De El Maestro Tibetano Djwhal Khul (Alice A. Bailey)



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Masonería


Compendio obtenido de la Literatura
De El Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)

Masonería


Compendio acerca de la Masonería obtenido de la Literatura de El Tibetano
(Alice A. Bailey)
Página Oficial: www.lucistrust.com

Para el presente trabajo se uso un buscador electrónico en la red: www.tibetano.narod.ru para las palabras masonería, masón, masones y logia encontradas en los siguientes libros:


Pág.

1.- Iniciación Humana y Solar 6

2.- Cartas sobre Meditación Ocultista 30

3.- Telepatía y el Vehículo etérico 39

4.- El Discipulado en la Nueva Era I 41

5.- El Discipulado en la Nueva Era II 50

6.- Espejismo 61

6.- Tratado Sobre Magia Blanca 62

7.- Tratado Sobre Fuego Cósmico 71

8.- La Reaparición de Cristo 83

9.- La Exteriorización de la Jerarquía 87

10.- Psicología Esotérica I 109

11.- Psicología Esotérica II 122

12.- Astrología Esotérica 130

13.- Curación Esotérica 144

14.- Los Rayos y las Iniciaciones 150

15.- La Luz del Alma 186

16.- Los trabajos de Hércules 190

17.- Autobiografía Inconclusa 194

18.- De Belén al Calvario 198

19.- El Alma: la cualidad de la vida 201

20.- El Destino de las Naciones 202

21.- Los Problemas de la Humanidad 205 . . 22.- Apéndice: Actividad e inactividad de los Rayos 206

La Constitución del Hombre (diagrama) 209

La Masonería como valor Espiritual (conferencia de A.A.B.) 210

La Gran Invocación
Desde el punto de Luz en la Mente de Dios,

Que afluya luz a las mentes de los hombres,

Que la Luz descienda a la Tierra.
Desde el punto de Amor en el Corazón de Dios,

Que afluya amor a los corazones de los hombres,

Que Cristo retorne a la Tierra.
Desde el centro donde la voluntad de Dios es conocida,

Que el propósito guíe a las pequeñas voluntades de los hombres.

El propósito que los Maestros conocen y sirven.
Desde el centro que llamamos la raza de los hombres,

Que se realice el Plan de Amor y de Luz

Y selle la puerta donde se halla el mal.
Que la Luz, el Amor y el Poder, restablezcan el Plan en la Tierra.

Esta Invocación no es propiedad de ningún individuo o grupo en especial. Pertenece a toda la humanidad. Empleándola o estimulando a otros para que la reciten, no se favorece a ningún grupo ni organización determinada.

La belleza y la fuerza de esta Invocación reside en su sencillez y en que expresa ciertas verdades esenciales que todos los seres humanos aceptan innata y normalmente: la verdad de la existencia de una Inteligencia básica a la que vagamente damos el nombre de Dios; la verdad de que detrás de las apariencias externas, el Amor es el poder motivador del Universo; la verdad de que vino a la tierra una gran Individualidad llamada Cristo por los cristianos, que encarnó ese Amor para que pudiéramos comprenderlo; la verdad de que el Amor y la Inteligencia son consecuencia de la Voluntad de Dios, y finalmente de que el Plan Divino sólo puede desarrollarse a través de la humanidad misma.
Alice A. Bailey

El Señor Buda ha expresado que: No hemos de creer en lo dicho, simplemente porque fue dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores; ni en los escritos de los sabios, porque han venido de ellos; ni en las fantasías, que se suponen haber sido inspiradas por un deva (es decir, una supuesta inspiración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. Por eso, enseñé a no creer lo que oyen decir, sino que, cuando lo crean conscientemente, actúen de acuerdo y plenamente.


