Das experiment



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DAS EXPERIMENT Y LA EXPERIENCIA DEL DAÑO

Enric Antoni Burgos Ramírez


1.-OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD, DESINDIVIDUALIZACIÓN Y DESHUMANIZACIÓN.
Aunque los resultados del experimento Milgram sobre la obediencia a la autoridad no se publicaron hasta el año 1974, parece que sus pruebas experimentales sobre el tema fueron realizadas a comienzos de la década de los sesenta. Movido, entre otras cosas, por el interés de dar una explicación a las aberraciones que tuvieron lugar en la Segunda Guerra Mundial, Stanley Milgram diseñó un experimento capaz de comprobar el comportamiento de una persona bajo una autoridad que le ordenara dañar a una tercera persona [1]. Básicamente, y sin entrar en explicaciones sobre las diferentes variantes que se hicieron del experimento, diremos que éste contaba con la participación de tres personas: experimentador (autoridad), enseñante (verdugo) y aprendiz (víctima), siendo el enseñante aquél sobre el que se realiza el experimento. La prueba sitúa al enseñante en una disyuntiva: 1) obedecer al experimentador y administrar al aprendiz descargas eléctricas que suben de nivel cada vez que éste falla en sus respuestas, o bien 2) desobedecer a la autoridad y negarse a hacer efectivas las descargas (las cuales, por otra parte no tienen lugar realmente, y por lo tanto no hacen ningún daño al actor que interpreta el papel de aprendiz y que finge las reacciones ante los shocks eléctricos).

Los desalentadores resultados de las pruebas (desalentadores en tanto que valorados desde de una perspectiva moral y humana) marcarán el inicio de toda una serie de experimentos dentro de la psicología social que trataban de dar explicaciones paralelas, complementarias o incluso opuestas a las ofrecidas por Milgram.

Philip Zimbardo fue uno de los profesores interesados por este experimento y contribuyó con sus investigaciones a continuar el camino iniciado por S. Milgram. Zimbardo llevó a cabo en 1969 su experimento sobre el renombrado fenómeno de la desindividualización (deindividuation). El concepto no era nuevo, sino que ya había sido propuesto por Festinger, Pepitone y Newcomb en 1952 y había sido posteriormente estudiado por Singer, Brush y Lublin ( y si nos remitimos aún más atrás, podemos encontrar el caldo de cultivo en el que nace esta noción en los primeros escritos sobre psicología social de Le Bon, en los que se quería dar cuenta de las transformaciones que sufre el individuo con su inclusión en la masa) [2]. Zimbardo reprodujo en su experimento una situación semejante a la de los estudios de Milgram sobre la obediencia, pero con determinadas variaciones que cabe hacer patentes. Según Zimbardo afirma, la investigación de Milgram quedaba limitada a las situaciones en las que una poderosa autoridad controla directamente el comportamiento de sus subordinados. Pero sería un error pensar que el daño y el mal causados por los humanos tiene siempre detrás, físicamente, la figura de un líder que insta al subordinado a realizar ese daño. La autoridad, en cambio, crea las condiciones necesarias para que estas acciones malas puedan ser llevadas a cabo en su ausencia.

Estas condiciones comprenderían la inclusión de los agentes dentro de grupos, el uso de uniformes y/o disfraces por parte de estos agentes y el fomento y potenciación en ellos de las respuestas de tipo emocional en detrimento de las de tipo racional y cognitivo. Sería esto lo que nos permitiría hablar de desindividualización como esa sensación del miembro del grupo de haber diluido su identidad personal entre el grupo, la masa o la multitud y que lo lleva a sentirse anónimo. Las variaciones, pues, que Zimbardo hizo sobre la situación que proponía el experimento Milgram iban encaminadas a medir la importancia de la desindividualización en los actos de las personas sobre las que se experimentaba (es decir, las personas que ocupaban el mismo lugar que “el enseñante” en el experimento Milgram). Sin entrar en muchos detalles no tan importantes para nuestro propósito, podemos decir que los agentes (verdugos) debían aplicar descargas eléctricas a terceras personas (aunque por un motivo diferente al del experimento Milgram), sin embargo, eso sí, sin que la autoridad estuviera presente pidiendo el cumplimiento de las normas del experimento. Sólo la mitad de los agentes actuaría bajo las antes mencionadas condiciones desindividualizadoras.

Zimbardo obtuvo como resultado que aquellos que habían sido desindividualizados mediante estos procedimientos habían realizado descargas que doblaban el voltaje aplicado por las personas “individualizadas”, esto es, que no habían enmascarado de ninguna manera su identidad.

Con esto, las investigaciones de Zimbardo iban más allá de las afirmaciones de Le Bon. No es sólo , como hemos visto, la inclusión en la masa la causante de la desindividualización. Y sobre todo, se puede afirmar que la consecuencia de la desindividualización no es la sustitución de la individualidad diluida por una mente colectiva que guía las acciones de los agentes. Más bien se podría decir que la pérdida de la individualidad lleva a una pérdida del control y “libra” a la persona de las restricciones morales , lo cual desemboca en un comportamiento emocional, impulsivo e irracional.[3]

Esta línea de investigación fue continuada por el colega de Zimbardo, Albert Bandura, quien centraría su estudio ya no en la desindividualización que impulsa al verdugo a llevar a cabo sus acciones malas, sino en la deshumanización de la víctima perpetrada por el verdugo. De nuevo, en este experimento de Bandura no hay ninguna presión por parte de la autoridad y de nuevo, no nos importará tanto el motivo (excusa) para aplicar los electroshocks. Sí que nos interesará, en cambio, ver cómo la caracterización previa de las víctimas que debían sufrir las descargas influyó en las acciones de los agentes/verdugos. Veamos brevemente el desarrollo del experimento.

Un grupo de estudiantes (agentes sobre los que se experimentará) espera junto al experimentador la llegada de otro grupo de estudiantes (actores que fingirán ser víctimas de los shocks eléctricos). Cuando este segundo grupo llega, el ayudante se dirige al experimentador con una de estas tres frases:


Neutral: Los estudiantes de la otra escuela ya están aquí.

Humanizada: Los estudiantes de la otra escuela ya están aquí, parecen simpáticos (nice).

