El Alma y su Mecanismo Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul


El Dr. Morton Prince 18, nos da una división amplia y general



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El Dr. Morton Prince 18, nos da una división amplia y general:

"Los psicólogos están divididos en tres campos –los que reco­nocen el yo, los que no lo reconocen y los que abarcan el terre­no medio. El primer grupo sostiene que el contenido de todo proceso consciente incluye al yo, la percepción del yo, la con­ciencia del yo. De allí que toda conciencia sea la conciencia o la percepción que tiene el yo de algo.


"El segundo grupo, el que no reconoce al 'yo', dice no encon­trar al yo a conciencia del yo, por la introspección; niega su realidad y sostiene que los procesos mentales funcionan sin esa realidad. El 'yo' y el 'tú', son meras expresiones obligadas (re­queridas por las necesidades del lenguaje)".
La psicología occidental es, en conjunto, definidamente materialista. Es mecanicista, prospera en una época de máqui­nas y maquinarias.
La posición de la psicología occidental mecanicista es, por lo tanto, casi inexpugnable, puesto que se basa sobre verdades y hechos demostrados. Puede probar su punto de vista y expo­ner casos, y su conocimiento del mecanismo del hombre, que dice ser el hombre entero, se basa en experimentos y pruebas, con resultados objetivos y tangibles.
Contra esa sicología materialista, la crítica que surge inmediatamente, es la consideración casi exclusiva que el psicólogo occidental da a los casos anormales, deficientes y patológicos. Prescinde de lo supranormal, del genio y del individuo altamente espiritual; pasa por alto muchas cosas bellas esenciales y verdaderas para el hombre común. Si a Cristo se lo hubiera sometido al psicoanálisis, sin duda habría sido clasificado nítida­mente como padeciendo de "un complejo de Jehová" y con­siderado como un individuo sujeto a alucinaciones. Sin embar­go, la clase de estructura que Él utilizó y la calidad de "con­ciencia que caracterizó a Su sistema nervioso" fue tal, que ha dejado su marca en los siglos. ¿Cómo puede duplicarse una estructura así? ¿Qué puede hacerse para reproducir un mecanismo similar?
La sicología moderna está tan sólo en el umbral de su carrera; por eso Walt Whitman 19 contempla el campo mayor así:
¡Viva la ciencia positiva! ¡Loas a la exacta demostración! ...

Tus realidades son útiles, sin embargo no son mi morada,

pero, por intermedio de ellas, penetro en una zona de mi morada".
En completo contraste con la escuela occidental se halla la oriental, de la cual los introspeccionistas y mentalistas de Occi­dente sólo son un brumoso reflejo, aunque hayan surgido in­dependientemente. La psicología oriental se ocupa de aquello que afirma hallarse detrás de la forma. Es espiritual y trascen­dente. Presupone un alma y un espíritu, basando sobre esta premisa todas sus deducciones y conclusiones. Admite plena­mente la forma y la estructura, pero llama la atención, enfática­mente, sobre quien utiliza la forma y sobre la energía con que la hace progresar. Es la psicología de la vida y de la energía.
Desde tiempo inmemorial, tal ha sido el pensamiento de Oriente, que está claramente representado en esa venerable Escritura de la India, llamada Bhagavad Gita:
"La gran Alma que reside en este cuerpo, es llamada el Tes­tigo o el Espectador, el que sanciona, el Sostén, el Experimentador, el Omnipotente Señor y también el Ser Supremo.

"Brilla en las funciones de todos los sentidos y, sin embargo, carece de todo sentido de poder; desapegada, se sustenta por sí mismo; posee un solo poder, no obstante experimenta todos los poderes.

"Existe dentro y fuera de todos los seres, es animada e inani­mada, imperceptible por su sutileza; está lejos y también cerca". (XIII: 22, 14, 15).

"Se dice que estos cuerpos temporarios pertenecen al eterno señor del cuerpo imperecedero e inconmensurable" (II: 17).



