Educación física para la construccióN



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Carlos Velázquez Callado: “Educación Física para la construcción de una cultura de paz”

EDUCACIÓN FÍSICA PARA LA CONSTRUCCIÓN

DE UNA CULTURA DE PAZ

Carlos Velázquez Callado



Introducción.

El 21 de septiembre de 2004, un estudiante de 14 años se suicidó en Hondarribia (España) tras el acoso constante y las agresiones físicas a las que era sometido por parte de ocho de sus compañeros de instituto. Este hecho motivó en los medios de comunicación un constante goteo de noticias con casos similares y la aparición de estudios que muestran que (Fernández-Río, 2005):




  • La práctica totalidad de los alumnos de algunos centros escolares manifiesta haber sido víctima de insultos por parte de sus compañeros.

  • En torno a un 6% del alumnado manifiesta sentirse acosado por sus compañeros.

  • Alrededor de un 20% de los alumnos de algunos centros escolares considera que sufre marginación o aislamiento.

  • Alrededor de un 30% del alumnado de algunos centros declara abiertamente haber propiciado la marginación y el aislamiento de alguno de sus compañeros.

  • En torno al 14% de los alumnos de algunos centros manifiesta haber agredido a sus compañeros.

El 29 de septiembre de 2004, en la localidad de Carmen de Patagones, en la provincia argentina de Buenos Aires, un estudiante de 15 años mató a tres de sus compañeros de clase e hirió a otros cinco con una pistola tras una discusión. Apenas unos meses más tarde, el 22 de marzo de 2005, en la reserva india de Ojibwe, en el estado estadounidense de Minnesota, otro estudiante de Secundaria mató a balazos a sus abuelos, dirigiéndose a continuación a su instituto donde mató a un guardia de seguridad, una profesora y cinco de sus compañeros para terminar suicidándose. El estudiante, de 17 años, había participado en un foro neonazi expresando su admiración por Hitler. En el momento de escribir estas líneas es 4 de agosto de 2005 y en la página digital de noticias de una cadena de televisión española acabo de leer que ayer, en Lae (Papúa Nueva Guinea), otro estudiante, supuestamente bajo los efectos de las drogas, mató a puñaladas a dos profesores e hirió a otra profesora en presencia de varios alumnos del Colegio Internacional Coronation.


Estos hechos y otros muchos similares, desvelan sólo la punta del iceberg. La sociedad neoliberal, hoy en día cada vez más extendida por el fenómeno de la globalización, promueve una serie de valores que implican la respuesta violenta (contra uno mismo o contra los demás) ante la violencia que uno sufre. Frente a esa cultura de la violencia, vigente en la sociedad actual pero también en la escuela, ya en marzo de 1999 algo más de una docena de premios Nobel se reunieron en la sede de la UNESCO, en París, para defender la transformación progresiva, tanto a nivel individual como social, de esa cultura de la violencia y de la guerra en una cultura de la paz. Este llamamiento se concretó en el llamado “Manifiesto 2000” cuya aceptación implica el compromiso personal y sincero a:


  • Respetar la vida y la dignidad de cada persona, sin discriminación ni prejuicios.

  • Practicar la no violencia activa, rechazando la violencia en todas sus formas: física, sexual, psicológica, económica y social, en particular hacia los más débiles y vulnerables, como los niños y los adolescentes.

  • Compartir el tiempo y los recursos materiales, cultivando la generosidad a fin de terminar con la exclusión, la injusticia y la opresión política y económica.

  • Defender la libertad de expresión y la diversidad cultural, privilegiando siempre la escucha y el diálogo, sin ceder al fanatismo, ni a la maledicencia y el rechazo del prójimo.

  • Promover un consumo responsable y un modo de desarrollo que tenga en cuenta la importancia de todas las formas de vida y el equilibrio de los recursos naturales del planeta.

  • Contribuir al desarrollo de la propia comunidad, propiciando la plena participación de las mujeres y el respeto de los principios democráticos, con el fin de crear juntos nuevas formas de solidaridad.

