El Alma y su Mecanismo Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul



Descargar 346 Kb.
Página4/7
Fecha de conversión03.12.2017
Tamaño346 Kb.
Vistas255
Descargas0
1   2   3   4   5   6   7

Capítulo iv

La naturaleza del alma y su ubicación


En el transcurso de las edades, el alma ha sido tema de discusión, argumentación e intentos de definición. Ha sido y sigue siendo el principal interés intelectual de las edades, y el tema más des­tacado de todas las religiones y filosofías. Sólo por lo antedicho podemos deducir que el alma posiblemente es una realidad en la naturaleza, pues el testimonio milenario debe tener alguna base real. Eliminando todas las conclusiones, basadas en visiones y experiencias de los histéricos, neuróticos y casos patológicos, sólo restan los testimonios y un cúmulo de deducciones de sen­satos y reputados pensadores, filósofos y científicos, lo cual evita el rechazo y merece el reconocimiento de la humanidad.
El Dr. Richard Muller‑Freienfelds 1 dice: "Para escribir la historia de la creencia del hombre acerca del alma, tendría que escribirse al mismo tiempo la historia de toda la raza humana".
El problema ha sido bien resumido por el profesor Edward Scribner Ames 2:
"Por una parte tendríamos este yo o alma con sus pensamientos; por otra el mundo de los objetos, otras personas y Dios. El esfuerzo de los sabios consistió, durante siglos, en buscar la manera de salvar el abismo entre el yo y los demás objetos. Pero entre las ideas, como acontecimientos cerebrales y cosas externas, no había un puente seguro que sirviera de garantía de que las representaciones cerebrales eran exactamente iguales a los obje­tos del mundo externo. A ambos lados de este golfo se alineó la hueste de filósofos: por una parte los idealistas que defendían al yo, tratando vanamente de llegar a la realidad, postulada por ellos mismos como fuera de su alcance; en la parte opuesta los mate­rialistas, tratando de ignorar al yo o considerándolo como un fantasma, epifenómeno, hálito o bruma, emanado del mundo fí­sico mismo. Los denominados dualistas, suponen la realidad de lo psíquico y de lo físico, dando a cada uno su lugar, sin lograr responder adecuadamente a la pregunta de cómo la mente sale de sí misma Y va hacia un objeto tan diferente, o cómo el objeto pudiera ser ella misma y, sin embargo, conocerlo."
Aquí pueden tener cabida algunas definiciones del alma, extraídas de un vasto número de ellas. Se observará que hay uniformidad muy marcada en la definición y exégesis. El Diccio­nario de Webster define el alma en términos interesantes con gran exactitud, y de acuerdo al punto de vista de la sabiduría oriental.
"Una entidad concebida como esencia, sustancia o causa ac­tuante de la vida individual, especialmente de la vida manifesta­da en actividades síquicas; el vehículo de la existencia individual que, en la naturaleza, está separado del cuerpo, y se afirma que tiene existencia separable."
A medida que se investigan las diferentes interpretaciones referentes a la naturaleza del alma, se presentan tres puntos de vista, que han sido bien resumidos a nuestro juicio, en el mis­mo diccionario.
"Primero, el alma es considerada como una entidad o sujeto, que se manifiesta especialmente en las actividades pensantes y volitivas del hombre; es el tema de la experiencia meditativa del cuerpo; no es la mente, sino lo que piensa y quiere.

"Segundo, el alma se identifica con la mente o con la experien­cia consciente; en psicología éste es el sentido común de la palabra y también el concepto general de los idealistas.