Deshumanizada: Los estudiantes de la otra escuela ya están aquí, parecen animales.
Los estudiantes que debían aplicar las descargas nunca los vieron ni oyeron. La única referencia que tenían de ellos venía dada por la frase de presentación del ayudante. Los resultados hacían ver que la presentación deshumanizada de los otros estudiantes ( las víctimas ) minimizaba la conciencia del mal en las acciones de los agentes, según reconocieron éstos en una entrevista posterior, y tal como afirmaban, era esto lo que los llevaba a administrar electroshocks más potentes. En cambio, la presentación humanizada bajo las mismas condiciones hacía que los agentes optaran por descargas de menos voltaje.

Así pues, una simple palabra, una caracterización o etiqueta puede crear un estereotipo de la víctima, del enemigo, lo cual contribuye, de la misma manera como contribuía la desindividualización , a bajar la altura de esa línea que separa, dentro de un mismo individuo, la persona normal del verdugo.[4]


2.- EL EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD Y EL PAPEL DEL ROL.
Es precisamente en este ambiente experimental en el que obediencia a la autoridad, desindividualitzación y deshumanización toman nuevo protagonismo donde aparece el que, de aquí en adelante, será el núcleo de nuestras reflexiones, a saber, el experimento de la prisión de Stanford que Philip Zimbardo realizó durante el verano de 1971, el cual, además, sirvió de inspiración a la novela Black Box y al film Das Experiment que más tarde comentaremos.

Con el objetivo de estudiar los roles que se desarrollan en las prisiones, Zimbardo convirtió los bajos del departamento de Psicología de la Universidad de Stanford en la simulación de una prisión. Un anuncio para estudiantes instaba a éstos a participar en el experimento desempeñando los roles de prisioneros y guardianes durante quince días. Zimbardo seleccionó los veintiún solicitantes que parecían más “normales” y que se encontraban en mejores condiciones físicas y psíquicas. Al azar, se asignó a once de ellos el rol de guardianes y a los diez restantes el rol de prisioneros.

Zimbardo se planteó su experimento como una manera de dar cabida conjuntamente a los procesos que acabamos de ver en el apartado anterior. La deshumanización de las víctimas y la desindividualización de los verdugos se procuraría mediante el papel de los roles (prisioneros y guardianes) que eran asignados a unos y otros. Si todos asumían sus roles, éstos condicionarían sus acciones de la misma manera como sucedió con “la etiqueta” que caracterizaba a los individuos del experimento de Bandura, y de esta forma, la autoridad y poder exclusivos de los guardianes y la sumisión de los prisioneros quedarían garantizadas.

El experimento comienza con la detención por parte de la policía local de los que más tarde serán los prisioneros, llevándolos, acto seguido, a la mencionada “prisión”. Las posesiones de los prisioneros se limitaban a un uniforme con su número identificativo, un cepillo de dientes, toallas y ropa de cama, estando prohibido para ellos cualquier tipo de objeto personal, así como salir fuera del recinto. Llevaban además un desindividualizante sombrero en la cabeza y una cadena en el pie, que pese a no impedirles la movilidad, les recordaba cuál era su condición.

En cambio los guardianes desarrollaban su tarea como un trabajo con un horario fuera del cual disponían de tiempo libre. Se les dio un uniforme que imitaba el oficial, una porra, un silbato y gafas de sol que fomentaran el anonimato, pero no contaron con instrucciones concretas. Simplemente se les pidió que mantuvieran un grado razonable de orden para que la prisión funcionara debidamente. En cambio, sí que se prohibía explícitamente usar el castigo corporal y la agresión contra los prisioneros.

La asunción de los roles fue prácticamente inmediata. Los dos grupos de estudiantes, que en un principio parecían muy similares en todos los aspectos, exhibían impresionantes cambios en menos de una semana.[5] Los prisioneros se mostraron pasivos, dependientes y desvalidos. Por el contrario, los guardianes expresaron sentimientos de poder, status y pertenencia al grupo. Pronto comenzaron a inventar nuevas reglas que hacían el régimen de la prisión más punitivo. Los guardianes no tardaron en hacer uso de la violencia verbal o de castigos arbitrarios, o abusar de la sumisión de los prisioneros, especialmente cuando pasaban revista, o a reducir los privilegios de los prisioneros.

Aunque el estudio debía durar dos semanas, después de seis días, el experimento estaba fuera de control. Los prisioneros habían intentado amotinarse y algunos habían sufrido ataques de nervios o estados depresivos. Cinco prisioneros tuvieron que ser sacados de la prisión debido a graves alteraciones psicológicas. Los guardianes habían tendido cada vez más hacia un enfrentamiento con los prisioneros hostil y deshumanizante.

Todos estos cambios tuvieron lugar en la prisión de Stanford sin ningún entrenamiento especial, pero las técnicas antes mencionadas estaban presentes. El análisis de los resultados demostraba que los individuos se habían convertido en el rol que desempeñaban, gracias sobre todo a las condiciones desindividualizantes que los mismos roles propiciaban (anonimato otorgado por los uniformes, difusión de responsabilidad entre el grupo, perspectiva temporal alterada por la expansión del presente, localización nueva y ajena, aislamiento, pérdida del sentido de la realidad, alteraciones de la conciencia, respuestas irracionales e impulsivas,...).

La conclusión de Zimbardo afirmaba que es la fuerza de la situación y no la personalidad del individuo la causa del comportamiento observado. Contrastando los resultados de su experimento y los del estudio de Milgram, Zimbardo lanza tres tesis fundamentales:

1) la obediencia a la autoridad requiere nuestra participación en el proceso de creación del mito de la autoridad que más tarde quedará legitimada con nuestra sumisión y obediencia a la propia autoridad,

2) la razón por la que podemos ser tan fácilmente manipulados es porque creemos ilusamente en una invulnerabilidad personal y en un autocontrol que nos hacen pensar, erróneamente, que somos independientes del poder de las fuerzas sociales, y 3) el mal y el daño no son el fruto de acciones de personas malas con motivos malos, sino el resultado de buenos burócratas que simplemente hacen su trabajo.

Tenemos así la confirmación experimental de lo que muchos estudios de la conducta nazi , como por ejemplo Eichmann en Jerusalén de H. Arendt, afirmarán: los actos monstruosos, a pesar de sus horrores, son simplemente una cuestión de burócratas leales que cumplían servilmente órdenes. Consecuentemente, este sentido de obedecer órdenes sin plantearse las consecuencias morales y sin ser consciente del mal que puede comportar va ligado a una delegación y difusión de la responsabilidad que, como apuntaba Zimbardo , nos debe obligar a replantearnos nuestra concepción autónoma, racional y monolítica que tenemos del sujeto.


