El abuso sexual infantil


LOS ABUSOS SEXUALES EXTRA E INTRAFAMILIARES



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LOS ABUSOS SEXUALES EXTRA E INTRAFAMILIARES.

A continuación se hará una distinción entre abuso sexual extra e intrafamiliar, debido a que cada uno de estos fenómeno tiene sus características y dinámicas clínicas propias. Para hablar de abuso sexual intrafamiliar, es decir, abuso sexual cometido contra un niño por un miembro adulto de la familia, se utilizará el término abuso sexual incestuoso, con el fin de dar a entender que tanto el abusador como el niño víctima están vinculados por lazos familiares, y el término agresión incestuosa, para insistir sobre el carácter forzado de la situación.

Cuando el agresor no pertenece al medio familiar del niño se hablará de abuso sexual extrafamiliar. El adulto agresor puede ser un sujeto totalmente desconocido para el niño, así como para su familia, o alguien conocido que pertenece al entorno del niño.

I.-Los abusos sexuales cometidos por desconocidos.

En esta forma de abuso, la característica central es que el abusador goza sometiendo a su víctima por la fuerza y el terror, haciéndole sufrir.

Esta característica se puede observar en el siguiente ejemplo:

Los niños agredidos jugaban juntos en un parque y se habían alejado de sus padres, con quienes habían venido a una manifestación deportiva, se trataba de Benoit, un niño de seis años y una niña, Lucie, de la misma edad, amigos desde muy pequeños. El niño estaba acompañado de los padres y la niña únicamente de su madre. El agresor descrito por los niños como un hombre gigante, llevaba su rostro cubierto por un pasamontañas negro. Este sujeto les cogió con brutalidad tapándoles violentamente la boca y obligándoles a avanzar al interior del bosque. Al llegar a un lugar desértico, les amenazó violentamente y les obligó a practicarle una felación. Por suerte para los niños, el ruido de caminantes que se acercaban al lugar provocó la fuga del agresor salvándoles posiblemente la vida.

Posteriormente a este hecho, lo largo de las sesiones terapéuticas, los niños hablaron de los insultos y amenazas que recibieron del individuo. Analizando el contenido de su discurso, así como el carácter extremadamente violento de sus comportamientos, se puede afirmar que su objetivo era excitarse con el sufrimiento de los niños y, probablemente matarles. La felación fue una de las formas utilizadas para degradar y humillar a sus víctimas.

Además de las características antes señaladas, es posible señalar que generalmente, la mayoría de los casos de este tipo de abuso tienen como protagonista a un agresor de sexo masculino.

Cuando se produce este tipo de abuso, es más beneficioso si los niños pueden designar y nombrar al agresor como tal; debido a que estas denominaciones indican, que a pesar del miedo y la angustia, las víctimas que sobreviven a este tipo de abuso no se confunden en cuanto a la responsabilidad de su abusador, y que a pesar de la culpabilidad secundaria que pueden presentar, se reconocen como víctimas.

La causa del sufrimiento de los niños víctimas de un violador, no sólo es la agresión en sí misma, sino también la reacción inadecuada de los miembros de la familia. En el caso de Lucie y Benoit, presentaron dos días después de la agresión una serie de manifestaciones compatibles con estrés postraumático, es decir, una revivificación mórbida de la experiencia traumática que se manifestaba en pesadillas, miedo a quedarse solos, temor a cualquier desconocido y dificultad en dejar de pensar en lo ocurrido. Paralelamente a la intervención terapéutica, los padres respectivos acompañaron a los dos niños a hacer la denuncia a la policía. Este impacto tuvo un impacto tranquilizador para los niños en la medida en que los policías responsables de la investigación elaboraron con ellos un retrato del agresor, les acompañaron al lugar de la agresión, donde los niños pudieron explicar las circunstancias del drama y les explicaron en qué consistía su trabajo y los medios de los que disponían para atrapar a los delincuentes y proteger a la población.

Este procedimiento tuvo un gran impacto terapéutico porque los niños se sintieron reconocidos y apoyados como víctimas. Además, el poder colaborar en la investigación disminuyó sus sentimientos de inseguridad e impotencia, sintiéndose de nuevo protegidos y recuperando parcialmente su confianza en el mundo adulto. En situaciones donde la colaboración de la policía con las familias no es posible y la experiencia de los niños agredidos banalizada, éstos guardan durante más tiempo un sentimiento de profunda inseguridad, impotencia y desprotección, así como una desconfianza hacia el mundo adulto en general. La experiencia más terrible para un niño agredido por un adulto es la de su impotencia. Este sentimiento está presente en la vivencia de todas las víctimas de violencia, pero en los niños, por su vulnerabilidad y dependencia de los adultos, puede tomar proporciones intensas y duraderas, prolongándose en la vida adulta como una vivencia crónica de desamparo.