Quien esto escribe se adhirió en su día a ese manifiesto y procura hacer de esos principios su filosofía de vida tanto a nivel personal como profesional por lo que esta comunicación intentará mostrar cómo promover el desarrollo de una cultura de paz desde la escuela en general y desde la Educación Física en particular.




Cultura de paz, educación para la paz y Educación Física para la paz.

La cultura de paz puede entenderse como una nueva forma de concebir el mundo en que vivimos que, tomando como base la Declaración Universal de los Derechos Humanos, se caracteriza por el respeto a la vida y a la dignidad de cada persona, el rechazo a la violencia en todas sus formas, la defensa de un conjunto de valores como la libertad, el respeto o el diálogo y el rechazo activo de otros como la injusticia, la intolerancia o el racismo; la apuesta por la diversidad cultural y el interculturalismo como medio de enriquecimiento común, el deseo de un desarrollo que tenga en cuenta la importancia de todas las formas de vida y el equilibrio de los recursos naturales del planeta y, en definitiva, la búsqueda colectiva de un modo de vivir y de relacionarse que contribuya a construir un mundo más justo y solidario en beneficio de toda la humanidad (Velázquez, 2001a). Ahora bien, ¿cómo promover una cultura de paz desde el ámbito educativo?


La educación podría ser definida como el conjunto de procesos más o menos intencionados y sistemáticos, a través de los cuales se transmite, se reproduce o se recrea la cultura de la sociedad a la que se pertenece. La educación es, en definitiva, un proceso de socialización que, a diferencia de la escolarización, dura toda la vida y en él intervienen numerosos agentes. De esta definición podemos deducir que el proceso educativo contribuye a interiorizar en las personas una serie de valores inmersos en la sociedad en la que vivimos. Algunos de estos valores, como el individualismo o el etnocentrismo por poner dos pequeños ejemplos, entran en contradicción con el modelo de cultura de paz. Sin embargo, la propia definición de educación plantea una alternativa al hablar de la posibilidad de recrear la cultura de la sociedad, de reinventar los patrones básicos, de hacerla evolucionar en una dirección u otra. En este sentido planteamos como alternativa para hacer evolucionar la sociedad hacia una cultura de paz lo que se ha venido a llamar educación para la paz.
Podemos definir la educación para la paz como el proceso, continuo y permanente, de concienciación de la persona y de la sociedad, que busca alcanzar una triple armonía del ser humano consigo mismo, con los demás y con el medio ambiente en el que se desenvuelve (Jares, 1991; Rodríguez, 1995). Se parte, por tanto, del análisis de la realidad entendida ésta como el conjunto de las relaciones que el ser humano puede establecer consigo mismo, con los demás y con las instituciones por él creadas, y con la naturaleza en la que transcurre la vida, trabajando desde una perspectiva integradora del conjunto de estas relaciones orientada a favorecer procesos de desarrollo igualitario que hagan compatible el desarrollo personal, con el desarrollo social y con el respeto al medio ambiente.
La educación para la paz está basada en un conjunto de principios que guían su acción y que, sintetizando las ideas de diferentes autores, podemos resumir en cuatro:


  • Educar para la paz es un proceso continuo y permanente. En consecuencia, exige una atención constante por parte de la comunidad escolar en general y del profesorado en particular, que debe reflejarse tanto en el proyecto educativo del centro como en los proyectos curriculares de las distintas áreas y en las programaciones de aula. Desde esta perspectiva queda perfectamente claro que educar para la paz no consiste en celebrar actividades puntuales el Día Escolar de la Paz o en organizar campañas de recogida de ropa para enviar al Tercer Mundo un día concreto. Si este tipo de propuestas no van vinculadas al día a día de la realidad escolar sirven de muy poco.

