

A cada lado de la columna verte­bral hay una cadena de ganglios, conectados con fibras nerviosas, llamada el cordón simpático (Ida y Pingala), que se extiende des­de la base del cráneo hasta el coxis, y se comunica con la médula espinal. Debe observarse que en las regiones torácica y lumbar, un ganglio de cada cadena corresponde con gran regularidad a cada nervio espinal, aunque en la región cervical, parece que fal­tan muchos de ellos, y existen grupos excesivamente grandes de estructura nerviosa en las regiones del corazón, estómago y pulmones siendo los tres chakras superiores de los cinco a describirse más ade­lante.



De los cordones simpáticos que existen a cada lado, salen fibras nerviosas hacia las vísceras del abdomen y el tórax, donde a su vez salen nervios que pasan de vuelta a los nervios espinales, y otros que penetran en algunos nervios craneanos, siendo de esta manera distribuidos a los vasos sanguíneos de las piernas, el tronco y otras partes, donde llegan los nervios espinales o craneanos. Los nervios simpáticos llevan principalmente impulsos que rigen el tejido muscular de las vísceras, y la cubierta muscular de las pequeñas arterias en los diversos tejidos. Por el simpático se mantiene el tono de los vasos sanguíneos, debido a la acción del centro vasomotor en el bulbo raquídeo. El simpático, sin embargo, deriva de los impulsos que éste distribuye desde el sistema nervioso central. No surgen del simpático mismo. Los impulsos parten de la médula espinal, por las raíces anteriores de los nervios espinales, y pasan por cortas ramificaciones a los cordones simpáticos. La actividad del sistema simpático rige e influye la circulación, la digestión y la respiración.
"La disposición anatómica del sistema nervioso central es excesivamente intrincada, y los acontecimientos que tienen lugar en esa maraña de fibras, células y fibrillas, son actualmente casi des­conocidos, por eso se ha aceptado que en la descripción fisiológica del sistema nervioso central, sólo se indican las sendas por las cuales los impulsos pueden pasar entre una parte del sistema y otra, y deducir de las conexiones anatómicas, con mayor o menor probabilidad, la naturaleza del nexo fisiológico, que sus partes y el resto del cuerpo forman entre sí. Sin embargo, puede suponerse generalmente, según se dice, que existen razones por las cuales hay centros nerviosos en el sistema central, relacionados de un modo especial con mecanismos especialmente sensorios, secretorios o motores, y centros tales como el pretendido centro génito‑espinal, para una acción fisiológica dada, existentes en determinada por­ción de la médula espinal. El aspecto sutil de tales centros es denominado chakra como expresión de conciencia (chaitanya), corporificada en varias formas de maya shakti. Los centros están relacionados mediante conductos intermedios, con los órganos genitales de la micturición, de la digestión, de la acción cardíaca y de la respiración, en relación final con los chakras: Muladhara, Svadhisthana, Manipura, Anahata y Vishuddha respectivamente; así como se han asignado medios de relación especial, aunque no exclusivos, con diversos procesos perceptivos, volitivos e imagi­nativos."
Estos centros varían en actividad, según la etapa de evo­lución del individuo. Algunas personas han "despertado" cier­tos centros y en otras los mismos pueden estar relativamente pasi­vos; aún en otras, el centro plexo solar estará activo o predomi­nará, y también en otras lo estará el cardíaco o el laríngeo. Son muy pocas las que tienen hoy activo el centro coronario. Ha­blando en términos generales, en los salvajes y en los pocos evolucionados, los tres centros situados abajo del diafragma (los centros de la base de la columna vertebral, sacro y plexo solar) están activos y dominantes, pero los situados arriba del diafragma permanecen "dormidos". En la humanidad común el centro laríngeo está empezando a hacerse sentir, teniendo todavía dormidos los centros cardíaco y coronario. En el ser humano altamente evolucionado, en el líder de la raza, el filó­sofo intuitivo el científico, así como en los grandes santos, el centro coronario y el cardíaco comienzan a hacer sentir su vi­bración; se determina la prioridad del coronario y del cardíaco por el tipo de persona, y la cualidad de la conciencia emocional y mental.
De acuerdo al desarrollo del hombre, estos centros de fuer­za se vivifican y predominan y, según su vivencia, hacen sen­tir su presencia distintos tipos de actividad. Los centros abajo del diafragma rigen la vida física de la forma material y la vida síquica animal, que existen a la vez en el hombre y en el ani­mal. Los que están sobre el diafragma conciernen a la vida intelectual y espiritual, y producen esas actividades en que el hombre demuestra ser diferente y superior al animal y que va ascendiendo en la escala de la evolución.
Ésta es la enseñanza abreviada de los siete centros o chakras.
Cuando comparamos la doctrina de Oriente sobre los siete centros, con la de Occidente sobre las glándulas, hallamos, en primer término, un sobresaliente hecho en lo que a ubicación se refiere. Los siete centros de fuerza residen en la misma región en que están ubicadas las glándulas, y cada centro de fuerza puede ser muy bien (y lo es, según la enseñanza indú) el origen de la fuerza y de la vida de la correspondiente glándula. La siguiente clasificación comparativa, demuestra idéntica ubicación:
Centros Glándulas
Centro coronario Glándula pineal