"Se dice que los sentidos son superiores a los objetos; que los sentidos son superiores a las emociones; la comprensión es superior a la emoción; pero Él es superior a la comprensión" (III: 42).
Así la psicología oriental se ocupa de la causa, del creador, del yo; de si ese yo es humano divino, funcionando en su pro­pio pequeño mundo de actividades mentales, emocionales y físicas; o es el Super Yo, en quien los yoes menores viven, se mueven y tienen su ser. Afirma que tiene sus grandes Expo­nentes y ha producido quienes pretenden conocer el yo y, me­diante ese conocimiento, están en contacto con el yo subjetivo, la Super Alma. Afirman que tales pretensiones pueden ser substanciadas y comprobadas por quienes estudian sus métodos y se someten a un especial entrenamiento. En la esfera del yo ener­getizador del espíritu que está detrás y más allá, su posición es tan clara como la del psicólogo occidental en el reino de la forma energetizada.
Los defectos de los dos sistemas son claros y producen de­plorables resultados en cada caso. Occidente da importancia al mecanismo; su tendencia es negar el alma y el poder motiva­dor inteligente. Para el occidental, el hombre no es más que polvo, y nunca el aliento del espíritu que Dios sopló por su nariz. El oriental reconoce lo físico pero lo desprecia y, al hacerlo, es responsable de las miserables condiciones físicas prevalecientes. Aunque estos defectos son serios ¿no es verdad que también en este terreno la unión hace la fuerza?
Si existe el yo –esto hay que demostrarlo– y el alma divina es consciente, ¿no puede acaso ser consciente del plano físico, como de su afiliación divina? Si la energía dominante produce toda manifestación (y esto también hay que probarlo), ¿no puede tal energía adaptarse a la estructura que la emplea, en forma tan sabia y significativa que puedan obtenerse mejores resultados? ¿No pueden unirse inteligentemente el conocimien­to científico de Occidente sobre la forma, y la sabiduría acumulada y heredada de Oriente sobre la naturaleza del alma, de modo que se produzca mediante el mecanismo una perfecta expresión del alma? ¿No puede la materia ascender hasta la mente y el alma y el espíritu –llámeselos como se quiera–, y no puede el Espíritu, al ayudar a elevar ese anhelo, perfeccio­nar el vehículo por cuyo medio se expresa y brillar en forma más radiante?
Con esta esperanza escribo –con la esperanza de combinar las sicologías materialista e introspectiva, y establecer la armo­nía entre Oriente y Occidente, demostrando que en su unión está la fuerza y la realidad.

Notas:


  1. Filosofía, Cultura y Vida, pág. 236, T. I.

  2. The History of Psychology, pág. 298.

  3. Gestalt Psychology, pág. 239.

  4. Filosofía, Cultura y Vida, T. II, págs. 90, 91.

  5. Sceptical Essays, pág. 157.

  6. Filosofía, Cultura y Vida, T. I, pág. 80.

  7. The Glands Regulating Personality, pág. 26.

  8. Psychologies of 1925, pág. 208, de Morton Prince.

  9. Psychologies, pág. 95. de Walter S. Hunter.

  10. Psychologies, págs. 125, 303, de William Mc Dougall.

  11. Your Mysterious Glands, pág. 54.

  12. Modern Psychology: Normal and Abnormal, pág. 116.

  13. Psychologies of 1925, pág. 16.

  14. Idem, pág. 201. (Llamada).

  15. Why we Behave Like Human Beings, pág. 333.

  16. Modern Psychology: Normal and Abnormal, págs. 6, 7.

  17. Self, Its Body and Freedom, págs. 17, 18.

  18. Psychologies of 1925, pág. 223.

  19. Leaves of Grass, pág. 10.

Capítulo ii



Las glándulas y la conducta humana

El estudio de las glándulas está en su infancia. En toda litera­tura sobre este tema, se afirma que muy poco se sabe y que la esencia interna –llamada técnicamente "hormona"– de las diversas secreciones glandulares, no ha sido aún descubierta y el tema está velado por el misterio. Si bien es cierto que fueron descubiertas las secreciones de ciertas glándulas y que en len­guaje común se oye hablar de la glándula tiroides y de la ad­ministración de extracto tirodino, en algunos casos las secre­ciones de la mayoría de las glándulas son desconocidas, o fueron aisladas parcialmente.
Bajo estas circunstancias, un lego inteligente, aunque ca­rezca de preparación científica en medicina o en sicología aca­démica, munido de paciencia y de un buen diccionario, no debe vacilar en aventurarse en analizar el tema de las glándulas y de sus secreciones y efectos, y después de examinar diligente­mente el material disponible, investigar el campo e informar sobre él. Tal investigación puede ser realmente de verdadero valor para el público, al proporcionarle un resumen sobre una rama importante de la investigación. Puede ser también de sustancial ayuda, aún para el expositor entrenado, que no sólo le permitirá corroborar nuevamente la impresión que la lite­ratura técnica hace sobre los demás, sino especialmente porque una mente fresca, no recargada de datos científicos, adquiere con frecuencia una mejor perspectiva de todo el campo. Esto sería particularmente así, si quien investiga y expone de este modo, está versado de antemano en las creencias antiguas de la raza y en las convicciones legendarias de oriente, sobre el tema general de la sicología.
Al considerar el sistema endocrino, no es mi intención des­cribirlo en términos y efectos comunes fisiológicos, tales como su relación con el desarrollo del cuerpo, el cabello, el corazón, la sangre y los órganos genitales. Todo esto puede hallarse en cualquier libro de medicina, hasta en los publicados en el últi­mo siglo. Mi intención más bien es averiguar qué infieren de su estudio sobre las glándulas, los investigadores avanzados y modernos, los médicos y los sicólogos: cuáles son los efectos que producen en la conducta humana, y qué valor tienen las pretensiones, frecuentemente expuestas, de que las misteriosas secreciones internas son responsables de las acciones, las emo­ciones y la mentalidad del hombre, es decir, el hombre mismo. Según ellos, comprender las glándulas, es conocer al hombre.
Considerando las glándulas en este sentido, citaré mayor­mente lo que dicen los libros disponibles, no para que me con­sideren una autoridad, sino porque así puedo reflejar el punto de vista expuesto, en forma más fresca y vívida.
Los libros y los investigadores componentes emplean una terminología que anonada al lector común. La secreción de la glándula tiroides, por ejemplo, ha sido denominada "ácido tri-­iodo‑tri‑hidro‑exygíndole‑propiónico". Si es posible evitaré tales expresiones jocosas.
Antes de considerar las glándulas sería bueno determinar qué entendemos por "psicología". Al menos en Occidente, se ha abandonado su significado etimológico, de logos o ley, de siquis o alma. El Dr. Daniel B. Leary 1 la definió recientemente, con toda claridad:
"Es la ciencia de la conducta humana, en la más amplia acep­ción de la palabra 'conducta', en el sentido que incluye todo cuanto hacen los seres humanos y lo que éstos poseen. En este sentido la conducta de toda la personalidad integrada está siendo inves­tigada.
"La psicología se ocupa de todo el organismo como de un individuo integrado y orientado, en contacto con otros individuos, en un medio ambiente externo complejo, parcialmente físico y social, en resumen, una personalidad.
"La conducta de los seres humanos, psicológicamente hablando..., se reduce a su vez a hechos y descubrimientos fisiológicos y también al campo de la biología, luego al de la bioquímica, después al de la química en general, y más adelante e inevitablemente, al de la física como ciencia de la materia en movimiento".
La psicología es, por lo tanto, la ciencia de la actividad del hombre como organismo viviente en el medio circundante –la ciencia de la interacción entre el hombre y ese medio ambien­te. Es la ciencia de la conducta humana, pero no en el sentido ético de conducta correcta o errónea. Es la ciencia del compor­tamiento humano, la de la personalidad. Pero ¿qué hay detrás de este comportamiento? Dice William E. Hocking 2: "El yo es en realidad un sistema de comportamiento. Es un sistema de comportamiento objetivista, que surge de una persistente esperanza. La médula del yo es su esperanza".
