Deseo agradecer profundamente al Dr. Gregorio Klimovsky su incondicional apoyo y confianza. A la Dra


Los Afectos en la salud y la enfermedad



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1.4. Los Afectos en la salud y la enfermedad.

1.4.1. Afectos y salud.

Vamos ahora a indagar y revisar conceptos teóricos básicos para nuestro trabajo:

1. Qué son los afectos y los sentimientos? Cómo se relacionan con la percepción, la palabra y los procesos mentales como la imaginación y la reflexión?

2. Cuál es su intervención saludable? De qué modo la falta de articulación y regulación de los afectos se relacionaría con el enfermar?

El concepto de afectos proviene del latín afficere así como el de emoción, emovere y literalmente expresan ‘afectar’ o ‘mover’ en tanto la cualidad propia de la experiencia emocional en la cual somos movidos, invadidos por distintas experiencias psíquicas que mantienen su correlato con el cuerpo.

Entre la lista de las emociones contamos el amor, el odio, la angustia, la alegría, el miedo, la vergüenza, la ternura, la culpa y otras. Aunque no existe un consenso absoluto sobre la definición de emoción, hay una acuerdo generalizado acerca de que la respuesta emocional humana implica tres sistemas o conjuntos de procesos interrelacionados: a) Procesos neurofisiológicos (sistema nervioso autónomo y activación neuroendocrina); b) Procesos expresivos conductuales y motores (por ejemplo expresión facial, llanto, cambios de la postura y tono de la voz, etcétera); y c) un sistema cognitivo-vivencial (reconocimiento subjetivo e información verbal del estado vivencial como sentimiento). La palabra sentimiento alude a la dimensión subjetiva cognitivo-vivencial de las emociones. Las emociones refieren al aspecto neurofisiológico y expresivo-conductual motor. Cuando decimos afectos abarcamos estados compuestos que incluyen las tres dimensiones, cognitivos y vivenciales, fisiológicos, expresivos y conductuales (Taylor, 1997).

El neurólogo A. Damasio (Damasio, 2003), para analizar la producción de sentimientos y el registro de ellos, se vale de ejemplos que propone al lector, tales como, evocar estar en un lugar muy agradable, por ejemplo una tranquila y bella playa. Así dice que "los sentimientos en el más puro y estrecho sentido del vocablo, son la idea del cuerpo de cierta manera", y continúa, "en esta definición usted puede sustituir “idea” por “pensamiento” o “percepción”" (2003: pág. 85), y avanza aún más, proponiendo: "mi hipótesis entonces, presentada como una definición provisional es que un sentimiento es la percepción de un cierto estado del cuerpo junto con la percepción de un cierto modo de pensamiento y pensamientos en relación con ciertos temas". Los sentimientos emergen cuando la cabal acumulación de los detalles mapeados en el cerebro alcanzan un cierto nivel. Señala que, desde otra perspectiva, la filósofa Susanne Langer capturó la naturaleza de ese momento de emergencia diciendo que, cuando la actividad de alguna parte del sistema nervioso alcanza un "punto crítico", el proceso "se siente". Los sentimientos son una consecuencia de cambios en el proceso de homeostasis, el siguiente escalón en la cadena. Y Damasio explica (2003: pág. 87):

“Como yo lo veo, el origen de las percepciones que constituyen la esencia de los sentimientos es claro: hay un objeto general, el cuerpo, y hay muchas partes de ese cuerpo que están continuamente mapeadas en un número de estructuras cerebrales. Los contenidos de esas percepciones también son claros: varios estados del cuerpo perfilados por los mapas que representan el cuerpo a lo largo de un rango de posibilidades. Por ejemplo, las micro y macro estructuras de los músculos tensos tienen un contenido diferente de las de los músculos relajados. Lo mismo se aplica al corazón cuando late rápido o lento, y para la función de otros sistemas, como el respiratorio y el digestivo, cuyas actividades pueden seguir tranquila y armoniosamente o con dificultad y coordinación pobre.”

El autor que estamos citando, para responder a la pregunta "Quiénes pueden tener sentimientos?" (Damasio, 2003: pág. 109), realiza una revisión sobre las capacidades y funcionamientos de los organismos inferiores, tales como las plantas; toma en cuenta también sus investigaciones con pacientes lesionados cerebralmente (1996), y nos ofrece una conclusión muy importante para nuestro trabajo: puede tener sentimientos "un organismo que no sólo tenga cuerpo sino que pueda representar su cuerpo en su mente".

