Directori o Lic. Mario Marín Torres Gobernador Constitucional del Estado de Puebla y Presidente Honorario de la Junta de Gobierno del Instituto Poblano de la Mujer Lic



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Índice


Modelo de atención psicológica
Introducción

Porqué el IPM trabaja en el combate a la violencia familiar. Objetivos del modelo, a quién va dirigido.




  1. Caracterización de la violencia

Concepto


Tipos

Ciclo de la violencia

Incidencia

Perfil del agresor/a y de el/la receptor/a

Consecuencias de la violencia familiar

Síndromes asociados a la violencia familiar




  1. Marco teórico. Teorías y enfoques para el abordaje de la violencia familiar en el ámbito psicológico

Postulados principales de cada teoría y enfoque

Modelo integrativo para la atención integral: El modelo ecológico con enfoque de Género.


  1. Los tipos de atención y la actitud de el/la profesional:

Atención breve y de emergencia

Terapia prolongada

Terapia de grupo


  1. La atención psicológica de casos de violencia familiar y de género en el Instituto Poblano de la Mujer

El equipo de trabajo (Quiénes dan la atención, sus roles y atribuciones, perfil de puesto)

Vías de acceso a la atención en el IPM

Modelo de atención psicológica

Etapa 1. Preparación para la interacción

Etapa 2. Entrevista inicial.



Etapa 3. Continuidad del proceso de atención breve y de emergencia
5. El cuidado del personal que da atención terapéutica
Referencias bibliográficas

Presentación
Uno de los derechos humanos que ha reclamado la mayor atención mundial, es la aspiración a una vida libre de violencia. Esta demanda ha sido motor de acción para las mujeres durante toda la historia y en todas las sociedades. La especificidad de la violencia de género, ganó reconocimiento hasta hace pocos años por la Organización de las Naciones Unidas, que ha condenado ampliamente la existencia de la violencia hacia las mujeres, cuyo origen estriba en el abuso del poder.
Si bien en México la posibilidad de vivir sin violencia y de ejercer una ciudadanía plena, ha sido una demanda del movimiento amplio de mujeres, es reciente el establecimiento de mecanismos públicos de atención a este grave problema. En la última década, a nivel nacional y en cada entidad federativa, se ha avanzado notablemente en materia legislativa, en la creación de centros de atención, en la sensibilización social y en la capacitación de servidoras/es públicos para atender y prevenir la violencia familiar y de género. Sin embargo, los esfuerzos no han sido ni los suficientes, ni los esperados.
En 2006, el H. Congreso de la Unión por primera vez aprobó recursos para atender esta problemática desde los estados, a través del Programa de Apoyo a Instancias de las Mujeres en las Entidades Federativas (PAIMEF). Gracias a ello, se implementaron acciones de prevención de la violencia de género, lo que constituyó uno de los logros más significativos para los institutos de las mujeres permitiendo el desarrollo de estrategias simultáneas.
En Puebla, en el marco del PAIMEF llevamos a cabo procesos formativos y otras acciones de fortalecimiento institucional que han permitido ampliar y mejorar las capacidades de atención a las personas en situación de violencia. Como parte de estos procesos, con mucha satisfacción presentamos este Manual del Modelo de Intervención Psicológica, que resulta de la sistematización de la experiencia de trabajo en el Instituto Poblano de la Mujer.
Este material busca constituirse en un referente y una guía para otras organizaciones gubernamentales, sociales y privadas, vinculadas al trabajo de atención –y prevención- de la violencia familiar y de género. Consideramos que en este esfuerzo es valioso retomar las experiencias que en conjunto hemos podido construir los diversos actores sociales.
En el diseño de este manual, hemos estado acompañadas de las integrantes de Caminos Posibles, A.C., quienes con su experticia, profesionalismo y, sobre todo, calidad humana, nos ayudaron en esta tarea de redescubrimiento y de valoración de procesos que han cambiado la vida de cientos de personas. Este cambio incluye a las mujeres que han tenido el valor y la confianza de acercarse al Instituto Poblano de la Mujer, así como a quienes han prestado los servicios de asesoría durante estos años.
Conscientes de que este manual es una mera propuesta en papel, creemos que en la medida en la que sea leído e implementado, podrá integrarse como una herramienta de lucha a favor de los derechos de las mujeres.

