Diccionario de Psicoanálisis



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Analogía

José Luis Valls


[freud.] Una de las leyes de la asociación, junto a la contigüidad*, la oposición* y la causa-efecto. Ha sido descrita desde Aristóteles, pero tomó impulso con la escuela asociacionista de la psicología, que explicaba todos los fenómenos psíquicos como formas de asociación* sin nada que las rigiera más que la forma de asociación en sí. Esta escuela tuvo cierto predicamento entre fines del siglo XVIII y principios del XIX. Entre sus miembros más destacados figura John Stuart Mill, a quien Freud tradujo y a quien cita en su trabajo sobre La concepción de las afasias (1891) (escrito en el que, entre otras cosas, expone ideas muy interesantes sobre las representaciones-cosa* y representaciones-palabra*). Freud no abrazó esta filosofía, aunque extrajo de ella algunos conceptos que le fueron útiles para sus propios razonamientos y descubrimientos. Él concibe un psiquismo compuesto por representaciones* y energía (libidinal básicamente). La energía que circula entre ellas invistiéndolas (la energía adquiere el nombre de libido* en el momento que inviste a la representación) en busca de la descarga. Las leyes por las cuales la libido pasa de la investidura de una representación a otra, son las de la asociación. Una de ellas es la ley de analogía*. El proceso primario* aprovecha las analogías para producir identidades más fácilmente. Cuando hay un yo* con un proceso secundario*, esto se modera. Dicho de otro modo, la actividad de pensamiento* permite distinguir la contigüidad de la identidad (véase: identidad de percepción e identidad de pensamiento), la analogía de la identidad y hasta la oposición, aproximándose más a la causa-efecto. La asociación por analogía además será la principal genera­dora de los símbolos universales*, previos o probablemente simultáneos a la aparición del lenguaje* (en la humanidad) y luego olvidados y pertenecientes al inconsciente*. Símbolos que reaparecen en los sueños*, en los mitos* de los pueblos e incluso en algunos síntomas* neuróticos. El mecanismo de la represión*, realizado por la parte incons­ciente del yo, elige su formación sustitutiva*, también por leyes analógicas (o por contigüidad) con la representación reprimida, de manera que el parecido pueda escapar a la consciencia*. El parecido o analogía se produce sobre una de las cualidades de la representación. Al confundirse el atributo con el todo, la identidad lograda es aparentemente total cuando en realidad es parcial. El proceso de discriminación tendrá que hacerlo el yo con su proceso secundario, distinguiendo entre analogía e identidad, entre el atributo y la cosa*.[José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia

José Luis Valls


[freud.] Afecto*, o estado afectivo displacentero particular, que va acompañado de un tipo de proceso de descarga corporal también típico, y la percepción* de este proceso de descarga. El proceso corporal consiste predominantemente en hiperpnea, taquicardia, aumento de la sudoración y secreciones en general. El modelo de la respuesta corporal es tomado por un lado del primer tipo de reacción de la cría humana ante el trauma* del nacimiento -trauma producido esencialmente, y entre otras cosas, por el aumento tremendo de la cantidad de excitación* corporal que se produce al pasar de la oxigenación onfalomesentérica a la respiración pulmonar- por otro lado es un relicto de lo que otrora, en la prehistoria de la humanidad, fueran acciones acordes a un fin y ahora permanecen simplemente como alteraciones internas*, expresiones afectivas. El bebé al nacer expresa la alteración interna (expresión de emociones, grito, inervación vascular); esta forma de respuesta es adecuada al principio ya que así el cuerpo recibe la oxigenación necesitada. Pero después será adoptada por el yo* como el prototipo de la reacción contra el peligro. La primera reacción en la vida posterior frente a una situación de peligro*, interior o exterior, consistirá en la angustia. En algunos momentos de su obra -manuscritos a Fliess, los trabajos sobre la neurosis de angustia- Freud considera otro modelo de la angustia: las reacciones producidas durante el acto sexual. Ambos se complementan. El modelo de reacción frente al peligro está más cercano en general al concepto de señal y el de acumulación tóxica a la homologación con la excitación sexual. La angustia es el afecto displacentero por excelencia y es la moneda común a la que remiten los otros afectos displacenteros. El yo no quiere sentirla. Se defiende de ella. Así surgen las neurosis* [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia, teoría de la

