DíEZ, José A



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Dos es número natural y par. T5. Dos no es el siguiente del cero. T6. Cero no es el siguiente de uno. T7. Uno más dos = tres.

T8. Para todo x, y: x más y = y más x.

T9. Para todo x: x por uno = x.

T10. Para todo x, y: x S x más y.

Teoría de Conjuntos (TC):
TC es una teoría desarrollada en su práctica totalidad por el matemático alemán G. Cantor a finales del siglo xix. TC trata de los "agregados", conjuntos, colecciones o clases, de las propiedades, relaciones y operaciones entre estas entidades. TC se axiomati- zó a principios del siglo xx como parte de algunas estrategias para resolver los problemas de fundamentos derivados de la inconsistencia de la teoría en su versión intuitiva inicial. Hay varias axiomatizaciones alternativas, y la que damos aquí es parcial pues recoge sólo algunos de los axiomas más comunes; es por tanto insuficiente y no contiene los elemen- tos que hacen propiamente interesantes las diversas axiomatizaciones existentes.

Términos primitivos:

C1. Conjunto (relator monádico).

C2. Pertenencia (relator diádico: ... es elemento de ...). Axiomas:

Al. Dos conjuntos a los que pertenecen los mismos objetos son el mismo.

A2. Dado un conjunto y una propiedad cp, hay un conjunto cuyos elementos son los elementos del primero que tienen la propiedad (p.

A3. Existe algún conjunto que no tiene elementos.

A4. Dados dos conjuntos, existe otro formado por los elementos de los anteriores. A5. Dados dos objetos, existe un conjunto formado por ambos.

(El lector habrá notado que A2 es un esquema axiomático.)

Teoremas:

T1. Existe un y sólo un conjunto sin elementos.

T2. Dados dos conjuntos, existe un y sólo un conjunto cuyos miembros son los elementos de los anteriores.



ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 281
T3. Dados dos conjuntos, existe otro formado por los elementos comunes de ambos, y es único.

T4. Dados dos conjuntos, existe otro formado por los elementos del primero que no pertenecen al segundo, y es único.

Definiciones:

DI. 0 = def el conjunto sin elementos.

D2. x c y syss def los elementos de x son también elementos de y. D3. x u y = def el conjunto formado por los elementos de x o de y.

D4. x n y = del el conjunto formado por los elementos comunes de x e y.

D5. x - y = def el conjunto formado por los elementos de x que no pertenecen a y. Teoremas:

T5. Para todo x: 0 c_ x.

T6. Para todo x: x uO = x.

T7. Para todo x, y: x n y = y n x.

T8. Para todo x, y, z: x - (y u z)=(x - y) n (x - z).

T9. Para todo x, y: si x c y entonces x n y = x.
AP y TC proporcionan una ilustración interesante de uno de los conceptos que in- trodujimos más arriba con ocasión de las diversas teorías del parentesco, la relación de re- ducción. Vimos entonces que TP5 reducía TP1, hecho que no parecía muy interesante dada la inmediata proximidad temática de ambas teorías. Pues bien, uno de los logros más importantes de la historia de las ciencias formales (debido fundamentalmente a Frege) consiste en haber mostrado que AP se reduce a TC (no a esta TC, sino a la teoría de con- juntos en su versión completa). Éste es un hecho en principio sorprendente pues ambas teorías parecen hablar "de cosas diferentes". Pues bien, Frege mostró que hay una manera de definir los números como determinados conjuntos (o extensiones, como él decía) de modo que las verdades básicas sobre números se derivan de las verdades básicas sobre conjuntos: es posible definir los términos aritméticos primitivos mediante términos con- juntistas de modo tal que los axiomas de la aritmética se convierten en teoremas que se derivan de los axiomas de la teoría de conjuntos. La reducción se da pues exactamente en el mismo sentido que más arriba vimos respecto de TP1 y TP5, pero ahora es realmente interesante pues las teorías involucradas no comparten, en principio, aparato conceptual. A modo de ejemplificación de la idea abstracta de reducción, vamos a presentar

tan sólo las líneas generales de la reducción de AP a TC (ahora nos expresaremos inco- rrectamente y mezclaremos definición de términos con identificación de entidades). El cero se define identificándolo con el conjunto vacío. Para la función siguiente hay varias posibilidades. Una es definir el siguiente de un conjunto x como su unitario {x} (cuya existencia unívoca queda garantizada: si existe x, existe por A5 {x, x} que es idéntico a

{x} por Al). Otra posibilidad es definir el siguiente de un conjunto x como su unión con su unitario, e.e. como x u {x} (cuya existencia unívoca también queda garantizada, por la existencia de {x} más A4). La definición de `número natural' requiere algunas compli- caciones que no hemos incluido en la versión simplificada de TC que hemos presentado. En especial se requiere el siguiente axioma que habíamos omitido: "existe al menos un

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conjunto tal que a) tiene como elemento 0 y b) si tiene como elemento un conjunto, en- tonces tiene también el siguiente de dicho conjunto". Este axioma asegura que existe al menos un conjunto con el vacío y con todos los que le siguen (que son infinitos, por eso se le denomina a veces Axioma de Infinitud). A los conjuntos así se les denomina inducti- vos, y es posible que haya varios tales conjuntos "inductivos", si además de tener esos ob- jetos tienen otros. Pues bien, el menor de todos esos conjuntos inductivos, e.e. la intersec- ción de todos ellos, tiene como elementos sólo el vacío y sus siguientes, es decir, los nú- meros naturales "definidos" en términos conjuntistas. La propiedad de ser un número na- tural se define entonces como "pertenecer al menor conjunto inductivo", definición con la que concluye la reducción de la aritmética a la teoría de conjuntos, pues ahora los cinco axiomas de Peano son teoremas de TC (con algunas complicaciones que hemos obviado, sobre todo relacionadas con A5 de AP, pero que no son esenciales para la idea general).
Lógica Proposicional (LO):

Concluimos con la presentación del propio cálculo lógico de la lógica proposicio- nal (lo mismo se podría hacer con la lógica de primer orden). Aunque hoy es usual pre- sentar los cálculos lógicos como cálculos de deducción natural, históricamente se formu- laron originariamente como cálculos axiomáticos; eso fue (parte de) lo que hicieron, p.ej., Frege en su Begriffsschrift y Russell y Whitehead en Principia Mathematica para la Lógi- ca de Primer Orden. En lo que sigue referimos sólo los axiomas de una de las diversas versiones posibles para la lógica de enunciados (no referimos las reglas de inferencia, Modus Ponens y Sustitución; las variables están por proposiciones, y los axiomas y teore- mas se han de leer, como en las teorías anteriores, clausurados universalmente).


Términos primitivos:

C1. C2.

Negador: - (functor monario). Implicador: -> (functor binario).



Axiomas:

Al. A2. A3.

x-->(y->x).

(- x -> - y) --> (y x).

(x -> (y -> z)) ((x ~ y) --> (x -> z)).


Teoremas:

T I. x-ax.

T2. - (x -> - x). T3. x -a (-i x --> y). Definiciones:

D1. xvy=,,ef-,x->y.



D2. xAy=af-(x --> -y).

D3. x<->y=<1,f(x->y)A(y->x).

Teoremas:



T4. - (x A - x).

T5. xv-x.



ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 283

T6. (xA - x) y.

T7. (x- > (y - y)) -~ x. T8. - (xAy)H(,xv,y).

v

T9. (x A (y v z)) H ((x A y)



(x A z)).

Con LO como última ilustración concluimos la presentación del concepto de cálculo o teoría axiomática y de otras nociones relacionadas, como las de reducción y equivalencia. Para fijar estos conceptos hemos utilizado intencionadamente como ejem- plos (además de nuestras inventadas teorías del parentesco) teorías pertenecientes al cam- po de las ciencias formales. El motivo es que el análisis de las teorías de las ciencias em- píricas como cálculos axiomáticos presenta problemas específicos que no tienen que ver con el concepto abstracto de teoría axiomática. Una vez fijado el instrumental conceptual, en las secciones subsiguientes nos ocuparemos por extenso de su eventual aplicación a las ciencias empíricas y los problemas específicos que tal aplicación comporta. Finalizare- mos esta introducción del aparato conceptual presentando el concepto formal de modelo o realización de una teoría axiomática.


2. Teorías y modelos


En el lenguaje común el término `modelo' es un término extremadamente polisé- mico, y dentro mismo de la filosofía de la ciencia se usa con toda una variedad de signifi- cados diferentes (para un análisis de los mismos, cf. Falguera, 1993). Una familia de tales significados tiene que ver con la idea de caso o realización de una afirmación o conjunto de ellas. Así, por ejemplo, podemos decir que Romeo y Julieta, o mejor ellos "junto con su amor", son un modelo, caso o realización de la afirmación "los amantes prefieren la muerte a la separación"; o que España y Bélgica, "con todo lo que llevan dentro", son en la actualidad modelos o casos de monarquía constitucional, esto es, de una serie de princi- pios o reglas políticas, y que Francia, Italia y Portugal lo son de estados republicanos

(aunque España y Bélgica no realizan exactamente los mismos principios monárquicos, sólo comparten parte de ellos, y lo mismo Francia, Italia y Portugal respecto de los princi- pios republicanos). Parte del sentido de este uso es explicitado y precisado por una teoría lógico-matemática altamente abstracta, la Teoría de Modelos. No vamos a ver aquí si- quiera los rudimentos de tal teoría, nos limitaremos a presentar informalmente el concep- to de modelo del que ella se ocupa, pues desempeña un papel importante en algunos aná- lisis metateóricos que veremos en éste y próximos capítulos.

Un modelo en el sentido de la Teoría de Modelos (en adelante escribiremos simple- mente `modelo') es un sistema o estructura, un "trozo de la realidad" constituido por enti- dades de diverso tipo, que realiza una teoría o conjunto de axiomas en el sentido de que en dicho sistema "pasa lo que la teoría dice" o, más precisamente, la teoría es verdadera en di- cho sistema. Si tomamos los principios monárquicos generales comunes a las constitucio- nes española y belga, y los bautizamos como Teoría Mínima de la Monarquía Constitucio- nal, entonces España y Bélgica, y p.ej. también Suecia, como sistemas o "partes de la reali-


284 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
dad", son modelos de dicha teoría, y Francia, Italia y Portugal no lo son. Esta idea intuitiva se puede hacer precisa mediante la noción formal de sistema o estructura que presentamos en el Apéndice. Recordemos que un sistema es simplemente una tupla o secuencia de enti- dades conjuntistas construidas a partir de un universo o dominio básico de objetos. A veces puede haber varios dominios básicos, pero eso no es una diferencia esencial, pues siempre se puede tomar su unión como el universo y después destacar de él los subconjuntos princi- pales. Lo importante es que un sistema es o representa "un pedazo de la realidad", no es por tanto una entidad lingüística, salvo quizá, en algunas ocasiones, en un sentido derivado cuando los objetos del universo son ellos mismos entidades lingüísticas. El dominio básico puede constar de personas, números, proposiciones, partículas o cualesquiera otras entida- des, por ejemplo enunciados. En el primer caso tenemos un sistema "humano", en el segun- do otro "numérico", y en el último caso tenemos un sistema "lingüístico", constituido por entidades lingüísticas. Pero incluso si en este caso queremos decir que el sistema es una en- tidad lingüística en el sentido de estar construido por entidades lingüísticas, ello sólo es un modo de hablar, pues estos sistemas "lingüísticos" no son ellos mismos entidades lingüísti- cas. Por tanto los sistemas son simplemente partes estructuradas de la realidad, y como ta- les no son entidades lingüísticas susceptibles de ser verdaderas o falsas o de tener significa- do. Son más bien la realidad respecto de la cual ciertas entidades lingüísticas, enunciados o conjuntos de ellos, las teorías entendidas en el sentido axiomático visto, son verdaderas o falsas. O si se quiere, contemplada la relación en la dirección opuesta, son partes de la realidad que se comportan o no como afirma la teoría, que satisfacen o no las afirmaciones de la teoría. Puesto que en una teoría axiomática todas sus afirmaciones, su contenido, está expresado plenamente, aunque implícitamente, por los axiomas, para ver si un sistema es o no modelo de una teoría, basta ver si satisface o no sus axiomas.

Para que un sistema pueda siquiera ser modelo de una teoría es necesario que ten- ga el tipo lógico apropiado, es decir, que esté constituido por entidades del mismo tipo ló- gico que los términos primitivos de la teoría, pues las entidades del sistema son "el signi- ficado en el sistema", esto es la interpretación, de los términos de la teoría. Si la teoría contiene relatores diádicos y en el sistema no hay relaciones binarias es obvio que ni si- quiera podemos ponernos a ver si la teoría es verdadera o falsa en dicho sistema. Sea una teoría T cuyos términos primitivos son j relatores R,, ..., R; (cada uno con su ariedad espe- cificada), k functores f,, ..., fk (con sus ariedades especificadas) y m términos singulares o constantes individuales c,, ..., c,,,. Diremos entonces que un sistema S es una realización posible de T si tiene el tipo lógico apropiado. Vamos a utilizar las mismas letras en negri- ta para denotar las entidades que interpretan en el sistema los términos de la teoría. S es una realización posible de T si S consta de un universo U y, construidas sobre U, j rela- ciones R, ..., R;,, k funciones f,, ..., fk y m individuos destacados c,, ..., c,,,, S = < U, R,, ..., R;, f,, ..., fk, c,, ..., c,,,>, tales que cada relación y función es de la misma ariedad que el re- lator o functor que interpreta. Estos sistemas son las entidades de las que tiene sentido preguntarse si son o no modelos de la teoría, si en ellas la teoría es verdadera o falsa; por ello se denominan `posibles realizaciones'. Por supuesto que (salvo que sea una teoría tautológica) no todas las posibles realizaciones serán realizaciones efectivas o modelos de la teoría. Las realizaciones efectivas, o modelos de la teoría, son aquellas realizaciones


ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I

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posibles en las que ocurre lo que la teoría afirma, las que de hecho se comportan como la teoría dice, o técnicamente, en las que los axiomas (y con ellos todo el resto de afirmacio- nes) de la teoría son verdaderos.



Para fijar ideas concluiremos dando una serie de axiomas y diversos sistemas, al- gunos de los cuales satisfacen todos los axiomas y otros sólo parte de ellos.

Contemplemos ahora los siguientes sistemas, en los que el primer constituyente, des- pués del universo, interpreta `M', el segundo '*', el tercero `o', el cuarto '-' y el quinto `e'.
S, = S, +, •, s, O> (los naturales con "menor o igual que", la suma, el producto, la función "siguiente de" y el cero).

S2 = <-, +, •, -, O> (los enteros con "menor o igual que", la suma, el producto, el opuesto y el cero).

S 3 = <-, +, •, -, O> (los enteros impares con "menor o igual que", la suma, el producto, el opuesto y el cero).



S4 = <_, •, :,-', 1> (los racionales con "menor o igual que", el producto, el co- ciente, el inverso y el uno).

S 5 = c, u, n, -, O> (los conjuntos con la inclusión, la unión, la intersección, el complemento y el conjunto vacío).



--i, c> (las proposiciones con la relación de consecuencia lógica,

S 6 =


i--, v, A,

la disyunción, la conyunción, la negación y la (o una) contradicción).


286 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


El lector puede comprobar que todos ellos son realizaciones posibles, tienen el tipo lógico apropiado para poder satisfacer los axiomas, pero que sólo S 5 y S6 son mode- los de todos los axiomas, satisfacen de hecho todos los axiomas a la vez. En S, fallan los axiomas 6, 7, 9, 11 y 14; S 2 y S 3 satisfacen los mismos, a saber, todos menos 6, 8, 9 y 11; por último, S4 sólo satisface 1, 2, 3, 5, 7, 12 y 14.

Como se ve, una misma teoría, un mismo conjunto de axiomas, puede tener mode- los muy diferentes. De hecho no hay ninguna teoría que tenga un único modelo o realiza- ción, al menos si estamos dispuestos a aceptar siempre modelos matemáticos. Ahora bien, aunque las teorías no determinan unívocamente sus modelos en este sentido tan estricto, l o pueden hacer en otro sentido todavía interesante, un poco más débil que el anterior y de hecho más razonable. En la interpretación que venimos usando, una teoría pretende

"describir (un trozo de) la realidad". Pues bien, si los diversos modelos son "extremada- mente semejantes" entre sí, aunque no se describa un único modelo se tratará de una bue- na descripción en el sentido de suficientemente unívoca. Dicho técnicamente: si los diver- sos modelos son isomorfos entre sí (para la noción de isomorfía, cf. Apéndice), la teoría determina la realidad del modo más fuerte que es razonable exigir; a una teoría así se le denomina categórica. Dar con una teoría categórica no es fácil. Por ejemplo, la teoría consistente en todos los axiomas que acabamos de presentar tiene modelos no isomorfos, S5 y S6. La teoría consistente en los axiomas 1, 2, 3, 4, 5, 7, 10, 12, 13 y 14, tiene modelos isomorfos, S2 y S 3 , pero otros no isomorfos, pues S 5 y S6 son también modelos de esa teo- ría y no son isomorfos entre sí ni respecto de S 2 y S 3 . En realidad no siempre es bueno pretender que la teoría sea categórica. Quizá eso sea deseable en las teorías formales, pero desde luego no lo es en las teorías empíricas. En las teorías empíricas es natural pretender que una teoría tenga modelos que sean partes de otros modelos o, como se dice técnica- mente, que entre sus modelos algunos puedan ser extensiones de otros, esto es, partes más grandes de la realidad, por así decir. Eso no siempre impide la isomorfía, por ejemplo S 2 es una extensión de S3 y son isomorfos; pero la impide cuando los modelos, como parece razonable no descartar en las teorías empíricas, tienen un universo finito. Sobre este tipo de cuestiones trataremos más adelante. De momento es conveniente insistir ahora tan sólo en el siguiente hecho, trivial pero interesante: todos los modelos de una teoría, sean o no isomorfos, se parecen mucho en cierto sentido, a saber, todos se comportan como la teo- ría dice. Y eso por supuesto es un parecido digno de tener en cuenta, de hecho es el tipo de parecido a tener en cuenta cuando se trata de teorías empíricas.

3. Caracterización general de las teorías empíricas como cálculos interpretados


Examinemos ahora los primeros análisis que se hicieron del concepto de teoría em- pírica. Según la concepción a que dichos análisis dieron lugar, una teoría empírica es un cálculo interpretado, donde por `cálculo' se entiende un cálculo o teoría axiomática en el sentido presentado en la sec. 1. Allí vimos unos ejemplos puramente formales, y la ilustra- ción era intencionada, pues de hecho los primeros filósofos de la ciencia tomaron la idea de l as axiomatizaciones que entonces se hacían de algunas teorías lógicas y matemáticas

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El lector puede comprobar que todos ellos son realizaciones posibles, tienen el tipo lógico apropiado para poder satisfacer los axiomas, pero que sólo S 5 y S6 son mode- los de todos los axiomas, satisfacen de hecho todos los axiomas a la vez. En S, fallan los axiomas 6, 7, 9, 11 y 14; S 2 y S 3 satisfacen los mismos, a saber, todos menos 6, 8, 9 y 11; por último, S 4 sólo satisface 1, 2, 3, 5, 7, 12 y 14.

Como se ve, una misma teoría, un mismo conjunto de axiomas, puede tener mode- los muy diferentes. De hecho no hay ninguna teoría que tenga un único modelo o realiza- ción, al menos si estamos dispuestos a aceptar siempre modelos matemáticos. Ahora bien, aunque las teorías no determinan unívocamente sus modelos en este sentido tan estricto, lo pueden hacer en otro sentido todavía interesante, un poco más débil que el anterior y de hecho más razonable. En la interpretación que venimos usando, una teoría pretende



"describir (un trozo de) la realidad". Pues bien, si los diversos modelos son "extremada- mente semejantes" entre sí, aunque no se describa un único modelo se tratará de una bue- na descripción en el sentido de suficientemente unívoca. Dicho técnicamente: si los diver- sos modelos son isomorfos entre sí (para la noción de isomorfía, cf. Apéndice), la teoría determina la realidad del modo más fuerte que es razonable exigir; a una teoría así se le denomina categórica. Dar con una teoría categórica no es fácil. Por ejemplo, la teoría consistente en todos los axiomas que acabamos de presentar tiene modelos no isomorfos, S5 y S6. La teoría consistente en los axiomas 1, 2, 3, 4, 5, 7, 10, 12, 13 y 14, tiene modelos isomorfos, S2 y S3, pero otros no isomorfos, pues S 5 y S 6 son también modelos de esa teo- ría y no son isomorfos entre sí ni respecto de S 2 y S,. En realidad no siempre es bueno pretender que la teoría sea categórica. Quizá eso sea deseable en las teorías formales, pero desde luego no lo es en las teorías empíricas. En las teorías empíricas es natural pretender que una teoría tenga modelos que sean partes de otros modelos o, como se dice técnica- mente, que entre sus modelos algunos puedan ser extensiones de otros, esto es, partes más grandes de la realidad, por así decir. Eso no siempre impide la isomorfía, por ejemplo S 2 es una extensión de S 3 y son isomorfos; pero la impide cuando los modelos, como parece razonable no descartar en las teorías empíricas, tienen un universo finito. Sobre este tipo de cuestiones trataremos más adelante. De momento es conveniente insistir ahora tan sólo en el siguiente hecho, trivial pero interesante: todos los modelos de una teoría, sean o no isomorfos, se parecen mucho en cierto sentido, a saber, todos se comportan como la teo- ría dice. Y eso por supuesto es un parecido digno de tener en cuenta, de hecho es el tipo de parecido a tener en cuenta cuando se trata de teorías empíricas.