"Tercero, se considera al alma como una función, o la suma de las funciones del cerebro, por ejemplo, Pierre J. G. Cabanis (1757‑1808), enseñaba que el cerebro segrega pensamiento, como el estómago digiere el alimento."
En dicho diccionario se hace el siguiente comentario, de aplicación apropiada a la actual tendencia en el mundo del pensamiento.
"Algunas concepciones, como la de Fechner, de que el alma es el entero proceso unitario espiritual, conjuntamente con el pro­ceso unitario corporal, parecen estar a mitad de camino entre los puntos de vista idealista y materialista." 3
Quizás, después de todo, el "noble sendero medio", que tanta importancia tiene para los budistas, sea para la generación venidera, un medio de escape de estas posiciones extremas.
Los egipcios sostenían que el alma era un rayo divino, ac­tuando por medio de un compuesto peculiar fluídico, mientras que los judíos la consideraban como un principio vital. Los hindúes enseñan que el alma humana es una porción de un Princi­pio inmutable, el Alma del Mundo, el Ánima Mundi, el éter Akasha omnipenetrante del espacio. Este éter es, sencillamente, el conductor de determinados tipos de energía, y sirve como medio de interrelación entre el espíritu esencial y la materia tangible.
Pitágoras, quien tanto hizo en su época para vincular las filosofías oriental y occidental, daba las mismas enseñanzas. Lao-Tsé enseñó, en China, que el alma espiritual está unida al alma vital semimaterial, y que ambas animan al cuerpo físico. Los griegos, a su vez, sostenían que el alma (con todas las facultades mentales) era separable del cuerpo, mientras que los romanos consideraban al alma como una triplicidad –un alma espiritual, un alma intelectual o mente, y un cuerpo vital. Muchos, tal vez como Teofrasto, la consideraban "el principio real de la pasión", y Bernard Hollander 4 dijo:
"Los estoicos dieron curso a una nueva designación del prin­cipio animador o teoría del principio vital, es decir, el neuma... Con la introducción del neuma se inició esa tricotomía de la personalidad humana, cuerpo, alma y espíritu, que ha figu­rado prominentemente en las especulaciones de los teólogos. El concepto del alma o psiquis... se diferenció en dos conceptos... por una parte, la fuerza vital de los fisiólogos y, por la otra, el espíritu o alma inmaterial del hombre."
Por lo tanto, los estoicos destacaban una enseñanza total­mente de acuerdo a la filosofía oriental, eliminando la brecha entre los dos hemisferios.
Platón 5 exponía la doctrina del alma, de la manera siguiente:
"Creía que el alma tenía tres partes. Una, la inmortal o racio­nal, procedente de Dios; la otra, mortal, animal o sensoria, la sede del apetito y de la sensación, que pertenece al cuerpo, y una tercera ubicada entre ambas, posibilitando la interacción –la voluntad o espíritu–, mediante la cual la razón conquistaba al deseo. Las plantas poseen la parte más baja y los animales las dos partes inferiores. Pero la parte racional es exclusivamente humana.
"A esta alma racional la consideraba de naturaleza inmaterial y metafísica, incapaz de ser percibida por los sentidos, y sólo per­ceptible por el intelecto. La unión con el cuerpo físico, mortal y material, sólo era un incidente menor en su larga carrera... Pla­tón trazó así una distinción fundamental entre alma y cuerpo."
Aristóteles consideraba al alma como la suma de los prin­cipios vitales, siendo para el cuerpo lo que la visión para el ojo. El alma era para él el verdadero Ser en el cuerpo; Plotino estaba de acuerdo con él. Consideraba al alma como la sensibilidad viviente del cuerpo, correspondiente a un grado más elevado del ser que la materia. Tertuliano dividía al alma en dos partes, un principio vital y otro racional, como lo hizo también San Gregorio. La mayoría de las escuelas orientales considera al alma como al yo, el individuo, y el misticismo cristiano especula sobre la doctrina de San Pablo, de que hay en todo ser humano una potencialidad que él denomina "Cristo en vosotros", y que por su presencia permite a cada hombre alcanzar, en el tiempo, el estado crístico. Una estrecha comparación entre la enseñanza oriental y la cristiana, lleva a la conclusión de que los términos: Yo, Alma, Cristo, significan el mismo estado de ser o de conciencia, e indican la realidad subjetiva en cada hombre.
