Dimensiones de la convivencia escolar en el mundo 0: oportunidades, riesgos y desafíos



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GT-01 Ciencia, tecnología e innovación: recreación, nuevos saberes y

prácticas científicas


Ponencia

Dimensiones de la convivencia escolar en el mundo 2.0:

oportunidades, riesgos y desafíos
Mag. María Martha Durán

Asesora Académica, Vicerrectoría Académica

Universidad Estatal a Distancia, Costa Rica



mduranr@uned.ac.cr


Resumen


Desde una perspectiva ecológica se discute teóricamente sobre dos grandes desafíos para la convivencia en el mundo educativo: la globalización y la tecnologización del conocimiento y de las redes sociales. Se valoran las tensiones que se generan, las oportunidades, los riesgos y los desafíos asociados especialmente para la convivencia pacífica en y desde los nuevos contextos educativos. Se presentan tres casos difundidos en medios de comunicación costarricenses y se discute sobre la situación en Costa Rica.
Palabras clave: Mundo 2.0, Ciberconvivencia, Oportunidades, Riesgos, Matonismo Virtual (cyberbullying), Desafíos, Costa Rica.

Introducción


La globalización y la tecnologización del conocimiento y de las redes sociales.

Internet y la telefonía móvil son herramientas fundamentales para apoyar el acceso de niñas,  niños y adolescentes a la información y a la educación y para garantizar el ejercicio de sus derechos.

Al mismo tiempo, estas tecnologías generan riesgos importantes para la infancia que deben ser combatidos.
Marta Santos Pais, 2014

Vivimos en un mundo globalizado. No solo económicamente globalizado sino, ante todo, científica y tecnológicamente globalizado. La cultura contemporánea esta incrustada en la dimensión científico-tecnológica, que se convierte en clave de comprensión del ser humano y de la sociedad actual.

El desarrollo de la Tecnología y la Informática ha posibilitado (y se ha alimentado) de la ruptura de fronteras geográficas y mentales (movilización en tiempo real), y la innovación adquiere otra dimensión, generando procesos de transformación caracterizados por la velocidad en que se produce el conocimiento y la necesidad de aprender-a-aprender y aprender-haciendo como necesidades y demandas fundamentales. Se propicia un “efecto dominó” (sistémico) en el que la totalidad del entramado social se ve involucrado y en el que tres elementos son básicos: conocimiento para entender, destreza para manejarlo y capacidad para participar de manera equilibrada en su construcción y asumiendo la responsabilidad ciudadana.

Córica y Dinerstein (2009), han llamado Generación Net a las personas nacidas entre 1980 y 2000 (los nativos digitales1 para Prensky, 2001 y Piscitelli, 2005, 2006), grupo que ha crecido rodeado de computadoras, internet, videojuegos, celulares y mucha tecnología en general que asumen estas tecnologías como parte de la vida cotidiana y, por lo tanto, imprescindibles en tanto la información y el conocimiento se asocian a poder y movilidad social. Son personas que, como señala Serres (2014) viven una vida completamente distinta que las generaciones anteriores: ya no habitan el mismo espacio, no se comunican de la misma manera ni hablan la misma lengua, no perciben el mismo mundo, conocen de otra manera y se vinculan de otras formas.

Para finales del 2014 se estima que el mundo tenía casi 3 billones de usuarios de Internet, dos tercios de ellos de países en desarrollo, y el número de suscriptores a Internet móvil de banda ancha fueron casi 2.3 billones de los cuales el 55% pertenecen a los países en desarrollo (ITU, 2014, citado por International Association of Internet Hotlines –INHOPE-, 2015).

Es claro que estos cambios tan decisivos repercuten en la sociedad en su conjunto, en la educación, el trabajo, las empresas, la salud, el derecho y la política. Desde la perspectiva educativa obliga a la generación de nuevos contextos y modelos educativos que impacten en todos los elementos y actores de su proceso: en los usuarios de la formación (el estudiantado), en el equipo docente, en los escenarios donde ocurre el aprendizaje, en los objetivos y contenidos, en la forma de realizar el proceso de formación, con nuevas estrategias, herramientas y materiales, en la institución educativa en general y en las políticas públicas que la sustentan.



