Dra. Elaine Morales Chuco. Marginación e identidad. Acercamiento a los jóvenes residentes en los barrios Colón y Jesús María



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Dra. Elaine Morales Chuco.

Marginación e identidad. Acercamiento a los jóvenes residentes en los barrios Colón y Jesús María.



2015



Título: Marginación e identidad. Acercamiento a los jóvenes residentes en los barrios Colón y Jesús María.

Autora: Dra. Elaine Morales Chuco. CUBA

Institución: Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”

Email: jalfonso@cubarte.cult.cu, elamorales66@gmail.com

Descriptores: Jóvenes, marginación, identidad barrial

Resumen

El estudio de la identidad de jóvenes residentes en los barrios marginales Colón y Jesús María de la capital, articula la historia de estos espacios, las investigaciones realizadas anteriormente y las trayectorias “comunes” para los jóvenes oriundos de esas localidades (Morales, 2008). Teóricamente, se siguen los referentes de la Psicología Social europea y latinoamericana para del estudio de las identidades colectivas, desde Tajfel, Moscovici e Ibáñez, hasta Martín-Baró (1998), Montero (2000), Marcial (2007), Reguillo (2014) y De la Torre (2001). Se han considerado los resultados de investigaciones cubanas en cuanto a la heterogeneidad de la sociedad cubana actual y su expresión en la población joven (Iñiguez, 2014; Espina, 2011; Morales, 2011; Pañellas, 2012). Mediante el empleo de técnicas cualitativas, se pudo apreciar el impacto diverso de lo local en la construcción de la identidad juvenil. Los resultados evidencian semejanzas entre los jóvenes del barrio, en tópicos que recorren características sociodemográficas, contenidos de las trayectorias educativas y laborales, vínculos con los símbolos del barrio, aspiraciones y expectativas, entre otros. Se revela pobre consumo de bienes materiales y culturales y distanciamiento en cuanto a la historia local, lo institucional y lo normativo en general. En la subjetividad individual se notan carencias de vivencias positivas, de planes y proyectos con posibilidades de éxito. También se constata pobre participación social y la percepción de “no tener lugar” o posibilidades de triunfo, lo que ofrece en perspectiva una imagen “negativa” de los jóvenes. Se constatan diferencias respecto a jóvenes de otras barriadas, que afloran en un “nosotros” vs “ellos”. Se aprecia, cierta continuidad con respecto a generaciones y cohortes anteriores de los barrios, en cuanto a costumbres, preferencias, estrategias de vida; pero emerge como ruptura la apropiación del estatus de marginados, debido a la pertenencia a grupos desventajados. Estos elementos constituyen un importante campo de retos para las políticas culturales dirigidas a la juventud, que requieren de un perfeccionamiento permanente, que trascienda las garantías sociales en cuanto a educación, salud y seguridad social, para recuperar los procesos participativos como esencia de la construcción de la condición y la identidad juvenil.



Introducción

El estudio de la identidad –individual o colectiva- ha sido un tema privilegiado dentro de las ciencias sociales. Trabajado desde varios enfoques y teorías, ha permitido reconstruir procesos con diferente nivel de complejidad, léase identidades regionales, nacionales y locales, así como generacionales, de género, raciales, territoriales, gremiales, y más aún, las originadas en grupos pequeños.

En respuesta a las posturas que suscriben el desvanecimiento de las identidades debido a la influencia de lo global, se han erigido nuevas lecturas sustentadoras de identidades emancipadas y emancipatorias, ya sea en el orden político, cultural, de género, racial, u otra, desde donde se reconoce además el valor de las microidentidades, su capacidad de diálogo y de influencia en las macroidentidades dominantes en el escenario mundial. Esta revalorización supone la existencia, articulación y jerarquización de las múltiples identidades coexistentes en personas y grupos; lo cual ha generado estudios más acuciosos. El estudio de la identidad en jóvenes cubanos, amplia las nociones acerca de esta población en el ámbito de las ciencias sociales. Revelar los aspectos que le permiten a tal grupo señalarse, reconocerse y diferenciarse de los demás, tiene implicaciones teóricas y metodológicas. Este proceso toma más relevancia al tratarse de jóvenes que por razones simbólicas o reales, son o se perciben como marginados, a partir de sus diferencias más o menos sustanciales, con el grupo adulto y con respecto a sus coetáneos. Los resultados de las indagaciones aportan luz sobre la reproducción de la marginalidad y la pobreza, en un contexto socioeconómico complejo, pero definitivamente inscrito en el socialismo.