Los primeros Padres cristianos estaban muy influidos por las ideas griegas, respecto al alma. Sus enseñanzas fueron poste­riormente matizadas por el gnosticismo y el maniqueísmo. Con­sideraban al alma como luz, y al cuerpo como oscuridad; que la luz debía iluminar al cuerpo y, con el tiempo, liberarse del cuerpo. San Gregorio, en el siglo iv, hacía resaltar la triplicidad, cuerpo, alma y espíritu, como lo hizo San Pablo. Su enseñanza resumía los puntos de vista de los mejores pensadores de su época y, según dice el Dr. Bernard Hollander 6, enseñaba que:
"... el alma no tiene partes. No obstante, San Gregorio diferenciaba las facultades nutritivas, sensitivas y racionales, corres­pondientes al cuerpo, alma y espíritu. La naturaleza racional no está presente por partes iguales en el cuerpo. La naturaleza su­perior emplea la inferior como su vehículo. En la materia reside el poder vital; en lo vital radica el poder sensorio, el cual va unido a lo racional. El alma sensible es el medio más puro que la carne y más burdo que el alma racional. El alma unida al cuerpo es el origen real de toda actividad."
Desde el siglo v hasta el xvii, tenemos los conceptos de varias escuelas: los escolásticos, los filósofos árabes, los cabalistas, los filósofos de la Edad Media y ese notable grupo de hombres que llevó a cabo la Reforma y el Renacimiento. Discutieron las diversas teorías relativas al alma, pero no lograron mucho progreso, pues todo tendía al surgimiento de la ciencia moderna, al establecimiento de la nueva medicina y a las revelaciones de la era de la electricidad. Gradualmente, el aspecto forma de la na­turaleza, y, las leyes que rigen los fenómenos naturales, acapara­ron la atención, hasta que las especulaciones referentes al alma y a su naturaleza, fueron relegadas, cada vez más, a los teólogos.
En el siglo vii, Stahl escribió mucho sobre la cuestión del alma, y resumió gran parte de la enseñanza que existía en su época. A eso se le denominó Teoría del Animismo. Esta doctrina postula que el alma es el principio vital, responsable de todo desarrollo orgánico. Hablamos del animismo de las razas poco evolucionadas, que les dio personalidad y adoró a las fuerzas de la naturaleza; reconocemos el animismo delineado por Stahl en los posteriores ciclos de nuestra era, como algo siempre pre­sente; estudiamos las enseñanzas de los científicos modernos, respecto a la fuerza, a la energía, al átomo, y descubrimos que enfrentamos un mundo de energías que no puede ser negado. Vivimos en un universo animado por fuerzas. Velocidad, activi­dad, vitalidad, trasmisión del sonido, energía eléctrica, y frases análogas, constituyen los lemas de hoy. Hablamos y pensamos en términos de fuerza.
Resumía Stahl 7 la enseñanza en los términos siguientes:
"... el cuerpo fue hecho para el alma; el alma no fue hecha para el cuerpo, ni tampoco es producto del mismo... El origen de todo movimiento vital es el alma, que construye el mecanismo del cuerpo y lo mantiene para protegerse de las influencias exter­nas... La causa inmediata de la muerte no es la enfermedad, sino la acción directa del alma, que abandona la maquinaria corpórea porque ya no le sirve debido a una grave lesión, o porque decidió no utilizarla."
Berkeley, en forma interesante, define al alma como un ser simple, activo, revelado por la experiencia.
La moderna psicología materialista, que considera al alma como producto de la actividad del cerebro, quizás no esté del todo equivocada, cuando se refiere a una manifestación secun­daria del alma vital.
El Dr. Richard Müller‑Freienfels 8 dice:
"... no debemos considerar al cuerpo como un mecanismo ató­mico, sino más bien como el vehículo de una energía vital abar­cante, de allí que el 'cuerpo' deje de ser meramente materia y se lo conciba como 'animado'".
Continúa diciendo:
"¡Por fin vemos la posibilidad de llegar a un concepto del alma! Recordemos que el género humano llegó a formarse este concepto. No con el fin de explicar la 'conciencia' (pues el 'alma' puede existir sin conciencia), sino para hacer comprensible esa continuidad compleja de actividades llamadas vida, el género humano creó el concepto alma. Ya hemos subrayado el hecho de que en todas las culturas primitivas, el 'alma' no es, en modo alguno, idéntica a la conciencia, y que esta equivalencia es una restricción filosófica posterior. De hecho, lo que el hombre primi­tivo entiende por 'alma', es lo que nosotros llamados 'vida'. 'Ani­mado' y 'vivo', son, como conceptos, completamente idénticos; así como los conceptos 'inanimado' y 'muerto' son idénticos. La palabra griega siquis, no significa en modo alguno meramente conciencia, sino que comúnmente puede traducirse como 'vida', análogamente y en muchos casos las palabras alemanas leben y seele, lo mismo que las inglesas 'life' y 'soul', son intercambiables...
"En esto estamos de acuerdo con las dos tendencias principa­les de la filosofía moderna. Hasta los materialistas posteriores llegaron a admitir que el alma no es una sustancia, sino que los procesos síquicos tienen lugar en la sustancia, por tanto, la con­sideran como equivalente a 'movimiento'. Por otro lado los con­ciencialistas también han considerado los procesos síquicos como 'acontecimientos', que de un modo u otro debían relacionarse con los movimientos físicos.
"Aceptamos ambas nociones. Lo que llamamos 'alma' no es 'sustancia' ampliada ni 'sustancia' pensante; no es en modo alguno 'sustancia', sino un hecho altamente complicado, una continuidad de efectos, que se revela por una parte, en la construcción del cuerpo, y por otra, en la conciencia.
"En todo caso, nuestra doctrina, que no divide al universo en sustancia y conciencia, sino que establece un vínculo de unión entre ambos, y por un lado se revela materialmente y es también la hipótesis de la conciencia, difiere a la vez del materialismo y del conciencialismo, en que no concibe al alma existiendo sólo en la sustancia, ni tampoco sólo en la conciencia. Por el contrario, tanto la conciencia como el cuerpo, aparecen tan sólo como efec­tos de una tercera cosa que abarca ambas, produciendo la con­ciencia y dando forma a la materia prima. Hemos visto que la conciencia demanda necesariamente un 'ser' más profundo, mien­tras que la teoría materialista, demanda un 'poder' formativo, que constituye el cuerpo, y con él, el alma. Podría llamarse a esta teoría 'monística', aunque evita tanto la unilateralidad como el dualismo; sólo que el concepto ha sido exagerado y tanto la teoría conciencialista y la materialista se describen como monistas, aunque después de todo es incorrecto. Denominamos dinámica a la teoría que tratamos de desarrollar, porque representa la natu­raleza del alma como fuerza dirigida, y también podemos llamar­la vitalista porque esta fuerza, que da forma al cuerpo y engendra la conciencia, demuestra ser idéntica a la vida."
La Doctrina Secreta 9 insinúa la relación entre estos tres términos: cuerpo, alma y espíritu.
"Consideramos la vida como la forma única de la existencia, manifestándose en lo que llamamos materia o lo que, separando los términos en forma incorrecta, se denomina espíritu, alma y materia en el hombre. La materia es el vehículo para la manifes­tación del alma, en este plano de existencia, y el alma es el vehícu­lo en un plano más elevado, para la manifestación del espíritu, y los tres son una trinidad sintetizada por la vida que los com­penetra a todos."
'Alma' y 'yo' son términos sinónimos en la literatura oriental. El principal tratado sobre el alma, su naturaleza, propósito y existencia, es la más famosa de todas las Escrituras orientales. El Bhagavad Gita. Paul Deussen 10 resume la doctrina referente a Atma, el yo o alma, como sigue:
"Si Para nuestro actual propósito nos aferramos a esta dife­rencia, de Brahma como principio cósmico del universo, y Atma como lo psíquico, la idea fundamental de toda la filosofía Upa­nishad, puede ser expresada por la sencilla ecuación":

