El acceso a la escuela secundaria y el lugar otorgado a la familia en este proceso



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El acceso a la escuela secundaria y el lugar otorgado a la familia en este proceso

(Access to secondary school and the place given to the family in this process)

Ivanna Gabriela Callieri* - Claudia Marcela Gámez Moreno

* Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Universidad Nacional de Jujuy - Otero 262 - CP 4600 - San Salvador de Jujuy - Jujuy - Argentina. Correo Electrónico: ivanna.callieri@gmail.com



RESUMEN

          El artículo constituye una producción elaborada a partir del trabajo conjunto de Un equipo interdisciplinario compuesto por psicólogos, profesores en Ciencias de la Educación y estudiantes de distintas carreras de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy, interesados por la problemática de la inclusión educativa en el nivel medio, desarrollamos un proyecto de investigación denominado “Figuras de soporte que reconocen los adolescentes en momentos de su transición en el sistema educativo”, radicado en la Secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Jujuy. Transitar por los distintos niveles de escolarización marca, según la literatura científica (Sacristán, 1997) un cambio transcendental en la vida de los estudiantes, que desencadena procesos de múltiples transformaciones psíquicas, cognitivas y en la organización en su vida cotidiana, impactando significativamente en la constitución de su subjetividad y en la construcción de vínculos sociales.


          El equipo se propuso como objetivo de indagación, conocer las figuras que cobran importancia como orientadoras y sostén para los adolescentes, en el ingreso a la escuela secundaria. Desde un enfoque metodológico cualitativo, usamos como estrategias de recolección de información talleres y entrevistas, que se utilizaron en diferentes momentos del proceso, con adolescentes que finalizaron el séptimo grado, en una escuela primaria urbana.
          A partir de los decires de los estudiantes pudimos visualizar en el ámbito familiar, figuras de soporte de distinta naturaleza y profundidad: económica, afectiva, académica; asimismo en relación al mundo institucional escolar encontramos adultos que constituyen figuras de soporte favorables al sostenimiento en la escuela de los estudiantes y otros que resultan expulsivos del sistema educativo.

Palabras Clave: Adolescentes; Figuras de soporte; Sistema educativo; Transición.

ABSTRACT

          The article is a production prepared from the joint work of an interdisciplinary team composed of psychologists, professors in Science Education and students of different careers of the School of Humanities and Social Sciences of the National University of Jujuy, interested in the problem of the educational inclusion in secondary school. We developed a research project called "Support figures that recognize adolescents at the time of their transition in the educational system". The project is located in the Secretary of Science and Technology of the National University of Jujuy. The transition through the different levels of schooling, according to the scientific literature (Sacristán, 1997) a transcendental change in the lives of students, which triggers multiple psychic and cognitive transformations and in the organization of their daily lives, impact significantly in the formation of their subjectivity and in the creation of social bonds.
          The team set as its objective of inquiry, to know the figures that are important as guides and support for the adolescents, in the entrance to the secondary school. From a qualitative methodological approach, we used workshops and interviews as information collection strategies, which were used at different moments of the research process, with adolescents who finished the seventh grade, in an urban primary school.
             From the sayings of the students we were able to visualize in the family context, figures of different nature and depth: economic, emotional, academic; also in relation to the institutional school world we found that adults constitute support figures which favor the support in the student´s school and others that are expulsive of the educational system.

Key Words: Support figures; System education; Teenager; Transition.

EL ACCESO A LA ESCUELA SECUNDARIA Y EL LUGAR OTORGADO A LA FAMILIA EN ESTE PROCESO

APROXIMACIONES INICIALES

          El artículo presenta avances realizados en el marco de una investigación denominada “Figuras de soporte que reconocen los adolescentes en momentos de transición en el sistema educativo”, radicada en la Secretaria de Ciencia y Técnica de la Universidad Nacional de Jujuy. Integran el equipo de investigación docentes y alumnos de cátedras de Psicología Evolutiva, de las carreras de Letras, Educación para la Salud, y Ciencias de la Educación, portadores de distintas trayectorias en el campo de la investigación.


