Economia de mercado y doctrina social de la iglesia



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Hayek y la filosofía cristiana”, en Estudios Públicos, Nro. 50, 1993.; “Caminos abiertos, un análisis filosófico de la epistemología de la economía”, primera parte, [1996], en Libertas; Nro. 25, Octubre de 1996; “Misesian Praxeology and Christian Philosophy”, en The Journal of Market & Morality, Vol. 1, Number 1, 1998, pp. 60-66; “Hacia una fenomenologia de las ciencias sociales”, en la rev. Derecho y Opinion, Universidad de Cordoba, Espana, 1997, Nro. 5, pp. 611-622. Reimpreso en Sensus Communis, (2001), vol. 2, nro. 4, pp.419-435; “La ética católica y el capitalismo”, en Capitalismo y cultura cristiana, VVAA, Eunsa, Navarra, 1999.; “La ciencia como orden espontáneo”, en Libertas (30), 1999, pp. 231-263.; “La importancia epistemológica de las pattern predictions de Hayek, en Actas de las V Jornadas de Epistemología de las Ciencias Económicas, Uba, Buenos Aires, 2000; “The Finn-Gronbacher Debate”, en The Journal of Markets and Morality (2001), Vol. 4, Number 2, pp. 194-198; “Nota sobre el libro La economía como ciencia moral de Ricardo F Crespo”, en Sapientia, Vol. LIII, 1998, Fasc. 203, pp. 216-219 ; Prólogo al libro Teoría e Historia, de L. von Mises, Unión Editorial, Madrid, 2003. A esto hay agregar las tres conferencias dadas en la Universidad Francisco Marroquín en 1999, reproducidas en el anexo 6. Me disculpo por las “autocitas”, pero dado que debo explicar al lector por dónde ha seguido mi pensamiento, creo que están justificadas.

2 “Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la praxeología”, en Libertas (13), 1990.

3 Ver Menger, C.: Principios de economía [1871], Unión Editorial, Madrid, 1983.

4 Schutz, A.: On Phenomenology and Social Relations, University of Chicaco Press, 1970.

5 Husserl, E.: Ideas II, Kluwer Academic Publishers, 1989.

6 Hayek, F.A. von: “Scientism and the Study of Society”, en The Counter-Revolution of Science

7 Nos estamos refiriendo a nuestros ensayos sobre hermenéutica realista, publicados en Sapientia, 2001, 2002, 56 y 57 respectivamente.

8 Ver Instrucción de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe sobre algunos aspectos de la “teología de la liberación”, del 3-9-1984, en L´Osservatore Romano, Edición semanal en lengua española, 9-9-1984, nro. 819.

9 Hemos tocado esta cuestión en nuestro ensayo “La temporalización de la Fe. Un estudio sobre el neosaduceísmo conteporáneo”, en Cristianismo, Sociedad Libre y Opción por los Pobres, op.cit.

10 Ver nuestro Prólogo a Teoría e Historia de L. von Mises, op.cit., p. 49 y ss.

11 Ver Santo Tomás de Aquino, Suma Contra Gentiles (BAC, Madrid,1963 ), libro III, 95 y 96.

12 En el libro Cristianismo y Libertad, FAE, Bs. As., 1984. (Por Banegas Lynch (h), Loncán, Zanotti y Chafuen). (2004: ahora se encuentra publicado también on line en la Universidad Francisco Marroquín, Facultad de Economía).

13 En Doctrina Pontificia, vol. II y vol. III; BAC, Madrid, 1958 y 1964 respectivamente. Punto 41 de esta edición bilingüe y autorizada de la BAC, que será citada en adelante con la abrev. “DP”.

14 Nos estamos refiriendo a nuestro trabajo “Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la Escuela Austriaca de Economía”, cuya primera versión mecanografiada fue presentada al Departamento de Investigaciones de Eseade en Agosto de 1983. En este trabajo fundamentamos en el neotomismo a la metafísica y la antropología anuestro juicio necesarias para la Esc. Austríaca. Nos remitiremos constantemente a este trabajo a lo largo de nuestro análisis. (2004: este trabajo fue el que dio origen a nuestra tesis “Fundamentos filosóficos y epistemológicos de la praxeología”, op.cit., 1990. La versión que citábamos aquí en el 85 no fue publicada, si bien se encuentra una versión fotocopiada en la biblioteca L. von Mises de la Universidad Francisco Marroquín. Ahora estamos intentando re-escribir este trabajo, conforme a los nuevos estudios epistemológicos que realicé posteriormente a 1985).

