De nüremberg a la haya



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DE NÜREMBERG A LA HAYA

Los crímenes de derechos humanos ante la justicia, problemas, avances y perspectivas.


Rainer Huhle
Centro de Derechos Humanos de Nuremberg.


"Quienes buscan leyes de impunidad, van a ser tan responsables como los que apretaron el gatillo en el pasado."

Sola Sierra, Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, Chile

Indice.



I. Del crímen de guerra al crímen de lesa humanidad.

Crímenes contra la paz.

Crímenes de guerra.

Crímenes contra la humanidad.

II. La responsabilidad penal internacional de crímenes de derechos humanos.

La responsabilidad individual y la obligación de perseguir.

La justicia de los estados nacionales.

La justicia de los otros estados (derecho penal universal).

Las Cortes Penales Internacionales.

El proceso contra Adolfo Eichmann, 1961.

III. Derecho Penal y protección de los Derechos Humanos.

Venganza, derecho y rehabilitación.

Castigo y disuasión.

Verdad y Justicia.

Notas Finales.

I. Del crímen de guerra al crimen de lesa humanidad, o el parto difícil del derecho internacional de derechos humanos.

Cincuenta años después del Tribunal Militar Internacional contra los principales criminales nazis en Nuremberg, en todo el mundo se habla nuevamente de ese proceso histórico. Sin embargo, en qué exactamente queda el significado histórico de este gigantezco proceso, que pasó a los libros de texto de historia como "El proceso de Nuremberg"?

Las respuestas a esta pregunta dependerán en buena parte del aspecto del proceso en que uno pone el énfasis. Tenemos que distinguir por lo menos tres aspectos, que además se pueden correlacionar con tres distintas etapas del proceso:

1. El Porqué del proceso, su razón de ser y su legitimidad.

En forma escrita, estos aspectos quedaron establecidos en dos documentos básicos: el Acuerdo de Londres (agosto 1945) y el Estatuto del Tribunal, aprobado en la misma Conferencia de Londres. Documentan la fase preparatoria del Tribunal.

2. El Cómo.

El desarrollo del proceso mismo, incluyendo sus normas procesales y toda la argumentación político-jurídica, que comenzó el 20 de noviembre de 1945, y terminó el 1 de octubre de 1946 con la sentencia.

3. La finalidad concreta del proceso.

La sentencia condenatoria contra 24 de los mas altos representantes del régimen nazi, que puso un término simbólico a ese nefasto régimen y, en el caso de las 12 sentencias a muerte, también un término real a la vida de aquellos representantes.

En la percepción pública, parece que el significado histórico del proceso de Nuremberg está relacionado, más que todo, con el último de estos puntos: el cierre definitivo - real y simbólico - de una etapa histórica. En esta perspectiva, el juicio era, para los nazis, la continuación de la derrota militar en el escenario de la justicia.

Para nosotros hoy en día, sin embargo, este aspecto es el menos interesante. Como factor histórico, el nazismo ya estaba eliminado antes del juicio. El significado del proceso de Nuremberg para nosotros no queda tanto en su función de cierre de una época, sino en la apertura de una nueva época, una época de un nuevo derecho humanitario internacional, una nueva vigencia de los principios universales de los derechos humanos. Es casi un lugar común hablar de "Nuremberg" en este sentido, pero muchas veces esto se hace sin conocer lo que realmente se hizo y se debatió en Nuremberg.

Si el Tribunal de Nuremberg realmente abrió camino para una nueva etapa del derecho internacional, para un derecho internacional de derechos humanos, es una pregunta con muchas interrogantes y de ninguna manera fácil de contestar. El hecho de que durante casi 50 años el Tribunal no ha tenido una continuación institucional, debería llamar la atención y ser motivo de dudas.

En qué medida el Tribunal de Nuremberg, ese evento singular, realmente pudo crear precedentes para el desarrollo del derecho, dependía no sólo de la historia política del mundo después de la guerra, sino también de sus propias bases jurídicas:

- de las normas sobre las que se constituyó el Tribunal, y

- de la definición de los crímenes que declaraba dentro de su jurisdicción.

Ambos elementos quedaron fuertemente impregnados por la situación específica que existía en el momento de la victoria sobre el sistema nazi. Es evidente este condicionamiento histórico en el caso de la constitución del Tribunal que quedó restringido a los representantes de los cuatro poderes principales de la alianza político-militar que había ganado la guerra. Obviamente esto no pudo trazar el camino para un orden institucional de la justicia en el mundo posguerra. Anotemos que esta deficiencia fue criticada ya en la época. Pero las propuestas de crear el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg como un Juzgado internacional de la naciente ONU, que datan hasta de 1943, resultaban prematuras.