  • Educar para la paz es una forma particular de educar en valores. La educación no es un proceso neutro. Aun sin pretenderlo, el maestro transmite, por su forma de ser, de actuar y de enseñar, un determinado código de valores. Educar para la paz supone educar en una serie de valores como la cooperación, el respeto, la tolerancia, etc., al tiempo que se cuestionan otros antitéticos a la cultura de la paz como el etnocentrismo, la indiferencia, el racismo o la intolerancia. Ahora bien, la educación para la paz va más allá, “no sólo pretende hacer conscientes a las personas de sus valores, sino que al mismo tiempo se presentan críticamente determinados valores tradicionales como el conformismo, el individualismo, la intolerancia, el etnocentrismo, el androcentrismo, etc., al mismo tiempo que se presentan otro tipo de valores alternativos omnicomprensivos, públicos y acordes con el valor paz: justicia, igualdad, reciprocidad, solidaridad, etc.” (Jares, 1991, p. 124). Para evitar caer en el adoctrinamiento sugiere una serie de instrumentos correctores derivados del propio proceso educativo que plantea y que abarcan desde la metodología empleada hasta la propia organización escolar, fomentando una escuela participativa en la que es posible la disidencia razonada, la regulación creativa de los conflictos con el tratamiento periódico de los acuerdos adoptados, la participación de todos los estamentos escolares en la elección consensuada de los valores que se reflejen en el proyecto educativo de centro, etc.

  • Educar para la paz es una educación desde y para la acción. Los países nórdicos y anglosajones, pioneros en desarrollar y evaluar programas específicos de educación para la paz, descubrieron que gran parte de su alumnado tenía conocimientos suficientes para describir la situación y las duras condiciones en que vive la población, por ejemplo, en determinados países de África; estos alumnos también eran capaces de aportar una gran cantidad de datos y de información sobre temáticas concretas como la distribución del hambre en el mundo, la renta per cápita de los países desarrollados y subdesarrollados, etc., e incluso establecían comparaciones. Sin embargo, lo que verdaderamente llamó la atención es que ese mismo alumnado, pleno de conocimientos, carecía de una concepción solidaria, del mundo. Dicho de otro modo, los conocimientos adquiridos no habían supuesto ningún cambio de actitud. Educar para la paz supone formar personas capaces de tener actitudes críticas ante las situaciones de desigualdad e injusticia en la sociedad pero, sobre todo, capaces de actuar en consecuencia para combatirlas sin hacer uso de la violencia. Es, en definitiva, una educación para la acción. Ahora bien, si como veremos un poco más adelante, educar para la paz es un proceso donde los medios deben ir acordes con el fin al que tendemos, el profesorado debe reflexionar sobre su comportamiento, sus actitudes y también sobre los compromisos que adquiere al decantarse por este tipo de educación, evitando que haya diferencias entro lo que predica y lo que hace. La educación para la paz se convierte así también en una educación desde la acción.

  • Educar para la paz supone el empleo de medios acordes con los fines a los que se tiende. Si, como ya hemos dicho, la paz no es sólo el fin al que aspiramos, sino todo el proceso tendente hacia esa meta se deduce que, por pura coherencia, no podemos valernos de cualquier medio para justificar ese fin. En este sentido, si pretendemos una educación en valores tales como la tolerancia, la justicia, la solidaridad, etc., la escuela debe ser un reflejo de esos valores. Es necesario, por tanto, fomentar desde la escuela instrumentos de participación para que todos los sectores de la comunidad escolar queden representados en un reparto equitativo de derechos y deberes. Es imprescindible reproducir modelos democráticos de organización en las aulas y promover la participación del alumnado en dichos modelos y la toma de decisiones adecuadas a su capacidad. En resumen, es necesario crear situaciones que reproduzcan en la escuela el modelo de sociedad al que aspiramos desde una cultura de paz.

En definitiva, la educación para la paz sería la respuesta desde el ámbito educativo a las concepciones filosóficas de una cultura de paz. De la interrelación entre los principios de la educación para la paz y las características específicas del área de Educación Física nace una nueva concepción de la Educación Física que hemos denominado Educación Física para la paz. (Velázquez, 1996, 2001b).