15 Hemos puesto en un apéndice la versión latina de los textos pontificios y del Vaticano II utilizados.

* 2004, 1. Se podría considerar que otro criterio –y fundamental- es la aludida distinción entre los ppios. de derecho natural primario y secundario y las cuestiones opinables del orden temporal.

16 Un excelente, extenso y detallado estudio sobre los fundamentos escolásticos de la economía de mercado se encuentra en la tesis doctoral de Alejandro A. Chafuen: Catholics for Freedom: Late-scholastics Economics; Grove City: International College, 1984.

17 Opúsculo Contra Impugnantes Dei cultum et religionem; Cap. 3, c. En: Opuscula Omnia, Tomas quartus. París, P. Letheielleux, editoris, 1927.

* 2004, 2: sobre la no contradicción entre esta noción de orden y la noción de orden espontáneo, ver el ensayo agregado en el anexo 6, sobre Hayek y el cristianismo. Ver también nuestra Introducción filosófica a Hayek, op.cit.

18 En nuestros “Fundamentos…”; Op. Cit. Cap.3, punto 3.

19 Suma Contra Gentiles; Ed. Club de Lectores, Buenos Aires, 1951; traducción de María Mercedes Bergada. Puede verse el original latino en la edición BAC, Madrid, 1967. Libro III, cap. 85.

20 Ver Derisi, O. N.: Los fundamentos metafísicos del orden moral; UCA, Bs. As., ed. de 1980, cap. III

21 DP, Op. Cit.; Radiomensaje del 24/12/42.

22 Enc. Pacem In Terris. Ed. Paulinas, V edición. Texto latino de las Actas Apostolicae Sedis en el apéndice.

23 DP, Op. Cit.; tomo II: enc. Divini Redemptoris (1937). Punto 29 de esta edición.

24 Ed. Cultura Hispánica, Madrid, 1952. Título original en francés: De la Primauté du Bien Commun Contre Les Personnalistes; Le Principe De L’Ordre Nouveau. Quebec, Canada, 1943.

25 Declaración Dignitatis Humanae (7/12/65). Ed. Paulinas, 1981. Texto latino en el apéndica. El subrayado es nuestro. Punto 6 de la edición citada.

26 Enc. Redemptor Hominis (4/3/79); Ed. Paulinas, 1971. Punto 17 de esta edición. Texto oficial latino de las Actas, en el apéndice.

27 Suma Teológica; I-II, Q. 96, a. 2c. La versión castellana utilizada pertenece al Tratado de la ley – tratado de justicia – opúsculo sobre el gobierno de los príncipes, de Ed. Porrúa, México, 1975. Puede verse el texto latino original en la edición Marietti, Torino, 1963.

28DP, Op. Cit.

29 DP, Op. Cit.: punto 79 de esa edición

30 Ver Santo Tomás de Aquino: Suma Contra Gentiles (OP. Cit.); Libro III, cap.97.

31 DP, Op. Cit.: El subrayado es nuestro.

32 Unión Editorial, Madrid, 1979.

* 2004, 4. Ahora yo no diría que esas actividades “deben” ser proporcionadas por el estado, pues en todo caso se trata de bienes públicos eventualmente privatizables. La premisa intermedia, opinable en relación a ppios. primarios del derecho natural, que está aquí en juego, es el tema de los bienes públicos. Si alguien está formado en la teoría habitual de que los bienes públicos, junto con las externalidades negativas, son un ejemplo de “fallas del mercado”, entonces esa premisa adicional implicará la conclusión de que el estado debe ocuparse de aquellas actividades que se consideran políticamente indispensables y que el mercado no puede, “intrínsecamente” proporcionar. En cambio, si la premisa adicional parte de la EAE, todo bien público (escaso) que sea gubernamental es potencialmente privatizable, y en ese caso la acción del mercado, partiendo de la misma premisa (el ppio. de subsidiariedad) será mayor. Esto explica que partiendo de un mismo ppio (el de subsidiariedad) como premisa mayor, según sea la premisa menor (la teoría de los bienes públicos que se maneje), intrínsecamente opinable en relación a la Fe, la conclusión será diferente. El ppio. de subsidiariedad no resuelve por ende por sí sólo el radio de acción del gobierno. Es necesaria una premisa adicional: la teoría de los bienes públicos. Pero esta premisa adicional es opinable. Dado todo lo que hemos explicado sobre la opinabilidad de las cuestiones temporales, esta opinabilidad no es un defecto. En todo caso, es algo a lo cual, dado cierto clericalismo mental imperante, muchos católicos no están acostumbrados.