Mucho más satisfactorias parecen las reglas procesales aplicadas en Nuremberg. No tienen, sin embargo, tanta relevancia en el contexto de este análisis. Lo que interesa más, desde la perspectiva del futuro de entonces, es la cuestión de la jurisdicción material del Tribunal Militar Internacional. Cuáles eran los delitos que el Tribunal consideraba dentro de su competencia para juzgar? La respuesta se encuentra en el Estatuto ya referido, particularmente en los famosos tres incisos a), b) y c) del artículo 6 de ese histórico documento. En ellos se hace referencia a las tres siguientes categorías de crímenes de derecho internacional:

a) Crímenes contra la paz (en la terminología clásica: faltas al ius ad bellum). Los jueces tenían que pronunciarse si los acusados habían llevado a cabo una guerra prohibida por el derecho internacional. Esta cuestión de la "guerra de agresión" ni en Nuremberg ni en el medio siglo después ha sido solucionado a satisfacción de los juristas y políticos.

b)Crímenes de guerra (en la terminología clásica: faltas al ius in bello), es decir las faltas contra las reglas de conducta de la guerra, reglas ya bastante exactamente elaboradas a la época.

c) Crímenes contra la humanidad. Desde una perspectiva ex-post, de hoy, la definición que dio el estatuto de estos crímenes contra la humanidad parece sencilla y razonable: Se entendía por ellos: "asesinato, exterminio, esclavización, deportación u otras acciones inhumanas, cometidas contra una población civil antes de, o durante la guerra, y la persecución por motivos políticos, raciales o religiosos". En otras palabras, se describieron aquí -con la ausencia ostentosa de la tortura- aquellos crímenes que solemos llamar hoy los "crímenes de lesa humanidad" o las graves violaciones de derechos humanos, y que en los 50 años desde el proceso de Nuremberg han sido definidos y prescritos en numerosos tratados y convenciones internacionales.



En los tiempos del Proceso de Nuremberg, sin embargo, las cosas no eran tan sencillas. En primer lugar, hay que destacar que el término "Derechos humanos" no se usa en el Estatuto, y una revisión de los demás documentos del proceso (llenan veinte tomos gruesos en letra minúscula) tampoco arrojará ese término tan importante para nosotros. Eso es así, no obstante la presencia en el Tribunal de juristas provenientes de tres de los países que más méritos tienen en la historia del concepto de los derechos humanos: Inglaterra, Estados Unidos y Francia.

La ausencia del término "derechos humanos" en Nuremberg nos indica que este concepto, a la época, no había ingresado todavía en el ámbito del derecho internacional ni del derecho penal. Era exclusivo, todavía, del reino de la filosofía del derecho o a lo mejor del derecho constitucional.

Pero también con el término empleado, los "crímenes contra la humanidad" hubo muchas dificultades, como lo demuestran, entre otras muchas cosas, las curiosas dificultades de traducción. |1|

Imaginémonos una acusación, en 1945, por "violaciones de derechos humanos". Habría sido sumamente problemática, técnicamente imposible. Simplemente no existía el derecho en que se podía fundamentar. Ante la singular atrocidad de los crímenes nazis, los jueces quizás pudieron crear el derecho adecuado para condenar a los criminales nazis bajo el concepto de "violación de derechos humanos". Habrían atentado, sin embargo, de manera aparatosa, contra el principio de la no retroactividad de las leyes, del nullum crimen sine lege. Se ha argumentado que esto también era el caso para los "crímenes contra la humanidad", y la lectura de los documentos de Nuremberg hace ver claramente que los mismos jueces y fiscales del Tribunal estaban muy conscientes del problema, y que buscaron desarrollar distintas estrategias para evitarlo. Hasta en el mismo artículo del Estatuto que trata de los "crímenes contra la humanidad", se nota cierta inseguridad, cierta vacilación ante lo novedoso del concepto, cuando, en una vuelta sorpresiva, el referido inciso c) concluye la enumeración de los delitos que son "crímenes contra la humanidad", con la calificación de que estos crímenes serían "cometidos en la ejecución de un crimen o en conexión con un crimen que queda en la competencia del Tribunal, independientemente si el acto contravenía el derecho del país en que fue cometido."

