Diario de una Madre de Familia, Conchita


Ofrécete en mi unión como víctima por Ia Iglesia



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Ofrécete en mi unión como víctima por Ia Iglesia

"Ofrécete en oblación por mis sacerdotes, únete a mi sacrificio para alcanzarles gracias. Es necesario que unida al Sacerdote Eterno hagas tu papel de sacerdote, ofreciéndome al Padre, y arrancándole gracias y misericordias para la Iglesia y sus miembros. ¿No recuerdas cuántas veces te he pedido que te ofrezcas de víctima en unión de la Víctima, por la Iglesia amada? ¿No ves que eres suya porque eres Mía, y que eres Mía porque eres suya? Entonces, por la unión especial que tienes con mi Iglesia tienes derecho a participar de sus amarguras y tienes deber sagrado de consolarla sacrificándote por sus sacerdotes" (Diario T. 49, p. 26, septiembre 24, 1927).

Sólo el Espíritu unifica

"Mas para realizar este ideal de unidad de mi amado Padre, el que tiene de mis sacerdotes, se necesita como indispensable y poderoso motor para este fin al Espíritu Santo. Sólo El, únicamente El puede renovar la faz de la tierra, y unir los corazones con el Verbo, porque es el inefable lazo de amor entre el Padre y el Hijo: es el que unifica a la Iglesia, porque unifica a la Trinidad en el amor: es el que simplifica, porque es la unidad por esencia, y es unidad, porque es amor.

"El amor es el único que une, que simplifica, que santifica, que reconcilia, que abraza, que estrecha los vínculos y los corazones.


"El amor es el motor de la Iglesia y de los sacramentos: es el amor el que engendró en el Padre a los sacerdotes, porque toda la Trinidad es una sola esencia y voluntad sin principio; el amor forma a los sacerdotes, que si fueron engendrados desde la eternidad en el entendimiento del Padre, nacieron, a impulso de los latidos amorosos y dolorosos de mi corazón en la Cruz y consumados en su principio y en su fin por el amor.

"Pues bien, ¿ves la unidad en una sola esencia en la Trinidad?, la Iglesia es su reflejo, es como una parte de la Trinidad misma y toda su economía se sintetiza en la tierra en la unidad de un solo rebaño y un solo Pastor.

"Es la unidad lo más bello para Dios; porque la unidad lo retrata, porque la única unidad es El; porque Dios es simplísimo en su Ser y su mayor deleite y su mayor felicidad, su única felicidad consiste en amarse a Sí mismo, en ser tres Personas en una sola substancia y esencia de amor, aunque el Amor se personificó en el Espíritu Santo; en recrearse en un solo punto infinito, que lo llena todo, que Io absorbe todo, que lo produce todo: almas, mundos, extensiones infinitas de amor, de amor purísimo asombrando al cielo, y haciendo prorrumpir a los seres creados que lo componen en aquel Santo, Santo, Santo, extasiándolos en las infinitas perfecciones que asombran, conmueven, deifican y unifican en Dios todas las cosas.

"¿Y por qué te hablo hoy de esa unidad santísima, altísima, perfectísima, que embelesa al mismo Dios eterno e infinito en sus perfecciones?

"Porque esa unidad producida por el amor que mi lglesia refleja, que debe ser una, con la unidad de la Trinidad, no existe en muchos de mis Obispos y sacerdotes, y esto quiero mostrarte, esta pena que lastima mi corazón de Dios-hombre; el doloroso cuadro de la desunión en los pareceres de muchos miembros de mi Iglesia.

"¿De qué sirve que por fuera, o exteriormente estén unidos los pareceres por respetos humanos, si interiormente hay desacuerdos, murmuraciones y cosas e intrigas que sólo Yo veo y que a veces aún dan escándalo? Este punto me lastima; y por este punto vienen muchos males que Yo lamento y que se hacen sentir en mi lglesia, perjudicándola de muchos modos.

