Dictadura mediática



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Dictadura mediática

en Venezuela

Investigación de unos medios

por encima de toda sospecha

Luis Britto García

Dictadura mediática en Venezuela:

Investigación de unos medios por encima de toda sospecha

Luis Britto García

Ministerio del Poder Poder Popular para la Comunicación y la Información;

Av. Universidad, Esq. El Chorro, Torre Ministerial, pisos 9 y 10.

Caracas-Venezuela

www.minci.gob.ve / publicaciones@minci.gob.ve

Ministro del Poder Popular para la Comunicación y la Información

Andrés Izarra



Viceministro de Estrategia Comunicacional

Freddy Fernández



Viceministro de Gestión Comunicacional

Mauricio Rodríguez



Directora General de Difusión y Publicidad

Mayberth Graterol



Dirección de Publicaciones

Gabriel González



Diagramación y montaje

Ingrid Rodríguez



Corrección

Francisco Ávila

Julio, 2008. Impreso en la República Bolivariana de Venezuela.

Depósito Legal: lf87120083202828

El capital privado tiende a quedarse

concentrado en algunas manos

en parte por motivo de competencia

entre los capitalistas y en parte

porque el desarrollo tecnológico y la

división de trabajo, en aumento, estimula

la formación de unidades más grandes de

producción a costa de las más pequeñas.

El resultado de este desarrollo es una

oligarquía de capital privado cuyo poder

enorme no puede ser efectivamente

controlado aún por una sociedad política,

democráticamente organizada. (...) Sobre

todo, en las condiciones existentes, los

capitalistas controlan inevitablemente,

directa o indirectamente, las fuentes

principales de información (prensa, radio,

educación). Es así extremadamente

difícil, y en verdad en la mayoría de

los casos imposible, para el ciudadano

individual sacar conclusiones objetivas

y hacer uso inteligente de sus derechos

políticos.

Albert Einstein

Introducción

Venezuela inaugura el tercer milenio bajo una amenaza

cierta. Los partidos que abandonaron a las masas son

abandonados por ellas. Los grandes capitales apuestan a

la solución final de la antipolítica. Partidos y dirigencias son abolidos

a favor del totalitarismo de un gremio de patronos sindicalizados y

otro de sindicalistas patronales, que intentan confiscar el Estado por

la fuerza bruta, legitimados o más bien dirigidos por una fracción de

los medios que actúa como partido político, designa o destituye a los

líderes de la oposición y les dicta estrategias y programas.

Uno de los artículos de fe de la postmodernidad reza que los

medios de producción ceden el paso a los medios de reproducción:

a artilugios que simplemente replican simulacros de lo real. Inevitablemente,

los medios privados tienden a proponernos estos simulacros

como única realidad. La televisión atiende todos los males

mediante cosméticos y terapias alternativas; la pantalla chica dispensa

jurisdicción mediante un juez de paz telegénico; las antenas ya no

sólo indican por cuál político votar: producen sus propios políticos

independientes de toda consulta electoral, salidos de la farándula, los

reinados de belleza, la conducción de programas de opinión.

Este modelo opera en dos instancias. Frente al público, tergiversa

la información haciendo pasar suposiciones, opiniones o deseos por

noticias, omite hechos y suplanta a los actores y poderes políticos

clausurando de hecho la democracia al pretender legislar, juzgar,

deponer y constituir gobiernos y administrar la República mediante

titulares o cuñas.

Colección Análisis

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Dictadura mediática en Venezuela

9

se denota con lo que se connota. No pretendo haber sido exhaustivo.

Apenas abro un campo de indagación inagotable y urgente para las

confrontaciones que se avecinan.

Dedico este trabajo a los comunicadores y a los propietarios de

medios que respetando las normas constitucionales y los principios

éticos de la profesión mantienen un difícil equilibrio en situaciones

turbulentas y respetan el derecho de su público a una información

veraz, imparcial y oportuna. De su exigente tarea cito abundantes

ejemplos en las páginas que siguen.

Dedico asimismo este trabajo a los verdaderos medios alternativos,

comunitarios y de servicio público, que en medio de mil dificultades,

a veces vetados y proscritos por las mismas autoridades que deben

protegerlos, intentan cada vez más imponer la veracidad, el pluralismo,

el equilibrio y abren nuevas perspectivas para el espíritu.