M.D. América Soto López

Directora General

Instituto Poblano de la Mujer



Introducción
El fenómeno de la violencia y el maltrato dentro del ámbito familiar no es un problema reciente. Los análisis históricos nos revelan que ha sido una característica de la vida familiar tolerada, aceptada desde tiempos remotos. Sin embargo, décadas atrás, expresiones como “niños maltratados”, “mujeres golpeadas” o “abuso sexual”, tal vez eran comprendidas pero no consideradas como sinónimo de graves problemas sociales (Corsi, 1994).
A comienzos de los años sesenta, empieza a hablarse de la violencia familiar como un problema social grave y no es sino hasta principios de la década de los setenta, con la influencia del movimiento feminista, que se logra atraer la atención de la sociedad sobre las formas y las consecuencias de la violencia contra las mujeres.
En lo que respecta a la investigación, asistencia y prevención de la violencia familiar, son los países anglosajones quienes tomaron la iniciativa y han venido produciendo conocimientos sobre el fenómeno y generando políticas gubernamentales y no gubernamentales para dar respuesta al problema.
En los países latinoamericanos la preocupación por el tema de la violencia familiar como un problema, ha ido creciendo en los últimos diez años, dando lugar a diversas iniciativas que, de acuerdo con las respectivas particularidades, han enfatizado uno u otro aspecto del problema (Corsi, 1994)
Así, en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer realizada en Beijing, China, 1995, México asumió el compromiso de incorporar la perspectiva de género a las políticas públicas, a fin de favorecer relaciones de mayor equidad entre hombres y mujeres. Es decir, que las diferencias biológicas existentes entre ambos no deriven en desigualdades sociales, económicas, políticas y culturales (Campos, 2000)
México realizó acciones institucionales para la prevención y atención de la violencia familiar a partir de 1999, durante el gobierno del Presidente Ernesto Zedillo, con la creación del Programa Nacional para la Prevención y Atención de la Violencia Familiar 1999 (PRONAVI), cuyas acciones fueron continuadas por la administración actual, a través de la creación del Instituto Nacional de las Mujeres y la implementación del Programa Nacional por una Vida Sin Violencia 2002-2006.
Actualmente todos los estados del país cuentan con Programas Estatales de la Mujer, en los cuales está prevista la prevención y atención de la violencia familiar, incluido en ellos, el Estado de Puebla. A su vez, de 1999 a la fecha se ha incrementado de 4 a 12 el número de albergues para mujeres que viven violencia. (Campos, 2003) No obstante, esta infraestructura aún es insuficiente para atender casos en los que está en riesgo la vida de las personas que viven violencia. Además, se requiere de un esfuerzo coordinado que articule a distintos actores para atender esta problemática desde sus diversas facetas y para construir pautas de convivencia familiares que solucionen los conflictos de manera no violenta, con equidad y respeto, lo que implica situar los esfuerzos en una dimensión de prevención.
El Instituto Poblano de la Mujer en el combate a la violencia familiar
Dentro del marco del federalismo, en varias entidades del país se instalaron oficinas específicas para la operación del Programa de la Mujer. En Puebla el Grupo Plural de Mujeres Poblanas impulsó esa iniciativa y el Ejecutivo Estatal le dio cauce instalando en octubre de 1997 el Subcomité Especial Alianza para la Equidad dentro del Comité de Planeación para el Desarrollo del Estado de Puebla (COPLADEP) e instruyó la creación del Programa Estatal de la Mujer, que definiría el sentido de las acciones de coordinación y planeación de ese Subcomité (IPM, 2004).
La Coordinación del Programa impulsó la formación de un Consejo Consultivo en el que se consideró pertinente incorporar a mujeres que desarrollaban actividades dentro de la academia y las organizaciones políticas, sociales y civiles.
Dos años más tarde el Titular del Ejecutivo del Estado, Licenciado Melquíades Morales Flores, presentó a la LIV Legislatura Local la iniciativa de ley para crear el Instituto Poblano de la Mujer.
El Instituto Poblano de la Mujer fue creado con el propósito de coordinar y ejecutar acciones orientadas a promover el desarrollo integral de las mujeres a fin de garantizar su plena participación en la vida económica, política, cultural y social de la entidad. Para ello impulsa el diseño de políticas públicas con perspectiva de género y la ejecución de acciones específicas en coordinación con Dependencias y Entidades del Sector Público Federal y Estatal, los Poderes Legislativo y Judicial, con los Ayuntamientos, así como con instituciones educativas, organismos privados y de la sociedad civil (IPM, 2004).
El Instituto Poblano de la Mujer creado por decreto el 24 de marzo de 1999 como un organismo público descentralizado del Gobierno del Estado de Puebla, sectorizado a la Secretaría de Desarrollo Social del estado, cuenta con personalidad jurídica, patrimonio propio, autonomía de gestión y con domicilio en la capital del estado, pudiendo tener representaciones en la entidad a través de Coordinaciones Regionales. Tiene como atribuciones buscar el desarrollo integral de las mujeres para lograr su plena participación económica, política, cultural y social. (Gobierno Constitucional del Estado de Puebla, 2006: 3) Desde entonces a la fecha, el Instituto Poblano de la Mujer, a través del Programa Estatal de las Mujeres desarrolla acciones para combatir la violencia familiar y de género. Entre sus logros principales destaca entre enero y octubre de 2006, haber proporcionado atención a 28,568 mujeres y 5,422 hombres, a través de los distintos servicios que presta (Anaya, 2006).
El Instituto Poblano de la Mujer ha establecido un Sistema de Atención y Respuesta a la Mujer (SARA) que permite contar con un formato único de registro que capta la información de las usuarias, el cual se constituye en una estrategia innovadora en materia de seguimiento de casos que abre numerosas posibilidades para la investigación y la consolidación de las políticas estatales en materia de prevención y atención de la violencia familiar (IPM, 2006; Anaya, 2006).

