Diccionario de Psicoanálisis



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Redpsicología. Biblioteca de psicología y ciencias afines
Módulo 307

Diccionario de psicoanálisis

Por José Luis Valls y otros autores


Abasia (astasia-abasia) – Abreacción - Acción específica (o acorde a un fin) - Activo-pasivo - Acto fallido – Afecto – Agorafobia – Aislamiento - Alianza Fraterna - Aloplástica, conducta - Alteración del yo - Alteración interna - Alucinación - Amencia de Meynert (confusión alucinatoria aguda) - Amnesia infantil – Amor - Amor de transferencia – Anna O - Analogía –Angustia - Angustia, teoría de la - Angustia ante el superyo - Angustia automática - Angustia de castración - Angustia de muerte - Angustia de pérdida de amor - Angustia de pérdida de objeto - Angustia neurótica - Angustia realista - Angustia señal - Anulación de lo acontecido - Añoranza, investidura de - Aparato psíquico - A posteriori - Apremio de la vida (ananke) - Apronte angustiado - Apuntalamiento o apoyo – Arte – Asco - Asistente ajeno – Asociación - Asociación libre - Ataque histérico – Atención - Atención libremente flotante - Autoerotismo - Autoestima (sentimiento de sí) - Autoplástica, conducta – Autorreproches - Banquete totémico - Barreras- contacto - Belle indifférence - Beneficio primario (de la enfermedad) - Beneficio secundario (de la enfermedad) – Bisexualidad - Bordeline, personalidad - Cantidad de excitación – Carácter - Carta 52 (a Fliess) - Castigo, necesidad de - Catarsis - Catarsis, según Freud – Cecilia M - Celos – Censura - Ceremonial obsesivo – Chiste – Cloaca – Cómico - Complejo de castración - Complejo de Edipo - Complejo del semejante - Complejo materno - Complejo paterno – Comprensión – Compulsión - Compulsión a la repetición - Conciencia - Conciencia moral – Condensación - Conflicto psíquico – Construcción - Contenido latente (del sueño) - Contenido manifiesto (del sueño) – Contigüidad – Contrainvestidura – Contratransferencia – Conversión - Cosa (del mundo) - Creencia (en la realidad) – Cualidad - Culpa, conciencia de - Culpa primordial - Culpa, sentimiento de - Culpa, sentimiento inconciente (o necesidad de castigo) - Cultura (humana) - Curación por el amor - Defensa - Defensa, mecanismos de - Degradación del objeto erótico (o sexual) – Delirio – Depresión – Deseo – Desesperación – Desestimación – Desexualización - Desinvestidura (sustracción de la investidura) – Desmentida – Desplazamiento – Desvalimiento - Dinámica psíquica – Displacer – Dolor - Domeñamiento pulsional – Duelo Economía psíquica - Elaboración secundaria - Elección de objeto – Ello – Emma – Emma von N - Energía indiferente - Energía libremente móvil - Energía ligada – Katharina – Lucy R - Masturbación – Mathilde H - Muerte, representación de la – Neocatarsis - Neurastenia, según Freud - Psicoanálisis de control - Psicoanálisis de niños - Psicoanálisis didáctico – Rosalía H
www.galeon.com/pcazau Actualizado Diciembre 2005.
Aclaraciones

Ricardo Bruno y Pablo Cazau


Al final de casi todas las entradas el lector encontrará [José Luis Valls, Diccionario freudiano] porque unas pocas no fueron escritas por este psicoanalista argentino. Al comienzo, [freud.] quiere recordar que el Dr. Valls se propuso escribir un diccionario “freudiano” y no “de psicoanálisis”, como lo llamamos en esta edición, con una expresión más popular.

Ricardo Bruno

Ricardo Bruno fue entre 1978 y 1998 asesor literario de la Revista de Psicoanálisis de la APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), y ha dirigido el Diccionario de Psicología (Ed. Claridad, Buenos Aires, 2000). Actualmente modera la lista de correos http://groups.yahoo.com/group/lenguasuelta/


Este Diccionario tiene registro de propiedad intelectual, y fue cedido gentilmente por el Dr. José Luis Valls por la intermediación de Ricardo Bruno. Periódicamente se irán agregando nuevas entradas.