TIC, TAC, TEP y ciberconvivencia.
Gracias al desarrollo científico-tecnológico, la se ha convertido en parte de la vida cotidiana y, por lo tanto, en imprescindible especialmente para los nativos del nuevo siglo. Esto implica asumirse como miembros de la era de la inmediatez y accesibilidad, demandas generalizadas que, aunque no alcanzan a toda la ciudadanía sí la determina, generando transformaciones en las formas de interacción, modificando los ecosistemas de relación de los grupos y las comunidades humanas (Ortega, del Rey & Sánchez, 2012) a partir de cambio de paradigmas como el del ser humano y el éxito.

Sobre esta idea el Programa Digital Crianza Tecnológica (2015) identifica las transformaciones en el uso de las tecnologías, pasando de Tecnologías de la información y la comunicación (TIC) a Tecnologías para el aprendizaje y el conocimiento (TEC) y, actualmente, a Tecnologías de empoderamiento y participación (TEP) con un cambio fundamental en el papel del usuario: de consumidor a prosumidor (productor + consumidor: utiliza las TIC para consumir contenidos, participar y producir información).

Siguiendo a Tedesco (2003) y a Ortega y colaboradores (2012), es necesario identificar dos niveles de análisis en cuanto al papel de las tecnologías de la información en la persona

1. en el proceso de socialización - es decir, el proceso por el cual una persona se convierte en miembro de una sociedad-, y

2. en el proceso de aprendizaje, referido a aquel por el cual la persona incorpora conocimientos e informaciones.

El uso de dispositivos digitales es un potente instrumento para el aprendizaje y la formación intelectual de los y las adolescentes (Machargo, Lujan, León, López y Martín, 2003, citados por Ortega et al, 2012). El uso cotidiano de los dispositivos electrónicos con los que acceden a la red se ha convertido en una herramienta con multiplicidad de utilidades entre las que destacan la posibilidad de manejar y disponer de todo tipo de información, la apertura de nuevos cauces de relación y comunicación y la facilitación de un material casi inagotable para la diversión y el entretenimiento. En esta línea Michel Serres (2014) señala que las sociedades occidentales están viviendo una tercera gran revolución: luego del paso de lo oral a lo escrito y la aparición de la imprenta, el revolución que se consolida con el nuevo siglo está guiada por el auge de las nuevas tecnologías y que se ejecuta gracias a la facilidad con la que los mensajes brotan de los pulgares.

El impacto en las relaciones sociales es muy alto en parte por el uso (y abuso) de redes sociales: la construcción de subjetividades varía, sus formas de ser y estar juntos también.

La conducta online se ha convertido, no solo en una herramienta de trabajo y actividad sino también en una vía de comunicación entre pares: la relación con el otro se intensifica en frecuencia y cantidad de contactos a través de medios electrónicos, y la percepción de la realidad se difiere en la pantalla; las emociones y la riqueza del lenguaje no verbal se diluyen a la distancia (por ejemplo la “transformación del lenguaje a través de nuevas formas de escribir palabras y de expresar con imágenes y símbolos sus sentimientos y emociones -denominado lenguaje XAT-” (Prosic 2008). No sorprende entonces que la concepción del mundo, la construcción de valores, la mediación de aspectos sustantivos como las emociones y la percepción de la realidad varíen en este contexto desvaneciendo las distancias y permitiendo la emergencia del tiempo como parámetro de realidades físicas y componente esencial de las relaciones humanas.

Así en el interjuego de la presencialidad-virtualidad, la superficialidad-profundidad, la intimidad-espectacularidad, la persona y su estar-con-el otro (con-vivir) se ven afectadas, generando mayores posibilidades de interacción (tanto comunicativa como hipertextual) pero propiciando nuevas formas de concebir los derechos en la red y el distanciamiento afectivo (clave de la empatía y la solidaridad), la orientación al desinterés y desensibilización frente al otro que, amparados en el anonimato, pueden generar acciones violentas como el matonismo virtual, el happy slapping y el child grooming, de los cuales hemos tenido casos en el país, dados a conocer a través de medios de comunicación.