José Luis Valls


[freud.] Suele decirse que Freud postuló dos teorías de la angustia*. Sin embargo seguiremos la hipótesis de que hay una sola que se va complejizando a medida que se profundiza el conocimiento del funcionamiento mental. En el fondo la angustia es una y la misma, lo que puede variar son los motivos que la ocasionen o las diferentes explicaciones que tengamos sobre ella. En sus trabajos sobre la neurosis de angustia*, la explica como producto de la acumulación de tensión sexual somática (cantidad de excitación* no transformada en libido*, en deseo* sexual, al no estar unida a representaciones*). Cuando por alguna causa no psíquica (la causa no es la represión* de las representaciones psíquicas, sino un efecto mecánico actual producido en el hecho mismo de la acción sexual, por ejemplo: una incorrecta relación sexual, o una rela­ción sexual insatisfactoria) se produce una inadecuada des­carga sexual, la cantidad de excitación acumulada, sin ligadura psíquica, deviene automáticamente en angustia. Esta teoría implica la concepción de que no toda acción va unida a representaciones, o tiene un correlato psíquico; o si así lo fuera, de que cada acción tiene también un correlato mecánico ajeno a lo psíquico (en el sentido de representación), o corre paralelamente a él por otra vía produciendo efectos corporales y, por este lado, genera afectos* (angustia automática*). Estas sensaciones displacenteras, en algunos casos muy intensas y en otros compuestas casi únicamente por afecciones corporales, son percibidas por el polo percepción consciencia* (PCc.) don­de adquieren cualidad* displacer*, por lo que el yo* en segunda instancia busca encontrarle ligadura con representaciones-pala­bra* preconscientes* y darle cualidad representacional, cosa que difícilmente consigue. La conclusión es que la cantidad de excitación acumulada es percibida automáticamente por el aparato perceptual* como angustia. Esta base teórica influirá hasta 1925 en la teoría de la represión y junto con ella, en la teoría de la angustia de la pri­mera tópica. En ese período, Freud dice que la represión genera la angustia, en tanto separa la representación de su investidura, que se transforma en afecto y principalmente en angustia. Al ir profundizando su conocimiento del yo y luego de descri­bir su segunda tópica o teoría estructural en 1923 en El yo y el ello, interrelacionará la explicación de la formación de los síntomas* neuróticos con la de los mecanismos de defensa* contra la angustia, además de diferenciar y vincular la angustia ante las pulsiones* con la angustia ante los peligros exteriores. Entonces se enhebrarán todas estas teorías contradictorias hasta ese momento. La síntesis brillante se expone en Inhibición, síntoma y angustia (1925). Mantiene la primitiva explicación: “Vemos ahora que no necesitamos desvalorizar nuestras eluci­daciones anteriores, sino meramente ponerlas en conexión con las intelecciones más recientes” (A. E. 20: 133); sirve aún para explicar las neurosis actuales* o el factor actual neuró­tico de toda psiconeurosis, incluso la angustia automática en el brote esquizofrénico, a lo que se podrían agregar neurosis traumáticas* y alguna patología psicosomática. La acumulación de cantidad de excitación explica el trauma* del nacimiento y aquella es la máxima sensación de desvalimien­to* temida. Ella, prácticamente, es la que se vuelve a producir cuando la angustia automática es síntoma*. Para defenderse el yo va generando mediaciones, gracias a las cuales va a poder dominar al ello*. El yo será “el almácigo de la angustia”. La cultivará en él transformándola en señal y la insinuará a la pulsión proveniente del ello y a la parte inconscien­te del yo para que el mecanismo defensivo yoico, guiado por el principio de placer*, reprima a la pulsión y se evite entonces el displacer al que podría conducir su satisfacción. Este tipo de angustia es angustia señal*, es una señal que utiliza el yo para manejar a la pulsión y reprimirla, para que no se descargue. Es la angustia señal la que genera entonces la represión y no a la inversa. A esta angustia no se necesita explicarla tampoco por acumulación cuantitativa, es una tramitación, un recuerdo* de lo que podría pasar si.... que consigue que la pulsión retroceda y el proceso no siga adelante (cuando la represión tiene éxito, obviamente, pues cuando falla resurge la angustia automática, que sí requiere explicación económica). La angustia señal nace en íntima vinculación con la realidad*, pues se basa en hechos reales o vividos como reales (véase: verdad histórica) en determinados momentos de la vida, como lo son la pérdida del objeto, la amenaza de castración o de pérdida de amor. Podemos decir que la angustia de castración* va a ser el prototipo de las angustias señales y a ella van a remitir las otras angustias como la de pérdida de objeto*, la de pérdida de amor*, la angustia ante el superyó* y la angustia social*. Como ya vimos, todas estas angustias señales pueden fallar -por alguna causa psíquica (esquizofrenia*), o no psíquica (neurosis actuales)- y entonces el aparato psíquico es invadido por la cantidad de excitación y, por lo tanto, la angustia automá­tica ocupa el panorama. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia ante el Superyó

