Derecho, sociedad y conducta



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Aproximación al Estudio del Derecho


Álvarez, M. (1995). Introducción al derecho. Cap. 1. pp. 1-64. Editorial McGraw-Hill. México.



  1. Ubicación, función, valor y caracteres del Derecho




    1. DERECHO, SOCIEDAD Y CONDUCTA

      1. La presencia cotidiana del Derecho

  1. Quizá la forma más característica de comunicación humana es el lenguaje, con éste manifestamos nuestro modo de pensar, nuestras emociones y, en general, nuestra visión del mundo. Precisamente en nuestro lenguaje coloquial utilizamos con frecuencia la palabra 'derecho'. Así, se han vuelto comunes expresiones del siguiente cuño: "Tengo derecho a..."; "No hay derecho...": "Es conforme a derecho..."; "Por derecho propio..."




  1. Esta circunstancia revela que el Derecho es una realidad que se encuentra presente en nuestra vida y por ello nuestro lenguaje la alude, tengamos o no conciencia de ella. Es obvio que el Derecho y con éste los fenómenos jurídicos (del latín iuridicus, lo que atañe o se ajuste al Derecho) afecten directamente nuestra existencia. La pregunta ahora es: ¿cómo la afectan?



  1. En una primera aproximación, notamos que el Derecho se presenta como
    una realidad a la que el lenguaje alude, y en la que de forma constante consideramos un hecho la presencia e interacción con los demás, porque cuando nos referimos al Derecho siempre, o casi siempre, queremos reafirmar una situación o estado específico de nuestra persona dentro del grupo social al que pertenecemos. De ahí que cuando decimos 'tener derecho a algo', estamos considerando que podemos actuar de una forma determinada o disponer como mejor nos parezca de determinados objetos o bienes; de igual manera, cuando señalamos que 'algo es conforme a derecho', estamos haciendo referencia a acciones que se justifican o legitiman en función de parámetros que nos indican que esa acción es posible o correcta.




  1. Sin embargo, conviene percatarse de que todas estas situaciones tienen
    un carácter relacional. Afirmar, como lo hacemos a diario en nuestra vida y en
    nuestra comunicación con los demás, que se tiene derecho a algo o que alguien
    puede actuar de tal o cual modo, no es más que justificar y legitimar nuestras
    acciones o comportamientos en relación con los otros.
    Es decir, que el Derecho se refiere siempre, en forma directa o indirecta, a acciones u omisiones humanas que implican una necesaria relación con los que nos rodean.


5. En tal entendido, la sola expresión 'derecho' nos indica varias cosas: que hay una realidad a la cual se alude y que esa realidad se manifiesta en nuestra vida social, es decir, en nuestra relación o comportamiento con los demás, reafirmándose así la presencia cotidiana e ineludible del Derecho.

6. Carlos Santiago Nino denomina a esta constante manifestación de lo jurídico en nuestras vidas, como la omnipresencia del Derecho, omnipresencia que se manifiesta en los actos más simples y que va creciendo en importancia a medida que estos pueden afectar o involucramos de una forma determinada con los demás. Por ejemplo, el solo hecho de salir lodos los días de nuestras casas y dirigirnos hacia el trabajo; el hacer uso del transporte público de uno propio y recibir un salario por el trabajo que hacemos, son todas acciones afectadas por el Derecho.
7. Esta situación la percibimos, sobre todo, cuando la legitimidad de nues­tras acciones se pone en duda o su realización en peligro, entonces nos referimos a ellas utilizando la expresión 'derecho'. En esos casos las aludimos del modo siguiente: tengo derecho a trabajar y a transitar libremente por las calles; como ciudadano me asiste el derecho de hacer uso del transporte público; como propietario de mi automóvil puedo, por derecho propio, utilizarlo en mi traslado, y los demás no podrán disponer de éste, no tienen derecho a usarlo sin mi consentimiento; es conforme a derecho recibir un pago o percibir un salario por el trabajo realizado.
8. Conviene subrayar que hacemos referencia a nuestro derecho o al Dere­cho en general cuando nos vemos en la necesidad de defender, proteger o exigir algún bien (cosa o hecho) de las acciones o cuestionamientos de otros miembros del grupo social o del poder socialmente organizado (cosas o acontecimientos en apariencia nimios o comunes, como poseer y vivir en nuestra casa o circular por las calles). Es evidente que en la medida en que ese bien pueda afectar o verse afectado por los demás nos acercaremos cada vez mas al Dere­cho, incluyendo el solo empleo del lenguaje. Considérese, verbigracia, accio­nes de tanta trascendencia social para las personas, como contraer matrimonio, comprar una propiedad, tener hijos, adoptarlos o morir. En estas hay una presencia mas acentuada de lo jurídico, aunque ignoremos el porque.
1.1.2 La función del Derecho