La Doctrina Secreta, T. VI. p. 49

RESUMEN DE UNA DECLARACIÓN HECHA POR

EL TIBETANO
PUBLICADA EN AGOSTO DE 1934
Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cierto grado; esto puede significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el aspirante más humilde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico lo mismo que todos los hombres; resido en los confines del Tíbet y, a veces (desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, presido un grupo numeroso de lamas tibetanos. A esto se debe la difusión de que soy un abad de ese monasterio lamásico. Aquellos que están asociados conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están unidos en este trabajo) me conocen también con otro nombre y cargo. A. A. B. conoce dos de mis nombres.

Soy un hermano que ha andado un poco más por el sendero y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que el estudiante común. He luchado y me he abierto camino hacia la luz y logrado mayor cantidad de luz que el aspirante que leerá este artículo, por lo tanto, tengo que actuar como transmisor de luz, cueste lo que cueste. No soy un hombre viejo, con respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, ni tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la Sabiduría Eterna donde quiera que encuentre respuesta, y esto lo he estado haciendo durante muchos años. Trato también de ayudar a los Maestros M. y K. H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta aquí encierra mucho, pero no les digo nada que pueda inducirles a ofrecerme esa ciega obediencia y tonta devoción que el aspirante emocional brinda al Gurú y Maestro con el que aún no está en condiciones de tomar contacto, ni puede lograrlo hasta tanto no haya trasmutado la devoción emocional en desinteresado servicio a: la humanidad, no al Maestro. No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Pueden o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede comprobar su verdad mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A. A. B. ni yo, tenemos interés en que se los considere como que han sido inspirados, ni tampoco que se diga misteriosamente que son el trabajo de uno de los Maestros. Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda considerarse como la continuación de las enseñanzas impartidas en el mundo, y si la instrucción suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir desde el plano de las emociones al plano mental (el plano donde pueden hallarse los Maestros), entonces estos libros habrán cumplido su propósito. Si la enseñanza impartida encuentra eco en la mente iluminada del trabajador mundial y si despierta su intuición, entonces acéptense tales enseñanzas. Si estas afirmaciones son comprobadas oportunamente y consideradas como verdaderas bajo la prueba de la Ley de Correspondencias, muy bien, pero si esto no es así, no se acepte lo expuesto.


Iniciación Humana y solar



El tema de la iniciación se está generalizando cada vez más entre el público. No pasarán muchos siglos sin que se restauren los antiguos misterios y la iglesia posea un grupo interno; en la iglesia del futuro, cuyo núcleo interno se está formando, la pri­mera iniciación será exotérica, vale decir, que la primera inicia­ción constituirá antes de mucho tiempo, la ceremonia más sagrada de la iglesia y será celebrada en forma exotérica, por ser uno de los misterios revelados en determinados períodos, y a ella asis­tirán quienes estén implicados. También ocupará un lugar similar en el ritual de los masones. En esta ceremonia, quienes estén preparados para la primera iniciación, serán admitidos pública­mente en la Logia por uno de sus miembros, autorizado para ello por el gran Hierofante Mismo.


Pág. 7
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Quienes desencarnan después de la quinta iniciación, o quie­nes no llegan a ser Maestros en encarnación física, reciben sus siguientes iniciaciones en otra parte del sistema. Todos están, en la Conciencia del Logos. Se ha de tener en cuenta una gran reali­dad, que las iniciaciones del planeta o las del sistema solar, sólo son preparatorias para ser admitido en la Gran Logia de Sirio. Este simbolismo ha sido bien conservado en la masonería y com­binando el método masónico con lo dicho respecto a los pasos en el Sendero de Santidad, obtendremos un cuadro aproximado. Am­pliemos su significado:
Las primeras cuatro iniciaciones del sistema solar correspon­den a las cuatro "Iniciaciones en el Umbral", previamente a la primera iniciación cósmica. La quinta iniciación corresponde a la primera iniciación cósmica, la de "aprendiz aceptado" en la masonería, que hace de un Maestro, un "aprendiz aceptado" en la Logia de Sirio. La sexta iniciación es análoga al grado segun­do de la masonería, mientras que la séptima hace del adepto un Maestro Masón de la Hermandad de Sirio.