En otras palabras, la Educación Física para la paz sería la concepción de la Educación Física que busca promover una cultura de paz desde la organización y el desarrollo de prácticas motrices. Partimos de la base de que sin unos principios éticos que guíen su práctica docente, el educador físico no se diferenciaría lo más mínimo de un entrenador del cuerpo que busca únicamente el rendimiento motor. El siguiente paso se da en la búsqueda de una coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos, algo desgraciadamente poco común. Por ejemplo, es bastante habitual que profesionales de la enseñanza aleguen que promueven desde sus clases valores como la cooperación cuando la práctica totalidad de las actividades que realizan sus alumnos son de tipo competitivo. En este sentido, desde una concepción de Educación Física para la paz habría que plantearse interrogantes como los siguientes:


  • ¿Reflexionamos críticamente sobre los propósitos de la enseñanza o simplemente nos dedicamos a reproducir lo que otras personas (legisladores, personas de supuesto reconocido prestigio...) nos dicen que tenemos que hacer?

  • ¿Promovemos realmente desde nuestras prácticas valores como la solidaridad, la justicia, la democracia, la libertad, la responsabilidad...., que, por otra parte, se reflejan como principios constituyentes de la mayoría de los países del mundo?

  • ¿Combatimos desde nuestras clases el racismo, el sexismo, los estereotipos..., con todo lo que ello conlleva?

  • ¿Examinamos los métodos de enseñanza que utilizamos y lo que transmitimos a través de ellos?

  • ¿Favorecemos en nuestro alumnado la expresión libre y razonada de sus ideas y tenemos en cuenta sus propuestas aún cuando no coincida con lo que nosotros pensamos?

  • ¿Tenemos en cuenta a todos y cada uno de nuestros alumnos y les tratamos con cariño y respeto, con independencia de sus características, partiendo del principio de la dignidad universal?

  • ¿Nos comprometemos en la lucha, dentro y fuera de la escuela, de un mundo más justo a pesar de las dificultades buscando un punto de equilibrio entre la pasión idealista y el pragmatismo?

Buscando la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Algunas propuestas para la práctica.