La calidad de la ayuda que se aporta a las víctimas, así como la plasticidad de la estructura familiar para hacer frente al drama sus hijos, son elementos fundamentales para la evolución y el pronóstico de este tipo de experiencias.

Lucie y Benoit fueron atendidos en un programa de terapia familiar, la primera sesión se realizó con las dos familias juntas. En esta primera sesión fue posible observar diferencias en las respuestas de ambas familias a los hechos de violencia. En la familia de Benoit, los padres mostraban una gran solidaridad entre ellos para afrontar el drama que les aquejaba; en cambio, en el caso de la familia de Lucie aparecieron rápidamente las acusaciones del padre hacia la madre, que era quien cuidaba a la niña en el momento de la agresión.

La diferencia en la reacción de los adultos de las dos familias influyó de manera determinante en la evolución del proceso de recuperación de los niños. Como se puede deducir, la evolución de Benoit fue más favorable, debido a que la agresión sexual de un miembro infantil de la familia creó evidentemente una situación de crisis que hizo sufrir a todos sus miembros, pero se trata de una familia que era lo suficientemente sana antes de la agresión, rápidamente fueron capaces de movilizar sus recursos naturales. Estos recursos se potenciaron de manera constructiva, con la ayuda terapéutica aportada desde el exterior y también con el apoyo otorgado por los policías encargados de la investigación. Como resultado de este proceso la familia reencontró rápidamente un nuevo equilibrio y las consecuencias de la agresión se superaron muy pronto, especialmente en la víctima.

No fue así en el caso de la familia de Lucie, donde desde las primeras entrevistas familiares se creó un clima de tensión y aparecieron las divergencias en la pareja. La consecuencia de todo esto fue el aumento del sufrimiento experimentado por cada uno de los miembros de esta familia, así como la cronicidad de los síntomas de Lucie.

II. Los abusos sexuales extrafamiliares: el abusador conocido de la familia.

Esta situación tiene como protagonistas a niñas y niños agredidos sexualmente por un adulto que pertenece a su círculo social, y que por lo tanto es conocido de la familia. En algunas ocasiones estos delincuentes sexuales ocupan un lugar privilegiado que les da un acceso directo a los niños, por ejemplo, son profesores, monitores de scout, sacerdotes, etc.; motivo por el cual tienen un rol de carácter social y un poder que los hace depositarios de la confianza de los padres. En otras ocasiones estos delincuentes sexuales son sujetos que se infiltran en las familias ganándose la confianza de los adultos para lograr fácilmente el acceso a sus futuras víctimas.

Los sujetos implicados en estos casos son mayoritariamente de sexo masculino,, con comportamientos sexuales pedófilos que manifiestan una estructura de personalidad perversa.. Estos hombres presentan un interés sexual principal y casi exclusivamente hacia los niños, desde edades muy tempranas. Este interés sexual es de carácter obsesivo, lo que explica que algunos autores les llamen " abusadores sexuales obsesivos" ( Groth, 1978). Estos sujetos evitan las relaciones sexuales con los adultos, y cuando las consiguen, se sienten insatisfechos, o se excitan con fantasías sexuales pedófilas.

Para conquistar a los niños utilizan el cariño, la persuasión, la mentira o la presión psicológica. A diferencia de los abusadores sexuales, que utilizan la violencia física, éstos se aprovechan de su posición de autoridad y de la confianza que se " ganan" de los padres, para crear poco a poco un clima de familiaridad con ellos y sobre todo con la víctima. De una manera solapada y engañosa estos sujetos invitan a los niños a participar en actividades sexuales.

Este tipo de abusadores se identifican de una manera perversa con los niños, adaptando fácilmente sus comportamientos a los de la víctima y ofreciéndoles relaciones gratificantes y sin frustración. Por otra parte, estos sujetos eligen a su víctima entre los niños que presentan carencias sociopsicoafectivas, producto de un medio poco estructurado, ya sea en razón de una fragilidad familiar y/o social. Sus víctimas provienen de familias monoparentales con dificultades, de padre divorciados conflictivamente, de familias inmigrantes con problemas de integración, o de familias con niños adoptados. Los abusadores pedófilos atribuyen sus actos a una finalidad altruista, y además usurpan una parte de la función parental, adoptando un rol de pseudoparentalidad hacia sus víctimas.