La atención psicológica a personas que viven violencia familiar


El modelo de atención de violencia familiar (IPM, 2004b) lo desarrolla la Dirección de Asuntos Jurídicos y Apoyo Psicológico del IPM, la cual implementa acciones asistenciales y de prevención, proporcionando servicios de asesoría jurídica y apoyo psicológico, que contemplan orientación individual, de pareja y familiar, con previa cita, así como la tramitación legal en juzgados y denuncias por violencia ante la agencia del ministerio público. También realizan talleres de prevención ligados a temáticas de autoestima y toma de decisiones.

El Departamento de Psicología es el área responsable de dar atención psicológica a las mujeres que viven violencia familiar. Esta área cuenta con 2 psicólogas y 1 psicólogo y tres personas de servicio social. Este departamento trabaja con un modelo de ocho sesiones máximo, pero si la situación lo amerita se puede dar un poco más, cada persona cuenta con su propio expediente. Las citas se agendan previamente, pero si hay un caso muy grave se puede dar una atención inmediata.


Desde la formación del Instituto Poblano de la Mujer se ha prestado este servicio, el cual cuenta con una elevada demanda. Tan sólo en lo que va del año se han atendido 602 casos por primera ocasión, 88 casos por infidelidad, 151 de baja autoestima, 55 por adicciones y 82 por duelo emocional. Todos estos casos están vinculados a la vivencia de algún tipo de violencia (Moreno y Hernández, 2006:1).

Población objetivo

Las mujeres adultas, mayores de 18 años, son la población prioritaria del área de atención psicológica, las mujeres adolescentes, niñas y niños que acuden a solicitar el servicio son canalizados a otras instancias.


Objetivos del modelo, a quien va dirigido
Este modelo de atención es un material de consulta para que el personal responsable de brindar atención psicológica a mujeres que viven violencia familiar obtenga las herramientas teóricas, metodológicas y actitudinales necesarias para el buen desempeño de su trabajo con calidad y calidez.
Se creó a partir de la revisión de modelos de atención psicológica desarrollados en México y en América Latina, así como de entrevistas con el personal del área para conocer la ruta crítica que siguen al dar la atención. Recupera la experiencia desarrollada por el personal del Departamento de Atención.
Este modelo se basó también, en los resultados de un diagnóstico participativo realizado con el personal del Instituto Poblano de la Mujer, facilitado por Caminos Posibles s. c., en donde cada área realizó un análisis de sus fortalezas, oportunidades y amenazas, así como en las propuestas de integrantes del Departamento de Atención Psicológica y de otras áreas del Instituto Poblano de la Mujer, elaboradas a manera de trabajo final (Mendivil y Pacheco, 2006; López y Martínez, 2006; Moreno y Hernández, 2006; Anaya, 2006; Mejía y Gray, 2006), en el marco de un diplomado en Políticas de prevención y atención de la violencia familiar, financiado por el Instituto Nacional de Desarrollo Social, con recursos del Programa PAIMEF, de octubre a noviembre de 2006 y ejecutado por Caminos Posibles s. c. en el marco de ejecución del “Proyecto para la formación y el fortalecimiento de los programas de prevención y atención de la violencia familiar del Instituto Poblano de la Mujer”, ejecutado de agosto a diciembre de 2006.


  1. Caracterización de la violencia


Concepto
El término Violencia y su raíz etimológica nos remiten al concepto de “fuerza”.
Corsi (1994) define a la Violencia, en sus múltiples manifestaciones, como una forma de ejercer el poder mediante el empleo de la fuerza (física, psicológica, económica, política.) e implica la existencia de un “arriba” y un “abajo”, reales o simbólicos, que asumen roles complementarios: padre – hijo, hombre – mujer, maestro alumno, patrón – empleado, joven – viejo, etc.
El uso de la violencia supone un abuso de poder, “es un intento de doblegar la voluntad del otro, de anularlo, en su calidad de “otro”. La violencia implica una búsqueda de eliminar los obstáculos que se oponen al propio ejercicio de poder, mediante el control de la relación” (Corsi, 2003: 23-24).