Pablo Cazau


Abasia (astasia-abasia)

José Luis Valls


[freud.] Tipo de afección característico de la histeria de conversión*, aunque también se lo encuentre en algunos trastornos neurológicos. Consiste en una fuerte dificultad de caminar, la que puede llegar hasta la imposibilidad absoluta, sin tener el paciente parálisis en los miembros inferiores y pudiendo realizar con éstos otro tipo de movimientos correctamente. Es el síntoma* predominante de Elisabeth von R.*, una de las pacientes más famosas de la primera época de Freud. [La señorita Elisabeth von R.] padecía de dolores en las piernas y caminaba mal [...] Caminaba con la parte superior del cuerpo inclinada hacia adelante, pero sin apoyo; su andar no respondía a ninguna de las maneras de hacerlo conocidas por la patología, y por otra parte ni siquiera era llamativamente torpe. Sólo que ella se quejaba de grandes dolores al caminar, y de una fatiga que le sobrevenía muy rápido al hacerlo y al estar de pie; al poco rato buscaba una postura de reposo en que los dolores eran menores, pero en modo alguno estaban ausentes. El dolor era de naturaleza imprecisa; uno podía sacar tal vez en limpio: era una fatiga dolorosa. Una zona bastante grande, mal deslindada, de la cara anterior del muslo derecho era indicada como el foco de los dolores, de donde ellos partían con la mayor frecuencia y alcanzaban su máxima intensidad. Empero, la piel y la musculatura eran ahí particularmente sensibles a la presión y el pellizco; la punción con agujas se recibía de manera más bien indiferente. Esta misma hiperalgesia de la piel y de los músculos no se registraba sólo en ese lugar, sino en casi todo el ámbito de ambas piernas. Quizá los músculos eran más sensibles que la piel al dolor; inequívocamente, las dos clases de sensibilidad dolorosa se encontraban más acusadas en los muslos. No podía decirse que la fuerza motriz de las piernas fuera escasa; los reflejos eran de mediana intensidad, y faltaba cualquier otro síntoma, de suerte que no se ofrecía ningún asidero para suponer una afección orgánica más seria. La dolencia se había desarrollado poco a poco desde hacía dos años, y era de intensidad variable” (1893a, A. E. 2:. 151-2). En el historial de “Elisabeth von R.” Freud logró hacer una reconstrucción bastante exhaustiva de cada uno de los elementos de la conversión histérica correspondientes a su parte asociativa, vinculándolos con distintos momentos en que a través de éstas, las zonas histerógenas*, se habían concretado cierto tipo de vínculos con el marido de su hermana, todos los que participaban a su vez de una fantasía global incestuosa en el vínculo con este cuñado y ante la cual la parálisis expresaba, simbólicamente, el giro lingüístico de No avanzar un paso” (A. E. 2:188). Durante el tratamiento la cura del síntoma histérico se va produciendo a medida que vuelven a la memoria consciente todos estos hechos traumáticos cargados de momentos de hiperexcitación libidinal; como pruebas de su participación en la idea global incestuosa. El significado del síntoma va entonces pasando al proceso secundario*, y se puede así expresar ahora el deseo* con palabras y descargarlo por abreacción*. No se necesita más, por lo tanto, de la expresión corporal sintomática. El significado del síntoma tiene aquí entonces dos vertientes: como símbolo mnémico* de los sucesos que produjeron la excitación o las contigüidades de ellos, dejando hiperalgesia o anestesia de esas zonas histerógenas. La otra está en su globalidad impidiendo la acción, como contrainvestidura* del deseo* incestuoso, del que es un retoño el amor al cuñado. A este último corresponde esencialmente la astasia-abasia que es un trastorno motriz contrario al deseo reprimido. Sería una metáfora cuya significación es la contraria a la satisfacción del deseo, a favor de la represión defensiva yoica. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Abreacción

