Documento creado para el trabajo sobre Begoña García-Diego y su libro Chicas solas



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Título: La columna de sociedad entre la literatura y el periodismo.

M.ª Jesús Soler Arteaga.



argatea@latinmail.com
Universidad de Sevilla.
Grupo de investigación Escritoras y escrituras.
En 1962 publica Begoña García-Diego Chicas solas, que fue su segundo libro. En él recopila un grupo considerable de artículos en los que retrata la sociedad de la época, fijándose en las jóvenes madrileñas de clase media y alta, desmenuzando sus sueños, sus anhelos, sus inquietudes, su vida familiar, etc.

Artículos de costumbres que bordean la estrecha frontera existente entre la literatura y el periodismo y que se convierten en testimonios y documentos únicos para conocer a la mujer española de la segunda mitad del siglo XX.



LA COLUMNA DE SOCIEDAD ENTRE LA LITERATURA Y EL PERIODISMO.




M.ª Jesús Soler Arteaga



1. INTRODUCCIÓN.

Si la poesía es el género literario más sometido a reglas, el artículo es uno de los géneros periodísticos más sometido a reglas y a la tradición por tanto parece lícita la comparación que han realizado algunos estudiosos con el soneto. Entre ambos hay muchos aspectos comunes: extensión, concisión, síntesis, belleza formal, etc. Francisco Umbral en su texto “Los articulistas”, incluido en Memorias de un hijo del siglo dice que “el artículo es el solo de violín del periodismo”, esta metáfora pone de nuevo de manifiesto la importancia y la individualidad de un género fuertemente diferenciado y estructurado que ha sido objeto de múltiples definiciones y clasificaciones.

En esta introducción citaremos las opiniones de algunos autores, que al margen de las diferencias y polémicas entre distintas escuelas, nos permitirán aproximarnos a la definición y caracterización del artículo de opinión y muy especialmente de la columna, dado que el objeto de nuestro trabajo es el estudio de una colección concreta titulada Chicas solas.

En muchas ocasiones se ha considerado el artículo como un género fronterizo entre la literatura y el periodismo y en muchas otras como un paso franco utilizado por muchos escritores impacientes, ávidos de fama, de dinero, etc. En otras se ha calificado como un subgénero del ensayo, explicando así la fuerte carga estética que lo caracteriza y que enriquece la calidad del periodismo.

La caracterización que ofrece Teodoro León Gross en su obra El artículo de opinión sitúa este género más cerca del periodismo que de la literatura siempre y cuando dominen en él una serie de rasgos, entre los que destacaremos: su correspondencia con la realidad, se trata de textos en los que predomina el carácter factual1, tiene una utilidad práctica que es crear opinión, es inmediato, su extensión está limitada por las dimensiones y la colocación en el periódico, la contextualización y el hecho de que va dirigido a un auditorio concreto.

César González Ruano, conocido articulista de la posguerra, que participó con un trabajo en la Enciclopedia del periodismo organizada por Nicolás González Ruiz, define el artículo como un verdadero género literario dentro del periódico y además dice que es característico de esta generación, la de posguerra. Los aspectos en los que se detiene son estos: el articulismo permite la colaboración de escritores, llega rápidamente y permite dar opiniones, en él se glosa la realidad, es ameno, incluye invenciones poéticas y anecdóticas, introduce elementos de cultura, hay un predominio de la subjetividad frente a la objetividad y relación entre el lector y el escritor.

Por otra parte, debemos tener en cuenta la diferencia que establecen Juan Gutierrez Palacio (1984) y José Luis Martínez Albertos entre la columna y el artículo. Ambos coinciden en señalar que el artículo es esporádico mientras que la columna es fija, tiene una periodicidad y un espacio predeterminados. Además Martínez Albertos distingue entre el editorial y la columna afirmando que la columna va firmada y añade que ésta puede tratar cualquier actividad humana.

Estas características atribuidas a los géneros de opinión, no hacen sino reforzar la sensación de que nos encontramos ante textos que están a medio camino entre la literatura y el periodismo. No es extraño que muchos autores consideren el articulismo como un género desgajado o coolindante del ensayo. De hecho en los comienzos del periodismo se encuentran publicaciones bastante próximas ensayo, Albert Chillón (1999: 132) señala en su libro Literatura y periodismo. Una tradición de relaciones promiscuas que la vinculación del ensayo con la prensa de opinión se sitúa en el siglo XVIII.