9. Sabemos ya que la sola presencia de la palabra 'derecho' en el lenguaje coloquial nos indica que existe un hecho o fenómeno al cual aludimos, estemos conscientes o no de su existencia, que este es de naturaleza social y que su presencia se acrecienta en la medida que sea mayor la trascendencia de nuestros actos, al vincularnos de uno u otro modo con los demás miembros del grupo social. Sin embargo, estas afirmaciones de hechos o realidades no responden por sí solas a nuevos cuestionamientos que surgen junto con aquellas. Entre tales cuestionamientos es menester plantear, al menos, dos fundamentales: ¿Por qué y para qué vivimos en sociedad? ¿Qué vinculación existe entre nuestra vida en sociedad y el Derecho?

  1. "Que el hombre no puede vivir más que asociado a sus semejantes no
    es, desde luego, señala Giuseppe Lumia, una constatación reciente, como tampoco lo es la conciencia de la variedad y complejidad de tos problemas suscitados por su naturaleza social". Efectivamente, nuestra vida se da y se desenvuelve en sociedad, en asociaci6n, querida o no, con nuestros semejantes.




  1. El hombre, cabría afirmar, está "condenado" a vivir en sociedad, esa es su dimensión existencial, dado que, como explica Recaséns Siches, el ser humano requiere de una interpretación inicial del mundo en que se halla y es incapaz de satisfacer por si mismo todas sus necesidades. Ambas circunstancias nos constriñen, más allá de nuestra conciencia y voluntad, a desenvolvernos en el mundo colectivo dentro del cual nacemos o nos desarrollamos.




  1. En el mismo sentido se expresa Trinidad García, cuando afirma: "Normalmente, la vida del hombre se desarrolla en sociedad, porque así lo imponen las leyes de la naturaleza a que está sujeta nuestra especie. La vida humana es vida de relación; las actividades de los hombres se desenvuelven las unas al lado de las otras, bien tendiendo a alcanzar propósitos independientes entre si, o un común objeto, bien persiguiendo por medios encontrados fines opuestos y dando nacimiento a inevitables conflictos".




  1. La explicación del porqué y para qué de la vida en sociedad tiene, evidentemente, un carácter antropológico: el hombre para ser y desarrollarse como tal requiere de la sociedad, De hecho, su concepción del mundo y su mera supervivencia están dados siempre e inicialmente por aquélla. El hombre, en este sentido, es un ser social por necesidad.




  1. En consecuencia, la vida del hombre en sociedad se rige por circunstancias que tienen que ver con necesidades derivadas de la misma condición huma­na. De ahí, que en párrafos anteriores, al referirnos a la vida en comunidad como una especie de "condena ", no lo hicimos utilizando el carácter peyorativo de la expresión, sino en su sentido de irrenunciabilidad, de necesaria realización. Esto ha dado pie para elaborar una explicación más específica de esta necesaria realización y de la función original, genética o primigenia que el Derecho viene a desempeñar en la sociedad. Con ello se intenta dar respuesta a la segunda de las preguntas con las que inicia este inciso, es decir, saber a qué obedece el nacimiento del Derecho y cual es la función original que cumple en toda sociedad.

1.1.2.1 La función original del Derecho



15. En primera instancia, el hombre requiere de la sociedad por la mera nece­sidad de supervivencia. A esta inicial e insoslayable dependencia se han referido múltiples autores. Tal circunstancia constriñe al hombre a una vida comunitaria que no solo se limita a la existencia biológica, pues desde los primeros contactos de éste con su entorno recibe una serie de influencias culturales dadas por el lenguaje y la convivencia que establece con los demás desde el mismo seno materno; esto, evidentemente, dota al ser humane de elementos para interpretar el mundo en que se encuentra. La necesidad de superviven­cia es un aspecto que la sola existencia del hombre impone y su condición no permite satisfaga por sí mismo, produciendo una obvia dependencia respecto de los otros. La constatación de este hecho explica, en primera instancia, la presencia de la dimensión social del hombre como una necesidad impuesta en función de su existencia biológica, condición sine qua non para realizar (hacer) su vida.

16. Las causas biológicas vinculadas con la necesidad de supervivencia, por las que el hombre se desarrolla en sociedad no bastan para explicar su dimensión social. Otra razón propia de la condici6n humana determina con enorme fuerza tal dimensión, y es que la vida del hombre no se presenta como algo predeterminado, sino que esta se va dando gracias al hacer humano. La vida —opina Recaséns Siches— "...es un hacerse a si misma, porque la vida no nos es dada hecha; es tarea; tenemos que hacérnosla en cada instante cada uno de los seres humanos".