Maestro, por lo tanto, es quien ha recibido la séptima inicia­ción planetaria, la quinta iniciación solar y la primera iniciación cósmica o de Sirio.


Pág. 11
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LA LOGIA DE MAESTROS
Las Divisiones.
Hemos considerado parcialmente los cargos superiores en las filas de la Jerarquía de nuestro planeta. Ahora trataremos lo que se podría llamar las dos divisiones en que están distribuidos los miembros restantes. Forman, literalmente, dos Logias dentro de un conjunto mayor:

  1. La Logia -- constituida por iniciados que han pasado la quinta iniciación, y un grupo de devas o ángeles.



  1. La Logia Azul, constituida por iniciados de la tercera, cuar­ta y quinta iniciaciones.

Inferior a éstos hay un gran grupo de iniciados de la primera y segunda iniciaciones y luego los discípulos de toda graduación. Los discípulos se consideran afiliados a la Logia, pero no miem­bros de la misma. Finalmente vienen los que están en probación y esperan ser afiliados, mediante arduos esfuerzos.


Desde otro punto de vista, podemos considerar que los miem­bros de la Logia forman siete grupos, representando cada uno de ellos un tipo de la séptuple energía planetaria que emana del Lo­gos planetario. La triple división ha sido dada al principio, porque en la evolución tenemos siempre los tres mayores (que se mani­fiestan a través de los tres departamentos), y luego los siete que se presentan como una triple diferenciación y un septenario. Los estudiantes deben recordar que todo lo que aquí se imparte se refiere al trabajo de la Jerarquía, en conexión con el cuarto reino o humano, y especialmente a esos Maestros que trabajan con la humanidad. Si se tratara de la evolución dévica, la clasificación y división serían totalmente distintas.
Pág. 25 y 26
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En lo que respecta al trabajo de los Maestros a través de sus discípulos, debería explicarse un punto, y es que las diversas es­cuelas de pensamiento, fomentadas por la energía de la Logia, son fundadas en cada caso por uno o varios discípulos, y sobre ellos y no sobre el Maestro recae la responsabilidad de los resultados y el karma consiguiente. El procedimiento es más o menos el siguiente: El Maestro revela al discípulo el objetivo que se pro­pone realizar en un breve ciclo inmediato y le sugiere la conve­niencia de tal o cual desarrollo. El trabajo del discípulo consiste en asegurarse el mejor método para obtener los resultados desea­dos, y en formular planes por medio de los cuales obtener cierto éxito. Entonces inicia sus proyectos, funda su sociedad u organi­zación, y difunde la enseñanza necesaria. Sobre él recae la res­ponsabilidad de elegir colaboradores apropiados, trasmitir el tra­bajo a los más capacitados y presentar debidamente la enseñanza. Todo lo que hace el Maestro es observar el esfuerzo con interés y simpatía; mientras tanto el discípulo mantiene su elevado ideal inicial y sigue su camino con puro altruismo.

El Maestro no es culpable si el discípulo muestra falta de dis­cernimiento en la elección de colaboradores o evidencia incapaci­dad para representar la verdad. Si lo hace bien y el trabajo pro­gresa, como es de desear, el Maestro continuará impartiendo Su bendición sobre el esfuerzo. Si fracasa y sus sucesores se apartan del impulso original, difundiendo así toda clase de errores, el Maestro, con amor y simpatía, omitirá esa bendición, retendrá Su energía y dejará de estimular aquello que es mejor que des­aparezca. Las formas van y vienen y el interés del Maestro y Su bendición, fluirán a través de un canal u otro; el trabajo puede continuar por cualquier medio, pero siempre la fuerza de la vida persistirá, destruyendo la forma allí donde sea inadecuada o utilizándola cuando satisfaga la necesidad inmediata.