3.- EL EXPERIMENTO DE LA PRISIÓN DE STANFORD, BLACK BOX,

DAS EXPERIMENT.
Como hemos mencionado antes, el experimento de Zimbardo sirvió de base sobre la que Mario Giordano escribió Black Box, una novela que traslada la idea básica del experimento a nuestros días. Fue esta novela la que llevó a Oliver Hirschbiegel a rodar Das Experiment, de manera que, aunque las referencias al experimento real son inevitables, se puede afirmar que el film se basa fundamentalmente en la novela (de hecho, es bastante significativo que el autor de Black Box participara en la elaboración del guión del film). Aún así, el director intentó recoger elementos representativos del experimento de Zimbardo así como añadir otros nuevos: “ Hice una investigación sobre el experimento Milgram y el de Stanford y encontré dos o tres cosas que quería poner en la pantalla. Por ejemplo, la escena donde se emplean extintores para calmar a los prisioneros durante el motín (...) El juego del gato y el ratón es algo que Milgram hizo con sus voluntarios. Quería incluir esto en la película también”.[6]

La película presenta así algunas diferencias sustanciales respeto del experimento. No vamos a ser exhaustivos en el análisis de éstas, pero sí que mencionaremos las que consideramos más importantes para nuestros intereses.

La diferencia más básica de todas afecta a la propia historia. Antes hemos explicado cómo y cuándo acabó el experimento debido a la pérdida de control de la situación. En la película, en un intento de aventurar cuáles habrían sido las consecuencias si el experimento de Stanford hubiese continuado, la historia se lleva al extremo.

En segundo lugar, concedemos cierta importancia a la decisión del director de situar la acción en Alemania y no en Estados Unidos.

La tercera de las diferencias tiene que ver con la extracción de los participantes. Mientras en el experimento real los participantes fueron colaboradores y alumnos de Zimbardo, en el film los voluntarios son elegidos mediante un anuncio en el periódico, abierto a todo tipo de hombres, desde taxistas como Tarek a imitadores de Elvis como Eckert. Hay que añadir aquí que el número de participantes varía en el film (doce prisioneros y ocho guardianes en la película frente a los diez prisioneros y once guardianes del experimento de Stanford), así como también varía el inicio del experimento en sí (el film elimina la detención policial a la que hemos hecho referencia antes).

Se debe considerar también la inclusión en el guión del film de unas normas más explicitas que los guardianes deben hacer cumplir. Ya hemos dicho en el anterior apartado cuáles fueron las instrucciones que éstos recibieron. Las normas se concretan así en la película:


1) Los prisioneros deberán nombrar al resto de prisioneros por el número que tienen asignado, nunca por el nombre, mientras que deberán dirigirse a los guardianes con la expresión “señor guardián”.

2) Los prisioneros tienen prohibido hablar una vez apagadas las luces.

3) Es necesario que los prisioneros acaben toda su comida.

4) Los presos deben obedecer a los guardas en cualquier circunstancia.

5) El incumplimiento por parte de los prisioneros de estas reglas comportará un castigo.
Por último, el film incluye la historia de amor entre Tarek (nº 77) y Dora, que va intercalándose a lo largo de la película hasta que Dora acaba involucrándose directamente en la dinámica del experimento en la última parte del film.
4.- ALGUNAS JUSTIFICACIONES DE LA ELECCIÓN DE LA PELÍCULA COMO OBJETO DEL ANÁLISIS.
Serán justamente estas diferencias las que nos permitirán justificar la elección del film y no del experimento como núcleo principal de nuestra exposición.

El hecho de alargar ficticiamente el desarrollo del experimento proporcionará nuevos puntos de reflexión. Llevar la historia al extremo nos permitirá acercarnos a ciertos comportamientos (lo veremos cuando analicemos el personaje de Berus) que el aborto del experimento real no pudo permitir. Es precisamente la intención de Hirschbiegel de no hacer una evocación históricamente fiel de los hechos la que nos lleva a la evaluación positiva de la segunda diferencia respecto del experimento real que propone la película. Hirschbiegel ha trasladado aquello que hace más de treinta años tuvo lugar en Estados Unidos a la Alemania de hoy. Si en aquel tiempo podría haber habido un intento de crítica contracultural en la presentación de aquel experimento frustrado, ahora hay otro tipo de mirada. Una mirada que analiza el corazón de una sociedad (la alemana, la europea, la occidental) instalada en un altísimo bienestar, que parece hipnotizada por la observación de su ombligo, sin percatarse que el paraíso económico construido tiene los cimientos de la opresión y la explotación de los pueblos más débiles y que uno de los elementos de la factura que debemos pagar por tales servicios es la más tremenda soledad, la frustración personal, como nos muestran algunos personajes de Das Experiment (pensamos por ejemplo en Shütte o Eckert). El director apunta en una entrevista a las causas del triunfo del egocentrismo, la pérdida del sentido de la realidad, el sentimiento del deber y el fanatismo religioso que, según él, marcan nuestro tiempo: “ En la sociedad occidental, la vida social se está haciendo más y más compleja y complicada, y el desarrollo tecnológico se está realizando a costa de valores e ideales fundamentales”.

El “sentido universal” que, como hemos visto, el director quiere hacer patente con la localización de la historia en Alemania se ve corroborado con el procedimiento de captación de los voluntarios en la película. La lógica de la burocracia y la tecnificación de las sociedades occidentales puede convertir a cualquier persona normal en un verdugo [7] (y ésta no es sólo la conclusión de ciertos estudios, sino también la opinión de Hirschbiegel), de manera que la mejor forma de dar cuenta de esto será incluyendo en la historia participantes en el experimento de diferentes extractos sociales. En última instancia, como mantiene el director, la experiencia convertirá a los voluntarios independientemente de su procedencia: “En nuestra historia, los participantes venían de diferentes lugares. Algunos eran parados, otros estudiantes, otro era gerente de una aseguradora importante. En Stanford todos eran jóvenes bien educados, y se comportaron de la misma manera”. [8]

Por otra parte, vemos como la película contribuye a la hora de dejar constancia desde un primer momento, de la superioridad de los guardianes sobre los prisioneros en cuanto al poder que les otorga su rol. Esta superioridad, mostrada en relación con el rol, queda establecida en el momento en que el guardián Kamps comunica a los prisioneros cuáles son las normas de la prisión. Observamos rápidamente como la concreción de las normas de la prisión del film define más claramente los roles de lo que lo hicieron las normas casi inexistentes del experimento realizado en 1971. Esta definición prácticamente inmediata de los roles favorecerá , más aún, la puesta en marcha de los mecanismos de desindividualización y deshumanización, implícitos ya en las mismas órdenes concretas.

