Discapacidad intelectual



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TRASTORNO POR DEFICIT DE ATENCIÓN CON HIPERACTIVIDAD

El trastorno por déficit de atención es uno de los trastornos que más se diágnostica en la actualidad. A veces, da la sensación de que cada vez que nos encontramos con un niño movido, es porque es hiperactivo. Con demasiada frecuencia se tiende a relacionar el TDAH con un problema exclusivamente conductual, con mala educación. Por eso, debemos tener cuidado a la hora señalar las conductas típicas de este trastorno. Además, existen errores de percepción social acerca de los niños que sufren TDAH, como por ejemplo la madre que dice “Los niños hiperactivos que yo conozco son mucho peores que mi hijo. No debo plantearme, entonces, que sea TDAH. Mi hijo únicamente me agota” o la amiga que dice: “Mi hijo también hace esto o peor. Se porta mejor el tuyo que el mío”

Este tema me ha servido para romper con estos estereotipos y para darme cuenta de la importancia que tiene dicho trastorno. El TDAH es un síndrome conductual de origen orgánico hereditario, que se define como la incapacidad para mantener la atención y controlar la actividad al nivel esperado para la edad del individuo. Es el trastorno del comportamiento que más se diagnostica en la infancia y se calcula que afecta de un 5% a un 7% de los niños en edad escolar y se debe a una alteración global del funcionamiento cerebral, con alteraciones que afectan a las funciones cognitiva, conductual y motora. Aunque generalmente el TDAH se diagnostica durante la infancia, no es un trastorno que afecte sólo a los niños muchas veces se prolonga hasta la adolescencia y a etapas posteriores. El ADHD predomina más en varones en una proporción de 3 a 1 con respecto a las mujeres. El ADHD en que se manifiesta la combinación de los síntomas es el más común en varones de edad escolar mientras que el trastorno en el cual predomina el déficit de atención es más común entre chicas adolescentes.

El diagnóstico de este trastorno ha de basarse en una valoración minuciosa para excluir otras posibles causas de las dificultades del niño, lo que incluye información a partir de su familia y maestros y una evaluación por parte de profesionales de asistencia sanitaria, incluyendo habitualmente un pediatra, un psiquiatra infantil y un psicólogo infantil. La valoración requerirá varias horas y múltiples visitas al médico.

Una vez establecido el diagnóstico, se dispone de diversas opciones de tratamiento, incluyendo tratamiento conductual, programas de educación especial y medicación. Padres y maestros han de tomar parte en el tratamiento del niño con un refuerzo positivo de las buenas conductas, animándole y siendo tajantes en lo que atañe a lo considerado inaceptable. También es efectiva la atención adicional prestada por parte de sus maestros o un menor número de alumnos por clase.

Hasta un 70-80% de niños con TDAH responde a la medicación estimulante, que con frecuencia da lugar a una rápida mejora de los síntomas. Este tipo de medicación contribuye a frenar las conductas impulsivas e hiperactivas, lo que permite al niño concentrarse y aprender. La medicación “estimulante” suele ser bien tolerada y apenas origina efectos secundarios. Los niños que siguen dicho tratamiento no corren mayor riesgo de volverse drogodependientes más adelante. La identificación, diagnóstico y tratamiento precoces ayudarán a que los niños afectados puedan desarrollar todo su potencial.



Como docentes, una vez diagnosticado dicho trastorno, debemos mantener una estrecha relación con los padres y los profesionales que participen en el tratamiento del alumno. Además, debemos servir de modelo para el resto de los alumnos facilitando estrategias de afrontamiento y resolución de problemas. Es muy importante que utilicemos técnicas de modificación de conducta y proporcionar a los alumnos con TDAH un ambiente estructurado y predecible (reglas y normas del aula que estén siempre a la vista).

Para terminar mi reflexión, decir, esta reflexión me ha servido para comprender muchas de las cosas que veo dentro de mi familia, ya que tengo un primo con este trastorno al que mis tíos llevan en bastante secreto. Esto me hace darme cuenta de lo importante que es, saber llevar a la familia, porque el intentar esconder el problema no lo soluciona. Soy consciente de que él, recibe todos los apoyos que se necesitan, pero a ellos no les gusta mucho hablar de ello. ¿Será porque no lo entienden? ¿Tal vez piensen que es mejor para él? No lo se, supongo que es lo más fácil y menos doloroso para ellos, pero ¿Quién soy yo para juzgarlos?


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