José Luis Valls


[freud.] Tipo de angustia señal* sentida por el yo*, debido al hecho de que éste produce mecanismos defensivos frente a la moción pulsional, ante la amenaza de castigo recibida desde el superyó*, cuando existe el peligro del avance pulsional proveniente desde el ello*. Implica la formación del superyó, entonces, producida merced a la introyección de la figura de los padres (principal­mente el padre), corno identificaciones secundarias* prohibidoras y castigadoras de la satisfacción pulsional. Así los sentía el sujeto en su infancia. Después del hundimiento del complejo de Edipo* devinieron en identificaciones*. La sola presencia del deseo* Inc. investido es pasible de sanción para el superyó. Esto refuerza, por un lado, la necesidad de su desconocimiento con la utilización de los mecanismos de defensa* del yo, los que producen el desconocimiento del de­seo, de todas maneras insuficiente para el yo, ya que al tener el superyó una parte inconsciente*, capta al deseo Inc. pulsional in statu nascendi, produciendo el yo de todas maneras la señal de angustia, que luego toma el matiz del sentimiento de culpa*. La angustia* ante el superyó remite a la angustia de castración* en el varón y a la angustia de pérdida del amor* del objeto* en la mujer, que eran las angustias más temidas durante el período del complejo de Edipo, cuyo sepultamiento* y represión* originó la formación del superyó. Para evitar la angustia ante el superyó, también se generan entonces mecanismos de defensa. Este tipo de angustia señal es el que predomina en la neurosis obsesiva*, en la que son típi­cos el aislamiento* y la anulación de lo acontecido*. En las fases más tardías de la neurosis obsesiva la angustia coincide con el sentimiento de culpa, culpa del yo ante el superyó, independiente de los hechos de la realidad* (por ejemplo las leyes sociales). Obviamente la angustia ante el superyó también pareciera ser típica de la melancolía* aunque en esta afección el superyó ha tomado el poder sobre el yo y lo castiga sin piedad. La angustia ante el superyó puede aparecer en los tratamien­tos psicoanalíticos con la forma de angustia de muerte* o ante el destino (representantes del castigo del superyó). [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia automática

José Luis Valls


[freud.] Angustia* producida por la presencia en el aparato psíquico* de una hipercantidad de excitación libidinal. Es como una repe­tición del trauma* del nacimiento, tal es la indefensión o desva­limiento* del psiquismo ante la tensión de necesidad. Tiene diferentes causas: es la única existente en las neurosis actuales*, como expresión de un monto de excitación no ligado por el aparato psíquico; o como expresión neurótica actual de toda neurosis de transferencia* en lo que concierne a la porción de excitación no ligada a representaciones*. También aparece cuando, por alguna causa, la angustia señal* utilizada por el yo* falla o los mecanismos de defensa* no han funcionado ante la angustia señal, siendo arrasado el yo por la excitación, gene­rando así ataques de angustia en las neurosis históricas o transferenciales. En la psicosis* esquizofrénica, dados la grave alteración del yo y el retiro de la investidura de las representaciones-cosa* Inc. con la pérdida del deseo* objetal consiguiente, la cantidad de excitación* queda sin posibilidad de ser ligada y se expresa automáticamente como angustia o, mejor dicho, como angus­tia automática. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia de castración