Por tanto, actualmente, el concepto de ciberconducta2 resulta relevante en todo análisis sobre el estado de la convivencia entre jóvenes y adolescentes en todos los contextos sociales. Si se considera que aun cuando niños, niñas y adolescentes comprenden más fácil e intuitivamente que los adultos todo lo referido a la tecnología y el mundo online, es también cierto que están en pleno desarrollo por lo que en sus diferentes estadios no cuentan con la capacidad de autorregular adecuadamente en su uso. Frente a la necesidad de trabajar en la ciberconvivencia (refiriéndose al sistema de relaciones presenciales y virtuales desarrollados en entornos virtuales y las condiciones óptimas para que se dé -tipo de interacción en redes sociales, dependencia, uso responsable y seguro de internet, tutoría digital docente y supervisión familiar-) padres, madres y docentes deben cumplir un rol activo y de acompañamiento.


Los riesgos en el Mundo 2.0: el uso violento de la tecnología

En el contexto descrito, muchos de los riesgos vienen derivados del desconocimiento o uso inadecuado o excesivo de internet y otras tecnologías, con frecuencia lejos de la supervisión por parte de los adultos (Machargo, Lujan, Izón, López & Martín, 2003, citados por Ortega et al. 2012).

Además del uso solitario y sin regulaciones temporales de los dispositivos digitales, está el aislamiento social y el posible perjuicio que el excesivo uso puede causar a la dedicación y al seguimiento de las actividades escolares y en general al rendimiento académico. Por esto han aparecido conductas patológicas relacionadas con internet, por ejemplo el phubbing3 y la adicción a internet y/o los juegos virtuales4.

Los jóvenes cibernautas se enfrentan a la violencia en la red a través de tipos de contenido asociados con la explotación sexual comercial y no comercial, la apología de la violencia como medio para resolver conflictos, el racismo y la homofobia, la amenaza a la privacidad o a la propiedad, la exposición a una comercialización indiscriminada (Grillo et al., 2011; Programa Digital Crianza Tecnológica, 2015). Además la soledad y el temor a un mundo que se percibe como hostil, propician el aumento en la agresividad de jugadores y el refugio en metauniversos5 del tipo “vida secundaria” (second life6).

Se encuentran fenómenos como las peleas en línea por medio de mensajes electrónicos utilizando lenguaje enojado y vulgar (flaming), el ciberacoso en el que las acciones de perseguir o molestar insistentemente a una persona utilizando medios electrónicos son realizadas por diferentes actores (pares o no) con intención de generarle inseguridad, miedo e incluso terror a otra persona (por ejemplo hacia un profesor por parte de los estudiantes o padres de familia, o por un alumno mayor del mismo colegio o de otro colegio, o por personas fuera del ámbito educativo) (Carozzo, 2015). También el grooming se ha convertido en una gran amenaza en tanto que es la realización deliberada de acciones de manipulación a través de un medio tecnológico, de un adulto hacia un menor de edad y/o a los adultos de su entorno encargados de su cuidado, con el objetivo de ganarse la confianza y crear una conexión emocional que permita disminuir las inhibiciones del niño, niña o adolescente y poder abusar sexualmente de él/ella mediante contacto físico, fotografías o videos (sextorsión) (Asociación Chicos.net, 2011; Mazzo & Bustos, 2008, citados por Grillo & Esquivel, 2011; Anteproyecto de Ley 18230, 2013). Estas acciones pueden llevar al suicidio (el caso de Amanda Todd en 2012, es uno de los más difundidos).


El cibermatonismo: el deterioro de la convivencia

En este entorno social complejo, cargado de tecnología e innovación, de desigualdades y asimetrías de poder (Carozzo, 2012), la comprensión de la convivencia en el ámbito escolar pasa por entender el contexto posibilitador de la violencia (Baró, 1983) que Ortega (2003) relaciona con la interacción entre características estructurales socioeconómicas (carencia de recursos económicos, clase social), abandono –cuando no abuso adulto- y violencia interpersonal, tráfico, acceso y uso de armas, alcohol y drogas, maras y pandillas de niños, niñas y adolescentes de la calle.