  1. Efectivamente, la vida es un hacer permanente, hacer que implica, a su vez, una permanente toma de decisiones, inclusive la decisión de no hacer,
    Es este constante decidir hacer o no hacer lo que permite identificar el libre
    albedrío humano, capacidad de optar, que está dada singularmente a la raza
    humana.




  1. Este hacer, o mejor aún, este decidir u optar que es característico de la
    vida humana, se convierte en una
    necesidad que no se agota en el hacer para
    sobrevivir. Porque el tercer elemento que nos impulsa a lo social es otra característica singularmente humana: la capacidad de proponernos fines propios e individuales, esto es, un hacer distinto del que está motivado por la supervivencia, un hacer que nos diferencia, como casi ninguna otra cualidad, del resto de los animales que habitan el mundo, es un hacer no impulsado par el instinto de vivir, sino por el vivir para algo. En consecuencia, si bien el hacer inmediato tiene que ver con nuestra sola supervivencia como condición de la que dependen el resto de las actividades humanas, todo otro hacer es de forma obligada la realización de fines, mayores o menores, que son creación humana: cultura. El hombre y solo él es hacedor de cultura.




  1. Las necesidades de sobrevivir, decidir (libre albedrío) y proponerse
    fines propios
    (autonomía) se convierten en intereses que la sociedad ayuda a
    realizar y que nosotros hemos caracterizado como
    intereses primigenios. Es
    decir, situaciones que con independencia de cualquier otra condición hacen
    del hombre un ser social y que se producen, reproducen y presentan en toda
    sociedad, sea esta primitiva o compleja.




  1. Estas necesidades se han caracterizado como intereses en la medida en
    que son
    situaciones objetivizadas par el hombre, es decir, han sido concebidas
    como provechosas y, mejor aún, como convenientes. Giorgio del Vecchio en este sentido ha afirmado: "Ante todo, la evolución jurídica representa el paso de la elaboración espontánea, instintiva e inconsciente (o semiinconsciente), a la elaboración deliberada, reflexiva y consciente. El derecho nace de manera espontánea casi como un producto orgánico, sin ser precedido por una deli­beración consciente."




  1. Resumiendo lo dicho hasta aquí podemos establecer que: el hombre posee necesidades primigenias que lo hacen un ser social, éstas tienen que ver con su supervivencia, el permanente decidir para hacer su vida y la realización de fines propios, que tales necesidades al objetivizarse se convierten en intereses primigenios, esto es, en situaciones convenientes para el hombre y que la convivencia social ayuda a hacer posibles. Empero, es el propio hombre en lo individual y social el que, paradójicamente, puede poner en peligro esos intereses. Para evitarlo las sociedades instituyen reglas de comportamiento que faciliten una convivencia social que asegure sus intereses primigenios.




  1. La sociedad regulara entonces. de modo especial, aquellas conductas sociales que pudieran afectar o interferir la realización de tales intereses. Así, en una primera aproximación, la función original del Derecho nos permite concebirlo como un instrumento que regula la conducta o el comportamien­to social de los hombres para facilitar una convivencia que asegure sus inte­reses primigenios.




  1. El Derecho no es la única forma de regular conductas sociales, mas es la que aquí nos interesa, y por sí misma nos irá mostrando las peculiaridades que lo distinguen de otras regulaciones de conducta que rigen y protegen, a la vez, otra clase de intereses. Nos referimos a sistemas de conducta que se realizan de un modo distinto al Derecho, por no ser su objetivo principal garantizar los intereses primigenios del hombre en sociedad.




  1. Estamos haciendo alusión a ordenamientos que, vía preceptos religiosos o de moral individual o social, que si bien es cierto, son también reglas de conducta y en eso se asimilan al Derecho, en virtud de la función que desempeñan, poseen un modo de realización distinto al de las reglas jurídicas. No obstante ello, es posible, como de hecho sucede, que estas reglas de conduc­ta coincidan y convivan en la realidad social. No debe dejar de mencionarse que en sus primeras manifestaciones era difícil distinguir al Derecho de las reglas de conducta religiosa, y tocaba a los ministros de culto la aplicación de ambas.