Violencia de Género

Se define como todas las formas mediante las cuales se intenta reproducir el sistema de jerarquías impuesto por la cultura patriarcal. La violencia dirigida hacia las mujeres con el objeto de mantener o incrementar su subordinación al género masculino, tendiente a acentuar las diferencias apoyadas en los estereotipos de género, conservando las estructuras de dominio que se derivan de ellos (Corsi, 2003).



Tipos

Violencia física

Actos de agresión intencional, repetitivos, en el que se utilice alguna parte del cuerpo, algún objeto, arma o sustancia para sujetar, inmovilizar o causar daño a la integridad física de su contraparte, encaminado hacia su sometimiento y control. Se puede expresar a través de:


Sujeción (control)

Lesiones con puño, mano o pie

Lesiones con objetos

Golpes

Ingestión forzada de drogas o bebidas alcohólicas

Mutilaciones y deformaciones

Quemaduras con líquidos o cigarros

Privación de alimentos

Sobrealimentación

Descuido físico
Violencia psicoemocional
Se liga a patrones de conducta que consisten en actos u omisiones repetitivos, cuyas formas de expresión pueden ser prohibiciones, coacciones, condicionamientos, intimidaciones, amenazas, actitudes devaluatorias, de abandono y que provoquen en quien las recibe, deterioro, disminución o afectación a la estructura de su personalidad.
Algunas expresiones de maltrato psico emocional son:
Aislamiento

Controlar a través del miedo

Gritar

Indiferencia

Humillar

Pobre o nula estimulación emocional

Rechazo

Irrespetar los sentimientos

Negligencia

Abandono
Violencia sexual
La violencia sexual está ligada a un patrón de conducta consistente en actos u omisiones repetitivos, que pueden expresarse a través de: negar la satisfacción de las necesidades sexo afectivas, la inducción a la realización de prácticas sexuales no deseadas o que generen dolor, practicar la celotipia para el control, manipulación o dominio de la pareja y que generen daño. Comprende actos como:
Manoseos

Hostigamiento sexual

Violación

Forzar a ver o presenciar actos con carga sexual
Violencia económica
Se expresa en patrones de conducta vinculadas a controlar a alguien haciéndola económicamente dependiente. Incluye el control y manejo del dinero, las propiedades y, en general, de todos los recursos de la familia. Por lo general se da por parte del hombre. Algunas manifestaciones de este tipo de violencia son (Venguer et al., 1998; Zúñiga, Campos y Sánchez, 2004):
Hacer que la persona receptora de violencia tenga que dar explicaciones cada vez que necesita dinero, ya sea para uso de la familia o del suyo propio.

Dar menos dinero del necesario, a pesar de contar con liquidez.

Inventar que no hay dinero para gastos que la persona considera importantes.

Gastar sin consultar con la mujer cuando el hombre quiere algo o considera que es importante.

Disponer del dinero de la persona afectada (sueldo, herencia, etc.)

Que el hombre tenga a su nombre las propiedades derivadas del matrimonio.

Privar de vestimenta, comida, transporte o refugio.
Abandono
El Diario Oficial de la Federación del 8 de Marzo de 2000, determina como Abandono al acto de desamparo injustificado hacia uno o varios miembros de la familia con los que se tienen obligaciones que derivan de las disposiciones legales y que ponen en peligro la salud. Se refiere al incumplimiento de obligaciones por parte de quien está comprometido a proveer cuidados y protección. Puede reflejarse en la falta de alimentación, de higiene, control o cuidados rutinarios, así como en la desatención emocional y del desarrollo psicológico y en la insatisfacción o satisfacción tardía de diversas necesidades de salud. También abarca el abandono en lugares peligrosos y la negación de ayuda cuando la persona receptora de violencia está enferma o herida. Se presenta en todas las etapas de la vida de las personas afectadas, en la infancia, tercera edad o en condiciones de discapacidad. (Zúñiga, Campos y Sánchez, 2004)
Ciclo de la violencia
De acuerdo con Zúñiga, Campos y Sánchez (2004), la preparación de la secuencia violenta tiene un carácter ritualizado constituido por tres elementos: espacial, temporal y temático. El espacial se refiere al territorio donde se origina la violencia, si éste es público o privado, dentro o fuera, con la presencia o no de terceros. El momento temporal en que se desatan los hechos está predeterminado. Es común que la violencia de hombres a mujeres se dé los fines de semana y por las noches. Con los niños, al hacer las tareas o durante la comida.
El aspecto temático se refiere a los acontecimientos, temas o contenidos comunicativos que desencadenan las interacciones violentas (por ejemplo: el trabajo, los parientes, los celos, etcétera). Cada actor de la interacción violenta sabe que palabras dañan o enfurecen al otro y en que tema esto se agudiza. Si se da algún cambio en estos tres aspectos, se pierde la rigidez del consenso implícito. El consenso no está claramente explicado para los actores, de ser así se mostraría el carácter ilusorio del conflicto.
Algunos estudios señalan la existencia de un activador que anuncia la interacción violenta. En una intervención es preciso identificarlo, pues puede ser clave para el tratamiento y rehabilitación de los actores. Las familias con comportamientos violentos tienen un sistema de creencias que refuerza la aparición de los actos violentos. Este se manifiesta en vivir las diferencias como grandes amenazas, y en la conformación de exigencias y expectativas que son inalcanzables por los actores. Muchas de ellas derivan de roles genéricos que exigen a las mujeres un comportamiento sumiso, sentimental, maternal y pasivo, y a los hombres, un rol de proveedores, no demostrar sus sentimientos, dirigir y controlar. Dichos roles terminan convirtiéndose en negaciones del deseo propio y la individualidad, en una especie de camisa de fuerza.
Eleonor Walter en 1979 describió el carácter cíclico del fenómeno de la violencia e identificó tres fases o momentos:
Dinámica/ Ciclo de la relación abusiva