En la búsqueda de respuestas a los interrogantes anteriores y buscando la coherencia entre nuestras ideas y nuestro modo de actuar en el día a día con nuestro alumnado mostramos a continuación, simplemente a modo de ejemplo, tres propuestas prácticas de nuestro programa de Educación Física para la paz.
Educando para la democracia: consenso de normas.
Convivir en democracia implica libertad pero también responsabilidad en las decisiones que tomamos o en los actos que realizamos. Curiosamente en la mayoría de las escuelas, ya sean de países democráticos o no, el sistema de organización con respecto al alumnado es un sistema vertical, de arriba a abajo. Los profesores son los que imponen las normas de clase y los alumnos los que las obedecen. Ante cualquier incumplimiento de las reglas, son los profesores los que imponen los castigos y los alumnos los que tienen que cumplirlos aún cuando, a veces, estos castigos no sean vistos como justos por el alumnado.
Por el contrario, nuestro programa de Educación Física para la paz parte de un pacto entre el alumnado y el profesor. Pacto que se concreta, tras una negociación, en las normas de clase, los contenidos del programa y el sistema de calificación. Una vez alcanzado el pacto se firma un contrato entre el profesor y cada alumno por el cual cada una de las partes se compromete a cumplir lo que allí se refleja.
Generalmente las normas en la que todos estamos de acuerdo son: respetar a los compañeros y tratar de ayudarlos, respetar al profesor, respetar el material, respetar las reglas de los juegos y realizar los desplazamientos de clase al patio en silencio.
El acuerdo sobre los contenidos del programa suele requerir poco tiempo, nosotros explicamos al alumnado, de forma muy general, cuáles son los contenidos obligatorios por ley y nuestra propuesta para desarrollarlos a lo largo del año. A continuación, los estudiantes, en función de sus experiencias anteriores, manifiestan sus preferencias por actividades concretas, lo que en grupos en los que trabajamos por primera vez nos sirve de evaluación inicial para conocer qué es lo que han hecho en años anteriores, qué es lo que les gusta y lo que no, etc. Finalmente, entre todos, tratamos de integrar en el programa las propuestas del alumnado.
El sistema de calificación que proponemos también es compartido: la nota de un alumno es fruto de un pacto entre el profesor y ese alumno concreto en función de unos criterios que son conocidos por ambos. Generalmente hay acuerdo entre lo que el alumno cree que se merece y lo que cree el profesor pero, en caso de no alcanzar dicho acuerdo, es el grupo el que decide. La calificación deja de ser un instrumento de poder (“o haces lo que yo te digo o te suspendo”) para convertirse en un instrumento de revisión del grado de cumplimiento de los acuerdos alcanzados y de autoreflexión sobre el trabajo personal que el alumno ha realizado durante el trimestre.
Educando para la convivencia: el rincón de la paz.
Entre la mayoría de los profesores, se parte de la idea de que el conflicto es algo negativo que hay que evitar o reprimir; sin embargo, nosotros pensamos que el conflicto, por sí mismo, no es negativo. Lo negativo es recurrir a la violencia para imponer nuestro propio criterio. Una regulación no violenta del conflicto requiere exponer nuestra visión del problema, escuchar la visión de la otra persona y alcanzar un acuerdo que satisfaga a ambos. En este sentido, desde nuestras clases intentamos favorecer que el alumnado regule, en lo posible, sus propios conflictos interviniendo sólo si la situación implica agresiones físicas o una situación de riesgo para alguna de las personas.
A lo largo de las clases de Educación Física suelen producirse algunos conflictos, normalmente de poca importancia. Un estudio de los más habituales en nuestras clases revela que la mayor parte de las veces lo que uno ha percibido como problemático el otro ni siquiera lo ha percibido; por ejemplo, durante los juegos pueden producirse empujones o choques involuntarios. La persona que los recibe tiende a recurrir al profesor, sobre todo en los cursos inferiores, con frases como “profe, Miguel me ha empujado” o similares. El primer paso es preguntarle “¿se lo has dicho a él?”, la mayor parte de las veces la respuesta es “no”. En definitiva, el proceso para favorecer el que el alumnado resuelva sus propios conflictos parte de convencerle de que es normal que se produzcan, sobre todo en las clases de Educación Física, y es bueno que sepamos enfrentarnos a ellos y regularlos correctamente. Para ello, el primer paso es comentar lo que nos ha parecido mal con la persona implicada. Ésta puede pedirnos perdón o explicarnos su punto de vista. A partir de ahí trataremos de resolverlo nosotros solos. En este sentido, cuando dos personas no se ponen de acuerdo abandonan la clase hasta un espacio reservado para este fin, el rincón de la paz. Allí exponen sus puntos de vista hasta que alcanzan un acuerdo. Entonces, se reintegran a la actividad que estemos realizando. Para indicar que han alcanzado un acuerdo, ambos se dan un fuerte abrazo, el abrazo del oso.
Al principio de curso es normal, por sus experiencias previas, que el alumnado siga insistiendo al profesor para que le resuelva sus problemas y que no recurra al rincón de la paz. Un refuerzo positivo de aquellas personas que sí lo hacen anima al resto del grupo a entrar en la dinámica y al cabo de unos meses es rarísimo que un alumno o alumna recurra al profesor para algo que ya es capaz de hacer por sí solo.

Educando para la igualdad: el aprendizaje cooperativo.
Es bastante habitual observar en las clases de Educación Física una incoherencia entre fines y medios. Son bastantes los profesores que alegan promover la cooperación, el diálogo, el respeto..., entre su alumnado pero en sus clases siguen primando las propuestas de tipo directivo y estructuras de tipo competitivo o individualista. En este sentido nosotros intentamos promover en nuestras clases estilos de enseñanza participativos y socializadores por lo que el aprendizaje cooperativo como metodología de base es una de nuestras opciones.
El aprendizaje cooperativo es una metodología educativa que se basa en el trabajo en pequeños grupos, generalmente heterogéneos, donde los alumnos trabajan juntos para mejorar su propio aprendizaje pero también, y muy especialmente, el de sus compañeros. Ahora bien, es necesario destacar que para que se produzca una situación de aprendizaje cooperativo no basta con agrupar al alumnado en varios equipos de trabajo, asignarles una tarea concreta e indicarles que se ayuden mutuamente; de hecho, son varios los efectos negativos que pueden derivarse de esta situación. En este sentido, los hermanos Johnson estudiaron las diferentes conductas negativas que se generaban durante la práctica de actividades grupales, relacionándolas con la presencia o ausencia de una serie de elementos, y llegaron a la conclusión de que para evitar situaciones negativas en el trabajo grupal era necesaria la presencia de una serie de condiciones mediadoras que, en definitiva, constituyen los componentes esenciales del aprendizaje cooperativo. Estos componentes son (Johnson y Johnson, 1999):