Las mismas características que hemos mencionado como propias de la prensa de opinión podemos encontrarlas en la colección Chicas solas publicada por Begoña García-Diego en 1962. Se trata de una obra que plantea numerosas dificultades a la hora de adscribirla a un género, dificultades explicables por dos motivos: la falta de estudios sobre esta autora y su obra y por la cantidad de matices que presenta. En nuestro trabajo nos aproximaremos a ella como a un conjunto de columnas de sociedad, aunque a menudo es catalogada como una obra de narrativa breve. Esta consideración no está falta de fundamento si tenemos en cuenta la opinión de Mariano Baquero Goyanes “La adscripción del cuento al periodismo determina pues un tono polémico, combativo, ese aire de queja, de protesta de denuncia, de que tantas veces se cargan los relatos de nuestros más conocidos narradores.” (Baquero Goyanes, 1967: 60)

Ciertamente Begoña García-Diego puede resultar conservadora a simple vista, pero en su obra hay también espacio para la crítica social y sin duda sus artículos no estuvieron exentos de polémica. Al mismo tiempo, como indica Enrique Anderson Imbert (1999), el cuento se pasea por numerosos géneros entre los que es necesario destacar el artículo de costumbres, puesto que nuestra autora pinta en muchas ocasiones verdaderos cuadros de costumbres de hecho Manuel Halcón dice en su prólogo:


Y aquí está este libro, formado con estampas costumbristas de la vida familiar vista por fuera de la familia, pero dentro del cuarto donde se está. Clima y costumbres de la gente acomodada de hoy. Hoy que se pide tanto lo social en Literatura, tú presentas tus páginas de sociedad, que también lo social está sobre las alfombras, porque también se recuestan blandamente duras y dramáticas situaciones. También los ricos suelen ser pobre gente. También se llora en tu cuarto de estar. (García-Diego, 1962:8)
Todos los textos que forman esta colección fueron publicados en alguno de los periódicos en los que colaboraba, sin que podamos precisar en cuál de ellos aparecieron, aunque son frecuentes las ocasiones en las que afirma que su trabajo es el de periodista, generalmente las referencias a suelen aparecer intercaladas en diálogos que se producen entre la protagonista, una de las voces hipostasiadas de la autora,2 y sus amigos:
“Pero, Anita si yo jamás voy a la sierra; lo que hago es escribir en los periódicos.” (García-Diego, 1962: 43)

“Luego me lo cuentan, casi siempre por teléfono, porque yo tengo muy poco tiempo para la vida social, explicándome por lo menudo su original manera de ver la vida, porque, eso sí, yo soy la que escribo en los periódicos, pero ellas las que tienen una calenturienta imaginación creadora.”(García-Diego, 1962: 57)

“En seguida salí para hacer un reportaje y Mari Pepa se fue, supongo que a seguir planeando barbaridades; quedamos en reunirnos a comer en una cafetería...” (García-Diego, 1962: 59)
La consideración que la propia Begoña García-Diego tiene de sus colaboraciones es también bastante particular, dice que son artículos, pero los califica de frívolos. De hecho son artículos de sociedad en los que se retrata a las jóvenes españolas de clase media y alta y en los que, como veremos más adelante, no hay un atisbo de intelectualidad aunque este será uno de los aspectos que contribuirán a caracterizar al tipo de mujer a la que representa:
“... Supongo se figuran que algún día los sacaré en alguna novela y por más que les explico que lo que yo escribo son artículos frívolos en los periódicos no me creen. Piensan que lo digo por falsa modestia, pero que en realidad me paso las noches en vela escribiendo gruesos volúmenes de trescientos folios inspirados en la vida de mis amigos...” (García-Diego, 1962: 139)

“Sin embargo, esas dos criaturas antagónicas se encuentran, se gustan, se quieren, se casan y son muy felices. Lo que demuestra que el amor hace milagros. Pero ya estoy, como siempre, saliéndome del tema del artículo.” (García-Diego, 1962: 244)


Otro aspecto que no debemos olvidar es el diálogo con sus lectores, o mejor dicho con sus lectoras.
“Qué gusto, lectoras. Hoy hablamos del servicio...” (García-Diego, 1962: 81)