Lo dedico también a quienes por mantenerse fieles a su conciencia

y a su deber han sido vetados o excluidos, sin que en su defensa se

hayan movido hasta el presente gremios ni organizaciones supuestamente

defensores de la libertad de expresión o de los derechos

humanos. Su escogencia los honra.

En Venezuela a los intelectuales o los vetan o se vetan. Cada vez

somos más quienes ni nos vetamos ni dejamos que nos veten. Después

de todo, a nadie le interesa participar como colaborador o público de

unos medios unánimes.



Luis Britto García

Pero el modelo de confiscación de lo político por algunos propietarios

de los medios opera también en el interior de las redes. Sus

primeras víctimas son los mismos comunicadores, a quienes ciertos

propietarios proscriben, censuran o cesantean cuando desacatan la

línea impuesta. Se desencadena así una purga ideológica que en los

primeros meses del año 2003 integra una lista negra de casi medio

millar de comunicadores, columnistas y artistas despedidos o vetados.

Una fracción de dueños de los medios prohíbe toda disidencia y

clausura de hecho la libertad de expresión y creación.

Con esta doble táctica opera un aparato mediático que auspicia

y apoya la disolución de los poderes públicos constitucionales, la

destitución de todos los funcionarios electos, el sabotaje y la privatización

de la principal industria de Venezuela, el desconocimiento

de la voluntad soberana expresada en el sufragio, el odio étnico y

la guerra civil, e instaura la censura. Como bien apunta Augusto

Hernández: “Esta ley mordaza se le impuso al país el 12 de abril del

2002. Los medios privados no la protestaron, ni antes, ni durante, ni

después. Más bien aplaudieron” (“Una buena ley mordaza”, Últimas

Noticias, 1/6/2003, p. 31).

De tal manera pretenden algunos inversionistas –muchos de

ellos por cierto extranjeros– que comprar un medio es adquirir un

actor político, y que poseer el actor es confiscar lo político con miras

a la incautación de las reservas de hidrocarburos más grandes del

planeta a favor de una potencia hegemónica foránea. Para ejemplo

del mundo, a los venezolanos nos ha correspondido mostrar que su

poder tiene un límite en la voluntad soberana.

Como regla de esta investigación pionera privilegio la cita textual,

el señalamiento de las fuentes y los testimonios de opositores abiertos,

que hablan por sí mismos. Si la lengua es el castigo del cuerpo,

las comillas son el de la palabra escrita y la imagen grabada. Como

método adopto la confrontación de unos mensajes con otros, de unos

medios con otros, de los titulares con el cuerpo de la noticia, de lo que

I

Auge y caída



de la dictadura

mediática

La máquina dio manija al golpe de

Estado que intentó voltearlo. No

por su estilo mesiánico, ni por su

tendencia a la verborragia, sino por las

reformas que propuso y las herejías que

cometió. Chávez tocó a los intocables.

Los intocables, dueños de los medios de

comunicación y de casi todo lo demás,

pusieron el grito en el cielo. Con toda

libertad, denunciaron el exterminio de

la libertad. Dentro y fuera de fronteras,

la máquina convirtió a Chávez en un

“tirano”, un “autócrata delirante” y un

“enemigo de la democracia”. Contra él,

estaba “la ciudadanía”. Con él, “las turbas”,

que no se reunían en locales sino

en “guaridas”.

Eduardo Galeano, “La máquina”

Los venezolanos inauguramos tres experiencias históricas

trascendentes. El 19 de abril de 1810, la independencia latinoamericana.

El 27 de febrero de 1989, la primera rebelión

masiva de todo un país contra el Fondo Monetario Internacional. En

la semana más larga de la década, la que concluyó el 13 de abril de

2002, padecimos y vencimos el primer golpe mediático. Los hechos

siguen un guión preciso, que vale la pena examinar. No sólo repite en

algunos aspectos el golpe contra Mossadeg en Irán y el golpe contra

Salvador Allende en Chile: anuncia la tentativa insurreccional de

diciembre del mismo año y seguramente será instrumentado en otros

países, con idéntica participación protagónica de los medios.

Los dueños de la información

De acuerdo con las concepciones imperantes en los EE UU, no

supone un daño a la democracia el que un pequeño grupo de

corporaciones controle el sistema de información: de hecho,

eso es la esencia de la democracia.