Y en relación con los efectos saludables y adaptativos que la conexión con los propios sentimientos aporta al organismo humano, dice (2003: pág. 178):

“Cuando los sentimientos se vuelven conocidos por uno mismo (self), dentro del organismo que los posee, los sentimientos mejoran y amplían el proceso de darle curso a la propia vida. La maquinaria por detrás de los sentimientos capacita las correcciones biológicas necesarias para sobrevivir ofreciendo explícita y relevante información sobre el estado de los diferentes componentes del organismo en cada momento. Los sentimientos designan los mapas neuronales relacionados, con una estampilla que dice:“marcar eso!”.

Antonio Damasio, coincidentemente con G. Taylor (mencionado antes), precisa: "las emociones son las manifestaciones que el organismo da a ver, mientras que los sentimientos representan su correlato subjetivo íntimo" (Damasio, 2003: pág.100) y "Haciendo nosotros un retorno completo al reclamo de Spinoza de que el cuerpo y la mente son atributos paralelos de una misma sustancia. Los separamos bajo el microscopio de la biología porque queremos saber cómo esa sustancia trabaja, y cómo se generan dentro de ella las formas del cuerpo y la mente. Después de investigar la emoción y los sentimientos con relativo aislamiento, podemos en un momento de quietud reunirlos nuevamente como afectos" (Damasio, 2003: pág. 133).

Se podría sintetizar diciendo que los sentimientos son necesarios, porque ellos son el nivel mental de expresión de las emociones, y lo que se halla debajo de ellos. Así, sostiene: "Solamente en ese nivel mental de los procesos biológicos y a la clara luz de la conciencia, hay suficiente integración del ahora, el pasado y del futuro anticipado. Sólo en este nivel es posible a las emociones crear, mediante los sentimientos, la reflexión sobre uno mismo como sujeto" y afirma: "La solución efectiva de problemas no comunes requiere de flexibilidad y de alto poder informativo, la alianza de todo lo que los procesos mentales pueden ofrecer, y las reflexiones que los sentimientos pueden ofrecer" (Damasio, 2003: pág. 178).

Los afectos, cognitivamente, se extienden en funciones tales como atención, memoria, imaginación, representación y comunicación. Los afectos nos permiten evaluar, validar y apreciar los objetos de los cuales dependemos, y a su vez permitirles a ellos, una vez internalizados en nosotros, crecer con nosotros (Grotstein, 1997).



1.4.2. Afectos y enfermedad

Desde la antigüedad se expuso la idea de que los afectos, en particular cuando se hallan en niveles excesivos y masivos, o no modulados, pueden influir negativamente sobre la salud mental y corporal.

A Hipócrates (siglo IV a. de C.), padre de la medicina, se le atribuye la descripción de los temperamentos humanos como el resultado de cuatro orientaciones emocionales básicas (sanguínea, colérica, flemática y melancólica), resultantes de la preponderancia de ciertos fluidos corporales (sangre, flema y varios tipos de bilis), y atribuyó al exceso de bilis negra la causa principal de la enfermedad mental.

En la era grecorromana, por ejemplo, Ascelepíades atribuyó el trastorno mental a la perturbación emocional. Galeno clasificó a las pasiones como la sexta causa no natural de enfermedad. Platón relacionó la "locura erótica" con el amor humano. Cicerón describió las cuatro principales "perturbaciones" o "pasiones" (tristeza, miedo, alegría y libido), todas ellas capaces de ser moderadas por la razón, pero que podrían, si se volvieran excesivas, provocar la enfermedad del alma. Refiriéndose al tratamiento de los trastornos mentales, Aristóteles aconsejó el uso de la catarsis, incluyendo música, vino y afrodisíacos para aliviar las emociones o pasiones conflictivas (Mora, 1967).

En la Edad Media, conceptos más primitivos aún, como la influencia del diablo o de brujas, se invocaron como causa de comportamientos humanos perturbados. En el siglo XVI el interés por las emociones se enfatizó nuevamente cuando Johann Weyer rechazó la creencia en la brujería, y especialmente con el abordaje de Paracelso, quien otorgó a las pasiones un rol patogénico, tanto en las enfermedades físicas como mentales.