De ahí la importancia de haber estudiado los contenidos objetivos y subjetivos distintivos de los jóvenes de barrios marginales, en el supuesto de que las continuidades y rupturas están sustentadas en condiciones económicas y políticas, así como en las apropiaciones culturales y psicológicas que de ellas han hecho las actuales generaciones y sus antecesoras.



Desarrollo

El análisis de la identidad remite a unicidad, estabilidad, semejanzas, diferencias, sentido de pertenencia, diversidad; así como a procesos de identificación y diferenciación. Cada elemento típico de una entidad –individual o grupal- tiene explícita o implícitamente un contenido simbólico que trasciende la homogeneidad o la heterogeneidad visible, y que puede constituirse en el origen de un fuerte vínculo.

Para la ciencia psicológica la identidad es una compleja realidad psíquica relacionada con la autoconciencia, la autovaloración y la autoimagen, que permite diferenciarse de “otro”; constituye una síntesis de elementos subjetivos, físicos y relacionales. Este último da cuenta de la multiplicidad de identidades existentes en un mismo sujeto y de la significación de lo interpersonal. Cada persona es única e irrepetible, diversa en su interior, pero semejante a otras, que también en su unicidad, son portadoras de determinadas coincidencias.

Del mismo modo, las expresiones colectivas de identidad transitan por la existencia de similitudes y contrastes entre grupos que se ven a sí mismos en su historia, presente y futuro. La pertenencia a un grupo apunta a la tenencia de características –sociodemográficas, psicológicas, o de otro tipo- que marcan distancia o proximidad con otros; ellas pueden responder a vínculos reales o a adjudicados, y en ambos casos poseen una dimensión simbólica de elevada relevancia.

De este modo, se ha legitimado la construcción de identidades en torno a los elementos etarios, raciales, sexuales, territoriales o residenciales, así como a otros menos visibles y en cierto modo más dinámicos, léase preferencias artísticas, gustos, habilidades, inclinaciones políticas, sociocupacionales, entre otras. Esta multiplicidad de pertenencias, y potenciales identidades, se estructuran en las personas y grupos según la satisfacción que les reportan, estableciéndose una jerarquización. Así, las identidades se organizan y reorganizan sistemáticamente; constituyen construcciones estables, pero también dinámicas.

Ellas se forman y transforman en un contexto específico, de modo que responden a una cultura determinada, a condiciones políticas e históricas culturales particulares.

En este proceso intervienen los agentes socializadores, dígase, familia, instituciones escolares y laborales, grupos de amigos, y otras agrupaciones vehiculares para la participación social; en la actualidad asumen un papel protagónico también las tecnologías de la información y la comunicación, las que han pasado de ser instrumentos de conexión a convertirse en mecanismos de cohesión grupal y social.

Las identidades tienen también entre sus rasgos distintivos, la tenencia de un conjunto de símbolos que tienen un significado especial para los adscritos a ellas; tal universo simbólico puede estar constituido por una amplia gama de objetos y de componentes de la subjetividad. Del mismo modo, se deben considerar las producciones y prácticas de los sujetos de identidad, las cuales al sistematizarse, forman parte importante del proceso de identificación, mediante el cual se construye y reconstruye la identidad.