Centro del entrecejo o ajna Cuerpo pituitario

Centro laríngeo Glándula tiroides

Centro cardíaco Glándula timo

Centro plexo solar Páncreas

Centro sacro Gónadas



Centro en la base de la columna vertebral Glándulas adrenales
Un segundo hecho, aun más notable que el primero, es que cuando despiertan los centros de fuerza, se adecuan a las glándulas, cuyas funciones son conocidas, y de las cuales se han descubierto la mayor parte de las secreciones u hormonas. Los centros dormidos, o que están despertando en los miembros avanzados de la raza, se adecuan a las glándulas cuyas funciones son relativamente desconocidas y cuyas secreciones no han sido en su mayor parte aisladas. Se observará, por ejemplo, según afirma el Dr. Berman, que la secreción de la glándula pineal, una de las dos que existen en el cuerpo pituitario, y la glán­dula timo, están catalogadas como desconocidas, así como también la secreción de las glándulas adrenales. Éstas se adecuan a los centros cardíaco, laríngeo, coronario y el de la base de la columna vertebral, dormidos o despiertos.
¿No es ésta una interesante coincidencia? ¿O enfrentamos el hecho de que en cada caso, estas glándulas con las hormonas no descubiertas, están aliadas a un centro dormido, y aún no despierto en la humanidad común?
Creo que llegará a probarse algún día que las glándulas se han producido por la energía de los centros, los cuales en la humanidad común están despiertos y activos, parecen relacio­narse con las glándulas cuya peculiar secreción ha sido aislada, y reconocida su acción en el torrente circulatorio, mientras que esos centros que se hallan aún dormidos y sin desarrollar, están aliados a glándulas cuya secreción sólo es conocida parcialmente o desconocida totalmente. El asunto es, en todo caso, digno de consideración.
El psicólogo occidental tiene razón cuando declara que un hombre es lo que las glándulas hacen de él, y que no somos mejores ni peores que nuestro peculiar sistema endocrino. Pero la razón de esto puede radicar en la exactitud de la teoría orien­tal referente a los centros de fuerza. La condición de las glándulas, su hiperactividad o su subnormalidad, su buen o mal fun­cionamiento, pueden ser determinados por el estado de dichos centros. Las glándulas son tan sólo símbolos externos, el aspec­to visible, material, de un sistema mucho más grande e intrin­cado. Están determinadas por el carácter de la vida del alma, actuando por su intermedio, y por el alma que controla y do­mina todo.
El estado de los centros depende del tipo y calidad de la fuerza del alma que vibra por medio de ellos. En la persona no evolucionada sencillamente es fuerza vital, prana, que está activa y la registra. Esta fuerza nutre la vida animal, y pone en actividad los centros inferiores (el de la base de la columna vertebral y el sacro). Luego, a medida que el hombre se des­arrolla, la conciencia, el aspecto alma, hace sentir gradualmen­te su presencia, y pone en actividad el centro plexo solar. Este centro es el asiento de la vida sensitiva síquica inferior, tanto del hombre como del animal, y con frecuencia es denominado cerebro instintivo. Bhagavan Das 7 enseña que:
"Debe observarse que en la literatura sánscrita, se considera al ombligo, frecuentemente, como más esencial y central que el corazón, para el organismo. No faltan indicaciones de la impor­tancia del corazón, pero en verdad..., es probable que, fisiológi­camente, el 'ombligo' fue el órgano más vital en las primeras etapas de la evolución, y aún ahora se halla más esencialmente conectado con el deseo propiamente dicho, que con el corazón, el cual puede considerarse vinculado con la subdivisión activa del deseo."
Bhagavan Das 8 cita a la Dra. Annie Besant en el párrafo siguiente:
"El 'ombligo' representa el plexo solar, que es quizás el plexo más importante del sistema simpático; controla el tubo digestivo y envía sus ramificaciones al hígado, bazo y estómago, así como al canal alimenticio y a los órganos genitales. También está vin­culado con los pulmones y el corazón. Puede considerárselo como el cerebro del sistema simpático, y responde con peligrosa facili­dad al pensamiento. La concentración sobre él, emprendida con frecuencia de modo temerario, puede producir una forma pecu­liarmente irremediable de enfermedad nerviosa. Las emociones hacen surgir en él violentas perturbaciones; la sensación de náu­seas, que sigue con frecuencia a los choques emotivos, se debe a su excitada actividad."
El hombre funciona hoy, generalmente, a través de estos centros. Las fuerzas del cuerpo sirven para nutrir y estimular la vida sexual por medio de las gónadas; crean el impul­so de luchar y evolucionar por medio de las adrenales, glán­dulas de combate y de lucha; gobiernan la vida síquica instin­tiva, mediante el plexo solar. De este modo se moviliza el hom­bre personal, y se convierte en un ser humano consciente y sen­sible. A medida que su evolución avanza, el yo o alma, se hace cada vez más activo y dominante en el hombre y en su existen­cia corporal; poco a poco, todas las partes de la estructura eté­rica van vitalmente despertando. Gradualmente, los centros superiores entran en creciente actividad, y el énfasis de la fuer­za que afluye a través del cuerpo, se traslada a los centros situa­dos arriba del diafragma. El centro laríngeo despierta, y se con­vierte en el órgano del trabajo creador; el centro cardíaco se vivifica, y el hombre adquiere conciencia de la relación con su alma, de sus responsabilidades grupales y de la inclusividad de la vida egoica. Finalmente, despiertan los centros de la cabeza, y otra serie de percepciones ingresa en su conciencia. Se da cuen­ta entonces de sí mismo como alma, integrado como personali­dad, y es posteriormente consciente del mundo del espíritu, de la vida divina, del invisible mundo de espíritus, y de esa "nube de testigos", que testimonian la realidad de la vida del alma.
Uno de los objetivos de la evolución humana es lograr esto. El centro de la base de la columna vertebral y los centros cardíaco y coronario, tienen que entrar en plena actividad fun­cionante, y así, por medio de la fusión de la energía latente en la materia, acumulada en el centro de la base de la columna vertebral, de la energía del alma, que tiene su asiento en el corazón, y de la energía del espíritu, centrada en la cabeza, lle­van al ser humano al punto más alto de perfección. En virtud de esta fusión de energías, llega a ser una expresión activa de Dios‑espíritu, alma y cuerpo, fusionados y unidos de tal modo, que el cuerpo llegue a ser, en realidad, el vehículo para el alma, y el alma, la expresión de la voluntad y propósito del espíritu.
Cuando Cristo estuvo en la Tierra dijo: "El que me ha visto a Mí, ha visto al Padre" (Jn. 14:9) y también: "Quien crea en Mí, hará también las obras que yo hago, y mayores obras hará, porque yo voy a mi Padre" (Jn. 14:12). Él era el alma encarnada en el cuerpo, revelando al Padre, al Espíritu, y mediante el mecanismo del cuerpo, demostró los poderes del alma, que según dicen los indúes, aparecen después de des­pertar los centros, y que se enuncian como:


  1. Ánima... Es el poder de penetrar en todos los cuerpos y resucitar a los muertos. Cristo podía entrar en lugares cerrados sin ser visto y resucitar a los muertos. (L.c. 24:36, Mr. 16.14, Jn. 20:19 y, 11).

  2. Mahima... el poder de incluir o expandirse, o de abarcar el universo. Cristo sabía todas las cosas. (Mt. 12:25, Jn. 2:24 y 6:64).

  3. Laghima... el poder de hacerse liviano, de modo de poder flotar en el aire o caminar sobre las aguas. Cristo caminó sobre las aguas. (Mt. 14:25, 26; Mr. 6:48).

  4. Garima... el poder de hacerse pesado. No hay indicación en las Escrituras cristianas de que Cristo ejercitara ese poder.

  5. Prapti... la predicción de acontecimientos. (Cristo predijo su crucifixión Mt. 26:2, Lc. 34:7); el poder de curar enferme­dades (Cristo curó a centenares, Mt. 12:15 y 14:15), de la clari­videncia y clariaudiencia (Cristo fue clarividente, Jn. 1:48, y clari­audiente, Jn. 12:29).

  6. Prakamega... el poder de conservar el cuerpo. Cristo reapa­reció a sus discípulos después de la muerte, aparentemente con el mismo cuerpo con que Lo conocían (Jn. 20:20, 27).