  • La interdependencia positiva, por la que cada individuo comprende que su trabajo beneficia a sus compañeros y viceversa, es decir, los alumnos piensan en términos de “nosotros” en lugar de en términos de “yo”.

  • La interacción promotora, por la que cada miembro del grupo tiende a animar a sus compañeros, a reforzar sus ideas y esfuerzos, para completar con éxito la tarea asignada.

  • La responsabilidad personal e individual, por la que cada alumno se esfuerza en beneficiar al grupo haciendo su trabajo lo mejor posible y evita escudarse en el trabajo de los demás.

  • Las habilidades interpersonales y de grupo, necesarias para rentabilizar el trabajo grupal: centrarse en la tarea, gestionar adecuadamente los conflictos, respetar los turnos de palabra, compartir el liderazgo, considerar todas las ideas, aceptar las decisiones, etc.

  • El procesamiento grupal o autoevaluación, por la que cada grupo es capaz de reflexionar sobre el proceso de trabajo realizado para determinar qué acciones resultaron beneficiosas y cuáles perjudiciales y, en consecuencia, tomar decisiones respecto a qué conductas deben mantenerse y cuáles deben ser modificadas.

Bajo estas premisas, esta metodología resulta mucho más eficaz que un modelo directivo, no sólo ya para alcanzar objetivos de tipo motor sino también para promover la socialización entre el alumnado en un marco de respeto mutuo en el cual todas las opiniones son tenidas en cuenta.

Y nuestro alumnado, ¿qué opina?

Uno de los instrumentos que consideramos útiles para recabar información del alumnado es el cuaderno de clase. El cuaderno de clase es, como su propio nombre indica, un simple cuaderno donde el alumno se expresa acerca de diversos aspectos relacionados con las clases de Educación Física. A veces esos comentarios son completamente libres y otras veces responden a propuestas que el profesor hace en clase y que pueden ir desde escribir una carta a un amigo contándole lo que se ha hecho en la sesión del día hasta que explique cómo se ha sentido ante una determinada situación.


El cuaderno de clase es un vehículo de comunicación personal entre profesor y alumno y un análisis de los comentarios de que el niño refleja en su cuaderno nos permite descubrir los logros derivados del desarrollo del programa de Educación Física para la paz.
Al finalizar los diferentes cursos académicos pedimos a nuestros alumnos y alumnas que manifiesten, en sus respectivos cuadernos de clase, su opinión sobre todo lo que han hecho a lo largo del curso, cómo se han sentido con el profesor y sus compañeros, lo que han aprendido, lo que les ha gustado, lo que no, etc.
Con el fin de que el lector pueda extraer sus propias conclusiones, hemos seleccionado algunos de los comentarios de los alumnos que han desfilado por nuestras clases en los últimos cinco años y los hemos reproducido textualmente, limitándonos únicamente a corregir las faltas de ortografía, salvo en el caso del comentario de una niña de educación especial, donde se han adaptado además tiempos verbales y unido oraciones aunque sin cambiar el sentido de lo escrito. En el caso de esta niña hay que destacar que en años anteriores, con otros profesores y programas tradicionales de Educación Física, se había negado sistemáticamente a participar en las clases de Educación Física por lo que había permanecido sentada durante las clases.
Reproducimos a continuación los comentarios de seis de nuestros alumnos, indicando su edad, tras un curso de participación en nuestro programa, el resto del tiempo habían seguido programas de Educación Física más tradicionales con otros profesores.
Este año la Educación Física ha sido diferente a la de otros años. Hemos hecho muchas cosas y no sólo correr y hacer deporte. En el primer trimestre hicimos juegos y nos iniciamos en los desafíos, en el segundo hicimos juegos y danzas del mundo y seguimos con los desafíos y en el tercer trimestre hemos hecho juegos de iniciación deportiva. Yo he aprendido que las cosas son más fáciles de conseguir si colaboramos los unos con los otros, que en un juego lo importante no es ganar sino divertirse, que es importante conocer las costumbres de otros lugares del mundo, etc. Y así acabo mi reflexión sobre las clases de Educación Física de este curso”.