Distintos autores como Corsi, J. 1992, Ferreira, G. 1989, Walter, E. 1979, entre otros, describen la Escalada de Violencia como el proceso de ascenso paulatino de la intensidad y duración de la agresión en cada ciclo consecutivo.


Las conductas violentas contra la mujer aparecen generalmente desde que inicia la relación y se agravan con el paso del tiempo. El fenómeno de la violencia es de carácter cíclico y de intensidad creciente que se caracteriza por tres fases o momentos en el ciclo violento de la relación de pareja. (Canntrell, 1986)


  1. Fase de Acumulación de Tensión: Esta fase se caracteriza por la sucesión de acontecimientos que incrementan la tensión, la hostilidad y ansiedad entre la pareja, variando en intensidad y frecuencia. Se produce una dinámica marcada por la tolerancia al conflicto y la acumulación de tensiones resultantes de ellos. La duración de esta fase del ciclo es diferente en cada pareja y puede durar desde meses hasta pocas horas.




  1. Fase del Episodio Agudo: Durante esta fase se produce la descarga incontrolada de las tensiones acumuladas durante la fase anterior. Esta descarga puede variar en gravedad y abarcar desde un empujón hasta el homicidio. Esta fase tiende a incrementar tanto su ocurrencia como la gravedad de la violencia o bien, puede suceder que permanezca igual durante algún tiempo, antes de aumentar, caracterizándose por ser incontrolable e impredecible.

  2. Fase de la Luna de Miel o reconciliatoria. Esta fase se distingue por la actitud del agresor, extremadamente amorosa y arrepentida. Manifiesta sentirse arrepentido, prometiendo que nunca se volverá a repetir lo ocurrido, mostrándose cariñoso y considerado con la mujer. Muchas veces se produce una negación de lo ocurrido, minimizando la gravedad del acto violento, se intentan renegociar los términos de la relación.

Frente a esta actitud conciliadora del agresor, la mujer experimenta confusión, perdona la gravedad de los hechos y permanece en la situación violenta, buscando argumentos que justifiquen las agresiones sufridas.


Es importante tener en cuenta que esta etapa no siempre se presenta en el ciclo, si la situación se encuentra muy deteriorada, el agresor no pide “disculpas” por su conducta y constantemente arremete a su compañera.
A medida que el ciclo se repite, los episodios se tornan más severos, se incrementa el grado de violencia y los periodos de calma son cada vez más breves; puede ocurrir que las fases se acorten o desaparezcan, esto se denomina escalada.
En el momento de llevar a cabo la intervención, es importante identificar la etapa en la que se encuentra la persona que pide apoyo para el diagnóstico y la implementación de acciones preventivas. La Escalada guarda relación con la aparición sucesiva de las diferentes manifestaciones de violencia.
Mientras menor es la intensidad de la escalada, menor es el riesgo y mejor el pronóstico al momento de intervenir. La violencia sexual es la manifestación más grave y de mayor deterioro de la relación.



Información útil para detectar la fase en la que se encuentra la persona dentro del ciclo de la relación violenta


FASE

CARACTERISTICAS

IMPORTANTE TENER EN CUENTA QUE…


FASE I

Acumulación de Tensiones
Se produce una dinámica marcada por la tolerancia al conflicto y la acumulación de tensiones resultantes de ellos.





  • Se caracteriza por la sucesión de acontecimientos que incrementan la tensión, la hostilidad y ansiedad entre la pareja, variando en intensidad y frecuencia.




  • Se producen agresiones “menores”, la mujer maneja estas agresiones a través de conductas que antes le han resultado exitosas.