"Deben trabajar por la unión, por la unidad en criterios y disposiciones, pero reales, no ficticias o de cumplimientos. Deben imitar a la Trinidad procurando tener todo el Episcopado un solo corazón y una sola alma formando una sola familia en Mí, por el Espíritu Santo, un solo querer en mi voluntad, no sólo exteriormente, repito, sino uniformemente también en el interior que Yo veo.

"Y los sacerdotes también deben uniformar sus pareceres con sus Obispos, respetando sus disposiciones, sin disensiones; que ellos más que nadie deben evitar que haya falta de caridad en este punto más importante de lo que parece.

"Pero insisto para todo esto (que pido que se remedie, que se prevea y aún para que no exista) que se recurra al Espíritu Santo, conciliador y unificador de entendimientos y de voluntades, El refleja la unidad en las almas, porque forma parte intrínseca de la unidad por esencia. El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, es el portaestandarte de la unidad, su principio, su centro y su fin, por ser el amor.

"Que acudan los Obispos y los sacerdotes con más y más asiduidad y amor al Espíritu Santo, y El será su luz, su norte, su guía, para llevarlos a la unidad.

"Un solo apostolado quiero en mi Iglesia, una sola fe, una sola Verdad, un solo fin. Un martirio si todos se martirizan; un gozo si todos gozan; un triunfo si todos triunfan; un calvario si todos sufren; es decir, un lazo de caridad que estreche y unifique, el mismo lazo que forma la unidad por el amor, el Espíritu Santo. Un solo, Jesús, Dios-hombre que los caliente y un fin, mi Padre, yendo a El por el Espíritu Santo y por María" (Diario T. 49, p. 362-373, noviembre 23, 1927).

La Consumación en la Unidad de la Trinidad

La "Consumación en la Unidad" se realiza cuando el cristiano y particularmente el sacerdote ama con el Espíritu Santo, es decir cuando su caridad ya no es ejercitada de un modo humano bajo la dirección de la prudencia infusa sino ejercitada de un modo suprahumano bajo el impulso de la moción del Espíritu Santo; la "caridad perfeccionada por los dones" es amar con el Espíritu Santo.

"La Iglesia es amor, es caridad por tener su origen y su ser y su vida en el amor fecundo del Padre. Los cristianos deben ser amor, todo amor, elevados a la cumbre de la unidad por el amor. Y ¿quién es el Amor sino el Espíritu Santo? Ese Espíritu fue mi Espíritu y con El amé a mi Padre, y así quiero que mis sacerdotes y todos los cristianos amen a mi Padre como Yo lo amo, con el mismo Espíritu Santo que ésta es la perfección del amor.

"Ese amor es el que unifica con la Trinidad, el que simplifica en la santidad, el que une, el que fecunda lo santo y el que transforma en Mí y hace lo que mi amor pretende, lo que mi Padre anhela: un solo Sacerdote en Mí de todos los sacerdotes, un solo Jesús en donde ponga su mirada amorosa, en donde El se complazca.

"¿No ves que al fundar su Iglesia ese fue su ideal? Yo en el Papa como Cabeza y todos los sacerdotes en Mí formando un mismo Cuerpo y un solo querer con el de mi Padre amado. Y después de los sacerdotes, mis predilectos, todos los cristianos deben unificarse en Mí consumados en la Unidad" (Diario T. 55, p. 288-289, julio 5, 1930).

Un Nuevo Pentecostés

"Al enviar al mundo un como segundo Pentecostés quiero que arda, quiero que se limpie, ilumine e incendie y purifique con la luz y el fuego del Espíritu Santo. La última etapa del mundo debe señalarse muy especialmente por la efusión de este Santo Espíritu. Quiere reinar en los corazones y en el mundo entero; más que para su gloria, para hacer amar al Padre y dar testimonio de Mí, aunque su gloria es la de toda la Trinidad" (Diario T. 40, p. 180, enero 26, 1916).

"Dile al Papa que es mi voluntad que en todo el mundo cristiano se clame al Espíritu Santo implorando la paz y su reinado en los corazones. Sólo este Santo Espíritu puede renovar la faz de la tierra y traerá la luz, la unión y la claridad a los corazones.

