El abuso sexual infantil


- La sexualidad de la pareja parental



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4.- La sexualidad de la pareja parental.

Los problemas sexuales de pareja son frecuentes en este tipo de familias. La madre rechaza las relaciones íntimas pretextando estar " indispuesta", e invocando razones como malestar o enfermedad física, cansancio o depresión. La relación conyugal no satisface las necesidades de dependencia de ambos padres, quienes, en general, no han sido suficientemente investidos afectivamente durante su infancia.

La frustración sexual resultante de esta situación, puede convertirse entonces en factor desencadenante del incesto, pues los padres se vuelcan hacia los hijos en vez de buscar gratificaciones exteriores a la pareja.

La estructura de la familia sexualmente abusiva.

Estas familias se caracterizan por fronteras y roles familiares poco claros y mal definidos; las historias familiares son incoherentes, los sentimientos y los comportamientos son ambiguos, los estados afectivos y sentimentales están mal definidos, los modos de comportamientos son poco claros, los límites entre la afectividad y la sexualidad son poco consistentes. Por ejemplo, si en estas familias una niña acepta una demostración física de cariño de su padre, esto puede interpretarse fácilmente como una invitación a un contacto sexual. Por el contrario, en una familia sana, la representación imaginaria de contacto sexuales entre los miembros de la familia que no pertenecen al subsistema conyugal provoca un sentimiento de rechazo e incluso de asco. En el mundo confuso de una familia incestuosa, estos rechazos quizás no existan porque los patrones relacionales no han delimitado fronteras gestuales y verbales claras alrededor de los subsistemas. Por lo tanto, la estructura familiar no es segura para el niño y todo gesto puede dar lugar a malentendidos imprevisibles.



Ontogénesis del abuso sexual: el incesto como proceso.

A continuación se abordará la ontogénesis del abuso sexual, recalcando el hecho de que el incesto emerge de dinámicas familiares que forman parte de una cultura familiar singular. Los abusos incestuosos pueden considerarse como modalidades homeóstaticas, es decir, estrategias del sistema familiar construidas a lo largo de las generaciones para mantener un sentido de cohesión y coherencia.

El incesto, al igual que el abuso sexual cometido por pedófilos, raramente es un hecho aislado o un accidente en la vida de una familia, sino que constituye un proceso relacional complejo que se desarrolla en el tiempo y donde se distinguen los siguientes períodos (Anexo):


  1. Los actos incestuosos se desarrollan en el interior de la intimidad familiar, protegidos por el secreto y la ley del silencio.

  2. El incesto aparece a la luz pública a través de la divulgación de los abusos por parte de la víctima, lo que implica una crisis para el conjunto de la familia, así como para su entorno, incluidos los sistemas profesionales.

1.- Los actos incestuosos se desarrollan en el interior de la intimidad familiar, protegidos por el secreto y la ley del silencio.

Durante este período, podemos decir que el sistema familiar se encuentra en equilibrio y que el incesto es parte de las modalidades homeostáticas que los miembros de la familia utilizan para mantener su cohesión y sus sentimientos de pertenencia.

Es posible distinguir tres componentes en este período:

1.1 La fase de seducción.

En este período , el padre abusador manipula la dependencia y la confianza de su hija, incitándola a participar en los actos abusivos que él presenta como un juego o como comportamientos normales entre padres e hijas. El abusador prepara el terreno tomando precauciones para no ser descubierto y elige el momento y el lugar en que comenzará a abusar de su hija.

Muchos de éstos padres abusadores eligen una zona de sus casas para abusar de sus hijas sin correr el peligro de ser descubiertos, por ejemplo pueden habilitar la bodega de la casa o pueden hacerlo en la habitación de la niña cuando el resto de la familia duerme.

Un momento singular elegido por varios abusadores corresponde al período en que su esposa ingresa en la maternidad para dar a luz un nuevo hijo. La partida de la esposa a la maternidad ofrece al marido una buena oportunidad para quedarse a solas con su hija y al mismo tiempo la relación incestuosa con la hija compensa el sentimiento de pérdida y abandono provocado por el nacimiento.