En último lugar, la inclusión de la historia de amor entre Tarek y Dora se valora no sólo como isla de alivio psicológico del espectador dentro la claustrofobia imperante del film, sino también y sobre todo como símbolo de una esperanza.

5.- DAS EXPERIMENT, OLIVER HIRSCHBIEGEL, 2001.

FICHA TÉCNICA


Título original Das experiment

Nacionalidad Alemana

Año de producción 2001

Duración 120 min.
Director Oliver Hirschbiegel

Guionistas Don Bohlinger

Christoph Darnstädt

Mario Giordanoç

Productores Marco Conrad

Norbert Preuss

Friedrich Wildfeuer

Coproductor Benjamin Herrmann

Productor ejecutivo Philip Evenkamp

Música Alexander Bubenheim

Director de fotografía Rainer Klausmann

Dirección artística Andrea Kessler

Uli Hanisch

Montaje Hans Funck



FICHA ARTÍSTICA

Tarek Fahd (nº 77) Moritz Bleibtreu

Steinhoff (nº 38) Christian Berkel

Schütte (nº 82) Oliver Stokowski

Joe (nº 69) Wotan Wilke Möhring

Nº 53 Stephan Szasz

Nº 40 Polat Dal

Nº 21 Danny Ritcher

Nº 15 Ralf Müller

Nº 74 Markus Rudolf

Nº 11 Peter Fieseler

Nº 86 Thorsten Dersch

Nº 94 Sven Grefer

Guardián Berus Justus von Dohnanyi

Guardián Kamps Nicki von Tempelhoff

Guardián Eckert Timo Dierkes

Guardián Bosch Antoine Monot

Guardián Renzel Lars Gärtner

Guardián Stock Markus Klauk

Guardián Amandy Ralph Püttmann

Dr. Klaus Thon Edgar Selge

Dra. Jutta Grimm Andrea Sawatzki

Lars Philipp Hochmair

Dora Maren Eggert

Ziegler André Jung

Hans Uwe Rohde

Como se ha dicho, la comunicación de las normas a los prisioneros por parte de Kamps acaba sentando las bases de la situación y definiendo los diferentes roles que desempeñarán los participantes. Poco antes, los voluntarios se enteran del rol concreto que ocuparán y comienzan a uniformarse. Los primeros en conocer su destino dentro la prisión son los guardias. Eckert manifiesta su alegría al entrar en la sala donde se encuentran sus uniformes: “Guardias...,¡bien!”. Un travelling nos muestra los momentos en los que los guardas se ponen la ropa asignada. La cámara hace el recorrido por detrás de unas perchas que se interponen entre el espectador y los guardias, respetando su privacidad. Varios planos cortos nos muestran como los guardas acaban de vestirse y toman posesión de sus herramientas de poder y autoridad (ajustándose la correa, colocándose el silbato, fijando su porra en el lugar correspondiente, cogiendo las llaves de las celdas, las esposas, los walkie-talkies,...). Entretanto, oímos de nuevo las bromas de todos ellos, y en especial, volvemos a oír a Eckert dirigiéndose, en tono cómico, a un compañero guardián: “¡Las manos a la espalda! ¡Separa las piernas! ja, ja,...”. [9]

Acto seguido, el director del experimento, Klaus Thon, les dice que deben garantizar el orden y el cumplimiento de las normas actuando con disciplina y sentido de la responsabilidad. A esto añade: “No se trata de hacer ver que sois guardias ahora. Sois guardias. Bien,...Veamos, su primer cometido será explicar la situación a los reclusos”.

A continuación vemos cómo el prisionero nº 77 (Tarek) es despiojado por un guardián en las duchas. Tarek aparece de espaldas , totalmente desnudo y con sus manos escondiendo sus genitales. Mientras el resto de prisioneros se desnudan, otro guardián le da su bata-uniforme de color blanco con el número 77 que deberá vestir sin ropa interior.

El grupo de guardianes conducen a los prisioneros en fila hacia sus celdas. Un plano corto a la altura del suelo nos muestra los pies desprotegidos de los prisioneros con chancletas, seguidos de cerca por las botas de cuero negro de los guardianes.



Los guardianes


El director nos ha presentado los personajes durante las pruebas y entrevistas previas al experimento. Ahora acaba de definir los grupos fijando los roles que adoptarán. Obviamente, sin embargo, la presentación de los personajes por separado aún no ha acabado (y de hecho no acabará en algunos casos ni al final de la película). Adentrados en las condiciones de la prisión, guardianes y prisioneros irán mostrando nuevos comportamientos y rasgos de su personalidad. Vamos a ver cuál es, a lo largo del film, la línea de evolución de los personajes más significativos de la película. Comenzaremos por los guardianes.


Guardián Berus.- La presentación de Berus tiene lugar en las pruebas anteriores al experimento. Está poniéndose rápidamente el uniforme correspondiente a su puesto de trabajo de personal de tierra en unas aerolíneas. El director nos presenta a Berus como un eficiente trabajador que muestra orgullo por su responsable cumplimiento de las normas de su trabajo: “La verdad es que en siete años no he llegado tarde ninguna vez”. A medida que Berus adopta su rol, vemos como esta eficiencia y obediencia muestran su cara más oscura. Lejos va quedando la motivación que, a priori, aducía para participar en el experimento: “Sí,... hay que estar abierto, no sé... a otras ideas y a cosas nuevas... y ahora mismo el dinero me vendría bien”[10]. El aplicado, obediente y puntual trabajador se encuentra más cerca de lo que parece de esa línea, antes mencionada, que separa la persona normal del verdugo o torturador. Después del motín de los prisioneros, es Berus quien apunta la forma de castigo que los prisioneros merecen : “Una vez leí en un libro que para recuperar el control en estas situaciones se debe recurrir a la humillación”. La creciente percepción de Berus de sí mismo como parte de un sistema total de autoridad junto a su complejo por su olor corporal nos hacen advertir una nueva cara del personaje, que irá brutalizándose paulatinamente.

