Eje 14: defensa, seguridad y derechos humanos


Soberanía y defensa de nuestros recursos: una reflexión acerca de nuestra experiencia en la construcción de proyectos con mirada latinoamericana y la relación con Estados Unidos



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Soberanía y defensa de nuestros recursos: una reflexión acerca de nuestra experiencia en la construcción de proyectos con mirada latinoamericana y la relación con Estados Unidos.


Prof. María Vanesa Gimeno Universidad Nacional del Sur

vanegimeno@yahoo.com



Resumen:

En los tiempos actuales de desorientación y cambios, ponernos a pensar acerca de la noción de soberanía, no es un tema agotado. Frente al inminente pago a los fondos buitres y el probable inicio de un nuevo ciclo de endeudamiento externo, reflexionar acerca de la defensa de la soberanía se torna imprescindible.

Sin embargo, no basta con pensar sólo la territorialidad como ámbito exclusivo del ejercicio del poder efectivo de un Estado, sino añadir fundamentalmente, lo vinculado a la protección de sus recursos energéticos y naturales, que, si bien, tempranamente recibieron un lugar importante en la agenda pública a lo largo de nuestra historia, hoy, frente a un marcado cambio de perspectiva tanto a nivel de política nacional como latinoamericana, nos insta a revisar y confrontar dichas visiones.

Ante la posibilidad de una renovada alineación de la política exterior de la Argentina y de gran parte de América del Sur con los Estados Unidos en estos días, se torna imprescindible recuperar las experiencias que buscaban asociar los destinos suramericanos en la defensa de su soberanía y recursos, que en nuestro caso, ya se evidencia en los gobiernos del Gral. Perón, los cuales se vieron interrumpidos y desarmados por los gobiernos dictatoriales y neoliberales que irrumpieron en todo el continente, durante los años 70 y hasta principios del siglo XXI.

Luego de este período nefasto, los países de Suramérica comienzan una etapa de recuperación democrática, rescatando también el deseo de hacer realidad el sueño de la Patria Grande, que se verá cristalizado en el proyecto de la Unasur como punta de lanza en la búsqueda de propósitos comunes.

Esta iniciativa que contó con un fuerte apoyo popular, será visto como peligroso por los grandes grupos empresariales y gubernamentales del país del norte.

En el presente trabajo me interesa recuperar la visión que los primeros gobiernos peronistas tuvieron respecto a la importancia de la defensa de nuestros recursos naturales y energéticos, como elementos vitales de la independencia económica y política de nuestro país y continente, como así también la importancia de la Unasur como continuación de esta política, y por otro lado, pensar, ya de manera más especulativa, los desafíos que se presentan a partir del giro hacia la derecha de los nuevos gobiernos en buena parte de nuestro continente.

Unirnos para liberarnos”

La relectura de los escritos de Juan Domingo Perón nos sorprende debido a la notoria similitud en las preocupaciones y desafíos que se presentaban tanto a nuestro país como al continente sudamericano. Ante esto interesa recuperar dos conceptos muy valiosos al pensamiento nacional y popular, definidos tempranamente por el General, a saber: la noción de Tercera Posición y de Defensa Nacional.

El mundo de posguerra, a partir de fines de la década del 40, provocó un ordenamiento que excedía la bipolaridad, y exigía una reconfiguración en el fuero interno de cada nación, fundamentalmente de los llamados países del Tercer Mundo, en sus intentos por lograr una emancipación de hecho y la concreción de un posicionamiento que reconociera su singularidad.

En este contexto se define la idea de Tercera Posición como una alternativa efectiva entre las potencias que se disputaban el mundo, y buscaban aglutinar al resto de las naciones en función de sus necesidades. En este sentido, Perón propugna para la Argentina la posibilidad de ejercer su soberanía según sus propios intereses. Por ello debe tomarse este concepto junto al de Defensa Nacional, pilar básico en el pensamiento peronista. Defensa entendida como un compromiso que excede a las Fuerzas Armadas e involucra a la población toda, “donde entran en juego todos sus habitantes, todas las energías, todas las riquezas, todas las industrias y producciones más diversas y medios de transporte y vías de comunicación, etc.” 13

Ambos conceptos no apuntan a desvincular, aislar a la Argentina del resto del orbe, sino que presenta una nueva mirada y posicionamiento frente al mundo bipolar, fundado en el reconocimiento de la propia soberanía, y en la búsqueda por construir una unidad que integre a los países sudamericanos, históricamente subsumidos a los designios del imperialismo tanto europeo como norteamericano.