La exposición repetida a la violencia en diferentes ámbitos (en medios de comunicación, en el barrio, la familia, con los pares, es espacios privados, académicos, de ocio y recreación) puede causar daño físico, mental y emocional con efectos en el corto, mediano y largo plazo; produce no solo lesiones y muertes, sino que deteriora el entramado de relaciones sociales de solidaridad y cooperación fundamentales para el ejercicio democrático, generan una vanalización de los actos violentos, desensibilización y asunción de estos como lo “normal”.

Por esto, tal y como lo señalan Ortega y Del Rey (2007), la violencia ha dejado de ser tema de un grupo reducido de investigadores y ha pasado a ser visualizado como un problema social, de salud pública que repercute en un mundo globalizado.

En el ámbito educativo la violencia interpersonal se manifiesta de múltiples formas, siendo el matonismo, maltrato escolar entre pares o bullying7 y el matonismo electrónico o cyberbullying dos de las formas más estudiadas en todo el mundo en las últimas décadas.

Tanto el bullying como el cyberbullying crean un clima de miedo, temor y falta de respeto en los centros educativos, lo que impacta en el aprendizaje de los estudiantes y la salud mental de las personas involucradas: propicia la aparición de conductas de riesgo en la adolescencia (embarazos tempranos, fumado, alcohol, drogas, trastornos alimentarios e ideación suicida, por ejemplo), impacto físico (estres negativo, problemas de salud a largo plazo) e implicaciones sociales (introversión, bajo rendimento escolar, pobre inserción y éxito laboral, reproducción de violencia en edad adulta y tolerancia hacia esta, por ejemplo) (Ortega & Del Rey, 2007, p. 37; Mc Donald, 2012). En el tejido social introduce la desconfianza y odio en las relaciones sociales, propiciando escaladas de violencia.

Específicamente el cibermatonismo (cyberbullying) es conocido también como ciberacoso, bullying electrónico o bullying digital (Mora-Merchán, Ortega, Calmaestra & Smith, citados por Ortega, 2010). Es un fenómeno colectivo en su naturaleza y basado en relaciones sociales de grupos que conviven cotidianamente en el ámbito educativo, sin que sea necesario que exista un conflicto previo entre las partes (agresión instrumental o proactiva) (Chaux, 2012; Salmivalli, Lagerspetz, Björkqvist, Österman, & Kaukiainen, 1996).

Refiere a cualquier tipo de acoso o intimidación agresiva e intencionada (burlas, mentiras, comentarios groseros o amenazantes, difusión de rumores, entre otras muchas formas) que se produce a través del correo electrónico, una sala de chat, mensajería instantánea, un sitio web (incluyendo blogs), mensajes de texto, videos o fotos publicadas en sitios web, o enviados a través de los teléfonos celulares8. Es desarrollado por una persona o grupo (con identidad real o ficticia) de forma repetida y mantenida en el tiempo sobre una víctima que no puede defenderse fácilmente por sí misma, y que no cuenta con ningún lugar seguro donde refugiarse de sus agresores: en cualquier sitio y en cualquier momento el ciberagresor puede contactar a la cibervíctima para agredirla, invadiendo aún sus espacios privados (David-Ferdon & Feldman, 2009; Mora-Merchán et al, citados por Ortega, 2010). Además, existe un mayor número de posibles ciberespectadores lo que afecta el deterioro de la imagen de la víctima así como su red social de apoyo.

La potencial intensidad de las agresiones online incide en que sus efectos tiendan a ser más severos que en las formas convencionales de bullying. Deben sumarse, además, la perdurabilidad de la agresión y el posible anonimato del ciberagresor (con la consiguiente impunidad).

Situación en Costa Rica. Tres casos de impacto mediático.
Lamentablemente la violencia en línea no es nueva en Costa Rica pero en el último año ha cobrado especial importancia gracias a la difusión realizada por medios de comunicación.