  • La mujer deja que la pareja sepa que acepta su abuso, con la idea de que éste no se enoje y explote.



  • La mujer se niega a sí misma que está enojada, racionaliza, llegando incluso a justificar la agresión.




  • Estos episodios aislados tienden a ser minimizados y atribuidos a factores externos, pensando que no puede hacer nada para modificar la situación.




  • A través de la repetición de una misma defensa psicológica, la mujer niega el terror a la inevitable segunda fase, intentando creer que puede tener todo bajo control.




  • La duración de esta fase varía en cada pareja, algunas permanecen por largos períodos de tiempo, pero una situación externa puede romper el equilibrio, razón por la que muchas mujeres intentan controlar las posibles influencias o situaciones externas que puedan alterar dicho equilibrio.




  • Cuando va aumentando el nivel de tensión entre la pareja, se hace más difícil soportarse.




  • En los hombres aumentan las conductas posesivas y violentas; en la mujer los sentimientos de rabia duran largos períodos de tiempo, hasta que la tensión se vuelve insostenible e imposible restaurar el equilibrio.








FASE II

Episodio Agudo
Durante esta fase se produce la descarga incontrolada de las tensiones acumuladas durante la fase anterior.





  • Se distingue por la descarga de tensiones acumuladas en la fase anterior, se pierde el control y el grado de agresión aumenta.




  • La mujer siente que ya no es posible controlar su terror, rabia y ansiedad.




  • Esta fase es más breve que la primera y tercera, el grado de violencia es impredecible e incontrolable.




  • La sensación de terror y tensión incontrolables generan insomnio, inapetencia o a la inversa, ganas de dormir y comer mucho.




  • Sólo el hombre puede poner fin a esta segunda fase, la opción para la mujer es encontrar un lugar donde mantenerse a salvo. El por qué los hombres se detienen, no queda muy claro, pero cualquier reacción de la mujer puede enfurecerlos aún más.




  • Al finalizar esta fase le sigue un shock: negación e incredulidad de que haya sucedido; ambos encuentran la manera de racionalizar la gravedad del ataque.







  • La mayoría de las mujeres no buscan ayuda inmediatamente después del ataque, a menos de que estén muy heridas y requieran de atención médica, ya que la actitud que muestran es similar a la de las víctimas de catástrofes, de colapso emocional: indiferencia, depresión y sentimientos de desamparo, llegando incluso a aislarse hasta 24 horas o varios días posteriores al ataque.




  • Es en este momento de crisis, cuando la mujer esta más dispuesta a solicitar y recibir ayuda.





FASE III
Arrepentimiento o Luna de Miel





  • Fase caracterizada por el arrepentimiento y la demostración de afecto por parte del hombre intentando reparar lo hecho; se siente culpable por su comportamiento y pide perdón asegurando que no volverá a ocurrir.




  • La tensión acumulada y manifestada, desaparece.




  • El hombre realmente cree que no volverá a pasar y que será capaz de controlar su enojo, inclusive intuye que le ha enseñado una lección a su pareja, con lo cual ella dejará de hacer lo que hacía y él no necesitará recurrir de nuevo a la violencia.




  • Se produce una negación de lo ocurrido, minimizando la gravedad del acto violento, se intentan renegociar los términos de la relación.




  • Frente a esta actitud conciliadora del agresor, la mujer experimenta confusión, perdona la gravedad de los hechos y permanece en la situación violenta, buscando argumentos que justifiquen las agresiones sufridas.




  • Su duración no ha sido determinada, parece más corta que la primera y más larga que la segunda.






  • Esta es la fase donde las mujeres suelen solicitar ayuda, el momento en el que se sienten capaces de salir de la situación.




  • Sin embargo, son presa de la culpa por desear abandonar el hogar, aunque están conscientes de no sentirse felices.




  • Los hombres durante esta fase intentan convencer a otras personas que deben ayudarle a recuperar a su mujer.




  • Las personas cercanas a la relación le pedirán a la mujer que vuelva con su pareja porque éste necesita de su ayuda. Se observa grandes intentos de persuadirla.




  • En esta fase prevalece la idea de que quienes se quieren pueden superar toda situación adversa.




  • Las mujeres eligen creer que la conducta que observan les muestra a su verdadero marido, advirtiendo cuán frágil e inseguro es y cuánto necesita de ella.




  • La mujer se convence a sí misma de que él ha cambiado y podrá lograr lo que le ha ofrecido. Revive como un reflejo fugaz su sueño original, lo hermoso que es el amor.




  • Él le recuerda que la necesita y amenaza con la idea de que pasarán cosas horribles si no lo persona (suicidio amenaza común)




  • Las mujeres se ven así mismas como un refugio, la única salvación de su pareja.