          La unidad de análisis se focalizó en un grupo de estudiantes que cursaban el segundo semestre del séptimo grado, del primario al momento de iniciar el trabajo de campo durante el año 2012. A su vez, se realizó un seguimiento durante el año 2013, mientras iniciaban el cursado del primer año de la escuela secundaria.
          El objetivo general que orientó las indagaciones fue conocer acerca de las figuras que cobran importancia como orientadoras y sostén para los adolescentes, en la transición de la primaria a la secundaria y como objetivos específicos interesó detectar el lugar que ocupaban los familiares en esta transición, así como reconocer las instancias institucionales y espacios sociales que operaban como soportes en ese sentido. 
          Interesó trabajar sobre estas dimensiones en tanto diversos enfoques teóricos plantean, a partir de los años ochenta, la importancia de las transiciones en el sistema educativo como indicadores claves a tener en cuenta en el campo de la orientación escolar (Aisenson, 2006). Transitar por los distintos niveles de escolarización marca, según la literatura científica (Sacristán, 1997; Psaltis, 2002; Midgley y Maehr, 2000) un cambio transcendental en la vida de los estudiantes, ya que ellos se encuentran en procesos de múltiples transformaciones psíquicas y cognitivas, y en la organización en su vida cotidiana.
          Al hablar de transición, se hace referencia a situaciones en las que se observan cambios y crisis pero también definiciones y toma de decisiones como lo representa la elección de la escuela media. En estos momentos, se movilizan y actualizan representaciones del sujeto, de los otros y del contexto, en interacción constante (Aisenson, 2006). 
          Los momentos de transición conmueven toda la estructura psíquica, y los problemas que pueden aparecer como síntomas que, según afirma Tizio (2008), son las resonancias de las búsquedas de cada sujeto, que intentan ser orientadas por la época y por los soportes sociales, pero cuyo broche solamente lo podrá poner el adolescente.
          En este proceso, una de las mayores preocupaciones de los estudiantes que egresan del nivel primario, radica en el pasaje de un sistema de mayor interacción personalizado (tres o cuatro docentes), a otro donde la modalidad será la de un profesor por cada materia.
          El pasaje de la escolaridad primaria a la secundaria, implica para los sujetos adolescentes, atravesar duelos por el alejamiento de los compañeros, el cambio en la modalidad de relación con los docentes, las estrategias de aprendizaje y tomar conciencia de la finalización de un ciclo importante de sus vidas. Esto requiere una modificación en la posición subjetiva, que resulta compleja cuando los caminos que se abren son inciertos.
          Por otra parte, la orientación a seguir será otro de los retos en este proceso de transición, ya que muchos eligen en función del deseo de sus padres debido a que no cuentan con una clara idea sobre las diferentes opciones que ofrece el sistema. Separarse del grupo de pares que eligen otra orientación, quienes, en muchos casos, compartieron la escolaridad desde jardín de infantes, representa un proceso psicológico que implica un duelo particular, entendiendo por tal un sentimiento de pérdida y sufrimiento por dicha pérdida, que paulatinamente el sujeto va aceptando.  
          Atores como Gimeno Sacristán (1997), consideran el periodo de transición entre primaria y secundaria, sólo el primer semestre del primer año del secundario; nuestro equipo amplia esta dimensión temporal, a partir del segundo cuatrimestre del séptimo grado, hasta la finalización del primer año de la secundaria; momento en que esa aceptación de la pérdida señalada anteriormente, se va elaborando progresivamente.
          Esta decisión – de ampliar el período de tiempo en que consideramos a los adolescentes en transición-, se toma de acuerdo a estudios anteriores del mismo equipo (Rodríguez y otros, 2009) quienes sostienen que este proceso se gesta tanto en los estudiantes, como en sus familias, desde que comienzan a construirse las primeras fantasías o anticipaciones sobre el nivel educativo subsiguiente y concluye cuando reconocen y aceptan las “reglas del juego” en la nueva modalidad de estudio, que se produciría al concluir el primer año del secundario.
          Durante estas transiciones, los adolescentes requieren contar tanto con el apoyo familiar, como de otros actores o mediadores sociales. Desde esta perspectiva es que se decide nominarlos a todos ellos como figuras de soporte
          En trabajos anteriores de Rodríguez y otros (2009), como en Rodríguez y Galián (2013), se alude al concepto de figura soporte tanto como: sustantivo soporte, y verbo soportar; plantean que se hace referencia a acciones que de alguna forma van a ser realizadas por estas figuras. 
          Establecieron relaciones con el verbo sostener; si bien ambas construcciones: soportar y sostener poseen similitudes, encierran acepciones terminológicas específicas, que complejizan sus alcances.