Algunos Maestros y su trabajo.
En el primer gran grupo del cual el Manu es el Guía, se hallan dos Maestros, el Maestro Júpiter y el Maestro Morya. Ambos han trascendido la quinta Iniciación, y el Maestro Júpiter, que además es Regente de la India, es considerado el más antiguo por toda la Logia de Maestros. Habita en las colinas de Nilghe­rry, en el sur de la India, y es uno de los Maestros que gene­ralmente no aceptan discípulos, pues figuran entre éstos sólo iniciados de grado superior y un buen número de Maestros. En sus manos están las riendas del gobierno de la India, incluyendo gran parte de la frontera norte, y sobre Él recae la ardua tarea de guiar finalmente a este país, para que salga del presente caos e intranquilidad y sus diversos pueblos se fusionen en una síntesis final. El Maestro Morya, uno de los adeptos orientales más conocidos, reúne entre Sus discípulos a un gran número de europeos y americanos; es un príncipe Rajput, que durante muchas décadas ocupó una posición prominente en los asuntos de la India.

Pág. 27
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El Maestro Rakoczi1 se ocupa especialmente del futuro des­arrollo de los asuntos raciales de Europa y del desarrollo mental en América y Australia. Es húngaro, tiene su hogar en los Cár­patos, habiendo sido en un momento dado una figura muy cono­cida en la corte húngara. Se pueden encontrar referencias en antiguos libros de historia, fue particularmente conocido como el Conde de Saint‑Germain, anteriormente como Roger Bacon y después como Francis Bacon. Es interesante observar que, a me­dida que el Maestro R. se hace cargo de los asuntos de Europa, en los planos internos, el nombre de Francis Bacon se hace más público en la controversia Bacon‑Shakesperiana. Es más bien bajo y delgado, con barba negra y puntiaguda y cabello lacio y negro. No acepta tantos discípulos como los Maestros ya mencionados. En la actualidad dirige la mayoría de los discípulos de tercer rayo de Occidente, juntamente con el Maestro Hilarión pertenece al séptimo rayo de Magia u Orden Ceremonial, y actúa principalmente por medio del ritual y el ceremonial esotéricos; tiene vital interés por los efectos hasta ahora no reconocidos del ceremonial francmasón, el de las diversas fraternidades y el de todas las iglesias. En la Logia se lo llama generalmente "el Conde" y en América y Europa actúa prácticamente como director general, en la realización de los planes del consejo ejecutivo de la Logia. Al­gunos Maestros forman un grupo interno alrededor de los tres Grandes Señores, y se reúnen en concilio con mucha frecuencia.
El Maestro húngaro, R. o Rakoczi vive actualmente en Hungría y es el Regente de Europa y América, perteneciendo a la “gran Fraterni­dad”. Trabaja a través de distintas organizaciones y movimientos, inclu­yendo la masonería. Este Maestro es uno de los que aceptan discípulos.

El Maestro cretense, H. o Hilarión, se halla interesado en el movi­miento espiritista y es autor del libro Luz en el Sendero.