"El mundo se hunde porque se ha alejado del Espíritu Santo y todos los males que le aquejan tienen su origen en esto. Ahí está el remedio porque El es el Consolador, el autor de toda gracia, el lazo de unión entre el Padre y el Hijo y el Conciliador por excelencia porque es caridad, es el Amor increado y eterno.

"Que a ese Santo Espíritu acuda todo el mundo pues ha llegado el tiempo de su reinado y esta última etapa del mundo a El le pertenece muy especialmente para ser honrado y exaltado. Que la Iglesia lo pregone, que las almas lo amen, que el mundo entero se le consagre y vendrá la paz, juntamente con una reacción moral y espiritual más grande que el mal que a la tierra aqueja.

"Que a la mayor brevedad se proceda a llamar con oraciones, penitencias, y lágrimas a este Santo Espíritu, suspirando por su venida. Y vendrá, Yo lo enviaré otra vez de una manera patente en sus efectos, que asombrará e impulsará a la Iglesia a grandes triunfos" (Diario T. 42, p. 156-158, septiembre 27, 1918).

"Pide esta reacción, este "nuevo Pentecostés", que mi Iglesia necesita: sacerdotes santos por el Espíritu Santo. El mundo se hunde porque fallan sacerdotes de fe que lo saquen del abismo en que se encuentra; sacerdotes de luz para iluminar los caminos del bien: sacerdotes puros para sacar del fango a tantos corazones: sacerdotes de fuego que llenen de amor divino al universo entero.

"Pide, clama al cielo, ofrece al Verbo para que todas las cosas se restauren en Mí por el Espíritu Santo". (Diario T. 49. p. 250-251, noviembre 1º , 1927).

"Quiero volver al mundo en mis sacerdotes: quiero renovar al mundo de las almas manifestándome Yo mismo en mis sacerdotes: quiero dar un poderoso impulso a mi lglesia infundiéndole como un "nuevo Pentecostés", el Espíritu Santo en mis sacerdotes" (Diario T. 50, p. 165, enero 5, 1928).

"Para alcanzar lo que pido deben todos los sacerdotes hacer una consagración al Espíritu Santo, pidiéndole, por intercesión de María, que venga a ellos como en un "nuevo Pentecostés", y que los purifique, los enamore, los posea, los unifique, los santifique y los transforme en Mí" (Diario T. 50, p. 296, enero 25, 1928).

"Algún día, y no lejano, en el centro de mi Iglesia, en san Pedro, se llegará a hacer la consagración del mundo al Espíritu Santo, y las gracias especiales de este divino Espíritu se derramarán en el Papa feliz que esto haga.

"Hace mucho tiempo que vengo indicando este mi deseo de que se consagre el universo al Divino Espíritu para que se derrame en la tierra como un "segundo Pentecostés" (Diario T. 51, p. 135, marzo 11, 1928).

"Tengo una gran devoción a la
Santísima Trinidad"

Uno de los aspectos más admirables y profundos de la espiritualidad de Conchita es el matiz trinitario de toda su vida y de toda su doctrina.

La eclosión de su bautismo y el desarrollo progresivo de su gracia personal, bajo la acción del Espíritu Santo, se encaminan a la identificación, a la transformación en Cristo Sacerdote y Víctima para continuar su oblación de amor para gloria del Padre en favor de los hombres. Toda la vida espiritual de Conchita se despliega bajo el signo de la Trinidad.

Desde las primeras páginas de su Diario aparece un atractivo de gracia que la impulsa a las profundidades de la vida íntima de Dios. A medida que progresa en su vida espiritual recibe luces especiales y ya en plena vida de unión, la acción de los dones de inteligencia y de sabiduría la sumerge en los abismos de la Trinidad.

Las páginas que Conchita escribió sobre la Trinidad son las más sublimes de su Diario y llenarían un volumen entero. Nos hemos visto obligados, con pesar a escoger algunos textos del tesoro de su doctrina.

Tengo una gran devoción a la Santísima Trinidad

Debemos señalar una constante línea ascendente en su relación vital con las Divinas Personas.