La esperanza de que la vida llegue a ser algo más grande de lo que ha sido hasta ahora, es realmente una constante espe­ranza. Sin embargo, sabemos que para realizarla, debemos nos­otros mismos ayudar a alcanzar esa realización. De allí la con­ducta objetivista de que habla Hocking.
En este campo de la conducta humana y de la personalidad, hay tres factores principales. Primero, tenemos el medio am­biente, que es algo más que un simple hecho presente, o con­junto de hechos, o un mero escenario pasivo, donde se repre­senta el drama. Se lo ha definido como "todo lo que no es orga­nismo, cultural, social, físico o como se quiera, presente en forma real o simplemente registrado" 3. Segundo, existe el me­canismo humano, especialmente el de respuesta, del cual tra­taremos ahora más detalladamente. Por último tenemos la con­ducta, o el resultado de la interrelación entre el medio ambiente y el mecanismo de respuesta, y dado cierto medio ambiente y determinado mecanismo de respuesta, se consideran inevitables algunas líneas de conducta –la interacción de estos tres da por resultado el comportamiento humano.
Aquí nos ocupamos lógicamente, del segundo factor prin­cipal, el mecanismo de respuesta.
En ese mecanismo ciertos aspectos del mismo exigen ma­yor atención que otros, por ejemplo, los sistemas nervioso y endocrino, que funcionan estrechamente coordinados en la es­tructura humana.
Mediante el sistema nervioso, quizás la parte más intrin­cada y maravillosa de la estructura humana, entramos en con­tacto con nuestro medio ambiente, el mundo externo, y nos adaptamos para actuar en él.
Por medio de este sistema, llegamos a ser conscientes de lo tangible y, por medio de la red de nervios, más la médula espinal y el cerebro, nos hacemos conscientes de la incesante información que se nos imparte. Circulan mensajes a lo largo de millones de líneas telegráficas de nuestros nervios, hasta la central de nuestro cerebro; allí son transformados, por algún medio misterioso, en información. Respondiendo a esa infor­mación, se inicia una actividad inversa y somos energetizados para actuar.
Conjuntamente con este despliegue de energía nerviosa, entrante y saliente, ocurren actividades paralelas en el sistema de las glándulas de secreción interna (y el sistema muscular), y la actividad entrelazada es tan grande, que a no ser que las glándulas de secreción interna funcionen normalmente, no habrá respuesta adecuada a la información telegrafiada ni tras­formación de un tipo de energía a otro.
Todo este mecanismo de respuesta y la mecánica del pro­ceso, han sido resumidos en los términos siguientes:
"Un organismo es un dispositivo transformador que convierte la energía entrante del medio ambiente, recibida a través de los receptores, en energía saliente, en forma de trabajo muscular y glandular, y al mismo tiempo, como dispositivo trasformador, se trasforma a sí mismo en esas y también otras energías, originando internamente el estímulo. Ambos, el estímulo y el producto de la energía, cooperan en el acto completo o conducta del organismo". 4
El sistema nervioso y los músculos pueden ser descritos superficialmente como el mecanismo físico de respuesta a los medios por los cuales se responde físicamente al medio ambien­te, y el sistema nervioso y las glándulas de secreción interna como el mecanismo de respuesta inteligente y emocional, y el medio para responder efectivamente.
Se alega que esta última interacción entre el mecanismo y el medio ambiente produce la conducta y el comportamiento; que el sentimiento y la actividad mental tienen su asiento en el sistema endocrino, y que hasta la misma naturaleza del hom­bre se justifica así. "Es probablemente verdad", continúa di­ciendo el Dr. Leary 5, "que a la larga, cuando la actual especu­lación haya sido sustituida por un conocimiento más preciso y mejor cimentado, encontraremos la sede del temperamento en las glándulas de secreción interna o en relación con ellas."
El Dr. H. H. Rubin 6 dice que "estamos llegando rápidamente a la creencia de que todo lo que somos y lo que podemos esperar ser, depende en gran parte, de haber nacido con las glándulas de secreción interna normales o anormales". A su vez el Dr. D. Lea­ry 7 dice: "Las emociones están más estrechamente relacionadas con los órganos internos, con los músculos estriados y con las glándulas de secreción interna, que con los instintos". El Dr. I. G. Cobb 8 dice, "... sólo tres partículas y media de secreción de la tiroides separan la inteligencia de la idiotez. Es triste reconocer que la ausencia de una sustancia química pueda dar como resultado la falta de desarrollo de la mente y del cuerpo de un individuo".
El Dr. Cobb dice también en la introducción 9 que: "Es indis­cutible la actividad de las glándulas para determinar la construcción del cuerpo; la perspectiva mental –'los complejos del com­portamiento'– del individuo parece depender del bienestar físico; el bienestar físico depende sin duda de la acción e interacción exitosa y de las diversas secreciones glandulares...