3. Caracterización general de las teorías empíricas como cálculos interpretados
Examinemos ahora los primeros análisis que se hicieron del concepto de teoría em- pírica. Según la concepción a que dichos análisis dieron lugar, una teoría empírica es un cálculo interpretado, donde por `cálculo' se entiende un cálculo o teoría axiomática en el sentido presentado en la sec. 1. Allí vimos unos ejemplos puramente formales, y la ilustra- ción era intencionada, pues de hecho los primeros filósofos de la ciencia tomaron la idea de las axiomatizaciones que entonces se hacían de algunas teorías lógicas y matemáticas

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 287


(axiomatizaciones en matemáticas que hasta mediados de siglo seguirían invariablemente el esquema de la sección 1). Es más, el primer análisis detallado de las teorías empíricas como cálculos interpretados se presenta explícitamente en relación con una teoría axiomática pu- ramente matemática. Se trata del estudio que hace Reichenbach en los años veinte de las semejanzas y diferencias en naturaleza y estructura de la Geometría Pura (GP) y la Geome- tría Física (GF) (cf. 1928). Las semejanzas consistían básicamente en la estructura axiomá- tica de ambas; las diferencias se derivaban de la naturaleza empírica de la segunda. A dife- rencia de GP, cuyo análisis se agota al dar su estructura axiomática puramente formal, el carácter empírico de GF obliga a completar la parte puramente axiomático-formal con ele- mentos adicionales que den cuenta de su carácter "físico'; estos elementos deben hacer ex- plícitos los modos en que el formalismo abstracto se pone en contacto con la experiencia, esto es, el modo en que recibe una interpretación física determinada.

Éste es el origen y núcleo del análisis de las teorías empíricas como cálculos inter- pretados. La idea básica es desarrollada, en los años veinte y treinta del siglo xx, de modo parcialmente coincidente por Reichenbach, Ramsey, Bridgman, Campbell y Carnap, que sería su principal impulsor. Esta idea se conforma como el núcleo central de lo que se de- nominará más tarde Concepción Heredada y encuentra su expresión más elaborada en las principales monografías que en los años cincuenta y sesenta escriben sus principales re- presentantes (cf. especialmente Braithwaite, 1959; Carnap, 1966; Nagel, 1961 y Hempel;

1965 y 1966) y será prácticamente dominante en filosofía de la ciencia hasta casi los años setenta. Veremos primero en esta sección cuáles son sus aspectos más generales y discuti- remos en las siguientes con algo de detalle algunos de sus elementos, la evolución que su- frieron y las últimas revisiones críticas, principalmente por parte de Hempel.

3.1. TEORÍAS FORMALES Y TEORÍAS EMPÍRICAS


Según la posición dominante en filosofía de las ciencias formales, al menos du- rante la primera mitad del siglo xx, los axiomas del formalismo abstracto son lo único que interviene en la caracterización de las entidades "de las que habla" una teoría mate- mática; qué cosas son esas de las que pretendemos hablar al usar los términos de la teoría es algo que depende únicamente de los axiomas, las entidades en cuestión son cualesquie- ra de las que los axiomas sean verdaderos. Así, por ejemplo, los números naturales, es de- cir, la propiedad de ser número natural, el número cero y la función siguiente, serán cua- lesquiera entidades de las que resulten ser verdaderos los axiomas de Peano. A veces se expresa esto diciendo que los axiomas caracterizan las entidades de la teoría o, también, que definen implícitamente los términos primitivos. Debe quedar claro que no se trata de una definición en el sentido introducido en la sección 1. De los términos primitivos no puede haber definición explícita, pues entonces no serían primitivos (las definiciones ex- plícitas son justamente el modo en que se introducen los términos derivados a partir de los primitivos). Los axiomas "definen" implícitamente los términos primitivos en el senti- do apuntado, a saber, ellos son los únicos elementos constitutivos del significado de los términos; cualquier estructura que sea modelo de los axiomas es una interpretación admi-

288 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


sible de los mismos; esto es, los constituyentes de cualquiera de tales estructuras son in- terpretaciones admisibles de los términos con que se formulan los axiomas.

Algunos autores, como Carnap, han dado una interpretación convencionalista de las definiciones implícitas, según la cual los axiomas estipulan el significado de los términos y por tanto son "verdades por convención". Otros, como Hilbert inicialmente, han defendido una interpretación formalista, de acuerdo con la cual los axiomas son simplemente reglas para el manejo de los signos involucrados, y por tanto en sentido estricto ni siquiera es ra- zonable considerarlos susceptibles de ser verdaderos o falsos. En tal caso es discutible que tenga incluso sentido hablar propiamente del significado o interpretación de los términos involucrados. Convencionalismo y formalismo son dos modos específicos de entender la idea general de que en un sistema axiomático los axiomas definen implícitamente los térmi- nos, que los axiomas solos caracterizan plenamente el "uso correcto" de los términos. Pero se puede defender esta idea sin defender ninguna de esas interpretaciones específicas de la misma, defendiendo que existen "realmente" las entidades matemáticas significadas por los términos primitivos; los números naturales son cualquier cosa (tomando ahora `cosa' en se- rio en un sentido no lingüístico) que satisfaga los axiomas de Peano.

Independientemente de cuál sea su interpretación específica (salvo en el caso qui- zá del formalismo radical) hay algo de plausible en la idea general de que las cosas de las que una teoría matemática habla son cualesquiera entidades que satisfagan los axiomas. Ese elemento de plausibilidad es el que justifica que aceptemos que Frege redujera la arit- mética a teoría de conjuntos. Como hemos visto en la sección 1, Frege demostró que los axiomas de Peano que usan los términos `cero', `el siguiente de' y `número natural' son verdaderos de "el conjunto vacío", "la unión con el propio unitario" y "pertenecer al me- nor conjunto inductivo". Entonces eso son (los) naturales, pues de esas cosas son verda- deros los axiomas de la aritmética. Quien proteste y diga que a pesar de ello no se trata de la aritmética, pues está claro que "esas cosas" son conjuntos y no números, está rechazan- do de plano dicha idea general; y en la medida en que tal protesta se considere injustifica- da se considerará plausible la idea en cuestión. Y efectivamente la protesta parece algo in- justificada, lo que son las cosas depende de sus propiedades, de su "comportamiento", que es lo que establecen los axiomas, no depende de las expresiones lingüísticas con las que la teoría las nombre. De todas formas las intuiciones no son del todo claras pues,

¿qué diríamos si de hecho AP fuese verdadera también de (supongamos por un momento que efectivamente existen tales entidades) el individuo Lucifer, la función "el corruptor de" y la propiedad "ser demonio"?, ¿aceptaríamos también sin protestar que estamos ante números naturales?

Esta cuestión es extremadamente compleja y no vamos a ocuparnos aquí de ella, pues eso es tarea de la filosofía de la matemática. Si nos hemos extendido algo sobre este punto es para presentar la intuición central del análisis de las teorías empíricas. La idea que queremos destacar es la siguiente: mientras que en las ciencias formales parece razo- nable, o al menos defendible, la tesis de que las entidades a las que la teoría se refiere son cualesquiera de las que sean verdaderas los axiomas, ella es totalmente inaceptable apli- cada a las ciencias empíricas. Por ejemplo, si los principios de la mecánica newtoniana, formulados con términos como `partícula', `masa' y `fuerza', fuesen por casualidad ver-

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 28 9 daderos de los ángeles, su "cantidad de espiritualidad" y sus "afinidades", no por ello di- namos que ésas son cosas de las que habla la teoría mecánica, no diríamos que son siste- mas mecánicos. O, con un ejemplo menos absurdo, tales principios son de hecho verdade- ros de ciertos dominios puramente numéricos y de ciertas funciones puramente numéricas entre los números de los dominios, pero eso no hace que la mecánica hable (quizá entre otras cosas) de puros números, no por ello los números son partículas mecánicas. Eso es indiscutible en este caso; la idea de que los términos de la mecánica refieren a cualesquie- ra entidades que satisfagan el formalismo abstracto es claramente inaceptable. El motivo es que, a diferencia de las ciencias formales donde esa idea es cuando menos discutible, las teorías empíricas tienen, además de las constricciones derivadas del sistema axiomáti- co abstracto, otras constricciones derivadas de su vinculación con el mundo físi- co-natural, o mejor dicho, con algún aspecto específico del mismo del que pretenden dar cuenta. Por supuesto que esta diferencia depende de que se considere que hay a su vez una diferencia entre teorías formales y teorías empíricas, y efectivamente la mayoría de los autores de este período (y también posteriormente) consideran que dicha diferencia es un dato firme de nuestras intuiciones.

Aceptando esta peculiaridad de las teorías empíricas, ¿cómo se debe recoger este hecho específico en el análisis de las mismas? La respuesta parece inmediata: incluyen- do, junto con el sistema axiomático abstracto, otro elemento que exprese la conexión de dicho formalismo con "situaciones de la experiencia" en las que interactuamos o "con- tactamos" con el mundo físico. La articulación específica de esta respuesta que se im- pondrá en la Concepción Heredada es que esas situaciones de experiencia en las que se da el contacto básico con el mundo físico son situaciones de observación directa de fe- nómenos físicos. En la formulación y expansión de esta idea influyó sin duda el neoem- pirismo (a veces radical) dominante en los círculos filosóficos donde se plantearon estas cuestiones, pero independientemente de ello la idea tiene cierta plausibilidad en sí mis- ma. La interacción básica con nuestro entorno físico inmediato la realizamos a través de los órganos sensoriales, interacción que se plasma en forma de observación, en un senti- do amplio, no estrictamente visual, del término. Pero hay que distinguir esta idea gene- ral difícilmente recusable de otras dos más fuertes: a) El "estar basado en la observa- ción" característico de nuestro sistema cognitivo global, caracteriza también sus diver- sas partes, y en particular es característico en exactamente el mismo sentido de cada teoría científica concreta. b) Por observación directa se ha de entender observación in- dependiente de esquemas cognitivos elaborados. Aunque hemos formulado estas tesis muy vagamente, debe notarse que no son ya indiscutibles, que son mucho más fuertes que la idea general claramente defendible. En la penúltima sección volveremos sobre ellas para discutirlas en detalle; por el momento basta saber que eran defendidas por muchos de los iniciadores de la Concepción Heredada y que se acabarían imponiendo en la versión oficial de la misma (aunque, como veremos, la particular versión que cada autor ofrece de ellas incluye importantes matizaciones y cualificaciones para evitar al- gunas de las consecuencias más patentemente inaceptables).

290 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

3.2. CÁLCULOS INTERPRETADOS: VOCABULARIO; AXIOMAS Y REGLAS DE CORRESPONDENCIA


Según el análisis que estamos presentando, por tanto, cada teoría científica está con- formada por un cálculo axiomático abstracto y otro componente que conecta las expresiones de dicho cálculo abstracto con situaciones de la experiencia entendidas como situaciones de observación directa. Este segundo elemento está conformado por enunciados que vinculan los términos del sistema axiomático con términos observacionales que refieren a objetos, propiedades o relaciones directamente observables. A esos "enunciados conectores" se les ha denominado de varios modos: reglas de correspondencia (Carnap, Nagel, Margenau), defini- ciones coordinativas (Reichenbach), enunciados interpretativos ( Hempel), postulados de sig- nificación (Carnap, Hempel), diccionario (Campbell, Ramsey) o definiciones operacionales

(Bridgman). Pero, a pesar de que hay algunas diferencias de concepción (especialmente nota- bles en el último caso), su función es en términos generales la misma, proporcionar interpre- tación empírica al cálculo axiomático que por sí mismo está vacío de contenido empírico. Las teorías empíricas son pues cálculos axiomáticos interpretados empíricamente a través de esos enunciados que conectan los términos del formalismo con situaciones de observación directa. En este punto, y antes de esquematizar los elementos centrales de esta concepción, es necesario hacer una observación.

Hemos dicho que el cálculo axiomático por sí solo carece de contenido empírico y que, para dar cuenta de su interpretación empírica, el análisis añade junto a los axio- mas del cálculo un conjunto de reglas de correspondencia. Pero podría pensarse, quizá, que las cosas no tienen por qué ser así. Aunque lo distintivo de las teorías empíricas sea que tienen contenido empírico, e incluso si tal contenido se adquiere a partir de ciertas situaciones de observación, no es necesario introducir las reglas de correspondencia, puede bastar con el cálculo axiomático si algunos de sus términos fuesen términos de observación, en cuyo caso algunos de los axiomas estarían ya cargados de contenido empírico. Bien, esta cuestión es en parte puramente nominal, derivada de cómo hemos presentado las cosas. Tomemos todas las afirmaciones (primitivas) de la teoría y selec- cionemos entre ellas las que no contienen términos observacionales: diremos que estas afirmaciones constituyen el cálculo axiomático abstracto. Tomemos las afirmaciones que incluyen términos tanto observacionales como no observacionales, éstas son las re- glas de correspondencia. Se trata, si se quiere ver así, de que el análisis "divide" el siste- ma de afirmaciones completo en dos partes, o en realidad en tres partes, pues hay que añadir las afirmaciones que sólo contienen términos observacionales, esto es, las afir- maciones puramente observacionales.

Esta estrategia de análisis sería insatisfactoria si toda afirmación contuviera términos observacionales, pues en tal caso lo que hemos venido llamando cálculo axio- mático abstracto no existiría. Pero ello no es así, toda teoría mínimamente compleja y sistematizada, que no sea un mero informe de afirmaciones observacionales, contiene afirmaciones sin términos observacionales. Y no sólo eso, sino que la mayoría de sus afirmaciones son de ese tipo, al menos tal y como aparecen las teorías formuladas en los libros de texto avanzados. Esas afirmaciones, aisladas, están desconectadas de la expe- riencia, de modo que lo que nos presenta una formulación estándar de una teoría empíri-

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS 1 291 ca compleja altamente elaborada se parece mucho a lo que hemos caracterizado como un cálculo axiomático abstracto no interpretado (o al menos así lo pensaban los autores mencionados). Eso representa un serio reto para los filósofos de orientación empirista que, como parte de un proyecto que arranca de la Ilustración, quieren descartar como carentes de sentido las afirmaciones (no puramente analíticas) desconectadas de la ex- periencia, típicamente las de la metafísica especulativa y las de pseudociencias como la astrología. Es un reto, pues las afirmaciones que aparecen en los textos avanzados de muchas teorías científicas parecen en principio de ese tipo. La solución radica en que, aparezcan o no en las exposiciones usuales de la teoría, forman parte esencial de la teo- ría otras afirmaciones que ponen en conexión expresiones que aparecen en las primeras con situaciones observacionales; y si no existen afirmaciones de ese tipo, no se trata de una teoría empírica. Ésa es la diferencia entre la ciencia empírica y la metafísica; la di- ferencia con las pseudociencias consistiría en que, o carecen (como la metafísica) de re- glas de correspondencia, o si tienen tales conexiones con la experiencia, entonces son patentemente falsas.

Pasemos ahora a esquematizar sumariamente los principales elementos del análi- sis presentado. Las teorías empíricas dan cuenta de fenómenos empíricos postulando cier- tas entidades o procesos gobernados por ciertas leyes; esas entidades postuladas no están directamente dadas en la observación, están "alejadas" de la experiencia observable, con- trariamente a los fenómenos de los que pretenden dar cuenta, directamente accesibles a la observación. La teoría introduce nuevos términos para referirse a esas entidades y proce- sos no observables. Diremos de esas entidades que son entidades teóricas y de los térmi- nos introducidos para referirnos a ellas que son términos teóricos.


Vocabulario. Podemos dividir el conjunto de expresiones o vocabulario V de una teoría en tres partes (nos limitamos aquí a los términos primitivos, los términos de- rivados se introducen mediante definiciones explícitas del modo indicado en la sec- ción 1):
(1) Términos puramente lógico-matemáticos. Éste es el vocabulario formal VF de la teoría, esto es, el vocabulario de apoyo que proporciona el lenguaje o instrumental formal y que en algunos casos puede incluir partes muy eleva- das de la matemática.

(2) Términos observacionales. Éste es el vocabulario observacional Vo de la teo- ría, esto es, el vocabulario que se refiere a entidades directamente obser- vables y a propiedades y relaciones entre ellas directamente observables. Son términos observables, por ejemplo, `rojo', `caliente', `vara', `más largo que', `más voluminoso que', `más liviano que', etc.

(3) Términos teóricos. Éste es el vocabulario teórico VT de la teoría, esto es, el vo- cabulario que se refiere a entidades, propiedades y relaciones no directamen- te observables postuladas para dar cuenta de los fenómenos. Son términos teóricos, por ejemplo, `electrón', `masa', `campo eléctrico', `gen', 'entro- pía', etc.

292 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


Si llamamos vocabulario descriptivo VD al vocabulario no meramente formal de apoyo, tenemos V = VF u VD, VD = Vo u VT, VF n VD = 0 y VT n Vo = 0.
Afirmaciones. La anterior partición del vocabulario de una teoría genera otra a nivel de los enunciados o afirmaciones. Toda afirmación de la teoría contiene vocabulario formal, pero no sólo vocabulario formal, también contiene términos descriptivos. Eso nos deja las siguientes tres posibilidades:
(1) Enunciados (puramente) teóricos. Contienen como vocabulario descriptivo únicamente términos teóricos. De entre ellos se seleccionan algunos como axiomas o postulados primitivos: A,, ..., A,; el resto se deriva de ellos como teoremas. Son los enunciados que expresan el comportamiento de las entidades teóricas. Son enunciados teóricos, por ejemplo, `la fuerza eléctrica es directamente proporcional al producto de las cargas', `los genes tienen dos pares de alelos', etc.

(2) Enunciados (puramente) observacionales. Contienen como vocabulario descrip- tivo únicamente términos observacionales. Algunos describen situaciones obser- vables particulares y otros son afirmaciones generales, esto es, expresan genera- lizaciones o leyes puramente empíricas-observacionales. Son enunciados obser- vacionales, por ejemplo, `Juan Pérez tiene los ojos verdes', `esta porción de agua se ha solidificado', `los líquidos se solidifican al enfriarse', etc.

(3) Reglas de correspondencia. Contienen tanto términos teóricos como térmi- nos observacionales. En la medida en que unas se puedan derivar de otras, también se pueden escoger de entre ellas unas que hagan de primitivas: R,,

..., R,,,. Son los enunciados que conectan los términos teóricos con la expe- riencia observable cargando así de interpretación empírica los axiomas pura- mente teóricos. Son ejemplos de reglas de correspondencia, por ejemplo, `a presión constante, el volumen aumenta con la temperatura', `diferencias en el color de los ojos van acompañadas de diferencias en los genes', `al solidi- ficarse un líquido disminuye su entropía', etc. Estos enunciados son el puen- te que permite pasar de lo observacional a lo teórico y viceversa.
Esta clasificación de los términos y los enunciados permite expresar de un modo simple la estructura de las teorías en tanto que cálculos interpretados: una teoría T es un par T = , donde A es el conjunto (o la conjunción) de todos los axiomas y R es el conjunto (o la conjunción) de todas las reglas de correspondencia. Las teorías empíricas son cálculos interpretados: A es el cálculo axiomático, R proporciona la interpretación empírica. Se dirá que faltan los enunciados puramente observacionales, pero no es así, pues se derivan de A y R y, por tanto, ya están incluidos en T. Se comienza por una serie de observaciones particulares, que quizá den lugar a generalizaciones empíricas de las que queremos dar cuenta. Para ello se postulan una serie de entidades teóricas regidas por ciertas leyes expresadas por A. Una vez determinadas las reglas R que expresan los efec- tos observacionales de las entidades teóricas, se derivan, si se tiene éxito, de A y R las ge-

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 293 neralizaciones o fenómenos de los que queríamos dar cuenta (explicación), u otros nuevos que servirán para contrastar la teoría (predicción) . 2

Esta estructura es plásticamente expresada por Hempel mediante su famosa me- táfora de la red: "Una teoría científica puede entonces ser comparada con una red espa- cial compleja: sus términos están representados por los nudos, mientras que los hilos que unen éstos corresponden en parte a las definiciones y en parte a las hipótesis funda- mentales y derivadas incluidas en la teoría. Todo el sistema flota, por así decir, sobre el plano de la observación y está anclado en él mediante reglas de interpretación. A éstas se las puede considerar como cuerdas que no forman parte de la red pero que conectan ciertas partes de ella con lugares específicos de la observación. En virtud de estas cone- xiones interpretativas, la red puede funcionar como teoría científica: a partir de ciertos datos observacionales podemos ascender a través de una cuerda interpretativa hasta al- gún punto de la red teórica, de aquí pasar a través de definiciones e hipótesis a otros puntos, desde los cuales otras cuerdas interpretativas permiten descender al plano de la observación" (1952, §7).