Lo raro de esta condicionalidad es que justamente el artículo 6 del Estatuto es el que define las competencias, o la jurisdicción material del Tribunal. La referencia a la competencia del Tribunal en el inciso 6 c) resulta así una autoreferencia. En términos de la lógica no tiene sentido. Su sentido se revela más bien como expresión, tal vez inconsciente, de la contradicción entre el deseo de los autores del Estatuto de crear un nuevo sistema referencial para este tipo de crímenes jamás vividos en la historia de la humanidad, y su deseo de dar este paso sin abandonar el terreno seguro del derecho positivo. Y este terreno, el único que tenía una base en el derecho positivo, era el derecho de guerra.

Es sumamente instructiva, en este contexto, la lectura de los debates en las sesiones del Tribunal, porque se puede notar como los fiscales y jueces, como los excelentes juristas que eran, buscaban "agarrarse" de este concepto, considerado salvador, siempre que se trataba de los puntos de referencia no para una condena moral sino jurídicamente sólida. No hay que olvidar tampoco que, pocos días antes de los Acuerdos de Londres, los jefes de gobierno de los aliados reunidos en Potsdam, hablaron de la necesidad de juzgar solamente a los "principales criminales de guerra nazis", y que el nombre oficial del proceso de Nuremberg era "Juicio contra los principales criminales de guerra ante el Tribunal Militar Internacional". Otro ejemplo muy revelador de la inseguridad conceptual existente en Nuremberg en cuanto a los "crímenes contra la humanidad" lo ofrece el escrito de la acusación, en el cual también se insiste en confundir crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La misma sentencia resume todos los crímenes contra la humanidad bajo el concepto de crimen de guerra. Si bien los jueces constatan que muchos de los crímenes nazis, especialmente la persecución de los judíos y otras personas civiles se habían cometido antes de la guerra, para la condena los tomaron en cuenta solamente en la medida en que se pudo establecer un nexo entre estos crímenes y la preparación o ejecución de la guerra. Excluye expressis verbis la posibilidad de que se trataba de "crímenes contra la humanidad" si no se daba este nexo. |2|

En esta perspectiva, el inciso c) del artículo 6 del Estatuto del Tribunal, y también el capítulo titulado "crímenes contra la humanidad" en el alegato hubieran sido simplemente supérfluos. Y de hecho, el Tribunal en su sentencia hizo esfuerzos casi acrobáticos de subsumir todos los crímenes nazis a la categoría de los crímenes de guerra. El ejemplo más apropiado para demostrar lo absurdo a que se llegó en inflar la idea de los crímenes de guerra, era la sentencia contra Julius Streicher, quien fue condenado a la pena de muerte. Ese Streicher, un pequeño profesor de un colegio de Nuremberg, se hizo grande con la subida de los nazis, convirtiéndose en uno de los propagandistas más asquerosos del régimen, con un antisemitismo vociferante que hasta causó disgusto a algunos nazis. No participó, sin embargo, en la guerra, ya que probablemente era indispensable en su árdua labor de propaganda antisemita. No se sabe si él mismo mató a una sola persona, mucho menos en un contexto de guerra. Su crimen era la permanente incitación al exterminio de los judíos, antes y durante la guerra, pero sin una relación inmediata con las acciones de la guerra.La sentencia tuvo que basarse, en este caso ejemplar, en el crimen contra la humanidad. Se hizo así, pero no sin agregar, en la última frase, que Streicher también participó, con su propaganda, en la preparación de la guerra.

Es cierto entonces, lo que ya anotó el juez francés en el Tribunal, Donnedieu de Vabres, cuando remarcó que "el concepto de los crímenes contra la humanidad', que el Estatuto había dejado entrar por una puerta pequeña, se diluyó a través de la sentencia."|3|

Es cierto también, por otro lado, lo que más tarde observó Hannah Arendt, que la idea de los "crímenes contra la humanidad" poco entraba en la fundamentación de la sentencia, pero sí tuvo peso en la extensión de la pena. Sin querer decirlo en su argumentación jurídica, los jueces expresaron, por la condena a muerte para Streicher, lo que realmente significaba esta permanente incitación al genocidio: un crimen contra la humanidad.