“Y, como desde hace una semana no doy golpe comentando el asunto, he decidido contar a mis lectoras la triste historia de mi amiga Paloma y de su novio, “ese chico tan bueno, ¡que quién iba a figurarse...!”, por si les sirve de algo en la vida. Porque resulta de lo más agradable eso de escarmentar en cabeza ajena.” (García-Diego, 1962: 146)


Ella escribe estos artículos por y para las mujeres, por lo tanto habla de aquellos temas que les interesan: la moda, la belleza, el servicio doméstico y les aconseja sobre lo que deben hacer y cuáles son las cualidades que deben potenciar para ser mujeres modernas de 1960, aunque por encima de todo ello se encuentra el tema principal de sus artículos que coincide con la principal preocupación de sus lectoras: amor y matrimonio. Unidos indisolublemente por la autora, aunque ella es consciente de que no ni siempre el amor es la razón que impulsa al matrimonio. Debemos tener en cuenta un hecho que no se contempla en sus artículos y es que la mujer a principios de los años 60 todavía carecía del reconocimiento de derechos fundamentales, como explica M.ª Carmen García-Nieto: “...Fue, de este modo, un estado patriarcal y androcéntrico en el que prevaleció un sistema de género masculino con profunda incidencia en las relaciones sociales. En él, las mujeres fueron utilizadas como pieza clave para su política de dominio social y económico.” (García- Nieto, 2000:724)

Volviendo a los artículos, nuestra autora cree que el principal problema de la mujer española es la soledad, la mujer no es capaz de soportar la soledad, ni sabe estar consigo misma y eso la impulsa a buscar un marido; así lo expone en textos como: “La resistencia a la soledad”, “Miedo”, “Carta abierta a una mujer soltera que pronto dejara de serlo”, etc. Sin duda es lógico ver el matrimonio como una salvación o como la única opción de una mujer para tener un lugar en la sociedad, habida cuenta de su situación en el sistema impuesto por la dictadura. Sin embargo, Begoña proponía algo más, quedarse soltera si se tenía vocación o bien: enamorarse, encontrar un compañero, formar una familia y desde luego casarse con un hombre de buena familia y posición o al menos trabajador y con posibilidades de prosperar. Podríamos citar numerosa bibliografía en la que se estudia el sistema político, legal y económico del momento, pero las inquietudes de estas “Chicas solas” coinciden exactamente casi cuatro décadas después, con las inquietudes de Bridget Jones. Recordemos que el best seller, que ya ha dado lugar a dos adaptaciones cinematográficas, partía de la columna que la escritora y periodista Helen Fielding publicaba en el diario The Independent y que millones de mujeres de todo el mundo se han sentido identificadas con ella y con sus aventuras.


2. BEGOÑA GARCÍA-DIEGO.
Poco o casi nada sabemos de esta autora madrileña que en 1962 había comenzado una carrera prometedora en el mundo de la narrativa, Manuel Halcón resaltaba en el prólogo de la obra que nos ocupa su juventud y sabemos que ya en 1957 había ganado con una novela corta titulada Bodas de plata el premio “Café Gijón”; con posteridad fue finalista del Premio “Elisenda Montcada” y premio “Fiesta del libro” por un artículo periodístico. Entre su bibliografía se encuentra el ensayo sobre la juventud titulado Los años locos, la obra en colaboración Papeles sobre los novios y el noviazgo y Del mal amor y otras calamidades publicado en 1991.

En este mismo prólogo M. Halcón nos daba algunas noticias sobre la autora se trataba de una periodista que colaboraba con la revista Semana3 y que contaba con la amistad del propio M. Halcón y de Mercedes Fórmica. La influencia de ambos fue decisiva. Manuel Halcón supo animarla a escribir en un momento en el que Begoña parecía abandonar su vocación de escritora, él recordaba esta anécdota: “Casi te pegué el puño a la cuartilla; y salí del despacho donde te quedaste sola con tu pluma y tu condición de mujer. Más tarde intervino, bien claro lo vi al leer lo que escribiste, un tercer factor muy importante: tu talento.” (García-Diego, 1962: 7)

Mercedes Fórmica también tuvo un papel decisivo, Halcón mencionaba que la había llevado a Blanco y Negro y, después de hacerla observar la habitación en la que estaban y a los que las rodeaban, le dijo: “Escribe como ellos hablan cuando están en su casa. Escribe ‘Cuarto de estar’.” Durante muchos años formó parte de la redacción de esta revista, pero también fue jefa de redacción de la revista cubana Vanidades Continental y corresponsal de esta revista en Madrid, colaboradora de la mayoría de los periódicos y revistas españoles y enviada especial en Londres, París, Roma, Bruselas, etc.