José Luis Valls


[freud.] Angustia* sentida por el niño varón cuando comprende la diferencia de los sexos en términos de fálico-castrado. En este período (fálico) el niño comprende el genital femenino confundiéndolo con la falta del masculino, merced a un juicio* basado en la percepción* (que lo es de una falta), el que le acarrea la angustia realista* de que sea una posibilidad cierta el que ese peligro le pueda ocurrir a él. A posterior¡* deviene en la angustia señal* por excelencia (posteriormente al hundimiento o represión* del complejo de Edipo* e instauración del superyó* en el aparato psíquico*). La angustia de castración aparece, entonces, en la cumbre del complejo de Edipo y es generadora de las neurosis infantiles (el pequeño Hans, el “hombre de los lobos”*), generalmente zoofobias*, relictos del totemismo*; luego va tomando las características del símbolo mnémico* que cultiva en su “almácigo” el yo* para producir sus mecanismos de defensa* ante lo que siente como el peligro pulsional. La angustia de castración es también un nivel de angustia señal, más alto en su complejidad que la angustia de pérdida de objeto*. Se la siente básicamente ante el padre, rival edípico, y es resultado, en la hipótesis filogenética freudiana, de que en las épocas de la horda primitiva*, éste castraba a sus hijos para poder poseer a todas las mujeres de la horda, En Inhibición, síntoma y angustia (1925) dice Freud que la angustia de castración remite a la angustia de pérdida de objeto, pues la posesión del pene sería la condición para, en este nivel, poder tener* a éste. El reconocimiento definitivo de la diferen­ciación sexual, con toda su conflictiva a cuestas, trae mayor complejidad al vínculo con el objeto*. La carencia objetal remite, en última instancia, al peligro de volver a caer en la tensión de necesidad, la angustia automática*. La angustia de castración sería una angustia señal que llevará al yo a hacer efectivos, automáticamente, sus mecanismos de defen­sa, generando así nuevas mediaciones que lo alejen de ese peligro. En el adulto la angustia de castración es reemplazada por lo general por la angustia ante el superyó* y la angustia social*, cuyo sustrato es en el fondo. Pero esas angustias implican un grado aún mayor de mediación y complejidad. La angustia de castración será factor principalísimo en la creación de síntomas neuróticos, en las así llamadas neurosis históricas o de transfe­rencia*, principalmente la histeria de angustia* y sus fobias*. Es interesante acotar que el yo realidad definitivo* culmina su constitución en el período fálico, cuando el falo haciendo caer bajo su supremacía al resto de las zonas erógenas* les da una unidad, la que va a ser llamada yo. Esto es otra muestra de la importancia de la angustia de castración en la constitución del aparato psíquico masculino (mayor imperativo categórico, ma­yor dramaticidad en la formación del superyó, la que a su vez es más temprana, termina con el complejo de Edipo y no en la pubertad, como en el caso femenino). Por lo demás, esta angustia es realista en el niño durante el complejo de Edipo, luego deviene en angustia señal cultivada por el yo y usada como símbolo mnémico ante las pulsiones* que pretenden retornar desde lo reprimido* y satisfacer la sexua­lidad infantil* reprimida primariamente, y de las cuales el yo se defiende con sus represiones secundarias* o mecanismos de defensa. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia de muerte