Hasta aquí las líneas generales del análisis de las teorías empíricas, de sus constitu- yentes, naturaleza y funcionamiento, propio de la Concepción Heredada. Para concluir con este enfoque comentaremos en las próximas secciones dos cuestiones que fueron objeto de especial atención: a) la naturaleza de las reglas de correspondencia y sus consecuencias para la supuesta eliminabilidad de los términos teóricos; y b) la distinción teórico/observa- cional y la naturaleza de la base empírica. En esta última cuestión presentaremos las críti- cas internas de Popper y el último Hempel, que sugieren modificaciones fundamentales.



4. Las reglas de correspondencia y la cuestión de la eliminabilidad de los términos teóricos
Hasta ahora hemos presentado las reglas de correspondencia de una forma extre- madamente general, sin especificar su estructura, tan sólo hemos dicho de ellas que con- tienen términos tanto teóricos como observacionales. Ésta es una caracterización muy dé- bil compatible con prácticamente cualquier forma sintáctica.' Pero eso no fue siempre así y en los inicios se pretendió imponer constricciones más fuertes sobre la forma de las re- glas, constricciones derivadas de la finalidad que se les atribuía.

2. Algunos representantes de esta concepción, como Nagel (cf. 1961, cap. 5, §11.3, también Hesse,

1966) incluyen, como "elemento adicional", además de axiomas y reglas, modelos. Pero la referencia a mode- los en esta concepción es excepcional y, cuando se hace, está poco desarrollada, mal estructurada con el resto de elementos y, en general, es muy confusa. Al no pasar a formar parte de la versión oficial, no vamos a dete- nernos aquí en ella.

3. Aunque no con cualquiera, al menos no si se entiende la inclusión de términos de ambos tipos en sentido esencial, e.e., que las reglas contienen esencialmente términos tanto teóricos como observaciona- les. Si eso es así y, supuesto que t es el único término de uno de los tipos, la regla no puede tener la forma, P.C., "a A (y(t) v -' y(t)) -> (3", pues ahí t no ocurre esencialmente (a no ser que ocurra esencialmente en (x o en (3); es sólo este tipo de formas el que queda excluido por la caracterización general anterior.

294 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

4.1. INELIMINABILIDAD DE LOS TÉRMINOS TEÓRICOS


Las reglas expresan la conexión de los términos teóricos con la experiencia obser- vable, cargan de contenido o significación empírica tales términos. Como hemos indicado más arriba, una de las preocupaciones de estos filósofos, de orientación general neoempi- rista, era dejar clara la legitimidad semántica de las expresiones científicas, por contrapo- sición a otras según ellos carentes de sentido. Esa legitimidad la da el anclaje en la expe- riencia observable, y es tanto mayor cuanto más fuerte sea dicho anclaje observacional. Si eso es así, entonces la alternativa más fuerte a considerar es que los términos teóricos sean completamente definibles mediante términos observacionales, esto es, que haya de- finiciones explícitas de los términos teóricos mediante vocabulario observacional. Más arriba hemos indicado que no puede haber definiciones explícitas de los términos primiti- vos del cálculo axiomático, pero en ese contexto estaba claro que teníamos en cuenta úni- camente la intervención de términos teóricos. La opción ahora es definir explícitamente los términos primitivos teóricos del formalismo abstracto, no mediante otros términos teóricos sino mediante términos observacionales; puesto que con los términos teóricos primitivos se definen los restantes términos teóricos, la alternativa implica la eliminabili- dad total de los términos teóricos, los convierte en meras abreviaturas de expresiones más complejas cuyos componentes se refieran sólo a entidades observables.

Esta alternativa determina la forma que deben tener las reglas de correspondencia, a saber, la de las definiciones explícitas: para cada término t de VT hay una regla de co- rrespondencia que tiene la forma "y(t) t-> cp(o,, ..., ok)", donde t es el único término teórico que ocurre en y y cp sólo contiene como términos descriptivos k términos observacionales o,, ..., ok. Si esta propuesta fuese viable, entonces la teoría estaría utilizando siempre un vocabulario en realidad exclusivamente observacional, sólo que usando a menudo abre- viaturas notacionales. No es difícil ver que ello conferiría la máxima legitimidad observa- cional al lenguaje de la teoría: las entidades teóricas "desaparecen" o, más suavemente, se reducen a, o se construyen como, complejos de observables.

El principal defensor de dicha propuesta, Carnap, reconoció pronto su inviabili- dad. El problema principal lo ejemplificaban los términos de propiedades disposicionales, como `frágil', `elástico' o `soluble'. Estos términos se refieren a propiedades que se ca- racterizan por cierta reacción ante ciertas circunstancias; por ejemplo, un cuerpo es solu- ble si, al sumergirse en agua, se disuelve (las propiedades no disposicionales se denomi- nan categóricas, p.ej. ser molécula de ácido sulfúrico o ser vertebrado). Aunque no lo pa- rezcan en primera instancia, muchas de las propiedades teóricas de la ciencia son disposi- cionales, lo que representa un serio problema para el programa eliminativista. Las únicas definiciones explícitas para estas propiedades deben tener la forma
(1) Dx H (Cx -* Rx),
donde D es la propiedad disposicional que queremos definir, C son las condiciones obser- vables en las que se actualiza la disposición y R es la respuesta observable que la disposi- ción produce en las condiciones C; por ejemplo, "x es soluble syss, si x se sumerge en

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS 1 295


agua, entonces x se disuelve". El problema es que, por la lógica del condicional material, estas definiciones atribuyen la propiedad disposicional a todo individuo que no sea some- tido a las condiciones C, por ejemplo a toda sustancia que no se sumerja nunca en agua, lo cual es inaceptable. La solución de Carnap (cf. 1936-1937, §7) es abandonar la pro- puesta reduccionista radical, optar por otra que no tenga consecuencias inaceptables aun- que no permita la eliminación vía definición explícita de los términos teóricos.

La nueva propuesta consiste en modificar la forma de las reglas para términos dis- posicionales del siguiente modo:


(2) Cx -> (Dx H Rx).
Es claro que (2) no tiene los problemas de (1), pero también que no permite eliminar el término disposicional al no ser una definición explícita, sino una definición "parcial" o, en expresión de Carnap, un enunciado de reducción parcial. Una reducción (definición, eliminación) parcial es, simplemente, una no reducción (definición, eliminación), pues ahora, cuando las condiciones de prueba C no se satisfacen, la posesión o no de la propie- dad disposicional D queda simplemente indeterminada; por ejemplo, de una sustancia que nunca se sumerja en agua queda indeterminado, según (2), si es o no soluble. Eso sería una consecuencia inaceptable si pretendiéramos que (2) es una definición, esto es, si pre- tendiéramos que determina las condiciones necesarias y suficientes de que algo sea o no soluble. Pero ahora ya no se pretende tal cosa.'

Los términos disposicionales no son los únicos que sugieren estas modificaciones, aunque son los que mejor las ilustran, al menos en primera instancia. Se reconoce que lo mismo ocurre con términos en principio no disposicionales, como `temperatura'. También en estos casos las reglas sólo proporcionan interpretaciones empíricas parciales. Por ejem- plo, la regla "si al introducir un tubo de vidrio con mercurio en una sustancia y después in- troducirlo en otra, la columna de mercurio asciende, entonces la segunda sustancia está a mayor temperatura que la primera" interpreta sólo parcialmente el término `temperatura', pues no se aplica a sólidos, o a temperaturas muy altas, o muy bajas, etc. (cf. p.ej. Carnap



1966, cap. XXVIII). Y lo mismo ocurre con las demás reglas para el término. Podría pen- sarse que la situación se resuelve conyuntando todas las reglas de correspondencia para cada término, pero, y esto es verdaderamente importante, no es así. La conyunción propor- ciona la total interpretación empírica, pero no constituye una definición o eliminación del término, pues no incluye situaciones en las que, según los axiomas teóricos, también se aplica; por ejemplo, no hay ninguna regla de correspondencia directa para la situación con- sistente en que el centro del Sol está a mayor temperatura que su superficie.

Una vez abandonada la propuesta eliminativista radical y abierta la puerta a reglas de correspondencia no definicionales, no hay especial razón para imponer constricciones


4. Es cierto que ésta no es la única alternativa al problema, hay otras que mantienen la vocación definicional. La más inmediata es sustituir en (1) el condicional material por un condicional contrafáctico o de necesidad física (cf. cap. 5), pero para la mayoría de nuestros filósofos neoempiristas (especialmente Car- nap, pero no sólo él) las soluciones en esta línea son inaceptables por apelar a conceptos modales, como el de necesidad, que prefieren evitar en una reconstrucción lógica de la ciencia.

296 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


muy específicas a la forma de las reglas. De este modo se acaba admitiendo como regla cualquier tipo de enunciado mientras contenga esencialmente términos teóricos y obser- vacionales. O para ser más precisos, de los tres tipos de enunciados que puede contener una teoría científica, a saber, enunciados sólo con términos teóricos, enunciados sólo con términos observacionales y enunciados con términos tanto teóricos como observaciona- les, se seleccionan estos últimos (o una subclase-representante de los mismos) como las reglas de correspondencia de la teoría sin importar la forma sintáctica que tengan (incluso a veces, como señalaron Ramsey, Carnap y Braithwaite, las reglas pueden tener la forma de definiciones explícitas de términos observacionales mediante términos teóricos). El propio Carnap acaba poniendo como ejemplo de regla de correspondencia enunciados que simplemente conectan mediante un condicional material un término teórico con otro ob- servacional, por ejemplo "si u es más caliente que v, entonces la temperatura de u es ma- yor que la de v" (cf. Carnap, 1956, §V). Esta liberalización en la forma lógica de las re- glas va acompañada de otra en apariencia más radical, a saber, ni siquiera es necesario que todo término teórico intervenga esencialmente en al menos una regla de correspon- dencia. Pero esta liberalización es más radical sólo en apariencia. En efecto, si no se trata de definir observacionalmente los términos teóricos, si basta con que estén conectados con términos observacionales mediante las reglas, entonces no es necesario que esa cone- xión deba ser directa para todos y cada uno de los términos teóricos; esto es, puede que algunos se conecten sólo indirectamente con la base observacional a través de su cone- xión axiomática con términos teóricos conectados directamente con la base observacio- nal. Algunos términos teóricos tendrán varias reglas (p.ej. varios enunciados de la forma

(2) con diferentes Cs y Rs), pero otros pueden no tener ninguna y no por eso carecen de contenido empírico (y con ello de legitimidad semántica) pues adquieren tal contenido

(legitimidad) indirectamente por su conexión a través de los axiomas con otros términos para los que sí hay reglas de correspondencia.

Resumiendo, los términos teóricos (primitivos), por tanto, no son eliminables me- diante definiciones explícitas a partir de términos observacionales. Son términos con

"vida propia" que fijan su contenido o significado por dos vías, cada una de las cuales los

"define" sólo parcialmente: a) su conexión con otros términos teóricos a través del cálcu- lo axiomático, y b) su conexión, directa o indirecta, con términos observacionales a través de las reglas de correspondencia. Así pues, el significado de los términos teóricos no es puramente observacional, las conexiones axiomáticas contribuyen esencial e inelimina- blemente al mismo.

Nótese que tampoco es viable la alternativa opuesta, a saber, que el significado fuese puramente teórico, que los axiomas diesen el significado (implícito) completo de los términos teóricos y que las reglas fuesen hipótesis empíricas que no contribuyeran al significado de tales términos. Si eso fuera así, los axiomas teóricos, las leyes, serían

(como en las ciencias formales) verdades analíticas, verdades en virtud del significado de los términos que involucran, carentes por tanto de todo contenido empírico; sólo tendrían contenido empírico las reglas de correspondencia, la mayoría de las afirmaciones de las teorías consideradas empíricas serían, contra toda apariencia, analíticas. Puesto que ésta parece una conclusión claramente rechazable, el significado de los términos teóricos no

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 297 puede depender de los axiomas solos, como tampoco depende de las reglas solas, sino de ambos a la vez. Aquí, sin embargo, se abre uno de los problemas más profundos de la fi- losofía de la ciencia, relativo al significado de los términos teóricos y al estatuto epistémi- co de las afirmaciones científicas. El lector avisado habrá advertido que, si el significado de los términos teóricos no es constituido por los axiomas solos, ni por las reglas solas, sino por ambos a la vez, entonces parece que se puede decir de "los axiomas más las re- glas" lo mismo que se dice en las ciencias formales de los axiomas, a saber, que puesto que constituyen el significado de los términos, entonces axiomas y reglas son analítica- mente verdaderos, verdaderos en virtud de definiciones. Ésta es en parte la brecha por la que Quine ataca la distinción analítico/sintético (cf. 1951) al poner de manifiesto toda una serie de problemas en la distinción tradicional que obligarán a revisar la relación entre analítico y empíricamente revisable. No podemos detenernos aquí en esta cuestión. Para concluir con las reglas de correspondencia mencionaremos brevemente dos modos en los que, en este enfoque, se acepta que los términos teóricos son eliminables en cierto sentido en favor de los observacionales, aunque no mediante definiciones explícitas.

4.2. ELIMINABILIDAD A LO RAMSEY


El primero de los procedimientos se debe a F. P. Ramsey. Ramsey mostró (cf.

1929) que, dada una teoría T = R>, siempre es posible dar con otra que tenga el mis- mo contenido empírico, es decir las mismas consecuencias observacionales, y que no use términos teóricos. El expediente es sencillo: sustituimos cada enunciado "y(t)" de A o de R que contenga un término teórico t por otro de la forma "3x y(x)"; por ejemplo, sustitui- mos "si u es más caliente que v entonces Temp(u) > Temp(v)" por "3P (si u es más ca- liente que v entonces P(u) > P(v)". En realidad no se realiza la existencialización en cada enunciado suelto, pues cuando un mismo término teórico aparece en varios enunciados, la variable para su existencialización debe ser la misma. Una teoría T = R> (con p térmi- nos teóricos y q términos observacionales) se puede identificar con la conyunción "Ax, A Ax2 A ... Rc, A Rc2 A ...", de los axiomas de A y las reglas de R, que abreviaremos median- te "AR (t,, ..., t,,, o,, ..., 04 )". Si T es una teoría, la versión-Ramsey de T es:


TR = 3x,, ...,3x,, AR(x,, ..., x,,, o,, ..., o,,).
Pues bien, se puede demostrar entonces que todo enunciado (puramente) observacional que se sigue de T se sigue también de 7 1 , enunciado éste que, como hemos visto, no con- tiene términos teóricos.

En este sentido los términos teóricos son ciertamente eliminables. Sin embargo, este resultado tiene poca trascendencia filosófica si lo que se pretende es prescindir de las entidades teóricas (lo que no era la pretensión de Ramsey). En primer lugar, la ver- sión-Ramsey de la teoría requiere lógica de segundo orden, pues algunas constantes des- criptivas teóricas serán predicados, con lo que la versión-Ramsey de enunciados con pre- dicados cuantificará sobre variables predicativas (como en nuestro ejemplo, que cuantifi-

298 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

ca sobre una variable de función, un tipo de variable predicativa). Segundo, relacionado con lo anterior, y verdaderamente importante, la versión-Ramsey P prescinde de, o eli- mina, los términos teóricos, cierto, pero no las entidades teóricas. T presupone la exis- tencia de entidades teóricas tanto como T, pues las variables introducidas en TR deben te- ner algún valor. En T, las entidades teóricas son los referentes de las constantes descripti- vas teóricas, en TI son los valores de las nuevas variables introducidas. Por tanto, median- te este expediente, al desaparecer los términos teóricos, nos libramos quizá nominalmente de la formulación del problema semántico acerca de la legitimidad de estos términos bajo sospecha para el empirista, pero no nos libramos en absoluto (ni siquiera nominalmente) de la cuestión ontológica relativa a las entidades teóricas pues la nueva versión sigue ape- lando a ellas, aunque mediante otro recurso expresivo, las variables. Lewis (1970) utiliza el método de Ramsey para mostrar cómo se puede dar una definición "funcional" de los términos teóricos, esto es, cómo se puede denotar una entidad teórica mediante una expre- sión que no contenga términos teóricos, a saber, mediante una descripción que describa su función en la teoría; por ejemplo, la masa es la denotación de la descripción "la fun- ción x; tal que ...", donde los puntos suspensivos contienen la versión-Ramsey de la Me- cánica Clásica (y j es un subíndice concreto). Queda claro por tanto que el método de Ramsey no permite eliminar las entidades teóricas sino tan sólo el modo usual de referir- nos a ellas mediante constantes predicativas (o funcionales).


4.3. ELIMINABILIDAD A LO CRAIG

La alternativa de Ramsey no depende de que los dos grupos de términos sobre los que se realiza la eliminabilidad relativa sean los teóricos y los observacionales en el senti- do pretendido, se aplica a cualquier teoría en la que dividamos el vocabulario en dos con- juntos disjuntos. Lo mismo sucede con el segundo expediente de eliminación, debido a Craig y que es consecuencia de un teorema de lógica formal del mismo autor. Craig mos- tró (cf. 1953 y 1956) que si el vocabulario V de una teoría T se divide en dos conjuntos disjuntos de términos V, y V 2 , y la teoría satisface ciertos requisitos formales (no especial- mente estrictos), entonces siempre existe otra teoría T* que usa términos sólo de un tipo, digamos V, y de la cual se derivan los mismos V,-enunciados (e.e. enunciados que invo- lucran sólo términos de V,) que se derivaban de T; T y T* son por tanto V,-equivalentes. Además T* no contiene, contrariamente a la versión de Ramsey, recursos expresivos nue- vos, nuevas variables. Aplicado a la distinción entre los vocabularios teórico y observa- cional, este resultado implica que las mismas consecuencias observacionales que se deri- van de una teoría con términos teóricos, se derivan también de otra teoría que no contiene términos teóricos ni variables que los sustituyan. En este sentido parece que los términos teóricos son eliminables o prescindibles, y ahora no se trata sólo de los términos sino tam- bién de las entidades teóricas mismas.

Pero, como antes, esta vía no es tan prometedora para el eliminativista como a pri- mera vista parece. Aunque ahora parecen ser eliminables las entidades teóricas mismas, ello es sólo "en principio". En primer lugar, la eliminabilidad es sólo a posteriori, esto es,



ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 299 una vez tenemos previamente la teoría original con sus términos teóricos, por lo que la teoría puramente observacional "sustituta" no puede desempeñar ninguna función heurís- tica o metodológica efectiva. Pero además el expediente es tal que la teoría puramente observacional T* consiste siempre en un conjunto infinito de axiomas no simplificable de manera significativa (ni siquiera mediante esquemas axiomáticos). Las consecuencias fi- losóficas de la eliminabilidad a lo Craig son prácticamente nulas, a lo sumo satisfacer la mala conciencia de las mentes empiristas radicales con una eliminabilidad en principio completamente irrelevante para la práctica científica. Pero si nos contentamos con eso, ni siquiera se precisa de complejos resultados formales, pues es trivial construir una teoría T' puramente observacional y observacionalmente equivalente a otra T que use sólo tér- minos observacionales: simplemente seleccionamos como axiomas para T' todas las (infi- nitas) consecuencias puramente observacionales de T (dado T = AR, T' = {(X la es conse- cuencia de AR y contiene sólo términos observacionales).


5. La distinción teórico/observacional y la naturaleza de la base empírica
Hasta aquí hemos procedido como si estuviera clara la naturaleza de los términos, y las entidades, observacionales. Pero eso dista mucho de ser así y en la Concepción He- redada se plantearon, casi desde los inicios, diversos problemas relativos a la naturaleza de estos términos. Comentaremos aquí muy brevemente tres que están íntimamente co- nectados, dos de los cuales hemos mencionado anteriormente: a) el problema ontológico de la naturaleza de las entidades teóricas, la fundamentación a partir de ella de la distin- ción teórico/observacional y el carácter rígido o fluido de tal distinción; b) el problema semántico de la supuesta neutralidad teórica de los términos observacionales; c) el proble- ma metodológico de la supuesta naturaleza observacional de la base empírica de contras- tación, no sólo del conjunto de nuestro conocimiento, sino para cada teoría científica par- ticular. Estas cuestiones motivaron multitud de debates, han sido tratadas por casi todos los filósofos de la ciencia y en relación con ellas surgieron algunas de las posiciones que dieron lugar a concepciones alternativas a la Concepción Heredada. En el primer parágra- fo nos limitaremos a los aspectos más generales, y en los dos siguientes desarrollaremos algunos problemas específicos.