Brahma = Atma


Es decir, Brahma es el poder que se materializa en todas las cosas existentes; crea, sostiene, preserva y recibe de vuelta, en sí mismo, a todos los mundos; este eterno y, divino poder infinito, es idén­tico a Atma, en otras palabras, después de despojado de todo lo externo, se descubre que en nosotros el alma es nuestro propio ser real y muy esencial, el yo individual. Esta similitud entre Brahma y Atma, Dios y Alma, es el concepto fundamental de toda la doctrina de los Upanishads...
"Atma es, como frecuentemente se ha indicado, una idea susceptible de muy diversas interpretaciones. La Palabra no significa otra cosa que 'el yo', entonces surge la pregunta: ¿qué es lo que consideramos como nuestro yo? Aquí son posibles tres posiciones, según se entiende por Atma (1) el yo corpóreo, el cuerpo; (2) el alma individual, libre del cuerpo, que como sujeto conocedor es lo contrario del objeto y distinto de él; (3) el alma suprema, donde el sujeto y el objeto no difieren entre sí o que, de acuerdo al concepto hindú, el sujeto, es el conocedor sin el objeto."
Un escritor oriental 11 comenta
"Todos los seres orgánicos poseen un principio de autodeter­minación, al cual se da generalmente el nombre de 'alma'. En el estricto sentido de la palabra, 'alma' pertenece a todo ser que posee vida y las diferentes almas son fundamentalmente idénticas en su naturaleza. Las diferencias se deben a las organizaciones físicas que oscurecen y frustran la vida del alma. La naturaleza de los cuerpos, en que están incorporadas las almas, explica sus diversos grados de obscuración.
"Cada budi, con su captación de los sentidos y cosas análogas, es un organismo aislado, determinado por su karma y posee su propia y peculiar ignorancia (advidya). El ego es la unidad psico­lógica de esa corriente de experimentación consciente que cons­tituye lo que conocemos como vida interna de un yo empírico."
El yo empírico es una mezcla del libre espíritu y el meca­nismo de purusha y prakriti... Cada ego posee en sí un cuer­po de materia burda, que se disuelve en la muerte, y también un cuerpo sutil formado por el mecanismo psíquico, incluyendo los sentidos.
Cierta escritura indú 12 resume esta enseñanza como:
"Hay cuatro atmas: 'la vida, la mente, el alma y, el espíritu. La ultérrima fuerza que yace en la raíz del poder macrocósmico de las manifestaciones del alma, de la mente y, del principio vida, es el espíritu'."
Por lo tanto, todo parece ser una expresión de la fuerza vital y empezamos a aproximarnos a la verdad, tal como se formula en Oriente, de que la materia es espíritu o energía, en su manifestación inferior, y el espíritu es materia en su expre­sión superior. Entre ambos extremos manifestándose en tiempo y espacio, llegan esas diversificaciones de la vida conciencia ma­nifestada, que absorben el interés del hombre religioso, del psicólogo, del científico y del filósofo, según sus peculiares pre­dilecciones y tendencias. Todos estudian los aspectos variables de la única vida animadora.
Las diferenciaciones, las terminologías y las clasificaciones, en relación con estos diversos modos de encarar la verdad, son causa de gran parte de la confusión. Nos empeñamos en dividir en parte una Realidad unificada y, al hacerlo, perdemos nuestro sentido de proporción y le damos más exagerada importancia a determinada parte, que momentáneamente disecamos. Pero el conjunto permanece intacto, y nuestra comprensión de esta Realidad aumenta a medida que nuestra conciencia se hace in­cluyente y participa de una real experiencia.