De estas dos anécdotas debemos extraer dos elementos que serán fundamentales en el análisis de esta obra. En primer lugar, el hecho de que B. García-Diego escribe desde su condición de mujer, es decir, habla de las mujeres de su tiempo sobre todo de aquellas que tienen una posición social y económica y una edad similar a la suya. En segundo lugar, el consejo de M. Fórmica que le dijo escribe ‘cuarto de estar’; así se denomina a la escritura de novelistas como Jane Austen o las hermanas Bronte, Virginia Woolf reflexionaba sobre estos aspectos en un ensayo titulado Un cuarto propio:


Además, todo el aprendizaje literario que una mujer tenía en los principios del siglo XIX era la observación de caracteres, el análisis de la emoción. Su sensibilidad había sido educada durante siglos por las influencias de la sala común. Los sentimientos de las gentes estaban siempre ante sus ojos. Por consiguiente, cuando la mujer de clase media se dedicó a escribir, escribió naturalmente novelas... (Woolf, 2003:75-76)
Nos encontramos por tanto con una vuelta atrás, García-Diego utiliza técnicas analíticas del siglo XIX para construir sus personajes, describiendo aquellas parcelas más íntimas y cotidianas, aunque sus circunstancias fueran algo distintas a las de las escritoras decimonónicas. Curiosamente la autora de El diario de Bridget Jones reconoció haber tomado como punto de partida para su obra la novela Orgullo y Prejuicio de Austen. Aunque B. García-Diego y H. Fielding, sin tener el grado independencia que deseamos actualmente ni del que dispondrán las mujeres que nos sucedan, sí han podido hacer todas las cosas que V. Woolf4 en su ensayo constataba que les estaban vedadas a las novelistas que mencionaba; Begoña y las mujeres de las que habla podían viajar, coger solas un medio de transporte, almorzar solas en un bar, etc.


3. CHICAS SOLAS, ANÁLISIS DE LA IMAGEN DE LA MUJER EN LA PRENSA.

La imagen que se ofrecerá de la mujer en los textos que nos ocupan estará estrechamente relacionada con el ámbito de lo privado; tradicionalmente la representación que se hace de la mujer en los medios de comunicación está centrada en lo privado y muy pocas veces aparece en el ámbito de lo público. Así lo constata M.ª José Sánchez Leyva:


Los numerosos y diferentes estudios sobre medios de comunicación llegan una y otra vez a la conclusión de que persisten los estereotipos tradicionales sobre el rol del género femenino, que la mujer es presentada como objeto, como madre, como ama de casa, como sumisa y paciente de los deseos, acciones y voluntades de otros. Una mujer que sólo es presentada como agente si se subraya a través de marcas culturales que el modelo presentado resume todo lo “femenino” (en el sentido sexista del termino). Es decir, la principal crítica focaliza el que se siga escribiendo de las mujeres dentro del ámbito de “lo privado”. ( Leyva, 1999: 154)
Esta presentación de la mujer siempre en el ámbito de lo privado puede considerarse estereotipada y sexista, aunque es posible hacer una lectura positiva. Gracias a este tipo de textos podemos conocer a la mujer de una época determinada y, dejando al margen como nos gustaría que fuese, podemos revisar su evolución a lo largo de la historia, aunque tampoco sería sensato negar la identificación que se produce entre las mujeres y esta imagen; B. Jones quizás no es el paradigma del feminismo, pero no ofende a las mujeres que ven en ella un reflejo de sus problemas y sus inquietudes.