1.2 La fase de interacción sexual abusiva.

En primer lugar es importante señalar que los gestos sexuales incestuosos, lejos de ser aislados y únicos, corresponden a una diversidad de gestos que se suceden en el tiempo. Así un padre abusador no viola directamente a su víctima como se suele pensar. El coito propiamente dicho se produce en un momento bastante avanzado de la interacción sexual abusiva. Frecuentemente el abusador comienza con gestos de exhibicionismo, paseándose semidesnudo delante de su víctima o por ejemplo dejando al descubierto sus órganos sexuales mientras ve la televisión sentado al lado de su hija. En otros casos, invita a su hija a entrar al cuarto de baño mientras se ducha, etc. Luego a estos comportamientos se agregan otros gestos voyeuristas en donde él solicita a su hija que le muestre sus órganos genitales, para seguir con manoseos de las zonas genitales de su víctima y obligarla a manosear sus genitales, etc.

El proceso continuará con otros gestos como actos masturbatorios en presencia del niño (a), o el abusador obligará a la víctima a masturbarle. En etapas más tardías, el sujeto viola a su víctima, comenzando a menudo por la felación siguiendo con la penetración digital del no y/ o vagina, y por lo que se denomina penetración seca, que consiste en frotar el pene en la zona anal y/o vaginal de la víctima hasta eyacular. La penetración genital o coito se da en una fase avanzada de este proceso y es con mayor frecuencia anal que vaginal.

El hecho de que para muchos médicos, pediatras u otros profesionales de la infancia estos gestos se sitúen en el registro de lo impensable, explica también su dificultad para poder detectar precozmente este tipo de situaciones dejando a los niños sin ninguna posibilidad de protección. El adulto que no ha conocido en su experiencia personal situaciones semejantes, que en su práctica profesional no ha debido afrontar este tipo de tragedias o que no ha recibido la formación necesaria, tiene una gran dificultad para enunciar la hipótesis diagnóstica de abusos sexuales.



1.3 La imposición del secreto y la ley del silencio.

Este momento empieza caso a la vez que las que las interacciones sexuales. En la mayorías de los casos, el abusador sabe que está transgrediendo la ley; por lo tanto; se protege como todos los delincuentes para no ser descubierto. Al mismo tiempo, estos gestos abusivos le son necesarios como solución a otros problemas, por lo que hará todo lo que pueda para continuar sin ser sorprendido. Su alternativa es imponer la ley del silencio. Para esto todas las fórmulas son posibles, desde la amenaza, la mentira, la culpabilización hasta el chantaje y la manipulación psicológica.

El abusador convence a su víctima del peligro que existe para ella, para él y para su familia si se divulga lo que pasa entre ellos. El niño ( a) termina por aceptar esta situación y se adaptan a ella para sobrevivir. Entran en la dinámica del chantaje con lo que obtienen favores, regalos y privilegios del abusador. Esto cierra el círculo infernal, en la medida que estas respuestas adaptativas permiten la desculpabilización del abusador y, al contrario, aumentan la culpabilidad y vergüenza del niño.

Se ha logrado observar, que cuando la víctima, sobretodo si se trata de un adolescente, logra mantener la distancia con su padre abusador, una parte de su personalidad será traumatizada, pero su dignidad se mantendrá intacta. Esto corresponde a los casos donde gracias a la comprensión de la situación y su valor, los niños pudieron, en todo momento sentirse víctimas violadas por sus padres u otro familiar, o cuando el violador era, además violento y sádico. En esta situación, las víctimas pueden a través de la rabia que sienten contra su agresor, guardar la distancia necesaria para entregar su propio cuerpo, pero al mismo tiempo proteger y mantener intacta su subjetividad.

Los casos más dramáticos se producen cuando la víctima es aspirada por el abusador, perdiendo toda capacidad de experienciarse como una víctima de abuso. En estos casos es frecuente que la víctima experimente placer en la relación, lo que producirá consecuencias catastróficas en su vida adulta.

2.- La divulgación: la crisis para la familia y los sistemas de intervención.

Este período corresponde a la desestabilización del sistema familiar como resultado de la divulgación de los hechos abusivos por parte de la víctima. Es el momento de la crisis del sistema familiar, así como del sistema social que le rodea, incluidos los profesionales.

En este segundo período se pueden distinguir dos fases:

2.1 La fase de la divulgación propiamente dicha.

A pesar de los esfuerzos del abusador por mantener a su víctima dentro de una celda de silencio, culpabilización y vergüenza, algunas víctimas, desgraciadamente no todas, terminan por divulgar los hechos incestuosos.