  7. Visitvan... el poder de autocontrol; el poder de dominar a los animales y a las personas. Todo esto lo demostró Cristo, aun el de controlar a las personas poseídas por el demonio, y a los cerdos que se precipitaron al mar desde un lugar escarpado, (Mt. 8, Mr. 5 y 9).

  8. Ishatvan... el poder del dominio universal. Éste en todas partes se atribuye a Cristo, y el estar sentado a la diestra de Dios lo indica.

La posesión de estos poderes, y el cumplimiento de la pro­fecía de Cristo, de que haremos cosas más grandes ¿es tan opues­to a lo que Occidente llama sentido común? En la radio difun­dimos ondas sonoras, las regulamos y las amplificamos, pero, después de todo, no hacemos más que trasformar y reforzar las ondas sonoras que nos llegan en la forma sutil original. ¿Qué cosa más natural que el hombre que ha construido refuerzos mecánicos, llegue a ser él mismo tan sensible que capte las ondas sonoras sin ayuda, y sea llamado, en consecuencia, clariaudien­te? La transmisión del pensamiento (que hasta los más escépticos tienen que reconocer), ¿no es acaso un tipo especial de radio­difusión? Y de igual modo, en los demás "milagros". ¿No está el mundo material dominado por fuerzas y poderes más sutiles, y no puede aprender el hombre, con el tiempo, a actuar en el campo de lo más sutil, y adquirir, por lo tanto, un dominio sobre lo meramente físico y material?


Tal es la milenaria creencia de la India, que por el des­arrollo del alma y del espíritu y el despertar de todos los cen­tros, el hombre alcanza la madurez y la gloria.

Notas:



  1. Man and His Becoming, págs. 44, 45.

  2. The Dreamer, págs. 37, 40, 107.

  3. Man and His Becoming, págs. 136, 137.

  4. Las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, pág. 47.

  5. The Serpent Power, págs. 123, 125.

  6. Ídem, págs. 123, 129.

  7. The Science of the Sacred Word, T.I, pág. 82, nota al pie de la página.

  8. Ídem, pág. 83.

Capítulo vii


Conclusión
En este libro hemos considerado los dos sistemas de psicología, el oriental y el occidental. En su conjunto, tenemos un cuadro completo del hombre, como alma viviente, que funciona por medio de un determinado mecanismo. Parte de éste, el cuerpo etérico, con sus centros, es sutil, invisible y más allá del alcance de nuestros cinco sentidos; la otra parte está en el reino de lo físico denso, principalmente las glándulas endocrinas y en el sistema nervioso, que rige al resto de la manifestación física densa. Ambas partes, a nuestro juicio, forman un todo.
El alma es siempre la gran realidad, la expresión de la Vida una, constituida por los cuerpos etérico y denso. La fuer­za del alma, actuando sobre el cuerpo etérico y funcionando por medio de éste, desarrolla los centros especializados de ese cuerpo, el cual a su vez actúa sobre el cuerpo físico denso.
La cuestión que más atrae a la mente occidental es cómo lograr mayor eficiencia en la actividad. El hombre, el alma, está limitado en su acción eficiente por la condición de su ins­trumento. Si las glándulas, el sistema nervioso y el cuerpo eté­rico y sus centros, no están ajustados ni funcionan convenientemente, el hombre, el alma, debe repararlos o curarlos. Debido a que el hombre es esencialmente un alma viviente, cabe pen­sar que sus glándulas no funcionan correctamente y muchos deben estudiarlas, corregirlas y perfeccionarlas.
Tratar directamente las glándulas y los centros nerviosos, con medicinas y otros recursos, es estrictamente una tarea de reparación, y no llega al estado elevado de esas particulares glándulas y centros nerviosos, que originalmente creó el hom­bre en cuestión. Lo mismo atañe, y quizás más enfáticamente, a los centros del cuerpo etérico, que pueden ser afectados por ciertas prácticas orientales de respiración, mántram y posturas muy peligrosas y, con frecuencia, conducen a la locura. Es de esperar que lleguemos eventualmente a tener suficiente cono­cimiento y experiencia, para actuar inteligente y directamente sobre los centros y poder regular con más eficacia las glándulas del cuerpo físico y la neurosis.
Aparentemente, surgen tres teorías como resultado de nuestra investigación, constituyendo una triple hipótesis que define al hombre como un organismo, que manifiesta vida, au­toconciencia y propósito inteligente.
La primera es: Como son las glándulas y el sistema ner­vioso del hombre, así es él. Su temperamento, sus cualidades naturales y el manejo inteligente de las experiencias de su vida y medio ambiente, están determinados por su sistema endocri­no. Esto dice Occidente.
La segunda es: Como son sus centros así es el hombre. La pasividad y la actividad de ciertos puntos focales de energía, en el cuerpo etérico humano, determinan en el hombre su carác­ter, su modo de expresión, el tipo y también la posesión de su cuerpo. Sus actividades en el plano físico dependen por com­pleto de las cualidades de la fuerza que fluye por sus centros. Esto dice Oriente.
La tercera es: Las glándulas, las neuronas y los centros, están condicionados por el control o ausencia de control del alma.
Puede argüirse que sólo hemos conseguido retrotraer el asunto a los reinos de lo invisible y lo improbable. Pero, ¿es realmente así? ¿No se aceptan ahora como realidades muchos factores surgidos de las conjeturas y vagas hipótesis de épocas pasadas? ¿No se ha probado y demostrado hoy lo que se con­sideraba improbable ayer? ¿No será posible aplicar una técnica y un método que con el tiempo basten, mediante el conjunto de evidencias disponibles, proporcionando una clara percep­ción de factores, tan oscuros actualmente?
Occidente ofrece, según hemos visto, sus hechos referen­tes a la estructura. El mecanismo del hombre está determinado por su sistema endocrino, más el sistema nervioso, el mecanis­mo de respuesta. ¿Puede encararse el tema desde este ángulo y, actuando sobre las glándulas, producir la perfección del cuer­po humano y conducir al hombre, eventualmente, a la plena luz del alma? ¿Puede desarrollarse la divinidad por medios fí­sicos? O bien aceptando la posición oriental, de que los centros son los medios de expresión del alma y los responsables de la construcción y control del cuerpo por medio del sistema nervioso y las glándulas, ¿puede investigarse y aplicarse un méto­do, reconocido como peligroso, y actuar directamente a través de los centros o sobre los mismos?
¿Existe un tercer método, por el cual podemos evitar la acción puramente física y también el riesgo de despertar los centros prematuramente? ¿No será posible encontrar una solu­ción y un método, que dé al alma el pleno uso de su instru­mento, y produzca esa perfecta interacción entre el alma y el cuerpo, que la correcta actividad de los centros, según se afir­ma, produce?
Hay un medio por el cual el hombre puede asegurarse de que realmente es un alma, y puede controlar su instrumento de expresión, es decir, la triple naturaleza inferior, y todos los estados síquicos y mentales. Por medio de este método es posi­ble llevar a cabo la unión de la sabiduría de Oriente y el conocimiento de Occidente, de modo que estén disponibles los me­jores aspectos de cada sistema para todo el género humano.
Al considerar la posibilidad de que el hombre descubra su alma, hay que partir de una hipótesis y aceptarla volunta­riamente, pues toda hipótesis ha sido siempre el punto de par­tida del conocimiento. Suponemos que el hombre como hipó­tesis activa es un alma y posee un cuerpo, y que existe un me­dio unificador que los vincula como un cuerpo de energía.
Quienes trataron de comprobar la realidad de la existen­cia del alma y de su mecanismo vitalizador, pueden ser divi­didos en dos grupos; por una parte, están los místicos, que emplearon la aspiración y la emoción, además de los medios físicos; por otro, los de tipo más puramente mental, que utili­zaron el intelecto y la mente para llegar al conocimiento espi­ritual. Esta larga línea de conocedores de Dios emplearon dife­rentes terminologías, pero no tiene importancia para nuestros fines que al alma la denominen el Yo, el Amado, el Uno, Dios o Cristo. El místico se flagelaba y mortificaba el cuerpo por el ayuno y la excesiva disciplina. De este modo aminoraba la de­manda de los apetitos carnales, y aumentaba la devoción al Ama­do y el anhelo de obtener la Visión. Al final de años de fervo­roso ejercicio, encontraba lo que buscaba y se unía con el Bien­amado.
Los del segundo grupo, empleaban la razón y practicaban el control de la mente, juntamente con el más severo control emo­cional y físico. Por la concentración en Su búsqueda, también descubrían la realidad y, penetraban en la amplia conciencia del plan eterno, llegando a la unión con el alma Universal.
Ambos grupos testimonian la verdad de la existencia del alma, pero, limitados por su peculiar inclinación y método, su testimonio es unilateral. Uno es excesivamente visionario, místico y emocional, el otro demasiado académico, intelectual y constructor de formas. Debido a la gran difusión del cono­cimiento humano y al estrecho intercambio que existe entre las mentes, por medio de la literatura, el lenguaje y los viajes, ha llegado el momento en que es posible por primera vez, una fusión general, y como resultado de las anteriores conclusiones de filósofos y santos de ambos hemisferios, deberíamos poder desarrollar un sistema y un método, que sean expresión de la perfección espiritual para nuestra época y generación.
Por lo tanto, es práctico dar ciertos pasos iniciales, los cuales pueden resumirse del modo siguiente:


  1. El tratamiento sensato del cuerpo físico, utilizando el conocimiento de Occidente, en particular lo referente a la medicina preventiva, y a la salud general del sistema endocrino.




  1. La comprensión intelectual y aplicación de los hechos básicos de la psicología moderna y de un sensato psicoaná­lisis, llegando así a un conocimiento del mecanismo mental, emocional y físico, por cuyo medio trata de expresarse el alma.




  1. El reconocimiento de que así como el cuerpo físico es un autómata que responde a los deseos y a la natura­leza emocional y está controlado por ellos, análogamen­te estos estados emotivos de conciencia (que abarcan desde el amor al alimento hasta el amor a Dios) pue­den ser controlados por la mente razonadora.




  1. La consecuencia de todo esto, traerá un estudio de las leyes de la mente, y se podrá comprender y utilizar la relación entre la mente y el cerebro.

Cuando sean bien comprendidos estos cuatro puntos y su efecto se haga sentir en la personalidad del hombre, tendremos un organismo integrado y coordinado; la estructura podrá ser entonces considerada apta para ser dirigida por el alma. Las mencionadas etapas no deben considerarse en orden consecutivo, sino en simultáneo progreso. Es evidente, que el per­fecto conocimiento intelectual del alma y del mundo que el alma revela, tan solo es posible para el hombre que posee las facultades mencionadas. El sentimiento de Dios, la apreciación de lo verdadero y lo bello y el contacto con la visión mística, es siempre posible para quienes el centro cardíaco está despier­to y activo. Estos hombres que aman así a Dios, han existido y existen en el trascurso de las épocas, sienten, perciben, aman y adoran, pero carecen del eslabón entre el alma, la mente y el cerebro. Cuando a estas facultades místicas se agregan las intelectuales, entonces el centro coronario se despierta, y la glándula pineal, hasta entonces atrofiada, entra en actividad, y se convierte en la sede del alma y en la voluntad rectora espiritual. Cuando ambos centros están despiertos, tenernos esas grandes y destacadas personalidades espirituales, que trabajan consagrando su corazón y cerebro y dejan su impronta en el pensamiento del mundo. Hasta ahora el camino de la mayoría ha sido el del místico, y el del intelectual para los pocos, pero la especie humana se halla en un punto en que, basando sus hipótesis sobre las experiencias místicas de muchos, puede progresar desde el sentimiento y la adoración, al conocimiento, y, desde el amor a Dios, al conocimiento de Dios.


Esto sucederá cuando al conocimiento de Occidente se sume la sabiduría de Oriente y se imponga la técnica de la ciencia del alma sobre nuestros tipos intelectuales occidentales. No es posible explayarse mucho sobre esta técnica. Sin embar­go, es factible describirla brevemente, dividiéndola en ocho etapas que pueden clasificarse como:


  1. Control de nuestras relaciones con los demás, sintetizadas por la palabra inofensividad, definida en Oriente por cinco man­damientos: inofensividad, veracidad, no hurtar, continencia, e inavaricia 1.




  1. Pureza de vida, tal corno la definen las cinco reglas: purifi­cación interna y externa, gozo, ardiente aspiración, lectura espiri­tual y devoción a Ishvara (el Yo divino 2).




  1. Equilibrio.




  1. Correcto control de la fuerza vital, por lo tanto, acción di­recta del alma sobre el cuerpo etérico. El control de la energía de los centros y del cuerpo físico, sólo es posible después que el hombre ha obtenido pureza y equilibrio. No se le permite cono­cer las leyes que rigen la energía, hasta que no haya logrado, por medios de la disciplina, controlar la naturaleza animal y alcanzar un punto donde no es impelido por los estados de ánimo ni por el egoísmo.




  1. Abstracción. Término que abarca el poder de concentrar la conciencia en la cabeza, y actuar allí como alma, o retirar la conciencia exteriorizada hacia las cosas objetivas y tangibles, y dirigirla nuevamente hacia adentro.




  1. Atención o concentración. Significa vivir centralizado, e im­plica también poner la mente en actividad en vez de las emocio­nes. Así el hombre emocional y físico es controlado por la mente enfocada.




  1. Meditación es atención o concentración prolongada, y otorga el poder de enfocar la mente en el alma y en lo que a ésta con­cierne, lo cual produce cambios radicales en el organismo, y corro­bora la verdad de la afirmación de que "como el hombre piensa, así es él".