Por ejemplo una página Facebook, activa al menos desde 2012 (a pesar de varias denuncias realizadas y varias suspensiones) presenta videos de agresiones entre estudiantes costarricenses. El Ministerio de Educación Pública cuenta con datos estadísticos sobre violencia escolar que reflejan un importante incremento en las denuncias en los últimos años (Solís, 2013 y Defensoría Estudiantil, 2014), puntualizando en que a partir del 2013 fueron empiezan a presentarse denuncias específicas de cyberbullying.

Tres casos recientes dados a conocer a través de medios de comunicación nacional evidencian la gravedad de la situación:


  1. Sexting. El 26 de setiembre de 2014, la Sección Penal Juvenil del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) detuvo en Santa Ana a dos adolescentes (mujer y hombre) de 14 y 16 años de edad respectivamente, como sospechosos de difundir imágenes de desnudos de una menor de 14 años, estudiante del mismo colegio quien al parecer las habría compartido con el muchacho, con quien tenía una relación de noviazgo.

Los dos detenidos al parecer subieron las fotografías de la joven a una página de Internet frecuentada en España por pedófilos. Por esto la alerta del caso la dio INTERPOL España, que informó a INTERPOL Costa Rica sobre la situación (Solano, 2014).

  1. Happy slapping. El 18 de noviembre 2014 una persona (aparentemente un estudiante) fil­mó un video de 03:10 minutos de dos muchachas peleando en las afueras de un colegio, y fue pu­bli­cado en una pá­gi­na de Face­book ese mismo día. Fue dado a conocer por un medio de comunicación en las noticias nacionales del 19 de noviembre.

Las personas involucradas son dos mujeres adolescentes, la víctima (T, estudiante del Liceo de Nicoya en Guanacaste), la agresora (Y, que según el Ministerio de Educación Pública no cursa estudios en el mismo Liceo); quien graba la situación y los espectadores (aparentes estudiantes del Liceo de Nicoya) que se van incorporando durante el incidente de violencia.

La agresión inicialmente es de carácter verbal a partir del reclamo que hace Y hace a T por su­pues­tos y reiterados co­men­ta­rios malintencio­na­dos y, al no obtener una res­puesta, la arremete a golpes en su contra.

Se informa a los estudiantes por mensajería telefónica y varios corren a ver lo qué estaba pasando, sin intervenir para detenerlo.

Son 70 segundos de golpes a la vista y tolerancia de un grupo de personas…

Cuando el director del colegio pregunta, las per­so­nas pre­sen­tes se ne­ga­ron a hablar (Durán, 2014)


  1. Grooming. Diciembre 2014, Alajuela. Una joven de 14 años fue encontrada sin vida. Su asesino, un joven de 19 años, la contactaba mediante redes sociales y fue por esta vía que acordaron encontrarse para conocerse personalmente (Arguedas y Vásquez, 2014).

La desensibilización frente a la violencia y la pérdida de claridad y límites respecto a lo que es una broma, una burla, un insulto o una ofensa es cada vez más evidente. Además el amparo del anonimato en línea propicia acciones que, probablemente, no se realizarían tan fácilmente si fueran cara-a-cara, en forma presencial.

Las implicaciones son muchas y muy importantes. Entre ellas, posiciona claramente la importancia de la atención no solo de la víctima y el/la agresor/a, sino también del/la asistente y del grupo de espectadores. Su núcleo se refleja en una de las conclusiones de una investigación de la doctora Cristina Salmivalli (2012) en donde se reportó que el recuerdo más negativo relacionado con la agresión sistemática es "A nadie le importó".

Desafíos

La violencia resulta de la incompetencia emocional y del analfabetismo moral.

La educación es el único escenario que nos queda.

Edgar Morin


En el contexto que se ha tratado de dibujar es válida la analogía del uso de internet y redes sociales con el aprendizaje del uso de la bicicleta: hay que usarlas para aprender: No funciona prohibir sino informar sobre herramientas tecnológicas, sus potencialidades y sus riesgos, apuntando a la prevención desde la responsabilidad de los actores.