En este punto es interesante comprender las circunstancias y el proceso a través del cual el niño (a) se atreve a romper la ley del silencio y a divulgar los hechos abusivos, y para ello, es necesario distinguir la divulgación accidental de la divulgación premeditada. En la primera, los hechos abusivos son descubiertos accidentalmente por un tercero, por ejemplo, cuando alguien entra en la habitación en el momento en que el padre está abusando de su hija; siendo de esta forma la divulgación un accidente y no la víctima quien involuntariamente desencadene la crisis familiar divulgando el incesto.

En el caso de una divulgación premeditada, es menester detectar los factores que deciden o impulsan a la víctima a comunicar su condición rompiendo el secreto. El elemento que parece determinante es que la niña (o) se atreve a hablar cuando al situación de le hace insoportable, cuando se siente prisionero de un conflicto de pertenencia. Para madurar y estructurarse, el niño necesita determinar, en relación con los demás, los límites de su propio territorio personal; para esto, en determinados momentos de su desarrollo deberá establecer jerarquías diferentes entre su cuerpo individual y su pertenencia a su sistema familiar y/ o social.

Lo anteriormente expuesto, permitiría explicar el hecho de que la mayoría de los niños más pequeños ( entre dos y diez años), divulguen la situación abusiva a partir que los gestos de su familiar abusador les provoca, sobre todo en el caso de la penetración. En este caso el niño elige su propio cuerpo denunciando a su abusador sin pensar en el riesgo de perder su consideración. El niño divulga el abuso para resolver un problema que en ese momento le parece prioritario: el dolor.

En el caso de los adolescentes, la divulgación se produce con bastante frecuencia alrededor de un conflicto de autonomía que es el resultado de una crisis de pertenencia entre su familia y los miembros de su entorno. La adolescencia plantea a la hija nuevos desafíos y necesidades; el problema de fondo puede definirse como un conflicto entre su pertenencia familiar o su pertenencia al grupo de su edad, que simbólicamente representa el desapego a su familia. Esta tensión familia/ entorno social, se expresa en un conflicto creciente con el abusador, que hace lo posible por mantener a su hija en la familia y bajo su área de influencia.

En medio de este conflicto la hija puede sentirse por primera vez atraída por un muchacho de su edad, lo que amplía la tensión entre ella y su padre.

La adolescente puede entonces, divulgar su secreto buscando una solución inmediata a su conflicto, con la esperanza de obtener más libertad. Por ejemplo, cuando denuncia que su padre abusa de ella, a menudo quiere también que los abusos terminen, pero lo prioritario para ella es resolver el conflicto de poder con su padre.

Existen también otros tipos de circunstancias a partir de las cuales es posible la divulgación. Por ejemplo, cuando la víctima divulga la situación cuando se da cuenta de que su padre abusa también de una de sus hermanas, o en el momento del nacimiento de un nuevo hermano en la familia, que enfrenta a la víctima con el miedo de quedar embarazada de su padre, o en el momento en que su madre por otras razones decide divorciarse.

2.2 La fase represiva.

Se ha logrado constatar en muchos casos de abuso sexual intrafamiliar, en algunos miembros de la familia, así como en miembros del entorno incluyendo a los profesionales, el desencadenamiento de un conjunto de comportamientos y discursos que tienden a neutralizar los efectos de la divulgación, que expresan un esfuerzo desesperado de la familia para recuperar su equilibrio, tratando de eliminar a través de todos los medios a su alcance los efectos provocados por la denuncia de los hechos incestuosos.

La descalificación del discurso y de la persona de la víctima, las acusaciones que tienden a señalar a la víctima como culpable 9º la negación de la evidencia de los hechos, son sólo algunos de los medios empleados. En esta estrategia se implican activamente no sólo el abusador, sino también la esposa, los hermanos y hermanas y, desgraciadamente, policías, jueces, médicos, etc., demasiado comprometidos e identificados con los adultos de la familia y/o sin la formación necesaria para manejar la situación.

Estas presiones y amenazas explican el hecho de que muchas víctimas de incesto se retracten posteriormente de lo divulgado.

 

LOS PERSONAJES ADULTOS EN LAS TRAGEDIAS POR ABUSO SEXUAL.

En los casos de abusos sexuales se pueden distinguir los mismos tipos de personajes de todas las situaciones de violencia de los adultos: los abusadores que a su vez fueron abusados cuando eran niños, los niños víctimas sometidos al poder de los adultos y los terceros, los testigos, los cómplices, los indiferentes.



Las experiencias vitales y la personalidad de los abusadores.