"Aunque todavía estamos tan sólo bordeando el asunto, hemos avanzado bastante para reconocer que, así como se establecen ciertas normas en el cuerpo, por un arreglo particular de las glándulas de secreción interna, también la mente recibe su cuota de la misma fuente".
El profesor J. S. HuxIey, citado por el Dr. Cobb, en una de sus conferencias dijo: "Es evidente que el temperamento es aún más importante que el intelecto puro para obtener éxito; en gran parte es una cuestión de equilibrio de las diversas glándulas de secreción interna –tiroides, pituitaria y otras. Puede ocurrir muy bien, que la fisiología aplicada del futuro, descubrirá el modo de modificar el temperamento". 10
Respecto a esta cuestión del temperamento, hace notar el Dr. W. E. Hocking 11 "No hay la más mínima razón para dudar del hecho general del profundo efecto ejercido sobre el temperamento por las glándulas de secreción interna, tales como la tiroides, las glándulas intersticiales o las suprarrenales. El estímulo de ciertas glándulas, la inyección de sus productos o la nutrición con ellas pueden producir cambios que antes hubieran sido conceptuados milagrosos. La administración de tiroidina a un cretino puede llevarlo a un estado parecido al normal; si se suspende la dosis, vuelve a su condición original; si se aumenta la dosis, lamenta­blemente ni él ni nadie se eleva de la normalidad al genio; sólo producimos otra forma de anormalidad. Hasta ahora no hubo un descubrimiento químico que justifique abrigar la esperanza de me­jorar al ser humano normal. En verdad, ciertas drogas hacen que el individuo se sienta genio, pero si los resultados no son juzgados de acuerdo a la misma influencia, resultarán extrañamente decepcionantes. No podemos, por lo tanto, alentar demasiadas esperan­zas sobre el futuro del género humano, fundándonos en estos descubrimientos. Pero en cierto y genuino sentido, el alma tiene su química, y una deficiencia de iodo convertirá en idiota a un hombre inteligente."
Por lo tanto, la consideración de las glándulas de secre­ción interna y de su efecto, no sólo sobre la estructura física sino también sobre la conducta, es de vital importancia. ¿Qué son las glándulas? Y, especialmente, ¿qué son las glándulas de secreción interna, tan frecuentemente nombradas? El Dr. I. G. Cobb 12 dice:
"Las glándulas pueden ser divididas en dos grupos principales: las que conciernen al sistema de drenaje –las glándulas linfáticas– ­y las que segregan productos para ser utilizados en la actividad corporal. De las glándulas linfáticas no nos ocuparemos aquí. El segundo grupo, cuya función consiste en proporcionar fluidos que actuando mutua y concertadamente controlan y regulan los pro­cesos corporales, se compone de dos subdivisiones.
"La primera contiene glándulas con conductos, por los cuales descargan su contenido. La segunda no posee conductos; sus secre­ciones son absorbidas directamente por la corriente sanguínea, siendo conocidas como glándulas de secreción interna u 'órganos endocrinos', siendo su producto denominado secreciones internas. Se llama 'endocrinología', al estudio de las glándulas de secreción interna."
Debe observarse que la palabra "endocrino" viene de la voz griega "krinein", que significa "separar". El Dr. H. H. Rubin 13 dice:
"A estas glándulas de secreción interna u órganos de secreción, se los llama con frecuencia 'glándulas endocrinas'. Sus secreciones son absorbidas directamente por la sangre, y de allí, a las corrientes de linfa nutridora –parecería que el cuerpo suministra sus drogas.
"Estas secreciones contienen las 'hormonas', o mensajeros quí­micos del organismo, que excitan algunas de las más maravillosas reacciones conocidas en fisiología. Se ha llegado a declarar que las hormonas son para la fisiología, lo que es el radio para la química".
Este sistema de glándulas endocrinas constituye funcional­mente una unidad, cuyos componentes trabajan con la máxima colaboración o, interdependencia. Dice el Dr. Louis Berman 14, que "el cuerpo de la mente es una perfecta corporación, de la cual son rectoras las glándulas de secreción interna... Detrás del cuerpo y de la mente se halla este panel de regentes". Todas las glándulas trabajan al unísono. Se sabe que correlacionan su actividad, se equilibran mutuamente y, mediante su efecto unido, se dice que hacen del hombre lo que él es.
Forman en realidad, un sistema estrechamente entrelaza­do, con funciones claramente definidas y organismos de otros sistemas existentes en el mecanismo de la estructura humana. Los sistemas sanguíneo y nervioso cumplen sus propias activi­dades, pero están estrechamente vinculados con el sistema en­docrino. La sangre actúa misteriosamente como portadora de las hormonas peculiares de las diferentes glándulas, y el sistema nervioso parece estar más específicamente relacionado con el desarrollo psíquico, derivado del funcionamiento, normal o anormal, de las glándulas endocrinas.
En esta discusión del sistema endocrino, llegamos lógica­mente a la pregunta: ¿qué son separadamente las glándulas de secreción interna?
Empezando por la cabeza y descendiendo, hay siete glán­dulas de especial importancia para ser clasificadas, y son:
Nombre Ubicación secreción