A principios del siglo XVII, Wright en 1601, citado por Taylor (1997), afirmó que las pasiones engendran humores que pueden alterar la estructura del cuerpo y su funcionamiento, y que, a la vez, los humores incitan pasiones. Identificó como sede de las pasiones al corazón, el cual sería saludablemente estimulado por la alegría moderada, pero si la alegría se volviera excesiva podría dilatar el corazón y producir incluso una muerte súbita. Las pasiones negativas, como la tristeza, el miedo y la desesperación, fueron consideradas por Wright aún más peligrosas para el cuerpo, pues podían constreñir el corazón.

Rather (1965: 156) menciona que Robert Burton en 1621 enfatizó los factores emocionales como causas de la enfermedad mental e identificó al cerebro como la parte afectada del cuerpo.

Luego, Rather indica que numerosos científicos se ocuparon del tema, como T. Willis, T. Sydenham, W. Harvey, W. Falconer y en especial T. Gaub, quien en 1763 describió los efectos dañinos sobre el cuerpo de las emociones perturbadoras como la rabia excesiva, el duelo, el miedo y el terror no expresados, además del amor no retribuido y la alegría excesiva. También discutió los efectos benéficos de la esperanza, la alegría, el amor y la tranquilidad; y destacó también el valor terapéutico de expresar emociones reprimidas y de la modulación de las emociones mediante el correcto razonamiento.

Notemos que T. Gaub en 1763 anticipó así, la noción moderna de que la regulación de las emociones a través de ciertos recursos cognitivos, tiene una influencia reguladora en el funcionamiento del cuerpo.

Recientemente, se ha demostrado mediante la tomografía por emisión de positrones (PET), cómo las trasmisiones nerviosas registran y descargan emociones en el cerebro3. En sentido opuesto, se ha demostrado empíricamente cómo mediante la mente es factible regular el funcionamiento del cuerpo, por ejemplo elevar o descender la temperatura corporal4.



1.4.3 La Regulación de los Afectos.

Vamos a detenernos en el concepto de regulación que, veremos, puede atravesar con familiaridad los desarrollos de la psiconeuroinmuendocrinología; en la concepción de la Escuela Psicosomática de París y también en los obstáculos para el funcionamiento sano del organismo determinados por la presencia de alexitimia (Taylor, 1997).

Regulación alude a una noción económica y dinámica: económica porque implica cambios energéticos, y dinámica porque comprende desplazamientos, distribuciones y juegos de fuerzas. En la revisión histórica que realizamos en los párrafos previos (2.1.), las relaciones entre las emociones y la salud de la mente y el cuerpo se expresaban mayormente en términos de equilibrio entre emociones negativas y positivas, así como en cuán efectivamente estaban reguladas, por ejemplo, la capacidad de modificar y aminorar una carga emocional excesiva, en el caso de poder reconocerla a través de los sentimientos.

En biología existe el principio de autorregulación, que puede aplicarse también a las emociones, y que es un principio básico para todos los organismos vivientes. El principio de autorregulación proviene de los trabajos de Claude Bernard y Walter Cannon sobre los mecanismos homeostáticos que regulan y mantienen la constancia de las condiciones en el medio interior de un organismo. Este principio se extiende más allá de los sistemas fisiológicos para abarcar también sistemas conductuales, ambientales y ecológicos, como lo reconoce la teoría general de los sistemas. De modo muy amplio así se sostiene el reconocimiento, más que de causas lineales o aún el de interacción dualística, de una vasta red de componentes en mutua relación (Márquez López Mato, 2004: 14).

En este campo son concluyentes las afirmaciones de Antonio Damasio, de las cuales reproducimos párrafos cruciales que nos advierten de los progresos neurobiológicos respecto de la interacción cerebro, cuerpo, ambiente y de su regulación. Dice A. Damasio:

“Más sobre regulación básica: las pautas neurales innatas que parecen más críticas para la supervivencia se mantienen en circuitos del tallo cerebral y del hipotálamo. Este último es un actor clave en la regulación de las glándulas endocrinas entre ellas la hipófisis, la tiroides, las adrenales y los órganos reproductores, todos los cuales producen hormonas y en la función del sistema inmune. La regulación endocrina que depende de sustancias químicas liberadas al torrente sanguíneo y no de impulsos neurales, es indispensable para mantener la función metabólica y administrar la defensa de los tejidos biológicos contra los microdepredadores tales como virus, bacterias y parásitos.