* 2004, 5. No “era” nuestro caso. Ahora estamos abiertos a un programa de investigación donde pueda concebirse una sociedad sin el estado-nación tal como se concibe a este último en la modernidad. Lo cual no es incompatible con la noción tradicional de “auctoritas”.

33 Enc. Pacem in Terris (Op. Cit.); punto 34.

34 El subrayado es nuestro.

35 DP, Op. Cit.; discurso “Avecc Une Egalle Sollicitude”, del 7/5/49, a los delegados de la Unión Internacional de las Asociaciones Patronales Católicas”

36 Harder, Barcelona, 1964. Cap. 9, V, 2.

37 Por otra parte, si se encuentra un término más claro y distinto para designar al PS, mejor. Lo importante es el concepto que está detrás.

38 En L ‘Osservatore Romano, Año XIII, Nro 664, 20/9/81. Punto 14.

39 Santo Tomás de Aquino: Summa Theologiae, II-II, Q. 66, a. 2, c. Marietti, Torino, 1963.

40 Recuérdese que en nuestro ensayo acerca del Liberalismo y la religión Católica (Op. Cit.), fundamentábamos el derecho natural de propiedad precisamente en su utilidad social, demostrando que es necesario para economizar recursos y elevar el nivel de vida.

41 Ver Höffner, Joseph: Manual de Doctrina Social Cristiana; Rialp, Madrid, 1974. Segunda parte, sección 3ra., punto 4.

42 Gaudim et Spes, punto 71, Op. Cit.

* 2004, 6. Cabe hacer algunas importantes aclaraciones adicionales. Uno, que hablar de “destino universal de los bienes” es una expresión intrínsecamente religiosa, relacionada al contexto de la creación divina, donde todo lo creado, no racional, es “para” el ser humano, y éste, para Dios. Quien a partir de esta expresión crea que no hay escasez natural de recursos incurre en un non sequitur y mezcla los planos. Por supuesto, dado que el cristiano vive en la “abundancia de la Gracia de Dios”, cabe reconocer que la escasez de bienes y servicios no le es a veces un tema fácil o agradable, pero ello no implica que lo que la EAE estudia sobre la escasez no pueda ser considerada como una opinable premisa adicional (de razón) a partir de la cual inferir nuevas razones para la propiedad como derecho natural secundario. En segundo lugar hay que agregar que los textos de Santo Tomás sobre la propiedad, en sus aspectos ius-naturalistas más fundamentales, admiten ser compatibilizados con lo que hoy, en una economía de acumulación de capital, llamamos propiedad privada de los medios de producción. Pero Santo Tomás escribe en un contexto feudal que no hay que olvidar, y ello se nota palmariamente en sus textos. Cualquier intento de hacer de esos textos una lectura literal, no histórica, de la cual inferir directamente, ya el socialismo, ya el capitalismo, como en el siglo XX se los entiende, incurre en un mismo error hermenéutico.

43 Ed. Aguilar, Madrid, 1969.

* 2004, 7. Hoy no hubiéramos citado este texto de J. Locke. La argumentación del trabajo y la adquisión original son extrañas a lo que consideramos una fundamentación sanamente utilitaria (anexo 6) de la propiedad, en sí compatible con Santo Tomás.

44 Ver Höffner, Op. Cit., y Chafuen, Alejandro A., Op. Cit., cap. III.

45 En Rev. “Ideas sobre la Libertad”; Centro de Estudios sobre la Libertad, Bs. As. Nro 42, año XXV, diciembre de 1983.

46 DP, Op. Cit.

47 DP, Op. Cit., tomo II, p. 1022.

48 DP, Op. Cit., t. III, p. 1161.

49 DP, Op. Cit., t. III, p. 988.

50 DP, Op. Cit., punto 88.

51 Rialp, Madrid, 1967.

52 Esta disposición es relativa en el caso del factor de producción trabajo, que no es “comprado”, sino más bien “alquilado”, según lo establecido en el contrato laboral.