A pesar de que los primeros en percatarse del problema de olor corporal de Berus son sus compañeros guardias, no es hasta que el prisionero nº 77 hace un comentario público sobre su olor cuando vemos en Berus la rabia que este hecho le provoca. (Cuando menos, apreciamos la referencia del director a Eisenstein cuando Berus cierra fuertemente su puño alrededor del mango de la porra). Acto seguido vemos a Berus solo, en el fregadero del baño, enjuagándose agitadamente las axilas. La rabia contenida contra nº 77 se proyectará directamente sobre este prisionero en un par de ocasiones. La primera, esa misma noche cuando, escondiéndose de las cámaras, el grupo de guardias decide castigar cruelmente a nº 77. Después de haberlo rapado y orinado sobre él, Berus le pregunta al prisionero, que yace en el suelo: “¿Y ahora, quién es el que apesta?”. La segunda ocasión tiene lugar cuando Berus interpreta como intento de agresión contra su persona la respuesta de nº 77 en defensa de su compañero nº 82. Como resultado de este supuesto intento de agresión, nº 77 es castigado a limpiar con su bata-uniforme las letrinas de la prisión. Tras ser obligado a ponerse la sucia bata , Berus se le dirige en términos semejantes a la anterior situación.

Pero Berus no sólo nos servirá para explicar fenómenos como la proyección o la autoconcepción como causa instrumental al servicio de una autoridad considerada legítima. Antes hablábamos de la ventaja que suponía la continuación de la historia narrada en el film a partir del punto donde la experiencia real del experimento hubo de acabar. Precisamente gracias a este hecho observamos un grado más, si se quiere decir así, de alienación del personaje de Berus, de su descontrol y desmesura en el ejercicio del poder.

Hacia la mitad del film, los guardias, capitaneados por Berus y Kamps, comienzan a deformar y distorsionar de una forma especialmente acusada la situación. El ejemplo que acabamos de ver sobre el supuesto intento de agresión de nº 77 será anecdótico en comparación con las distorsiones posteriores, mucho más generales y referidas a la situación en su conjunto. Berus y los guardas comienzan presentando a los prisioneros como culpables de los conflictos. La distorsión es tal que los lleva incluso a concebirse a sí mismos como víctimas. Como dice Berus: “ Debemos tener muy presente que pueden insultarnos o herirnos en cualquier momento”. Sin embargo, más tarde, acabarán cuestionando, en especial Berus ( e influido por éste, también Eckert ), la autoridad del equipo experimentador. Este cuestionamiento de la autoridad del grupo experimentador viene determinado por dos factores: el primero, la jerarquización dentro del grupo experimentador, percibida por los guardianes y aprovechada por éstos para menospreciar a la doctora Grimm. El segundo, la misma distorsión aplicada al mismo contexto general y que llevaba a Berus a interpretar todo acontecimiento como evidencia que pedía la intervención brutal de su autoridad, a pesar de que la intención de los experimentadores no fuera ésta.

En lo concerniente al primer factor, resulta muy aclaratoria la manera como Berus responde a la doctora Grimm cuando ésta le reprocha su comportamiento violento: “ No me diga cómo debo hacer mi trabajo, y si hay algún problema que me lo diga directamente el doctor Thon”.

Respecto al segundo factor, podemos señalar como escena clave aquella en que Berus, subiendo el volumen de la música para que el ayudante de Thon y Grimm no lo pueda oír, expone su interpretación distorsionada de los hechos. Hablando sobre la ausencia de los dos directores en el edificio, Berus afirma: “Creo que es una prueba para ver cómo reaccionamos ante factores externos. 77 ha causado problemas desde el principio, bien podría ser un condicionante intencionado”. A partir de aquí los guardianes se apoderan del control total del experimento. Berus mantendrá esta posición incluso cuando la doctora Grimm le dice que su interpretación es errónea. Como le dice Berus a la doctora: "¡No intente engañarnos! ¡Esto es una prueba!”.

A punto de acabar la espiral de violencia que caracteriza la última parte del film, justo después de haber intentado apuñalar a nº 77, Berus da una última muestra de la distorsión que ha marcado su trayectoria en la historia cuando le dice a nº 77: “Todo esto lo empezaste tú”.

Guardián Kamps.-El liderazgo de Kamps, junto al de Berus, se observa ya desde el principio de la película. De hecho es él quien presenta las normas de la prisión a los prisioneros. Inmediatamente después, la película le caracterizará por su trabajo como jefe de personal de una empresa durante las entrevistas anteriores a la entrada en la prisión. Trabajo éste que nos dará pistas sobre la manera en la que ejercerá el liderazgo y como tratará a los prisioneros dado el conocimiento de Kamps de las estructuras jerarquizadas de la lógica del sistema. A lo largo del film dará muestras de su forma de entender la autoridad y la obediencia y de cómo se excusa en el interés por el buen funcionamiento del experimento para legitimar los abusos de poder de los guardianes (algunos de ellos tan estúpidos y deshumanizantes como hacerles cantar una canción camino de sus celdas): “Han de tomarnos en serio, si no, no hay experimento”. También participa de la distorsión de Berus y da por hecho que mientras los de arriba (experimentadores) no digan nada, es que todo va bien. Kamps intenta, además, dar cohesión al grupo de guardianes, como se ve cuando le dice al reticente Bosch que deben estar todos juntos en la humillación de nº 77. De forma parecida, intentará romper la posible unión de los prisioneros: “Nueva regla. Si (refiriéndose a nº 77) se pasa de la raya todos pagaréis las consecuencias. ¿Entendido?”.

Podríamos decir que Kamps ejerce el liderazgo y está por encima de Berus en la primera parte del film hasta que Berus comienza a cuestionar, en virtud de su distorsión, el papel de los experimentadores. Kamps insistirá en su deber de seguir las reglas, mientras que la interpretación de Berus lo lleva a deducir, en ausencia de los experimentadores, que la situación es una prueba que pide de él inventar nuevas reglas (situación por otra parte, parecida a la dada en el experimento real, donde les guardas iban añadiendo reglas e incrementando los castigos). Este proceso de distanciamiento respecto de la visión de Berus encuentra su punto final en las últimas imágenes del film cuando al ver realmente amenazada su integridad física y su vida, Kamps alza los brazos en señal de rendición.




Guardián Eckert.- Ya hemos hecho referencia a Eckert antes, pero conviene analizar, aunque brevemente, su personaje. Eckert es un individuo influenciable con una débil personalidad ( no en vano es un imitador). Sus reacciones infantiles al conocer su condición de guardián nos hacen pensar , como hemos dicho en una nota al pie de página, en una persona seducida por las imágenes de autoridad y poder que la lógica del sistema propaga con las series de televisión y las películas de cine. De manera similar, Eckert queda fascinado por su poder: “Hacen todo lo que se les dice! ¡Me gusta que obedezcan!”. Parece , además, ser una persona dependiente, carente de vida interior y sin relaciones afectivas importantes con ninguna persona. De manera semejante a como sucede con Berus y su complejo, Eckert muestra una forma cobarde de afrontar sus frustraciones (pensamos en la escena en la que los guardias hablan de sus hijos. Eckert parece arrastrar una frustración personal por no haber formado una unidad familiar e intenta huir de este pensamiento ejerciendo su poder sobre nº 77).