          Ambos verbos provienen de un mismo origen: del latín sustinēre ‘sostener, mantener firme, prestar apoyo’, de sus- ‘debajo, desde abajo’, más, tinere ‘mantener, detener’. Asimismo en la cultura griega el verbo τλῆναι “tlénai” se puede comparar con el verbo “tolerar” cuyos equivalentes serían: soportar, cargar. A su vez, del término tlénai procede el nombre del titán Atlas quien soportaba el mundo en sus espaldas, que cargaba el peso de ese planeta concebido plano en la antigüedad.
          Ampliando el sentido, sostener remite a una semántica de la sujeción, manteniendo firme lo que se sustenta, como se apuntala un árbol para que crezca derecho, o una vid para que crezca hacia arriba. O se apoya algo para que no caiga, o para que no ceda frente a la presión o la adversidad.
          Por otra parte, según el diccionario de la Real Academia Española soportar es similar a sostener y éste último tiene entre sus significados el de “Dar a alguien lo necesario para su manutención” así como el bebé necesita de la madre para ser amamantado, también ella representará el afecto y el sostén emocional en sus gestos y comportamientos, tales como acunarlo y sostenerlo contra su seno. Y con el correr del tiempo los niños recurrirán a esta nutrición no solo material sino también a la nutrición libidinal que este vínculo primario representa. Durante toda la vida serán necesarias estas manutenciones, que ayudarán al sujeto a atravesar los diferentes cambios que se presentan en todas las etapas, sean de naturaleza emocional o material.
          El ingreso a la escuela secundaria lleva consigo a que el estudiante también genere, no sólo nuevas maneras de pensar, sino también nuevas relaciones sociales y culturales con sus profesores y compañeros, o sea nuevas redes de soporte social, pero aún en la institución educativa, a pesar de la importancia de educadores y compañeros, las figuras de sostén, como veremos más adelante, también van a ser relativas a lo parental.
          A su vez, estas figuras de soporte en momentos de transición emergen en contextos específicos, tanto desde las dimensiones histórica, social y económica, como escolar.
          En relación al primer aspecto, se ponen en juego, entre otras cuestiones, tanto la escolaridad y el ingreso económicos de las familias, como el acceso a bienes culturales de consumo. Sobre el segundo aspecto, el escolar, existe una diversidad de componentes a tener en cuenta además de la segmentación educativa, la desigualdad de oportunidades, que caracterizan el momento actual y que dan origen al desgranamiento, deserción y repitencia; los distintos niveles educativos, implican dispositivos diferentes en la organización del tiempo, del espacio, relación docente-alumno-, relación docente–alumno–conocimiento, estrategias didácticas, exigencias, normas, sistemas de comunicación y relaciones entre pares diferentes.
          Dichas problemáticas se presentan de manera muy significativa en los primeros años de la escuela secundaria, ya sea por motivos sociales o porque la escuela no encuentra la manera de retenerlos; más de medio millón de adolescentes de 13 a 18 años no asisten al secundario según cifras oficiales (Tedesco, 2010), situación que se sostiene a pesar de que a partir del año 2006 en la vigente Ley de Educación Nacional se dispone la obligatoriedad de la escuela secundaria.
          Como este trabajo refiere a la transición escolar que atraviesan los adolescentes, se retoma la conceptualización de Susana Quiroga (2005) quien considera a la adolescencia como una extensa etapa de la vida, que desde la dimensión cronológica abarca aproximadamente desde los diez, hasta los veintiocho años, donde ya se considera al sujeto como adulto. La autora diferencia tres grandes momentos en la adolescencia, a los que denomina: adolescencia temprana (de ocho a quince años), adolescencia media (de quince años a dieciocho) y adolescencia tardía (de dieciocho a veintiocho años). De acuerdo a este enfoque, los sujetos que participan del estudio se encuentran cursando la adolescencia temprana propiamente dicha.
          En relación a esta etapa de la vida, Waserman (2009) la caracteriza, como un momento de fragilidad subjetiva, que implica un tiempo de elaboración particular y de reestructuraciones entre el sujeto y su entorno, que lo enfrenta a nuevas exigencias y elecciones a las cuales no siempre sabe o puede dar respuestas, dado que conllevan una tarea ardua para el psiquismo del sujeto.
          El adolescente oscila entre lo nuevo y lo viejo, entre las respuestas que en la infancia le servían para comprender el mundo, y que ya no son suficientes, y el impulso por acceder, por ganarse un lugar propio en el mundo de los adultos que aún no comprende.
          En relación a los proceso de transición en los adolescentes actuales Rascovan (2009) propone que son situaciones de incertidumbre, considerando la velocidad en que transcurre la vida humana del hoy, donde las reglas el juego son la antítesis de la regularidad, estabilidad y certezas típicas de la modernidad.