Pág. 29
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El Maestro P. trabaja bajo la dirección del Maestro R. en Norteamérica; tuvo mucho que ver esotéricamente con las distintas ciencias mentales, como la Ciencia Cristiana y el Nuevo Pensamiento, constituyendo ambas un esfuerzo de la Logia en el afán de enseñar a los hombres la realidad de lo invisible y el poder, creador de la mente. Su cuerpo es irlandés; pertenece al cuarto rayo, y no puede ser revelado el lugar de Su residencia. Tomó a su cargo gran parte del trabajo del Maestro Serapis cuan­do Éste se ocupó de la evolución dévica.
Pág. 30
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Otros dos Maestros están especialmente relacionados con el séptimo rayo o ceremonial, y Su trabajo particular es supervisar el desarrollo de ciertas actividades, dentro de los próximos quince años, bajo la dirección del Maestro R. Puede asegurarse definiti­vamente que antes de la venida de Cristo se hará lo necesario para que esté al frente de las grandes organizaciones un Maestro o un iniciado que haya recibido la tercera iniciación. Maestros e iniciados estarán al frente de ciertos grandes grupos ocultistas de francmasones del mundo y de diversos sectores de la iglesia en muchas de las grandes naciones. Este trabajo de los Maestros se está realizando ya, y todos Sus esfuerzos tienden a una exitosa culminación. En todas partes Ellos reúnen a quienes de una u otra manera demuestran la tendencia a responder a las altas vi­braciones, tratando de forzarlas y adaptarse a ellas, a fin de ser útiles en el momento de la venida de Cristo. Grande es el día de la oportunidad cuando llegue ese momento, porque debido a la enorme fuerza vibratoria, que entonces presionará sobre los hijos de los hombres, quienes realizan ahora el trabajo necesario, podrán dar un gran paso hacia adelante y franquear el portal de la Iniciación.
Pág. 31
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Nuevamente se le otorga al iniciado una visión del porvenir, y está siempre en condición de reconocer a los otros miembros de la Gran Logia Blanca, siendo estimuladas sus facultades síqui­cas mediante la vivificación de los centros de la cabeza. Hasta no haber pasado esta iniciación no es necesario ni aconsejable des­arrollar las facultades sintéticas o la clariaudiencia y clarividen­cia. La finalidad de todo el desarrollo consiste en el despertar de la intuición espiritual; una vez lograda, cuando el cuerpo físico es puro, el cuerpo astral estable y firme y el cuerpo mental controlado, entonces el iniciado podrá manejar sin peligro y uti­lizar inteligentemente las facultades síquicas para ayudar a la raza. No sólo podrá utilizar estas facultades, sino que será capaz de crear y vivificar formas mentales claras y bien definidas, que vibren con espíritu de servicio, sin estar controladas por la mente inferior o el deseo. Estas formas mentales no serán (como las creadas por la mayoría de los hombres) formas sin cohesión, relación ni unión, sino que alcanzarán un alto grado de síntesis. Arduo e incesante será el trabajo, antes de poder realizarse esto, pero una vez estabilizada y purificada la naturaleza de deseos, no re­sultará difícil el control del cuerpo mental. De ahí que el sendero del devoto sea más fácil en ciertos aspectos que el del intelectual, pues ha aprendido a medir el deseo purificado y a progresar me­diante las etapas requeridas.
Pág. 43-44
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Las Iniciaciones finales.
Después de la cuarta iniciación, no queda mucho por hacer, El dominio del sexto subplano prosigue rápidamente, y se coor­dina la materia de los subplanos superiores al búdico. Al iniciado se le permite tener una más íntima fraternidad en la Logia, y su contacto con los devas es más completo. Va agotando rápidamen­te los recursos del Aula de Sabiduría, y dominando los más intrin­cados planes y gráficos. Se hace muy versado en la significación del color y del sonido; puede manejar la ley en los tres mundos y hacer contacto con su mónada, con más libertad que la mayoría de la raza humana con sus egos. Tiene también a su cargo gran trabajo; enseña a muchos discípulos; ayuda en muchos planes, y reúne bajo su dirección a quienes deben ayudarlo en el futuro. Esto se refiere únicamente a los que se quedan para ayudar a la humanidad en este globo. Más adelante nos ocuparemos de algu­nas líneas de trabajo que se extienden ante el adepto, si trasciende el servicio en la tierra.