La regulación biológica relacionada con el tallo cerebral y con el hipotálamo está complementada por controles en el sistema límbico. No es aquí el lugar indicado para analizar la intrincada anatomía y la detallada función de este considerable sector del cerebro, pero debe señalarse que el sistema límbico participa también en la promulgación de impulsos e instintos y tiene un papel especialmente importante en las emociones y los sentimientos. Sin embargo, sospecho que, a diferencia del bulbo raquídeo y del hipotálamo, cuya circuitería es en mayor parte innata y estable, el sistema límbico contiene a la vez una circuitería innata y circuitería modificable por la experiencia del organismo siempre en evolución.”

Y más adelante:

“En consecuencia, como cabría esperar, existe una interacción cerebro-cuerpo bien documentada, y quizá podamos espigar relaciones mente-cuerpo menos visibles. Considere el lector el siguiente ejemplo: el estrés mental crónico, un estado relacionado con el procesamiento en numerosos sistemas cerebrales a nivel de la necorteza, del sistema límbico y del hipotálamo, parece conducir a la sobreproducción de una sustancia química, un péptido relacionado genéticamente con la calcitonina, o PRGC, en terminales nerviosas de la piel. Como resultado, el PRGC recubre en exceso la superficie de las células de Langerhans, unas células relacionadas con el sistema inmune cuya función es capturar agentes infecciosos y entregarlos a los linfocitos, de manera que el sistema inmune pueda contrarrestar su presencia. Si están completamente recubiertas de PRGC, las células de Langerhans quedan incapacitadas y ya no pueden realizar su función de guardianes. El resultado final es que el cuerpo es más vulnerable a la infección, ahora que una vía de entrada principal está peor definida. Y existen otros ejemplos de interacción mente cuerpo: la tristeza y la ansiedad pueden alterar de forma notable la regulación de las hormonas sexuales, lo que no sólo produce cambios en el impulso sexual, sino también variaciones en el ciclo menstrual. La congoja, que es otro estado que depende del procesamiento a nivel cerebral, conduce a una depresión del sistema inmune de manera que los individuos son más propensos a la infección y, ya sea como resultado directo o no, tienen más probabilidades de desarrollar distintos tipos de cáncer. Se puede morir de un corazón roto.”

Seguimos compartiendo los desarrollos de Damasio, que esclarecen las interacciones cuerpo, mente, afectos y precisan el funcionamiento de regulación:

La influencia contraria, la de sustancias químicas procedentes de cuerpo sobre el cerebro, también ha sido observada, desde luego. No es ninguna sorpresa que el tabaco, el alcohol y las drogas (las médicas y las que no lo son) penetran en el cerebro y modifican su función, con lo que alteran la mente. Algunas de las acciones de las sustancias químicas del cuerpo caen directamente sobre las neuronas o sus sistemas de soporte; algunas son indirectas, a través de neuronas mediadoras neurotransmisoras localizadas en el tallo cerebral y en el prosencéfalo basal, que ya se han comentado anteriormente. Al disparar, estos pequeños conjuntos de neuronas pueden transmitir una dosis de dopamina, norepinefrina, serotonina o acetilcolina a regiones extendidas del cerebro, incluidas las cortezas cerebrales y los ganglios basales. Puede imaginarse la disposición como un conjunto de dispositivos de riego por aspersión bien diseñados, cada uno de los cuales suministra su sustancia química a determinados sistemas y, dentro de dichos sistemas, a circuitos determinados con tipos y cantidades concretas de receptores. Los cambios en la cantidad y distribución de sustancia difundida por uno de estos transmisores, o incluso cambios en el equilibrio relativo de los transmisores a un lugar determinado, pueden influir de manera rápida y profunda sobre la actividad cortical y dar origen a estados de depresión o de exaltación, incluso de manía (véase el capítulo 7). Los procesos del pensamiento pueden hacerse más lentos o más rápidos; la profusión de imágenes rememoradas puede reducirse o aumentar; la creación de combinaciones nuevas de imágenes puede acrecentarse o suprimirse. La capacidad de concentrarse en un determinado contenido de la mente fluctúa de acuerdo con esto.”