  • La dependencia entre ambos se vuelve evidente.




  • Las mujeres creen que las otras fases no volverán a suceder y que triunfará su visión idealizada de la relación.




  • Una vez que atraviesan varias veces por el ciclo, por los sueños de esa visión idealizada, sienten odio y vergüenza de sí mismas.

Quienes ayudan a las mujeres que viven violencia, este es el momento en el que pueden desesperarse, ya que ellas retiran las acusaciones, abandonan el intento de separación y tratan de arreglar las cosas.



Incidencia
Como se observa en la Gráfica 1, de a cuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Violencia contra las mujeres 2003 (ENVIM), el 21.5 % de las mujeres viven en situación de violencia de pareja actual, 34.5 % ha sufrido violencia en cualquier momento de sus relaciones de pareja en la vida, en tanto que el 60.4 % ha sido víctima de violencia alguna vez en su vida, ya sea de su pareja, por familiares u otra persona. Es decir, una de cada cinco usuarias de los servicios de salud sufren de violencia de pareja actual, una de cada tres han sufrido violencia de pareja alguna vez en su vida y dos de cada tres mujeres han sufrido violencia alguna vez en su vida, ya sea por su pareja, de familiares u otra persona. (Modelo Integrado para la prevención y Atención de la Violencia Familiar y Sexual, 2004: 9)


Gráfica 1. Incidencia de la violencia contra las mujeres
En cuanto a los tipos de violencia, la Encuesta Nacional sobre las Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH, 2003) encontró que un 35.4 % presentó violencia psicológica, el 27.3 % violencia económica, el 9.3 % violencia física y el 7.8 % violencia sexual como se muestra en la Gráfica 2.


Gráfica 2. Prevalencia de violencia según tipo de violencia

Estudios hechos en 35 países indican que de 25% a 50% de todas las mujeres han experimentado violencia física de parte de su pareja actual o anterior. (Heise,1994).


En distintas partes del mundo, por lo menos una de cada cinco mujeres ha sido violada o agredida sexualmente. (OMS/OPS, 1998).
Cada año cuarenta millones de niños y niñas menores de 15 años son víctimas de maltrato o negligencia familiar, suficientemente graves como para requerir atención médica. (ONU, 2001).


    1. Perfil del agresor/a y de el/la receptor/a


Perfil del agresor/a
Suelen estar afectados por numerosos sesgos cognoscitivos relacionados con creencias equivocadas sobre los roles sexuales y que consideran inferiores a las mujeres, así como ideas distorsionadas sobre la legitimación de la violencia como forma de resolver conflictos.
Suelen ser…


  • Individuos con poca tolerancia a la frustración.

  • Habilidades de comunicación muy limitadas.

  • No poseen estrategias adecuadas para solucionar los problemas (incapacidad para manejar conflictos).

  • Tienen dificultad para expresar sus emociones y sentimientos.

Rasgos de personalidad acentuados…




  • Dependencia emocional.

  • Agresividad generalizada.

  • Problemas en el control de la ira.

  • Impulsividad.

  • Baja autoestima.

  • Celos.

De acuerdo con algunos resultados de investigaciones documentadas por Bertelli (1999), las y los agresores se caracterizan por:




  1. Deseo de control. Desea controlar todos los actos que realiza su pareja.

  2. Celos excesivos.

  3. Tiene una doble fachada. En público son amables y amorosos y en lo privado violentos.

  4. Falta de seguridad personal. Siente constantemente amenazado su poder.

  5. Baja autoestima. Tiene una débil imagen de si mismo. No confía en sus logros.

  6. Represión de sentimientos. Siente que pierde poder si manifiesta sus emociones.

  7. Dificultades en la comunicación. No logran establecer comunicaciones efectivas. Se comunica a través de roles estereotipados que no le comprometen como persona.

  8. Aislamiento emocional. Socializa con las demás personas pero no se compromete afectivamente.

  9. Incapacidad de alternativas ante el conflicto. Reacciona impulsivamente, no cuenta con herramientas para solucionar conflictos.

  10. Agresión silenciosa. Usa el lenguaje no verbal para agredir.

  11. Actitud negadora. Niega la realidad, niega su violencia. No se responsabiliza de sus actos.

  12. Manipula a sus hijas e hijos a familiares y amigos cercanos para hacerles sus aliados.

  13. Abusa del alcohol, drogas o de medicamentos u otras adicciones.

  14. Tiene gran resistencia al cambio. Su pensamiento es rígido.


Perfil del/la receptor/a
Las y los receptores de violencia se caracterizan por (Castro, 2004; Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva, 2004):


  1. Soportar el maltrato emocional no percibiendo si quiera, el deterioro del que se han apropiado, al recibirlo en forma permanente.