  1. Contemplación es ese acto del alma que en su propio reino observa las formas y establece contacto con las energías del quinto reino de la naturaleza, o reino espiritual. Este acto es seguido por el descenso al cerebro (por conducto de la mente controlada) del conocimiento y energía del alma; esta actividad del alma produce lo que se llama iluminación: la energetización del entero hombre y el despertar de los centros con un ritmo apropiado y progresivo.

Esta energía espiritual, conscientemente dirigida, actuan­do por medio del cuerpo vital y de los centros, se dice que even­tualmente lleva al hombre material y al sistema endocrino a una condición de perfecta salud y, por lo tanto, a poseer un mecanismo perfecto para la expresión del alma. Respecto a esto se enseña que el hombre puede alcanzar un conocimiento de­finido del alma y conocerse como "el Ser más profundo", capaz de utilizar su mecanismo con un fin determinado, y actuar así como alma.


Un estudio de las vidas de los grandes místicos, santos y adeptos de ambos hemisferios, proporcionará mucha luz sobre los efectos fenoménicos, resultantes del método mencionado, aún después de haber eliminado gran parte de lo que tiene sabor a alucinación o condiciones psicopáticas. Frecuentemente se ob­servan tipos de clarividencia, previsión y comunicación tele­pática, facultades clariaudientes y el peculiar poder de sico­metrizar. Debe tenerse presente, sin embargo, que todos estos poderes tienen sus manifestaciones espirituales y también infe­riores. Dice A. E. Powell 3:
"En términos generales, hay dos tipos de clarividencia, la inferior y la superior. La primera aparece esporádicamente en gente poco evolucionada como los salvajes de África Central; es una especie de sensación masiva que vagamente pertenece a todo el cuerpo etérico, más que a una perfección sensoria definida y precisa, trasmitida por un órgano especializado. Se halla práctica­mente más allá del control del hombre. El doble etérico tiene una relación excesivamente estrecha con el sistema nervioso, y cual­quier acción en uno de ellos repercute rápidamente en el otro. En la clarividencia inferior, la perturbación nerviosa correspondiente se produce casi totalmente en el sistema simpático.
En razas más desarrolladas, esta vaga sensibilidad generalmente desaparece a medida que se desarrollan las facultades mentales. Más tarde, cuando se desarrolla el hombre espiritual, se recobra el poder clarividente, sólo que ahora la facultad es exacta y pre­cisa, controlada por la voluntad y ejercitada mediante un órgano sensorio. Toda acción nerviosa tiene lugar casi exclusivamente en el sistema cerebro‑espinal.
Las formas inferiores de psiquismo son más frecuentes en los animales y en los seres humanos poco inteligentes. El psiquismo histérico y mal regulado se debe al poco desenvolvimiento del cerebro y al dominio del sistema simpático, cuyas grandes células ganglionares, agrupadas en núcleos, contienen una gran propor­ción de materia etérica y pueden ser afectadas fácilmente por vibraciones astrales groseras."
Se ha observado con frecuencia que los gatos y perros, y los seres humanos poco evolucionados, pueden ver y oír muchas veces lo que las personas normales y más inteligentes no pue­den percibir. Esta facultad es, no obstante, inconsciente, y el hombre resulta con frecuencia víctima de alucinaciones. El santo y el vidente ven y oyen de igual modo, pero sus poderes son utilizados a voluntad, y están totalmente bajo su control. Los investigadores psíquicos tendrán por delante un amplio campo de investigación sobre estos temas, y cuando se admita la hipótesis de la existencia del cuerpo vital y de los centros, se obten­drá mucho conocimiento real.
Los instructores de la ciencia oriental del alma afirman que el despertar de los diversos centros revela estados de ma­teria más sutil que la física. El hombre espiritual se ocupa, principalmente, de los centros ubicados arriba del diafragma, que confieren poderes tales como la percepción espiritual y la correc­ta comprensión e interpretación de nuestros semejantes, de mo­do de saber, análogamente como Cristo, lo que hay en el hombre, y comprender por qué un hombre es lo que es y actúa como lo hace. La fuerza de la inspiración, el poder más elevado de todos, actúa como impulso inspirador del trabajo creador a través del centro laríngeo, y como propulsor de las empresas humanitarias mediante el centro cardíaco.
Este grupo ha afirmado que el segundo efecto es transferir la fuerza que se halla en los centros abajo del diafragma, a los centros de arriba. Por la evolución y el efecto de la práctica de la meditación, el hombre puede actuar conscientemente me­diante sus tres centros principales (coronario, cardíaco y larín­geo), dejando que los tres centros inferiores (base de la columna vertebral, sacro y plexo solar) lleven a cabo su función normal de energetizar automáticamente el cuerpo, a fin de que el apa­rato digestivo y el sistema reproductor y ciertos aspectos del mecanismo nervioso, puedan llevar adelante su tarea. Según esta teoría, la mayoría de las personas viven "abajo del diafragma", estando la fuerza vital centrada en la vida puramente animal y sensoria; la vida sexual y la emocional predominan y toda la fuerza que afluye al centro sacro y a través de él y del plexo solar, va a estimular ciertos procesos fisiológicos y síquicos infe­riores.
A medida que el hombre evoluciona, cambia, por con­siguiente la dirección de la fuerza. Vimos que la fuerza es doble, una parte vital y otra egoica; una se expresa, por medio de la sangre, la otra por medio del sistema nervioso. El aspecto fuerza vital continúa desempeñando, su función de vitalizar y vigorizar todos los órganos y estructuras del cuerpo; pero la fuerza del alma, hasta aquí relativamente inactiva, empieza a ascender. La fuerza del alma que se halla en el centro de la base de la co­lumna vertebral, es llevada a la cabeza por el canal medular, pasando a su vez por cada centro, acumulando en cada punto acrecentada energía del alma.
Son interesantes los efectos psicológicos de esta trasferencia de la conciencia. Cuando el alma está "entronizada" (como dicen los libros orientales) en la cabeza, atrae hacia arriba, hacia sí, por el poder del magnetismo propio, la fuerza latente en la base de la columna vertebral. Así se produce la completa fusión de la energía espiritual y de la fuerza de la materia por medio de la energía atractiva del alma. Esto es lo que se quiere signi­ficar al hablar del despertar del poder kundalínico, y debe ha­cerse por el magnetismo del alma dominante y no por la medi­tación sobre cualquier centro especifico, ni por la acción cons­ciente sobre la fuerza de la materia.
La energía egoica del centro sacro debe ser llevada al más alto centro creador, el laríngeo. Entonces se pondrá el énfasis sobre el trabajo creador llevado a cabo en bien del grupo y no sobre la vida sexual activa de la persona implicada.