Eckert nos muestra un caso claro de la difusión de responsabilidad provocado por el fenómeno de la desindividualización que hemos explicado al principio de nuestro recorrido. Siguiendo el camino marcado por los otros (principalmente Berus y Kamps), a menudo hace de mano de obra de las acciones que idean los líderes (recordemos la agresión masiva a nº 77 y la participación de Eckert tapándole la boca con cinta aislante, atándolo a la silla donde lo humillarán o afeitando la cabeza del prisionero). Eckert participará también de las posturas e interpretaciones de Berus. El menosprecio de Berus por la doctora Grimm se traducirá en el caso de Eckert en el intento de violación. Eckert tomará igualmente a Berus como modelo en la forma de llevar a término su intento de violación, es decir, intentando esconder el abuso bajo el volumen de la música.

Introducido del todo en su desindividualización, Eckert se dejará llevar hasta las últimas consecuencias cuando acaba disparando contra el profesor Klaus Thon.
Guardián Bosch.- El trabajo de Bosch fuera de la prisión como profesor de instituto es el primer dato que tenemos de él. La actuación del actor que le encarna, A. Monot, nos acerca a una persona tímida, apocada y cauta. Desde el inicio del experimento muestra una actitud humana hacia los prisioneros, actitud ésta difícil de mantener cuando el resto de guardianes siguen el camino opuesto. Su posición moral queda definida poco antes de la agresión de los guardias a nº 77. Bosch manifiesta su voluntad de marcharse con una excusa poco verosímil (más bien parece no atreverse a posicionarse decididamente en contra de la agresión que tendrá lugar). Posteriormente, haciendo caso a Kamps, se queda mientras tiene lugar la humillación de Tarek. Bosch permanece literalmente en la sombra mientras se produce la agresión. Un plano medio de Bosch le sitúa en la parte oscura del encuadre, mientras mira fuera de campo, hacia donde se produce la agresión, durante breves instantes. Bosch camina hacia atrás, aterrorizado, hasta que sale de la sala. No quiere ver lo que está pasando, no quiere participar con su mirada. La atención que Bosch muestra por nº 77 justo después de esta escena hace que sus compañeros guardias se dirijan a él como “Bosch el traidor”.

La colaboración de Bosch con los prisioneros, sobre todo con nº 77, se ejemplifica en otras situaciones. Pensemos por ejemplo en el silencio de Bosch cuando ve que nº 77 guarda un lápiz que más tarde empleará para escribir una carta que pretende hacer llegar fuera de la prisión, con la ayuda del mismo Bosch. Será precisamente el descubrimiento de este hecho por Berus el que tendrá como resultado la agresión a Bosch por parte de los guardias. En una muestra de ejercicio del poder que no les correspondía, los guardias hacen de Bosch un prisionero más.

La figura de Bosch tiene un referente directo en el experimento de Zimbardo. Este guardia “bueno” del experimento real, como paso también con Bosch, no se enfrentó ni llevó la contraria al resto de compañeros guardas (“malos”). La objeción de este guarda respecto de ciertas medidas tomadas por el grupo quedarán en su ámbito privado, de la misma manera que la ayuda de Bosch a nº 77 se realiza a escondidas.[11]

Con Bosch acabamos el recorrido por los guardianes más significativos. Hemos de entender aquí por significativos no sólo importantes para la narración dado su protagonismo, sino también significativos en tanto que muestran actitudes y comportamientos susceptibles de ser relacionados con los conceptos y estudios que nos han mantenido ocupados en la primera parte de nuestra exposición. De todas formas, hay que destacar la presencia de cuatro guardas más que se mantienen en “el anonimato”. Muy probablemente no recordaremos sus nombres (les nombran sólo una vez a lo largo del film), sus personajes no nos llaman especialmente la atención, quizá, incluso no reconoceríamos sus caras y sus actos no han sido nunca realizados por ellos solos, sino siempre acompañados del grupo. Pero en cambio han estado ahí, vigilando en los comedores, consintiendo y participando en los abusos, deshumanizando a los prisioneros, haciendo cumplir unas normas, delegando en otros o en el conjunto del grupo su responsabilidad. La desindividualización no sólo afecta a los cuatro guardianes destacados en nuestro recorrido. Más bien, todo lo contrario. Afecta sobre todo a estos guardianes que actúan en masa, que realizan eficientemente su tarea, que desde la sombra del anonimato se conciben como eslabones de un sistema que asumen y perpetúan.


Los prisioneros:
Como acabamos de decir, el hecho de no poder hablar en concreto de un personaje (individualizarlo) no hace sino demostrar la plasmación en la película del proceso de desindividualización de los guardias. De los doce prisioneros de la película destacaremos el papel que desempeña Tarek, el protagonista del film.


Tarek Fahd (nº 77)
El protagonista de Das Experiment se presenta al principio de la película, ejerciendo su trabajo de taxista antes de que el espectador tenga conocimiento de la idea principal de la trama.

En las pruebas previas al experimento nos enteramos de cuáles son sus estudios (Filosofía, Arquitectura y Sociología). Tarek, además colaboraba con un periódico, al que ,ahora, propondrá hacer un reportaje sobre el experimento en el que participará. Por último descubriremos como es su privacidad antes de adentrarse en la lógica de la prisión y conoceremos la historia de amor que se contará durante toda la película. Con todos estos elementos (y otros que después veremos) es fácil favorecer la identificación del espectador con Tarek.

Tarek es un personaje alejado del estereotipo. Por una parte, es una persona con una completa y variada formación académica pero a la vez conocedor de la realidad social desde el punto de vista de la persona que trabaja en la calle, yendo de un lugar a otro, sin olvidar su faceta de periodista. Con objeto de ir un poco más allá nos plantearemos dos preguntas principales: ¿Cuál es la verdadera motivación de Tarek para entrar a formar parte del experimento? Y la segunda, ¿en qué medida podemos presumir que afecta a Tarek la experiencia vivida a la prisión?