Asimismo, el estudio de las identidades implica indagar entre otros aspectos en: los procesos de diferenciación y de identificación, adjudicación y asunción de características, la evolución de tales asignaciones y apropiaciones, los sentimientos de pertenencia, y las diversas mediaciones actuantes en las configuraciones y reconfiguraciones identitarias.

Todos estos elementos se deben ajustar cuando el proceso concierne a la juventud, pues sus metas fundamentales implican el paso de la identidad proporcionada por padres y tutores a la construcción de la propia. Lo anterior está matizado por la madurez psicológica y las adquisiciones precedentes, así como por las cuotas de poder ganadas por los jóvenes.

Este condicionamiento se expresa en que cada época y sociedad construye su juventud, o lo que es lo mismo, la identidad colectiva de la población joven en un determinado contexto, es diferente a la construida en otro. Las semejanzas derivadas de las regularidades psicológicas, estarán limitadas por las peculiaridades construidas a partir de las condiciones económicas, históricas, políticas y culturales. El grupo de amigos, la pareja, los condiscípulos ejercerán su influencia, pero mediada por aquellas. La identidad de los jóvenes estará en relación con los elementos macrosociales que unifican a su cohorte etaria, así como con las especificidades generacionales.

Al propio tiempo, las sociedades establecen “lo juvenil” mediante el conjunto de símbolos producidos para el consumo de los diferentes segmentos de la población joven, y a partir de ahí categorizarlos o etiquetarlos.

La existencia de un proceso de marginación1 y en consecuencia la presencia de una situación de marginalidad2, complejiza aún más la construcción de las identidades ya sean individuales o colectivas. La desvalorización de determinadas características porque suponen la pertenencia a ciertos grupos o categorías sociales, trae consigo debilidad en los procesos de identitarios, que pueden sucumbir ante las tentativas reales o ficticias de abandonar sus pertenencias originarias, con el fin alcanzar mayor reconocimiento social.

Varios de los estudios más relevantes en torno a la exclusión, la marginación y la pobreza en América Latina y Europa3, ubican a la pobreza, el ser joven, mujer, residir en zonas rurales y poseer rasgos raciales negroides y amerindios, como las características más asociadas a la marginación o a la exclusión social. Las experiencias cubanas (Morales, 2011) confirman lo anterior, e incorporan apreciaciones vinculadas a la participación social

En el caso particular de la marginación relacionada con la identidad barrial, sólo las acciones comunitarias encaminadas al fortalecimiento de estas, al reconocimiento de las potencialidades de las culturas locales, han logrado revalorizar las identidades deterioradas (Morales, 2008)4. De ahí que se pretenda profundizar en diferentes aristas de este tema, con la finalidad de diagnosticar, pero también de reconstruir las identidades juveniles deterioradas y fragilizadas, tendientes a desplazamientos culturales y políticos.

Aspectos metodológicos fundamentales

Se trabajó con metodología cualitativa, con el objetivo de caracterizar la identidad de los jóvenes residentes en Colón y Jesús María5. Fueron objeto análisis aquellos elementos que de manera externa marcan la pertenencia de los jóvenes a diferentes grupos y constituyen fuente de sus identidades, así como características observables de su comportamiento. Se inquirió en la subjetividad, particularmente en las autopercepciones y autocategorizaciones.

Se emplearon como técnicas la entrevista y la observación6 y la información resultante evidenció tendencias en la configuración y reconfiguración de las identidades juveniles.

La población de ambos barrios es heterogénea, pero predominan personas negras y mestizas, con nivel medio de escolaridad, oficios de poca calificación, trabajo informal, o total desvinculación. Se distingue también la larga data en las localidades. No obstante las políticas sociales, subsiste el empobrecimiento material y cultural, y se han reproducido problemas y costumbres surgidos desde siglos atrás.

En los dos territorios se trabajó con un grupo de 10 jóvenes, conformado por 4 mujeres y 6 hombres, residentes en el barrio desde su nacimiento o edades tempranas, lo cual supone la construcción de sentido de pertenencia a los mismos. Sus edades estaban entre 15 y 30 años; las ocupaciones se centraban para los más jóvenes en el estudio, mientras los mayores trabajan como obreros o en los servicios, otros se mantienen estudiando, están desvinculados o laborando de manera informal como empleados en negocios particulares.