El testimonio de esta experiencia puede ser trazado desde la noche misma de los tiempos. Desde la aparición de la familia humana, durante el despliegue del desarrollo evolutivo del plan mundial, existió un paralelo desenvolvimiento progresista de la idea de Dios, para justificar la naturaleza, y de la idea del alma, para explicar al hombre. Aún no se ha creado una antología del alma, porque la misma magnitud de la tarea sirve probablemen­te de impedimento.
Las conjeturas siempre han sido abundantes, respecto adón­de ha de buscarse el alma y dónde puede estar ubicada en fa forma humana. Aquí podrían ser expuestas algunas teorías:
Platón sostenía que el principio vital estaba en el cerebro, y, que el cerebro y la médula espinal eran los coordinadores de la fuerza vital; mientras que
Straton la situaba en la parte anterior del cerebro, entre las cejas.
Hipócrates, ubicaba la conciencia o alma en el cerebro.
Herófilo, hacía al calamus escriptorius la sede principal del alma.
Herasístrato colocaba el alma en el cerebelo o pequeño cerebro, y declaraba que estaba relacionada con la coordinación de los movimientos.
Galeno, el gran precursor de los modernos métodos de me­dicina, opinaba que el cuarto ventrículo del cerebro, es la sede del alma en el hombre.
Hipólito (siglo iii d.C.) dice: "Las membranas de la cabe­za son suavemente movidas por el espíritu que avanza hacia la glándula pineal. Cerca de ésta se halla situada la entrada del cerebelo, que admite la corriente del espíritu y la distribuye en la médula espinal. Este cerebelo, por un proceso inefable e ines­crutable, atrae por medio de la glándula pineal a la sustancia espiritual dadora de vida.
San Agustín consideraba al alma situada en el ventrículo medio.
Los filósofos árabes, que modelaron tan intensamente la mentalidad medieval, asignaban a los ventrículos del cerebro la sede del alma o vida consciente.
El Dr. Bernard Hollander 13 dice:
"La razón por la cual los antiguos filósofos, de quienes los árabes adoptaron esta ubicación, colocaron las facultades en cier­tas células, queriendo significar cavidades o ventrículos, proba­blemente tenía por finalidad conceder más espacio al neuma, la sustancia gaseosa, para que se expandiera... Algunos distinguie­ron cuatro regiones: El primero o ventrículo anterior del cerebro, que según se suponía, miraba al frente, era el ventrículo del sen­tido común; suponían que de él se ramificaban los nervios de los cinco sentidos externos, y en él, con ayuda de estos nervios, se reunían todas las sensaciones. El segundo ventrículo, conectado con el primero por una minúscula abertura, fue designado como la sede de la facultad imaginativa, porque las impresiones de los cinco sentidos externos se trasmiten al segundo ventrículo desde el primero, como segunda etapa en su progreso a través del cerebro. El tercer ventrículo era la sede del entendimiento y el cuarto estaba consagrado a la memoria, por que se hallaba cómodamente situado como depósito, donde las concepciones de la mente, digeridas en el segundo ventrículo, podían ser trasmitidas para su atención y acumulación. En realidad el denominado ventrículo anterior consta de dos ventrículos laterales, derecho e izquierdo, que se comunican entre sí, y son parte del tercer ventrículo (llama­do antiguamente ventrículo medio) por el agujero de Monro; el tercer ventrículo se comunica con el cuarto ventrículo (llamado por los antiguos el ventrículo posterior) por la cisura de Silvio.