Desde el principio de su vida espiritual el Señor la impulsa de una manera muy consciente y práctica a orientar su vida a la gloria de la Trinidad: "Vive de hora en hora, sin pensar en la siguiente como si fuera la última para ti; llénala, abandonada a mi voluntad y sólo con el fin de agradarme a Mí. Di aquello: "Hágase tu voluntad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Gloria a Ti, Santísima Trinidad" (Diario T. 1, p. 40, 1893).

La visión de la Cruz del Apostolado --símbolo de la espiritualidad y de la doctrina de la Cruz-- está toda ella envuelta en un profundo sentido trinitario, que Conchita entrevé y dirigiéndose a Jesús, escribe: "el Padre con su aprobación, Tú, escondido dentro de la Cruz y el Espíritu Santo como Protector, toda la Trinidad Santísima va a dirigir esta obra" (Diario T. 2, p. 4, marzo, 1894).

El efecto de esta acción santificadora de Dios se manifiesta en Conchita, que poco después escribe:

"Estoy muy empapada, diré, de Dios... Le tengo gran devoción a la Santísima Trinidad y estos tres días se los dedico con toda el alma. Ayer al Padre... hoy a este Jesús y mañana a mi Palomita queridísima. La he sentido varias veces sobre mí, entre rayos de luz, haciéndome experimentar una sensación inefable que adormece, encanta y llena de una especie de unción arrobadora" (Diario T. 3, p. 170, mayo 19, 1894).

Toda la Trinidad es amor

Desde el centro de perspectiva de su gracia personal: el misterio de la Cruz, Conchita contempla a la luz del Espíritu Santo el misterio de Dios-vuelto-hacia-nosotros. Es un texto capital porque nos da desde el principio la clave de interpretación de toda la doctrina de la Cruz.

"La substancia del Padre es amor. La substancia del Hijo, es amor, y tan grande para con el Padre y el hombre que se dio a sí mismo al dolor para salvarlo y dar honra al Padre; y la substancia mía, que soy la tercera Persona, es el amor, concurriendo con el Padre y el Hijo a la gloria de la Trinidad, tomando parte en el Misterio de la Encarnación, prosiguiendo durante la vida de Jesús, atestiguando su Divinidad y sellando la Obra de la Redención, amparando a la Iglesia mi Esposa inmaculada.

"La substancia del Padre es el amor y el Poder. La substancia mía es el amor y la Vida; la substancia del Hijo es el amor y el dolor. La substancia de las tres Personas de la Trinidad es la Caridad, es decir, el amor más puro de comunicación, que por esto se llama caridad, porque se comunica y es el más perfecto amor de caridad.

"El dolor, o sea la Cruz divinizada por el Hijo, es el solo y único escalón para subir al amor de caridad. ¿Entiendes ahora el valor de la Cruz? Por esto verás que los más crucificados son los que más aman, porque el dolor, insignia de Jesús, arrastra en pos de sí a las tres Divinas Personas y en aquella alma habitamos y Yo formo mi Nido" (Diario T. 6, p. 122, julio 9, 1895).



Trinidad y Encarnación

El misterio de la Encarnación conduce a Conchita hacia las profundidades de Dios.

"Me llevó después el Señor el pensamiento al punto de la Encarnación del Verbo y me hizo entender unas cosas muy profundas relacionadas con la Santísima Trinidad cuya segunda Persona es.

"El Padre era, me dijo, desde toda la eternidad. Él produjo de Sí mismo, de su misma substancia y de su misma esencia al Verbo. También desde toda la eternidad, porque en el principio ya era el Verbo Dios, y el Padre Dios, siendo Dos Personas en una misma substancia divina. Pero nunca, ni un instante estas Personas Padre e Hijo, estuvieron solas o fueron solamente dos, sino que en la misma eternidad, aunque producido por el Padre y el Hijo era también el Espíritu Santo, reflejo y substancia y esencia del Padre y el Hijo, y también Persona. Es el Espíritu Santo reflejo divino de la misma Divinidad, es el reflejo del amor, en el Amor mismo, el reflejo de la luz en la misma Luz, el reflejo de la Vida en la misma Vida y así en todas las infinitas perfecciones en la eterna perfección.