METODOLOGÍA

          El abordaje metodológico se encuadra en una perspectiva cualitativa y se analiza el material empírico desde un paradigma interpretativo. Como técnicas de recolección de datos, se implementaron talleres y entrevistas, a partir de las cuales se fueron detectando ciertas particularidades sobre el vínculo de estos adolescentes con sus padres, otros familiares, y docentes que se exponen más adelante. Cabe señalar que si bien resulta habitual utilizar los talleres como modalidad de intervención, en el caso de este trabajo se usó como técnica de recolección de datos.


          Cienfuentes Gil (2011), Rodríguez y otros (2009) explican que el taller constituye un dispositivo de recolección de datos en el campo de la investigación que, por el tipo de estímulos que provee, permite a las personas realizar su aporte personal, crítico y creativo, a partir de su realidad y experiencias.
          La actividad, tal como el equipo la organiza, dura aproximadamente dos horas reloj y se divide en cuatro momentos sucesivos: en primera instancia, una dinámica de integración grupal, luego una individual, una tercera de discusión en pequeños grupos y una cuarta de plenario.
          Durante el trabajo individual, se utilizaron disparadores tales como viñetas y otras técnicas del campo de la Orientación Vocacional, con las que se procuró generar la proyección de la subjetividad individual.
          En el momento siguiente, reunidos en pequeños grupos conformados por tres o cuatro integrantes, se ponen en común sus producciones individuales y debaten tanto sobre los aspectos comunes como diferentes. En el último momento de plenario, los estudiantes, sentados en un círculo y coordinados por dos integrantes del equipo, debaten sobre lo producido tanto de manera individual como en los pequeños grupos. Otra de las técnicas utilizadas para recolectar la información, son entrevistas individuales y entrevistas grupales.
          El trabajo de campo, se desarrolló en dos etapas, una durante el año 2012, se trabajó con un grupo de 48 estudiantes de séptimos grado, de una escuela urbana, de proximidad media al centro geográfico de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Se encontraban agrupados en tres divisiones de 15, 16 y 17 integrantes respectivamente cada una. Las familias de los alumnos de la muestra poseen trabajos precarios y en su mayoría no terminaron la escuela secundaria. Sin embargo durante reuniones complementarias realizadas con ellos manifestaron encontrarse muy motivados para que los hijos completen sus estudios secundarios.
          En ese año se realizaron dos talleres con cada uno de los grupos donde se trabajó con una técnica proyectiva adaptada del campo de la Orientación Vocacional, que indaga la visión de futuro. La consigna utilizada en el primer taller realizado durante el mes de agosto, consistía en que ellos a partir de una producción gráfica se pudieran visualizar haciendo algo y luego que pudieran pensar quienes los ayudarían para concretar ese objetivo.
          En el segundo taller se abordaron temores y expectativas sobre la escuela seleccionada para asistir al secundario y sobre quienes los ayudarían en ese proceso. En esta oportunidad se utilizó una técnica que consiste en el completamiento de viñetas, donde se proponen esos tópicos de temores y expectativas, con diálogos para completar.
          Por otra parte, durante el año 2013 se realizó un seguimiento a esos alumnos, mediante entrevistas en sus hogares.
          Si bien al momento de definir la escuela secundaria hubo diversidad en la elección de establecimientos escolares; resulta significativo que la mayor cantidad de adolescentes optó por concurrir a la secundaria cercana a la primaria de donde egresaron; razón por la cual decidimos trabajar la segunda etapa sólo con este grupo.

PARTICULARIDADES DE LA POBLACIÓN DE REFERENCIA

          Se trabaja con un grupo de adolescentes pertenecientes a sectores socialmente desfavorecidos quienes terminaron el séptimo grado en una escuela pública, que presenta como rasgo particular compartir con otra escuela primaria el mismo edificio en contraturno. La edificación se encuentra enclavada en un barrio que data de más de 40 años y según el censo 2010 administrado por la DIPPEC (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos de la Provincia de Jujuy), cuenta con una población estimada de 15.000 habitantes, posee servicios básicos de salud, transporte, educación y algunas organizaciones barriales como el centro vecinal y un club.