"Los ventrículos laterales están recubiertos, por encima, por el cuerpo calloso; el tercero lo está por el tálamo óptico y el cuarto está situado entre el cerebelo y la comisura... Si el senti­do de la vista y el oído son estimulados simultáneamente, sus efec­tos se conectan de un modo u otro, en la conciencia; el conocimien­to de esto inspiró la hipótesis de un centro sensorio, al cual se le aplicó el nombre de sensorium commune, o sentido común. Este centro fue considerado por algunos como la sede del alma. Como las partes del cerebro son dobles, los lugares que se podía elegir eran muy limitados, y sólo cabía escoger las estructuras de la línea media, como un ejemplo la glándula pineal, por Descar­tes y, últimamente, en el siglo xix, el tálamo óptico, por W. B. Carpenter, y la comisura cerebral, por Herbert Spencen".


Roger Bacon, consideraba que el centro del cerebro era el lugar donde podía encontrarse el alma.
Ludovico Vives 14, " consideraba al alma como el principio, no sólo de la vida consciente, sino de la vida en general; el co­razón es el centro de la actividad vital o vegetativa; el cerebro, de su actividad intelectual".
Mundinus, famoso anatomista de la Edad Media, creía firmemente en los "espíritus animales". Enseñaba que éstos pasa­ban al tercer ventrículo por un angosto pasaje, y también que las células del cerebro son la sede del intelecto.
Vesallus 15, fue el primero en diferenciar la materia gris y blanca del cerebro, y en describir los cinco ventrículos, "distinguía tres almas... y asignaba al cerebro el alma principal, la suma de los espíritus animales, cuyas funciones eran definidamente mentales".
Servetius colocaba el alma en la cisura de Silvio, canal que vincula el tercero y cuarto ventrículos del cerebro.
Telesio 11, en De Rerum Natura, "enseñaba que el alma era la forma más sutil de la materia, una sustancia muy delicada, encerrada en el sistema nervioso, eludiendo nuestros sentidos. Su asiento es principalmente el cerebro, pero se extiende tam­bién a la médula espinal, a los nervios, a las arterias, a las venas y a las membranas que recubren los órganos internos... Com­prendiendo que el sistema nervioso está en estrecha relación con la vida‑alma, reconocía que el alma del hombre difería única­mente en grado, del alma de los animales. Suponía además, que el alma material en el hombre, alma divina no corpórea, directamente implantada por Dios, se unía con el alma material".
Willis asignaba las diversas facultades del alma, tales como mentalidad, vitalidad, memoria, etc., a diferentes partes del cerebro.
Vieussens situaba el alma en el centro óvalo.
Swedenborg 17 decía: "El camino real de las sensaciones del cuerpo hacia el alma... va a través de los cuerpos estria­dos... Todas las determinaciones de la voluntad descienden también por ese camino... Es el Mercurio del Olimpo; anuncia al alma lo que le está ocurriendo al cuerpo, y lleva al cuerpo los mandatos del alma.
Los cuerpos estriados son un par de grandes ganglios del cerebro, situados inmediatamente debajo de la región anterior y superior.
Hollis deducía que "tanto la sensación como el movimien­to, tienen su poder en la médula del cerebro. Ésta es por lo tanto, la sede del alma".
Charles Bonnet 18 decía "Los diferentes sentidos... de que estamos dotados... tienen, en algún sitio del cerebro, comuni­caciones secretas, por cuyo medio pueden actuar unas sobre otras. La parte en que tienen lugar las comunicaciones debe ser considerada como la sede del alma... Por esta parte el alma actúa sobre el cuerpo y, por el cuerpo, sobre muchos seres distintos. Ahora el alma actúa sólo por medio de los nervios.
von Sommerin, 19, localizaba la sede del alma en el fluido de los ventrículos cerebrales, mientras que
W. B. Carpenter 19, el fisiólogo, consideraba el tálamo óptico como asiento de la vida del alma.
Sin embargo, desde la época de Francis Joseph Gall, el gran animista y médico fundador de la ciencia de la frenología, no se ha prestado gran atención a la situación probable del alma. La mente ha asumido una posición conspicua; el carácter, la ética y lo que se ha denominado la ciencia de la etología, han venido a la existencia. La relación de las cualidades psíquicas con el cerebro se ha convertido en tema de estudio, y hoy hemos inclui­do las glándulas en nuestras especulaciones, y así se ha desarro­llado la idea. Las modernas enseñanzas mecanicistas de la psicolo­gía han sustituido temporalmente a las ideas vitalistas, ani­mistas y místicas más antiguas. El método materialista ha sido, sin embargo, de profundo valor. Ha producido dos cosas, entre muchas otras. Primero, mantuvo el equilibrio y produjo el cono­cimiento de una estructura, basada en hechos naturales, que neutralizaron los errores y deducciones del místico visionario y las supersticiones de los teólogos religiosos. Segundo, por medio de las conclusiones a que llegaron, mediante el trabajo de los psicólogos modernos, por el estudio de la mente y su poder y por la influencia de organizaciones como la Ciencia Cristiana y el Nuevo Pensamiento, se tendió un puente entre Oriente y Occi­dente. Ahora es posible que la doctrina oriental de la triplicidad: alma, mente y cerebro, sea apreciada y comprendida. Una vez eliminados ciertos rasgos indeseables (y existen varios) y en colabo­ración con la ciencia occidental, puede surgir de nuevo la luz de Oriente, y señalar a la humanidad el camino hacia un nuevo estado del ser, hacia una más plena comprensión de poder, y hacia una apreciación más real de la naturaleza del alma huma­na. Entonces quizá apreciemos la veracidad del concepto de Robert Browning 20 acerca de este ser humano integrado:
"Tres almas forman un alma: primero, a saber,