En suma, luego de este recorrido vemos que los afectos, emociones y sentimientos son intrincables y de igual status, compañeros de la vida mental cognitiva y son funcionalmente indivisibles, holísticos respecto de cómo interactúan. Los distintos traumas vitales desinvestidos, en ausencia de afectos, fantasmas, o actividad proyectiva para ser representados y transitados, derivan en un aumento y acumulación de tensión. Siguiendo a P. Marty, la desorganización de las defensas que dependen de la organización psíquica influye sobre las defensas biológicas.

Los afectos e impulsos son los adjetivos calificativos de las experiencias, los que le dan su significado emocional. Consecuentemente, los afectos –necesariamente epifenómenos de base biológica– incluyen una dimensión cognitiva, experiencial y conductual, que a su vez es capaz de modificar los funcionamientos fisiológicos (Intebi y Zukerfeld, 2000; Lutgendorf y Constanzo, 2003; Sang-Ahm y Young-Joo, 2005; Rosmond, 2005). Consiste entonces en un proceso recursivo, entendiendo como tal a aquel en el cual el producto ejerce un efecto productor sobre el sistema que lo produce.

Vamos a detenernos ahora en un autor psicoanalítico, cuya interesante contribución ofrece una comprensión de las organizaciones mentales deficitarias y un modelo holístico para el entendimiento de la vida afectiva. Se trata de J. Grotstein, (Grotstein, 1986, 1990) quien en su prefacio al libro Desórdenes en la regulación de los afectos (Taylor, Bagby y Parker, 1997), plantea que actualmente las emociones, los afectos y los sentimientos son compañeros constantes de la vida mental cognitiva y podemos evaluar como interactúan unos con otros desde el punto de vista de su status separado pero igual. Pero debemos también, enfatiza Grotstein, considerar que ellos están tan intrínsecamente relacionados que son funcionalmente indivisibles, "holísticos". Si quisiéramos separarlos por un momento y comparar el pensamiento abstracto con el sentimiento puro, una característica interesante rápidamente se hará visible, explica:

“Los pensamientos ocupan la tercera o cuarta dimensión de espacio y tiempo, en términos de extensión, profundidad, duración y sucesión linear. Pertenecen, como nos ha advertido Bion (1962, 1963), al campo sensual de la percepción. Los proto-afectos, por otro lado, no son sensuales y pueden ser sin tiempo, caóticos, sin dimensionalidad, sin límites, infinitos y eternos: por ejemplo, no tienen ni pasado ni futuro, ni tienen espacio. Mientras que la ansiedad puede adaptativamente prepararnos anticipando peligros en el futuro, en contraste, el pánico es dramático, en su terrorífica inmediatez, sin dirección y vivido como infinito. Por su parte, lo que Freud nos recordaba desde la perspectiva de la hegemonía de los impulsos instintivos, acerca de que el trauma psíquico representaba la irrupción de los impulsos en el yo, nosotros hoy sabemos que el contenido inconciente temido no son tanto los impulsos, sino el caos, el infinito, las pre-concepciones no modificadas inherentes a la mente, lo que Bion denomina "elementos beta", los datos no mentalizados de la experiencia humana, y todos ellos están debajo de la sombrilla proto-afectiva, esto es lo que constituye el agente potencialmente amenazante”.

En estos desarrollos sobre el tema de lo infinito y carente de todo límite, el autor que venimos siguiendo se refiere a un número de recientes y diferentes contribuciones, sin embargo, convergentes como las de Bion, quien habla de "las transformaciones de los elementos beta en elementos O", de Lacan con su "Registro de lo Real", de Kauffman y Prigogine, con sus "teoría del caos y la complejidad", los antecedentes de "la cosa en sí misma" de Kant, o el "caldero hirviente" de Freud. Todos estos autores aluden al territorio de la verdad última, de la realidad absoluta, de lo inefable, aquel que la imaginación y la simbolización de la mente humana jamás podrá alcanzar. Y en una dimensión menos universal, también caben aquí los traumas tempranos escindidos e impensables para el psiquismo.