Pág. 45
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Es muy posible que el hombre actúe también en el plano físico, y se dedique activamente a servir al mundo sin guardar recuerdo alguno de haber pasado por el proceso iniciático; no obstante, pue­de haber recibido en una vida anterior la primera o la segunda iniciación. Este resultado se debe simplemente a que no hay vínculo entre una vida y otra, o quizás sea el resultado de una definida decisión del ego. Un hombre puede agotar cierto karma y llevar a cabo algún trabajo para la Logia si está libre de preo­cupaciones esotéricas e introspecciones místicas durante una vida terrena. Muchos hijos de los hombres, han recibido ya la primera iniciación y pocos la segunda, no obstante lo ignoran; pero quie­nes poseen visión interna pueden comprobarlo por sus centros y sistema nervioso. Cuando se recibe por primera vez la iniciación, en determinada vida el cerebro físico lo recuerda.
Ni la curiosidad ni el bien vivir, jamás llevaron al hombre al Portal de la Iniciación. La curiosidad que despierta fuertes vi­braciones en la naturaleza inferior del hombre sólo sirve para apartarlo, en lugar de llevarlo a la meta en la cual está interesado, mientras que el bien vivir, sin el complemento de un total sacrificio por los demás, sin una parquedad, humildad y desinterés, de tipo poco común, puede servir para construir buenos vehículos, útiles para otra encarnación, pero no para derribar las barreras externas e internas o dominar las fuerzas y energías opuestas que se levantan entre un hombre "bueno" y la ceremonia de la iniciación.
El sendero del discipulado es difícil de hollar, y más aún el sendero de iniciación. El iniciado es un guerrero cubierto de cica­trices, el vencedor de muchas luchas. No habla de sus realizacio­nes, porque está muy ocupado con el gran trabajo que tiene entre manos. No se refiere a cosas personales ni a lo realizado, excepto lamentar lo poco que ha hecho. Sin embargo, para el mundo, es considerado un hombre de gran influencia, que maneja poder espi­ritual, personifica ideales y trabaja para la humanidad, e inevita­blemente traerá resultados que reconocerán las futuras generacio­nes. Iniciado es aquel que, a pesar de todas sus grandes realizacio­nes, rara vez es comprendido por su propia generación. Con fre­cuencia es blanco de la maledicencia de los hombres y a menudo no se lo interpreta bien; ofrenda todo lo que posee ‑tiempo, di­nero, influencia, reputación y todo lo que el mundo considera de valor‑ sobre el altar del servicio altruista y frecuentemente ofrece su vida como dádiva final, sólo para descubrir que aquellos a quie­nes ha servido, rechazan su ofrenda, desprecian su renunciamiento y lo vituperan. Pero al iniciado no le importa, pues tiene el privi­legio de ver el futuro y reconocer que la fuerza por él engendrada, cumplirá el plan a su debido tiempo; además sabe que su nombre­ y esfuerzos están registrados en los archivos de la Logia y son co­nocidos por el Observador Silencioso que vigila los asuntos de los hombres.
Las Existencias planetarias.
Trataremos aquí los personajes que toman parte en las cere­monias de la iniciación, y consideraremos primeramente a quie­nes se denominan Existencias planetarias. Esto se refiere a esos Grandes Seres que durante un período de manifestación plane­taria influyen a la humanidad o permanecen con ella. No son muchos, pues la mayoría pasa constante y progresivamente a tra­bajos superiores, porque sus lugares pueden ser ocupados y sus funciones llevadas a cabo por miembros de nuestra evolución te­rrestre, tanto dévica como humana.