5.1. ENTIDADES OBSERVABLES Y DISTINCIÓN TEÓRICO/OBSERVACIONAL
Para muchos empiristas y positivistas lógicos del período de entreguerras, y espe- cialmente para aquéllos en tomo a los cuales se gestan las primeras versiones de la con- cepción estándar, la fundamentación del conocimiento en la experiencia se entendía en términos fenomenalistas: los primeros datos sobre los que se construye todo conocimien- to, que justifican nuestras creencias, son datos de la experiencia fenoménica. Esta posi- ción extrema plantea múltiples dificultades en las que no podemos detenemos aquí, y el fenomenalismo termina por ser abandonado, al menos como base de experiencia para las

300 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


teorías científicas. Las entidades fenoménicas (qualia, datos sensoriales) son entonces sustituidas por entidades que se caracterizan simplemente como "directamente presentes a la observación". Sin embargo, esta nueva versión, que se convertirá en estándar, tiene sus propios problemas, el principal de ellos su vaguedad. Las entidades fenoménicas son cla- ramente distinguibles de las no fenoménicas, pero por su "privacidad" o subjetividad son poco plausibles como constituyentes de la base de experiencia para la ciencia. Las entida- des observables, públicas, parecen en primera instancia poder desempeñar más plausible- mente tal función, pero ahora el problema es la dificultad para distinguir nítidamente en- tre entidades observables y no observables (teóricas).

Inicialmente, Carnap intentó una caracterización precisa de los términos observa- cionales como aquellas expresiones del lenguaje tales que, en condiciones normales, un observador puede determinar a través de una serie de observaciones, y con un alto grado de confirmación, si el término se aplica o no en una situación dada (cf. Carnap,

1936-1937). Esta caracterización es inadecuada, pues, sin más precisiones, se aplica tam- bién a predicados pretendidamente no observacionales. En escritos posteriores, Carnap se li mitó a caracterizar el vocabulario observacional como aquel que se refiere a entidades observables (cf. 1956, §11): los términos observacionales son predicados que denotan pro- piedades observables de acontecimientos o cosas, o relaciones observables entre ellos. Pero es claro que si no se especifica lo que caracteriza las entidades observables, simple- mente se desplaza el problema. Hempel presentó las cosas de modo parecido al hablar de entidades o fenómenos "que podemos observar directamente" (1958, §11). La cuestión es:

¿qué cuenta como observación directa? Aunque no se da una respuesta a esta cuestión, parece que en este primer momento se sigue pretendiendo que la distinción que hay tras ella es relativamente rígida y no dependiente del contexto.

Después de una serie de críticas, especialmente de Putnam (cf. 1962, y también Hanson, 1958), el primer exponente de la doctrina oficial en reconocer el carácter fluido de la distinción fue Nagel, quien en su monografía de 1961 afirma: "es dudoso que haya un sentido riguroso que pueda ser asignado con utilidad a la palabra `observable'; y en la medida en que la distinción [entre leyes empíricas y axiomas teóricos] se base en el con- traste entre lo que es observable y lo que no, la distinción patentemente no es nítida" (cap.

5, §1). Carnap, en su monografía de 1966, acabó también aceptando explícitamente que la distinción es gradual. Por ejemplo, si la percepción visual directa cuenta como observa- ción, ¿qué ocurre con la asistida de lentes?, ¿y de prismáticos o catalejos?, ¿y de telesco- pio óptico?, ¿y de telescopio de radio? O, para ir en la dirección contraria, ¿cuenta como observación la realizada con lupa?, ¿y con microscopio óptico?, ¿y con microscopio elec- trónico? ¿Observa directamente el físico la trayectoria de una partícula cuando ve el ras- tro en una cámara de niebla?; ¿se observa la corriente eléctrica al ver moverse la aguja de un amperímetro? Preguntas como éstas son las que le hacen concluir que "hay un conti- nuo que comienza con observaciones sensoriales directas y pasa a métodos de observa- ción enormemente complejos e indirectos, [...] el físico habla de observables en un senti- do muy amplio, comparado con el estricto sentido que da el filósofo a la palabra, pero en ambos casos la línea de separación entre lo observable y lo inobservable es muy arbitra- ria" (cap. XXIII).

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 301
A pesar de la fluidez o vaguedad de la distinción, tanto Nagel como Carnap insis- ten en su utilidad para la caracterización de la naturaleza y estructura de las teorías. Así, por ejemplo, Carnap insiste en que las leyes empíricas son las que contienen términos que refieren a entidades "directamente observables por los sentidos o medibles mediante téc- nicas relativamente simples" (ibid.). Pero sorprendentemente menciona ahora como ejem- plos, además de regularidades cualitativas simples (como la típica "todos los cuervos son negros") también leyes cuantitativas (como las de los gases, que relacionan presión, volu- men y temperatura para los gases, o la ley de Ohm, que relaciona potencial, resistencia e intensidad de corriente) que involucran términos que había considerado tradicionalmente teóricos (como `temperatura' o `intensidad de corriente eléctrica'). El cambio se debe sin duda a la aceptación de la fluidez de la distinción. La cuestión que surge ahora es si en es- tos nuevos términos la distinción teórico/observacional puede desempeñar la función para la que fue originalmente introducida. Numerosos críticos, como Putnam (1962), Shapere

(1965), Maxwell (1961), Achinstein (1968) o el propio Hempel posteriormente (1973),

argumentaron en contra de ello. Veamos algunas de las principales dificultades.

5.2. NEUTRALIDAD TEÓRICA DE LOS TÉRMINOS OBSERVACIONALES Y CARGA TEÓRICA DE LOS HECHOS


El principal motivo de la introducción de la distinción teórico/observacional era proporcionar legitimidad semántica, según los criterios empiristas, a los términos "sin co- nexión empírica inmediata" que las teorías científicas introducen a través de sus leyes para dar cuenta de los fenómenos. Esta finalidad semántica va acompañada de otra meto- dológica, pues se pretende que la base observacional es la que proporciona la experiencia

"neutra" con la cual contrastar las afirmaciones de la teoría. Esta neutralidad teórica de la base de contrastación parece en primera instancia fundamental, pues de lo contrario pare- cería que la teoría resulta autojustificativa. Si la experiencia observacional que se usa para contrastar la validez de una teoría fuese dependiente de la teoría en cuestión, esto es, si la elaboración de los informes observacionales que sirven de base de contrastación presupu- siera la validez de la teoría, entonces tendríamos un círculo autojustificativo. Por tanto, la base observacional, si ha de servir para la contrastación, debe ser teóricamente neutral. Esta cuestión está íntimamente ligada a la anterior, pues la distinción T/O parece proble- mática en la medida que lo que consideramos usualmente observaciones requieran adies- tramiento o conceptualización teórica.

Ya antes de la formulación explícita de la Concepción Heredada, Duhem (1914) objetó a lo que iba a ser este elemento de la misma. Duhem rechazó que la observación esté libre de conceptualización teórica, aunque usualmente sí lo está respecto de algunas teorías, esto es, puede ser que las observaciones no presupongan una teoría que usa de ellas en su contrastación. Debe recordarse que originalmente la observabilidad no se pre- tende relativizada a una teoría, los estados de cosas son observables o no sin más, y los que supuestamente lo son se usan para contrastar unas teorías u otras. Lo que constató Duhem es que toda observación, o mejor dicho todo informe observacional, supone una

302 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
interpretación de los datos de los sentidos, y una interpretación no es más que una con- ceptualización teórica, sea explícita o implícita. Quizá el aparato conceptual interpretador que genera la base observacional no corresponde a cierta teoría que usa dicha base en la contrastación, pero en cualquier caso corresponderá a otro "constructo teórico"; este constructo presupondrá a su vez otro en la descripción de sus propios fenómenos empíri- cos y así sucesivamente. No hay (en general) una autojustificación inmediata de cada teo- ría, pero sí un círculo global autojustificativo en el conjunto de la ciencia. Duhem ejem- plifica esta tesis con múltiples casos históricos y con referencias a la práctica experimen- tal usual en laboratorios (cf. p.ej. su ejemplo de la oscilación de una barra de hierro en cierto mecanismo y la medición de la resistencia, 1914, p. 218). Ésta es la base del cono- cido holismo de Duhem, de gran influencia en el siglo xx, y sobre el que volveremos bre- vemente más adelante (cap. 11).

En el Círculo de Viena fue Neurath quien más radicalmente se distanció de la tesis oficial inicial de la neutralidad de los "informes protocolares de experiencia" y a él, y a Duhem, apelará después Quine como inspiradores de sus propias tesis holistas. Pero en el campo específico de la filosofía de la ciencia, en el contexto neopositivista de entregue- rras, fue Popper quien primero expresó de forma explícita el componente teórico de la base empírica de contrastación, lo que después se denominará carga teórica de los he- chos. Popper es uno de los mayores críticos de las tesis centrales del Círculo de Viena (al que, como insiste en declarar, no pertenecía), pero comparte en general la caracterización de las teorías como cálculos interpretados. El principal punto de desacuerdo tiene que ver con la epistemología de la contrastación; como veremos en detalle en el capítulo 12, fren- te al confirmacionismo y la lógica inductiva de Carnap, de los que Popper fue el primer y más severo crítico, él defiende una lógica de la falsación. Pero otro de los puntos de di- sensión tiene que ver con nuestra actual cuestión. Aunque no sacara todas las consecuen- cias (consecuencias que acaban cuestionando sus tesis falsacionistas más radicales, cf. cap. 12, §4 y §5), declaró abiertamente que en la determinación de la base de contrasta- ción, "en la determinación de los hechos", interviene un conocimiento de fondo necesita- do de aceptación previa. Al someter a prueba una teoría, señala, no sólo intervienen en ella las condiciones iniciales y los supuestos auxiliares (según el esquema comúnmente admitido) sino también cierto conocimiento de fondo sobre los hechos singulares. Este conocimiento de fondo, que "contiene" lo que se acepta como hechos, se puede conside- rar constituido por teorías de bajo nivel que se aceptan como altamente corroboradas y que no entran en el juego de la contrastación. Y no entran en el juego por decisión (no ne- cesariamente consciente): "Siempre que una teoría se somete a contrastación [...] hay que detenerse en algún enunciado básico que decidimos aceptar: si no llegamos a decisión al- guna a este respecto, [...] la contrastación no lleva a ninguna parte" (1935-58, §29).



Esta idea pone de manifiesto lo que se denomina, siguiendo a Hanson, la carga teóri- ca de los hechos. Hanson fue el primero en hacer de este fenómeno algo esencial para el aná- lisis de la ciencia y en defender la opinión de que ello modifica dramáticamente la visión tra- dicional de la misma. Apoyándose en los casos de ambigüedad perceptiva estudiados por la psicología de la Gestalt, destacó la importancia del contexto y los elementos organizativos ya en la percepción. IIustró esta tesis con el siguiente ejemplo (cf. 1958, cap. 1).

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 303

FIG. 1 FIG. 2 FIG. 3

Al contemplar las figuras 1 y 3, se ven en los extremos inferiores derechos dos animales diferentes a pesar de que son "la misma cosa" (figura 2); además, cuando con- templamos el dibujo aislado podemos ver una cosa u otra, pero no las dos a la vez. En parte se ve lo mismo (hay una excitación similar del córtex) y en parte no, y el sentido in- teresante de `ver' relevante para la ciencia es el segundo. No se trata de interpretaciones diferentes a partir de una misma visión; eso, afirma, no tiene sentido, pues "interpretar", si se quiere llamar así, es parte constitutiva de "ver". Además, el contexto puede no darse explícitamente, no es esencial al hecho que el ejemplo pretende mostrar que en él el con- texto esté manifiesto; piénsese, afirma Hanson, en lo que ven un físico y un profano ante los rastros de una cámara de niebla. Este fenómeno, que salvo radicales diferencias cultu- rales tiene en la vida cotidiana escasa trascendencia, es determinante en la ciencia, donde la dependencia del contexto es altamente teórica y, en momentos de cambio conceptual en los que se contraponen diferentes contextos de fondo, deviene crucial. Cuando Tycho y Kepler ven el Sol al amanecer, dice Hanson, en parte ven lo mismo y en parte no: Tycho ve un astro móvil, Kepler uno estático, "y es el sentido en que no ven la misma cosa el que debe tomarse en cuenta para entender los desacuerdos que existen dentro de la física" (ibid. B).

Consideraciones parecidas a éstas se encuentran en otros autores. Toulmin afirma que los fenómenos no sólo son seleccionados por la actividad teórica sino que incluso es- tán definidos por la misma: hay una "continua interacción entre teoría y hecho [...], las teorías se construyen sobre la base de hechos, a la vez que les dan significación y aun de- terminan lo que son "hechos" para nosotros" (1961, p. 95). Feyerabend, defendiendo su pluralismo metodológico (cf. 1964, 1965, 1981), sostiene que la descripción de los he- chos depende siempre de una teoría (aunque en general no de la que se contrasta) y que hay hechos que sólo pueden salir a la luz con ayuda de teorías alternativas incompatibles. Rechaza por tanto la tesis de que "los hechos existen y están disponibles independiente- mente de la consideración de alternativas a la teoría que se contrasta" (1981, §5). La con- secuencia de ello es lo que él caracteriza como la inversión de la relación tradicional entre teoría y observación. El significado de las oraciones de observación está determinado por las teorías con las que están relacionadas, no son significativas a menos que se hayan re- lacionado con las teorías: "la interpretación de un lenguaje de observación está determi- nada por las teorías que usamos para explicar lo que observamos, y cambia tan pronto como estas teorías cambian" (1981, §6). En su monografía de 1975 ilustró esta tesis con innumerables ejemplos extraídos de la historia de la ciencia que, en su opinión, la confir- man; muestra, por ejemplo (cap. 10), cómo, en la controversia entre Galileo y los aristoté- licos sobre las consecuencias de la observación telescópica de diversos fenómenos astro-

304 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
nómicos, el primero se apoyaba, entre otros supuestos que los aristotélicos tenían buenas razones para rechazar, en una teoría óptica inaceptable. Kuhn, como veremos, sostuvo por su parte que las teorías contienen elementos que determinan el contenido de la experien- cia y que defensores de teorías diferentes viven en mundos experienciales diferentes. También Lakatos apuntaba en la misma dirección cuando, siguiendo a su maestro Popper, afirmaba que en la contrastación no comparamos la teoría con hechos neutros sino con otras teorías más básicas presupuestas por los hechos.

El fenómeno de la carga teórica de los hechos, y el ofrecer una imagen de las teo- rías y de la actividad científica adecuada a este fenómeno y a los casos históricos del mis- mo, es una de las principales motivaciones de las nuevas concepciones que surgen en tor- no a estos nuevos filósofos de la ciencia (así denominados, en su día, por contraposición a la Concepción Heredada). Nosotros dejamos provisionalmente la cuestión aquí sólo apuntada y volveremos sobre ella en los dos próximos capítulos. Es esencial darse cuenta de que toda esta discusión presupone una identificación casi siempre aceptada implícita- mente. Se comienza cuestionando la neutralidad teórica de los informes observacionales y se concluye que los datos, fenómenos o hechos que constituyen la base de experiencia en la contrastación están teóricamente cargados. Ello supone la identificación entre a) infor- mes de experiencia o datos de contrastación y b) informes observacionales. Parte de las críticas expuestas se deben entender como cuestionando esta identificación. Para concluir nos detendremos brevemente en este aspecto de la cuestión.




5.3. OBSERVACIÓN Y BASE EMPÍRICA
Las teorías empíricas se generan a partir de una serie de fenómenos de los que, tras la elaboración teórica, se pretende dar cuenta; esos mismos fenómenos, u otros nue- vos del mismo tipo, constituyen el ámbito de experiencia sobre el que la teoría hace pre- dicciones y se somete a contrastación. Llamemos a esos datos, fenómenos o hechos que constituyen el ámbito de experiencia y contrastación de una teoría, la base empírica o base de contrastación de la teoría en cuestión. Hemos visto que en la versión oficial de la Concepción Heredada se entiende la base empírica en términos observacionales.

Por otro lado, aceptemos, como demuestran múltiples estudios tanto empíricos como teóricos, que la observación "directa" incluye conceptualización. A pesar de ello, cabe suponer que algunos aspectos de esa conceptualización, los cognitivamente más bási- cos, serán generales, comunes a todo sistema cognitivo (o al menos, en su dimensión bioló- gica-evolutiva, comunes a todos los seres humanos). Si eso es así, del hecho de que la ob- servación presuponga cierta conceptualización no se sigue que dicha conceptualización de- penda siempre esencialmente de las teorías científicas. Por tanto, si la base de contrastación fuese observacional, ello no implicaría que lo que cuenta como base empírica depende esencialmente de las teorías científicas. En realidad, pues, lo que hay implícitamente de- trás de las consideraciones críticas sobre la carga teórica (científicamente teórica) de todo dato de contrastación es una puesta en cuestión del supuesto de la Concepción Heredada de que la base de contrastación es en general de naturaleza observacional. Tras muchas de las

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 305 críticas a la supuesta neutralidad de las observaciones, lo que hay en realidad es un rechazo a la identificación entre base empírica de contrastación y experiencia directamente observa- ble. El principal motivo para identificar la base empírica con la experiencia observable di- recta es el viejo anhelo empirista de fundamentar y justificar todo nuestro conocimiento en la experiencia sensorial. Todo conocimiento (empírico) empieza con las afecciones de nuestro entorno sobre nuestro aparato sensorial y toda justificación del mismo debe apelar en última instancia a esa "observación directa" del entorno. Pero, como dijimos más arriba

(sección 3), de este supuesto razonable no se sigue que la justificación de cada pieza de nuestro conocimiento deba proceder del mismo modo, que esta tesis global sea también vá- lida localmente. Puede ocurrir que, como organismos vivos, la interacción más básica con nuestro entorno la realicemos en términos globales perceptualmente mediante observación directa, pero que en algunas partes de nuestro sistema cognitivo, especialmente en las muy complejas que dan lugar a las teorías científicas (muy escasas y raras en términos evoluti- vos globales), la base de experiencia no se dé a través de observación directa inmediata. Puede que todo empiece por la observación pero, si el sistema cognitivo es modular y jerár- quico, no en todas partes. Si eso es así, la base de contrastación de muchas, o (casi) todas, las teorías científicas puede estar constituida por datos o fenómenos que no sean de obser- vación directa; y por tanto, alternativamente, lo distintivo de los términos teóricos no será que denotan entidades inobservables.

Ya en 1962, Putnam se opuso a identificar la distinción "inobservable/observable" con "teórico/no teórico". Afirmaba, por un lado, que hay teorías cuyo aparato teórico se refiere a entidades observables, y, por otro, que casi nunca los fenómenos a explicar son accesibles mediante observación directa. Se trata de dos dicotomías diferentes. Un térmi- no teórico es un término que proviene de una teoría científica y "el problema apenas toca- do en treinta años que se lleva escribiendo acerca de `términos teóricos' es qué es lo real- mente distintivo de dichos términos" (1962, §1). Poco antes, Ryle había distinguido entre expresiones de una teoría que están cargadas con el peso de esa teoría particular y expre- siones que no lo están; así, p.ej., "los términos técnicos de la genética están impregnados de teoría, [...] no sólo con equipaje teórico de alguna clase, sino con el de la teoría genéti- ca" (1956, p. 90). Estas consideraciones apuntan a la idea de que un término es teórico o no en relación con una teoría en función de si depende o no, de un modo que hay que es- pecificar, de la teoría en cuestión. Achinstein (1968, cap. 6) hace explícita esta caracteri- zación y discute varios sentidos en que un término puede depender de una teoría. Como veremos en el próximo capítulo, durante los años sesenta, Kuhn y Lakatos hicieron tam- bién consideraciones que apuntan en la misma dirección.

El primero en dar una caracterización mínimamente articulada y elaborada de la nueva distinción que se está gestando fue Hempel en una serie de trabajos de finales de los años sesenta y principios de los setenta (1966, cap. 6, 1970, 1973). En estos trabajos, Hempel divide ahora el vocabulario básico de cada teoría en dos clases que se pretenden nítidamente separadas y relativizadas a una teoría específica. Una clase está formada por los términos con los que se describen los fenómenos a explicar, la base empírica. Estos términos constituyen el vocabulario preteórico o, como también dice, "previamente dis- ponible". Estos términos preteóricos no corresponden en general a situaciones observa-

306 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
bles en sentido estricto, sino que a menudo se introducen en la ciencia en el contexto de una teoría anterior. Los otros términos descriptivos usados en la teoría son los que ella in- troduce para llevar a cabo la elaboración teórica que da cuenta de los fenómenos preteóri- camente descritos; ellos constituyen el vocabulario teórico de dicha teoría. Es importante enfatizar dos puntos de esta nueva distinción: a) es una distinción relativizada a las teo- rías, un término no es teórico o preteórico sin más, sino respecto de una teoría específica, y por tanto un término puede ser preteórico en una teoría y teórico en otra; aunque no lo afirma explícitamente, de su caracterización informal parece seguirse que un término pue- de ser preteórico en varias teorías, aunque normalmente será teórico sólo en una; b) el cri- terio para la distinción es el uso o no del término en la descripción de los fenómenos em- píricos a explicar; por tanto, la distinción será precisa en la medida en que se dé un crite- rio preciso para determinar qué enunciados son los que describen los fenómenos a expli- car, pero Hempel no lo da.