Y acercándonos a lo que más adelante explicitaremos, la función de la alexitimia, Grotstein plantea que "Tanto los analistas como los terapeutas saben desde larga data que sus pacientes generalmente tienen miedo de sus sentimientos, tanto de experimentarlos como de saber sobre ellos. El constructo alexitimia ofrece una comprensión parcial sobre este miedo. Si los sentimientos no pueden ser procesados, entonces los sentimientos, en lugar de significar los estados internos, automáticamente se vuelven el horror que normalmente sólo designarían. Por lo tanto volverse conciente de los propios sentimientos, implica el riesgo del desencadenamiento de avalanchas de brutales proto-afectos". Así postula Grotstein, "Como consecuencia, los sujetos no preparados para lidiar con los afectos (los alexitímicos) deben instigar una coartación de la cascada de afectos, que de otro modo podría inundarlos, como vemos en algunos de los síntomas asociados con la alexitimia, tales como anhedonia, pobreza de la fantasía, de la imaginación y de la vida onírica"5.

Por ello, la teoría del afecto, con otras palabras, consiste en el estudio de cómo nosotros somos personalmente afectados por los acontecimientos, y al mismo tiempo nuestra capacidad para establecer la importancia y el significado de esos sentimientos para nuestra propia vida, en términos de evaluación cognitiva, comprensión, planificación, adaptación, etcétera.

Como corolario de su pensamiento Grotstein explicita un nuevo modelo holístico, como un intento para comprender la complejidad de la nueva concepción sobre la regulación afectiva, en la cual "afecto<->cognición<->percepción<->sensación<->conducta pueden ser expresados tanto con las flechas reversibles y simultáneamente sin ellas, como si fueran holísticamente un solo conjunto" (Grotstein, 1997: XVI).

Notemos que así como los afectos son objeto de acciones regulatorias, también juegan un importante rol en la organización del funcionamiento mental y conductual. Como expresa G. Taylor (Taylor y otros, 1997: 4, y citado por Rather, 1965): "Los afectos, aunque están sin embargo enraizados en la biología, son generalmente vistos como estados compuestos que incluyen tanto componentes cognitivos y vivenciales o experienciales como fisiológicos, conductuales y expresivos (Dodge y Garber, 1991). Por lo tanto, los procesos cognitivos tales como atención, juicio, representación mental, imaginación, mecanismos de defensa, sueños y comunicación verbal se hallan también implicados en el procesamiento y regulación de los afectos (Izard y Kobak, 1991; Rachman, 1980; Salovey, Hsee y Mayer, 1993). Y mientras los afectos están sujetos a acciones regulatorias se ha vuelto crecientemente evidente que los propios afectos juegan un importante rol en la organización del funcionamiento mental y la conducta (Ciompi, 1991; Emde, 1988; Fridja, 1986).

Por su parte, coincidentemente, G. Taylor, preguntándose sobre las relaciones de las emociones y la mente (psyche), plantea que se trata de componentes dentro de los ordenamientos jerárquicos de subsistemas regulándose recíprocamente. Cita a Ciompi (Ciompi, 1991) quien conceptualiza a la psyche como "una estructura jerárquica compleja de sistemas de referencia cognitivos y afectivos, que son generados por acciones concretas repetitivas. Esos sistemas tienen sus correspondientes sistemas neurológicos operativos, que almacenan en su estructura las experiencias pasadas y regulan pensamientos, sentimientos y conducta. Es decir, los afectos y sus equivalentes neurobiológicos con funciones movilizadoras, integradoras y organizativas, las cuales están siempre acompañadas por cogniciones. Aún más, a través de las conexiones descendentes de los sistemas hipotálamico y límbico, los afectos siempre involucran todo el cuerpo, como se evidencia en los cambios fisiológicos tales como alteraciones en el ritmo cardíaco, la presión de la sangre y el tono muscular" (Taylor, 1997: 228).

Vemos entonces a través de la revisión que acabamos de considerar, afirmaciones y fundamentos de muy importantes consecuencias para nuestro trabajo:

1. Describen la forma en que las emociones interactúan y afectan el cerebro y la vida.

2. Postulan la consecuencia destructiva de cargas de excitaciones excesivas acumuladas (estrés) no reguladas.

3. Enfatizan que las emociones se conciben en el modelo de regulación, no como un fenómeno psicológico que causa cambios en el cuerpo, sino como parte de la respuesta biológica de un organismo como un todo a los acontecimientos ambientales, tales como los percibe.

4. Cognición y afecto operan en la interfaz del cuerpo y la mente, favoreciendo los procesos de autoorganización y autopreservación.





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