"Esta comunicación de la misma substancia, de la misma esencia, de la misma vida y perfecciones que forman y es una sola esencia, substancia, vida y perfección, constituyen la felicidad eterna del mismo Dios y las complacencias sin término de la augusta Trinidad.

Al comprender esto exclama llena de admiración:

"Oh qué grande, qué grande es Dios y qué arcanos ininteligibles para el hombre y aún para el ángel encierra en Sí mismo.

"Me contemplo ante esa grandeza en la última expresión del átomo, pero al sentir mi alma infinita, recibiendo un pequeño reflejo de aquella misma grandeza, se ensancha gozosa al ver la felicidad, la eternidad, la incomprensibilidad de la inmensidad de su Dios.

"Y, ¿ahí está el Verbo?, me digo emocionada y ¿desde aquel trono descenderá al vil átomo de la tierra? ¡Oh mi eterno Dios! ¿Cómo aceptar semejante dignación?

"Prosiguió Jesús: el Verbo, que es la segunda Persona de la Santísima Trinidad descendió al seno purísimo de María y por obra del Espíritu Santo, que es el que fecundiza, tomó carne y se hizo hombre... profundísima humillación que sólo el amor divino podía realizar...!

"Entendía yo unas cosas tan hondas en este sublime y maravilloso misterio que sólo son para mi alma y no puedo explicar porque no encuentro palabras" (Diario, febrero 25, 1897).

Es importante subrayar que las luces que recibe no producen en Conchita un conocimiento puramente abstracto. No se trata de una especulación sobre Dios sino de una experiencia de amor que percibe, en la hondura de la vida íntima de Dios, la razón de ser de su amor para los hombres llevado hasta la "locura de la Cruz".

Las primeras experiencias

La vida de la gracia es un progreso incesante. Al principio no aparece aún con claridad el aspecto característico y personal de Conchita en sus relaciones con las Divinas Personas. He aquí cómo describe sus primeras experiencias.

"He tenido en algunas oraciones puntos inexplicables de conocimiento de Dios (no sé cómo decir) en la Santísima Trinidad... de sentir cómo es (no de entenderlo) digo como un trasunto de su esencia purísima en aquel conjunto-unidad... en su generación eterna... en sus atributos e inmensidad... bondad... justicia... pero todo esto en un punto, punto de luz interior con suavidad inexplicable, no suavidad de otras oraciones, sino más elevadas y puras que saca el alma o la suspende pero con un claro conocimiento de aquella en que se ve envuelta, olvidada de todo, hasta de sí misma.

"Sufro al ver ciertas pinturas que representan a la Santísima Trinidad, ¡Oh que no es eso lo que yo siento! Dios es luz, es pureza, es aroma divino, conjunto de hermosura, el foco de toda la perfección, la paz; es candor, es amor, amor, amor, felicidad incomparable, eternidad sin tiempo, un punto que todo lo abarca y absorbe, deslumbrador, majestuoso y suavísimo que todo lo atrae y siempre se da... sin gastarse lo más mínimo.

"Oh, esa eternidad sin tiempo la tengo en el corazón muy grabada; ese Dios, Dios tres veces santo, santo, santo, que no lo comprendo pero que lo siento... ¿quién será capaz de decir lo que es si ni en el cielo hay lenguaje para explicarlo?

"A mí me da miedo sentir esto, pero me veo envuelta de repente en este océano de primores, en esa eternidad de hermosura y felicidad propia. Yo veo, diré, comunicarse las tres Divinas Personas, aquella complacencia eterna que se produce siempre (diré para explicarme) y en cada instante al contemplarse en sí mismas... Siento o veo con el alma (no sé cómo decir) un abismo eterno de eternas perfecciones, siempre vivas, en que se gozan las tres Personas divinas. Las tres tienen, me dice el Señor, la felicidad purísima de la comunicación. Son tres Personas pero una sola substancia divina, iguales en poder, sabiduría, bondad y demás atributos!...