Junto con esta nueva caracterización del vocabulario básico de una teoría, Hempel introduce otra para los enunciados. Además de enunciados puramente empíricos, la teoría contiene: (¡)principios internos, que son los que especifican "el escenario teórico", los que sistematizan el nuevo aparato conceptual introducido por la teoría; (ii) principios-puente, que indican la forma en que "se relaciona lo que ocurre a nivel del escenario teórico con los fenómenos que la teoría debe explicar" (1973, §1). Esta clasificación de los enunciados pa- rece una nueva versión de la anterior, axiomas teóricos y reglas de correspondencia, pero no es así. Aunque hay enunciados cuyos únicos términos descriptivos son preteóricos (a sa- ber, los informes empíricos particulares y sus generalizaciones), no hay ahora enunciados que contengan sólo términos teóricos; tanto los principios internos como los princi- pios-puente contienen esencialmente tanto términos teóricos como preteóricos.

En cuanto a la presunta función de los enunciados en la fijación del significado de los términos, Hempel sostiene ahora que el significado de los términos teóricos no está totalmente determinado por los principios internos más los principios-puente. Ambos ti- pos de enunciados ofrecen al aprendiz de la teoría el acceso principal a la compresión de las expresiones, pero no determinan completamente su significado. La idea clásica de que el significado de los términos se fija completamente mediante enunciados que los conec- tan con otros términos es errónea; y, como ya había sugerido Putnam (1962), el problema del significado de los términos teóricos planteado en ese esquema no existe, es un pseu- doproblema. El motivo es que los términos científicos adquieren su significado por vías diversas, quizá en algunos casos (parcialmente) mediante enunciados, pero usualmente de otros modos; especialmente, como los términos del lenguaje ordinario, vinculándolos a aplicaciones específicas, "mediante instancias de uso en contextos particulares" (Hempel,

1973, §7, donde menciona además a Kuhn como referencia explícita para estas ideas;

cf. también al respecto las teorías causales de la referencia, p.ej. Putnam, 1975).

Por último, Hempel considera ahora que la pretensión de la Concepción Heredada de caracterizar una teoría empírica a través de su reconstrucción axiomática es inadecua- da, pues siempre hay varias axiomatizaciones posibles, ninguna de las cuales expresa me- jor que las otras la naturaleza de la teoría; una teoría no se puede identificar pues con un sistema específico de enunciados dotados de cierta estructura o sistematización.

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS I 307
Todas estas innovaciones del último Hempel son importantes y apuntan a elemen- tos esenciales en la caracterización de las teorías que se desarrollarán en otras concepcio- nes, pero en esta particular versión son sumamente insatisfactorios. Sus principales con- tribuciones son: a) la relativización de la distinción teórico/preteórico a las teorías y b) la caracterización de la base empírica en términos preteóricos, con lo cual los datos se consi- deran cargados de teoría pero no de la misma teoría para la que constituyen su base empí- rica. Las principales dificultades radican en: (i) la imposibilidad de distinguir entre princi- pios internos y principios-puente, y (ii) la inexistencia de un criterio preciso para poner en obra la distinción entre términos teóricos y preteóricos.

6. Consideraciones finales


En este capítulo hemos examinado los primeros análisis que, en el contexto de la llamada Concepción Heredada, se dieron de la naturaleza y estructura sincrónica de las teorías empíricas. La idea básica que inspira este análisis es que una teoría empírica es un conjunto de afirmaciones que a) son susceptibles de ser estructuradas mediante relaciones de dependencia lógica y b) versan sobre la realidad física, algunas directamente y otras indirectamente a través de las primeras. El núcleo de este análisis lo constituye la noción de cálculo axiomático empíricamente interpretado. La articulación de esta noción supone la distinción entre vocabulario teórico y observacional, y entre afirmaciones puramente teóricas (axiomas del cálculo abstracto), afirmaciones puramente observacionales (enun- ciados fácticos particulares y generalizaciones empíricas) y afirmaciones "mixtas" (reglas de correspondencia).

La intuición que hay tras la idea básica es esencialmente correcta, pero el modo específico en que la Concepción Heredada la desarrolla presenta diversas dificultades. Estas dificultades son básicamente de tres tipos. De ellas, sólo la última ha recibido aten- ción en las secciones anteriores, pues sólo ella fue tematizada por los representantes de esta concepción, las otras serán examinadas en detalle en los dos próximos capítulos.


1. La primera dificultad tiene que ver con la excesiva "rigidez" del uso que se hace de la noción de cálculo axiomático. Tal como se presenta aquí, todos los axiomas

(y reglas) de una teoría están al mismo nivel, no hay unos más esenciales, básicos, y otros menos, complementarios. Nótese que estamos hablando sólo de los axiomas, no se piense por tanto que la distinción entre axiomas y teoremas tiene que ver con ésta que ahora estamos apuntando. Por lo que a los axiomas se refiere, si todos están al mismo nivel, si todos son igualmente esenciales, entonces es difícil que esta noción tan rígida,

"monolítica", de teoría sincrónica permita una elucidación adecuada de las teorías en sentido diacrónico. Si todo está al mismo nivel, si no se distingue entre afirmaciones esenciales y otras sólo complementarias ("no esenciales"), entonces el más mínimo cambio implica un cambio de toda la teoría, la sustitución de una teoría por otra teoría diferente. Esto es intuitivamente insatisfactorio. Una de las principales contribuciones de los nuevos filósofos de la ciencia que estudiaremos en el próximo capítulo consiste

308 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


precisamente en llamar la atención sobre esta inadecuación y proponer un concepto de teoría mucho más rico y dúctil.

2. La segunda dificultad tiene que ver con la noción misma de sistema axiomáti- co. Tal como se presenta la identidad de una teoría, ésta parece depender de los axiomas que se elijan en su axiomatización, lo cual es intuitivamente insatisfactorio. Parece que una teoría puede decir "lo mismo" mediante recursos expresivos diferentes. Esto no lo niegan los representantes de la Concepción Heredada pero, simplemente, la articulación

"enunciativista" que hacen de la idea básica no les permite recoger plenamente las intui- ciones. Como veremos en el capítulo 10, para ello es necesario hacer jugar un papel más central en la caracterización de las teorías a la noción de modelo que presentamos en la sección 2. Ésta será la principal contribución de las concepciones semanticistas que estu- diaremos en ese capítulo.

3. Por último, en la discusión sobre la naturaleza de la base de contrastación, su supuesta carga teórica y su eventual naturaleza observacional, se deben distinguir dos ni- veles, el local y el global. Por lo que se refiere al supuesto carácter observable de la base de contrastación, una cosa es a) que las teorías científicas, globalmente consideradas como partes del sistema total de nuestro conocimiento, descansen en última instancia, por lo que a su justificación se refiere, en los modos más básicos de experiencia "observable"

("observabilismo" global), y otra b) que cada teoría científica sea tal que los enunciados que expresan los hechos con los que se contrasta involucren sólo expresiones que se refie- ren a situaciones observacionales básicas (` observabilismo" local). Lo primero es segura- mente cierto, lo segundo es, a la luz de las teorías reconstruidas, muy poco plausible. En cuanto a la carga teórica de la base de contrastación, una cosa es c) que la determinación de los datos de contrastación presuponga "directamente" la teoría que se quiere contrastar mediante dichos datos (autojustificacionismo local), y otra d) que tal determinación pre- suponga otra u otras teorías vinculadas a nivel global de una disciplina, o incluso la cien- cia entera, con la teoría original (holismo de contrastación). Lo primero es claramente inaceptable, lo segundo merece un juicio filosófico más detenido. Sobre estas cuestiones volveremos en los próximos capítulos.
CAPÍTULO 9
ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II. LAS CONCEPCIONES HISTORICISTAS:

LAS TEORÍAS COMO PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN

1. La revuelta historicista y la naturaleza sincrónica de las teorías
Durante los años sesenta, y en parte como consecuencia de los debates sobre algu- nas de las cuestiones que hemos expuesto en el capítulo anterior, se gestan y desarrollan concepciones alternativas a la Concepción Heredada que cuestionan sus supuestos funda- mentales. De ellas, la que más pronto cristaliza como alternativa es la que entonces se de- nominó nueva filosofía de la ciencia, vinculada a autores como Hanson, Toulmin, Kuhn, Feyerabend y Lakatos, y mucho más tarde y sin pertenecer oficialmente al grupo, pero con orientaciones parecidas, Laudan. Una de las características de estos pensadores es su mayor preocupación por, y su mejor conocimiento de, la historia de la ciencia (el más re- presentativo e influyente de ellos, T. Kuhn, se había dado a conocer años antes como un extraordinario y renovador historiador de la ciencia). En su opinión, la atención a la cien- cia real que la historia nos presenta obliga a modificar la práctica totalidad de la imagen de la misma que se ofrece en la Concepción Heredada. Esta revuelta historicista propicia una revisión drástica en prácticamente todos los ámbitos metacientíficos. Aunque, como siempre, también en esta concepción las tesis centrales en los diversos ámbitos están ex- tremadamente interrelacionadas, vamos a ocuparnos aquí, en la medida de lo posible, exclusivamente de las tesis relativas a la naturaleza y estructura de las teorías científicas en su dimensión estática o sincrónica (en el capítulo 13 nos detendremos en los aspectos diacrónicos).

Conviene advertir que, contrariamente a la Concepción Heredada, ésta no es una cuestión que reconozcan como central los nuevos filósofos, ni siquiera hacen de ella un tema de estudio explícitamente declarado (salvo quizá Kuhn en una segunda etapa). En la medida en que se ocupan de las teorías o constructos teóricos, lo hacen siempre, con- secuentemente con su orientación general historicista, desde una perspectiva diacrónica, centrándose en los aspectos dinámicos de las teorías como entidades que se extienden en el tiempo, esto es, que nacen, se desarrollan y "mueren" (se desalojan mutuamente). Sin embargo, debe quedar claro que, independientemente de que se reconozca o no ex- plícitamente, el estudio diacrónico presupone una concepción de la naturaleza sincróni-

310 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
ca de las teorías. Cualquier análisis de la dimensión diacrónica de las teorías científicas debe partir de que las teorías diacrónicamente consideradas, en tanto que entidades que perduran en el cambio a través del tiempo, consisten en determinadas secuencias de

"teorías en sentido sincrónico". La "historia" de una teoría consiste en la sucesión de las diversas "etapas" o versiones por las que pasa. Estas etapas, en tanto que imágenes

"congeladas" de la teoría en cierto momento, se deben considerar aproximadamente es- tables o "estáticas". La cinemática de la teoría, su "historia", consiste en la sucesión de sus diversas versiones estáticas, en la sucesión de "etapas" por las que la teoría pasa.

Esta intuición básica, en la que descansa cualquier análisis de la estructura diacró- nica de la ciencia, implica entonces que los análisis diacrónicos presuponen alguna no- ción de la estructura sincrónica de las teorías, de las etapas cuya sucesión constituye la teoría-en-el-tiempo. El análisis y discusión de la evolución de los constructos teóricos contiene pues, cuando menos implícitamente, cierta preconcepción de la naturaleza de los diversos estadios por los que atraviesa ese constructo teórico, de sus elementos constitu- yentes y su estructuración. Esta preconcepción de la naturaleza sincrónica de las teorías que subyace a los estudios diacrónicos puede estar mejor o peor articulada y en algunos de estos autores está, aunque no siempre explícita, altamente estructurada y elaborada. Éste es el caso particularmente de Kuhn y también, aunque en menor medida, de Lakatos

(su temprana muerte le impidió concluir la reelaboración de sus ideas que estaba prepa- rando). Revisaremos aquí las contribuciones de estos dos autores, con especial deteni- miento en Kuhn, y concluiremos comentando brevemente las de Laudan quien, aunque posterior, desarrolla una posición parcialmente parecida en abierta polémica con los an- teriores.

Como veremos al final, estos autores realizaron contribuciones fundamentales a la caracterización sincrónica de las teorías. Ahora bien, en su opinión, esos nuevos elemen- tos que señalan, al estar esencialmente vinculados a la actividad científica como activi- dad práctica con componentes históricos y sociales ineliminables, son inaccesibles al aná- lisis formal. Todo el proyecto original de desarrollar una lógica de la ciencia, incluida en ella la reconstrucción formal de las teorías, está según ellos abocado al fracaso. Uno de los mayores retos de la filosofía de la ciencia posterior será dar cuenta en términos forma- les, o semiformales, de las principales contribuciones de estos autores. En general, estos nuevos elementos van a conformar una noción de teoría mucho más dúctil que la extre- madamente rígida de la Concepción Heredada. Ahora, el análisis de las teorías ha de ser tal que éstas resulten entidades susceptibles de evolución, que puedan sufrir modificacio- nes extendiéndose en el tiempo sin perder su identidad. Para ello es imprescindible que sus estadios, las teorías en su dimensión estática o sincrónica, sean dúctiles, tengan partes más accidentales que puedan cambiar manteniendo su identidad, esto es, preservando sus componentes más esenciales. Veamos cómo se concreta esta idea básica en las nociones de paradigma o matriz disciplinar, de Kuhn, de programa de investigación, de Lakatos, y de tradición de investigación, de Laudan.

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 31 1

2. Los paradigmas-matrices disciplinares de Kuhn


En 1962, Kuhn presenta en La Estructura de las Revoluciones Científicas una vi- sión de la ciencia, de los constructos teóricos, de las comunidades científicas y de su acti- vidad, radicalmente novedosa y contraria a la dominante hasta entonces. Se ha señalado que esa nueva perspectiva tiene muchos puntos en común con la que esbozara el científi- co y filósofo polaco L. Fleck treinta años antes (cf. Fleck, 1935). El propio Kuhn recono- ce en la introducción a su obra no sólo la semejanza, sino la influencia de las ideas de Fleck. Pero, reconocidos sus méritos como precursor adelantado, es indudable que por la articulación y desarrollo de las tesis, por la elaboración y precisión posterior de las mis- mas y, sobre todo, por la enorme influencia que ejercieron, corresponde sin duda a Kuhn el mayor protagonismo en el surgimiento de esta nueva concepción. En esta obra se tratan prácticamente todos los temas fundamentales de la filosofía de la ciencia y todos ellos bajo una perspectiva nueva. Nos ceñiremos aquí a los relativos a la estructura de los cons- tructos teóricos o, como Kuhn los denomina inicialmente, paradigmas.


2.1. CIENCIA NORMAL Y CIENCIA REVOLUCIONARIA
En las ciencias maduras, Kuhn distingue dos modos de "hacer ciencia" que ade- más, en su opinión, se suceden históricamente. Al primero lo llama normal pues es el modo usual en que opera la ciencia, la manera en que ésta se desarrolla la mayor parte del tiempo. Al segundo lo denomina, por oposición, no-normal o extraordinario y, a veces, revolucionario. Es importante insistir en que éste es el modo en que, según Kuhn, proce- de la ciencia madura, pues el panorama que vamos a trazar no se aplica a los períodos de formación o asentamiento de una disciplina.

Los períodos de ciencia normal se caracterizan por el hecho de que la comunidad de científicos que trabaja en un determinado ámbito comparten ciertos presupuestos de muy diverso tipo (teóricos, experimentales, metodológicos y otros) que son los que les permiten ir haciendo ciencia. Estos elementos compartidos se encuentran, implícitamente unos, ex- plícitamente otros, en los canales usuales de enseñanza y transmisión de una disciplina

(principalmente los libros de texto) y el futuro científico los adquiere por regla general en su período de aprendizaje. En ciencia normal la tarea casi exclusiva consiste en lo que Kuhn llama trabajo de resolución de enigmas o rompecabezas. Esta tarea consiste, grosso modo, en ir ampliando y perfeccionando la aplicación del aparato teórico-conceptual a la experiencia, y a la vez y como consecuencia de ello, en ir ajustando y puliendo la base teó- rico-conceptual. Algunas de las tareas típicas de la investigación normal son la precisión de constantes ya conocidas, la determinación de otras nuevas, encontrar formas específicas de leyes generales y aplicar las ya disponibles a nuevos fenómenos. Para llevar a cabo este trabajo es esencial que el científico no cuestione los supuestos compartidos, pues son pre- cisamente ellos los que guían su investigación y le permiten abrigar esperanzas de éxito. La ciencia normal no discute sobre fundamentos ni "tiende hacia novedades fácticas o teóricas y, cuando tiene éxito, no descubre ninguna" (1962-1970, p. 43).

312 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


Ahora bien, la ciencia normal es sólo un modo en que se desarrolla la empresa científica. La ciencia (madura) no discurre siempre de este modo. Un tipo importante de enigmas tiene que ver con la presencia de anomalías, experiencias que "no encajan" en el aparato teórico. Aunque a menudo se resuelven con éxito, a veces algunas anomalías (o, más raramente, algún otro tipo de enigma) se muestran recalcitrantes. Si ello ocurre con varias, o con alguna considerada especialmente importante, puede ocurrir que, tras cierto tiempo, algunos miembros de la comunidad desesperen de encontrar una solución, o que, aunque la encuentren, consideren excesivas las modificaciones normales a que obliga. Cuando este sentimiento se generaliza en la comunidad científica sobreviene lo que Kuhn llama una crisis: se comienzan a cuestionar los supuestos que guiaban la investigación, se pierde la confianza en ellos y se empiezan a revisar y a discutir los fundamentos. En estos períodos de crisis se suceden propuestas alternativas hasta que en torno a alguna de ellas se comienza a organizar un nuevo cuerpo de supuestos desde los que mirar las viejas co- sas de un modo nuevo y más prometedor. Con el tiempo, y si el trabajo basado en los nuevos supuestos permite abrigar esperanzas de éxito, reciben la confianza de los especia- listas de la comunidad y acaban suplantando a los antiguos como guía para la investiga- ción. Los viejos supuestos son desplazados por los nuevos consumándose lo que Kuhn llama una revolución científica, tras la cual se inicia un nuevo período de ciencia normal. Éste es el tipo de actividad que caracteriza la ciencia no-normal o extraordina-

ria, la que se desarrolla en los períodos revolucionarios. A ella están asociados los

"grandes nombres" de la historia de la ciencia, como Copérnico, Newton, Darwin o Einstein. Pero es importante señalar que no sólo ellos pues, si bien la ciencia extraordi- naria es un fenómeno mucho más extraño que la ciencia normal, según Kuhn se da con más frecuencia de la que la referencia a estas grandes revoluciones puede sugerir

(cf. 1969, p. 149; el "tamaño" de las revoluciones es una de las cuestiones que Kuhn nunca ha precisado suficientemente). Es importante señalar que el paso de un período normal a otro no viene obligado por necesidad lógica. Se trata de un desplazamiento de confianza y, en ausencia de un nuevo programa, el antiguo puede mantenerse largo tiempo aunque haya entrado en crisis. Recuérdese que ésta es la situación en disciplinas científicas ya asentadas. En los períodos de gestación no hay un paradigma dominante y lo que sucede es algo muy parecido a lo que sucede en los períodos de crisis en la cien- cia madura, a saber, una extraordinaria proliferación de alternativas rivales que compi- ten por imponerse en la comunidad.

2.2. PARADIGMAS QUA MATRICES DISCIPLINARES


El concepto básico que articula esta nueva concepción de la ciencia es el de para- digma. Un napaSEtyµa (del griego `et(xpa': cercano, aproximado; y `Ssty ta': muestra, mostración) es un ejemplo o caso de algo que hace de modelo para otros casos de lo mis- mo, es un ejemplo-tipo o típico. Así decimos, por ejemplo, que María Callas es un para- digma de cantante de ópera, que es una cantante de ópera paradigmática; o que Romeo y Julieta son un paradigma de amantes apasionados; o, el ejemplo preferido del propio

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 313


Kuhn, que amo-amas-amat-amamus-amatis-amant es un paradigma de la conjugación del verbo latino. Este significado original del término `paradigma' se desplaza en La Estruc- tura en varias direcciones hasta llegar a tener sentidos muy diferentes (cf. p.ej. Master- man, 1970, para un análisis de los mismos). De entre ellos, el dominante, el que sustenta esta concepción, es desafortunadamente el más impreciso de la obra. En este sentido un paradigma es el conjunto de supuestos compartidos por una comunidad que guían su in- vestigación normal. La ciencia normal es ciencia-basada-en-(un-)paradigma y la ciencia extraordinaria o revolucionaria es el paso de un paradigma a otro. En esta última, al igual que en la fase inmadura o preparadigmática de una disciplina, se trabaja sin (el dominio de un) paradigma, hay una proliferación de hipótesis diferentes. Las disciplinas maduras, aquellas en que ha surgido ya un primer paradigma, se desarrollan de paradigma en para- digma a través de revoluciones.