Podríamos ofrecer diversas respuestas a la primera pregunta, aunque sería demasiado osado otorgar más importancia a una y menospreciar las otras. La respuesta inmediata nos lleva a considerar que la motivación de Tarek coincide con la contestación que él da cuando le hacen esta pregunta antes de entrar a la prisión: “Creo que puede ser interesante”. También se podría argumentar que su interés principal era ganar dinero con el experimento (4.000 marcos) y con la venta del reportaje al periódico (10.000 marcos). Obviamente, si éste fuera el verdadero motivo, Tarek no podía responder sinceramente a la pregunta de la entrevista. Sea como sea, nos inclinamos a pensar que Tarek responde sinceramente aunque no de forma completa. Es el interés aquello que lo lleva a entrar en el experimento, pero un interés que incluye el trabajo periodístico que intenta hacer, trabajo periodístico éste que no es valorado por la recompensa económica que puede comportar, sino por el valor de testimonio que puede llegar a tener.

Pensamos pues, en la entrevista que Tarek mantiene con los experimentadores el cuarto día, después de la noche en la que se produjo la agresión de los guardianes. ¿Por qué se quiere quedar Tarek? “Saldré de ahí, pero no así” le dice a Steinhoff. Tarek no quiere dejar el experimento y que éste continúe sin él. Relatará todo lo que pase mientras el experimento funcione.

No creemos que en ese momento, Tarek después de cuatro días y de la humillación sufrida continúe en el experimento por dinero. Debemos recordar que incluso no dice la verdad cuando le preguntan sobre su pelo.

Fijémonos en la conversación que mantiene con Steinhoff (nº 38) el mismo día que habla con los experimentadores:

Steinhoff: Quieres boicotearlo, ¿eh?. Piensa en los demás. Ellos quieren el dinero.

Tarek: Dime que te parece bien lo que está pasando...
Tarek se plantea moralmente la situación que están viviendo y quiere aprovechar su experiencia y los medios de los que dispone (la cámara incorporada a sus gafas) para dar testimonio de lo que allí está pasando.

Testimonio y boicot son dos nociones que nos remiten de nuevo al pensamiento de Primo Levi. Levi nos habla del sentimiento de culpa en la víctima que se deriva de la falta de voluntad necesaria para oponer resistencia al mal, sentimiento éste que caracterizó a los supervivientes judíos que habían consentido el daño que se les infligía.

Pero Levi nos habla también de esos individuos con la voluntad y medios para oponer resistencia o generar actos de boicot.

El consentimiento de Levi y el consiguiente sentimiento de culpa, tienen, al menos, una lectura positiva: el hecho de sobrevivir (pese al consentimiento) permitía dar testimonio de la aniquilación perpetrada en Auschwitz. Todo lo contrario que los héroes, los cuales contribuyeron con su resistencia activa y boicot pero pagando el precio de la vida.

Vemos pues, que bajo estos parámetros, la oposición del prisionero nº 77 vendría a representar una maximización de ventajas: Tarek protagonizará actos de resistencia y boicot sin morir por ello, y por otra parte podrá dar testimonio sin sufrir el sentimiento de culpa característico de quien ha consentido.

Dicho así parece que la experiencia dentro de la prisión no dejó ninguna huella en nuestro protagonista. Veremos a continuación si es ésta o no la interpretación más conveniente mientras respondemos a la segunda pregunta antes planteada alrededor de cómo creemos que afecta a Tarek su participación en el experimento.

Vamos a ver pues cuáles son las diferencias entre el Tarek que Dora conoció cuando los coches de ambos chocaron y el Tarek que regresa para estar con Dora mirando al mar en silencio, después de su experiencia.

Recordemos, con tal objetivo en mente, el momento en el que los dos jóvenes se conocen. Dora, que regresa del funeral de su padre, no respeta un semáforo en rojo e impacta con el taxi de Tarek, quien se ofrece para llevarla donde ella se dirigía. Hablando sobre la curiosa manera en la que se han encontrado, Tarek le dice: "No creo en las casualidades. En esta vida nada pasa porque sí. Hasta las peores cosas tienen su significado”. El Tarek que no ha comenzado su experiencia en la prisión no cree en las casualidades. Podríamos, en cambio, decir que cree en las causalidades, en las deducciones, en las explicaciones lógicas que aportan ese significado que, según él, todas las cosas tienen.

Creer en ese significado, en ese sentido, en esa causalidad es una suerte de confianza en el mundo. Confianza en un mundo donde todo tiene una explicación, una cierta transparencia; un mundo integrado por personas, un mundo humano que podemos reconocer como nuestro hogar.

La experiencia vivida dentro la prisión nos muestra a otro Tarek. Un Tarek que a pesar de no sufrir las funestas consecuencias que antes mencionábamos cuando citábamos a Levi ( la muerte en el peor de los casos o el sentimiento de culpa), ha visto afectada su confianza en un mundo humano. Siguiendo las reflexiones de Améry sobre la tortura, y aplicándolas a nuestro caso, después del experimento, Tarek puede tomar tres posibles opciones. La primera de ellas, ofrece una visión optimista que dudamos mucho que el director tuviera reservada para Tarek (y en definitiva, para nosotros, espectadores que nos identificamos con el protagonista). Según esta primera visión, Tarek podría asimilar su experiencia, entendiéndola como una pesadilla que, una vez acabada, permitiría restablecer en él la confianza en el mundo.

La segunda y tercera opción se podrían calificar de pesimistas, pero de dos formas diferentes. Una de las opciones concluiría que el mundo es tal y como el experimento nos ha mostrado. Si es así, debería ser posible vivir sin apartar la mirada de cualquier horror que la tortura, en su inevitabilidad, nos pudiera mostrar, reduciéndose así a nada el espacio lógico para la confianza.

Pero entre una y otra visión encontramos la tercera opción. El mundo puede ser y es como la vida se mostró en el experimento, y a la vez, nos resulta imposible no apartar la mirada. Necesitamos ese sistema de protección ilusorio, esa mentira necesaria. Necesitamos, como Tarek y Dora, esa playa y esa mirada que huye contemplando el mar, ese sonreír compartido que nos aleja del sufrimiento. Necesitamos, como el director, le esperanza, tal vez falsa, como nos invita a pensar el magistral detalle de desenfocar el plano final. Necesitamos, como espectadores, esa evasión que el propio cine nos facilita.
NOTAS

1. En su conferencia, “Transforming People into Perpetrators of Evil”, Zimbardo apunta que es esta pregunta la que Milgram quiere responder: “If Hitler asked you, would YOU execute a stranger? Would ordinary people (...) behave as Nazis did in harming innocent victims?”. A la luz de los resultados del experimento Milgram, Zimbardo no duda en responder: “ Yes, ordinary people could be seduced , initiated into behaving in ways that might lead to killing innocent victims. Almost any of us (...) could change place with Eichmann, if we fell under the same situational forces as he faced”.