Para el resultado, la condena de los altos responsables nazis, es decir, la cuenta final con el régimen nazi a nivel simbólico, después de su derrota militar, todo este problema de los crímenes de guerra o contra la humanidad es de poca importancia. Pero desde la perspectiva del desarrollo del derecho de derechos humanos es lo que realmente interesa en el Proceso de Nuremberg. Porque una condena basada exclusivamente en el derecho de guerra no habría sido un avance, en términos de jurisdicción material, en relación con el status anterior.

Para el derecho de guerra, p.e. no interesaba lo que los nazis hacían con los propios ciudadanos alemanes - y los judíos en Alemania eran ciudadanos alemanes. De hecho, el futuro fiscal supremo por parte de los Estados Unidos en Nuremberg, Robert Jackson, decía en los debates anteriores al Proceso: "El trato que el gobierno alemán da a sus propios ciudadanos, [] no nostiene que importar a nosotros más que nuestros asuntos tocan a cualquier otro gobierno." |4|

Pero el mismo Jackson, en su discurso de apertura en Nuremberg dijo exactamente lo contrario: "El trato que un gobierno da a su propio pueblo, normalmente no se considera como asunto que concierne a otros gobiernos o la comunidad internacional de los estados. El maltrato, sin embargo, de alemanes por alemanes durante el nazismo traspasó, como se sabe ahora, en cuanto al número y a las modalidades de crueldad, todo lo que la civilización moderna puede tolerar. Los demás pueblos, si callaran, participarían de estos crímenes, porque el silencio sería consentimiento." |5|

Sólo distan pocos meses entre estas dos frases, pero en la historia de los derechos humanos los separa toda una época, en la cual nació el derecho internacional de derechos humanos. Aquí, y sólo aquí queda el avance que significa el proceso de Nuremberg. Tímidamente, pero sí notablemente, se abrió paso a la idea de que hay derechos universales del hombre que ningún gobierno puede pisar libremente, sea en tiempos de guerra o de paz, sea en contra de sus propios ciudadanos o los de otra nación. Lo que se pudo observar en Nuremberg, era el penoso proceso del nacimiento de una nueva idea de derecho, desde las cáscaras del derecho de guerra. Todavía, hay que decirlo, asistimos a este proceso de nacimiento. Es tiempo de completarlo, puesto que las herramientas del derecho internacional de las cuales disponemos hoy, son mucho más eficaces que en los tiempos de Nuremberg. Porque los recelos con que los jueces de Nuremberg aplicaron la categoría de los crímenes contra la humanidad se nutrían de motivos nobles, hay que repetirlo. No quisieron aplicar normas que para los acusados tal vez no eran reconocibles, no quisieron violar el principio del nullum crimen sine lege. Sus dudas y vacilaciones en la aplicación del concepto revolucionario de los "crímenes contra la humanidad" los honran. Estas ambigüedades definían el reto que el proceso de Nuremberg significaba para la posguerra: Definir claramente los crímenes contra la humanidad, ponerlas en relación con el concepto de derechos humanos y crear las condiciones en el derecho penal para que los criminales de derechos humanos pudiesen ser juzgados sobre un fundamento jurídico preciso.

II. La responsabilidad penal internacional de crímenes de derechos humanos. El problema de la impunidad.

Este legado de Nuremberg se puede precisar en tres elementos. Se trataba de:

1. Definir los "crímenes contra la humanidad" con independencia de situaciones de guerra;

2. Extender el principio de la responsabilidad individual, fundamental para el derecho penal, al ámbito de los "crímenes de lesa humanidad", incluyendo el principio de la obligación de la persecución penal;

3. Crear las instancias adecuadas para sancionar a nivel internacional, de manera independiente y legalmente válida, estos crímenes, en caso que los sistemas nacionales fallaran con esta obligación. Lógicamente, una jurisdicción penal internacional sería parte de estas previsiones, por lo menos como última ratio.

Veamos como la comunidad internacional asumió estas tres tareas.

En el campo de la definición jurídica los avances se dieron con rapidez. Ya en los procesos contra grupos de responsables nazis que las autoridades americanas llevaron a cabo en la misma ciudad de Nuremberg, una vez terminado el proceso principal, se precisó que había "principios generales de derecho" que "pertenecían a los códigos de todas las naciones civilizadas", aplicables también para los responsables nazis.

Posteriormente, la Declaración Universal de los Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948, y la Convención contra el Genocidio, del día anterior, los dos grandes pactos de 1966 y un gran número de instrumentos legales del derecho internacional codificaron cada vez mejor ese derecho de derechos humanos. Que en teoría los crímenes de lesa humanidad son castigables, ya no cabe duda hoy. Los jueces de La Haya no tienen porqué probar que una masacre contra una etnia diferente es parte de la guerra. El crimen del genocidio y otras atrocidades, incluso la tortura y la violación sexual masiva con fines políticos son castigables según el derecho internacional.