53 Entre neoliberalismo y neomarxismo; Herder, Barcelona, 1977. Cap. X.

54 El subrayado es nuestro.

55 Rialp, Madrid, 1967, Pág. 1427.

56 Alianza Editorial, Madrid, 1976, Cap. III.

57 Op. Cit., p. 1312.

58 Pág. 1380.

59 Ver Chaufen, A.; Op. Cit.

* 2004, 8. Lo que hemos explicado sobre el funcionamiento del mercado corresponde a la teoría del proceso de mercado, característica de la EAE, como paradigma alternativo a los modelos neoclásicos de equilibrio. Las fuentes de la teoría del proceso de mercado son Mises y Hayek, y ha sido sistematizada sobre todo por I. Kirzner (de este último, ver sobre todo The Meaning of Market Process, Routledge, 1992). Esto es importantísimo. De igual modo que en el caso de los bienes públicos, la teoría del mercado que se maneje es una premisa adicional (adicional a las premisas morales básicas), “de razón”, opinable en relación a la fe, pero indispensable a la hora de sacar conclusiones generales sobre la intervención o no del gobierno en el proceso de mercado. No todos los economistas no austríacos tienen una tendencia estatista, pero se podría decir que los modelos tradicionales de competencia perfecta y sus modelos ad hoc (contrarios a la EAE) generan una “tentación intelectual” de sacar conclusiones más estatistas. Esto es porque como se supone que obviamente el mercado “real” no es perfecto, el gobierno debe cubrir, mediante su intervención, la brecha entre el mercado real y el perfecto, sobre todo en temas como bienes públicos, externalidades negativas y distribución de la riqueza. En cambio, con la teoría del proceso de mercado como premisa (de razón) las conclusiones son distintas: el mercado es un proceso de descubrimiento mediante el cual los bienes públicos son potencialmente privatizables, y las externalidades negativas, en potencia de ser internalizadas (mediante el descubrimiento de nuevos derechos de propiedad). Veremos qué importante es también este tema en la cuestión de la distribución del ingreso. Por ahora baste subrayar que la clave de la no contradicción que señalamos pasa por la afirmación (opinable en relación a la fe) de la teoría del proceso de mercado como modo de explicar la armonía entre el libre mercado, la propiedad como derecho natural secundario y el bien común.

60 DP, Op. Cit.

61 El subrayado es nuestro.

62 DSO, Op. Cit., Punto 47 de esta edición. Agradezco a Alejandro Chafuen por haberme advertido de la importancia de este texto.

63 DP, Op. Cit.

64 Ver Op. Cit. También Messner, J.; Op. Cit.

65 Ver Romero Carranza, Ambrosio: Enrique Shaw y sus circunstancias; Ed. Fund. Alejandro Shaw, Buenos Aiers, 1984.

66 BAC, Madrid, 1973, Libro III, cáp. 3. Los subrayados son nuestros.

67 Ver Rothbard, M. N.: New Light on the Prehistory of the Austrian School, en el libro “The foundations of Modern Austrian Economics”, Sheed and Ward, Kansas City, 1976. hay traducción castellana: Las raíces escolásticas de la economía liberal; ed. Esedec, Bs. As., 1978.

68 Río, M.: El precio justo: una coincidencia del liberalismo y del tomismo, en el diario “La Prensa” (Bs. As.), del 28/10/1974.

69 Op. Cit.

70 DP, Oip. Cit.; Punto 13, ed. BAC.

71 DP, Op. Cit.

72 Es clásica la refutación de E. von Bohm Bawerk a la teoría marxista d eña explotación en la partye XII del vol. I de su famosa obra Capital e Interés, que se ha editado en castellano por separado bajo el título La teoría de la explotación (Unión Editorial, Madrid, 1976). Nosotros hemos tratado de sintetizar la refutación de Bohm-Bawerk en nuestro artículo Marx se equivocó, en la revista “Prensa Libre”, de la Juv. UCD dist. Rosario, N° 10.

73 DP, Op. Cit.; punto 64 de esta edición.

74 DP, Op. Cit.

75 Op. Cit.

76 En nuestro artículo En defensa de la Dignidad Humana y del Concilio Vaticano II en la revista “El Derecho”, UCA, Bs. As., N° 5913, del 27/1/84.