Los abusadores corresponden en su mayoría a hombres, representando aproximadamente al 94% de los casos, en relación con el 6% de los casos en que el abusador es una mujer. En este último grupo se encuentran mujeres en las que se han detectado comportamientos abusivos directos sobre los niños y/o en complicidad con un abusador masculino.

Para designar el tipo de vínculo que establece el abusador sobre todo masculino, con sus víctimas se usa el término de pedofilización. Esta conducta corresponde a una grave forma de atentar contra la integridad corporal, psicológica y moral de un niño y es comparable a una forma de tortura conocida como "tortura limpia" (Laurent,1975) que es una refinada manera de destrucción de un individuo a través de su manipulación psicológica en la que no tiene ni siquiera la posibilidad de reconocerse como víctima. En la pedofilización, las víctimas de esta "tortura limpia" son niños.

Los pedófilos explotan sexualmente a los niños en un ambiente relacional, afectivo y discursivo falsificado, que impide a estos reconocerse como víctima de esa situación de violencia. El niño corre el riesgo, que a través de su vida, busque de manera compulsiva, este modelo relacional que le impusieron.

Los pedófilos pertenecen a todas las clases sociales, ejercen toda clase de oficios y profesiones, pueden ser de cualquier religión, nacionalidad y raza.

Todos los pedófilos presentan trastornos en su proceso de individuación, esto significa que no alcanzaron una madurez psicosocial ni relacional, porque los miembros de su sistema familiar de origen, con o sin la influencia del entorno social, ejercieron presiones sobre ellos bajo la forma de fuerzas centrípetas que obstaculizaron sus procesos de individuación integrada (Stierlin, 1987). Los pedófilos no son seres autónomos y capaces de participar de relaciones sanas y equilibradas con sus pares y generalmente permanecen atados a sus infancias, que viven como una experiencia profundamente gratificante y feliz.

Una segunda característica de los pedófilos es que han sido profundamente traumatizados en sus vivencias subjetivas, autoestima e identidad por experiencias de carencias biopsicorrelacionales de carácter grave y prolongado y/o por experiencias de malos tratos y/o abusos sexuales. Muchas veces estos sujetos guardan de manera disimulada sentimientos de odio, miedo y/o de fascinación por la "fuerza y el poder" de sus agresores y/o presentan de manera compulsiva la tendencia a revivir sus experiencias mediante el abuso de sus víctimas. Tienen tendencia, por lo tanto, a "cosificar" a otros seres humanos, especialmente aquellos con los cuales se encuentran en una relación de superioridad.

Como tercera característica tendríamos la experiencia de angustia de las separaciones. Cada separación es vivida con especial tensión. Hechos como la hospitalización de la esposa, una separación por viajes, el fallecimiento de la madre, etc. pueden desencadenar todo un proceso lleno de angustia y que los hace más vulnerables debido a la fragilidad que les impide hacer el duelo de una manera sana, o por una representación de sí mismos que sustentatada en la ideología patriarcal, les angustia por creerse perdedores y sobre todo por deficiencia del proceso de separación. Muchos de estos sujetos mostraron en la adolescencia una tendencia a quedarse anclados en sus casas. Esto se explica por la existencia de fuerzas emocionales centrípetas que les retenía dentro de la familia y también por las dificultades para establecer contactos sociales con sus pares, seducir a una joven, realizar un proyecto educacional, etc.

El contacto con la realidad social son generalmente regresivos e infantiles y no logran ser adultos diferenciados con una sexualidad sana. Esto significa una gran dificultad para controlar las frustraciones de la relación amorosa adulta, y los obstáculos relacionados a la vida familiar y social.

Finalmente, se puede mencionar que casi todos los abusadores tienen una representación del género masculino profundamente trastornada. La representación de su masculinidad estaba caracterizada por atributos de poder, fuerza y dominación. Estos hombres fueron adoctrinados en una cultura familiar en la cual los miembros adultos se adherían a los valores de la cultura patriarcal y falocrática. Las relaciones abusivas con los niños les permiten, en momentos de crisis, tener la ilusión de seguir sintiéndose "verdaderos hombres". Para ellos, dominar es más importante que contar con el respeto del otro y el poder es más importante que el dialogo y la colaboración.

Desconectados de sus mundos emocionales, se refugian en sus mecanismos de racionalización y utilizan el sexo y la sexualidad como instrumentos de dominación y prueba de su virilidad.



Los diferentes grupos de abusadores y su personalidad.