          Este barrio se encuentra ubicado en los alrededores del centro urbano de la ciudad de san salvador de Jujuy, por lo que hace algunas décadas atrás era considerado periférico. En la actualidad debido al crecimiento de la población y una nueva organización urbana y comercial, esto ya no es así. Sin embargo se podría considerar que la población que lo habita, si constituye una periferia simbólica, porque sus habitantes siguen sobrevaluando la oferta educativa de las escuelas del centro.
          También se observó que, si bien viven próximos al centro de la ciudad, la mayoría posee viviendas extremadamente precarias, con condiciones de insalubridad, conviviendo en un mismo núcleo habitacional varias familias. En otros casos, si bien las viviendas poseen mejor calidad en la construcción, la problemática se ubica en la convivencia de varias generaciones o familias en una misma casa en situación de hacinamiento.
          En cuanto al acceso a bienes de consumo, se detecta cierta disparidad en los entrevistados; algunos tienen computadora, internet, asisten a actividades extraescolares como escuelas de fútbol, vóley o gimnasia, pero otros, si bien anhelan este tipo de bienes culturales, no logran acceder a ellos.
          En relación al tipo de escuela secundaria a la que asisten los adolescente, las familias parecieran valorar las escuelas del centro, descalificando a las del barrio, especialmente una que es justamente donde concurren la mayoría de los entrevistados, considerada por algunos como escuela de malandras, mientras que otros afirman que allí estudian alumnos con necesidades educativas especiales; aseveraciones que abonan nuestra proposición sobre periferia simbólica.

MANIFESTACIONES DE LOS ADOLESTENTES SOBRE LAS FIGURAS DE SOPORTE

          A partir de los decires de los adolescentes se pudo visualizar - hasta el momento- dos tipos de figuras de soporte, algunas referidas a los padres y otras relacionadas al mundo institucional escolar.



LA FAMILIA Y SUS APORTES…

          Tanto en talleres como en entrevistas, surgen afirmaciones que llevan a reflexionar sobre los procesos de deslibidinización de las figuras parentales, que se supondrían en los adolescentes de referencia.


          Siguiendo la literatura psicoanalítica, en la adolescencia los sujetos realizan un trabajo psíquico, por el cual tienden a alejarse del grupo familiar –en especial de los padres – en búsqueda de otras figuras u objetos con quienes identificarse y/o apoyarse.
          En ese sentido, uno de los entrevistados al que denominaremos Benjamín afirma:

B: -La que me ayuda en todo con lo de la escuela es mi mamá…
E: -¿Cómo te ayuda?
B: -Ella me compra las cosas...si necesito algo… ella trabaja, me da dinero cuando necesito comprar cosas, con mi hermano la ayudamos a limpiar en la escuela donde trabaja…
E: -¿Y algo más?
B: -Bueno…ella me da ánimo, me dice tenés que estudiar…tenés que hacer los deberes…así cuando seas grande vas a poder ser electricista…te podes ir a cualquier parte…

          Otro de los entrevistados, al que llamaremos Adrián, refiere:



“Mi mamá me acompañó….me dice que no cambie que siga siempre igual…estudiando…mamá me da plata cuando necesito algo….yo le digo…y bueno….”

          En estos decires se identifica con claridad la naturaleza económica de la ayuda materna y nos hace suponer que los adolescentes entrevistados, gozan de una moratoria social que brinda la familia, para que se preparen en pos de una vida adulta con mayores posibilidades de inserción social-laboral.


          Llama la atención que frente a la situación de encuentro con lo desconocido, representado en este caso, por la escuela secundaria, los adolescentes reactualizan aspectos valorados de sus primeros vínculos, especialmente con la madre.
          Se podría suponer que el ingreso a la secundaria genera sentimientos de desvalimiento equiparables al de un niño recién nacido, en tanto los padres no han podido transmitir la experiencia de haber transitado por ella, es decir no han podido introducirlos desde el relato, en ese nuevo mundo, produciendo un movimiento de “repliegue a lo familiar”.
          Como bien lo dice Waserman (2012), de alguna manera frente a lo desconocido, aparece la universal tendencia a soñar con volver a esa primera morada, que habla de la importancia para la vida psíquica de esos primeros momentos de existencia y que hacen a la esencia de la “función materna” en tanto función de acoger y proteger.
          Podría pensarse, que los entrevistados han desarrollado un buen vínculo inicial con la madre, el que funciona en este momento como un elemento protector frente al entorno desconocido. El sentirse acompañados por ella, les brinda seguridad como en aquellos momentos iniciales de la constitución psíquica primigenia. Winnicott (1971) habla de la función de sostén como una de las principales funciones de la madre suficientemente buena y si esa función se cumplió, el sujeto volvería a valerse de ese recurso inicial en situaciones difíciles. 
          Si bien pareciera, de acuerdo a los relatos de los adolescentes, que la madre, tanto sea desde el punto de vista económico, como en la provisión de ideales, constituye la principal figura de soporte en el ámbito familiar, en algunos casos también se menciona al padre pero con un sentido diferente…tal como lo expresa una adolescente entrevistada en su hogar, a la que llamaremos Yanina y que comenzó a cursar en una escuela comercial:

E: ¿Y con las tareas de la escuela como te arreglas?
Y: Bueno, mi papa... trabaja allá en Forestal…es hachero…pero ahora no…porque tiene un problema en el ojo…el es muy bueno para eso…para las matemáticas…aunque no fue a la secundaria lo mismo se da cuenta de todo…él me va a ayudar si necesito…

            En el relato de esta adolescente, el padre también aparece como figura de soporte fantaseada, en relación a la dimensión académica. Según ella, el padre es quien podría ayudarla a resolver los problemas que se le presenten al menos en un espacio curricular: matemáticas. Hay una valoración especial de Yanina sobre los conocimientos académicos del padre, tal vez sosteniéndolo todavía como figura idealizada de la infancia. Podría suponerse que la niña reafirma al padre como sostén simbólico, facilitador para la introducción al mundo escolar. 


          Continuando con nuestra indagación sobre las figuras de soporte y profundizando sobre qué es para ellos “dar ayuda”, un entrevistado al que llamamos Adrián, responde de la siguiente manera:

A: Especialmente los familiares para avanzar dar apoyo…es dar aliento que avance que no vaya mal con las materias… te motivan a seguir que no me quede porque es lindo tener después la secundaria...
E:¿Para que es lindo tener la secundaria?
A: Porque después puedo ir y trabajar en México en una empresa como electricista…”

          Estas afirmaciones remiten a cierta vigencia en el imaginario de los sujetos de la relación directa y lineal entre educación, trabajo e inserción social, propias de los ideales de la modernidad. Queda claramente evidenciado en el siguiente discurso de Benjamín:



“Yo vengo acá porque tienen PC y en casa no, también consulto con mi tío las cosas que no entiendo… mi mamá no quiso terminar el secundario, pero mi tío es técnico y ahora trabaja…” Acá me dicen…estudia…nos seas pico y pala como el abuelo” o de limpieza como la abuela”

          A su vez Pedro, otro entrevistado, dice:



E: ¿Y cuándo tenes problemas con algún tema que no entendes?
J: Bueno…mi cuñado que es profe de matemáticas, cuando me dan tareas más o menos difíciles y él es profesor en la escuela penitenciaria…cuando viene así...y yo le pregunto…él me explica…

          Para Benjamín aparece como figura de soporte un familiar que tiene recursos materiales como la PC, acceso a internet, y otros recursos simbólicos como haber terminado el secundario. El entrevistado reconoce y referencia a ese tío que accedió a otro nivel educativo, situación reforzada por el discurso familiar que establece una comparación entre este tío y la madre que no “quiso” finalizar la escuela secundaria.


          En el caso de Pedro se detecta la presencia de un familiar, portador de un reconocimiento académico legitimado por el sistema educativo formal. Es el único que ha transitado con una trayectoria escolar diferente al resto de la familia, logrando acceder a circuitos de profesionalización académica notablemente distantes de las experiencias de los otros parientes: es profesor en una institución pública de nivel terciario.
          Si bien la figura de la madre y otros familiares resulta coincidente con estudios realizados anteriormente, en esta investigación se recupera la emergencia de otros referentes perteneciente al entorno escolar de los adolescentes.
          A su vez, los resultados muestran cierta coincidencia con el trabajo de Castro Pérez, M y otros (2011) quien analiza las relaciones interpersonales que establece el estudiante con sus pares, profesores y padres de familia, durante el periodo de transición a la secundaria. Castro Pérez, M y otros (op.cit), pone en evidencia que, los padres cumplen una función importante para los adolescentes que recién inician su vida en la secundaria y afirma que resultaría significativo fortalecer la presencia familiar en el proceso de transición de la primaria a la secundaria.

DOCENTES QUE SOPORTAN…

          Al hablar con los adolescentes en los primeros días de clase del primer año de secundario, se vislumbran nuevos objetos de identificación que establecen con los adultos ajenos al entorno familiar. Desde una perspectiva psicoanalítica se entiende por identificación al proceso por el cual el sujeto toma como propios, rasgos que pertenecen a otra persona significativa.