En todos los casos el pedófilo envuelve a su víctima en una relación falsa que es presentada como afectiva y protectora. Al manipular al mismo tiempo la confianza familiar; el niño es doblemente cosificado, primero por su abusador y luego por sus padres, que sacrifican su rol protector a la relación con este individuo que muy a menudo ejerce una verdadera fascinación tanto en sus víctimas como en los miembros de la familia, a quienes involucra convirtiéndose en un personaje agradable, simpático, servicial y atento con todos.

El proceso antes descrito puede compararse metafóricamente con el de vampirización, ya que esto permite representar la influencia de este sujeto sobre la víctima y su familia, además de hacer alusión al proceso de vampirización del abusador, ya que estos individuos cuando eran niños, fueron a menudo víctimas de un pedófilo.

La víctima de un pedófilo tiene una gran dificultad para detectar precozmente el peligro en el que se encuentra debido al carácter confuso y manipulador de la relación ofrecida por el abusador. El niño vive los gestos y discursos de su abusador como amistosos, afectivos y gratificantes. Además, la agresión sexual en sí se hace de una manera dulce y solapada, provocando en muchos casos en el niño sensaciones corporales agradables e incluso de goce sexual. En este contexto puede pasar un tiempo antes de que la víctima se dé cuenta de que está sufriendo abusos.

El hecho de que el pedófilo abusador presente a su víctima sus comportamientos como formas naturales de relación adulto niño y que se haga aceptar como miembro honorario de su familia, aumenta la confusión de ésta y le impide denunciar lo que ocurre con rapidez, y cuando lo hace se encuentra sumergida en la culpa y la vergüenza. Desgraciadamente, en algunos casos el pedófilo brinda ayuda financiera u otros favores a los padres de las víctimas, lo que explica que éstos se encuentren en una relación de dependencia hacia éste y que reaccionen por la vergüenza y la culpabilidad de una forma poco adecuada cuando sus hijos les revelan la verdad.

Este conjunto de factores explica que tanto la intervención social en estas familias como su terapia tienen como finalidad desvampirizar no sólo a la víctima directa sino a todo el conjunto familiar. Se trata de sanar a la víctima de las consecuencias de la agresión y de descontaminar a su familia de la influencia del pedófilo abusador, restituyendo a sus padres las funciones usurpadas por éste.

Pautas para la intervención psicosocial en caso de abuso sexual extrafamiliar.

La necesidad de constituir un verdadero equipo de intervención con los recursos de la red es de vital importancia porque en los casos de abuso sexual extrafamiliar hay múltiples implicados ( víctimas, miembros de la familia, miembros de la comunidad escolar, etc.), además por la complejidad y gravedad de estos casos.



Las diferentes etapas de la intervención.

1.- Análisis de la demanda.

En esta primera etapa se intenta comprender en qué contexto social se produce la demanda y cuál es su verdadero contenido, ya que estos dos aspectos son requisitos esenciales para realizar cualquier intervención social y/o terapéutica ( Tilmans, 1987). En los casos en los que se le pide a un profesional o a un equipo intervenir porque se ha cometido una transgresión que implica varios sistemas, este procedimiento es imprescindible.

Dentro de este análisis de la demanda, es fundamental ofrecer y asegurar un espacio de discusión al demandante, como una forma de ayuda para explicar y clarificar el contexto y el contenido de sus demandas, ya que ello es esencial en la búsqueda de un entendimiento sobre cómo y para qué hay que intervenir. Este proceso permite además adaptar las motivaciones y los intereses del demandante a las competencias, mandatos y finalidades del sistema profesional al que se pide ayuda.

2.- El trabajo de grupos con familias.

A través del trabajo terapéutico con familias de refugiados políticos se ha logrado demostrar que es posible y necesario ofrecer a un grupo de familias que han vivido experiencias traumáticas similares, la posibilidad de encontrarse, para ayudarse mutuamente, compartir experiencias, intercambiar los recursos disponibles, así como las soluciones encontradas a los problemas comunes, creando una red social para superar problemas y sufrimientos.

Lo anterior, sirve para entender la elección en muchas ocasiones de sesiones familiares colectivas en el tratamiento de víctimas de abuso sexual extrafamiliar. A menudo estos encuentros comienzan con una reunión preliminar con todos los padres, y ello es así con una doble finalidad: la primera restituirles completamente su rol de padres y la segunda, brindarles un espacio para que analicen con el equipo de profesionales los riesgos y las ventajas del método, así como para que resuelvan sus conflictos y diferencias alejados de la presencia de sus hijos. Sumado a lo anterior, estas reuniones permiten la elaboración de un plan de trabajo participativo con los padres.