1. Glándula pineal cabeza desconocida

2. Pituitaria cabeza

anterior desconocida

posterior pituitrina

3. Tiroides garganta tiroxina

4. Timo parte superior del pecho desconocida

5. Páncreas región del plexo solar insulina

6. Suprarrenales detrás de los riñones

corteza desconocida

médula adrenalina

7. Gónadas abdomen inferior testiculina

y ovarina
Desde que se escribió este capítulo han continuado los experimentos con las glándulas de secreción interna. Los detalles que aquí se dan no son definitivos ni concluyentes, pero los postulados básicos de la autora, permanecen inmutables. F. B.
De este modo hemos distribuido entre la cabeza y el tronco, una red de importantes glándulas que, según se pretende, rigen la estructura, desarrollo y cambios químicos del cuerpo y, fisiológicamente, son responsables de las reacciones emotivas y de los procesos mentales del ser humano. De allí que sean pro­ductoras de sus cualidades, buenas o malas, de su comporta­miento, de la conducción de sus asuntos y de su mismo ca­rácter.
Consideraremos ahora las siete glándulas mencionadas, pero limitando nuestra exposición a sus efectos mentales y sí­quicos.



  1. Glándula pineal –ubicada en la cabeza– secreción des­conocida.

La glándula pineal tiene forma cónica, del tamaño de un guisante, y se halla en el centro del cerebro en una pequeña cavidad, detrás y por encima de la glándula pituitaria, la cual está ubicada un poco más atrás de la raíz de la nariz. La glán­dula pineal está pegada al tercer ventrículo del cerebro. Con­tiene un pigmento similar al de la retina del ojo, y también depósitos de lo que se ha llamado "partículas de arenillas cere­brales". El Dr. Frederick Tilney 15 dice:


"Se han hecho numerosas tentativas para determinar la función –si tiene alguna– de la glándula pineal. ¿Es indispensable para vivir o desempeña un papel importante en alguna fase particular de la actividad metabólica? Quizá podamos admitir que este órgano posee una función en el hombre y en la mayor parte de los mamí­feros. No es improbable que esta función esté determinada, particularmente, por una secreción interna; secreción que, sin embargo, no es indispensable para vivir. La influencia exacta de la secreción pineal, es aún oscura".
También se ha insinuado, que esta glándula regula nues­tra susceptibilidad a la luz; que tiene un efecto definido sobre lo naturaleza sexual; que está relacionada con el desarrollo del cerebro, y que su funcionamiento activo produce la precocidad intelectual, como se indica claramente en el caso histórico que va a citarse más adelante. Se ha denominado a esta glándula el tercer ojo y también el ojo del cíclope. Aparte de estos hechos y conjeturas, los investigadores dicen francamente que nada saben, y que los experimentos han aportado poca luz. Se ha experimentado alimentando a niños y anormales con extracto de glándula pineal, pero la respuesta fue nula cuando el sujeto tenía más de quince años de edad, y contradictoria en los demás casos, por lo cual fue imposible llegar a conclusiones.
Hasta hace pocas décadas, se concedió escasa importancia a la glándula pineal. Ocurrió entonces el caso, registrado por el Dr. Louis Berman 16, de un niño que fue llevado a una clínica alemana, padeciendo de trastornos visuales y de dolores de ca­beza. Tenía cinco años de edad y era muy desarrollado (aparentemente, había llegado a la edad de la adolescencia). Men­talmente era brillante en forma anormal, y discutía temas meta­físicos y espirituales. Tenía una fuerte conciencia grupal, y sólo era feliz cuando compartía con otros lo que tenía. Después que ingresó en la clínica empeoró, y murió un mes más tarde. La autopsia reveló un tumor en la glándula pineal.
Como se verá más adelante, dicho caso tiene un interés espe­cial, en vista de las conclusiones a que llegaron los filósofos orientales.
La mayoría de los libros dicen que, según los filósofos anti­guos, la glándula pineal era la sede del alma, y se cita con fre­cuencia a Descartes, que decía: "En el hombre, el alma y el cuer­po, hacen contacto en un solo punto, la glándula pineal, que está en la cabeza".
En la antigua creencia de que la glándula pineal es la sede del alma y en el hecho aparentemente establecido de que sea una glándula característica de la infancia y que se atrofia des­pués, ¿no hay quizás alguna conexión real e indicación de la verdad oculta? Los niños tienen una gran facilidad para creer en Dios y reconocerlo. Cristo decía: "El reino de los Cielos está en vosotros, y a menos que vuelvan a ser niños, no podrán entrar en el Reino de los Cielos".
Veamos también la "Oda a las Vislumbres de la Inmortali­dad", extraída de "Reminiscencias de la Primera Infancia", de Wordsworth.
Nuestro nacimiento es un sueño y un olvido;