"¡Oh, qué grande es Dios!, ¡qué bueno!, ¡qué santo!, ¡qué purísimo! Es todo amor y aquí se compendia cuánto pueda decir" (Diario T. 10, p. 153-156, mayo 14, 1898).

Hacia la unión

Como preparación inmediata a la plena vida de unión Conchita recibe luces notables sobre la Trinidad.



Un solo Dios en tres Personas

"No son dos ni tres Dioses, sino uno solo, en tres Personas divinas. (Y yo sentía muy claro, como que lo veía que así debía ser, y en ello una razón de ser admirable... no sé si explico lo que quiero decir).

"Continuó el Señor: "No son tres luces, sino una Luz, eterna e igual en las tres Divinas Personas... Dios de Dios quiere decir que no puede darse más altura, y también quiere indicar el mismo Ser comunicado al Verbo; y en el reflejo de aquel foco eterno de grandeza, de luz y de perfecciones infinitas producido por el Espíritu Santo, término, es decir, como conclusión de este divino misterio; pero sin nada menos que el Padre y el Hijo, sin mengua la más mínima, sino todas tres Personas iguales... con una sola esencia divina... formando un solo foco... un solo Señor... sin principio ni fin... ninguna antes ni primero que otra... siendo ya en el principio eternas, eternas, y en una comunicación sublime y admirable que constituye la felicidad de Dios!...

"Esto lo explico con rudas palabras porque no hallo lenguaje, ni tengo, ni creo existe uno con qué explicar lo que es inexplicable"... (Diario T. G, p. 6-7, febrero 2, 1897).

La infinita Pureza de la Trinidad

"Hoy en la Iglesia no me dejó rezar el Señor ni abrir el libro: luego que le recibí en la Sagrada Comunión me puso en un grande recogimiento, levantando a mi alma a otra atmósfera, bien lejos de la tierra.

"Entendí, no sé cómo, algo de la Pureza infinita de Dios: cómo en la Generación eterna del Verbo le comunicó el eterno Padre su misma substancia y esencia, siendo la esencia del Padre la Pureza misma.

"Más por esta palabra, Pureza, o sentido de la limpidez de Dios, entendí una claridad, una blancura, una luz que no encuentro palabras para explicarlo, porque la luz es oscuridad junto a aquella claridad divina, lo blanco es negro, el mismo sol es un borrón. ¡Oh Dios mío!, ¡oh esplendor eterno!, ¿cómo explicar lo que es inexplicable en el lenguaje humano? ¡Belleza sin tacha, siempre antigua y siempre nueva, resplandor inefable cuya luz no la soportarían los sentidos del cuerpo! Yo veía o sentía todo esto, pero allá en lo muy hondo del alma.

"Veía yo, diré, al Eterno Padre gozándose eternamente en Sí mismo, en sus perfecciones infinitas, en una complacencia indecible, y de este mismo gozo purísimo reproducirse, con la intensidad de aquella limpidez, en la segunda Persona divina que es el Verbo.

"Veía yo a este Verbo como el reflejo completo y exacto del Padre, y ante aquel arrebato eterno de santísimo amor divino entre el Padre y el Hijo producirse el Lazo de luz y amor entre el Padre y el Hijo, el Espíritu Santo, inseparable del Padre y del Hijo, aunque Persona distinta pero realmente "Término de amor" (si puede llamarse término a lo que es infinito) pero, digo término porque en la comunicación de las divinas Personas recorría diré, su órbita, haciéndose todas tres felicísimas. No sé cómo explicar esto, y yo lo entendía todo en un punto, sin tiempo ni división y, sin embargo, distintas a estas Personas de la adorable y Santísima Trinidad...

"¡Oh Trinidad Beatísima! ¡quién será capaz de comprenderte, si con un rolo rayo de tu limpidez dejas absorta al alma!... ¿qué serás?, ¿qué serás?..." (Diario, agosto 28, 1898).

La intimidad con el Dios vivo, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es característica de la vida de unión. Conchita ha recibido gracias eminentes de este orden y por eso el centro de su vida es la Santísima Trinidad.