“Nuestra respuesta contra la política de “dividir para reinar” debe ser la de construir la política de “unirnos para liberarnos”14.

No hay posibilidad de verdadera liberación si no hay un proyecto que integre los destinos latinoamericanos en su anhelo por constituir finalmente la Patria Grande. Este pensamiento estaba claro en Perón, porque intuía que la lucha no era sólo política sino también “lucha por los recursos y la preservación ecológica (…). Los pueblos del Tercer Mundo albergan las grandes reservas de materias primas, particularmente las agotables.”15

No hay posibilidad de una verdadera soberanía, si una Nación no puede disponer de sus propios recursos, por ello se torna inminente “vincular el carácter estratégico de los recursos naturales con la problemática de la Defensa Nacional comprendida desde una conceptualización más amplia, integral, que sea capaz de pensar la forma de organizar el control, manejo racional y preservación de los recursos naturales renovables y no renovables”. (Lahoud y Dominguez, 2007)

La concreción de los principios de Soberanía política, Independencia económica y Justicia social se actualiza y prosperan con el cumplimiento y consolidación de la Tercera Posición que tienda a defender los intereses de nuestra Nación, de manera integral y que busca la integración regional como una necesidad y desafío en el momento histórico que les toca atravesar. “Pienso que el año 2000 nos va a sorprender unidos o dominados. Esto es lo que ordena imprescriptiblemente, la necesidad de unión de Chile, Brasil y Argentina.”16

La unión latinoamericana, así como de todos los países llamados del Tercer Mundo, se transformará en la estrategia por donde transitarán los destinos de estas naciones en su lucha por la liberación y emancipación definitivas. En el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, presentado por Perón el 1 de mayo de 1974, se lee:

Las masas del Tercer Mundo se han puesto de pie y las naciones y pueblos hasta ahora postergados pasan a un primer plano. La hora de los localismos cede el lugar a la necesidad de continentalizarnos y de marchar hacia la unidad planetaria (pag 6).

Y más adelante, agrega: “La integración política brindará el margen de seguridad necesario para el cumplimiento de las metas sociales, económicas, científico.-tecnológicas y del medio ambiente, al servicio de la sociedad mundial” (pag 8).

Cada intento en vías al logro de la unidad regional, será visto con preocupación y desconfianza fundamentalmente por el gobierno norteamericano, que pugnará por boicotear y menoscabar estos proyectos. El acuerdo ABC y su fracaso son prueba de ello.17

La llegada de los años 70 con la ejecución de golpes de Estado, políticas de terror, persecución y dictaduras, se complementarán con la aplicación sistemática de medidas neoliberales en todo el continente latinoamericano, tendientes a erradicar al Estado como mediador y garante para la sociedad civil y la satisfacción de sus necesidades y proyectos, como de toda experiencia nacional, popular e inclusiva.

A la desaparición forzada de personas, la violación sistemática de los derechos humanos, se suman políticas de apertura económica, junto a un proceso de desindustrialización, desmantelamiento del Estado de Bienestar y endeudamiento externo sin precedentes, primarización de la economía y expoliación de los recursos naturales en función de la exportación. La crisis económica se profundiza luego de la guerra de Malvinas, que termina de cerrar el círculo de desprestigio de nuestras Fuerzas Armadas en connivencia con grandes grupos económicos y empresariales nacionales y extranjeros.

El proceso de democratización se inicia con una profunda expectativa respecto a la recuperación del estado de derecho y la reconstrucción de una sociedad diezmada.

El gobierno de Raúl Alfonsín procuró devolver la paz en esos tiempos aún inseguros y fue su logro llevar ante los Tribunales de Justicia a las Fuerzas Armadas, convirtiéndose en un hito histórico no sólo para nuestro país sino para el continente sudamericano y el mundo.

Las inconsistencias en materia económica, la crisis de la deuda externa, estallidos sociales y un escenario internacional comandado por un fuerte neoconservadurismo, llevaron a la renuncia del gobierno radical y la elección de un candidato peronista con un fuerte discurso social y transformador, pero que inmediatamente no dudó en alinearse con los designios del país del Norte y someterse a las ‘sugerencias’ del llamado Plan Brady, que llevó a la Argentina, no sólo a la profundización de su dependencia económica, sino a la pérdida de credibilidad de la política como medio para el logro del bienestar general y el cumplimiento de los ya degradados Principios Peronistas. Es el tiempo de las relaciones carnales con los Estados Unidos. Según De Dicco (2013), entre los años 1990 y 2002 la explotación energética obtiene un importante superávit, pero este indicador no registra que este triunfo está en relación con la exportación de productos energéticos, a costa del mercado interno que se queda sin nutrientes para su funcionamiento y calidad de vida.

