Daniel kahneman: el comportamentalismo, el concepto de utilidad y el equilibrio reflexivo



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DANIEL KAHNEMAN: EL COMPORTAMENTALISMO, EL CONCEPTO DE UTILIDAD Y EL EQUILIBRIO REFLEXIVO.
ANGÉLICA LOZANO.

JAIRO OLARTE.

RESUMEN:
Presentamos una aproximación comportamentalista a la noción del equilibrio reflexivo, abordando el trabajo de Daniel Kahneman desde su origen para introducir al lector en el mecanismo de la formación de juicios. Se exponen las nociones de heurística y los diversos conceptos de utilidad explicando porque los juicios sociales pueden ser incoherentes, sesgados y polarizados e impredecibles. En términos comportamentales el equilibrio reflexivo no es alcanzable. Proponemos, asociando la observación de Kahneman y la exposición rawlsiana del equilibrio reflexivo, que el equilibrio reflexivo como primer paso conductor a un sistema de juicios justos, necesita de un marco de categorías comparables y una adecuada experiencia.
ABSTRACT:
We present a behavioral approach to the notion of reflective equilibrium, tackling the work of Daniel Kahneman from its origin to introduce the lecturer in the mechanism for the judgment formation. We expose the notions of heuristics, bias and the diverse conceptions of utility explaining why social judgments can be incoherent, biased and polarized, and unpredictable. In behavioral terms the reflective equilibrium is not attainable. We propose, associated to Kahneman’s observation and the rawlsian exposition of reflective equilibrium, that reflective equilibrium as the first step leading to a system of just judgments needs a frame of comparable categories and the appropriate experience.
PALABRAS CLAVE: Comportamentalismo, teoría de la utilidad, heurística, teoría de prospectiva, equilibrio reflexivo, juicio justo, deliberación, efectos marco.


  1. INTRODUCCIÓN.

Este artículo se introduce en la obra conmemorativa a John Rawls, con el fin de incorporar a los lectores en la discusión que se abre sobre la utilidad, el equilibrio reflexivo y la formación del concepto de justicia desde el punto de vista de la escuela comportamentalista, conformada por autores economistas, psicólogos, biólogos, sociólogos y juristas, que durante el último cuarto de siglo han expuesto un conjunto de teorías sobre la elección individual y las han sometido a prueba usando los métodos experimentales de las ciencias sociales; Daniel Kahneman ha sobresalido como autor de esta escuela1, debido a la consecución del premio Nóbel de economía en el año 2002, por su Teoría de la Prospectiva (Kahneman y Tversky, 1979) y si bien los trabajos de Rawls y de Kahneman caminan por senderos muy separados como el lector sentirá a cada paso en este artículo, y probablemente ambos autores no se hayan conocido, pues no hay ninguna referencia escrita que así lo haga notar, recientemente las investigaciones de Kahneman sobre el comportamiento humano, la toma de decisiones y la formación de los juicios acaba de abrir el debate sobre los mecanismos prácticos para conseguir el consenso social a través de un equilibrio reflexivo resultado de la deliberación.


Kahneman, nació en Tel Aviv, en una familia de judíos que luego se traslado a Francia y regresó a Israel después de la guerra mundial; como él mismo lo expone en su autobiografía se interesó por la psicología porque “mi madre tenía razón: la gente es infinitamente complicada e interesante”2 (Frängsmyr, 2003). Estudió psicología en la universidad hebrea de Jerusalén y en la universidad de California y durante los años 60 inició sus investigaciones sobre los cambios emocionales y la forma como estos se reflejan como variaciones en la dilatación de la pupila. Pero fue a fines de los 60 cuando empezó a investigar con Amos Tversky sobre las heurísticas y los sesgos generando una gran cantidad de ensayos y artículos publicados en revistas y libros de psicología.
A mediados de los años 70 se unieron de nuevo Tversky y Kahneman, esta vez para completar un trabajo en el cual había participado algunos años atrás Tversky, (Coombs, Dawes y Tversky, 1970) en el cual se realizaba una propuesta para construir un sistema matemático para explicar la paradoja de Allais3; propuesta que había sido acogida por numerosos científicos, sin hallar una explicación suficiente. El resultado de dicha investigación fue la teoría de la prospectiva de 1979 y sus posteriores mejoras, realizadas junto a los investigadores de la entonces incipiente escuela comportamentalista y que se realizaron en los años 80 y 90. La creación de la teoría prospectiva no solo cambio la forma de la función de utilidad por oposición a la descrita por Daniel Bernoulli (1738) que diera origen a la teoría de la utilidad esperada4, sino que sirvió para volver a poner en las aplicaciones de la filosofía hedonista los distintos términos de utilidad y extender esos nuevos conceptos en un marco interdisciplinario de análisis.
La relación con los investigadores comportamentalistas introdujo los conceptos de heurística, sesgos, efectos marco y punto de referencia en la literatura económica y permitió una nueva comprensión de la preferencia por la equidad, que actualmente es estudiada por numerosos científicos, aunque Kahneman no volvió a trabajar sobre este tema específico.
Sin embargo, su aproximación a esto llamó la atención de reconocidos juristas, estudiosos del análisis económico del derecho, interesados en observar los efectos que tiene la formación de juicios jurídicos bajo heurísticas, sesgos y efectos marco, y especialmente atraídos por explicar la incapacidad de lograr predicciones coherentes de los resultados de la imposición de penas obtenidos de los procesos de deliberación de los jurados. Las conclusiones de estas investigaciones son un abrebocas a una discusión que apenas se está gestando, en torno a la forma de lograr el consenso, la aparente incapacidad para lograr un equilibrio reflexivo y el modo como las comunidades construyen sistemas perversamente coherentes en torno a la noción de la justicia.
El artículo se desarrolla principalmente para exponer al lector el trabajo realizado durante 30 años de trabajo por Daniel Kahneman, dividiéndose en cinco partes de la siguiente forma: una primera parte que es esta introducción, una segunda parte, en que se tratan los diferentes tipos de heurísticas y sesgos asociados a las mismas, descubiertas por Kahneman y Tversky; en el tercer apartado se expone brevemente a teoría de la prospectiva y los nuevos conceptos de la utilidad; la cuarta parte se desarrolla para exponer los principios de la preferencia por la equidad y el problema de la consecución del equilibrio reflexivo. Finalmente la quinta concluye haciendo la adecuada relación del trabajo de Rawls sobre el equilibrio reflexivo y el problema planteado por Kahneman y otros científicos.