25. La función original del Derecho explica la aparición de éste en cualquier sociedad, primitiva o compleja, asegurando los intereses primigenios que el hombre posee, intereses que surgen en virtud de las necesidades producidas por la propia condición humana. Estas son tres: la supervivencia, el libre albedrío y la capacidad que tiene el hombre de proponerse fines, mismas que se suscitan en la vida social. Cabe recordar que el Derecho es sólo uno de los varios modos de regular la conducta social, pues existen otras reglas de conducta, como las religiosas o los convencionalismos sociales que también rigen el comportamiento humano, pero cabe diferenciarlas de las jurídicas porque no persiguen como fin principal el aseguramiento de los intereses primigenios a los que antes hemos hecho alusión. Aunque, convendría continuar preguntándonos: ¿Cuál el modo característico de las reglas que constituyen el Derecho?
1.1.3 El lenguaje del Derecho

26. Sabemos ya que el Derecho se ubica en el mundo de la vida social y cumple la función original de regular conductas que pudieran comprometer las intereses primigenios del hombre, es decir, las necesidades que su condición biológica (supervivencia) y psicológica (libre albedrío y autonomía) imponen. Estos intereses para concretarse han menester de lo social, de la presencia, colaboración y participación de los otros. No debemos olvidar que entre mayor es nuestra relación con los demás la presencia de! Derecho se acrecienta.


  1. El Derecho se ocupa de facilitar la necesaria vinculación o colaboración social y, por supuesto, el garantizar que no se interfiera con la realización de tales intereses primigenios, Esta garantía implica una regulación, el establecimiento de un determinado orden que formalice con precisión las facultades y los límites de quienes conviven en sociedad. ¿De qué medio se vale el Derecho para facilitar la vinculación o colaboración social necesaria, y garantizar la no interferencia entre los fines e intereses individuales y/o colectivos? Pues bien, el Derecho utiliza un lenguaje, es decir, posee un modo de expresarse, al igual que sucede con las otras formas de regular conductas (la religión, la moral, los convencionalismos sociales, etc.). Este lenguaje común es el de las normas, es lenguaje normativo.




  1. La palabra norma, en una primera acepción, significa: "escuadra para
    arreglar y ajustar maderos, piedra u otras cosas". Por extensión, una norma es
    "la regla, la pauta que se debe seguir o a que se deben ajustar las conductas, tareas o actividades"'. Así, el Derecho al normar fija, establece, ajusta la conducta social que puede afectar los intereses humanos primigenios. En suma: el Derecho a través de las normas jurídicas esta indicando, prescribiendo, que pautas o conductas sociales deben seguirse. El Derecho no describe cuales son las conductas que son o se dan de hecho en la realidad. Las normas jurídicas, señala Carlos S. Nino, son un caso del uso prescriptivo del lenguaje.




  1. García Máynez apunta que la palabra norma suele utilizarse en dos
    sentidos, uno amplio (lato sensu) y otro restringido (stricto sensu). El uso de
    la palabra norma en sentido amplio recibe el nombre de regla práctica y consiste en la prescripción de determinados medios a efecto de realizar ciertos fines. Así, cuando se dice, según García Máynez "...que para ir de un punto a otro por el camino mas corto es necesario seguir la línea recta, formularé una regla técnica". Contrariamente, cuando en sentido restringido utilizamos la palabra norma, nos referimos a las reglas de comportamiento cuyo cumplimiento tiene un carácter obligatorio —y no potestativo como las reglas técnicas—, esto es, imponen deberes o conceden facultades. "Si afirmo —continua el autor citado—: 'debes honrar a tus padres', expresaré una norma."




  1. Las reglas prácticas se expresan formalmente como juicios enunciativos,
    porque, según indica su nombre, describen lo que es, denotan el carácter contingente o necesario de los fenómenos sucedidos en la realidad; en cambio, las normas en sentido estricto son juicios normativos, es decir, son reglas de conducta que imponen un modo determinado de comportamiento, o sea, se ocupan del deber ser, del deber ser de alguien. Aquí nos topamos con otro dato que nos subraya el carácter relacional y, por tanto, social del Derecho: la norma tiene sentido en la medida que prescribe una conducta debida por alguien.




  1. En consecuencia, el modo característico de las reglas de Derecho es el
    normativo, o sea, ordenar, determinar, prescribir las conductas sociales que
    los hombres deben adoptar en función de preservar o proteger ciertos intereses. De tal suerte, el lenguaje del Derecho al ordenar impone conductas, no sugiere, determina lo que debe o no hacerse. Sin embargo, toda regla de conducta hace uso de las normas, del lenguaje normativo. Las normas morales, al igual que las jurídicas, ordenan, prescriben, determinan un comportamiento debido. ¿En que, por tanto, se distinguen unas de otras?




  1. Tenemos la certeza de que las normas de Derecho prescriben las acciones que deben hacerse o no hacerse en función de facilitar la convivencia social y, con ella, asegurar los intereses primigenios que propicia la cooperación entre los hombres. En cambio, otras normas de conducta, las morales, por ejemplo, garantizan fines individuales que pueden o no generalizarse y cuando se adoptan en la forma prescrita por el propio sistema de Derecho (vía el proceso legislativo), se convierten en jurídicas. Por eso, ciertas normas religiosas o morales coinciden en contenido con las normas de Derecho. Pero ¿de que mudo singu­lar —si lo hay— los intereses que cuida el Derecho se garantizan y en que se diferencia esa garantía de la que es propia de las normas no jurídicas?