Luego del derrumbe total y la crisis socio-política que culmina con la renuncia del Presidente De la Rua, queda en suspenso la vida institucional y emotiva de la Nación. Hay que volver a construir las esperanzas de la sociedad y el sistema representativo. Y queda claro que el Estado no puede estar ausente en la nueva diagramación del destino del país.

El gobierno de Néstor Kirchner en mayo de 2003 logra captar la atención a través de una serie de signos que permiten vislumbrar un cambio de perspectiva, al que se irán sumando los países de la región, en esta nueva etapa que vuelve a recuperar la mirada para adentro del continente. El contexto nos favorece y hay decisión política para aprovecharlo. Como sostiene Arturo Trinelli (2013), hay una sintonía desde el año 2003 entre la Argentina y los países de la región: según la Cepal el stock de deuda a nivel regional descendió, aumentando el nivel de reservas; a su vez, se recomponen las exportaciones y hay intentos notorios de un proceso de industrialización sostenidos. La apuesta por la consolidación de la unidad sudamericana se tornará visible mediante la continuidad del Mercosur y paralelamente, con la crisis económica norteamericana de los años 2008-2009, como intento de contener sus efectos, propugnar por otra instancia de integración, que tenga en cuenta la resignificación de la defensa nacional y regional, la protección del medio ambiente y de los recursos energéticos como factores para construir una nueva matriz en las relaciones de poder. (Bernal, 2009).

Este será el impulso para la constitución de la Unasur, cuando el 23 de mayo de 2008 los presidentes de 10 países sudamericanos (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) más Guyana y Suriname, firman el Acta Constitutiva de la Unión Sudamericana de Naciones, en Brasilia, a instancias del Presidente Lula Da Silva.

El objetivo clave será la integración energética para el aprovechamiento integral, sostenible y solidario de los recursos de la región. También la protección del medio ambiente y la biodiversidad así como la defensa del territorio serán temas prioritarios de la unión.

Ante las transformaciones a nivel global, luego del fin del mundo bipolar, se puede hablar de la emergencia de un escenario multipolar, teniendo en cuenta que Europa, a pesar de sus crisis recurrentes, sigue disputando espacios de poder con los Estados Unidos; sin embargo, no pueden quedar al margen el espectacular ascenso de los países asiáticos, tanto China como India, que suponen un traslado del eje de Occidente a Oriente (Tokatlian, 2009). La disputa no será sólo en cuanto a la obtención de mercados consumidores, sino fundamentalmente, en la procuración de fuentes sustentables de materias primas y recursos energéticos estratégicos para el mediano y largo plazo.

Por ello, tanto para la Argentina como para la región, se hace cada vez más evidente y acuciante disponer de políticas claras y precisas que sostengan como prioridad la defensa y la utilización responsable de nuestros recursos.

Volver a insistir en el derecho soberano de cada Estado de disponer de sus recursos de acuerdo a un proyecto político basado en los valores de la independencia y libertad. Y ver la integración regional como una vocación natural en el camino hacia la construcción de la Patria Grande, como ya lo habían sostenido nuestros próceres del siglo XIX, pero también Perón, como citamos anteriormente.

La globalización es un dato más que evidente, pero apunta más a la homogeneización cultural y dominio político de los países centrales, más que a una verdadera universalización como sostenía el General Perón en mayo de 1974.

La Unasur tiene claro que el desafío no es sólo la protección de sus recursos sino la construcción de una verdadera identidad latinoamericana, que permita posicionar a la región de manera indiscutida en el marco internacional, pudiendo elegir las alianzas y relacionarse con países que considere más oportuno para su seguridad y necesidades estratégicas. Por ello son importantes los intercambios que en los últimos años se han establecido con Rusia y China entre otros.

La concreción de una verdadera identidad e integración también implica recrear los instrumentos de intervención estatal en el orden de la economía, el comercio y las finanzas, (Lahoud, 2008), que apunten al ejercicio genuino de la soberanía con amplia representación y apoyo de la sociedad civil. Por ello es también prioridad de la Unasur, participar en investigaciones académicas y científicas para abordar con más precisión en temas vinculados con la pobreza, la salud, migraciones, terrorismo, desarrollo tecnológico, entre otras.