  2. Cuando solicitan ayuda en la mayoría de los casos lo hacen para sus parejas.

  3. Dudan de su salud mental, se ven anuladas en su auto confianza no pudiendo discriminar lo importante y urgente de lo intrascendente.

  4. Suelen justificar la acción de quien ejerce violencia porque le consideran enfermo o porque atribuyen su comportamiento a la incidencia de factores externos.

  5. Se asumen como culpables, responsables y merecedoras de tales castigos, pues no logran atender y cubrir en su totalidad con las expectativas de quien les agrede.

  6. Existe una exagerada propensión a la vergüenza, culpa y al miedo (sólo se es alguien con un hombre a su lado).

  7. Consideran que no tienen salida. Se victimizan.

  8. Su pensamiento es rígido.

  9. Su autoestima y confianza es débil.

  10. Consideran que pueden hacer algo para cambiar a la persona que las arremete.

  11. Creen que su destino es vivir al lado de quien las violenta.

  12. Dudan de sus capacidades.

  13. Cansancio y fatiga crónicos.

  14. Problemas de memoria y concentración.

  15. Cefaleas crónicas.

  16. Disminución en el interés para participar en actividades significativas.

  17. Miedo intenso, desesperanza, culpa, vergüenza y horror.

  18. Recuerdos perturbadores recurrentes e intrusivos.

  19. Ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos.

  20. Hipervigilancia o estado de alerta constante, palpitaciones.

  21. Depresiones severas.

  22. Trastornos del sueños (dificultad para dormir o mantenerse dormido/a) y pesadillas

  23. Ideas románticas en exceso

  24. Ideas y actos suicidas

  25. Tolerantes ante el abuso de poder

  26. Síndromes diversos

De acuerdo a lo establecido por las UAPVIF (Unidades de Atención y Prevención de la Violencia Intrafamiliar) del DF, el perfil psicológico de las mujeres receptoras de violencia comparte una serie de características de personalidad (EAPVIF, 2000):




  • Baja autoestima

  • Asertividad deficiente

  • Escasa capacidad de iniciativa

  • Adopción de conductas de sumisión

  • Falta de autoconfianza


Consecuencias de la violencia familiar
En el Informe del Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo y de la Organización Panamericana de la Salud, se establece que la estimación exacta de la carga sobre la salud por violencia contra la mujer, se ve dificultada por la falta de datos sobre la incidencia y el impacto del abuso sobre la salud, así como por el sub registro de los mismos. Sin embargo, se sabe que la carga oculta para la salud física, mental y social de las mujeres varía dependiendo del tipo de violencia, intensidad de la misma, pero representa casi un año de vida perdido por cada cinco años de vida saludable o bien la muerte a edades más tempranas (Heise, Pitanguy y Germain, 1994).
En los últimos años, se ha puesto mayor atención a las consecuencias de la violencia masculina sobre la salud de las mujeres, se ha encontrado que es un factor determinante en muchos padecimientos femeninos y se sabe que arrasa con la identidad y la subjetividad, excluyendo a las mujeres del terreno de la palabra y la significación (Velázquez, 2003).
Consecuencias físicas
Estas consecuencias se pueden considerar como una manifestación inmediata a la violencia física, sin embargo, es posible observar una serie de situaciones que se derivan de la violencia que van desde lesiones leves: moretones, raspones, torceduras, hasta las llamadas lesiones graves: las cuales ocasionan daño permanente o irreversible como la muerte Además de las en alteraciones físicas que se manifiestan como:


  • Agotamiento físico

  • Alteraciones del aparato gastrointestinal

  • Trastornos de columna

  • Dificultades respiratorias, palpitaciones e hipertensión

  • Dolores de cabeza

  • Mareos

  • Tics faciales

  • Caída del cabello

  • Dermatitis

  • Trastornos de la alimentación

  • Temblores incontrolables


Consecuencias Psicológicas
La violencia tiene profundos efectos psicológicos como:


  • Depresión (signos depresivos que incluyen: desgana, apatía, abatimiento; autoevaluación negativa, perspectivas futuras aterrantes; inhabilidad para la acción, ausencia o baja motivación; astenia, alteraciones del sueño, rechazo de la sexualidad, pérdida del apetito)

  • Pérdida de autoestima

  • Sentimientos de culpa

  • Aislamiento social

  • Dependencia emocional

  • Ansiedad y Angustia extrema y generalizada

  • Trastorno por estrés agudo

  • Trastorno por estrés postraumático

  • Alerta y sobresalto permanentes


Síndromes asociados a la violencia familiar
El Modelo Integrado para la Prevención y Atención de la violencia familiar y sexual (2004), señala que los síndromes que se encuentran asociados a la problemática de la Violencia Familiar son:
Si la violencia es física o emocional/psicológica




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