Resultados

Las informaciones se pueden agrupar en tres tópicos: Autoimagen y sentido de pertenencia en dos dimensiones: barrial y juvenil, y Autoimagen vs Otredad.



Autoimagen y Sentido de pertenencia al barrio.

La imagen de los jóvenes acerca de sus barrios se puede calificar de maltratada, pues predominan elementos negativos en las construcciones. La adjudicación de características positivas está constreñida a lo afectivo en las relaciones interpersonales, particularmente a las expresiones en el ámbito individual y familiar. Lo anterior tiene matices, relacionados con la diversidad de experiencias, ángulos de análisis y contextos donde se expresen los rasgos o comportamientos analizados.

La “gente del barrio” ya sea en Colón o en Jesús María, despierta opiniones benévolas de manera general –buenas personas, tranquilas, no se meten en nada- en tanto se alude al afecto tributado al interior de la familia, así como a los nexos de ayuda y cooperación típicos de estos escenarios, donde “el hermano es el vecino más cercano”, al punto de propiciarse préstamos e intercambios informales de alimentos, vestuario, calzado, dinero y equipos eletrodomésticos, y apoyarse en servicios como el cuidado de enfermos e infantes.

Sin embargo en este mismo indicador de las características de las personas residentes en el barrio, afloran rasgos negativos. Las personas de Colón y Jesús María pueden ser evaluadas negativamente, si se incorporan, las manifestaciones de violencia en el contexto de las propias relaciones entre familiares y vecinos –la gente es muy problemática, grita, se faja.

En la imagen negativa está presente la insatisfacción con la situación socioeconómica de la población, el sistema de acceso a los bienes y servicios, y el estado de viales y edificaciones. El barrio resulta poco atractivo, por las carencias y la pobreza de sus habitantes, el mal estado constructivo y la falta de confort en las viviendas, la disfuncionalidad de las instalaciones de acueducto y alcantarillado, los vertimientos de agua potable y albañal, acumulación de residuos sólidos, entre otros problemas. A lo anterior, se une la evaluación poco favorable del funcionamiento de las instituciones y organizaciones locales, pues si bien contribuyen a la socialización de sus integrantes y constituyen un nexo con la macro estructura de la sociedad, no alcanzan a desempeñar adecuadamente sus roles y la participación en ellas es formal. Un último elemento es la relacionada con las prácticas religiosas de origen africano predominantes en ambos lugares, las cuales suelen ser asociadas a la violencia por las peculiaridades de sus ritos, y ello es extendido prejuiciadamente a los practicantes, más allá de sus reales características de personalidad.

El subtexto arroja además el carácter instrumental de la participación a nivel comunitario, debido a determinadas oportunidades y circunstancias de beneficio mutuo; asimismo, emerge la apropiación del estigma barrial, el pobre conocimiento de las tradiciones barriales y la escasa identificación con símbolos locales. Al respecto aparecen categorías del tipo «barrio malo, problemático, feo, de gente pobre». Esto ha conducido al distanciamiento –cuando menos desconocimiento- de importantes íconos culturales y políticos de los territorios, y a la devaluación de este grupo de pertenencia. Aquí juega un papel cardinal, el deterioro de las edificaciones donde sesionaron o fueron acogidas valiosas instituciones, o residieron destacadas personalidades de la cultura y la política.



Autoimagen y sentido de pertenencia al grupo joven barrio.

En la autoimagen de los jóvenes del barrio, se aprecian elementos positivos y negativos e igualmente sobresale la adjudicación de manera amplia y diversa de características positivas en el orden personológico. Se trata de cualidades vanas, pues su empleo no está acompañado de argumentos; se repiten términos como buenos y tranquilos, que contrastan de inmediato con las regularidades de la edad, con los comportamientos observados, así como con las declaraciones de los adultos entrevistados en calidad de informantes clave, y hasta con sus propias declaraciones al profundizar en sus percepciones.