José Luis Valls


[freud.] Mecanismo principal de la cura de la psicoterapia propuesto por Breuer y Freud en la “Comunicación preliminar”, de Sobre el mecanismo psíquico de fenómenos histéricos (1893a). La cura consistía básicamente en la expresión en palabras del suceso traumático reprimido, acompañada de la liberación del afecto* retenido en oportunidad del trauma*, ambas cosas no recordables en la vida normal de vigilia. Para la revivencia, la técnica más utilizada era la hipnosis. [...] los síntomas histéricos singulares desaparecían enseguida y sin retornar cuando se conseguía despertar con plena luminosidad el recuerdo del proceso ocasionador, convocando al mismo tiempo el afecto acompañante, y cuando luego el enfermo describía ese proceso de la manera más detallada posible y expresaba en palabras el afecto” (A. E. 2:32). La abreacción consistía en la descarga del afecto retenido junto a la representación* responsable de él, la que había sido separada, al formarse el síntoma*, de la consciencia* a una “consciencia segunda”. Se la retornaba de ésta por medio de la hipnosis. Al ser entonces recordada y hablada la escena traumática, se “abreaccionaba” el afecto correspondiente que no había sido descargado en su momento, por diferentes causas. Derivado el afecto, la escena traumática perdía su valor patógeno, pasando a ser idéntico al de una representación cualquiera, y cesando por lo tanto el síntoma. Definiríamos, entonces, la abreacción como una descarga afectiva actual, producida durante la cura, del afecto correspondiente a un trauma psíquico de otrora, que no se descargó en aquel momento, quedando, mientras tanto, en una consciencia segunda alejada del comercio asociativo y generando, desde ahí síntomas y ataques histéricos*. El esquema básico, a pesar de estar principalmente centrad en la revivencia con descarga afectiva y el recuerdo* de la escena traumática, y no en la reelaboración* de ella, y de no tener todavía claridad conceptual el concepto de inconsciente* más que merced a lo que aquí llama “consciencia segunda”, es muy similar al luego trabajado por Freud en la primera tópica e incluso en la segunda. Se cumplen, en gran parte, reglas psicoanalíticas importantes como el hacer consciente lo inconsciente (aquí “consciencia segunda”) y rellenar ciertas lagunas mnémicas. El centro de la escena lo ocupa el alivio sintomático, lugar de que fue desplazado* con el tiempo, quizá en demasía, volviéndose importante su recuerdo actualmente, en una nueva “vuelta de tuerca”, para darle el lugar que le corresponde en el mecanismo de la cura. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Acción específica (o acorde a un fin)