y el alma que nace con nosotros, estrella es de nuestra vida;

ha tenido su ocaso en otra parte

y de muy lejos viene;

no venimos con total olvido,

ni completa desnudez,

sino dejando una estela de nubes de gloria, venimos

de Dios que es nuestro hogar:

El cielo nos circunda en nuestra infancia,

las sombras de la cárcel comienzan a cerrarse

sobre el niño que crece,

pero contempla la luz, y de donde viene,

viéndola en su alegría.

El joven que cada día se aleja de Oriente

es un sacerdote de la naturaleza,

y la visión espléndida

lo acompaña en su camino.

A la larga el hombre percibe cómo desaparece,

y se desvanece en la luz cotidiana.
La filosofía oriental confirma esta posible conexión entre la glándula pineal y el alma.



  1. La glándula pituitaria –ubicada en la cabeza– cuya secre­ción del lóbulo anterior es desconocida y la del posterior es la pituitrina.

El interés por la glándula pituitaria fue evidente durante si­glos, pera hasta fines del siglo xix, tan poco se sabía sobre ella que era considerada un órgano de secreción externa. Constituye realmente dos glándulas en una. Tiene el tamaño aproximado de un guisante, y está ubicada en la base del cerebro, a corta distancia y detrás de la raíz de la nariz.


Esta glándula ha sido llamada "el tesoro predilecto de la na­turaleza", está alojada en un nicho, como si fuera "un cráneo dentro de otro". Como ocurre con la mayoría de las glándulas, en una u otra forma, tiene una estrecha relación con el sexo, y también con los fenómenos periódicos tales como el sueño y las épocas sexuales. Se dice que provee el continuo esfuerzo y el consumo de la energía y es esencial para la vida. Se cree que esti­mula células cerebrales, que influye en forma directa e impor­tante sobre la personalidad, también que el insuficiente desarro­llo pituitario, causa, o por lo menos acompaña una conspicua inferioridad moral e intelectual y la carencia de autocontrol, pero cuando hay un buen desarrollo pituitario, habrá también una pronunciada actividad y resistencia mentales. Parece tener una relación muy estrecha con nuestras cualidades mentales y emotivas.
Según he dicho, la pituitaria es realmente dos glándulas en una. La secreción de la pituitaria posterior es la pituitrina.
"La post‑pituitaria rige el instinto sexual maternal y su sublimación, los instintos sociales creadores... Puede decirse que ener­getiza profundamente la ternura emotiva... Porque todos los sen­timientos básicos (opuestos al sentimentalismo intelectualizado de autoprotección) , la ternura del corazón, la simpatía y la impre­sionabilidad, están entretejidos con sus funciones".
La secreción de la antepituitaria es desconocida:
"La antepituitaria ha sido descrita como la glándula de la inte­lectualidad... Entendemos por intelectualidad, la capacidad de la mente para controlar el medio ambiente mediante conceptos e ideas abstractas". 17
Luego añade 18: "La actividad mental va acompañada por una creciente función de la antepituitaria, si es intelectual, y de la post‑pituitaria si es emocional."
Del estudio de estos comentarios se deduce claramente que las cualidades personales –emociones denominadas instintos maternales, que compartimos con los animales, amor a nuestros semejantes, o amor a Dios– se consideran dependientes, en gran parte, de la condición de la glándula pituitaria, así como tam­bién de la capacidad de razonar.
Planteado el problema desde un punto de vista diferente, quien estudia la sabiduría oriental prueba la relativa exactitud de todas estas inferencias.