Entre quienes están directamente vinculados con las distintas divisiones de nuestra Logia de Maestros en el planeta, podrían designarse los siguientes: El Observador Silencioso, la Gran En­tidad, la vida animadora del planeta, que es para el Señor del Mundo, Sanat Kumara, lo que el ego para el yo inferior del hom­bre. Se podrá obtener una idea de la elevada etapa de evolución de este Gran Ser, si se compara el grado de diferencia evolutiva entre un ser humano común y un adepto perfecto. Desde el punto de vista de nuestro esquema planetario, no hay ser más elevado que esta gran Vida, y en lo que a nosotros concierne, es la analogía del Dios personal de los cristianos. Actúa por medio de Su representante en el plano físico, Sanat Kumara, punto focal de Su vida y energía. Contiene al mundo dentro de su aura. El adep­to que ha recibido la quinta iniciación, y está por recibir la sexta y séptima, es el único que puede hacer contacto directamente con esta gran Existencia. Una vez al año, en el Festival Wesak, el Señor Buda autorizado por el Señor del Mundo, derrama sobre la multitud una doble corriente de fuerza, que emana del Obser­vador Silencioso, complementada por la energía más concentrada del Señor del Mundo. Esta doble energía la imparte como ben­dición sobre la multitud congregada en la ceremonia de los Hima­layas, desde donde se difunde a todos los pueblos, razas y nacio­nes. Quizás no todos sepan que en cierta crisis, durante la Gran Guerra, la Jerarquía de nuestro planeta juzgó necesario invocar la ayuda del Observador Silencioso y entonando el gran mán­tram por el cual se puede llegar al Buda llamó Su atención y le pidió interceder ante el Logos planetario. Entre el Logos pla­netario, el Señor del Mundo, uno de los Budas de Actividad, el Buda, el Mahachohan y el Manu ‑enumerados de acuerdo a su etapa de evolución‑, se decidió observar durante más tiempo el curso de los acontecimientos antes de interferir en éstos pues el karma del planeta hubiera sido demorado si la lucha terminaba demasiado rápido. Se justificó Su confianza en la capacidad de los hombres de ajustarse debidamente a las condiciones, y fue inne­cesaria Su intervención. Este concilio se efectuó en Shamballa. Se ha mencionado esto para demostrar la atenta observancia de las Entidades planetarias en todo lo concerniente a los asuntos de los hombres. Es textualmente verdad, en sentido esotérico, que "ni una sola hoja cae" sin ser registrada su caída.
Quizás se pregunten por qué el Bodhisattva no tomó parte en el concilio. La razón reside en que la guerra era asunto del departamento del Manu, y los miembros de la Jerarquía sólo se ocupan de lo que es estrictamente de su incumbencia; como el Mahachohan personifica el principio manásico o inteligencia, par­ticipa en todos los concilios. En la próxima gran lucha inter­vendrá el sector religioso y estará implicado íntimamente el Bod­hisattva. Su hermano, el Manu, estará exento de intervenir y se ocupará de Sus propios asuntos. Por otra parte existe una estre­cha colaboración en todos los departamentos, sin pérdida de ener­gía. Debido a la unidad de conciencia de quienes se han liberado de los tres planos inferiores, lo que sucede en un departamento es conocido en los otros.
Como el Logos planetario sólo interviene en las dos iniciacio­nes finales, que no son obligatorias como las cinco preliminares, no tiene objeto explayarse sobre Su trabajo. Estas iniciaciones se reciben en los planos búdico y átmico, mientras que las cinco primeras en el mental.
El Señor del Mundo, el Iniciador Uno, Aquel que la Biblia denomina "el Anciano de los Días” y las Escrituras hindúes el Primer Kumara, desde Su trono de Shamballa en el desierto de Gobi, Él, Sanat Kurnara, es el que preside la Logia de Maestros y tiene en Sus manos las riendas del gobierno de los tres departa­mentos. Algunas Escrituras lo denominan "el Gran Sacrificio”, y ha decidido vigilar la evolución de los hombres y los devas, hasta que todos hayan sido esotéricamente "salvados". Además determina los "ascensos" en los diferentes departamentos y quié­nes deben ocupar las vacantes. Cuatro veces al año se reúne en concilio con los Chohanes y Maestros y autoriza lo que debe hacerse para adelantar los fines de la evolución.
A veces ocasionalmente se reúne también con iniciados de grado inferior, pero sólo en momentos de grandes crisis, cuando se le ofrece la oportunidad a algún individuo de lograr paz y aventar la llama que destruya rápidamente las formas que se es­tán cristalizando y liberar, en consecuencia, la aprisionada vida.
En determinados períodos del año se reúne la Logia, y en el Festival Wesak se congrega bajo Su jurisdicción para tres fines:


  1. Entrar en contacto con la fuerza planetaria por media­ción de Buda.




  1. Celebrar la principal conferencia trimestral.




  1. Admitir en las ceremonias de la iniciación a quienes es­tán preparados y han cursado todos los grados.

Durante el año se efectúan otras tres ceremonias iniciáticas:




  1. Las iniciaciones menores administradas por el Bodhisat­tva, las cuales tienen lugar en el departamento del Mahachohan y en uno de los cuatro rayos menores de atributo.




  1. Las iniciaciones mayores en uno de los tres rayos mayo­res, rayos de aspecto, administradas por el Bodhisattva, constituyendo, por consiguiente, las dos primeras inicia­ciones.

Las tres iniciaciones superiores, donde Sanat Kumara empuña el Cetro.


En todas las iniciaciones está presente el Señor del Mun­do, pero en las dos primeras ocupa análoga posición a la ocu­pada por el Observador Silencioso, cuando Sanat Kumara toma el juramento de las iniciaciones tercera, cuarta y quinta. En­tonces Su poder fluye ante el iniciado y el fulgor de la es­trella es la señal de Su aprobación, pero el iniciado no Lo ve ante sí, hasta la tercera iniciación.
Es interesante la función que desempeñan en la iniciación los tres Kumaras o Budas de Actividad. Son tres aspectos del aspecto Uno y discípulos de Sanat Kumara. Aunque sus funciones son muchas y diversas y conciernen principalmente a las fuerzas y energías de la naturaleza y a la dirección de los agentes constructivos, tienen una conexión vital con el aspirante a la iniciación, pues encarnan a la fuerza o energía de uno de los tres subplanos superiores del plano mental. Por lo tanto, en la tercera iniciación, uno de estos Kumaras transmite al cuerpo causal del iniciado la energía que destruye la materia del tercer subplano, produciendo parte de la destrucción del vehículo. En la cuarta iniciación otro Buda trasmite fuerza del segundo pla­no y, en la quinta, la fuerza del primer subplano pasa de modo similar a los átomos restantes del vehículo causal, determinando la liberación final. El trabajo del segundo Kumara con la fuer­za del segundo subplano, es el más importante de nuestro sis­tema solar, en relación con el cuerpo egoico, y produce su com­pleta desintegración, mientras que la aplicación final hace que los átomos, que constituyen ese cuerpo, se dispersen.
Durante la ceremonia de la iniciación, cuando el iniciado se encuentra ante el Señor del Mundo, estos tres Grandes Seres forman un triángulo, dentro de cuyas líneas de fuerza se en­cuentra el iniciado. En las dos primeras iniciaciones, donde el Bodhisattva actúa como el Hierofante, el Mahachohan, el Manu y un Chohan, que temporariamente representa el segundo de­partamento, desempeñan un cargo similar. En las dos iniciacio­nes superiores los tres Kumaras, llamados "Kumaras esotéricos", forman un triángulo, en el cual permanece el iniciado cuando en­frenta al Logos planetario.
Se han relatado estos hechos a fin de enseñar, primero, la uni­dad del método y, segundo, que la verdad del aforismo "como arriba es abajo", es un hecho oculto en la naturaleza.
En las dos iniciaciones finales toman parte muchos miembros de la Jerarquía que son extraplanetarios, si se puede expresar así, y actúan fuera del físico denso y del globo etérico de nuestro pla­neta; por lo tanto, no es necesario enumerarlos detalladamente. Sanat Kumara es aún el Hierofante, pero, en sentido muy esoté­rico, el que oficia es el Mismo Logos planetario. Ellos en ese ins­tante están fusionados en una sola Entidad, manifestando dife­rentes aspectos.
Para finalizar esta breve reseña basta decir que la forma­ción de un iniciado tiene un doble efecto, pues involucra siem­pre el paso de algún adepto o iniciado, a un grado superior o a otro trabajo, y la llegada, de acuerdo a la Ley, de un ser hu­mano que está en proceso de realización. Por lo tanto ello es de gran importancia porque involucra actividad y lealtad grupales y esfuerzo unido, y quizás mucho dependa de la sabiduría de aceptar a un hombre para ocupar un alto cargo y un lugar en las cámaras del Concilio de la Jerarquía.
Los guías departamentales.
El Manu

El Bodhisattva

El Mahachohan
Según se ha dicho, estos tres Grandes Seres representan a la triplicidad de toda manifestación y pueden expresarse tenien­do presente que todo se refiere a la subjetividad y por lo tanto a la evolución de la conciencia y, principalmente, a la autocon­ciencia del hombre.




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