En este primer trabajo, Kuhn no es lo suficientemente explícito acerca de estos su- puestos compartidos como para extraer una idea clara de los mismos. Muchas de las críti- cas que se le dirigieron inicialmente no sólo se dirigían contra la equivocidad del término sino también, y principalmente, contra la vaguedad de éste su sentido preponderante. Pa- recía que hablar de paradigmas no era sino otro modo, poco afortunado, de referirse en términos muy generales a teorías. En trabajos posteriores (cf. especialmente 1962-1970,

"Postscriptum", y 1970c), Kuhn intenta distinguir y precisar los diferentes sentidos con que introdujo el término. Los diversos usos que de él hacía en su primera obra los reagru- pa ahora en dos sentidos principales. El primero es global y comprende todos los compro- misos compartidos por un grupo científico, la completa constelación de creencias, valo- res, técnicas y demás elementos compartidos por los miembros de una comunidad cientí- fica dada. Como veremos, el segundo es concreto y denota un componente específico de lo anterior, un tipo especialmente importante de tales compromisos. Aunque entre los es- tudiosos de la ciencia el término ha acabado por usarse en el sentido global, fue el segun- do el que motivó originalmente su introducción y el que se adecúa a su significado etimo- lógico. Para no confundirlos, Kuhn denomina en estos trabajos `matriz disciplinar' ('dis- ciplinary matrix') a lo primero y `ejemplar' a lo segundo.

Un paradigma qua matriz disciplinar es por tanto lo compartido por una comuni- dad científica, lo que guía en un momento dado su investigación normal. Sus principales componentes son los siguientes:



Generalizaciones simbólicas
Éste es el componente formal o fácilmente formalizable de la matriz disciplinar y

comprende, aproximadamente, las tradicionalesV2'1f

ma simbólica, como f = ma, I = V/R o



leyes. A menudo se encuentran ya en for-

+ 8r1 2 m/h 2 (E - V)t = 0; pero también pueden

venir expresadas en palabras, como "la acción es igual a la reacción" o "la combinación química se produce según proporciones constantes de peso". Estas generalizaciones simbó- licas, consideradas aisladamente, funcionan como expresiones de un sistema matemático puro de uso compartido por los miembros de una comunidad científica; como mero forma- lismo abstracto, son expresiones vacías de significado o aplicación empírica.

314 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
No todas las generalizaciones simbólicas son paradigmáticas, esto es, no todas se consideran incuestionables. Es típico que así ocurra con las que tienen cierto carácter fun- dacional o programático. De entre ellas, son especialmente importantes las "más genera- les", cuasi-vacías o cuasi-tautológicas, como f = ma o la ecuación de onda de Schródinger, que más que generalizaciones son esquemas de tales: "no son tanto generalizaciones como esquemas de generalizaciones, formas esquemáticas cuya expresión simbólica detallada cambia de una aplicación a la siguiente" (1970c, §I1I). Una de las tareas de la ciencia nor- mal consiste precisamente en intentar aplicarlas a situaciones empíricas concretas encon- trando formas especiales de las mismas: "En el problema de la caída libre, f = ma pasa a ser mg = md2s/dt2 . Para el péndulo simple se convierte en mg seno = - md 2 s/dt2 . Para oscilado- res armónicos acoplados, la mencionada fórmula se convierte en dos ecuaciones, la primera de las cuales puede escribirse m,d2s,/dt2 + k,s, = k2(d +S2 - s,). Problemas mecánicos de ma- yor interés, por ejemplo el movimiento de un giroscopio, mostrarían aún mayor disparidad entre f = ma y la generalización simbólica a la que efectivamente se aplica la lógica y la matemática" (¡bid.). Es en este sentido que f = ma no es tanto una generalización específi- ca cuanto un esquema que va adquiriendo formas específicas para casos de aplicación espe- cíficos. Y por eso es, considerada en sí misma, cuasi-vacía o cuasi-tautológica y, por tanto, difícilmente refutable, difícilmente puede entrar en conflicto con la experiencia. Por sí sola apenas tiene "contenido", son sus versiones específicas las que lo tienen y las que entran en conflicto con la experiencia. Pero si ello ocurre, siempre es posible mantener la ley más ge- neral y retocar sólo sus desarrollos específicos. La idea es que tales leyes generales son

"programáticas", son algo así como "guías para la investigación": si tienes un fenómeno ci- nemático a explicar, busca fuerzas responsables del mismo de modo que la suma de todas ellas sea igual al producto de la masa por la aceleración; si la suma de fuerzas no coincide con dicho valor, la conclusión no es que la segunda ley es falsa, sino que debes seguir bus- cando nuevas fuerzas o precisar mejor la naturaleza y magnitud de las ya detectadas. En este sentido, este tipo de generalizaciones son "irrefutables" y sólo sus versiones específi- cas entran en conflicto con la experiencia. Su abandono es un fenómeno revolucionario. Durante los períodos de ciencia normal no se cuestionan, sólo se cuestionan en los momen- tos de crisis y si se terminan abandonando es porque han perdido la confianza de la comu- nidad como principios que guían la investigación. Las revoluciones entrañan, entre otras cosas, el abandono de estos principios, de estas leyes paradigmáticas, pero como parte del proceso general de pérdida de confianza en el paradigma-matriz en crisis (sobre la forma lógica de estos principios guía, cf. Moulines, 1982, cap. 2.3).

Modelos
Kuhn usa aquí `modelo' en el sentido de imagen, algo a lo que se puede asimilar otra cosa, por ejemplo cuando decimos que un computador es un modelo de la mente. Los modelos proporcionan al grupo las analogías preferidas o, si se las sostiene a fondo, una ontología. En un primer sentido, los modelos son simples analogías, son sólo heurísticos, por ejemplo la asimilación del comportamiento de un gas con el de un conjunto de peque- ñas bolas en movimiento, o del funcionamiento de la mente con el de un computador. En

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 315 un segundo sentido, más fuerte, los modelos son objeto de compromiso metafísico, son ontológicos, por ejemplo la creencia de que todo fenómeno perceptible es debido al movi- miento e interacción de átomos en el vacío. Kuhn admite que ambos tipos de modelos son conceptualmente diferentes, pero los subsume en un mismo grupo de compromisos por- que su función metodológica y epistémica es muy parecida (cf. 1962-1970, "Postscrip- tum", n. 9). Además de proporcionar a la comunidad científica sus analogías preferidas, muchas veces determinan qué puede ser aceptado como solución a un problema. Por otro lado, a veces modelos heurísticos pueden pasar a convertirse en ontológicos, como ocu- rrió en la reducción de la termodinámica a la mecánica estadística con la asimilación del calor con la energía cinética media de las moléculas. Kuhn enfatiza que, aunque usual- mente los miembros de una comunidad comparten los modelos, ello no es esencial, pue- den no compartirlos, ni siquiera los heurísticos. En este punto, sin embargo, no está claro qué grado de "esencialidad" tienen estos componentes de las matrices (cf. 1962-1970, pp. 151-152).



Valores
Los valores son el conjunto de criterios axiológicos que emplea la comunidad al evaluar su propia actividad. Los más destacados son los relativos a la no vaguedad de las predicciones, el margen de error admisible de las observaciones respecto de las prediccio- nes, la fecundidad, coherencia y simplicidad del aparato teórico y la compatibilidad con otras teorías aceptadas. A veces también se contemplan otros más externos relacionados, por ejemplo, con la utilidad de la ciencia o su función social. Los valores operan también en la ciencia normal, pero juegan su principal papel en el surgimiento de las crisis y en su resolución, en la elección de paradigmas alternativos. Generalmente estos valores son compartidos por varias comunidades dentro de una misma disciplina, pero no por ello tie- nen siempre el mismo efecto. Puesto que su aplicación conjunta produce conflictos al no ser plenamente compatibles entre sí, es forzoso a veces conceder más importancia a unos que a otros, y diferentes comunidades, o la misma en momentos diferentes, pueden ha- cerlo de diferente modo. Ésta es una de las razones por las que no hay un procedimiento mecánico que nos diga cuándo un paradigma debe ser abandonado, se le debe retirar la confianza, o qué elección hacer entre paradigmas alternativos. Nótese que, en las revolu- ciones, una opción, el viejo paradigma, está muy desarrollada y otra, el nuevo, poco, por lo que no está claro cómo contrapesar los resultados de las exigencias que impone el mis- mo grupo de valores. Si concedemos mucha importancia a la fecundidad, el nuevo para- digma incipiente sale de momento perdiendo, pero si se la concedemos a la resolución de problemas recalcitrantes, saldrá ganando. El proceso de decisión de acuerdo con esos va- lores no es pues automático o mecanizable, y a veces puede depender esencialmente de otros elementos externos a la actividad científica, elementos de carácter social, o econó- mico, o incluso político o ideológico.

316 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
Ejemplares

Éste es el componente más importante, junto con las generalizaciones simbólicas, de la matriz. A él se refiere el otro sentido de `paradigma' anunciado, sentido que motiva originalmente la introducción del término. Los ahora llamados `ejemplares' son paradig- mas en sentido etimológico: casos que hacen de modelo, ejemplos modélicos. Los ejem- plares son aplicaciones empíricas específicas del aparato formal que sirven de modelo o guía para el trabajo de resolución de rompecabezas, para otras aplicaciones; son las "par- tes de la realidad" a las que típicamente se aplica el formalismo. Pueden ser logros espe- cialmente importantes de la teoría, como la aplicación al sistema solar de la mecánica newtoniana, o la aplicación al cometa Halley de esa misma teoría, o la aplicación al pe- rihelio de Mercurio de la mecánica relativista, etc. Otros son ejemplos-tipo, típicos, para su aplicación, como una experiencia de laboratorio con un plano inclinado, o un proble- ma-resuelto de un libro de texto. A ellos se refiere Kuhn en La Estructura cuando afirma que los paradigmas son "realizaciones científicas universalmente reconocidas que, duran- te cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad cien- tífica" (p. ix).

Mediante los ejemplares se ven situaciones nuevas como semejantes a otras ante- riores bien establecidas. Se ven fenómenos diferentes de modo similar, como casos de aplicación de una misma ley; por ejemplo se puede ver el movimiento de un péndulo como semejante, con ciertas idealizaciones, al de una bola moviéndose en un doble plano inclinado, o puede verse, como propusieron los copernicanos tras el descubrimiento de las lunas de Júpiter, el sistema Sol-planetas como semejante al sistema Júpiter-lunas. Tam- bién aquí no todos estos elementos son considerados igualmente esenciales, no todos los casos de aplicación son igualmente importantes, de entre ellos sólo algunos son conside- rados paradigmáticos. Al hacer de modelos-paradigmas para la resolución de enigmas, los ejemplares guían, junto con las leyes paradigmáticas, la investigación normal, el desa- rrollo de la matriz disciplinar. En gran medida, la ciencia normal consiste en ir ampliando con éxito el ámbito de situaciones semejantes a los ejemplares, intento que obliga gene- ralmente a alguna modificación de las leyes más específicas (no paradigmáticas).

Al presentar el primer elemento de las matrices, las generalizaciones simbólicas, vimos que Kuhn enfatiza que por sí solas son simples componentes de un formalismo abstracto vacío de contenido empírico. Pues bien, según Kuhn es justamente a través de los ejemplares como, al menos en parte, se cargan de contenido empírico los términos de las generalizaciones que constituyen el formalismo abstracto. Con los ejemplares se aprende cómo el aparato conceptual se aplica a la naturaleza y, en consecuencia, parte de su significado. Los ejemplares desempeñan ahora (al menos parte de) el papel de las anti- guas reglas de correspondencia. En la sección en que se ocupa de la conexión de la teoría con la experiencia, Kuhn afirma explícitamente que la "habilidad adquirida para ver se- mejanzas entre problemas aparentemente dispares desempeña en las ciencias una parte i mportante del papel atribuido corrientemente a las reglas de correspondencia" (1970c,

§IV); a esta idea se refería Hempel cuando, como mencionamos en el capítulo anterior, señala a Kuhn como una de las fuentes de sus nuevas tesis sobre el modo en que los tér-

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 317 minos teóricos se cargan de contenido empírico. Por otro lado, los ejemplares no son ex- periencias puras, descripciones neutras de la naturaleza. Son ejemplares dentro de un pa- radigma y están en parte ya conceptualizados. Ello hace que, al cambiar el paradigma, con todos sus componentes, cambie, según Kuhn, al menos parte del significado de los términos y a su vez el modo-de-ver-guiado-por-ejemplares las cosas. Las "mismas" situa- ciones se ven de modo diferente y quienes mantienen paradigmas diferentes viven, en cierto sentido, en mundos diferentes. Éste es el origen del fenómeno de la inconmensura- bilidad que en opinión de Kuhn acompaña los cambios revolucionarios.
Esta nueva concepción de los constructos teóricos tiene importantes consecuen- cias para las más importantes cuestiones epistemológicas y semánticas de la filosofía de la ciencia, como el ya mencionado de la inconmesurabilidad, o los del relativismo, la ra- cionalidad, el significado de los términos científicos, la confirmación y la falsación, etc. Por ahora nos limitamos a los elementos fundamentales de las matrices disciplinares y más adelante, cuando tratemos algunas de estas cuestiones, volveremos sobre el resto de las tesis kuhnianas (cf. especialmente cap. 12, §5, sobre sus consecuencias para el proble- ma de la inmunidad y cap. 13, §4, §5 para las relativas a la inconmensurabilidad). Para concluir comentaremos brevemente un problema de ambigüedad relativo al término 'ma- triz disciplinar'. Kuhn afirma que introduce dicho término en sustitución del equívoco

` paradigma' usado en La Estructura de las Revoluciones Científicas, y que mediante él se quiere referir al conjunto de supuestos compartidos por los miembros de una comunidad científica. Estos supuestos son los supuestos de los cuatro tipos que acabamos de exami- nar, pero lo que no está claro es si la matriz disciplinar incluye todos l os supuestos de cada tipo o sólo los paradigmáticos; o limitándonos a los dos que más centrarán nuestra atención, no está claro si las matrices incluyen todas las leyes y todos los ejemplares o sólo las leyes programáticas generales y los ejemplares paradigmáticos.

Esta cuestión es en parte sólo nominal. Kuhn afirma que su intención era captar lo que tradicionalmente se ha denominado `teoría', pero que no usa este término porque tal como de hecho lo emplean los científicos "connota estructuras mucho más limitadas en na- turaleza y alcance que las requeridas [...]; para los presentes propósitos sugiero `matriz disciplinar': `disciplinar' porque se refiere a la posesión común de los practicantes de una disciplina; `matriz' porque está compuesta de elementos ordenados de varios tipos"

(1962-1970, p. 150). No aclara sin embargo si la matriz incluye todos los elementos de cada tipo o sólo algunos, y cuando usa el término unas veces parece referirse a todos y otras sólo a los paradigmáticos. En principio, sus numerosas referencias al "conjunto total de supuestos compartidos" parecen sugerir que incluye todos, pero en realidad ello no es inmediato pues depende de qué se entienda por `comunidad científica'. Si la comunidad científica es el conjunto de científicos que trabajan en una teoría en un momento dado, en- tonces la matriz incluye todos los supuestos compartidos en ese estadio de la teoría. Pero si la comunidad es el conjunto de los científicos que trabajan en la teoría en toda su historia, entonces la matriz incluye todos los supuestos compartidos a lo largo de toda la historia de la teoría, que serán sólo los paradigmáticos pues, como veremos (cf. cap. 13), éstos son los que se preservan a lo largo de la historia de la teoría. La presente ambigüedad no es, pues,

31 8 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

sino consecuencia de la ambigüedad entre los sentidos sincrónico y diacrónico de `teoría' o

` matriz disciplinar'. Desde una perspectiva sincrónica, la matriz disciplinar incluye todos los elementos compartidos en un momento dado; desde la perspectiva diacrónica, incluye sólo los que perduran durante la historia de la teoría. Una vez esto queda claro, qué pala- bras usemos es lo de menos. Cuando en adelante usemos esta expresión, el contexto aclara- rá el sentido en que se hace, en caso contrario lo aclararemos explícitamente.


3. Los programas de investigación de Lakatos


Lakatos, inicialmente discípulo de Popper, reacciona contra él llegando a puntos de vista similares a los de Kuhn y Feyerabend aunque sin caer, al menos eso pretende, en algu- nas tesis extremas de éstos, sobre todo las relativas a la racionalidad científica, que considera inaceptables, desde una perspectiva popperiana general que comparte. Lakatos lleva a cabo la revisión del falsacionismo de Popper en una serie de estudios sobre lo que denomina la meto- dología de los programas de investigación científica. Estos trabajos iban a concluir con una extensa monografía titulada, en referencia directa a la obra de Popper, The Changing Logic of Scientific Discovery, proyecto que quedó truncado al morir su autor. Una de las finalidades de esta obra era desarrollar la estructura final de los programas de investigación, noción con la que Lakatos pretendía recoger lo que consideraba fundamental de los constructos teóricos. Al quedar el proyecto sin conclusión, sólo disponemos, como fuente de sus ideas sobre la es- tructura de los programas de investigación, de sus primeros trabajos (especialmente 1968b y

1970). El propio Lakatos los considera muy insuficientes y provisionales, pero contienen ya algunos elementos de interés para nuestro actual tema. Veremos aquí muy brevemente las principales contribuciones, que casi siempre están sólo esbozadas.

Lakatos parte de las observaciones de Popper sobre el conocimiento de fondo y la contrastación y las lleva a sus últimas consecuencias. Lo que se evalúa en la contrasta- ción, dice, no es una teoría comparada con los hechos sino un conjunto de (mini)teorías, de diferente estatus metodológico, comparadas entre sí: "el conflicto no es entre `teorías y hechos', sino entre una teoría interpretativa que provee de hechos y una teoría explicati- va que los explica [...], no se trata de que nosotros propongamos una teoría y la Naturale- za pueda gritar NO, sino que nosotros proponemos una red de teorías y la Naturaleza pue- de gritar I NCONSISTENTES" (1970, p. 130). Este conflicto se intenta resolver modificando algunos elementos de la red y se genera así una sucesión de teorías-redes ligadas por "una notable continuidad". Esta serie o sucesión de teorías es lo que Lakatos llama un `progra- ma de investigación' que, como reconoce explícitamente, tiene fuertes reminiscencias de la ciencia normal de Kuhn.

Lakatos presenta los elementos constituyentes de los programas de investigación en el contexto de las heurísticas que caracterizan la metodología de los programas. Todos los programas tienen un núcleo que los vertebra y les confiere unidad. Este núcleo lleva asociada una heurística que determina dos tipos de reglas metodológicas: unas nos dicen qué senderos de investigación hemos de evitar, heurística negativa, y otras qué senderos hemos de seguir, heurística positiva. La heurística negativa prohibe, por decisión, aplicar

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 319 la refutación al núcleo, para lo cual se debe articular un cinturón protector de hipótesis auxiliares o complementarias que sí se consideran modificables. La heurística positiva su- giere cómo modificar y desarrollar esta parte "refutable" del programa. Éstas son las lí- neas maestras de la nueva metodología de Lakatos, contenida sucintamente en el siguien- te pasaje:

"Todos los programas de investigación científica se pueden caracterizar por su `núcleo'. La heurística negativa del programa nos prohibe dirigir el modus tollens a este `núcleo'. En lugar de ello debemos emplear nuestro ingenio en articular o incluso in- ventar `hipótesis auxiliares' que conformen un cinturón protector en torno a ese núcleo, y es a éstas a quienes debemos dirigir el modus tollens. Es ese cinturón protector de hipóte- sis auxiliares quien tiene que resistir el peso de las contrastaciones e irse ajustando y rea- justando, o incluso ser sustituido por completo, para defender al núcleo, que de ese modo se hace más sólido. [...] Este núcleo es `irrefutable' por decisión metodológica de sus pro- tagonistas: las anomalías sólo deben llevar a cambios en el cinturón protector. [...] La heurística negativa especifica el núcleo del programa que es `irrefutable' por decisión me- todológica; la heurística positiva consiste en un conjunto parcialmente articulado de suge- rencias o indicaciones sobre cómo cambiar y desarrollar las `variantes refutables' del pro- grama de investigación, cómo modificar, sofisticar, el cinturón `refutable' de protección"
(1970, §3a-b).