3. La tiroides –ubicada en la garganta–, cuya secreción es la tiroxina.


De la glándula tiroides se sabe más que de la glándula pi­neal o del cuerpo pituitario, lo cual es de esperar desde el punto de vista de la sabiduría oriental. Esta glándula se halla a horca­jadas del cuello, sobre la tráquea, cerca de la laringe, siendo de gran tamaño. En un tiempo fue considerada glándula sexual; llamada con frecuencia "el tercer ovario", siempre está impli­cada en los casos referentes a los ovarios. En los vertebrados inferiores está claramente conectada con los conductos de los órganos sexuales, pero en la marcha ascendente de la evolución "tal relación se pierde, la tiroides emigra cada vez más a la región de la cabeza, para convertirse en el vinculo entre el sexo y el cerebro" 19. Se la llama el gran diferenciador de los tejidos, y tiene un poder antitóxico que impide el envenenamiento, acrecentando la resistencia a las toxinas.
La glándula tiroides controla ante todo, sin embargo, el metabolismo de la energía. Se la llama el lubrificador eficiente de la transformación de la energía, y el gran catalizador de la energía del cuerpo. Controla la velocidad del vivir, y es la piedra clave del sistema endocrino, siendo indispensable para la vida.
Basándose en investigaciones con anormales, deficientes e idiotas, los investigadores llegaron a la conclusión de que, según las palabras del Dr. Louis Berman : 20
"Sin tiroides no puede haber complejidad de pensamiento, ni cultura, ni educación, ni formación de hábitos, ni energía que res­ponda a las situaciones, así como tampoco desenvolvimiento físico de funciones y facultades, ni reproducción de la especie, y ningún signo de adolescencia en la edad debida, ni manifestación posterior de las tendencias sexuales... "
Se dice también que 21:
"La sensibilidad, la capacidad de discernir entre los grados de sensación y de agudeza de percepción, es otra cualidad de las tiroides. Cuanto más energética es la tiroides, tanto más sensible es el individuo. Cuanto más sensible a las cosas, siente más rápida­mente el dolor, porque llega con mayor rapidez a la etapa en que el estímulo perjudica a su sistema nervioso".
Tanto la tiroides como la pituitaria, tienen también estre­cha conexión con la memoria 22.
"... la pituitaria parece estar relacionada con la preservación del depósito de la memoria... La memoria de la tiroides se aplica particularmente a la percepción y a los preceptos; la pituitaria a la concepción (lectura, estudio, pensamiento) y a los conceptos".

4. La timo –ubicada en la parte superior del pecho–, de secreción desconocida.


De la glándula timo nada sabemos prácticamente; es la más misteriosa de todas. Análogamente a la glándula pineal, es con­siderada también la glándula de la niñez, pero de ambas se ha eludido hasta ahora la investigación.
La glándula timo está situada en el pecho, abarca la por­ción superior del corazón y quizá tenga relación con la nutri­ción y el crecimiento... Parece estar conectada con la natura­leza irresponsable del niño y, cuando funciona excesivamente en los adultos, produce al hombre o mujer irresponsable y a los amorales.

5. El páncreas –ubicado en la región del plexo solar–, secreción, la insulina.


La mayor parte de la información dada en relación con el páncreas es estrictamente fisiológica, por lo tanto está fuera de lugar aquí. Basta decir, sin embargo, que se halla en el abdomen, cerca del plexo solar (el cerebro de la naturaleza animal instintiva), y concierne íntimamente a la movilización de la energía para fines físicos y mentales". Tiene dos secreciones, ambas de insulina; una, relacionada con el proceso digestivo, y la otra se sabe que es vital para el metabolismo del azúcar para las célu­las. Sin suficiente azúcar para las células ningún trabajo muscu­lar o nervioso (esencial en la lucha por la existencia) es posible 23.

6. Las suprarrenales –ubicadas detrás de los riñones–, la secreción de la corteza suprarrenal es desconocida, la de la médula suprarrenal es la adrenalina.


Las glándulas suprarrenales son en sí dobles y están situa­das a ambos lados del abdomen, a horcajadas y detrás de los riñones. Tienen que ver con el crecimiento general y el des­arrollo de las células cerebrales. La secreción de la corteza de las suprarrenales (aún innominada), es una fuente de secre­ción interna productora de la madurez.
En todo caso, las glándulas suprarrenales son primordial­mente las glándulas combativas. Producen esa respuesta inme­diata y activa que el hombre demuestra en los momentos de peligro o ira, estimulándose su secreción en las emergencias. El dolor, la ira y el temor, tienen efecto definido sobre su secre­ción y se dice 24 que "toda su médula segrega la sustancia que produce el fenómeno del temor, y la de su corteza predomina en las reacciones iracundas".




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