          En relación a estas nuevas figuras, un adolescente, Jonathan comenta:

“Cuando pienso en un profe que ayude con las tareas pienso en el profe Raúl, de sexto grado...el me ayudaba con las matemáticassiempre hablábamos…”

          Abonando esta perspectiva, Brenda en sus primeros días de clase al referirse a los profesores que podrían ayudarla en las dificultades que se le presenten expresa:



“hay una profe de lengua…ella nos va a ayudar…no nos reta…”

          En ese mismo sentido, otra adolescente entrevistada-Karina- cuando habla de sus profesores dice:



“La profe de francés siempre nos hace chistes, es piolita…” y el profe de música que se ríe y se hace el que se golpe a la cabeza contra la pared cuando no nos salen la cosas…”

          Estos adolescentes establecen una relación entre componentes afectivos y académicos: el profesor que ayuda en lo académico, es también el que tiene mayor comunicación con los alumnos, el que se muestra con menor rigidez.


          Savater (1999), señala la necesidad de que los adultos ofrezcan marcos de referencia que puedan ser pensados y trabajados por los jóvenes donde el adulto asuma el lugar de semejante, frente a ellos. Semejanza que no implica una horizontalización de las relaciones entre generaciones, sino procurar que los intercambios entre unos y otros estén regulados por una ley común, que establezca los límites entre lo permitido y lo prohibido.
          Piola (2013) siguiendo a Winnicott (1971) expresa que en el contexto actual, sostener el lugar de adultos frente a los jóvenes, suele constituirse en una tarea dificultosa. Sin embargo en la medida que el adulto pueda establecer límites, construyendo marcos de referencia, posibilitará que los adolescentes puedan incorporarse al mundo social. Asimismo desde la perspectiva de los entrevistados, no todos los adultos que encontraron en la escuela poseen estas características.

Y OTROS DOCENTES… QUE NO SOPORTAN TANTO…

          Un estudiante al relatar sus primeras experiencias en la primera semana de clases y su relación con los nuevos docentes refiere:



“Aquí en la secundaria los profes son tacaños…no dejan hacer bromas y se molestan enseguida…un profe de matemáticas, parece que es tímido…le hice una broma y se molesto…me mando a la dirección…el director me dijo que no tenía que hacer mas eso…que tenía que estar tranquilo…”

          Otra adolescente mujer comenta:



“Los profesores son muy estrictos, no dan mucha charla…”

          Aparece aquí con respecto al ingreso a la escuela secundaria una relación con el disciplinamiento…las jerarquías…La necesidad de desidealizar, explorar, buscar nuevas figuras de identificación…Piola (2013), expresa que la adolescencia ha sido tradicionalmente considerada una etapa de transición hacia la vida adulta, en donde el joven debía despedirse del cuerpo de la infancia, del rol y la identidad infantil y de los padres de la infancia. Desde este enfoque los adolescentes tenderían a cuestionar los valores familiares y buscar otros nuevos, oscilando entre momentos de gran dependencia de los adultos y lapsos en los que necesita probar su potencia y necesidad de independencia.


          Millot (1993) consigna que para Freud, la relación del alumno con sus profesores reproduce el tipo de relación con el padre instaurada a la salida del período edípico, que incluye tanto los aspectos positivos como los sentimientos de hostilidad dirigidos a éste. 
          En psicoanálisis, periodo edípico, refiere a un conjunto de emociones y sentimientos infantiles caracterizados por la presencia simultánea y ambivalente de deseos amorosos y hostiles hacia los progenitores. Se trata de un concepto central o nodal de la teoría de Freud. Se trataría del deseo inconsciente de mantener una relación sexual, incestuosa, con el progenitor del sexo opuesto y de eliminar al padre del mismo sexo.
          El adolescente transfiere a sus docentes la ambivalencia experimentada hacia los padres, lo cual complejiza los vínculos que se establecen en el ámbito escolar. En función de ello, las técnicas pedagógicas quedan relegadas a segundo plano con respecto a la relación heredada del Complejo de Edipo, ya que la adquisición de conocimientos estará influenciada por las características del vínculo establecido.
          Para Piola (2013) por efectos de la llamada posmodernidad, entendida como la época actual donde prima la inmediatez, la individualidad, el uso de las tecnologías, se dificulta la tarea de encontrar nuevos modelos de identificación que ofrezcan garantías de futuro. Por otra parte, según Acevedo (2001), hoy existe una declinación del sistema patriarcal, que impacta en los modos de producción de subjetividad. La autora refiere que éste modelo representaba para las generaciones anteriores una legalidad, un orden que operaba como sostén a partir del cual desarrollar la personalidad; permitía con críticas o no que el sujeto se constituya, ya sea por adhesión o por oposición a ellas.
          Tanto la familia como la escuela sufren, en este marco, una fuerte convulsión, debido en parte a que las figuras portadoras de autoridad simbólica se ven cuestionadas en su efectividad, debilitando el vínculo docente-alumno.
          Se puede advertir cierta concordancia entre este estudio con el llevado a cabo por Ziegler y Nobile (2014). Los investigadores, trabajando con adolescentes mexicanos de distintos sectores sociales y que transitaban la escuela secundaria, detectaron que había mayor compromiso con la escolarización por parte de los estudiantes, cuando sus profesores realizaban un acompañamiento personalizado e intenso dirigido a cada uno de ellos.