  1. La norma jurídica garantiza la efectividad de sus prescripciones a través de la amenaza del posible uso de la fuerza. La fuerza organizada y legitimada de la sociedad se denomina poder político, esto es, la institucionalización de la fuerza y potencia que, aplicada al cumplimiento de las normas jurídicas, recibe el nombre de coacción. El Derecho así garantiza por vía de la coacción
    el cumplimiento de sus normas.
    Por lo tanto, la característica mas acusada del
    Derecho ex la coercibilidad, es decir, el reforzamiento de la observancia de las
    normas jurídicas a través de la posible utilización de la fuerza socialmente
    organizada e institucionalizada (el poder).




  1. ¿Cómo distinguir de manera más precisa estos dos fenómenos fuerza y
    poder? ¿A quién queda encomendada la aplicación de la coacción en el caso de
    incumplimiento de las normas jurídicas? Contestaremos a la primera pregunta
    a través de la explicación que de tales conceptos lleva a cabo Elías Canetii, para
    luego resolver la segunda interrogante en el siguiente subinciso.




  1. Dice textualmente Canetti: "Con fuerza se asocia la idea de algo que
    está próximo y presente. Es más coercitiva e inmediata que el poder. Se Habla,
    con mayor énfasis, de fuerza física. A niveles inferiores y más animales, es
    mejor hablar de fuerza que de poder. Una presa es agarrada por la fuerza y
    llevada a la boca con fuerza. Cuando la fuerza dura más tiempo se convierte en
    poder. Pero en el instante crítico, que llega de pronto, en el instante de la decisión y de lo irrevocable, es otra vez fuerza pura. El poder es más general y más vasto que la fuerza, contiene mucho más, y no es tan dinámico. Es más complicado e implica incluso una cierta medida de paciencia.” La palabra Macht, poder, deriva de una vieja raíz gótica, magan, que quiere decir 'poder, ser capaz', y no está relacionada en absoluto con la raíz machen: 'hacer'.

  1. Para el Derecho el poder se manifiesta como la posibilidad de que las
    normas jurídicas vean garantizado su cumplimiento por vía de la coacción, es
    decir, la aplicación de la fuerza. Otras normas de conducta social que no sean
    las jurídicas carecen de esa posibilidad y ven reducida su observancia solo a la
    voluntad de las personas
    . Puede afirmarse en este sentido que las normas jurídicas son juicios normativos dotados de coacción.




  1. En este mismo tenor, respecto de la coacción como característica exclusiva de las normas jurídicas, se expresa Hans Kelsen: "Otra nota común de los sistemas sociales designados como 'derecho', es que son ordenes coactivos en el sentido de que reaccionan con un acto coactivo (esto es: con un mal), como la privación de la vida. de la salud. de la libertad, de bienes económicos y otros, ante ciertas circunstancias consideradas indeseables, en cuanto socialmente perjudiciales, en especial ante la conducta humana de ese tipo; un mal que debe infligirse contra la voluntad del que la padece, inclusive, de ser necesario, recurriendo a la fuerza física, es decir, coactivamente. Que el acto coactivo que funciona como sanción inflige un mal al que lo padece, debe entenderse en el sentido de que ese acto normalmente es percibido por el paciente como un mal. El mismo autor agrega: "Puede aceptarse que el acto de coacción que funciona como sanción, normalmente será sentido por el que lo sufre como un mal. En este sentido, los sistemas sociales designados como 'derecho' son ordenes coactivos de la conducta humana.”




  1. Puede afirmarse, según todo lo anterior, que los intereses primigenios
    que asegura la vida social se regulan por normas jurídicas, cuya obligatoriedad
    puede ser garantizada hasta por el uso de la coacción con que el poder (fuerza)
    social cuenta. No obstante ello, bien se podría apostillar que hay normas que
    sin pertenecer al mundo de lo jurídico pueden hacerse cumplir a través de la
    fuerza. Entonces, cabría cuestionarnos: ¿Toda fuerza social es poder? De no ser
    así, como preguntábamos antes: ¿A quien en particular se encomienda su aplicación?