  1. HEURÍSTICAS, SESGOS Y EFECTOS MARCO: CONSTRUYENDO UNA TEORÍA DE LA FORMACIÓN DE LOS JUICIOS.

El pensamiento humano, es esencialmente intuitivo y las reglas que determinan su funcionamiento son similares a las reglas que gobiernan la percepción (Kahneman, 2003, 1450). El pensamiento intuitivo funciona en base a mecanismos que reducen tareas complejas en tareas simples a través del mecanismo de sustitución de los atributos observables y que se ingresan en la memoria (Kahneman y Frederick, 2002, 49-54). La figura I, que corresponde a un viejo experimento psicológico de la percepción, en la cual el atributo que el individuo captura en su mente es el de la percepción tridimensional y por lo tanto, el individuo es incapaz de interpretar que las dos muñecas tienen el mismo tamaño.


El mecanismo de la sustitución de los atributos hace parte de un conjunto de mecanismos de atajos no analítico denominados heurísticas, que son muy importantes para nuestras vidas, ya que reducen costos en términos de gasto de energía por realizar cálculos complejos en el cerebro y de ocupación en memoria, y nos son vitales para entender el mundo. Sin embargo, a la hora de obtener los resultados complejos que los juicios razonables requieren, estos mecanismos nos transmiten sesgos que no nos permiten dilucidar la realidad de los eventos.
Kahneman y Tversky se concentraron en el trabajo de estas heurísticas y los sesgos asociados a ellas, especialmente en el contexto de la incertidumbre y concentraron su trabajo en tres bloques principales, las heurísticas del prototipo, la accesibilidad y el anclaje (Tversky y Kahneman, 1982a).
Muchos de los juicios que realizamos los hacemos posibles, porque para un determinado objeto o evento sobre el cual realizamos una evaluación, tomamos alguna o algunas de sus características prominentes y las comparamos con un prototipo que tenemos en mente. Esto es más visible cuando realizamos juicios sobre agrupaciones de elementos, en los cuales el prototipo corresponde a un objeto o evento que posee la media de las características sobresalientes (Kahneman, 2003, 1463).
La más estudiada de las heurísticas de prototipo corresponde a la dimensión de la representatividad, que corresponde al mecanismo por el cual juzgamos las probabilidades de los eventos en función de la similitud que hay entre los diversos eventos originadores. Es decir, corresponde a un mecanismo de evaluación de la probabilidad de que un evento ocurra, asociándolo a ciertas características asociadas al origen de dicho evento que de alguna forma consideramos que necesariamente van a derivar en un resultado en concreto (Kahneman y Tversky, 1982a); a dichas características asociadas al origen las denominamos el modelo o el prototipo.

Seis agrupaciones de sesgos asociados a la representatividad son especialmente mencionadas en los trabajos de Kahneman y Tversky y han sido desarrolladas en psicología.