ALGUNAS LIMITACIONES DEL TRABAJO

          En relación a las figuras de soporte que se encontraron en este estudio, se señala que como se enmarca en una perspectiva cualitativa, dónde interesa la mirada particular que los actores involucrados en el estudio tienen sobre el tema, las interpretaciones sobre sus decires resultan validas solo para este grupo de adolescentes. Con esto se resalta que los hallazgos no podrían ser generalizados a otras poblaciones sin la debida vigilancia epistemológica.


          En esta investigación no se tomaron en cuenta las opiniones de los adultos, limitando el análisis a los decires de los adolescentes; el trabajo se podría enriquecer en estudios posteriores, incluyendo la mirada de los familiares y de los docentes.
          Otro tema que podría fortalecer el trabajo refiere a la inclusión de datos demográficos sobre las familias de origen de los adolescentes entrevistados, tales como nivel de escolaridad alcanzado y situación laboral.

AL CIERRE, HOY LA ESCUELA… ¿PARA QUÉ?

          Mucho se ha hablado sobre el lugar de la escuela media en nuestro país, pensando en los sectores que por primera vez acceden a este nivel educativo, surgen en los discursos de los estudiantes cuestiones que permiten considerar el lugar que le otorgan. 


          En ese sentido Cristian de primer año del secundario dice:

“La secundaria me sirve para trabajar… me meto en la CONET… me puedo ir a cualquier otro lado…me puedo ir a México porque hay grandes empresas…”

          En este caso finalizar la escuela secundaria, significaría una trayectoria escolar exitosa si se tiene en cuenta que los púberes que habitan estas escuelas provienen de sectores populares con padres con escolaridad incompleta y que trabajan como empleadas domésticas, serenos, o resultan beneficiarios de planes sociales.


          De esta manera las expectativas en relación a lo que esperan de la escuela giran en torno a la obtención de un oficio que les permita “defenderse en la vida”, que garantizaría un ascenso social o la posibilidad de mejorar sus condiciones concretas de 
          Piola (2013) analiza elementos que permanecen y se diluyen a lo largo de la historia del nivel medio en Argentina, siempre condicionado por el proyecto de país sostenido por las clases gobernantes y los embates de las coyunturas políticas, económicas y sociales que ejercen su influencia en la configuración de objetivos, prioridades e ideales para el campo educativo.
          Retomando algunos de los postulados históricos de la escuela secundaria, el nuevo diseño curricular aspira a que los jóvenes adquieran conocimientos que posibiliten la continuación de sus estudios, fortaleciendo su formación ciudadana y ofreciendo ámbitos en donde sea posible la vinculación del espacio escolar con el mundo del trabajo. 
          En los casos analizados, consideramos que la familia mantiene su vigencia y preponderancia en tanto fuente de seguridad y apoyo, especialmente cuando se producen situaciones de desafíos novedosos como la experiencia de ingresar a la escuela secundaria. Resulta interesante pensarlo desde el aporte de Dencik (1992), quien sostiene que la familia constituye una zona de estabilidad psicosocial para sus miembros frente a la vertiginosa dinámica de cambio social actual.
          También se sostiene que en los discursos de los adolescentes y sus familias permanece el ideal de la modernidad, el mandato histórico del nivel secundario como garante del ascenso social, o al menos la posibilidad de reproducir la posición social actual. Sin embargo, resulta llamativo que en ninguno de los casos hacen referencia a estudios superiores, como podrían ser la universidad o instituciones terciarias, presentes en el medio desde hace muchos años.
          Ante estas cuestiones planteadas y recuperando la fuerte emergencia de la familia como sostén y apoyo en la transición de la primaria a la secundaria, quedan pendientes algunas preguntas: estos púberes, ¿qué otras figuras reconocen, o actuarían como soporte para acompañarlos en su trayecto por el nivel medio, y mejorar los elevados índices actuales de repitencia, desgranamiento y deserción escolar?

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