1.2 EL VALOR DEL DERECHO

69. Es importante hacer hincapié en que al plantear la explicación de la función original del Derecho, se trata de mostrar al fenómeno jurídico del modo como primero aparece y se presenta a la experiencia humana, es decir, en cuanto hecho social y creación cultural gestada y vivida en sociedad. Queda claro que la función original del Derecho en cualquier grupo humano consiste en facilitar una convivencia que garantice la satisfacción de ciertas necesidades, lo cual solo es posible en medio de una relación social ordenada y pacífica, regulada y asegurada por ciertas reglas que la hagan posible. Estas reglas especiales de conducta social, diferentes de la moral o los convencionalismos sociales, se estructuran con base en un sistema de normas coactivas que conforman el Derecho.

  1. El interés que mueve las acciones humanas surge de la conveniencia por satisfacer una necesidad o un deseo. El interés es objetivación de la ventaja o provecho que la satisfacción de esa necesidad o deseo nos aporta. Sin embar­go, es preciso subrayar que aquí se utiliza el concepto interés no en el sentido que le otorga el subjetivismo valorativo, como reacción directa y sin intermediaciones, que se reduce a un me agrada o no me agrada, sino a la opinión que un sujeto se forma de la conveniencia de algo, opinión con carácter intelectivo que considera razones o motivos.




  1. En cambio, el concepto valor corresponde al mundo de la ética y, concretamente, al de la axiología. Cuando se habla de un valor se alude a un bien moral, es decir, a ideas o criterios (ideales) que nos permiten discriminar en la realidad entre lo que es bueno y malo, correcto e incorrecto, la fealdad de la belleza, lo útil de lo nocivo, lo agradable de lo desagradable. Los valores están relacionados con los distintos ámbitos de la vida humana, en tal medida es dable hablar de valores económicos, religiosos, estéticos y, por supuesto, jurídicos. "Por ser una realidad cultural —opina Jaime Brufau— el derecho es una realidad de sentido y, por tanto, orientada hacia la realización de un ideal valioso."




  1. Los valores, según Frondizi, surgen de la relación entre el sujeto y el objeto individual o colectivo—, la que otorga a dicho objeto una cualidad estructural empírica (Gestalqualität), cualidad que se da en una situación humana concreta, pues los valores dependen de las necesidades y estas, a su vez, varían según los cambios económicos, sociales y políticos. La jerarquía de los valores, en consecuencia, es también situacional y compleja, no lineal. Los valores sirven de fundamento a las normas éticas y éstas, lo mismo que las jurídicas, son situacionales. En suma, el valor es el resultado de la relación entre el sujeto y el objeto, y ofrece, por tal razón, una cara subjetiva y otra objetiva. Los valores, de esta suerte, se traducen en cosas o conductas que estimamos —valga la redundancia— valiosas, buenas moralmente para nuestra vida y funcionan como parámetros para calificar nuestras acciones o nuestras omisiones, tal calificación puede aludir también a una institución o un fenómeno social como el Derecho.




  1. ¿En qué se distingue entonces un interés de un valor? En principio, opina Frondizi: "Quien hace equivaler el valor a interés tendrá que abandonar esa interpretación si se muestra que hay intereses que no otorgan valor a un objeto o, por el contrario, que hay objetos valiosos que no suscitan interés. El interés contribuye a dar origen al valor, pero este no se agota en el interés. Asimismo, el valor precede moralmente al interés, toda vez que mientras el hecho de satisfacer un interés nos aporta siempre un provecho, cumplir con un valor nos puede aportar hacia un perjuicio, incluso de índole material. Hay ejemplos muy ilustrativos de lo anterior: el ayuno es para algunas religiones un valor que se encuentra por encima de la necesidad de alimentarse, del interés de hacerlo. Quien ayuna puede provocar perjuicios a su salud, de hecho, un ayuno prolongado puede ocasionar la muerte. Sin embargo, por encima y aun en contra del interés primigenio de sobrevivir o alimentarse, se imponen valores como el ayuno. Por otra parte, los valores pueden o no realizarse, el hecho de su realización no afecta su fuerza moral.




  1. Otro ejemplo es claro: la honradez y la honestidad son valores morales apreciados por la mayoría de las personas. Empero, a pesar de que en la sociedad haya personas deshonestas ello no significa que la honestidad no exista, que sea menos importante o que no pueda darse. Recaséns Siches apunta al respecto: "...la efectiva realidad de algo no implica la garantía de que ese algo sea valioso: el hecho de que algo sea, de que este ahí, no implica que por eso tal algo encame un valor; puede representar precisamente la negación de un valor, esto es, un desvalor o antivalor.”