En el proceso de comunicación la imagen o representación social de la mujer se forma a través del acuerdo adoptado en torno a las distintas parcelas de su comportamiento. La feminidad es por tanto el conjunto de estereotipos y clisés considerados como permanentes a la hora de definir y representar a la mujer y elaborados en el marco de una sociedad y cultura donde dominan los valores masculinos, por lo tanto la construcción de la imagen de la mujer no ha estado en manos de ésta sino del hombre y como señalan Adolfo Perinat y M.ª Isabel Marrades:


Tratar de destruir la imagen de la feminidad es poner en peligro las mismas estructuras patriarcales; es rechazar la ideología de una superioridad masculina en temperamento, rol y status; es conseguir la completa independencia económica de la mujer y su autodeterminación; es analizar detalladamente y con sentido crítico cuáles son los rasgos típicamente viriles o femeninos, que se estimulan, valoran o reprimen para sustentar la superioridad masculina; es poner en tela de juicio la necesidad o la conveniencia de una hipertrofia de la violencia, de la intelectualidad y eficacia del varón frente a la hipertrofia de la docilidad, ternura y sentimentalismo de la mujer; es intentar realizar una integración y un intercambio de las experiencias humanas hasta ahora segregadas en todos los niveles de la vida donde el hombre y la mujer se han enfrentado y expresado a expensas de las energías físicas y emocionales de unos y otros; es concebir la sexualidad con una sola norma para ambos; es eliminar la prostitución y el matrimonio por interés económico... (Perinat y Marrades, 1980:101)
Por tanto el arte, la prensa, o cualquier tipo de representación se hará desde los modelos y cánones patriarcales, incluso los realizados por la mayoría de las mujeres, porque éstas tienen ya asumida la imagen que tiene la aprobación del hombre y es con ella con la que se sienten identificadas. Destruir esta imagen es posible, pero además de destruir las estructuras patriarcales, sería más que posible que las mujeres no se sintiesen representadas por ese nuevo modelo de mujer. Este es el caso de B. Jones que pese a ser económicamente independiente necesita encontrar un marido con la misma premura que si no lo fuera, está obsesionada con su peso y su imagen no tanto por sentirse bien como para atraer a los hombres y además sus conocimientos y su cultura son tan limitados, pese a tener una carrera, como sus capacidades como ama de casa; todo ello la convierte en una nulidad que no plantea ningún conflicto a la superioridad masculina y que despierta las simpatías de las mujeres.

Como venimos diciendo, el retrato que B. García-Diego hace de la mujer en 1960 difiere muy poco de la realizada por H. Fielding, con ello queremos constatar que la representación de la mujer en la prensa sigue siendo muy conservadora por lo tanto es lógico que también lo fuese hace cuatro décadas en España. M.ª Carmen García-Nieto en su artículo “Trabajo y oposición popular de las mujeres durante la dictadura franquista” estudia ampliamente el modelo de mujer que impuso el régimen franquista y los colectivos de mujeres que generó, se trata del modelo de esposa y madre que se perpetuó a lo largo de la dictadura. En cuanto a los colectivos especifica que son tres: las que asumieron el papel de esposa y madre, las derrotadas y las que sin romper del todo con lo establecido intentaron tener una cierta independencia y presencia en la sociedad por medio del trabajo. Dentro de este último grupo señala cuatro subgrupos:


Entre ellas pueden recordarse: a) las que Carmen Martín Gaite denomina chicas topolino, seguidoras del modelo norteamericano de mujer que llega con el cine; b) las que a través de la Iglesia, encuentran otras plataformas de presencia y socialización. Son las mujeres y jóvenes de Acción Católica, Congregaciones Marianas y movimientos apostólicos como la HOAC, la JOC y VO; c) las de la Sección Femenina, que tuvieron una presencia escasa, pero real en la vida política del país, incluso como procuradoras en Cortes; d) las que en los años sesenta y setenta, mediante su inserción en el mercado de trabajo y en la educación superior encontraron caminos de independencia y afirmación de su identidad. (García-Nieto, 2000:726)
Este último será el que veremos desarrollado en las páginas de Chicas solas, mujeres jóvenes entre veinte y treinta, que trabajan y tienen estudios y a las que se anima a buscar empleo y a estudiar con el fin de tener cierta independencia y de contribuir a la economía familiar una vez casadas, puesto que es su papel de esposa y madre el que deben representar y al que deben dedicar todos sus esfuerzos.