José Luis Valls


[freud.] Tipo de angustia realista* preconsciente*, que resulta una forma de elaboración secundaria* de la angustia ante el superyó* inconsciente* (por ejemplo: como angustia* ante el destino), y en ocasiones la angustia de castración*, también inconsciente (por ejemplo: angustia ante los accidentes, enfermedades venéreas, etcétera). No hay representación-cosa* inconsciente de la muerte pro­pia, pues no pudo haber vivencia de ella. Las representaciones* surgen de las vivencias, son huellas de éstas en última instancia. Para tener una noción de la muerte propia e incluso de la ajena, hay que poseer representación-palabra* que permita pen­sarlas preconsciente o conscientemente. A partir de ahí, entonces, se vinculan la muerte ajena con la propia, pero apenas si se tienen teorías, fantasías y representa­ciones exteriores básicamente creadas merced a las palabras (“el frío de los sepulcros”) hablando de la muerte y no una representación cabal o vívida de lo que es. Por lo tanto, la angustia de muerte resulta una elaboración preconsciente de la angustia. La angustia señal* se produce ante el peligro. El peligro real durante el complejo de Edipo* es la--- castración; antes lo había sido la pérdida del objeto, y después el castigo del superyó, todos a su vez niveles de mediación ante la indefensión o desvalimien­to* frente a la cantidad de excitación* o tensión de necesidad, cuyo prototipo es el trauma* del nacimiento. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia de pérdida de amor

José Luis Valls


[freud.] Tipo de angustia señal* percibida principalmente por la niña al entrar en el período fálico, por lo tanto, en el complejo de castración*. Al comprender la diferencia de su cuerpo con el del niño, en fin, con lo que ella entiende como niño no castrado, comprende ésta como si a ella le faltara el genital y no como sexo femenino (proceso al que deberá llegar trabajosamente el yo*, tras un esfuerzo de actividad de pensamiento* complejo y al que arriba­rá en la pubertad, en el mejor de los casos). Por lo tanto, en la época de este crucial descubrimiento, sucumbe a la envidia del pene*. Se agrega a la diferencia anatómica el hecho de que aparece una desigualdad con respecto al niño en la constitución del yo, dado que el falo no tendría en este caso la suficiente primacía (véase: primacía fálica) sobre el resto de las zonas erógenas* (el falo es el clítoris en todo caso, de ahí la envidia). Lo que en el período del complejo de castración en la niña es entendido como falta de genital, paulatinamente es reemplazado por el cuerpo erógeno todo, y la vagina en particular (pensemos en lo difuso y generalizado del orgasmo femenino). Por eso el narcisismo* de la mujer no se constituye de un principio como “amor propio” sino que predomina en ella una necesidad* de ser amada, lo que la hace más dependiente del objeto*. Tam­bién esto puede ser otro elemento que puede ayudar al hecho de que algunas mujeres constituyan su yo más como objeto que como sujeto. En el período del complejo de castración, en la niña la necesidad de ser amada (en un principio por la madre) se hace extrema; de ahí lo intenso de la angustia de la pérdida de su amor. Posteriormente viene, por lo común, un tiempo en el que culpa a la madre por su minusvalía, rompe con ella, y pasa a querer poseer un hijo, símbolo del pene anhelado (a este pasaje se lo llama ecuación simbólica). Por este camino conducente a su feminidad, encontrará al padre como objeto y pasará a sentir angustia ante la pérdida de amor de éste, de quien ahora espera su hijo-pene. Más tarde, en la adolescencia, hará su elección definitiva de objeto* exogámico*, elección que llevará incluida la historia con sus objetos primarios y las angustias* correspondientes. El superyó* femenino tarda más que el masculino en consti­tuirse, asimismo es menos drástica su forma de estructuración. La angustia de la pérdida de amor femenina se prolonga más en el tiempo y probablemente esto influya incluso en la generación de diferencias respecto de las angustias posteriores, frente al superyó* y la angustia social*. La angustia de pérdida de amor “[...] desempeña en la histeria un papel semejante a la amenaza de castración en las. fobias, y a la angustia frente al superyó en la neurosis obsesiva” (1925, A. E. 20:135), lo que seguramente tiene alguna relación con que la histeria sea predominantemente femenina. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia de pérdida de objeto