Isabel, 11 años

Pues este curso he aprendido mucho y no como en otros cursos que no hacía nada porque estaba muy gorda y también mis compañeros se metían conmigo y los profesores pasaban de mí y pensaba que no servía para nada. Pero este año me has hecho hacer todo y me has animado, he aprendido mucho y tú no has pasado de mí. Gracias por ayudarme en todo”.


Belén, 13 años

En el primer trimestre empecé asustada, sin saber lo que íbamos a hacer. Yo odiaba la Educación Física y pensé que sería igual, pero fue distinto. Después empezamos a trabajar y el compañerismo empezó a echar raíces, corríamos, saltábamos, jugábamos, era genial.


En el segundo trimestre nos conocíamos ya pero cuando dijiste que íbamos a hacer danzas, la mitad de la clase puso mala cara, hasta que en vez de bailar como nos diese la gana, como hicimos dos veces con el profesor del año pasado, bailamos danzas africanas, japonesas, estadounidenses... Los juegos, cada uno mucho mejor que el anterior, griegos, españoles, japoneses..., todo era perfecto. Sabíamos señalar dónde estaba el país de donde habíamos jugado o bailado. También hicimos desafíos que me encantaron, yo nunca los había hecho, bueno y los demás tampoco.
En este trimestre hemos aprendido a correr manteniendo un ritmo y a controlar nuestras pulsaciones y después jugamos. Algunos juegos son competitivos pero casi nunca llevamos la puntuación, bueno, alguno sí, pero son dos o tres personas nada más y los demás no les hacemos caso porque lo importante no es la puntuación sino la diversión vivida. Yo ya no odio la Educación Física, la pena es que el año que viene, en el instituto, tú no estarás”.

Marina, 12 años
Este año he aprendido más que en otros cursos, corro más, juego mejor, etc. Este año hemos hecho juegos de otros países y nos hemos reído con el profesor más que otros años. Nos hemos juntado los chicos con las chicas, algo que nunca pasaba. En realidad este año nos hemos divertido mucho y hemos aprendido cosas nuevas. ¡Quiero que estés para el próximo curso, Carlos!”

Marco, 11 años

Este año ha sido el mejor de los años de Educación Física porque he aprendido a jugar mejor en equipo, a hacer muchísimos juegos con cosas que normalmente se tiran, a hacer juegos y danzas del mundo, etc. Me he divertido mucho con los circuitos de aventura y coopero con mis compañeros. También hemos aprendido a transformar juegos competitivos en juegos cooperativos donde no gana nadie y todos nos lo pasamos bien. En definitiva, este ha sido el mejor año de Educación Física”.



Sergio, 10 años
El primer trimestre de este año me ha gustado el doble que todo el año pasado. El profesor de este año es mucho más simpático y no castiga. Cuando tenemos un problema lo hablamos y se soluciona. Nos ha enseñado a ponernos con compañeros que no nos poníamos, ahora hacemos parejas mixtas. Nos ha enseñado juegos nuevos, en cambio el año pasado con Alicia hacíamos siempre los mismos juegos, Yo estoy encantado de este curso”.

Roberto, 11 años
Que estas opiniones sirvan también a modo de conclusión y que cada cual saque sus propias conclusiones.

Referencias bibliográficas

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Jares, X.R. (1991): “Educación para la paz. Su teoría y su práctica”. Madrid: Ed. Popular.

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VII Congreso Internacional de Educación Física – Tapachula (Chiapas) – 24 al 28 de octubre de 2005.


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