  1. Finalmente, respecto de la distinción entre interés y valor, cabe apuntar que diversos estudiosos otorgan a este último ciertas características que lo singularizan, algunas de las cuales, como podrá deducirse, no pueden asignarse al concepto de interés. Así, se dice que a los valores corresponden las notas de dependencia (no existen por si mismos, requieren de un depositario, que es el bien; los valores son cualidades de los bienes; la belleza es el valor; una pieza de música, una pintura son el bien respecto del cual se predica el valor belleza); polaridad (encierra dos opuestos: bien y mal, belleza y fealdad); jerarquía (poseen una gradación; hay valores superiores e inferiores, de hecho se dice que el hombre tiende a realizar los primeros). Para Clyde Kluckhohn: "Un valor no es simplemente una preferencia, sino una preferencia que se cree y/o se considera justificada -ya sea moralmente, como fruto de un razonamiento o como consecuencia de un juicio estético aunque por lo general se compone de dos o tres de estos criterios o de la combinación de todos ellos.”




  1. El Derecho, con su sola aparición y presencia en sociedad, al cumplir una función, adquiere un valor." El valor de lo jurídico, entonces, está dado inicialmente por lo que el Derecho aporta a la vida social. Consecuentemente, es dable afirmar que el Derecho, por si mismo, en cuanto conjunto de normas jurídicas, encarna y propicia ciertos valores, ciertos bienes propiamente jurídicos, sin los cuales seria imposible cumplir su función original, a saber, la de facilitar la convivencia social que asegure intereses primigenios. Felipe Gon­zález Vicen ha afirmado a este respecto: "El Derecho como ordenamiento de conducta crea ya de por si toda una serie de valores lo que Fuller llama the morality of lawque son otras tantas razones para su cumplimiento.




  1. Los bienes o valores que el Derecho con su sola presencia aporta, constituyen el ya mencionado valor de lo jurídico, el valor del Derecho. Dichos valores los contiene todo sistema jurídico normativo, independientemente de cualquier ulterior consideración moral, como más adelante señalaremos. Es decir, se trata de valores que la sola presencia del Derecho comporta, a saber: el orden, la seguridad y la igualdad jurídicas.

1.2.1 Orden jurídico

78. El Derecho, como conjunto de normas jurídicas, instaura o procura un orden determinado. Con ello quiere decirse que la presencia de lo jurídico implica la sistematización de conductas sociales, cuáles de estas deben adoptarse, cuales omitirse. El orden jurídico es el primero de los valores, de los bienes que la presencia del Derecho asegura en la sociedad. De ahí que al Derecho también se le identifique con ordenamiento jurídico. Bobbio califica a esta labor ordenadora como la función estabilizadora del Derecho, respecto de la cual expresa: "Dentro de la mutación histórica, el derecho representa aquello que detiene el movimiento, que lo canaliza y solidifica; en la variación de las acciones Humanas representa la determinación de un orden.


  1. El orden jurídico implica la existencia de un conjunto sistematizado y jerarquizado de normas, es decir, de prescripciones obligatorias y coercibles que deben ser observadas por los miembros de la sociedad. Delimita instancias y competencias, es decir, el ámbito concreto de lo que la autoridad debe hacer o debe abstenerse de hacer y con que límites. Obviamente, adscribe los caracteres y condiciones para ser autoridad, para producir y decir el Derecho (institucionalidad). Todo ello, a través de un sistema normativo, o sea, un conjunto de normas lógicamente articuladas, o sea, jerarquizadas, entrelazadas e interactuantes, aquello que Hart denominaría el 'Derecho como unión de nor­mas primarias' (las que imponen deberes) y 'normas secundarias' (de reconocimiento, cambio y adjudicación).




  1. Ahora bien, el valor de la función ordenadora del Derecho implica la generarían de paz social. El Derecho corno orden es también la renuncia al uso de la fuerza para dejar su monopolio en manos de la autoridad, a efecto de que los conflictos sociales sean resueltos por vía de lo previsto por las normas jurídicas. Exclusivamente en casos extraordinarios como el de la legítima defensa, el Derecho tolera la autocomposición, la justicia por propia mano, en todos los demás el ordenamiento jurídico habrá de prestar los modelos para la solución de controversias o, en su defecto, los criterios interpretativos o integradores para que el juez señale, con carácter obligatorio, a quien corresponde un mejor derecho poniendo a su disposición, entonces sí, la fuerza legitimada de la autoridad para hacerlo efectivo.

1.2.2 Seguridad jurídica

81. El segundo valor que el Derecho genera y aporta a la sociedad es la seguridad jurídica. Esto es, la certeza o posibilidad de predicción con que cuenta el gobernado para saber que conductas son jurídicamente debidas y cuáles no. Gracias al Derecho en las sociedades se establece claramente el margen entre lo jurídico y lo no jurídico y, por lo tanto, se distingue entre las acciones u omisiones que pueden ser reprimidas coactivamente de aquellas que no pueden serlo. Es decir, que la presencia de lo jurídico hace posible discriminar entre conduc­tas indebidas desde el ámbito religioso, la costumbre o los convencionalismos sociales y las que lo son por virtud de la normatividad jurídica. Es factible que al ámbito del Derecho se traslade alguna de las normas de los otros sistemas, dotándosele de coacción, pero antes tales normas deberán asumir el proceso y forma que el ordenamiento jurídico en cuestión señale. De es la suerte, a ninguna norma ajena al sistema jurídico puede dotarse de sanción coactiva.