Como antecedente, en el año 2007 se crea un Consejo Energético Suramericano de Unasur que tiene como objetivo la cooperación y complementación en materia energética de la región.

El 10 de agosto de 2009 se crea en Quito el Centro de Estudios Estratégicos de Defensa, cuyos objetivos son: construir una visión común en materia de defensa, cooperar regionalmente y actuar en situaciones de desastres naturales.

Es un largo camino el que se recorre en la búsqueda de un proyecto común, que permita la realización de cada nación reconociendo lo propio y particular, con lo regional /sudamericano, articulando experiencias y auxiliando en situaciones críticas. El desafío es pensar una nueva política de defensa, que apele a la no provocación, centrando la defensa de los recursos naturales como un fin prioritario para el bien común, ante las crecientes hipótesis de futuros conflictos por la obtención y manejo de estos recursos vitales, tanto para la vida como para el sostenimiento de las industrias y la tecnología.

En la Argentina el objetivo de lograr una independencia energética, que implique el consumo y la disponibilidad de sus recursos en función del proyecto político a desarrollar, se hace evidente en la creación del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, del cual depende la Secretaría de Energía de la Nación (2003). Para el año siguiente se lanza el Plan Energético Nacional. Esta línea de acción se mantendrá durante los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner a partir de 2007 hasta diciembre de 2015. Como puntos vitales a resaltar figuran la terminación de Atucha I y el inicio de Atucha II, la finalización de Yaciretá, la nacionalización de YPF, el descubrimiento de Vaca Muerta, entre otras, lo que supone la existencia de una política energética clara y precisa, promoviendo la integración territorial, el desarrollo de las economías regionales, el ensanchamiento del mercado interno, que generan consecuentemente mayores niveles de energía para abastecer este nuevo modelo.

La presencia del Estado como ejecutor, financiador e impulsor de esta política se torna imprescindible, acorde con la recuperación de la noción de un Estado garante del bien común de la sociedad, haciendo hincapié en los sectores de menos recursos que requieren ser incluidos. Energía a bajos costos, en condiciones sustentables, accesible a todas las regiones y sectores sociales. (Ferrer, 2015)

Unidos o dominados”

En diciembre de 2015 asume en la Argentina una nueva gestión, nueva por el partido/alianza ganador, y fundamentalmente por el viraje político/ideológico que sostiene. El gobierno de M. Macri propone cambios profundos en todas las áreas: en lo social, económico, laboral, salud, energético y sobre todo en la función social que tendrá el Estado en la planificación y desarrollo de políticas públicas.

Este cambio no es ajeno a la situación particular por la que atraviesa toda la región, con cuestionamientos de corrupción a los ex funcionarios kirchneristas, también en Brasil y el corrimiento de Dilma Rousseff, el saldo negativo del Referendum convocado por Evo Morales para su continuidad presidencial, la profundización de los conflictos sociales en Venezuela, la derecha ganando en Perú y sostenida en Colombia, a lo que hay que sumarle el estancamiento en algunos sectores económicos, la lucha contra la inflación que se ha convertido en el centro de discusión social y política, pero olvidando la política, y la fuerte ingerencia de los medios masivos de comunicación que modelan y construyen la opinión pública, acallando desde el propio gobierno todo intento de ideas diferentes o críticas a su gestión (de fuerte impacto en toda la región y profundamente en nuestro país).

Con el discurso de volver a ‘ser parte del mundo’, del cual nos habíamos “aislado” durante la década pasada, esto quiere decir, no reconocer como válidas las relaciones establecidas con los países de la región y del continente asiático, países africanos y Rusia, se impulsó un retorno a la alineación con los Estados Unidos y países europeos.

El cambio de política exterior se hizo evidente con la visita que el presidente B. Obama realizó a nuestro país, en marzo de 2016. Poco se conoce públicamente acerca de los acuerdos realizados entre ambos pares. Lo que trascendió, a partir de lo publicado por algunos medios de comunicación, se relaciona con temas vinculados con la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, asistencia en la Triple frontera, asilo a sirios que huyen, incremento en la cooperación en cuanto a comunicaciones, fuentes de energías no convencionales, desarrollo nuclear y apertura comercial irrestricta. (Portal de Noticias)

El diario La Nación del 25 de marzo de 2016, rescata el deseo de Obama de trabajar para mejorar las relaciones comerciales, especialmente en el sector energético, y Macri resalta la “comunión de ideas” con el presidente norteamericano. Esta ‘comunión’ se hará visible en la participación de Argentina como observadora en la Alianza del Pacífico.