Para reconstruir la imagen social de la mujer a partir de un discurso también social, la comunicación en la prensa, es recomendable establecer un repertorio de opiniones, juicios de valor, actitudes, tomas de posición, programas normativos, etc. Por tanto para este tipo de análisis es importante definir una unidad de análisis temática. Concretamente en el caso que nos ocupa es más fácil, puesto que el campo de estudio está acotado previamente por la autora que ha seleccionado y organizado el conjunto de artículos que forman el libro, titulado igual que una de las secciones en las que está dividido. El libro está formado por siete bloques, los tres primeros son los que contienen mayor número de artículos: Di que sí, Cartas a mujeres y Chicas solas, los cuatro restantes corresponden a las cuatro estaciones y reúnen aquellos que tratan expresamente sobre algo relacionado con esa etapa del año.

A la hora de realizar nuestro análisis seguiremos un procedimiento empleado frecuentemente en trabajos de este tipo, se trata de la aplicación de una metodología basada en el análisis del contenido que no es un análisis literario ni un comentario de textos, no es una exégesis ni un trabajo de hermeneútica, sino una técnica de investigación basada en la descripción objetiva sistemática y cuantitativa del contenido manifiesto de la comunicación. (Perinat y Marrades, 1980)

Siguiendo la clasificación realizada por Perinat y Marrades (1980) en su libro Mujer, prensa y sociedad en España 1800-1939, podemos dividir los textos que forman este libro en cuatro grupos: el primero de ellos tiene como tema central el cuerpo de la mujer en tanto que es el asiento simbólico de numerosos elementos culturales, nos referiremos no sólo al cuerpo sino también a la belleza, a la sexualidad, al vestir, etc.; el segundo tratará sobre la personalidad femenina, defectos virtudes, roles sociales y las diferencias entre la personalidad femenina y la masculina; el tercer bloque contemplará a la mujer en las diferentes etapas de la vida, puesto que cada fase tiene asignadas sus funciones sociales; para finalizar en el cuarto apartado veremos la relación de la mujer con distintas instituciones sociales la religión, la cultura, la economía, etc.


3.1. EL CUERPO FEMENINO.
Somos nuestros cuerpos antes que cualquier otro concepto o etiqueta de identificación. Nuestro destino está marcado por nuestra biología así como cada una de nuestras células lleva el sello de su sexo. El valor que la sociedad da al cuerpo, la manera como lo representa, las costumbres a que los obliga, los prejuicios y las leyes a que lo someten, forma un tejido de significaciones que median entre nosotros mismos y la realidad externa. (Perinat y Marrades, 1980: 115)
El cuerpo de la mujer ha sido representado por todas las manifestaciones culturales creando cánones y modelos de belleza acordes con cada etapa, pero hemos de tener en cuenta que estos modelos han sido impuestos por los hombres. La prensa desde sus inicios, especialmente la prensa femenina de modas y salones, al igual que todas las formas artísticas, también ha contribuido a codificar la imagen del cuerpo femenino desde una perspectiva masculina.

Las mujeres representadas por B. García-Diego manifiestan una extraordinaria preocupación por su imagen, se trata de jóvenes de clase media y alta que están pendientes de la moda y sus variaciones y que prestan excesiva atención a su cuerpo y cuidado personal, puesto que depositan en su aspecto físico no sólo el transmitir toda la información que es posible acerca de ellas mismas sino que le conceden un importante papel a la hora de atraer al sexo opuesto.

En primer lugar nos referiremos a un motivo que se trata en diversos artículos, el peso. Resulta sorprendente la preocupación por adelgazar que siente la protagonista de estos artículos que la llevan a hacer dietas imposibles que a menudo no proporcionan los resultados deseados. Citaremos varios artículos en los que esto se puede observar, el primero de ellos titulado “El día sano” en el cuenta que una amiga suya ha sacado una receta de una revista femenina, porque sus amigas no tienen gran cosa que hacer y se pasan el día leyendo este tipo de prensa, con el que se consiguen estos resultados:
Viene de una revista americana y es una verdadera maravilla; régimen, gimnasia, ejercicio. Por la noche te encuentras como nueva has adelgazado más de un kilo, sientes endurecidos los músculos, el hígado y el estómago en perfecto estado, se te pone la piel como la de un niño sueco, los nervios igual que la seda y te sientes rejuvenecida y feliz, dispuesta a conquistar el mundo. (García-Diego, 1962: 57-58)
Sin embargo, pese a los magníficos resultados que prometía, no pudieron cumplir con la receta que proponía la revista y los resultados fueron los opuestos a los que pretendían. En “Tarde de domingo” cuenta la charla de un grupo de amigas mientras meriendan, nuevamente cae en la cuenta de que al coger un enorme trozo de pastel de chocolate se ha vuelto a saltar el régimen que empieza todos los sábados.