Noam Chomsky,

“La oligarquía, esencia de la democracia”

¿Cuáles son estos medios? Hay unas seiscientas cincuenta televisoras

en América Latina que ametrallan imágenes para más de

cincuenta millones de receptores. En Venezuela el espacio de la radiodifusión

y la televisión pertenece a la República, que puede otorgarlo

o revocar el derecho a su uso mediante concesiones discrecionales.

Colección Análisis

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Dictadura mediática en Venezuela

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Los propietarios de algunos canales lo son a su vez de cadenas

editoriales, como Armando de Armas, dueño de un vasto grupo de

publicaciones que comprende diarios como 2001 y Meridiano. Algunos

canales, por cierto, no sólo son prolongación comunicacional

de poderosos grupos económicos, sino que además son de propiedad

mayoritaria de accionistas extranjeros: la Organización Cisneros es un

grupo trasnacional, con inversiones en Estados Unidos y en diversos

países de América Latina; Radio Caracas tiene decisiva participación

del capital colombiano. Consorcios foráneos pretenden protagonizar

la política nacional.

En Venezuela para 2003 funcionan 180 emisoras AM y 340 emisoras

FM. Los escasos grupos económicos dueños de las televisoras

también dominan los más importantes circuitos de radiodifusión:

poseen radios, agencias de publicidad, asesoría de imagen y relaciones

públicas que operan en estrecha vinculación con los canales,

y consorcios disqueros y otras industrias culturales que producen

el material a ser difundido, prácticas monopolísticas que los países

desarrollados prohíben.

Como denuncia el periodista Augusto Hernández, “tanto en radio

como en TV, las concesiones o frecuencias se otorgaron en base al

favoritismo partidista. Los gobiernos de turno concedían frecuencias

a sus aliados políticos, entendiéndose que la contraprestación se

daría en forma de apoyo durante las campañas electorales”. También

“se prohibía que el accionista de una radio tuviera participación en

otras, pero el incumplimiento era tal que el banquero Orlando Castro

llegó a poseer 40 emisoras. Los más vivos tenían canales de TV,

emisoras, agencias publicitarias, disqueras y otras empresas conexas.

Ellos mismos eran sus principales clientes o anunciantes” (“Radio y

televisión”, Últimas Noticias, 17/2/2003, p. 30). Gran parte de estos

conglomerados comerciales se iniciaron o expandieron gracias a

generosos créditos blandos con moderados intereses, suministrados

por entes del Estado.

Un reducido grupo de propietarios posee 65 televisoras en el país.

De ellas sólo seis tienen alcance nacional: las demás son emisoras

locales. En tres de éstas, Televisora Andina de Mérida, Canal de los

Niños Cantores del Zulia y Vale TV, tiene participación decisiva la

Iglesia católica. Hay una sola televisora de servicio público de alcance

nacional, Venezolana de Televisión, e incipientes emisoras comunitarias

de poco alcance, como Catia TV y la televisora comunitaria de

Boconó, a las cuales se agrega posteriormente Vive TV.

Durante varias décadas, la televisión comercial en Venezuela fue

un oligopolio de dos familias constituidas como poderosos grupos

económicos: la Organización Diego Cisneros (ODC), que posee

Venevisión, y el grupo 1BC, controlado por las familias Bottome

y Granier, que dominan Radio Caracas Televisión y Radio Caracas

Radio. Contra la decidida oposición de estos grupos, surgieron posteriormente

Televen, de Camero Zamora, Globovisión (de Alberto

Federico Ravell y Guillermo Zuloaga), CMT (de Humberto Petricca

Zugaro), Meridiano TV (del editor Armando de Armas) y La Tele.

Estos grupos privados, aunados a las televisoral locales, controlan

94% de la cobertura nacional y desarrollan 85% de potencia efectiva

irradiada, dejando para el sector público un magro 15%.

A esta abrumadora capacidad de emisión se añaden para finales de

2004 más de dos centenares de operadoras de televisión por suscripción,

algunas ilegales, otras con estructuras precarias. Las legalizadas

alcanzan a 5,5 millones de auditores, lo cual totaliza cerca del 13%

de la audiencia total (El Nacional, 5/11/2004, p. A-19). Directv, el

grupo de Cisneros, cubre parte importante de ella. En desobediencia

continuada contra todas las normas de telecomunicaciones, dicho

sector satura sus programas con propagandas prohibidas de bebidas

alcohólicas, interfiere la imagen original con todo tipo de mensajes,

signos y animaciones que deterioran y desnaturalizan el mensaje y

censura las películas transmitidas.