Se pueden distinguir claramente dos grupos de abusadores:



Abusadores pedófilos obsesivos: Este primer grupo está conformado por hombres que han abusado de varios niños diferentes y presentan una compulsión crónica y repetitiva hacia el acto de pedofilizar. Para estos abusadores, la pedofilia forma parte de su estructura subjetiva, comportamental e ideológica. Las situaciones de abuso en las que se ven implicados este tipo de sujetos son de carácter extrafamiliar. Un pedófilo de este tipo puede agredir como término medio a una veintena de niños. Para este tipo de sujetos los niños son los objetos favoritos y casi exclusivos de su interés sexual. Bajo este tipo de relación perversa el pedófilo vive la ilusión de amar y de ser amados por alguien que no les cuestiona sus deseos, creyéndose a la vez reconocidos y agradecidos por el entorno del niño, pues ofrecen a este "cuidados" que su familia está incapacitada para darle. Creen que sus actitudes son positivas y necesarias para asegurar el desarrollo sexual y afectivo de los niños, por lo tanto abusan de ellos sin remordimiento ni vergüenza. La fijación sexual por los niños y el discurso de amor por ellos, sería producto de un desarrollo psicosexual, alterado por una erotización en la infancia que habrían sufrido de parte de algún familiar.

Estos hombres esconden además un profundo deseo de ser niños. Muchas veces sus ocupaciones y entretenimientos favoritos son juguetes de su niñez y/o coleccionar juguetes y eligen ocupaciones que le permitan trabajar de cerca con niños.



Abusadores pedófilos regresivos: El segundo grupo está compuesto por hombres que se transformaron en pedófilos en un momento de crisis existencial que cuestionó sus representaciones viriles. El delito es producto de un deterioro en la capacidad de establecer relaciones afectivas y sexuales satisfactorias con adultos, antes de esta crisis la orientación sexual de estos sujetos era hacia adultos. Los abusos cometidos por este tipo de hombres generalmente se dan en el contexto intrafamiliar y pueden ser comprendidos como un ritual perverso y abusivo que tiene por función salvar la pseudoidentidad del sujeto. La reincidencia de este tipo de sujetos es escasa.

La personalidad del abusador sexual.

Existe un concepto propuesto por Helm Stierlin denominado "individuación integrada" que se refiere al proceso que permite a cada individuo adquirir un sentimiento de integridad personal a través del establecimiento de "fronteras psicológicas semipermeables"

Los trastornos de la individuación integrada se traducen por una parte en una experiencia de subindividuación, cuando las que predominaron en la dinámica relacional de la familia de origen fueron las fuerzas centrípetas. Por otra parte se encuentra la sobreindividuación, que proviene del predominio de las fuerzas centrífugas, aquí el sujeto es obligado por la dinámica familiar a una autonomía precoz y una madurez forzada que lo puede arrastrar a una experiencia de aislamiento de los demás con una vivencia de superioridad todopoderosa y de grandiosidad.

a) Los abusadores subindividuados no diferenciados.

Este tipo de abusadores presentan una ausencia de frontera psicológica entre el sí mismo y el otro; el otro es percibido como una prolongación de su "pseudo yo". Su yo se confunde con el yo colectivo indiferenciado de su familia de origen. Un pseudo yo psicótico les lleva al abuso sexual, que generalmente es de tipo intrafamiliar, que tiene por objetivo dominar la angustia de desintegración y despersonalización generada por la autonomización de sus hijos.



b) Los abusadores subindividuados con bajo nivel de diferenciación.

Estos sujetos presentan ya sea un abandonismo pasivo o un abandonismo activo. Los abandonismos activos presentan un grado mínimo de diferenciación, a través de su pseudo yo expresan las consecuencias de sus experiencias en sus familias de origen, caracterizadas por la negligencia grave las separaciones precoces y repetidas y el abandono.

El abusador busca a través del contacto sexual con el niño un contacto afectivo sin posibilidad de sentirse fracasado o rechazado. Habitualmente este tipo de sujetos no violentan a sus víctimas presentándose como abusadores gentiles. A veces también corresponden a abusadores extrafamiliares y en algunos casos han sido adoptados por la familia de la víctima.

Los abandónicos agresivos que no sólo fueron víctimas de carencias graves sino que además sufrieron maltrato físico y generalmente presentas conductas violentas con los niños. El tipo de abuso cometido por este tipo de sujetos también puede ser intra y extrafamiliar y va acompañado a veces por conductas hasta sádicas.






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