José Luis Valls


[freud.] Angustia* sentida por el bebé cuando en su camino de salida del yo placer purificado* (en el que el objeto* en la medida en que producía placer* era considerado yo*) va reconociendo poco a poco a la madre como objeto de placer, como no-yo, por lo que pasa a ser deseada (recordemos que en el yo placer se reconocía como no-yo todo lo odiado). Comienza a pasar de la categoría ser*, a la categoría tener*, por lo tanto, a la posibilidad de no tener; esta posibilidad generará angustia pues la presencia del objeto se ha mostrado importantísima, hasta imprescindible, para no ser invadido por la tensión de necesidad*, la cantidad de excitación*, en otras palabras, la angustia automática* del trauma* del nacimiento. Esta angustia de pérdida de objeto es la primera angustia que actúa como señal, generadora de mecanismos de defensa* del yo, inconscientes algunos, y de formas de defensa que aunque no se las pueda considerar mecanismos quizá sean las más eficientes que pueda tener el yo. Fruto de este tipo de angustia, irán surgiendo entonces los juegos infantiles, el lenguaje*, etcé­tera, que harán las veces del objeto de placer al que, de esta manera, se podrá tener. La angustia de pérdida de objeto se expresa en la clínica básicamente como angustia ante la soledad, la oscuridad, la presencia de extraños, etcétera. De todas maneras, también esta angustia tiene como trasfondo a la angustia de castración*. La angustia de pérdida de objeto consiste en una señal que es producida en ínfima cantidad por el yo, lo que hace que auto­máticamente y en forma inconsciente surja el mecanismo de defensa que originará una formación sustitutiva*, una transac­ción, la que producirá el efecto buscado de inconscientizar a la pulsión*, y en este sentido será eficaz. Esta forma de angustia no necesita explicación económica, es producida por el yo (como todas las angustias señales*) con ínfimas cantidades y basándose en el recuerdo*, la representación* peligrosa. El resultado del mecanismo defensivo puede ser la generación de síntomas*, rasgos de carácter*, etcétera. En el adulto se puede producir por regresión* yoica, pues es más primitiva (la distinción yo-objeto de placer, en el período infantil en que este tipo de angustia predomina, es menos clara) que la angustia de castración, la angustia ante el superyó* y la angustia social*, aunque se pue­den mezclar y ser difíciles de distinguir. Es el tipo de angustia predominante en los mecanismos defensivos (desmentida*) de la amencia de Meynert*. Si por alguna causa los mecanismos defensivos yoicos fallan, puede devenir el ataque de angustia y producirse la angustia automática, la cual sí tiene explicación económica, pues es producida por la cantidad de excitación, o lo que es lo mismo, la invasión de la tensión de necesidad. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Angustia neurótica

José Luis Valls


[freud.] A diferencia de la angustia realista*, esta angustia* no se siente frente a la percepción* de un peligro exterior sino frente a uno interno, aunque éste sea inconsciente*, o mejor, a pesar de que el yo* lo desconozca. Es la angustia del yo frente a sus pulsiones*, mejor dicho frente al peligro exterior que paulatinamente las pulsiones impli­can a medida que se distingue al yo del objeto* de placer* (la pérdida, la castración), su satisfacción o el deseo* de su satis­facción. En el niño, durante el período del complejo de Edipo*, la angustia de castración* es realista, luego, en el adulto, es una señal recordatoria de aquella angustia; pasa así a convertirse en angustia generadora en el yo de mecanismos de defensa*, los que cuando fallan pueden ser origen de síntomas*. Entonces angustia neurótica es, a la vez, producto de neurosis y generadora de neurosis. Otro capítulo es el de las neurosis actuales* en que la angustia no está ligada a representaciones*, expresión automática de la cantidad de excitación*. En la esquizofrenia*, la angustia se explica como en las neurosis actuales pero las causas son diferentes. En este padeci­miento psicótico narcisista, el arrasamiento del aparato psí­quico por la cantidad de excitación que se produce ante la des­investidura* de sus representaciones-cosa* Inc., deja a la cantidad de excitación sin ligadura, o con una ligadura endeble porque la representación-palabra* no está sustentada por la representación-cosa, ahora desinvestida o proyectada* (como, por ejemplo en los delirios* paranoides). [José Luis Valls, Diccionario freudiano]




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