La energía del centro plexo solar debe ser análogamente transferida y llevada al corazón, entonces la conciencia no está autocentrada ni es puramente egoísta, y el hombre se hace consciente del grupo e incluyente en su actitud hacia las personas y la vida. Ya no es antagónico ni excluyente. Sabe y com­prende. Se apiada, ama y sirve. Tenemos aquí un amplio campo de investigación, una vez que se capta la relación entre un centro y otro y entre los centros y las glándulas. Los efectos, tanto fi­siológicos como síquicos, merecen un detenido estudio.
También es interesante observar otra afirmación hecha por los estudiantes de la Sabiduría Eterna. Cuando un hombre ha alcanzado un elevado estado de evolución, el centro laríngeo está activo y ocupa el lugar que le corresponde en el trabajo mundial y tiene una tarea definida que llevar a cabo en algún campo de la actividad mundial. Su personalidad puede entonces considerarse organizada y que ha alcanzado la madurez. Según los psicólogos, el cuerpo pituitario es la sede de las características emocionales y mentales. En uno de los lóbulos tiene su sede la mente razonadora y el otro es responsable de las facultades ima­ginativas emocionales y del poder de visualizar. En el hombre dotado de poder creador, que ha desarrollado su personalidad, los dos lóbulos del cuerpo pituitario responden a las exigencias, y de ellos puede deducirse el estado del aspecto material o el mecanismo por cuyo medio se mueve y expresa el alma. Esta glándula concierne al centro entre las cejas, que es negativo respecto al centro coronario, y responde a la energía del alma. Cuando por medio de la técnica descrita, el alma asume el con­trol, energetiza al centro coronario y hace que la glándula pineal pase del estado de atrofia al de actividad, como en los días de la infancia. Entonces el aspecto positivo empieza a desempeñar su parte. Se establece la relación entre el centro ne­gativo y su contraparte el cuerpo pituitario, y entre el centro positivo y su contraparte la glándula pineal. A medida que pasa el tiempo, según se afirma, se establece un campo magnético; el alma y el cuerpo se unen, el padre y la madre entran en rela­ción y el alma viene a la existencia en la conciencia del hombre. Éste es el nacimiento de Cristo en la Casa de Dios, y la llegada a la existencia del hombre verdadero. De ello son símbolo eterno los órganos sexuales y sus actividades reproductoras, en el plano físico. Las perversiones de la magia sexual, tan ampliamente prevaleciente, son una deformación de esta unión o fusión ver­daderamente espiritual de los dos centros de energía de la ca­beza, que representan a su vez, la relación entre alma y cuerpo. La magia sexual relega el proceso a los centros abajo del diafragma, y a la relación entre dos personas en el plano físico. El verdadero proceso se desarrolla dentro de la propia naturaleza del hombre, centrado en la cabeza; la relación es entre alma y cuerpo, en lugar de ser entre hombre y mujer.
Otro efecto que se atribuye a la relación entre los dos centros de la cabeza y sus correspondientes glándulas, es que la interacción entre ambas produce el resplandor de una luz. Mu­chas pruebas corroboran esto en las Escrituras del Mundo, in­cluyendo el mandato de Cristo a sus seguidores, que "dejen brillar su luz". Hay también evidencias en la vida de los mís­ticos, que una y otra vez dan testimonio en sus escritos, de la luz que han visto. En una oportunidad envié una carta a un grupo de estudiosos (que habían practicado la meditación du­rante varios años), preguntándoles si habían percibido algún fenómeno de interés como resultado de su trabajo. La carta no fue enviada a neuróticos ni a tipos visionarios, sino a hombres y mujeres bien conceptuados en las esferas comerciales, artís­ticas y literarias y de comprobadas realizaciones. El setenta y cinco por ciento atestiguaron que percibían una luz en la cabeza. ¿Estaban todos alucinados? ¿Eran todos víctimas de su imagi­nación? ¿Qué fue lo que vieron y ven constantemente?
He aquí un interesante campo de investigación y los resul­tados pueden tener como base la realidad reconocida por la ciencia de que la luz es materia y la materia es luz. Cuando el alma actúa y el hombre ha logrado la unión consciente con esa alma, puede por el estímulo extraordinario que ello implica, percibirse la luz del cuerpo etérico, en su punto principal de unión con el cuerpo físico, en el centro más importante del cuerpo, el coronario. El profesor C. B. Bazzoni 4 dice:
"Hemos visto que todas las formas de materia en la tierra están formadas por noventa y dos tipos diferentes de átomos agru­pados en moléculas que juntos, en incontables millones, constitu­yen todos los cuerpos que vemos a nuestro alrededor y hasta nues­tros propios cuerpos. Ahora bien, cualesquiera de estos noventa y dos tipos de átomos, cuando son estimulados por ciertos métodos bien conocidos por la ciencia, se puede lograr que emitan luz –generalmente luz de color– y la naturaleza de esta luz es peculiar y característica para cada uno de los noventa y dos átomos."
¿Arroja esto alguna luz sobre el problema, siempre y cuando se acepte la hipótesis de un cuerpo etérico? El nimbo que rodea las cabezas de los santos y de la deidad, en las antiguas pinturas de ambos hemisferios, ¿no indica acaso que los artistas sabían que lo que pintaban eran hombres iluminados, tanto física como espiritualmente? Estas cosas debieran ser investigadas y com­probadas o refutadas.
La posibilidad de unificar las dos grandes escuelas de pensamiento, que tratan de explicar la unidad hombre en términos de realizaciones occidentales, y de la filosofía oriental basada en la técnica del control por el alma, tiene, por lo tanto, carácter de experimento. Existiendo la disposición a aceptar lo que el estudiante occidental considera hipotético, y teniendo una mente abierta ¿qué podrá hacerse de importancia práctica y específica para demostrar como verídicos, o rechazar como falsos, los argumentos presentados en este libro?
Maurice Maeterlinck 5 cita a Herbert Spencer para decir que:
"Construir perpetuamente ideas que requieren el máximo es­fuerzo de nuestras facultades y descubrir siempre que tales ideas deben ser abandonadas como inútiles imaginaciones, puede pro­barnos, más plenamente que cualquier otro medio, la grandeza de lo que en vano, tratamos de captar... Al tratar siempre de conocer y al vernos rechazados, adquirimos la profunda convic­ción de que la imposibilidad de saber contribuye a mantener viva la conciencia, que es lo mejor que podemos hacer, y es nues­tro deber considerar como incognoscible aquello por cuyo medio todas las cosas existen."
Pero ¿no será posible aclarar algo más nuestra visión, y "profundizando nuestra convicción", llegar a una mejor com­prensión de las formas y aspectos que velan esa incognoscible Realidad esencial, en cuyo cuerpo "vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser"?