  1. El valor seguridad jurídica encuentra su polo contrario en la arbitrariedad, ya que la autoridad tiene proscrito hacer u omitir lo que la norma no autoriza. Para Ralf Dreier "... por más injusto que pueda ser el contenido del derecho, hay un fin que siempre cumple en virtud de su mera existencia: el de la seguridad jurídica." En efecto, la creación del Derecho ha significado a la civilización humana un avance substancial entre la decisión caprichosa, absoluta, del más fuerte, y la decisión de poder ajustada a Derecho, sometida y constreñida a los límites establecidos por la ley. Principio este en el que se sustenta la idea del Estado de Derecho.




  1. La seguridad jurídica garantiza dos situaciones básicas: un margen de acción a los gobernados y la certidumbre de que la acción de la autoridad tendrá límites. De ahí que el valor seguridad jurídica produzca en la realidad social un ámbito en el que las personas puedan actuar, es decir, coadyuva al ejercicio de la libertad (mayor o menor, según el orden jurídico de que se trate, estableciendo reglas claras que eviten la interferencia entre unos seres humanos y otros. La seguridad jurídica prescribe y garantiza un número cierto de procedimientos sociales. Como afirma Sánchez de la Torre, sintetizando en una frase los valores jurídicos de orden y seguridad: "El Derecho es el orden colectivo de la libertad social”

1.2.3 Igualdad jurídica



84. El Derecho genera, asimismo, el valor igualdad. La igualdad en términos jurídicos significa que las normas de un sistema de Derecho otorgan el mismo trato (iguales derechos y deberes) a todos aquellos que se encuentren en un mismo plano normativa. Igual trato a los iguales jurídicamente, es decir, a quienes la norma da la misma posición, trato diferente a los ubicados en una situación jurídica distinta. La preocupación por la igualdad jurídica aparece subrayada en los juristas romanos a través de frases como la siguiente: "En derecho se ha de buscar siempre la igualdad, pues de otro modo no habría derecho" (lus semper quaerendum est aequabile, neque enim aliter ius esset).
85. En el adagio latino anterior subyace la igualdad como el valor jurídico que mas se identifica con la idea de justicia. Quizás por ello es que Hart haya escrito en el mismo sentido que: "El principio general latente en (...) diversas aplicaciones de la idea de justicia es que los individuos tienen derecho, entre si, a una cierta posición relativa de igualdad o desigualdad. Esto es algo que debe ser respetado en las vicisitudes de la vida social, cuando hay que distribuir cargas o beneficios; también es algo que debe ser restablecido cuando ha sido alterado. Por ello es que la justicia es tradicionalmente concebida como que mantiene o restablece un equilibrio o proporción, y su precepto principal se formula con frecuencia de la misma manera; 'tratar los casos semejantes de la misma manera'; aunque es necesario añadir 'y trata los casos diferentes de diferente manera'.


  1. Sin embargo, la igualdad que en términos jurídicos se predica es, en principio, una noción formal, que se circunscribe a la exigencia de no distinguir donde la norma jurídica tampoco distingue. Por ello Bobbio piensa que del "...valor de la igualdad del hecho de que los sujetos a los que se dirigen las reglas se conformen a ellas, se deduce la consecuencia muy importante de que todos estos sujetos son tratados de igual manera. Que esta igualdad sea relativa y dependa del criterio que ha inspirado la regla, de la cantidad de ventajas o de desventajas par distribuir y de la cantidad de personas a las que la regla se refiere, es decir, que no sea una igualdad absoluta, no impide que la obediencia a la regla en cuanto tal, por el solo hecho de ser una regla y no ya par su contenido, tenga como consecuencia la igualdad de tratamiento. "




  1. En efecto, lo mismo que el orden y la seguridad, la igualdad es un valor instrumental, porque "...mientras no se establezca —afirma de nuevo Hart—que semejanzas y que diferencias son relevantes, 'tratar los casos semejantes de la misma manera' será una forma vacía." Corresponde, como veremos enseguida, al segundo estándar valorativo que comporta y protege el Derecho; otorgar sentido y contenido a dicha f6rmu!a, precisando cuales son los valores superiores a los que los instrumentales, como el orden, la seguridad y la igualdad jurídica han de conformarse.





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