Debe partirse de que el grado de vulnerabilidad tanto individual como social de una persona está mediado por factores de riesgo9, ausencia y limitadas condiciones de los factores de protección10 y las características probables de vulnerabilidad, más que de perfiles o expectativas. En ambos casos estos factores pueden ser individuales, familiares, escolares o institucionales y socioculturales y pueden considerarse en una misma dimensión, como un continuum en la que en un extremo se puede situar un factor de riesgo y en el otro uno de protección.


Un ejemplo de acciones para la prevención y atención del uso de las TIC fue desarrollado en Colombia en 2009, bajo un modelo participativo, construyéndose un Código de Conducta para el uso de las Tecnologías de la información y las Comunicaciones (TIC) llamado Tus 10 comportamientos digitales11. Estos lineamientos parten de que “Tu responsabilidad es igual de real en lo virtual” y señalan los siguientes aspectos:

  1. Utilizo las TIC respetando a los otros, respetándome y haciéndome respetar

2. Ejerzo mi derecho a la libertad y respeto la de los demás

3. Hago uso de mi identidad de manera segura en mi interacción con otros en los ambientes tecnológicos

4. Protejo mi integridad y seguridad personal y la de los demás

5. Soy responsable con mi intimidad y la de los demás

6. Utilizo las TIC para el libre desarrollo de mi personalidad y mi autonomía, y a través de ella reconozco y hago respetar mis creencias y pensamientos, y los de los demás

7. Utilizo las TIC para mejorar mi calidad de vida, asegurándome de procurar un ambiente sano y pacífico

8. Soy consciente de que los menores de edad requieren especial cuidado y acompañamiento en el uso de las TIC.


  1. Utilizo las TIC para actividades sanas, seguras y constructivas, dentro del marco de la ley colombiana.

10. Respeto los derechos de autor.

En Costa Rica se han desarrollado propuestas y programas desde la prevención, como el Programa Digital Crianza Tecnológica (2015). Esta es una iniciativa de la Fundación Paniamor ejecutada en colaboración con el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones. Se basa en un enfoque de ciudadanía digital y sus cuatro dimensiones: uso seguro, responsable, productivo y para empoderar, asumiendo que la crianza tecnológica es “el conjunto de valores, conocimientos, recursos y prácticas que mamás, papás y otras personas en roles de cuido y formación, ponen en juego para mediar las interacciones de niñas, niños y personas adolescentes a su cargo con las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), de forma que dichas interacciones resulten en un disfrute, cada vez más consciente, de la ciudadanía digital” (Grillo, 2014).

También acciones de intervención, mitigación y prevención como las desarrolladas por el Patronato Nacional de la Infancia y el Programa Nacional de Convivencia en Centros Educativos (Programa CONVIVIR, creado según el Decreto Ejecutivo Nº 36779-MEP del 19/09/2011) que incluyen la puesta en práctica desde octubre 2012, de los “Protocolos para la Vida y la Convivencia”, herramientas de apoyo para la dirección, equipo docente y de orientación de las instituciones educativas. Estos cinco protocolos incluyen un protocolo integrado para la atención de situaciones de violencia en los centros educativos de secundaria, además de cuatro protocolos específicos referidos a la violencia física, psicológica y sexual; el acoso, matonismo o bullying y el cyberbullying; el uso y tráfico de drogas; la portación y uso de armas.

Cualquiera de estas valiosas acciones debe partir de cinco elementos clave:



  1. Una perspectiva integral, ecológica que propicie un trabajo integrado y alineado desde el más alto nivel alrededor de la temática, involucrando al Estado, sociedad civil y empresa privada, generando políticas públicas (por ejemplo el Anteproyecto de Ley 18230). Es necesario partir de la construcción de un lenguaje común que facilite la articulación intersectorial efectiva.

  2. Desde el enfoque de la ciberconvivencia propuesto por Ortega y colaboradores (Ortega et al, 2012; Ortega, 2013) es necesario trabajar en prevención desde las bondades y riesgos de internet en tanto contexto de socialización, propiciando el desarrollo de ciberconductas orientadas a la educación para la convivencia, el aprendizaje cooperativo, habilidades de comunicación y desarrollo de relaciones afectivas y amicales, la solidaridad, el respeto a la diversidad (cognitiva, socioeconomica, de origen, por ejemplo)

  3. Promoción y uso responsable de TIC tanto a los adultos responsables e intervinientes como a niños, niñas y adolescentes.