En este tipo de reuniones, es importante intervenir mostrando empatía por los sentimientos que expresan los progenitores, ofreciendo también marcos de referencia para entender lo sucedido. Se pude utilizar la metáfora del vampiro para ayudar a los padres a aceptar que su situación es la consecuencia de haber sido manipulados por un individuo que, tras una máscara de gentileza y generosidad, camuflaba sus actos perversos.

En las primeras entrevistas con los padres, los terapeutas exploran y reciben, desde una postura positiva, las respuestas constructivas que éstos utilizaron para ayudar a sus hijos, con el fin de restituirles también la totalidad de sus competencias, usurpadas parcialmente por el abusador.

Estos primeros encuentros con los padres, pueden ser seguidos por una sesión colectiva en la que participan los niños implicados (en relación con los otros miembros de la familia extensa, se suele dejar la elección a los padres de si participan o no en el programa).

En las sesiones con presencia de los niños se puede comenzar por explorar sus vivencias en relación con la idea de la terapia, con el fin de prevenir toda interpretación errónea sobre la finalidad de la intervención.

La idea de éstas reuniones conjuntas, es facilitar los diálogos entre padres e hijos, ya que ello permite poco a poco que las víctimas recuperen la confianza en sus padres y reforzando al mismo tiempo las intervenciones de los terapeutas en cuanto a la recuperación de roles y competencias parentales usurpadas por el abusador.

En lo que respecta a los sentimientos de culpabilidad expresados por la víctima y sus padres, y que generalmente salen a relucir en éste tipo de reuniones, la intervención debe consistir en prescribir la vergüenza y la culpa con el objetivo de ayudar a los padres e hijos a controlarlas primero y a superarlas más tarde.

Otro aspecto importante que hay que trabajar en las sesiones es la inquietud que tienen las víctimas de que sus amigos se enteren de lo acontecido, debiendo para ello los profesionales, reforzar en el niño la idea de que ha sido víctima de un abuso de poder de un adulto y que debe tratar de relacionarse con sus amigos y camaradas de clase a partir de esta idea. Al mismo tiempo, hay que explicar ( en el caso que se produzca la situación con los compañeros) que las preguntas que otros niños suelen hacer al respecto, expresan sin duda su sorpresa de saber que un hombre, que exteriormente parecía bueno y gentil, era en realidad un enfermo capaz de hacer daño a los niños. Es importante explicar que las razones de estas preguntas de sus compañeros, pueden ser el miedo y la necesidad de conocer la verdad para tranquilizarse.



3.- Las reuniones con los niños.

Un tercer momento importante en la intervención corresponde a las sesiones donde sólo están presentes los niños. Estas reuniones son extremadamente útiles, debido a que facilitan las dinámicas y permiten la exteriorización de las experiencias traumáticas ( White, 1994). Con el trabajo de externalización se persigue ampliar el campo de comprensión del niño, para alejarle de las lecturas restrictivas que mantiene la versión impuesta por el abusador, eliminando así la idea de que el niño es causa de los abusos y de los problemas que el abusador tiene con la justicia.

En general, en éstas sesiones se comparte con los niños víctimas la idea de que la mayoría de los pedófilos son incapaces de reconocer sus responsabilidades por lo que hacen y por el daño que provocan. Que no sólo son abusadores sexuales, sino también mentirosos y cobardes.

En lo relativo al secreto, es importante hacer comprender a los niños que fue un error guardar silencio y que si lo hicieron fue sin duda por falta de experiencia, pero que lo acontecido debe servirles de lección. Nunca hay que guardar un secreto impuesto por un adulto, pues este tipo de secretos siempre sirven al adulto para continuar abusando en la impunidad, ocasionando aún más daño a los niños.

Ayudar a los niños víctimas a encontrar un sentido a la agresión constituye un pilar importante en éste enfoque terapéutico. Esto no implica evidentemente justificar el comportamiento del agresor, sino darle un sentido que libere a la víctima de su influencia.

4.- La evaluación de la intervención.

La última parte de ésta intervención, consiste en su evaluación. Muchas de las familias que han participado en este tipo de programa lo han evaluado de manera muy positiva. Muchas familias han manifestado que ésta metodología les ayudó a cambiar la manera de ver y vivir este tipo de drama y que el grupo les había ayudado a no sentirse solos.

III.- El abuso sexual intrafamiliar.

En esta situación el abusador es uno de los miembros de la familia del niño, que lo manipula utilizando su poder y su rol, pervirtiendo de esta manera las relaciones familiares.