En cambio en “Adelgazar” la protagonista se da cuenta gracias al éxito que tiene con los albañiles, guardias y taxistas que necesita perder al menos tres kilos, la puesta en marcha de distintos regímenes no tiene los efectos que desearía, dado que consigue rebajar los kilos de más sin embargo comprueba que ya no tiene interés para los taxistas y además una de sus amigas le dice que tiene mala cara y le empiezan a salir arrugas, con lo cual decide volver a engordar. Pese a que su intención no es atraer a los taxistas, sentirse bien consigo misma depende directamente de la opinión que los demás tienen de ella y no de la que tiene de sí misma.

Tampoco las vacaciones de verano ayudan a la protagonista a conservar su figura, aunque en este caso lo plantea como algo positivo, puesto que han sido unas verdaderas vacaciones olvidando la tiranía de su imagen:
...Sí estupendo que durante unas maravillosas semanas hayamos mandado a paseo nuestro régimen, lo que dio como resultado un antiestético aumento de peso. No importa. Magnífico que volváis con la cara un poco ajada de haber tomado demasiado sol sin precauciones, con las uñas rotas y las descuidadas manos de una cocinera. Maravilloso que vuestro pelo se haya convertido en un estropajo mal teñido. Delicioso que no entréis en la faja nueva, que os sintáis incómodas con tacones altos. (García-Diego, 1962: 263)
Este fragmento es especialmente significativo porque en él se nombran todos aquellos aspectos que una mujer no debe descuidar cuando no está de vacaciones. Las manos y el pelo aparecen en muchos otros artículos en los que se habla de las peluquerías, de la moda y del corte y del estilo que llevan las muchachas descritas en sus textos. Los zapatos de tacón alto también son tenidos muy en cuenta, son utilizados por las que se preocupan de su imagen, las descuidadas van siempre con zapatos planos. El cuidado del rostro se trata en “Carta abierta a una madre”, donde se recomienda a la protagonista no enfadarse, porque salen arruguitas alrededor de los ojos y cuesta muchísimo borrarlas dando masaje con una crema carísima. Todos estos cuidados tienen un objetivo fundamental conservarse con una apariencia que resulte atractiva y sobre todo joven, uno de los primeros textos está dedicado a este asunto: “Envejecer es un arte difícil, sobre todo para las mujeres de ahora, delgadas, eficientes, agotadas de actividad. Nuestras abuelas no envejecían porque fueron siempre viejas...” (García-Diego, 1962: 48)

Todas estas acciones tienen como objetivo primordial atraer al sexo opuesto, aunque como apunta en “Si te quieres casar con los chicos de aquí” ninguna de estas cosas son suficientes y efectivas: “-Buenos cursos de picardía psicológica es lo que necesitan las muchachas en lugar de aprender a perfilarse los labios con pincel, más estudio del carácter masculino y menos gimnasia para adelgazar la cintura... Que parezca que están encantadas solteras cuando rabian por pescar un marido.” (García-Diego, 1962: 149)

Mención aparte merece la sexualidad, como sucede con otros textos de la época, que no querían tener problemas con la censura el tema aparece obviado. Aún así, las escasísimas referencias merecen algunos comentarios. Por ejemplo, son significativos los textos reunidos bajo el epígrafe “Verano” en los que García-Diego habla de ‘los Rodríguez’ y comenta la preocupación de sus amigas que se marchan y le encargan vigilar a sus maridos para que les diga si han ido a las boites y cabarets de Madrid, o el títulado “Los pícaros celos” en el que una de sus amigas es abandonada por su novio que se marcha con una cabaretera, porque ella era muy celosa.