Las medidas tomadas por Macri tienden a desconocer y quitar fuerzas al Mercosur y fundamentalmente a la Unasur, que no sólo responden a intereses comerciales, sino sobre todo a intereses relacionados con la defensa territorial, de recursos energéticos, cuidado del medio ambiente, circulación y migraciones, entre otros.

Este viraje a la derecha significó la pérdida de derechos sociales conquistados durante la etapa anterior, logrando el empoderamiento de vastos sectores de la sociedad que habían sido históricamente excluidos, como también la consolidación de una fuerte clase media, haciendo posible un aumento sin precedentes en el consumo y la posibilidad de acceso a un estilo de vida con movilidad ascendente como hacía tiempo no se conocían.

El discurso “conciliador” del macrismo y la connivencia de los medios masivos de comunicación lograron contener a la opinión pública, y de esta manera asistimos con mucho desconcierto, la justificación de las políticas de ajuste, despidos masivos, aumentos siderales de los servicios energéticos, por parte de los damnificados.

Hoy nos encontramos ante la presencia de una energía cara, escasa, socialmente excluyente, puesto que no todos pueden pagarla o acceder a ella, centralista, ya que se priorizan las provincias agrícolas-ganaderas, ajustando y recortando para el resto de la sociedad. (Bernal, 2015)

Con el argumento del derroche y el absurdo subsidio del Estado, convencen a la población de la necesidad de estas políticas restrictivas, debido a la “pesada herencia”, que no planificó y dilapidó.

Reflexiones finales

Ardua tarea se nos presenta a los cientistas sociales e historiadores cuando intentamos analizar críticamente nuestra realidad próxima para poder aportar, sugerir, establecer conexiones y hacer más asequible el presente, poder soñar una sociedad futura más justa, humanizadora y humanizada.

Frente a los embates continuos, cotidianos a la experiencia recorrida como región, desde una mirada latinoamericana, ante el desprestigio al que quieren someter a toda la trayectoria y los logros conseguidos a nivel nacional y sudamericano, lo que nos queda es la resistencia como instrumento fundamental que sostenga la memoria y la convicciones forjadas más allá de nuestras fronteras.

La actitud de Cambiemos de dar la espalda a todo lo realizado y conquistado durante los últimos 12 años generará no sólo pérdidas dolorosas para un gran porcentaje de la población del país, sino un retorno a experiencias políticas desarrolladas durante los años 90, por circunscribirlas sólo durante mandatos democráticos. Este proceso de transformación que implica profundos cambios en la vida de los habitantes, se confirma también en otros ámbitos que los afectarán en el mediano y largo plazo. Me refiero al inicio de una nueva fase de endeudamiento externo, el vaciamiento de las arcas del Estado, la posible privatización de los servicios, y la pérdida del control y planificación en la utilización y explotación de nuestros recursos energéticos.

Releyendo y recuperando el camino recorrido en la constitución de la Unasur, como del proceso político iniciado luego de la debacle del 2001 en nuestro país a la luz de los acontecimientos que tienen lugar luego de diciembre de 2015, el panorama se torna más difícil, desalentador e inquietante. Sin embargo, creo impostergable mantener alerta la capacidad de resistir, cuestionar y sostener las convicciones tendientes a construir la Patria Grande para todos y todas.

Bibliografía

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Bernal, Federico (2015) Energía para el desarrollo y la inclusión social. 2003-2015 La salud energética de una nación es la salud energética de su pueblo, Buenos Aires, Planeta.

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Koutoudjian, Adolfo (2008) La concepción geopolítica de Perón. Seminario “La Defensa Nacional en el pensamiento de Juan Domingo Perón”. 6, 15, 20 y 27 de Octubre de 2014.

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Tokatlian, Juan Gabriel (2009), Incertidumbres y encrucijadas para la política exterior de Argentina. Notas sobre el escenario internacional y la dinámica regional, Fundación Friedrich Evert, Buenos Aires.

Trinelli, A. (2013), ¿Por qué apostar a la región?, CLICeT. Disponible en: http://www.cienciayenergia.com/Contenido/pdf/010213_at_lat.pdf (consulta: 25 de julio de 2016).







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