    1. Para lograr acciones oportunas y eficaces es determinante la sensibilización, formación y capacitación permanente y de más alto nivel a las entidades encargadas de la prevención y atención de estas problemáticas (personal del PANI, el MEP, del Poder Judicial, entre otros), la permanencia de su personal y el brindarles las mejores herramientas tecnológicas. También la formación de formadores (maestros, padres y madres, adultos mayores y todas las poblaciones intermedias que tienen contacto con los niños, niñas y adolescentes y que, por lo tanto, deben convertirse en referentes de protección digital) es clave para para difundir y replicar el conocimiento a los diferentes sectores en la sociedad.

    2. Educar, prevenir y promover buenas prácticas entre niños, niñas y adolescentes para enseñarles a cuidarse y a estar más seguros, mediante el desarrollo de programas sostenibles en el tiempo y constantemente evaluados a fin de asegurar su efectiva apropiación y pertinencia, lo anterior a través de un lenguaje adaptado al público objetivo y que incluyan la promoción de prácticas de autocuidado para que ellos mismos identifiquen las conductas y los factores de riesgo, favoreciendo su participación activa en acciones diseñadas especialmente para cada contexto y edad.

    3. Inclusión de proyectos sobre el uso responsable de las tecnologías como un eje temático transversal y no específicamente del área de informática, asociado a contenidos de ética y formación ciudadana (Asociacion Chicos.Net, 2009) tanto en el currículo universitario como en el escolar. De esta manera se busca incorporar los conflictos que aparecen en los entornos virtuales (por ejemplo, violencia y discriminación a través de las nuevas tecnologías, como son los casos de cyberbullying, sexting y otros) y abordarlos en el centro educativo.

    4. Trabajar en conjunto con padres, madres y docentes en las instituciones educativas, favoreciendo el acercamiento de los adultos al uso de las tecnologías y la promoción del diálogo con hijos, hijas y estudiantes.

  4. Mitigación del delito. Más allá de acciones puntuales es necesario contar con programas que sean permanentemente evaluados, para asegurar su apropiación y pertinencia, apoyándose en datos y cifras.

  5. Fortalecer los canales o líneas de denuncia en el país (911, 1147 por ejemplo), garantizando el anonimato y el reporte de sospechas. Para esto deben estar al alcance y ser utilizables por la ciudadanía de toda edad, funcionando como filtros efectivos gracias a protocolos y rutas de acción bien delimitados que faciliten la depuración y canalización de los contenidos a las autoridades competentes al mismo tiempo que garantizan que los datos y material que reciben y albergan puedan convertirse en una prueba digital para penalizar o dar respuesta y judicializar en caso que se considere pertinente12. Es fundamental dar una respuesta eficaz a la vulneración de derechos denunciada.



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UNESCO (2010). Metas Educativas 2021: desafíos y oportunidades. Informe sobre tendencias sociales y educativas en América Latina 2010. UNESCO Argentina-OEI. Recuperado de http://www.oei.es/SITEAL_Informe2010.pdf


1 En 2001, Marc Prensky acuñó el término “nativos digitales” para definir a quienes nacieron en un mundo constituido por y alrededor de tecnologías digitales, una tecnología diferente y distante de las que enmarcaron la vida de los adultos de la generación anterior.

2 La ciberconducta se da en las relaciones interpersonales que se desarrollan mediadas por dispositivos digitales y en escenarios creados por los propios usuarios y sus iguales, e incluye la mayoría de las veces una orientación a la eficiencia, la motivación hacia la utilidad y la función de reciprocidad (Ortega et al, 2012)

3 Estar pendiente de mirar el celular o las actualizaciones de estado en las cuentas personales en forma permanente y por esa razón no prestar atención o ignorar a las personas con las que se interactúa físicamente en ese momento, o las situaciones del entorno, generando riesgos.