La Trinidad: centro de mi vida

"¡Esto me parece el colmo de la soberbia! Pero en el abismo de mi bajeza y contra mi voluntad, rompe este espíritu las ataduras con que lo aprieto a la tierra de mi nada, y se me escapa, y se lanza hasta el trono divino de la Santísima Trinidad, como si ahí estuviera su centro y su vida, ahí dentro diré, de la misma Vida, ¿Qué debo hacer si no quiere aquietarse en los charquitos que le presento, sino que busca el mar sin fondo ni riberas, a su Dios y Señor? Lo hundo a este espíritu en el pozo estrecho de su propio conocimiento, pero en este hundimiento parece que toma vuelo y se lanza hasta aquella inmensidad de su Dios, única con que se satisface y respira.

"¿Por qué siendo yo tan mezquina y tan pequeña y tan muladar tiene mi alma miserable esos vuelos, esa sed, ese sofocamiento, en todo lo que no es grande, en todo lo que no es Dios? ¿Si no soy capaz de contener una gota, por qué anhelo contener un mar?... ¿Si no soy más que un punto en el espacio, cómo es posible y me cabe en el juicio abarcar la inmensidad eterna?

"Lo que pasa, ¡oh Dios mío! ya lo comprendo ahora, es que la gota se pierde entre el mar y la nada en el infinito... es decir, no entra Dios tan solo en mí, aún cuando entre y tome posesión de mi alma, sino que yo entro en Él, o más bien, yo no soy digna de entrar y me detengo, pero Él me coge y me introduce en esas regiones desconocidas de la materia... Oh y con qué rapidez el alma recorre sin embargo esas distancias y conoce y ve y entiende sin conocer, ni ver, ni entender, sino como engolfada en un punto, pero punto infinito, punto de eternidad, punto de amor increado; ahí y sólo ahí respira vida y satisfacción y dicha sin tiempo..." (Diario T. 11, p. 32-34, mayo 31, 1899).

Trinidad y Encarnación Mística

La doctrina de los místicos está en íntima relación con su vida, y su experiencia de Dios es la realización de la misión que el Espíritu Santo les ha asignado.

Si Conchita recibe grandes luces no es directamente en orden a una enseñanza que comunicar o un magisterio que ejercer, sino para que pueda vivir en profundidad su propia gracia, para llegar a la santidad a la que Dios la llama, para bien espiritual de muchas almas.

La gracia eminente de la encarnación mística va a matizar su intimidad con las Divinas Personas. Esta gracia, hemos dicho, es una gracia de transformación en el Verbo Encarnado glorificador del Padre y Redentor de los hombres, en Cristo sacerdote y víctima. Gracia que realiza lo mas íntimo y constitutivo de la existencia cristiana, ya que el Padre "nos ha predestinado a reproducir la imagen de su Hijo (Rm. 8, 29) y de esa manera poder ofrecer nuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios, un culto espiritual (cfr. Rm. 12,1). Bajo el signo del Hijo toda la Iglesia entra en comunión con la vida íntima de la Trinidad.

La "gracia central" de Conchita supone, por su misma naturaleza, relaciones personales con cada una de las Divinas Personas. Es una gracia eminentemente trinitaria.

"En las encarnaciones místicas del Verbo no creas que estoy solo sino que estamos toda la Trinidad de Personas Divinas, pero operando cada persona en orden a sus propiedades: el Padre, como Padre, engendrando; el Verbo como Hijo naciendo; y el Espíritu Santo fecundando esta divina acción en el alma" (Diario T. 49, p. 5-6, septiembre 22,1927).

De esta acción de la Trinidad que configura a Cristo Sacerdote y Víctima surge la necesidad de vivir en perfecta identificación con sus sentimientos íntimos en una constante ofrenda de amor. Ofrecer a Cristo y ofrecerse con Él al Padre bajo el impulso del Espíritu Santo para la salvación de los hombres, es el acto propio y característico de la encarnación mística.

Para que Conchita pueda vivir conscientemente y plenamente su gracia central el Señor le manifiesta la manera concreta y práctica de vivir en la intimidad de las divinas Personas.



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