2. Se puede encontrar una breve pero interesante introducción al concepto de desindividualización en el escrito de Postmes “About dendividuation Theory” (ver bibliografía).
3. Hay otros experimentos relativos a la desindividualización que no incluimos aquí por motivos de espacio. Destacamos Black Room de Gergen (1973), Bystander Apathy, llevado a cabo por Darley and Latané (1968) y Trick or Treat de Diener (1976).
4. Para respetar el objeto de los experimentos de Zimbardo y Bandura hemos explicado por separado desindividualización y deshumanización. No obstante, podríamos presentar ambos conceptos de una manera interrelacionada, sin limitar su aplicación a verdugo y víctima respectivamente ( y así lo haremos cuando hablemos del experimento de Stanford). A menudo, la deshumanización y cosificación de la víctima se da paralelamente a la uniformización (en todos los sentidos) de ésta, la cual es despojada de su condición humana, pasando a ser un número más entre la masa, sufriendo por lo tanto la desindividualización. Por otra parte, la desindividualización que aminora en el verdugo el peso de las restricciones morales, le convierte en un agente que ha visto menguada su esfera moral y por lo tanto, su humanidad. Como diría Améry, quien hace daño puede hacerlo en tanto que reduce al otro a una cosa, de manera que al contemplar el verdugo los actos humanos como meros eventos naturales, los contempla como no humanos, desde una posición extramoral, lejos de un mundo humano.
5. Es especialmente elocuente lo que nos comenta Zimbardo en la página www.prisonexp.org: “It is interesting to note that most of the prisoners believed that the subjects selected to be guards were chosen because they were “bigger” than those who were made prisoners – actually there was no difference at all in the average height of the two groups!”.
6. “Detrás de las barras del experimento”, por W.Mithchell (ver bibliografía). La película da numerosas muestras de la condición de personas normales de los participantes. Quizá la más explícita tiene lugar cuando los voluntarios, dirigiéndose a cámara, responden a las preguntas que les hacen antes de comenzar el experimento. A la pregunta “¿Has estado alguna vez en la cárcel?” la respuesta del futuro prisionero nº 69 es: “¡No, por el amor de Dios! Soy un tío normal!”.
7. La película da numerosas muestras de la condición de personas normales de los participantes. Quizá la más explícita tiene lugar cuando los voluntarios, dirigiéndose a cámara, responden a las preguntas que les hacen antes de comenzar el experimento. A la pregunta “¿Has estado alguna vez en la cárcel?” la respuesta del futuro prisionero nº 69 es: “¡No, por el amor de Dios! Soy un tío normal!”.
8. “Detrás de las barras del experimento” (ver bibliografía).
9. Eckert aún no conoce las reglas que habrá de aplicar. No obstante, sabía qué debía hacer. Como se dice en La educación de un torturador, “Aún sin entrenamiento, los guardianes-estudiantes “sabían” – por programas de televisión y por películas de cine- que se suponía que debían castigar a los prisioneros, “sabían” que se suponía que debían sentirse superiores; y “sabían” que se esperaba de ellos que culparán a sus víctimas”.

10. Observamos en Berus la discordancia entre lo que piensa a priori sobre el experimento y la imagen que da de persona normal en la primera entrevista y su comportamiento monstruoso bajo las condiciones del experimento. No podemos hablar de un Berus verdadero ni de un falso Berus. Berus no mostraba una cara falsa ni fingida durante las primeras entrevistas (es más, si se apura podríamos decir que incluso su cualidad de trabajador eficiente encaja , como hemos intentado hacer ver, con su abominable comportamiento posterior). Esta discordancia se podría relacionar con la existente entre los resultados del experimento Milgram y los resultados de los cuestionarios en los que se planteaba sólo teóricamente la misma situación del experimento. Un caso parecido tuvo lugar en el mismo experimento de Zimbardo. Después de abortar el experimento, los estudiantes-guardianes se avergonzaban de sus acciones al mismo tiempo que se preguntaban cómo podían haber actuado de esa manera dada su condición de reconocidos pacifistas.


11. Podríamos establecer un paralelismo entre la posición de Bosch y la renombrada zona gris del que nos habla Primo Levi. Se nos podrá objetar con razón que la zona gris estaba constituida por prisioneros colaboradores con los opresores/verdugos, mientras que Bosch es, en un principio, un guardián (verdugo) y no un prisionero (víctima). No obstante, Levi define esa zona gris como a un espacio de “contornos mal definidos, que separa y une al mismo tiempo a los dos bandos de patronos y siervos”. Bosch bien podría estar dentro de esta zona gris del experimento en tanto en cuanto puede ser considerado culpable por ser conocedor de las atrocidades realizadas por los guardias sin oponerse ni denunciarlo, y además, sin ninguna duda, podemos afirmar su condición de ultrajado por los mismos guardias

Bibliografía:

Améry, J., Más allá de la culpa y de la expiación, València, pre-textos, 2001.


Anders, G., Nosotros los hijos de Eichmann, Barcelona, Paidós, 2001.
Arendt, H.,Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del malo, Barcelona, Lumen, 1999.
Gibson, J. T., y Haritos-Fatouros, M., “La educación de un torturador” en Psychology Today Español, 1986, año 1, nº3, pp. 22-28. (También se puede encontrar en www.antalya.uab.es/jmunoz junto a otros artículos vinculados con nuestra comunicación)
Levi, P., Los hundidos y los salvados, Madrid, Muchnik, 1989.
Milgram, S., Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental, Bilbao, Desclée de Brouwer, 1984.

Barrera, J.L., “El Experimento. Crítica” en www.encadenados.org/n29/el_experimento.htm

Mithchell, W., “Detrás de laso Barras del Experimento” en www.golemproducciones.com/prod/indiewire_experimento.htm

Postmes, T., “About Deindividuation Theory”, en www.ej.ac.uk


VV. AA., “Describe an Evaluate Two Explanations of the Behaviour of Crowds” en www.courseworkhelp.co.uk
VV.AA., “Social Influence” en www.cultsock.ndirect.co.uk

Williams, R., “Philip Zimbardo: A Psychologist's Experience with Deviance” en www.criminology.fsu.edu/crimtheory/zimbardo.htm



Zimbardo, P., “Transforming People into Perpetrators of Evil”, en www.sonoma.edu/users/g/goodman/zimbardo.htm
Zimbardo, P., “The Psychology of Evil”, en www.psichi.org/pubs/articles/article­_72.asp


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