4 Se consideran formas de "tecnofilia", recibiendo la denominación según los distintos autores de: "Síndrome de Adicción a Internet" (IAD), "Trastorno Adictivo a Internet" (TAI) o "Desorden Compulsivo Online" (DCO) (Ortega, 2013)

5 Los metaversos o metauniversos son metáforas del mundo real, mundos espejo del real en un ciberespacio, pero sin sus limitaciones físicas o económicas que permiten la interacción social y económica a través de íconos -avatares-.

6 Second life (SL) es un metaverso muy exitoso creado por la empresa norteamericana Linden Lab desde 2003 dirigido a personas mayores de 18 años. En 2005 se creó un una versión para adolescentes Teen Second Life, un mundo virtual de interacción social al que se accede a través de Internet, permitiéndole a cualquier persona tener una segunda vida y convivir con otros ciberciudadanos.

7 Es una forma multicausal y procesual de violencia interpersonal escolar entre pares (estudiantes) cuyo objetivo es causar daño. La agresión es proactiva, sistemática, intencional, prolongada, reiterativa y unidireccional. Se sustenta en un desequilibrio de poder o fuerza (real o imaginario uso de poder) y el miedo para ejercer control sobre otro, atentando contra la dignidad y los derechos fundamentales de la persona que lo sufre. La intención de daño se manifiesta a través de acciones directas o indirectas en cinco ámbitos: físico, verbal, social o relacional, psicológico y sexual; también puede presentarse una combinación de estas formas. (Durán, 2015).


8 Pueden mencionarse el happy slapping, sexting, ataque múltiple (incitación a agredir física o virtualmente a otro a partir de información real, falsa o distorsionada), espionaje (outing), suplantación de identidad.

9 Entendidos como aquellos que aumentan la probabilidad de que la persona sufra de alguna forma de violencia en línea, por ejemplo género, edad, falta de empatía, apariencia física (color, sobrepeso, tamaño), situación familiar (conflictos), disciplina parental (permisividad de los padres, falta de una adecuada enseñanza de los límites), grupo de amigos (exclusión social o sentimiento de exclusión), exposición a la violencia a través de los medios de comunicación y tecnológicos, ambiente escolar tolerante a la agresión, entre otros.

10 “Son factores que fomentan la seguridad mental y la resistencia entre los estudiantes y suprimen los efectos de los factores estresantes” Serrano (2006, p. 195). Por ejemplo modelos sociales positivos y solidarios; una relación familiar afectiva cálida, que brinde cuidado atento y disciplina consistente; recursos de apoyo familiares, de adultos o amigos; contextos de ocio y grupos de pertenencia constructivos; colaboración entre la familia y la escuela; alta autoestima y capacidad intelectual.


11 Accesible en http://www.tus10comportamientosdigitales.com/

12 Pueden considerarse las experiencias de las líneas ya existentes en América Latina: Seguros en Internet-Perú, Te Protejo-Colombia y Safer Net – Brasil, por ejemplo.


Catálogo: acta -> 2015 -> GT-01
GT-01 -> Epistemologías pragmáticas de la vida: regímenes de valoración y producción de verdad biomédica en el sistema Garantías Explícitas en Salud en Chile1
GT-01 -> Tecnología e Innovación con perspectiva de género. Estereotipos y baja presencia femenina en el campo del desarrollo de la innovación y la tecnología
GT-01 -> Xxx congreso alas costa Rica 2015
GT-01 -> Investigación académica y políticas de ciencia y tecnología para la inclusión social en el nivel regional-local. Reflexiones desde México. Autor
GT-01 -> Universidad nacional de costa rica facultad de ciencias sociales
GT-01 -> Xxx congreso Asociación Latinoamericana de Sociología Costa Rica 2015 Instituto Politécnico Nacional (México)
GT-01 -> Universidad de buenos aires facultad de ciencias sociales titulo: trabajo informacional y subjetividad
GT-01 -> Proponentes: Guillermo Eduardo Aguilar Mata
GT-01 -> Mariana Paredes- patricia Oberti 1 Facultad de Ciencia Sociales – Universidad de la Republica-Uruguay
GT-01 -> País: Cuba Institución: Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas Resumen


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