Desde el lugar de observadores, se puede llamar a éstas familias familias sexualmente abusivas o incestuosas. La observación de las interacciones comportamentales y el análisis de las historias familiares, permiten constatar que en estos casos las finalidades de la familia fueron pervertidas poniendo a los niños al servicio de los adultos. Esto se expresa por comportamientos y propósitos abusivos de carácter sexual de uno o varios miembros adultos de la familia sobre uno o varios de los niños. Se ve aquí un fenómeno de cosificación sexual del niño que es utilizado por los adultos, ya sea para cubrir sus carencias o para elaborar los traumatismos sufridos en su propia familia ( por ejemplo experiencias de abandono, maltrato físico, etc.) o para solucionar o disminuir las consecuencias de conflictos relacionales con otros adultos de la familia nuclear y/o extensa ( por ejemplo, conflictos de pareja, conflictos con la suegra, etc.).

En esta dinámica, los niños serán no solamente explotados sexualmente, sino que no se beneficiarán de aportes socioculturales y materiales suficientes que garanticen su desarrollo y su bienestar ( Barudy, 1989).

La transgresión se produce en el interior de la matriz biológica y social de base que debería permitir al niño convertirse en una persona sana a nivel psicosocial. Los niños no sólo sufren abusos de alguien de quien dependen vitalmente, sino, y esto es más grave aún, es más difícil que en los otros tipos de maltrato que puedan recibir entiendan éstos como una violencia o un abuso de poder por parte del adulto. Por esto se encuentran en la imposibilidad de denunciar o desvelar los hechos fuera de la familia.

Dinámica familiar del abuso sexual incestuoso.

1.- Estructura de poder: dominación- sumisión.

Ciertas familias incestuosas pertenecen a la categoría de familias multiproblemáticas, sin embargo, la mayo parte de estas familias han sido descritas como disfuncionales pues no es posible establecer una tipología bien definida. Existen por supuesto ciertos rasgos comunes como por ejemplo un desequilibrio en la estructura de poder de la pareja.

El abuso sexual se observa con frecuencia en estructuras familiares rígidas, patriarcales. En muchos casos, el padre ocupa una posición dominante, despótica, ejercida mediante la fuerza y la coerción. Algunos padres utilizan la violencia para reforzar su poder y su control sobre la familia ( Weinberg, 1955), pero, en general, el adulto utiliza más bien la presión psicológica, social, o económica para alcanzar sus propósitos ( seducción, valorización del niño, regalos, recompensas diversas, chantajes, argumentos ideológicos....).

Otras veces se trata del modelo inverso, es decir, de una madre dominante y de un padre pasivo, quien no se siente seguro fuera de una relación incestuosa. El padre erotiza la relación con sus hijas, mezclando a la vez la ternura y la seducción. Se trata en esos casos de estructuras familiares donde predomina el aglutinamiento, con fronteras intergeneracionales demasiado laxas.



2.- Confusión de roles.

En las familias incestuosas no es nada raro observar una confusión (o una inversión) de roles, ya sea cuando la madre delega sus roles maritales y domésticos a sus hijas mayores o cuando el padre se muestra afectuosos, y asume la atención y los cuidados domésticos. La relación incestuosa puede convertirse en la única fuente de intimidad, de ternura y de afección para el niño.



3.- Relación con el entorno.

El aislamiento social de ciertas familias, incapaces de establecer relaciones sociales gratificantes con el entorno, ha sido descrito como un factor de riesgo del incesto endogámico ( Weinberg, 1955). Se trata de familias centradas sobre sí mismas, centrípetas centradas, que perciben el mundo exterior como hostil.

La promiscuidad y el aglutinamiento familiar favorecen la eclosión del incesto. La paradoja de esa situación es el contraste entre la rigidez de la familia/ entorno social y la delincuencia de las fronteras intergeneracionales. Summit y Kriso ( 1978) han descrito ciertas formas de incesto en los entornos rurales en los cuales las relaciones incestuosas entre hermanos y entre generaciones son socialmente toleradas.

La promiscuidad familiar se presta a la interpretación incorrecta de ciertas actitudes infantiles consideradas como maniobras de seducción por algunos adultos. Esta interpretación corresponde a una distorsión afectivo- cognitiva del adulto, por supuesto también presente en otros contextos socio- económicos. En realidad, se trata de actitudes asumidas por los (las) niños ( as) en pleno desarrollo, abocados a la búsqueda de consolidar su identidad sexual, que juegan a mostrarse adultos, sin que ello signifique la existencia de un deseo sexual real ( Szaniecki, 1995).






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