El resultado de aplicar esta metodología constituye la evolución de una teoría científica; en términos de Lakatos, se trata de una sucesión de diferentes versiones del mismo programa, esto es, en torno a un mismo núcleo. Como se habrá advertido, esta imagen es similar a la evolución de un paradigma kuhniano. Lakatos ofrece además una tipología de los programas de investigación en función de su mayor o menor "éxito". Un programa es progresivo si (entre otras cosas en las que no podemos detenernos ahora) predice hechos que se constatan después, y es, o está, estancado si sólo "postdice", esto es, si sólo ofrece explicaciones ad hoc de hechos (para él) inesperados. Esto exige dos cualificaciones. En primer lugar, el juicio requiere cierta perspectiva histórica, esto es, a los programas incipientes es racional "concederles cierto tiempo". Por otro lado, e incluso garantizada la perspectiva histórica, las cosas no siempre están tan claras, los casos men- cionados son más bien idealizaciones y hay numerosos casos intermedios. Como es usual en los filósofos de esta orientación, Lakatos ilustra su nueva concepción con un detallado estudio histórico, en este caso del programa de investigación de Prout centrado en la idea de que todos los átomos están compuestos de átomos de hidrógeno, y del programa de in- vestigación de Bohr centrado en la tesis de que la emisión de luz se debe al salto de órbita de los electrones en el interior del átomo. Es importante señalar que esta tipología ideali- zada de programas no debe tomarse como un criterio cuasiformal de sustitución: nada obliga, y por supuesto la lógica más "los hechos" tampoco, a abandonar un programa es- tancado, aunque sólo sea porque siempre es posible su "resurrección", esto es, de todo programa estancado siempre es en principio posible que se convierta de nuevo en uno progresivo.

Esta perspectiva, bastante kuhniana en general, se distancia de la del autor de La

Estructura en algunos puntos, especialmente los que tienen que ver con los problemas de

320 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA

la inconmensurabilidad y la racionalidad de la ciencia y en los que no podemos detener- nos ahora. Por lo que respecta a la estructura de las teorías, la diferencia más señalada, aparte de la extrema imprecisión de las nociones de núcleo y cinturón protector, tiene que ver con el "alcance" o "dimensión" de los programas de investigación.

En Kuhn está (aproximadamente) claro que los paradigmas-matrices se identifi- can, diacrónicamente, con teorías a lo. largo de la historia. La astronomía geocéntrica constituye un paradigma, la heliocéntrica otro diferente; la mecánica desde Newton a La- grange constituye un paradigma, la mecánica relativista otro diferente; la química del flo- gisto constituye un paradigma, la química del oxígeno otro diferente; etc. Sin embargo, y quizá como consecuencia de la mencionada imprecisión, no está claro en Lakatos cuáles son los límites de los programas de investigación. En general parece que engloban, como en Kuhn, sólo teorías extendidas en el tiempo; así se refiere, por ejemplo, "al programa de Newton". Pero en ocasiones habla como si varias de esas teorías pudieran constituir una única tradición, que se identificaría entonces con toda una disciplina. En ausencia de ma- yores precisiones, no es posible entonces distinguir claramente entre a) el paso de una versión a otra de la misma teoría, y b) el paso de una teoría a otra. Estos dos fenómenos diacrónicos son prima facie esencialmente diferentes (como veremos con detenimiento en el capítulo 13) y poder dar cuenta de esta diferencia depende de cómo se caractericen los constructos teóricos en su dimensión sincrónica. Probablemente Lakatos no consideraba que la diferencia de la que se debe dar cuenta sea nítida, pues incluso llega a afirmar que

"la ciencia como un todo puede considerarse un inmenso programa de investigación"

(ibid., §3). Pero entonces la imprecisión de sus nociones centrales, programa de investi- gación, núcleo y cinturón protector, es deliberada y no se ve claramente cómo es cohe- rente con la aplicación histórica que realiza sobre casos concretos. Seguramente esta cuestión era una de las que quería clarificar en la monografía que preparaba y que no pudo concluir.

4. Las tradiciones de investigación de Laudan


Laudan no pertenece generacionalmente al grupo de los nuevos filósofos de la ciencia, pero su obra, bastante posterior, presenta grandes afinidades, tanto en intereses como en contenidos, con la de aquéllos. Desde finales de los años setenta, Laudan publi- ca una serie de estudios donde revisa las principales tesis acerca de la naturaleza de los constructos teóricos, los valores que rigen la actividad científica y la noción de progreso adecuada a ellos. Como en el caso de Kuhn, el ámbito de estudio es extraordinariamente amplio, somete a revisión crítica prácticamente todas las cuestiones centrales de la filoso- fía de la ciencia. En relación a nuestro actual tema, el concepto básico que articula su concepción de los constructos teóricos es el de tradición de investigación, presentado por primera vez de forma sistemática en su monografía de 1977. Aunque, como los paradig- mas de Kuhn, estas entidades se caracterizan diacrónicamente, nos centraremos ahora en los aspectos sincrónicos que tal caracterización diacrónica presupone.

Laudan presenta la noción de tradición de investigación en relación explícita con

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 321 los paradigmas de Kuhn y los programas de investigación de Lakatos, intentando preser- var lo que considera adecuado de ellos y modificando los aspectos que considera insatis- factorios (cf. Laudan, 1977, cap. 3). Laudan comienza distinguiendo dos sentidos del tér- mino `teoría científica', dos tipos de "redes proposicionales". En primer lugar, el término puede denotar un conjunto relativamente específico de doctrinas, leyes, hipótesis o princi- pios relacionados, que se usan para hacer predicciones experimentales y ofrecer explica- ciones de fenómenos naturales. Ejemplos de ello son la teoría newtoniana de la luz, el electromagnetismo de Maxwell, la teoría de la estructura atómica de Bohr, la del efecto fotoeléctrico de Einstein o la de la plusvalía de Marx. Además de este sentido, el término se usa también para referirse a conjuntos de doctrinas o supuestos "mucho más generales y mucho menos fácilmente corroborables empíricamente" (p. 71). Ejemplos de ello son la teoría de la evolución, la teoría atómica o la teoría cinética de los gases. Aunque no siem- pre es claro al respecto, parece que las teorías en este segundo sentido consisten, al me- nos, en familias enteras de teorías en el primer sentido vinculadas por principios metodo- lógicos u ontológicos muy generales. Kuhn y Lakatos, afirma, han mostrado que son las teorías en el segundo sentido las unidades en que se debe centrar el estudio de la actividad científica, la "herramienta primaria para la comprensión y valoración del progreso cientí- fico [ ... yo] comparto esa opinión, pero encuentro que las explicaciones dadas hasta aho- ra de lo que son estas teorías más amplias y de cómo evolucionan, no son completamente satisfactorias" (p. 72). De estas teorías generales, en el segundo sentido del término, es de lo que pretende dar cuenta su noción de tradición de investigación. Veamos, sin detener- nos en las críticas específicas que hace a Kuhn y Lakatos, cuáles son los principales ele- mentos que caracterizan a estas tradiciones de investigación.

Supuestos compartidos
Las tradiciones constan de dos tipos de supuestos generales, que individualizan una tradición dada y la distingue de otras:
(i) Compromisos metafísicos. Conjunto de creencias acerca de qué tipos de en- tidades y procesos constituyen el dominio de investigación; por ejemplo, en física, las creencias asociadas a las teorías atomistas, o contrariamente, las asociadas a las teorías de campos.

(ii) Normas epistémicas y metodológicas. Normas acerca de cómo tiene que investigarse el dominio, cuál es el conocimiento de fondo intocable, cómo han de some- terse a prueba las hipótesis, cómo han de recogerse los datos, cómo han de evaluarse la solución a los problemas, etc.


Conjuntamente, los compromisos metafísicos y las normas epistémicas y metodo- lógicas proporcionan a la tradición una heurística, orientaciones para la investigación, y una axiología, normas de evaluación.

322 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
Articulación teórica

Las tradiciones poseen un cierto número de teorías específicas asociadas que las ejemplifican y las constituyen parcialmente. Son los elementos empíricamente contrasta- bles de la tradición, el "lugar" donde se contrasta la tradición con la experiencia.


Resolución de problemas
La finalidad principal de las tradiciones, en relación a la cual se evalúan global- mente, es la resolución de problemas. Los problemas son de dos tipos:
(i) Problemas empíricos. Derivados de la aplicación de las teorías específicas al dominio empírico de investigación. Estos problemas pueden ser (estar): resueltos, los casos de aplicación al dominio empírico exitosos según los estándares de la tradición; po- tenciales, los casos de aplicación que la tradición considera que deben resolverse, pero to- davía no resueltos por la tradición en cuestión ni por ninguna otra; anómalos, los casos de aplicación que la tradición considera que deben resolverse, que ella todavía no ha resuelto y que han sido resueltos en otra tradición alternativa.

(ii) Problemas conceptuales. Relativos a la estructuración conceptual de algu- na teoría específica. Se dan en los siguientes casos: cuando la teoría es inconsistente; cuando contiene supuestos inaceptablemente ambiguos; cuando algunas de sus hipótesis contravienen otras teorías específicas, o los supuestos metafísicos predominantes; cuando sus afirmaciones no proceden según las doctrinas metodológicas y epistemológicas; cuan- do no acierta a integrar conceptos y principios de teorías más generales a las que está su- bordinada.
Desarrollo histórico
Las tradiciones discurren en el tiempo a través de un cierto número de formulacio- nes. Estas formulaciones son la respuesta en un momento específico a la evaluación nega- tiva sobre la solución dada a alguno o varios de los problemas. El modo más usual en que cambia una tradición es modificando sus teorías específicas, pero ocasionalmente puede cambiar alguno de sus elementos nucleares más básicos.
Coexistencia
Las tradiciones no son "dominantes", no se imponen por períodos. En cierto mo- mento dado, en contra de lo que sugiere Kuhn, la coexistencia de tradiciones de investiga- ción rivales es la regla, y no la excepción.
Éstos son los rasgos más generales de las tradiciones de investigación según Lau- dan, que como se habrá apreciado tienen mucho en común con los paradigmas kuhnianos y los programas de investigación de Lakatos. Como hemos indicado, sin embargo, aun-

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 323 que esté de acuerdo con la idea general, Laudan discrepa en aspectos que considera cen- trales. Esto se pone de manifiesto en el desarrollo específico de algunos de estos rasgos generales. Concluiremos comentando brevemente algunos de los elementos más proble- máticos en el desarrollo de su programa.

En primer lugar, no está muy definido el "tamaño" de las entidades involucradas, tradiciones de investigación y teorías específicas. Los ejemplos que da de tradiciones, como la teoría de la evolución o la teoría cinética de los gases, sugieren entidades como las matrices kuhnianas, está es, teorías científicas a lo largo de su historia. Pero la carac- terización general que da parece más bien sugerir grandes orientaciones científicas de una época (quizá coexistiendo y rivalizando), como el mecanicismo o el vitalismo, que pue- den incluir varias matrices disciplinares en una época. Esta fluctuación es pareja a la que se da en las teorías específicas. Algunas veces parece que se trata de leyes bastante espe- cíficas, del tipo de la ley de caída libre de Galileo, la de gravitación de Newton, o la de gases ideales. Otras veces parece que se refiere a agregados de tales leyes, como el elec- tromagnetismo de Maxwell o la teoría atómica de Bohr. Seguramente la vaguedad es in- tencionada y se pretende que puede haber diversas dimensiones en ambos tipos de entida- des. El problema es cómo caracterizarlas para que la diferencia entre las más grandes de las teorías específicas y las más pequeñas de las tradiciones de investigación, no sea sólo de grado; ello representa un problema en la medida en que Laudan parece requerir que la diferencia entre teorías y tradiciones sea nítida.

En segundo lugar, y relacionado con lo anterior, no está claro si hay alguna rela- ción formal, y si la hay cuál es, entre tradiciones y teorías específicas. Por un lado, no se clarifica si, como decía Kuhn, de los supuestos generales puede formar parte alguna ex- presión legaliforme, alguna ley especialmente general que funciona cuasi-definicional- mente y de la cual las leyes específicas son concreciones. Quizá se pudieran incluir cosas de este tipo en los compromisos metafísicos generales, pero Laudan no dice si es así ni, caso de que lo sea, cómo se diferenciarían estos compromisos de los otros. Por otro lado, afirma que la relación entre tradiciones y teorías específicas no es de implicación, las tra- diciones no implican sus teorías constitutivas. Al argumentar este punto, enfatiza el hecho de que las tradiciones pueden contener, y usualmente contienen, teorías específicas in- compatibles (si teorías incompatibles fuesen implicadas por la tradición a la que pertene- cen, las tradiciones serían simplemente inconsistentes). El caso más claro es el de teorías específicas sucesivas en la misma tradición, que se contradicen mutuamente; recuérdese que las teorías específicas hacen afirmaciones empíricas específicas, y por tanto si una da cuenta de un problema del que su versión anterior en la tradición no podía dar cuenta

(anomalía), ambas versiones específicas sucesivas son inconsistentes. Pero también abun- dan, según Laudan, los casos en que teorías incompatibles coexisten en la tradición en el mismo período, como las teorías ópticas rivales de la tradición cartesiana que defendían, respectivamente, el aumento o disminución de la velocidad de la luz en función de la den- sidad del medio. Se supone que entonces tenemos uno de los problemas conceptuales a que antes nos referíamos, pero una cosa es que se den a veces problemas de este tipo, y otra que se den tan usualmente y tan drásticamente como Laudan parece sugerir.

Por último, como hemos mencionado más arriba, a veces en la evolución de la

324 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
tradición pueden modificarse algunos de los supuestos básicos. Eso es en principio sor- prendente dentro de su propio enfoque, pues Laudan sostiene a la vez que tales supues- tos básicos identifican la tradición, por lo que parece que pueden perder (al menos parte de) su identidad y seguir siendo ellas mismas (!). Una vez más, este efecto es querido por Laudan, que discrepa en este punto de Kuhn y Lakatos sobre la persistencia de la esencia o núcleo a lo largo de la tradición. La esencia, afirma, está relativizada respecto al tiempo. El núcleo muy raramente permanece constante a lo largo de toda la evolución de la tradición: "difícilmente hay un conjunto interesante de doctrinas que caracterice las tradiciones de investigación a lo largo de toda su historia" (op. cit., cap. 3, §6). Es cierto que existe una continuidad, pero se trata de una "continuidad relativa entre etapas sucesivas del proceso evolutivo" (¡bid.). Es importante enfatizar que, aun restringida a estadios sucesivos, la continuidad debe ser sólo aproximada, no absoluta, en cada paso se pueden modificar parte de los supuestos básicos; si en cada paso se debieran conser- var todos los supuestos básicos, entonces en el conjunto del proceso se seguirían con- servando.

Pero si parte de la esencia se puede abandonar, la pregunta que surge inmediata- mente es, ¿qué y cuánto se puede cambiar del núcleo sin abandonar la tradición?, ¿qué distingue a) el paso de un estadio a otro de la misma tradición de b) el paso del estadio terminal de una tradición al inicial de otra tradición nueva diferente?: "Una respuesta par- cial a esta pregunta proviene del reconocimiento de que, en cualquier momento dado, de- terminados elementos de una tradición de investigación son más medulares y están más alojados en la tradición de investigación que otros. [...) Ciertos elementos son sagrados y no pueden rechazarse sin repudiar la tradición misma. Pero, a diferencia de Lakatos, quie- ro insistir en que el conjunto de elementos de esta clase (los irrechazables) cambia con el tiempo" (ibid.). Pero esto no parece ser una respuesta ni siquiera parcial, pues si el con- junto de elementos irrechazables cambia con el tiempo, ¿en virtud de qué dos conjuntos diferentes sucesivos se consideran correspondientes a la misma tradición o tradiciones su- cesivas diferentes?

Sólo hay dos modos en que, como pretende Laudan, pueda no conservarse nada en el transcurso de una tradición. Uno es que en cada paso no haya un conjunto bien defi- nido de elementos irrechazables, pudiendo ser rechazado cualquiera de ellos mientras se preserve la inmensa mayoría; así, tras una serie de pasos puede que no permanezca ningu- no de los originales. Otro es que sí haya un conjunto bien definido de elementos irrecha- zables, pero que ese conjunto cambie parcialmente en cada estadio; también así puede que tras varios pasos no permanezca ninguno de los elementos originales. Pero si no se dice nada más, en ambos casos no está clara la diferencia entre el cambio en una tradición y el cambio de tradición. Quizá sea sólo una cuestión de grado, o de convención en la re- construcción histórica. Pero si no se aceptan estas consecuencias, la única posibilidad es que haya algo que se mantenga a lo largo de toda la tradición y cuyo cambio sea precisa- mente el indicio de un cambio de tradición. Esto es, que las teorías científicas, aun cuan- do cambien en el tiempo, tengan un núcleo persistente.

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS II 325

5. Consideraciones finales
La incidencia de los nuevos filósofos de la ciencia, y otros afines, en nuestra disci- plina fue decisiva. La irrupción de la perspectiva historicista que en general les caracteri- za marca definitivamente el desarrollo de la reflexión metacientífica posterior. La influen- cia más determinante afecta quizá a cuestiones como la importancia de los estudios histó- ricos y de los determinantes sociales, la cuestión de la carga teórica de los hechos y el problema de la inconmensurabilidad, los problemas del progreso y la racionalidad en la ciencia, o del relativismo. Sin embargo, a la mayoría de sus tesis subyace, sin implicarlas estrictamente, una nueva visión de la naturaleza y estructura de las teorías científicas, más ajustada a la realidad y más fiel a las teorías tal como la historia nos las presenta. En nuestra opinión, y sin desmerecer sus otras aportaciones, es en esta nueva noción, aunque muy imprecisa, de teoría empírica donde radica su mayor contribución a la disciplina. Desde la perspectiva actual, los principales rasgos de esta nueva noción de teoría que está emergiendo son los siguientes. Las teorías en sentido sincrónico:
1. Son entidades sumamente complejas y dúctiles, susceptibles de evolucionar en el tiempo sin perder su identidad. Aunque la idea de que las teorías son entidades que se extienden en el tiempo a través de diferentes estadios no es un descubrimiento de estos filósofos, sí fueron los primeros en dar a ese hecho todo su valor.

2. No son enunciados o secuencias de enunciados y en un sentido propio no pue- den calificarse de verdaderas o falsas, aunque con ellas sí se realizan afirmaciones empíri- cas verdaderas o falsas.

3. Tienen, al menos, un componente formal, las leyes o hipótesis, y otro empíri- co o aplicativo, los sistemas a que se pretenden aplicar.

4. Cierta parte de cada uno de estos componentes se considera intocable por decisión metodológica (núcleo). Las teorías tienen pues partes "esenciales" y partes "ac- cidentales", en ello radica su ductilidad. El aparato formal se articula en niveles progresi- vamente cada vez más específicos, que dan cuenta de situaciones empíricas también espe- cíficas. A veces se denomina `teoría', en un sentido más restrictivo, a estos desarrollos concretos del formalismo (p.ej., la teoría de la gravitación).

5. Tienen diversos niveles de empiricidad. Parte de la teoría conceptualiza los hechos y parte explica, y se contrasta con, lo así conceptualizado.

6. Es la parte específica, "accidental", del formalismo la que recibe el peso de la contrastación. Ante una contrastación negativa, el núcleo siempre se puede salvaguardar modificando los elementos no nucleares.

7. Llevan asociadas normas, valores, o simplemente indicaciones metodológicas y evaluativas, algunas de ellas fuertemente dependientes del contexto socio-histórico.
La principal deficiencia de esta nueva caracterización es su imprecisión, en oca- siones tan extrema que termina por difuminar casi totalmente lo que parecen intuiciones correctas. El principal motivo de los positivistas para desarrollar una filosofía formal de la ciencia era justamente eludir el discurso metacientífico vago e impreciso. Y gran parte

32 6 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


de las polémicas que surgen tras la irrupción de los nuevos filósofos son generadas por la imprecisión y equivocidad de algunas de sus nociones centrales. La mayoría de los filóso- fos de la ciencia sensibles a esta nueva perspectiva concluyeron que la complejidad y ri- queza de los elementos involucrados en ella escapa a cualquier intento de formalización. No sólo las formalizaciones al estilo de la Concepción Heredada son totalmente inadecua- das para expresar estas entidades en toda su complejidad, sino que no parece razonable esperar que cualquier otro procedimiento de análisis formal pueda capturar los elementos mínimos de esta nueva caracterización. Ésta es la moraleja antiformalista que se extendió en muchos ambientes metacientíficos tras la revuelta historicista. Como vamos a ver en el próximo capítulo, no en todos. Tras la digestión de los primeros efectos antiformalistas, algunas de las corrientes más recientes en filosofía de la ciencia muestran que al menos parte de los nuevos elementos señalados, los más estructurales, son susceptibles de un ra- zonable análisis y reconstrucción formales.

CAPÍTULO 10

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS III. LAS CONCEPCIONES SEMÁNTICAS:

LAS TEORÍAS COMO ENTIDADES MODELOTEÓRICAS

El efecto de la irrupción historicista durante los años sesenta y principios de los setenta fue doble. Por un lado, a su estela se desarrolla toda una rama de los science stu- dies (con importantes, aunque puntuales, antecedentes antes de los años sesenta) que se centra en el estudio de los determinantes sociales de la ciencia apoyándose en una consi- derable investigación empírica. Esta línea de investigación culmina con el asentamiento durante los años ochenta de la sociología de la ciencia como disciplina. Aunque desde este ámbito se han hecho numerosas incursiones en la filosofía de la ciencia, su importan- cia para el tema actual, la estructura de las teorías, es escasa, pues sus propuestas son sólo negativas, más bien nihilistas: en la práctica científica no existen en realidad entidades identificables que quepa caracterizar, en ningún sentido del término mínimamente preciso y útil para la comprensión de la actividad científica, como "teorías científicas". No vamos a detenernos aquí en estas tesis.