La homogeneidad está signada además por gustos, preferencias y consumos. Sobresale la necesidad de estar a la moda, incluyendo el uso de códigos corporales como los tatuajes; la atracción por géneros musicales, artistas y sitios recreativos, particularmente para el baile. Si bien estos elementos los asemejan, tienen una pobre trascendencia dentro de la identidad barrial, pues son comunes no solo al resto de la población joven cubana, sino que trascienden nuestras fronteras y forman parte de las regularidades de la edad.

Otro rasgo distintivo se inscribe en las relaciones intra e intergeneracionales, refiriéndose a la comunicación desenfada de la primera y al “respeto hacia los mayores”, de la segunda, en especial dentro del grupo familiar, al cual le reconocen una notable ascendencia.

Se constató la existencia de grupos pequeños de cierta significación etaria, pero de pobre trascendencia barrial y social, pues las actividades se limitan a conversaciones acerca de la vida cotidiana, lo cual ocupa parte del tiempo libre, pero no genera transformación. No consta la existencia de metas compartidas, ni de un código propio en torno a una actividad estructurada. Por lo que, más allá de la existencia de jóvenes del barrio, en tanto grupo nominal, resultan débiles los indicadores de grupos psicosociales en los casos estudiados.

Al interior del grupo jóvenes del barrio, no se aprecia diferenciación psicológica según etiquetas culturales ni apropiación de espacios, más bien se centró en las pertenencias y prácticas religiosas, de las cuales unos toman distancia y otros muestran su apego.

En contraposición a lo positivo, afloraron características negativas, ya sea en el orden personológico o en lo concerniente a la instrucción, ocupación y situación socioeconómica. Llama la atención apropiación y reproducción de etiquetas peyorativas al distinguir a sus coetáneos: violentos, problemáticos, vengativos, guapos y pobres «sin un quilo».

Atenta contra la identificación barrial, la imposibilidad de satisfacer las necesidades típicas de la edad en este contexto. Resalta la incongruencia- tornada demanda- de la existencia en los territorios de centros recreativos exponentes de música popular bailable de primer nivel, y la imposibilidad de acceder a ellos. Constituyen alternativas la migración, la comisión de delitos, el desplazamiento hacia otras localidades con oferta más asequible, la refuncionalización de plazas y paseos, como el malecón habanero, así como a la apropiación de diversos espacios devenidos en sitios de reunión juvenil, pero sin suficiente sentido de grupo y de lugar.



Autoimagen vs Otredad

Luego de la autopercepción y la categorización, la comparación evocada en los jóvenes de Colón y Jesús María, permitió captar primero la identificación y reconocimiento en coetáneos de barrios colindantes y semejantes desde el punto de vista socioeconómico, histórico y cultural, léase Cayo Hueso y Los Sitios, apreciados en sentimientos complejos, contradictorios, pues se saben compartidas las insatisfacciones, la desventaja, se reconoce la igualdad con el «otro», y tal comunión, de larga data, alimenta la desesperanza y la resignación, pero no logra rebasarlas y generar proyectos para la transformación.

De manera opuesta, se aprecia un proceso de marcada diferenciación con respecto a jóvenes de barrios reconocidos por sus mejores indicadores socioeconómicos y culturales. La comparación trae aparejada el reconocimiento de superioridad en el «otro», por sus mejores opciones para el desarrollo individual, familiar y barrial, debido a la confluencia en ellos de servicios de mayor calidad, entre los que destacan las instituciones culturales y recreativas.

Conclusiones

La identidad barrial se asume desde el conflicto que genera visibilización de cualidades positivas unido a características negativas, que estigmatizadas o no, resultan igualmente fuente de devaluación desde el adentro y el afuera.