José Luis Valls


[freud.] Acción adecuada realizada por el sujeto en el mundo exterior al que altera en algo. Merced a ella produce una descarga duradera en la fuente de la pulsión*. Se contrapone, en ese sentido, a la “alteración interna”* (expresión de emociones) y a la satisfacción alucinatoria de deseos*, las que, justamente, no producen descarga en la fuente pulsional. Freud la mencionó en el Proyecto de psicología (1950a [1895]) y en La interpretación de los sueños (1899-1900), pero está implícita en muchos de sus otros trabajos, desde el texto sobre “la neurosis de angustia” (1894-1895), pasando por La represión (1915), hasta El malestar en la cultura (1929-1930). Por ejemplo, en Pulsiones y destinos de pulsión (1915) dice que la fisiología [...] nos ha proporcionado el concepto de estímulo y el esquema del reflejo, de acuerdo con el cual un estímulo aportado al tejido vivo (a la sustancia nerviosa) desde afuera es descargado hacia afuera mediante una acción. Esta acción es “acorde al fin”, por el hecho de que sustrae a la sustancia estimulada de la influencia del estímulo, la aleja del radio en que éste opera”. Renglones más abajo dice que la pulsión sería un estímulo para lo psíquico [...] el estímulo pulsional no proviene del mundo exterior, sino del interior del propio organismo”, además de que no actúa como una fuerza de choque momentánea, sino siempre como una fuerza constante”. [ ... ] Será mejor que llamemos ‘necesidad’ al estímulo pulsional; lo que cancela esta necesidad es la ‘satisfacción’. Ésta sólo puede alcanzarse mediante una modificación, apropiada a la meta (adecuada), de la fuente interior de estímulo” (1915, A. E. 14:. 114). Por lo tanto la acción específica debería ser el fin del arco que comienza en el polo perceptual* del modo de una sensación displacentera que se expresa como afecto* (alteración interna, expresión de emociones, llanto, inervación vascular) y que se dirige a través del aparato psíquico* luego, ligándose con las representaciones* que conducen a la acción específica. Esta debe realizarse en el polo motor* y disminuirá, entonces, la sensación de tensión que se había producido al entrar el estímulo en el aparato psíquico. El concepto de acción específica, referido originalmente a la pulsión de autoconservación*, se complejiza muchísimo al referirlo a la pulsión sexual*, pues es en los avatares de ésta donde existe básicamente el conflicto generador de las escisiones y enfrentamientos entre partes del aparato psíquico. Y se complejiza aún más si agregamos la pulsión de muerte* y su deflexión hacia el exterior del sujeto a través del aparato muscular, o sea pulsión de destrucción*. Incluso la reintroducción de ésta vuelta contra el yo* desde el superyó*, o la que queda flotando desde un principio en el aparato psíquico como masoquismo* primario o erógeno. En todos estos casos la acción en que debe culminar el esfuerzo (Drang) de la pulsión pierde especificidad o ésta se hace más relativa. Por ejemplo: ¿Se puede considerar a la sublimación*, una acción específica? ¿Y a la perversión*? La pulsión busca la descarga. En su enfrentamiento con la cultura* (en parte exterior, al aparato psíquico, en parte interior a él como es el caso del superyó) puede “sucumbir” o se desinvestida su representación (sepultamiento* o represión exitosa), o puede satisfacerse en forma sustitutiva como en 1 sublimación (satisfacción parcial, pero satisfacción al fin). También puede descargarse en parte a través de la alteración interna (expresión afectiva) por ejemplo como angustia*; o por retorno de lo reprimido* por fallas de la represión que generan síntomas (degradación de la pulsión, o satisfacción pulsional que no puede de ser sentida como tal) neuróticos. La pulsión también puede descargarse en forma perversa. Desde luego puede hacerlo e forma “normal”, como lo serían las acciones sexuales permitida en general por la cultura. En términos generales la problemática hasta ahora expuesta respecto de la pulsión sexual gira alrededor de la libido* objetal y sus conflictos. En cuanto a la libido narcisista también ésta tiene su propia problemática cuando no consigue devenir en libido objetal. En el caso de las perversiones, se consigue u espacio intermedio de satisfacción libidinal entre objetal y narcisista (objetal por satisfacerse en un objeto y narcisista por representar éste al yo). Si se satisface entonces la pulsión narcisista erotizada se generarán conflictos con la cultura, en lo vínculos sociales, al no estar la pulsión homosexual inhibida en su meta (pulsión social). Incluso puede haber conflictos con el superyó y éstos generar los aspectos neuróticos (sentimiento de culpa*) de una perversión. La libido narcisista se satisface en gran parte (en el adulto) complaciendo al ideal del yo* que exige sublimación. Por lo tanto, las acciones que realizará el yo deberán apuntar en es dirección; también la libido narcisista se satisface con el amor proveniente de los objetos*. En las psicosis*, la libido es puramente (en términos generales) narcisista y la acción es autoplástica*. No se necesita modificar el mundo exterior, se puede regresar al autoerotismo*. La acción es pura o casi pura “compulsión de repetición”*, pierde así su característica de acorde a un fin. En cuanto a las principales posibilidades que poseemos de acción específica existen, entonces, los ya mencionados actos sexuales permitidos por la cultura, y básicamente los vínculos de meta inhibida como la ternura, la amistad, las actividades grupales y sociales, las actividades sublimatorias en general (libido homosexual). Al irse inhibiendo la meta se va generando la necesidad de variación del tipo de acto, dado lo parcial de su satisfacción, lo que a su vez da cabida y hasta impone la actividad creativa y cambiante, característica de la cultura pero no de la pulsión. La creación resulta, entonces, más bien un efecto cultural sobre la compulsión repetitiva pulsional. Resumiendo: la acción específica o “acción acorde al fin”, es la descarga parcial o total de la fuente que realiza el yo en forma adecuada (según la pulsión esté más o menos desexualizada*). Esta adecuación se produce, en forma importante, al ser aceptada la acción de descarga por el superyó (representante de la cultura y el narcisismo* en el aparato psíquico) y por la cultura (su no adecuación a ésta le producirá “angustia social”). Las así diferentes y cambiantes formas de descarga pulsional, aunque limitadas seriamente por todos estos procesos, producirán bienestar. Implican una acción en el mundo exterior “que cambiará la faz de la tierra”, una adecuación al principio de realidad*, pleno funcionamiento del proceso secundario*, incluyendo probablemente cierta dosis de agresión* (odio* perteneciente en parte a la pulsión de autoconservación, a la pulsión sexual y a la pulsión de destrucción), y tan extrema complejidad se consigue contadas veces en la vida del sujeto, a merced de tantos vasallajes opuestos constantemente. De todas maneras es una aspiración constante y debe ser incluida en el concepto de salud. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Activo-pasivo