un alma en cada una y en todas las partes del cuerpo,

asentada allí, actúa, y es el Hacedor;

utiliza la tierra; allí abajo termina el hombre;

pero, dirigiéndose hacia arriba para ser guiado,

crece en lo interno y también crece dentro de él

la otra alma que, asentada en el cerebro,

utiliza a la primera, con sus experiencias,

y siente, piensa y quiere, y es el Conocedor;

que también a su vez se dirige hacia arriba,

crece y de nuevo se desarrolla en él

la última alma, que utiliza a las dos primeras,

subsistiendo con la ayuda o no, de ellas,

constituyendo el yo del hombre –es el Ser;

y se apoya sobre aquél, lo utiliza

como lo utilizó al primero, y dirigiéndose hacia arriba

se sostiene y, es sostenido por Dios; el hombre

termina arriba, en el terrible punto de intercambio,

y no necesita un lugar porque retorna a Él.

El Hacedor, el Conocedor, el Ser; tres almas, un hombre.



Notas:


  1. Mysteries of the Soul, pág. 24.

  2. Religion, págs. 172, 128.

  3. Webster's Dictionary, Edición 1923.

  4. In Search of the Soul, T. I, págs. 53, 54.

  5. Ídem, pág. 35.

  6. Ídem, pág. 88.

  7. Ídem, pág. 169.

  8. Mysteries of the Soul, págs. 40, 41, 42.

  9. La Doctrina Secreta, T.I, págs. 79, 80, de H. P. Blavatsky.

  10. The Religion and Philosphy of India, págs. 39, 94.

  11. Indian Philosphy, T. II, págs. 279, 283, 284, 285, de Radhakrishan S.

  12. Las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, citado del Prashnopanishad, por Rama Prasad, pág. 106.

  13. In Search of the Soul, T. I, pág. 97.

  14. Ídem, pág. 119

  15. Ídem, pág. 129.

  16. Ídem, pág. 132

  17. Ídem, T. I, pág. 186, de Bernard Hollander.

  18. In Search of the Soul, pág. 190

  19. Las conjeturas de estos diversos escritores fueron extraídas de la citada obra del Dr. Hollander.

  20. A Death in the Desert.





Compartir con tus amigos:
1   2   3   4   5   6   7


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

enter | registro
    Página principal


subir archivos