La responsabilidad individual y la obligación de perseguir.

También el principio de la persecución obligatoria de estos crímenes quedó bien establecido, ya desde la Convencion contra el Genocidio. La responsabilidad personal y la obligación de perseguir (y castigar) son dos lados de la misma medalla. La penalización individual del crimen político requiere el castigo individual, tal como lo reconocen la Convención contra el Genocidio y muchos otros instrumentos.

Jurisdicción penal nacional e internacional.

Mucho menos claro es, lamentablemente, quienes son los portadores de esta obligación. En principio, hay tres instancias posibles para cumplir con la obligación de sancionar los crímenes contra los derechos humanos.

a) La justicia de los estados nacionales.

Obviamente, cada Estado es responsable por el respeto de los derechos humanos en su territorio, y, en caso de violaciones a estos derechos, del castigo a los culpables. Dado que las violaciones de derechos humanos, en el sentido estricto del concepto, son cometidos por los agentes del Estado mismo, la ineficacia del Estado nacional en la persecución de estos crímenes tiene carácter sistemático. Los mismos estados violadores serían los responsables del castigo. Abundan muchos ejemplos de que esto no funciona.

En un estado con una clara separación de poderes, por otro lado, sí es posible - y tampoco faltan los ejemplos - que la justicia castigue por ejemplo agentes del Ejecutivo. Cuando se generalizan las violaciones de derechos humanos, sin embargo, normalmente el sistema judicial tampoco escapa a los mecanismos de presión que llevan a la impunidad.

Y no siempre el sistema judicial cede a las presiones del Ejecutivo. En la Alemania de los años anteriores a la toma de poder por los nazis, el sistema judicial estaba ya impregnado por la ideología nazi, a tal punto que los jueces y fiscales se podían considerar un baluarte del nuevo Estado sin que este hubiera precisado de mucha presión. En las primeras semanas del nuevo régimen, en 1933, en la revista de la Asociación Alemana de Jueces se publicó un juramento macabro que rezaba: "Juramos por el Dios eterno, juramos por el espíritu de nuestros muertos, juramos por todas las víctimas de una justicia antinacional, juramos por el alma del pueblo alemán que seguiremos a nuestro Führer (líder) en su camino como juristas alemanes, hasta el fin de nuestros días." |6|

Sin duda, un sometimiento tan aparatoso del poder judicial a la ideología del poder es la excepción. Pero incluso cuando los jueces mantienen más independencia, las circunstancias de un régimen dictatorial pocas veces permiten que el poder judicial actúe firmemente contra los abusos del poder. No es circunstancial el hecho de que la impunidad de los crímenes de derechos humanos sea un fenómeno global, reconocido como síntoma y causa a la vez de la repetición de violaciones de derechos humanos. Igualmente son bien conocidos los mecanismos principales de esta situación de impunidad: las amnistías e indultos en el área legal, los fueros privativos en el área de la administración de justicia, la corrupción, la falta de mecanismos de control administrativo y popular en lo que concierne a la sociedad. |7|

b) La justicia de otros estados (derecho penal universal).

Ante el incumplimiento de los estados nacionales en sancionar los crímenes cometidos en el ámbito de su jurisdicción por sus propios agentes, existe la posibilidad de que otros estados asuman esta tarea. Conforme a los principios del "derecho penal universal", cada Estado tiene jurisdicción en determinados casos, incluídos gran parte de los crímenes de lesa humanidad. Algunos tratados internacionales proveen incluso una obligación de los estados miembros de perseguir los actos que contravienen lo convenido en estos tratados. Los más conocidos son sin duda los casos de las convenciones de Ginebra (la versión posguerra del antigüo derecho de guerra, llamado ahora derecho humanitario internacional), y últimamente la Convención contra la Tortura. Con la excepción de Estados Unidos, este derecho penal internacional, en la práctica no se aplica, e incluso en EE.UU. los casos que la literatura conoce son unos pocos, muy contados. Hay que destacar, pese a lo dicho, la vigencia, desde 1992, del "Torture Victim Protection Act" en EE.UU. que permite a las víctimas de tortura interponer queja contra un torturador de cualquier nacionalidad que se encuentre en el territorio de EE.UU. |8|



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