José Luis Valls


[freud.] Puede hablarse de varias polaridades en la vida anímica: sujeto (yo*)-objeto* (mundo exterior), placer*-displacer*. Activo-pasivo es una de ellas. La actividad es una característica universal de las pulsiones* que tiene que ver con el esfuerzo (Drang) o sea su factor motor, la suma de fuerza o la medida de la exigencia de trabajo que representa. Toda pulsión, en ese sentido, es un fragmento de actividad. Pero ¿hay pulsiones pasivas? Una pulsión es activa en cuanto a su esfuerzo, su perentoriedad, su factor motor, pero puede ser activa o pasiva en cuanto su meta. A esto último aluden los destinos de pulsión anteriores a la represión*, como la vuelta contra la persona misma* y vuelta de la actividad a la pasividad. Los ejemplos más claros son los pares sadismo-masoquismo y el mirar-ser mirado, en los que de la meta activa (sadismo, mirar) se pasa a la pasiva (masoquismo*, ser mirado). Pueden ocurrir en la vida del sujeto, en su prehistoria infantil sobre todo, situaciones traumáticas* que fijen a la pulsión o a su meta, transformándola de activa en pasiva y derivar luego esto en rasgo de carácter*. En el análisis del “Hombre de los lobos”, Freud mostró cómo en la pulsión inicialmente ambivalente (activa y pasiva) predominaba al principio la tendencia activa. Después de un hecho traumático (ser seducido por la hermana), precedido por un amenaza de castración, la pulsión regresó de su incipiente y adelantada genitalidad, a la fase sádico-anal con meta pasiva, 1 que hizo que cambiara su carácter de bondadoso a díscolo buscando masoquistamente el castigo paterno. Esta pasividad quedó fijada y. derivó en un rasgo de carácter distintivo de “Hombre de los lobos” adulto. También apareció en uno de su síntomas* histéricos más rebeldes, como la constipación. En el pequeño Hans aparecen algunos ejemplos de la dupla mirar-ser mirado como alternativamente cambiantes, los que posteriori* son reprimidos y transformados en ese dique pulsional que es la vergüenza*. Las pulsiones de meta activa o pasiva se presentan tanto en el niño como en la niña. Lo más común es que las pasivas predominen en la niña y las activas en el varón. A lo que por supuesto contribuyen de hecho las costumbres culturales. Después de la pubertad, prácticamente tomarán el carácter de masculinas (activas) o femeninas (pasivas). La pulsión de meta pasiva retiene el objeto narcisista (el yo), a diferencia de la activa, cuya meta está en el objeto. De aquí podrán derivarse las diferencias que posteriormente existirán entre las maneras del enamoramiento masculino (el deseo* activo de amar al objeto) y el amor* femenino (el deseo pasivo de ser amada por el objeto), como características masculinas y femeninas en general. Las pulsiones sexuales* son, entonces y en cuanto a su meta, activas o pasivas (aunque pueda haber variaciones de acuerdo a los hechos traumáticos que sucedan al sujeto) desde un principio. Con el advenimiento de la etapa fálica, se les suma la diferenciación fálico-castrado, la que llega a masculino-femenino en el momento del desarrollo puberal. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]