77 Santo Tomás de Aquino: De Veritate; Marietti, Roma, 1949, Q. 4, art. 1, c.

78 Marietti ed., Torino, 1963, Libro V, Lección IX, N° 981.

79 El subrayado es nuestro.

80 DP, Op. Cit. Punto 72 de esta edición.

81 DP, Op. Cit.

82 Ver Mises, L. Von: La Acción Humana (tratado de economía); Sopec, Madrid, 1968, Cáp. XXI, punto 3.

83 DP, Op. Cit.; punto 71 de esta edición, el subrayado es nuestro.

84 DP, Op. Cit., Nº 77 de esta edición.

85 Ver nuestros “Fundamentos...”, cap. 5, punto 1, 3; teorema 22.

86 Ver Chafuen, Op. Cit.

* 2004, 9. Este es un buen ejemplo de lo que comentábamos en la nota “2004 – 8”. ¿Qué se entiende por libre concurrencia? Si se entendiera “el mercado real en comparación con la competencia perfecta”; se afirmara luego que el salario se establece según la productividad marginal sólo en situación de competencia perfecta, la conclusión (establecida la relación entre justicia y productividad) sería que el gobierno debe intervenir (vía un impuesto progresivo a la renta) para acercar los ingresos del mercado real a la justicia. Pero, como vemos, si se razona desde la premisa del mercado como proceso, la conclusión es diferente. En el mercado como proceso el valor de los factores de producción tiende a firjarse alrededor de la productividad marginal, porque el mercado es un proceso que tiende al equilibrio sin alcanzarlo nunca. Cuanto más intervenga el gobierno en las variables del mercado, más des-coordinación entre oferentes y demandantes produce y, por ende, el salario real será más se alejará de la productividad marginal. Como dijimos en otra oportunidad, alguien puede decir “esa es su opinón”. Pues desde el punto de vista de este trabajo, de eso se trata. De la libertad de opinón que el católico tenga en estas cuestiones. De eso hablábamos en la nota introductoria, tanto en la de 2004 como en la de 1984. No se trata de que sea opinable, precisamente, la justicia, sino los modos de lograrla a nivel de condiciones de mercado.

87 Op. Cit.

88 Ver Chafuen, A., Op. Cit.

* 2004, 10. En trabajos posteriores (como por ejemplo El Humanismo del futuro, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1989) hemos estado de acuerdo con la propuesta de Hayek, quien sostiene que los gobiernos municipales pueden distribuir bienes públicos con las siguientes restricciones: a) de modo no monopólico, b) financiados por impuestos locales, no progresivos a la renta, ni tampoco financiados por políticas inflacionarias. Creemos que ello es coherente, en Hayek, con su concepción evolutiva de propiedad, que a su vez consideramos compatible con la noción tomista de propiedad. Por ende, tenemos tres tipos de justicia distributiva: a) del gobierno central a los bienes públicos federales; b) la justicia distributiva analógica del mercado, conforme a la productividad; c) la justicia distributiva de los gobiernos locales respecto de sus propios bienes públicos, siempre que sean no monopólicos. Esto implica también una aplicación del ppio. de subsidiariedad, pues en ese caso el gobierno central no se ocupa de los bienes públicos que, de modo no monopólico, proveen los gobiernos municipales. A su vez todo esto debería estar constitucionalmente establecido. Otra vez, esta es una premisa adicional, de razón, que actualmente confirma la llamada “Constitutional Political Economy”. Sobre ese tema, ver la voz correspodiente de V.J.Vanberg, en The Handbook of Economic Methodology, Elgar, 1998.

89 Meinvielle, J.; Conceptos Fundamentales de la Economía; Eudeba, Buenos Aires, 1973.

90 Op. Cit.

91 Reproducido como apéndice en Op. Cit.

92 DP, Op. Cit., punto 65 de esta edición.

93 DP, Po. Cit.

94 DP, Op. Cit.

95 DP, Op. Cit.

96 DP, Op. Cit., Enc. RN, Nº 33 de esta esdición.

97 DP, Op. Cit.

98 DP, Op. Cit.

99 DP, Op. Cit.

100 DP, Op. Cit.

101 DP, op. Cit., Nº 22.

102 DP, Op. Cit.

103 LE, Op. Cit.

104 Respetar la propiedad es la única coordinación justa y racional. Anular el derecho de propiedad es precisamente lo injusto e irracional.

105 DP, Op. Cit.

* 2004, 11. Nos referimos a que, en el tema de las relaciones internacionales, muchos fieles católicos siguen afirmando la teoría del deterioro de los términos de intercambio casi como si fuera un hecho indiscutible o un dogma de Fe. Esto es particularmente grave por tres cosas: una, la fata de respeto al derecho de opinión de los católicos que piensen diferente; b) la confusión de niveles (entre fe y razón) en un tema muy ligado de hecho (aunque separable, de derecho) con las teorías neomarxistas de explotación internacional; c) la confusión teorética y práctica que este tema ha ocasionado en la vida de muchos fieles católicos, que los ha llevado incluso a la violencia.

106 Ponemos el término entre comillas porque no conocemos derechos no sociates o antisociales. El mismo problema tiene el término "justieia so­cial". ¿Puede haber una justìcìa no social o antisocial?

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