Aceptado que es un mundo fenoménico, ya sea que lo con­sideremos respecto a la familia humana, a las formas percibidas con que hemos hecho contacto en el reino del alma, quizás se compruebe la verdad de que progresivamente las formas (cuan­do ascienden en la escala del ser) pueden revelar con el tiempo verdades más amplias sobre esa vida esencial. A medida que el mecanismo se desarrolla y perfecciona, también se amplían nuestros conceptos sobre la Divinidad. Edward Carpenter 6, expresa esta idea en las siguientes palabras:
"El Dr. Frazer, en la conclusión de su gran obra The Golden Bough, se despide de sus lectores con las palabras siguientes: 'Las leyes de la Naturaleza son meramente hipótesis ideadas para ex­plicar la siempre cambiante fantasmagoría del pensamiento, que dignificamos con los altisonantes nombres de Mundo y Universo. En último análisis, la magia, la religión y la ciencia, sólo son teorías (del pensamiento); así como la ciencia ha suplantado a sus predecesores, igualmente de aquí en adelante puede ser sus­tituida por alguna hipótesis más perfecta; quizás por alguna ma­nera completamente diferente de considerar los fenómenos y re­gistrar las sombras en las pantallas, de la cual no podemos for­marnos una idea en esta generación'. Opino que el Dr. Frazer tiene razón al pensar que algún día prevalecerá 'una manera de considerar los fenómenos', distinta de la ciencia. Pero creo, que este cambio vendrá, no tanto por el desarrollo de la ciencia o la ampliación de sus 'hipótesis', sino por el desarrollo y expansión del corazón humano, y por un cambio en su psicología y poderes de percepción."
Maeterlinck 7 resume esto muy sucintamente, cuando dice: "Por lo tanto es conveniente desembarazarnos de conceptos que emanan sólo de nuestro cuerpo, así como las brumas que velan la luz del día a nuestra vista, emanan sólo de las tierras bajas. Pascal dijo, que: 'Los estrechos límites de nuestro ser ocultan a nuestra vista infinidad de cosas'".
Son necesarias sugerencias prácticas, en el intento de re­chazar lo sobrenatural (si así puede llamarse) y probar que los estados subjetivos, atestiguados por el místico y el vidente, son simples demostraciones de fuerzas y poderes naturales. El hom­bre no ha reconocido ni controlado estos poderes, tampoco ha conocido, a través de los siglos, esas fuerzas que ahora en cierta medida es capaz de entender y emplear y que son la gloria de nuestra civilización actual. Debemos probar que uno de estos poderes del alma es un hecho en la naturaleza, y se abrirán ante la humanidad los portales de un mundo nuevo. El Dr. Daniel H. Leary 8 aprecia esto cuando dice:
"Se presiente, en cierto modo, que algunas cualidades, algunos rasgos al menos, en ciertas personalidades, no pueden ser explicados en términos de actividad en alguna estructura física. No es éste un punto sin importancia que puede ser rechazado irrazona­blemente como mera superstición; está demasiado difundido, alta­mente cargado de emoción, muy compartido aún por algunos psicólogos, para ser ignorado. Vale la pena mencionar una vez más, que si existen tales rasgos espirituales o lo que sea, cuya defi­nición no esté basada en una estructura, la admisión del más pequeño y al parecer insignificante de ellos, contradice inevitable y totalmente el campo de la ciencia, pues el determinismo, para ser verdadero, debe ser completo."
Primero, debiera haber un laboratorio en donde las afirmaciones del estudiante de la filosofía oriental, en relación con el alma vitalizadora, pudieran ser comprobadas o refutadas. Los fenómenos de la muerte pueden ser estudiados desde el punto de vista del retiro del alma. Las radiaciones del cuerpo humano lógicamente han recibido atención; pero la investigación espe­cífica sobre la columna vertebral y su relación con los centros, es aún un nuevo campo de estudio, aunque el Dr. Baraduc de la Sorbona de París, hizo un interesante trabajo a este respecto, hace cuarenta y cinco años. Su libro L'Ame Vitale es sugestivo, aunque conjetural, y sus afirmaciones necesitan ser sustanciadas.
Todo el tema del cuerpo vital y sus efectos sobre el sistema nervioso y las glándulas, abre un inmenso campo de estudio. En cuanto a la relación entre el cuerpo etérico del hombre, no sólo con su sistema nervioso, sino también con el cuerpo eté­rico planetario o el éter, donde él como organismo ocupa su lugar, es todavía terreno virgen.
Segundo, debiera ser posible reunir testimonios respecto a la realidad y naturaleza de la luz en la cabeza, de la cual mu­chos dan fe.
Los recientes experimentos espectaculares sobre la natura­leza de la telepatía van por buen camino, aunque dicha técnica esté aún en su infancia. Mucho se descubrirá cuando se establez­ca la diferencia entre la comunicación de mente a mente, la tele­patía mental, y esa forma mucho más rara de comunicación entre un alma y otra, y entre alma y cerebro. Esta última ha sido llamada inspiración, y ha producido las Escrituras y los deno­minados "escritos inspirados" del mundo, que han guiado los procesos mentales de los grandes inventores, científicos, poetas y artistas.
La telepatía y la inspiración dependen de tal modo del cuerpo etérico humano y su relación con el éter universal, como dependen la luz o la radio. Todo ello da testimonio de este más sutil mundo del espíritu y del alma.
Dice Michael Pupin 9 en el epílogo de su libro:
"El poder creador del alma es la única guía cuando intenta­mos descifrar el significado de esta sustancia ultramaterial. Pro­porciona la norma más fiel para comparar el alma de un hom­bre con la de otro hombre y con la de los animales inferiores. Esta comparación, semejante en cierto modo a los métodos cientí­ficos de medida cuantitativa, se viene aplicando desde el mismo comienzo de la civilización. El procedimiento que se sigue en esta investigación es, en muchos sentidos, equivalente al método cien­tífico de investigación por la observación, el experimento y el cálculo. Lo que falta en precisión, lo suple con su gran número de pruebas y errores, que abarca muchos siglos de medidas cuali­tativas, mediante la cuidadosa comparación. Ello dio como resul­tado el universal veredicto de que no sólo el alma del hombre es muy superior al alma animal, sino que esta diferencia es inmensamente mayor que la de sus estructuras corpóreas. La com­paración revela también un elemento en esta diferencia, que se eleva muy por encima de los demás elementos diferenciadores. Es el elemento espiritual. El poder creador del alma humana, ha creado un nuevo mundo en la conciencia humana: el mundo espiritual."
Entre otras líneas posibles de investigación está la conti­nuación de la obra del doctor Kilner sobre el aura humana, que ha incluido en su libro The Human Atmosphere. Otras frases respecto a la investigación sobre los poderes supranormales, han sido sintetizadas en una declaración de un periódico australiano llamado The Federal Independent, de la cual reprodu­cimos dos párrafos:
"Un hombre de ciencia, que ha hecho un estudio especial de la más reciente teoría de la relatividad, Einstein, ha proyectado nueva luz sobre el episodio referente a Cristo caminando sobre las aguas. Como resultado de sus investigaciones, el profesor H. H. Sheldon dice que considera posible afirmar que la narración bíblica, de la que tanto se han burlado los escépticos, es un hecho explicable por las leyes científicas. 'El milagro puede ser aceptado por las mentes más escépticas, en cuanto reconozcan el hecho de que los leyes fundamentales de la mecánica relativista y de la electricidad, pueden reducirse a una fórmula, y que el poder del electromagnetismo, puede influir en la gravitación y dominarla por completo.' 'Según la última teoría matemática de Einstein, tan sólo hay una sustancia y una ley universal, que contienen los componentes eléctrico y gravitacional, los cuales están unidos en una sola fórmula, influyendo cada uno en el otro. El Doctor Sheldon cree que como resultado de este descubrimiento, cosas como mantener a los aviones en el aire sin motores ni apoyo material, o saltar de una ventana sin temor de caer, se sugieren como línea de investigación a seguir'. 'Si esta teoría es mantenida como prue­ba de que la electricidad y la gravedad son virtualmente lo mismo, podremos efectivamente aislarnos de la fuerza de la gravedad', declaró. Como prueba real de estas posibilidades aparentemente increíbles, el Dr. Sheldon demostró que una barra de aleación metálica, normalmente sensible al magnetismo, permanecía sus­pendida en el aire colocando tan sólo un imán debajo de ella.
A la luz de la nueva teoría de Einstein, puede considerarse, por lo tanto, que la liberación de Cristo de las leyes aceptadas de la gravedad, que lo hubieran hecho sumergirse tan pronto como sus pies tocaron la superficie del mar, se debió a una pro­digiosa cantidad de electromagnetismo de Su propio cuerpo, y a una fuerza que surgía de la fortaleza de Su personalidad y vitalidad. En todas las pinturas que representan a Cristo, se lo muestra con un nimbo alrededor de Su cabeza. En un tiempo, se lo consideró como producto de la imaginación exuberante de Sus discípulos, pero durante los últimos años, la ciencia, junta­mente con muchos que estudian los fenómenos síquicos, ha de­mostrado por medio de experimentos positivos, que todo ser humano tiene un aura que se asemeja mucho al fulgor que ema­na de cualquier poderosa máquina eléctrica.
Tal declaración es otra prueba de que la ciencia está cru­zando rápidamente la frontera que separa las cosas materiales de las espirituales. Una vez reconocido que el conocimiento de las leyes superiores pueden vencer la resistencia de las inferio­res, entraremos en posesión de nuestro verdadero patrimonio espiritual."
Estamos a la expectativa del alborear de ese día en que la religión se cimentará sobre una base científica, y las verdades que testimonian las edades serán corroboradas y probadas, por­que como dice también el Dr. Michael Pupin 10:
"Las realidades espirituales de Dios son invisibles, pero se hallan ejemplificadas y son inteligibles por las realidades físicas reveladas en las cosas físicas que se hacen. De acuerdo a esta interpretación de las palabras de los Apóstoles, las realidades físicas y espirituales se complementan entre sí. Son los dos extremos de las mismas realidades, uno reside en el alma humana y el otro en las cosas del mundo externo. He aquí una de las razones fundamentales de por qué la ciencia y la religión se complementan. Son los dos pilares del portal, por el cual el alma humana entra en el mundo en que reside la divinidad".
Entonces surgirá una nueva raza, con nuevas capacidades, nuevos ideales, nuevos conceptos de Dios y de la materia, de la vida y del espíritu. En toda esa raza y en la humanidad futura, se percibirá no sólo un mecanismo y una estructura, sino un alma, una entidad que, utilizando el mecanismo, manifiesta su propia naturaleza, que es amor, sabiduría e inteligencia.
Hasta la ciencia ha reconocido esta última posibilidad, y ha observado que la orientación del proceso evolutivo va hacia una adaptación más perfecta de la forma y de la vida. En todas partes, en toda la creación, se está cumpliendo un propósito, se manifiesta una voluntad hacia la perfección. Ese propósito y esa voluntad están controlados por el amor y la sabiduría; y esos dos tipos de energías (el propósito del espíritu y la fuerza atrac­tiva del alma) se aplican inteligentemente al perfeccionamiento del aspecto materia. Espíritu, alma y cuerpo –divina triplicidad–, se manifiestan en el mundo, y llevarán todo hacia una consumación, representada para nosotros en las Escrituras del mundo, con riqueza de imágenes, de color y de forma. La visión que tuvo Browning 11 de esta verdad y su expresión, resume los resultados de nuestro estudio, que constituirá un apropiado final para este ensayo:
" ... y Dios renueva Su antiguo rapto. Mora así en todo, desde el diminuto comienzo de la vida hasta finalizar en el hombre –la consumación de nuestro esquema del Ser, la terminación de esta esfera de la vida; cuyos atributos ya diseminados por doquier sobre el mundo visible, piden ser combinados como fragmentos destinados a unirse en un maravilloso todo, cualidades imperfectas diseminadas por toda la creación, sugiriendo una criatura aún increada, algún punto donde estos rayos dispersos puedan unirse convergiendo en las facultades del hombre... Cuando la raza sea perfecta, es decir, como un hombre; todo lo dado al género humano, y por el hombre producido hasta ahora, ha llegado a su fin; pero en el hombre íntegro se inicia nuevamente una tendencia hacia Dios. Las predicciones auguraron el acercamiento del Hombre; en el yo del hombre surgen augustas anticipaciones, símbolos, tipos de tenue esplendor, siempre existentes en ese eterno círculo perseguido por la vida. Los hombres comienzan a cruzar los límites de la naturaleza, descubriendo nuevas esperanzas y obligaciones que rápidamente suplantan. Sus propias alegrías y pesares; llegan a ser demasiado grandes para los estrechos credos del mal y del bien, que se desvanecen ante la inmensurable sed de bien; en tanto surge en ellos la paz en forma creciente. Estos hombres se hallan ya en la tierra, serenos en medio de las criaturas semiformadas que los rodean."

Notas:


  1. La Luz del Alma, pág. 124, de Alice A. Bailey.

  2. Ídem, pág. 126.

  3. El Doble Etérico, págs. 117, 118.

  4. Kernels of the Universe, pág. 31.

  5. The Light Beyond, pág. 95.

  6. Pagan and Christian Creeds, Their Origin and Meaning, pág. 278.

  7. The Light Beyond, pág. 73

  8. Modern Psychology: Normal and Abnormal, págs. 191, 192.

  9. The New Reformation, págs. 264, 265.

  10. Ídem, pág. 272.

  11. Paracelsus (versión libre).





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