Acto fallido

José Luis Valls


[freud.] Acto aparentemente erróneo realizado por el yo* oficial (Prec. y Cc.), que posee un significado de realización de deseos* reprimidos. En realidad no es un error sino un acto que puede ser sumamente complejo de realizar, pero que es visto o juzgado por la consciencia* o, mejor dicho, por el yo consciente, como fuera de sus intenciones. Las intenciones son las del ello* inconsciente, las que a través de símbolos, de analogías* o de contigüidades* entre las representaciones* consiguen por un momento comandar la acción y, en cierta manera, producir la identidad de percepción*. Se da lugar así a una filtración del proceso primario* en el proceso secundario* a través de un acto (el hablar también es un acto), esto lo considera el yo consciente como un error, o acto fallido. Freud describe distintos tipos de actos fallidos como el olvido*, en el habla o en la acción, de nombres propios, palabras extranjeras, nombres y frases, impresiones y designios; el trastrabarse, deslices en la lectura y en la escritura, el trastrocar las cosas confundido, acciones casuales y sintomáticas, errores en general y operaciones fallidas combinadas. Serían, al igual que los sueños y los síntomas, realizaciones de deseos reprimidos Inc., no reconocidos como propios por el yo oficial. La explicación dada por Freud al fenómeno se sustenta solamente (como en el caso de los sueños y los síntomas excepciones) en la primera tópica y primera teoría pero se puede enriquecer con la teoría de la pulsión y la estructural (véase: aparato psíquico), utilizando para ello explicaciones realizadas por él mismo con respecto a similares, es el caso de los sueños punitorios* que como “[...] cumplimientos de deseos, pero no de las mociones pulsionales, sino de la instancia criticadora, censuradora y punitoria de la vida anímica” (1933, A. E., 22:26), o del humor*. En esta misma línea Freud describe a las personas con necesidad de castigo*, la que se infiere por su propensión a accidentes, enfermedades autodestructivas, etcétera. Los castigos son atribuidos al destino, etcétera. En realidad provienen del superyó* inconsciente o son buscados inconscientemente por el yo para expiar el sentimiento inconsciente de culpa* que le produce el superyó. A diferencia del acto fallido clásico, en éstos se satisfaría el autocastigo* producido por el sadismo del superyó Inc. o el masoquismo* del yo. Se trata de actos involuntarios también vividos como error, que producen fracaso, castigo, autodestrucción, a los que habría que ubicar dentro de las desmezclas pulsionales*, por lo tanto acciones más allá del principio de placer*, regidas por el principio de nirvana*, puras compulsiones de repetición*. Los actos fallidos también pueden expresar la resistencia*, producto de la contrainvestidura* defensiva del yo Inc., por lo tanto no satisfaciendo a la pulsión sino a la defensa* contra ella, sin necesidad de pertenecer, por lo menos absolutamente, a la necesidad de castigo, pero sí a la parte Inc. defensiva, la resistencia del yo. Ésta puede producir, por ejemplo: olvidarse de concurrir a una sesión, el llegar tarde, o una equivocación de horario, etcétera, actos todos vividos como errores por el yo Cc. del paciente y en realidad producidos por causas Inc. contrarias a las satisfacciones de los deseos Inc. Mezclándose de todas maneras con las otras formas de satisfacción, la pulsional y la necesidad de castigo. [José Luis Valls, Diccionario freudiano]




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