Por otro lado, asimiladas las contribuciones incuestionables de los historicistas y expurgados sus principales excesos, se recupera durante los años setenta la confianza en la viabilidad de los análisis formales o semiformales de la ciencia, al menos en algunos de sus ámbitos, entre ellos el relativo a la naturaleza de las teorías. A finales de los años se- tenta y en los ochenta, aunque algunas versiones venían desarrollándose desde bastante antes, se extiende y acaba imponiéndose en general una nueva caracterización de las teo- rías científicas que se ha denominado Concepción Semántica de las Teorías. En realidad no se trata de una única concepción sino de una familia de ellas que comparten algunos elementos generales relativamente unitarios en comparación con las caracterizaciones de la Concepción Heredada. A esta familia pertenecen Suppes, su pionero en los años cin- cuenta, y su escuela de Stanford; van Fraassen, Giere y Suppe en EEUU; Dalla Chiara y Toraldo di Francia en Italia; Przelecki y Wójcicki en Polonia; y la concepción estructura- lista de las teorías, iniciada en EEUU por Sneed y desarrollada en Europa, principalmen- te, por Stegmüller, Moulines y Balzer.

En este capítulo vamos a presentar, en primer lugar, la motivación principal que, en relación con el proyecto de la Concepción Heredada, acompaña a este nuevo enfoque, así como los rasgos más generales comunes a las diferentes versiones del mismo. A conti-

328 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
nuación veremos los orígenes de la concepción modeloteórica en los trabajos fundaciona- les de Suppes y la contribución esencial de un miembro de su escuela, E. Adams. Des- pués repasaremos brevemente las principales peculiaridades de cada uno de los enfoques vinculados a la familia semántica. En relación con el tema que nos ocupa, la naturaleza y estructura de las teorías, la concepción estructuralista es la que ha desarrollado un aparato metateórico más rico para el análisis y reconstrucción de las teorías científicas. La última sección está destinada a presentar con cierto detalle los elementos principales del análisis estructuralista.

1. Teorías, enunciados y modelos


El lema de las concepciones semánticas es: "presentar una teoría no es presentar una clase de axiomas, las teorías no se identifican metateóricamente con conjuntos de enunciados; presentar una teoría es presentar una clase de modelos, las teorías se identifi- can metateóricamente como conjuntos de modelos". Puesto que la noción de modelo es una noción fundamentalmente semántica, se denomina concepción semántica a este nue- vo enfoque que enfatiza la importancia de los modelos en el análisis de la ciencia; contra- riamente, la concepción clásica es calificada de sintáctica por su caracterización de las teorías como conjuntos de enunciados y por su énfasis general en los aspectos lingüísti- co-sintácticos. Este lema expresa por tanto el carácter distintivo frente a la concepción clásica. Pero apreciar en su justa medida cuál es ese carácter distintivo es difícil. Para ello comenzaremos revisando un aspecto de la concepción sintáctica que es claramente insa- tisfactorio. El enfoque semántico es en parte un intento de mejorar la concepción clásica en ese punto.

1.1. AXIOMAS Y MODELOS

Para apreciar el elemento insatisfactorio más manifiesto de la concepción sintácti- co-axiomática es imprescindible tomársela en serio, tomarse en serio la identificación de una teoría con una serie de enunciados, los axiomas (ahora no distinguimos entre axio- mas y reglas de correspondencia, pues esa distinción no afecta a la cuestión que aquí se trata). Según esta concepción, una teoría es una clase de axiomas, y si nos tomamos eso en serio ello implica que toda diferencia en axiomas supone una diferencia de teorías. Puesto que dos axiomatizaciones diferentes son dos diferentes clases de enunciados, tene- mos dos teorías diferentes. Ésta es una consecuencia intuitivamente insatisfactoria, pues podemos tener dos axiomatizaciones diferentes de, intuitivamente, "la misma teoría". Debe quedar claro que nos estamos refiriendo a casos en los que el aparato conceptual en ambos conjuntos de axiomas es el mismo; en caso contrario las intuiciones no están tan claras. Por ejemplo, en casos como el de la equivalencia entre las versiones ondulatoria y matricial de la mecánica cuántica sí cabe decir en un sentido interesante que se trata de teorías diferentes entre las que se da determinada relación interteórica específica, la de

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS 111 329 equivalencia (cf. cap. 11, §4). Pero en los casos a que nos referíamos, cuando ambos con- juntos de axiomas utilizan el mismo aparato conceptual, parece intuitivamente razonable considerar que se trata de axiomatizaciones diferentes de una misma teoría, esto es, que no hay ningún sentido interesante en que quepa hablar de dos teorías. Si eso es así enton- ces una teoría no puede ser un conjunto de axiomas, no se representa metateóricamente de forma satisfactoria identificándola con un conjunto tal.

Se dirá que eso es ser demasiado rigurosos, poco caritativos con la concepción clásica. Después de todo, ya se reconocía que si dos axiomatizaciones diferentes coinci- den en el conjunto de sus teoremas, se trata en cierto sentido, no de dos teorías diferentes equivalentes sino de dos axiomatizaciones equivalentes de la misma teoría. El problema es que la caracterización de las teorías que hace esa concepción no es el mejor modo de expresar ese cierto sentido, no puede expresarlo satisfactoriamente. Quizá se piense que sí, pues en muchas presentaciones de la concepción clásica se dice que una teoría es el conjunto de afirmaciones primitivas más todas sus consecuencias. Pero, si se mantiene un papel esencial para los axiomas, eso no resuelve el problema. Incluso si incluimos la refe- rencia explícita a las consecuencias, dos conjuntos diferentes de axiomas-junto-con- sus-consecuencias (e.e. Con(A)> y Con(A')>) siguen siendo entidades diferentes aunque las consecuencias sean las mismas, pues simplemente los conjuntos de axiomas son diferentes. La única posibilidad es prescindir totalmente, en la individualización de las teorías, de la referencia a los axiomas, identificando la teoría simplemente con el con- junto de las consecuencias. Las teorías serían nombradas por expresiones del tipo `el conjunto de enunciados consecuencias de A,, ..., A„', y dos nombres diferentes, que men- cionan distintos axiomas, pueden ser nombres de la misma teoría. En este caso la referen- cia a los axiomas sólo se incluye entonces en el nombre de la teoría, pero en la teoría mis- ma, esto es en la identidad del conjunto infinito de enunciados, no desempeñan ningún papel. Sin embargo, así planteada, esta opción se compadece mal, como veremos, con el axiomaticismo que inspiraba a la Concepción Heredada. En parte, la concepción semánti- ca consiste en expresar el núcleo de esta idea de un modo adecuado, un modo que no hace desempeñar a los enunciados un papel esencial en la identidad de las teorías. Nótese que el problema con la Concepción Heredada no es que quiera sostener una idea que nos parece inadecuada, no es que pretenda que dos teorías con el mismo vocabulario que "di- gan lo mismo" sean diferentes; el problema es que en su versión sintáctico-axiomática ex- presa inadecuadamente una intuición correcta, a saber, que en tales casos se trata de una única teoría.

El modo en que la concepción semántica va a expresar las intuiciones contenidas ya en la Concepción Heredada surge de tomarse en serio el hecho de que dos axiomatiza- ciones diferentes pueden serlo de la misma teoría. ¿Por qué lo son de la misma teoría? Porque el conjunto total de las cosas que dicen de cierta parcela del mundo es el mis- mo, porque la manera en que según ambas dicha parcela se comporta es la misma. Lo que importa de una teoría, lo que la identifica, es lo que dice sobre el comportamiento de de- terminada parcela de la realidad, no cómo lo dice. Lo esencial es que caracteriza ciertos trozos de la realidad como comportándose de cierto modo. Esto es, que determina ciertos modelos. Si dos axiomatizaciones lo son de lo mismo, lo son porque ambas determinan la

330 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA
misma clase de modelos o realizaciones. Lo importante es pues qué modelos determina una teoría, no los recursos lingüísticos que emplea para ello. De ahí el lema de la concep- ción semántica: presentar una teoría es presentar una clase de modelos, no de axiomas.

Se dirá que no es necesario recurrir a los modelos, que apelando sólo al conjunto to- tal de las consecuencias de los axiomas tenemos una vía "sintáctica" equivalente; en lugar de `la clase de modelos que satisfacen A,, ..., A,,' podemos usar igualmente `el conjunto de enunciados consecuencias de A,, ..., A,,' pues nombran entidades biunívocamente relaciona- das, a cada conjunto de modelos tales le corresponde un conjunto de enunciados tales, y vi- ceversa. Pero usar la versión de las consecuencias nos mantiene en el plano sintáctico sólo aparentemente; ésta es la razón por la que hemos indicado que esta opción se compadece mal con el espíritu sintacticista propio de la Concepción Heredada. La clave es que apelar a las consecuencias es apelar implícitamente a los modelos, la noción de consecuencia intro- duce subrepticiamente la de modelo: un enunciado es consecuencia de otros si todos los modelos de éstos son modelos de aquél. Por tanto, si queremos expresar la idea de que me- diante axiomas diferentes podemos capturar la misma teoría, debemos hacer necesariamen- te referencia, explícita o implícitamente, a los modelos. Si es así, lo mejor y más clarifica- dor es hacerlo desde el comienzo: una teoría se caracteriza por determinar una clase de modelos, y su identidad está vinculada a tal clase.

Es importante comprender que esta opción no supone, ni pretende, prescindir de los enunciados o, en general, de las formulaciones lingüísticas; no pretende que los recur- sos lingüísticos son superfluos para la caracterización metateórica de las teorías. Por su- puesto que para determinar o definir una clase de modelos hace falta un lenguaje. Los modelos, en la medida en que en el análisis metateórico se determinen explícita y precisa- mente, se determinan dando una serie de axiomas, principios o leyes, esto es, mediante enunciados. Nadie pretende negar tal cosa. Lo único que se pretende es que los conceptos relativos a modelos son más provechosos para el análisis filosófico de las teorías científi- cas, de su naturaleza y funcionamiento, que los relativos a enunciados. Que la naturaleza, función y estructura de las teorías se comprende mejor cuando su caracterización, análisis o reconstrucción metateórica se centra en los modelos que determina, no en un particular conjunto de axiomas o recursos lingüísticos mediante los que lo hace. Efectivamente la determinación de los modelos se realiza mediante una serie de axiomas, pero la identidad de la teoría no depende de esa formulación lingüística específica. Si se quiere, las formu- laciones lingüísticas son esenciales en el sentido (trivial) de ser el medio necesario para la determinación de los modelos, pero en un sentido verdaderamente importante no lo son, pues nada en la identidad de una teoría depende de que la formulación lingüística sea una u otra. Resumiendo: "De acuerdo con la concepción semántica, presentar una teoría es presentar una familia de modelos. Esta familia puede ser descrita de varios modos, me- diante enunciados diferentes en lenguajes diferentes, y ninguna formulación lingüística tiene ningún estatuto privilegiado. Específicamente, no se atribuye ninguna importancia a la axiomatización como tal, e incluso la teoría puede no ser axiomatizable en ningún sen- tido no trivial" (van Fraassen, 1989, p. 188).

El enfoque semántico, que enfatiza la referencia explícita a los modelos, más que a los enunciados, puede parecer una mera revisión del enfoque sintáctico propio de la

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Concepción Heredada. Es efectivamente una revisión, pues pretende expresar más ade- cuadamente una idea ya contenida en la concepción anterior, aunque insatisfactoriamente expresada. Pero no es una mera revisión si con ello se quiere sugerir que se trata de una revisión sin importancia. En cuanto conceptualización más satisfactoria de una idea esen- cialmente correcta pero insatisfactoriamente conceptualizada con anterioridad, ejemplifi- ca el tipo de progreso al que se puede aspirar en filosofía. Esta reconceptualización gene- ra inmediatamente otras subsidiarias vinculadas a la idea central, lo que permite reorientar algunos problemas que más dificultades habían planteado a la Concepción Heredada. Uno de ellos será el relativo a la vinculación de los conceptos teóricos con la experiencia. Como se recordará, la Concepción Heredada sostiene que ese vínculo se establece a tra- vés de enunciados, las reglas de correspondencia, que conectan términos teóricos con tér- minos que, pretendidamente, refieren a entidades directamente observables. Esta cuestión había suscitado todo tipo de problemas y, como vimos, el propio Hempel acaba rechazan- do la idea de que el vehículo de conexión empírica sea lingüístico. En la perspectiva sin- tacticista clásica pocas alternativas quedan. Veremos que la referencia a los modelos, ca- racterística de la concepción semántica, va a permitir dar una nueva orientación a esta cuestión.


1.2. EL ENFOQUE MODELOTEÓRICO

En el parágrafo anterior hemos visto la motivación y justificación del cambio de estrategia que caracteriza a las concepciones semánticas. En cuanto al desarrollo de esta estrategia, cada miembro de la familia lo hace de un modo específico, no sólo técnica- mente sino que también difieren en cuestiones filosóficas fundamentales. No comparten pues una serie de tesis filosóficas sustantivas, sino un modo y un marco en el que plantear los problemas filosóficos. Lo mismo ocurre en el seno de la Concepción Heredada, donde el acuerdo general sobre el enfoque axiomático es compatible con diferencias radicales en temas filosóficos sustantivos, como el del realismo, la explicación o la causalidad.

A pesar de sus diferencias, las diversas caracterizaciones de la noción de teoría que se hacen dentro de la familia semántica tienen algunos elementos comunes:


1. Una teoría se caracteriza en primer lugar, como hemos visto, por determinar un conjunto de modelos; presentar-identificar una teoría es presentar-identificar la familia de sus modelos. La determinación de los modelos se realiza mediante una serie de princi- pios o leyes. Las leyes se deben entender, por tanto, como definiendo una clase de mode- los: "x es un sistema ... [un modelo de la teoría _ ] syss,,ef cp(x)", donde cp expresa las le- yes en cuestión. Que esto sea una definición, que las leyes definan los modelos, no signi- fica por supuesto que una teoría sea una definición, o que vaya a ser verdadera por defini- ción, o cosas parecidas. Que las leyes definen una serie de modelos significa sólo que las leyes determinan qué entidades son las que se comportan de acuerdo con la teoría; por ejemplo, cierta entidad, cierto pedazo del mundo, es "por definición" un sistema mecáni- co si y sólo si cumple tales y cuales principios.

332 FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA DE LA CIENCIA


2. Una teoría no sólo determina, a través de sus leyes, una clase de modelos. Si sólo hiciera eso, poco tendríamos. Ya sabemos, por ejemplo, qué es en abstracto un siste- ma mecánico. ¿Qué hacemos sólo con ello? Nada. Definimos los sistemas mecánicos para algo más, quizá p.ej. para explicar el comportamiento del par de objetos Tierra-Luna. Una teoría determina una clase de modelos para algo, para dar cuenta de ciertos datos, fenó- menos o experiencias correspondientes a determinado ámbito de la realidad. Parte de la identificación de la teoría consiste entonces en la identificación de esos fenómenos empí- ricos de los que pretende dar cuenta.

3. Una vez identificados los modelos teóricos abstractos y los fenómenos empí- ricos de los que se pretende dar cuenta, tenemos lo esencial de la teoría. Lo que hace la teoría es definir los modelos con la pretensión de que representan adecuadamente los fe- nómenos, esto es, con la pretensión de que los sistemas que constituyen los fenómenos de que queremos dar cuenta están entre los modelos de la teoría; en términos tradicionales, que tales fenómenos concretos satisfacen las leyes de la teoría, que ellos se comportan como las leyes dicen. Esta pretensión se hace explícita mediante un acto lingüístico o pro- posicional, mediante una afirmación, la afirmación o aserción "empírica" de la teoría. La aserción empírica afirma que entre los sistemas empíricos reales de que queremos dar cuenta y los modelos determinados por las leyes se da cierta relación. Esta relación puede ser de diversos tipos, más fuertes o más débiles, según las diferentes versiones. Puede ser la identidad, e.e. que los sistemas empíricos son literalmente algunos de los modelos; o la aproximación, e.e., que los sistemas empíricos se aproximan (en un sentido que hay que precisar) a los modelos; o de subsunción, e.e., que los sistemas empíricos son subsumi- bles (en un sentido que hay que precisar) bajo los modelos. Pero más allá de los detalles, i mportantes como veremos, lo esencial es que expresa la pretensión de que nuestra teoría representa adecuadamente la realidad, esto es, que nuestros modelos se "aplican bien" a los sistemas a explicar. Así es cómo la teoría dice cómo es el mundo, esos pedazos del mundo de que quiere dar cuenta en su ámbito de aplicación específico. Dice que el mun- do es de cierto modo al afirmar que ciertos sistemas empíricos específicos son (o se apro- ximan a, o se subsumen bajo) modelos de los que ella ha definido; "el mundo", los siste- mas empíricos, se comporta de "ese" modo.
Es importante enfatizar el hecho de que esta afirmación simplemente hace explíci- ta una pretensión ya contenida implícitamente en el par "". Es importante para no confundirse en cuestiones importantes, como la contrasta- ción. Algunos representantes de la concepción semántica tienden a identificar las teorías con la aserción empírica (o a incluir la aserción en la identidad de la teoría).' Pero, como se verá, hay buenos motivos para no identificar una teoría con su aserción empírica. Ha- cer eso oscurece la naturaleza estructuralmente muy compleja de las teorías, complejidad que es preciso que se refleje claramente en la noción de teoría para dar cuenta de algunos hechos fundamentales, entre otros los enfatizados por los historicistas. Es más adecuado,

1. No se piense que por eso se destierran de la familia semántica, pues siguen pensando que el me- jor modo de describir esa entidad es en términos de modelos y sus relaciones.

ANÁLISIS SINCRÓNICO DE TEORÍAS III 33 3 por tanto, identificar las teorías con esos pares de conjuntos de modelos (en realidad, como veremos, con secuencias un poco más complejas de conjuntos de modelos). Así identificadas, es obvio entonces que, en un sentido estricto, las teorías no son entidades susceptibles de ser verdaderas o falsas, pues un par (una secuencia) no es una entidad a la que quepa atribuir con sentido los predicados verdadero y falso. Es cierto pues que, si las identificamos de ese modo, estrictamente las teorías no son verdaderas ni falsas. Pero nada filosóficamente sustantivo se deriva sólo de ello. Las teorías, esos pares, llevan biu- nívocamente asociadas entidades que sí son susceptibles de ser verdaderas o falsas, a sa- ber, sus aserciones empíricas. Por tanto, aunque no cabe atribuir primariamente valores veritativos a las teorías, sí cabe atribuírselos derivativamente: una teoría es "derivativa- mente verdadera" si y sólo si su aserción empírica es verdadera. Y este sentido derivativo es suficientemente importante desde el punto de vista filosófico.

Insistir en que las teorías deben ser, o incluir esencialmente, aserciones puesto que decimos que son verdaderas o falsas, no es un argumento suficiente si hay buenas razones para no identificarlas de ese modo. Pero del hecho de que no se identifiquen con entidades proposicionales no se pueden extraer conclusiones apresuradas sobre pro- blemas filosóficos sustantivos relativos a la "verdad" de las teorías. Por ejemplo (como veremos más adelante en detalle, cap. 12, §5), si hay cierto sentido interesante en el que las teorías no son falsables, no es porque no sean entidades a las que no cabe atribuir los predicados verdadero o falso. No cabe atribuírselo primariamente, pero sí derivativa- mente y con ello es suficiente para el sentido importante de falsar: si la aserción es falsa la teoría queda "falsada" en el sentido de que no todo puede permanecer igual. Si no son falsables será, como veremos, porque entendemos entonces por teoría sólo la parte esen- cial, el núcleo lakatosiano que siempre se puede mantener indemne a costa de suficien- tes reformas en la parte accidental, el cinturón protector de hipótesis específicas.

Una última advertencia antes de ver algunas de las versiones de la familia semán- tica. Al caracterizar los elementos generales compartidos de esta familia hemos hecho constante y central referencia a los modelos. En la sección 2 del capítulo 8 presentamos la noción intuitiva informal de modelo y una de sus posibles precisiones, la que se establece en la teoría formal de modelos. Debe quedar claro que cuando hemos hablado aquí de modelos nos referíamos a la noción informal. Las diversas versiones de la concepción se- mántica discrepan, entre otras cosas, en la naturaleza precisa de esas entidades a las que denominan modelos y cuya determinación identifica una teoría. Para Suppes y la concep- ción estructuralista, se trata de modelos en el sentido genérico de la teoría de modelos, para van Fraassen y Suppe son lo que se denomina espacios de estado, para Giere son modelos en cualquier sentido informal aceptable del término.






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