Aunque, sin duda, el más interesante a este respecto es el titulado “Complejo de novio”, en él habla de las ganas de marcharse que les entran a sus amigos y a los novios de sus amigas pocos días antes de casarse. Entre los argumentos que ella les da sorprende este: “...Haberlo pensado antes, caray, que llevas diez años de relaciones y no había esquina donde no se te encontrase con las manos de Loly entre las tuyas y cara de cordero moribundo.” (García-Diego, 1962: 160) Sorprendente por su ingenuidad, pero concluye con un comentario no tan ingenuo:


Los papeles se han cambiado desde hace unos años. Antes eran las muchachas las que se horrorizaban de separarse de sus padres, lloraban a cántaros mientras las vestían sus amigas y se azoraban muchísimo ante la idea de tener que quedarse a solas con el marido. Ahora van a casarse tan frescas, alegres y cantando, como debe ser. Todas viven más o menos separadas de su familia, han estado estudiando en Inglaterra, tienen un empleo, no se sienten desamparadas al separarse de las faldas de mamá. Se casan tan felices, tan divertidas sin azaro alguno, tan contentas. (García-Diego, 1962: 263)
Otro aspecto al que se le concede mucha importancia es al vestido, las conversaciones entre la protagonista y sus amigas o entre las jóvenes que se sientan en Serrano a tomar el aperitivo están siempre salpicadas de comentarios sobre las hechuras de un nuevo vestido, los tejidos que se llevan, etc.; igualmente las descripciones de cada una de ellas contienen referencias a su modo de vestir, por ejemplo, las que no se preocupan por su aspecto suelen llevar siempre un jersey oscuro y una falda gris. También son interesantes los capítulos dedicados a las bodas, puesto que casarse implicaba renovar el vestuario y encargar un ajuar bastante completo. Aunque el más sorprendente de todos ellos es el titulado “Circunstancias”, tras citar a Ortega y Gasset y explicar la cita, decide aplicar la filosofía a cosas tan mundanas como el vestido, después de dar una explicación que casi atenta contra las bases del feminismo y a la que nos referiremos más adelante. La autora argumenta que cada vestido tiene su circunstancia y advierte del peligro de intercambiarlas:
Porque cada vestido que nos ponemos es “un vestido y su circunstancia”, y si nos empeñamos en cambiarlos, en no encajarlos como deben en su momento, en mezclar un vestido muy “chic” recto y de color beige, con la circunstancia “gustar al hombre de nuestra vida”, el resultado serán un desastre. No digamos nada si nos enfundamos un traje de bandera, “gustar al hombre de nuestra vida” para ir a uno de esos tés de mujeres solas, tan tremendos que están pidiendo un traje balenciaguesco, nada favorecido por elegantísimo, para que se mueran de envidia nuestras amigas. (García-Diego, 1962: 263)
Este artículo se convierte en una pequeña guía sobre como vestirse adecuadamente en cada ocasión, además se recomiendan complementos y peinados para cada uno. La moda y sobre todo el vestirse bien tienen una gran importancia y no hay texto en el que no haya alguna referencia al vestido tanto que el lector puede incluso sacar en conclusión que no hay nada que un vestido nuevo no pueda arreglar, por ejemplo en “La voz de la tórtola”, la astenia primaveral se cura con un vestido nuevo:
...En seguida buscamos un motivo plausible para nuestro desasosiego, porque no nos gusta sentir en nosotras algo cuya causa no comprendemos:

-Este invierno trabajé demasiado y además no tengo nada que ponerme. El sastre de la temporada anterior está imposible; los trajes de verano, pasados de moda; los de playa, desteñidos. Mañana no iré a la oficina, me quedaré tarde en la cama y luego pasaré por la modista para encargar un vestido nuevo. A la primera prueba me sentiré como nueva. (García-Diego, 1962: 215)


La moda y la elegancia en el vestir no son sólo un signo de distinción de señoritas de clase alta, que pueden permitirse trajes de Balenciaga y renovar el armario cada año, son un signo de feminidad y de coquetería una preocupación connatural a la mujer sea de la clase que sea, del mismo modo que el cuidado de su aspecto físico, y no se trata exclusivamente de signos para atraer al sexo masculino, aunque esta sea su principal finalidad, sino que configuran la imagen que esa mujer quiere dar de sí misma en su entorno social.

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