Colección Análisis

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Dictadura mediática en Venezuela

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con curules parlamentarias, concesiones de telecomunicaciones y

avisos oficiales.

Los grandes grupos económicos exportan más de 90.000 millones

de dólares, merman las reservas internacionales y desencadenan el 18

de febrero de 1983 una crisis financiera que durante la década inmediata

se traduce en progresivo deterioro de los partidos tradicionales.

El golpe mortal para estos es la firma de la Carta de Intención con el

Fondo Monetario Internacional por el presidente acciondemocratista

Carlos Andrés Pérez. Sigue la sublevación popular que arranca el 27

de febrero de 1989 y que es sofocada al costo de miles de muertos. En

las elecciones de 1993 el bipartidismo queda fuera de juego cuando

resulta electo Rafael Caldera, para ese momento expulsado del partido

socialcristiano. Desprovistos de toda influencia los dos grandes

partidos tradicionales, los grupos económicos recurren cada vez más

a los medios como principal agente de influencia política y alientan

la invención de nuevos partidos que funcionan como apéndices de

los medios.

Conciencia 21, organismo no gubernamental que investiga sobre

la realidad política, económica y social del país, realizó en abril de

1996 una encuesta en tres ciudades para determinar el grado de

confianza que la ciudadanía atribuye a diversas instituciones. El

mayor puntaje lo obtuvieron las universidades: un índice de 2,95, por

encima del 2,94 otorgado a la Iglesia católica, del 2,63 a los medios

de comunicación y del 2,58 a las Fuerzas Armadas. En contraste, la

policía obtuvo apenas un 1,81; el Congreso de la República un 1,70;

los partidos políticos, un 1,63. En la misma encuesta, el público jerarquizó

como las tres instituciones más necesarias para la democracia

las siguientes: 1) los medios de comunicación social, con 41 puntos;

2) las Fuerzas Armadas, con 40 puntos, y 3) las universidades, con

38 puntos. Los partidos políticos quedaron en el puesto 8, con 19

puntos; la empresa privada en el 10, con 11 puntos; la policía en el 11,

con 10 puntos. Concluye Conciencia 21 que “la educación, derecho

constitucional muy apreciado, tiene una institución que pareciera

Este reducidísimo grupo de propietarios teledifunde a mediados

de los años noventa para más de cuatro millones de pantallas. Es

concebible que para 2005 se haya duplicado el número de telerreceptores.

Asignándole conservadoramente tres espectadores a cada tubo,

suman uno de los públicos más masivos y pasivos del país. Nuestros

niños dedican cinco horas diarias a la teleaudiencia; los adultos –si

juzgamos por la universal deserción de bibliotecas, teatros y salas de

cine– casi todas las que el trabajo les deja libres. Para 1994, hay 458

receptores de radio y 169 monitores de televisión por mil habitantes

(Informe mundial sobre la cultura, Unesco, París, 1999, p. 363).

Igualmente concentrada es la propiedad de la prensa. En Venezuela

circulan dos centenares de revistas, una docena de periódicos de

alcance nacional y unos setenta diarios locales. Los seis principales

son poseídos cada uno por un específico grupo familiar. En más de

uno el capital extranjero tiene también peso determinante. Los propietarios

del cotidiano lo son también con frecuencia de un tabloide

paralelo, de revistas y otras publicaciones y de agencias de publicidad,

relaciones públicas y asesoría de imagen. Nuestras rotativas imprimen

cotidianamente cerca de dos millones de ejemplares; para 1994 había

206 ejemplares de periódicos por mil habitantes. Si todos se vendieran

y cada uno llegara a dos lectores, éstos constituirían un público de

casi cuatro millones de personas que peregrina entre los estruendos

de la denuncia política y las fascinaciones del horóscopo, entre los

fanatismos del deporte y los esteticismos de la página de arte.

¿Qué mueve a una importante fracción de los medios a querer

suplantar a los partidos políticos? En Venezuela la actividad más

productiva es la industria petrolera, bajo control estatal desde 1976.

El éxito de los principales grupos económicos privados depende de

su capacidad de influir en el Estado. Hasta 1983, esta influencia se

ejerce esencialmente mediante dos operadores: los partidos políticos

y los medios. Los grupos económicos hacen multimillonarios aportes

a las campañas electorales y son retribuidos con contratos públicos.