Se anuncia un deterioro de la identidad barrial que puede profundizarse debido a la poca o lenta efectividad de las alternativas diseñadas para reducir el empobrecimiento espiritual y material, y disminuir las brechas entre estos barrios y otros con mejor situación socioeconómica.

Existe un fuerte vínculo entre:



  • insatisfacción material y espiritual, y migración externa como estrategia para la satisfacción de las necesidades.

  • estigma adjudicado al barrio y las características percibidas y adjudicadas a los jóvenes.

  • antigüedad carencias y legitimación de las estrategias de incremento de ingresos asociadas al delito.

  • vacío normativo en el barrio y en los grupos de jóvenes, referido principalmente al control social.

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1Consiste en la interrelación estable de condiciones políticas, históricas, sociales, económicas, culturales y psicológicas, que en su evolución de corto, mediano o largo plazo, en un contexto determinado otorgan a un individuo o grupo el poder para categorizar, estigmatizar y colocar a otros semejantes o diferentes, en un estatus inferior al que estos merecen o creen merecer, por lo cual se les discrimina y rechaza, y se les limita en la participación, la inserción y la integración social, lo que tiene diverso alcance en la cotidianeidad y disímiles impactos en la subjetividad individual y colectiva. Permite estudiar la dinámica individual, grupal o contextual, identificar los elementos causales y sus posibles consecuencias, tanto desde la perspectiva del marginado como desde el que margina, así como caracterizar la situación concreta de marginalidad. (Morales, 2011)

2Circunstancias individuales, grupales y sociales en general; objetivas y subjetivas, que caracterizan a individuos y grupos ubicados en un estatus inferior al que deben o creen merecer. Desde esta perspectiva, se pueden estudiar los factores que intervienen y caracterizan en un momento dado la marginalidad. Es el producto del proceso de marginación.(Morales, 2011)

3 Véase Lewis, 1967; Menjívar y Feliciani, 1995; Marcial, 1995; Soriano, 2001; Gacitúa, Sojo, Davis y Shelton, 2003.

4 De manera sistemática desde organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, se acompañan interesantes proyectos que trabajan la identidad de barrios en diferentes lugares del país y que están vinculados a tradiciones productivas y a las artístico-culturales, a la equidad de género, al medio ambiente, entre otros temas.

5 Colón: Su ubicación es muy céntrica, acoge importantes instituciones comerciales y culturales de la capital. Está situado al nordeste del municipio de Centro Habana, muy cerca del Malecón Habanero. Sus principales problemas son los siguientes: Mal estado técnico de las viviendas, de las redes hidráulicas, el alcantarillado y los viales; inestabilidad en el funcionamiento de los servicios de atención primaria de salud, presencia de drogadicción y ausencia de áreas para juegos de niños y jóvenes.

Jesús María: Tiene una céntrica ubicación en el municipio Habana Vieja; años atrás acogió un gran número de importantes centros comerciales, pero hoy su deterioro es notable. Se distingue por la religiosidad popular.

Fue de los primeros asentamientos de negros y mestizos libertos, fuera de las murallas de La Habana colonial. Entre sus problemáticas fundamentales se hallan: malas condiciones de las viviendas y de las calles, existencia de delitos y de violencia, y dificultades en el funcionamiento de las instituciones.



En ambos son tradicionales las alternativas más humildes y menos prósperas para ganarse la vida. Junto a esto proliferaron en otros tiempos la prostitución, el juego ilícito y el pandillerismo.

6 El trabajo de campo se debe a la labor de un grupo de estudiantes de tercer año de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, a saber: Onelia Solano Basulto, Laura González Castro, Saimara Ricart Quesada, Christie Onguemby Mally, Adriana Díaz Pérez, quienes trabajaron en Colón, y Claudia Padrón Fonte, Elisabet del Rey Valdés, Elizabeth Vega Bruzon, Analay Pico Monteagudo, Herlyn Álvarez de la Peña, quienes laboraron en Jesús María.



Congreso ALAS. Costa Rica, 2015



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