Los medios apoyan a determinados partidos y son recompensados

Colección Análisis

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Dictadura mediática en Venezuela

21

De tal manera, desalojadas de su nicho económico por la propia

globalización, menguado el subsidio de la propaganda oficial, las

televisoras y la prensa intentan asaltar para beneficio de los grupos

económicos el botín por excelencia en Venezuela: el propio Estado.

No se trata de una excelente gerencia que quiera aportar sus métodos

exitosos a la gestión pública: se trata de una administración fracasada

en la competencia económica, que busca la tabla de salvación de la

política. Como resume Aranguibel, “por eso su ansiedad por abrirse

espacio en otros escenarios... la búsqueda del poder es una opción que,

una vez alcanzado, les permitiría controlar los hilos de la economía

nacional y su acceso a nuevas (y para ellos más cómodas y seguros)

fuentes de ingresos” (Alberto Aranguibel B., “Televisión venezolana,

de la ilusión a la falacia”, Question, enero 2004, p. 8). El asalto del

poder ha de parecerles tan seguro, que las televisoras privadas se

cartelizan ilegalmente contra la medida conciliatoria del gobierno de

ofrecerles algunas pautas publicitarias a partir del 26 de noviembre

de 2003, y luego abren desmesurada ofensiva de prensa y audiovisual

contra Televen, la única planta que acepta la publicidad oficial.

Precisemos. Cuando nos referimos a “los medios” no homogeneizamos

una industria en la cual participan centenares de órganos

y laboran decenas de miles de personas, muchas de ellas excelentes

profesionales. Quienes intentan suplantar a los mediadores políticos

no son los medios, sino algunos de sus propietarios: una específica

fracción de éstos que se considera por encima de la Constitución y

de la mayoría electoral, algunos de ellos extranjeros o representantes

del capital foráneo. Los 18 mil miembros del sindicato de trabajadores

de la televisión, desde septiembre de 2004, están integrados a

la Unión Nacional de Trabajadores, próxima al proyecto bolivariano.

Pero el reducido grupo de amos de la información determina inapelablemente

qué se difunde y quién colabora en cada medio. La gran

propiedad confisca no sólo la libertad de expresión, sino también la

participación política, asumiendo todas sus ventajas y ninguna de

sus responsabilidades.

preservarlo: la universidad” (El Globo, 26/5/1996, p. 5). En general,

los mayores grados de confianza en las instituciones los presentan

la clase media y los adultos; en los mayores grados de desconfianza

coinciden la marginalidad y la clase alta, esta última la que menos

cree en el sistema y la que más se beneficia de él. Esta encuesta es

un mapa que permite explicar lo que sucede en el país durante la

década inmediata. Al desplomarse la credibilidad en los partidos

políticos, el desacreditado y cínico sector de clase alta debe intentar

utilizar al ejército, a la alta jerarquía eclesiástica y a los medios de

comunicación para preservar su hegemonía.

La supervivencia económica de los medios a su vez depende del

cumplimiento de dos tareas estrechamente vinculadas entre sí: demostrar

a los grupos económicos su capacidad para influir sobre el

Estado, la cual depende de su posibilidad de demostrar al Estado su

influencia sobre sectores del electorado. Ambas funciones implican la

mediación política, y la última supone la suplantación de los partidos

o la creación de seudopartidos mediáticos.

Alberto Aranguibel señala sagazmente algunos hechos que impidieron

el cumplimiento de tales funciones. En primer lugar, la

gerencia incompetente de las plantas televisoras descuidó adaptarse

a la competencia de la televisión por suscripción y a las nuevas tecnologías

de internet. Una audiencia a la que juzgaban cautiva desertó

de sus programaciones repetitivas y les restó valor como vehículo de

publicidad, poniéndolas en delicada situación económica.

En segundo lugar, una decisión de los poderes públicos agravó

esta crisis de pautas publicitarias. El 15 de septiembre de 1999 el

presidente Hugo Chávez Frías anuncia medidas para eliminar gastos

superfluos, entre las cuales figuran la venta de 23 aviones de empresas

públicas y numerosos vehículos de lujo, y la eliminación del gasto

publicitario del Estado en los medios de comunicación, decisiva

fuente de ingresos para éstos.




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