Primero está la insensibilidad a las probabilidades previas, que corresponde a la asociación de las probabilidades a las características, por encima de una afirmación segura de las probabilidades de un evento, incluso si las características mencionadas pueden ser absurdas. Esto se verificó experimentalmente indicando a individuos específicamente la probabilidad de que una persona fuera empleada en una determinada labor; a continuación se decía a los individuos que tenían que determinar la probabilidad de que una persona sacada al azar fuera de una u otra profesión, pero se les indicaban características de las personas, en general irrelevantes y sin embargo, las personas que participaron de los experimentos en su gran mayoría no realizaban los cálculos correspondientes sino que se guiaban por las características (Kahneman y Tversky, 1982a).
Un segundo sesgo corresponde a la insensibilidad frente al tamaño de la muestra, el cual lleva a las personas a realizar juicios similares frente a situaciones en que la muestra tiene tamaños muy diferentes, es decir, la gente no comprende que una muestra mayor presente una distribución más verosímil (Kahneman y Tversky, 1982b). Un tercer sesgo corresponde a las ideas equivocadas sobre las posibilidades, bajo el cual los individuos creen que debe existir un equilibrio natural en las posibilidades de los eventos; este sesgo junto al anterior llevan a que las personas crean que con muestras pequeñas se pueda hacer inferencias sobre la distribución de probabilidades poblacional e incluso en investigadores con experiencia se observa este sesgo (Tversky y Kahneman, 1982b).
Los anteriores sesgos no se remiten únicamente a observaciones pequeñas para realizar juicios, sino también al uso de información pobre, lo que lleva a los individuos a no evaluar el rango de certeza que pueda dar la información disponible, sino a realizar juicios que se consideran fuertemente ciertos. Esto se verifica especialmente cuando se propone a los individuos realizar predicciones a largo plazo solamente con la información presente y se observa a los individuos trasladando sus evaluaciones presentes como predicción del futuro (Kahneman y Tversky, 1982a).
El quinto sesgo corresponde a la ilusión de validez; los individuos tenemos nuestro modelo, realizamos observaciones que esperamos se comporten como dicho modelo y si justamente en la pequeña muestra que tenemos para examinar observamos lo que queremos observar, entonces concluimos que efectivamente las relaciones que imaginábamos eran correctas (Kahneman y Tversky, 1982a).
Finalmente el error en la concepción de las regresiones. Por regresión se entiende el hecho de que dos objetos estén asociados por la completitud en la probabilidad de un evento incorporado, es decir, si la probabilidad de la ejecución del evento para el primer objeto es A, entonces la probabilidad de la ejecución para el segundo objeto es 1-A. Este tipo de asociaciones son comunes, pero los individuos no las comprenden claramente. El resultado específico es que los individuos consideran que las medias muestrales corresponden a la media poblacional y así sacan conclusiones equivocadas de los fenómenos observados (Tversky y Kahneman, 1982c).
Otra dimensión de las heurísticas corresponde a la disponibilidad o accesibilidad. En el ejemplo de la figura I, la altura en la especificación tridimensional corresponde a un atributo accesible. Es decir, los juicios se forman a partir de las características a las que se puede acceder. Por ejemplo no se puede decir nada de la gordura de la muñeca porque esta no está ilustrada claramente en la figura. Cuando un evento no es directamente observable, como la gordura de la muñeca, recurrimos a la imaginación para determinar los atributos y así establecer la probabilidad de la ocurrencia de un determinado evento. Kahneman, Tversky y otros investigadores (Tversky y Kahneman, 1982a) han hallado cuatro reglas básicos de como la imaginación captura los atributos y los sesgos que éstas manifiestan.
La primera observación corresponde al hecho de que la forma como juzgamos la probabilidad de un evento, está relacionada con la familiaridad del mismo o con alguna característica que haga más fácil recordarlo, incluyendo que el evento se haya presentado en un pasado reciente. Así mismo se observó que ocurre si existe algún mecanismo de ordenamiento o un contexto asociado a dicho evento que permitan recordarlo más rápidamente y por lo tanto asignarle una mayor probabilidad de ocurrencia. Una tercera observación indica que la accesibilidad está relacionada con la simpleza de los cálculos y la facilidad de imaginar el evento o sus características relacionadas, llevando a una sobreestimación de la probabilidad, en tanto que aquello que es difícil de calcular o de imaginar aparenta ser poco probable. Finalmente los individuos imaginamos características que revelan la correlación entre dos eventos; el sesgo consiste en que la característica que imaginamos puede no tener nada que ver con la ejecución de dichos eventos o puede ser la consecuencia de uno de los eventos, que se considera erróneamente la causa del otro evento (Tversky y Kahneman, 1982d).
Por último, Kahneman y Tversky describen el efecto de los anclajes como el error de estimación de un resultado, por un cálculo equivocado que además está relacionado con los valores iniciales, es decir se ancla con dichos valores. Esto ocurre también cuando los individuos tienen que determinar la probabilidad de un evento (Tversky y Kahneman, 1982a). Pero uno de los factores de riesgo principales del anclaje se refiere a la evaluación incorrecta de la probabilidad de eventos conjuntos, que generalmente es sobreestimada y de eventos disjuntos, que generalmente es subestimada (Tversky y Kahneman, 1982c).
Nuestros juicios están construidos sobre un mecanismo simplificador que en general es muy útil, pero que en determinados contextos pueden sesgar los resultados. La figura II es ilustrativa de esta fenomenología. Si el lector mueve ligeramente los ojos alrededor de la imagen percibirá movimiento de los círculos. Ello se debe a los bordes blanco y negro que hay entre las formas de colores intermedios. El mecanismo de visión periférica, es un sistema de interpretación del cerebro de las imágenes que llegan a los ojos fuera de la región donde se está centrando la vista para determinar el movimiento. Cuando nos movemos, percibimos el cambio de luz de los objetos, que pasan de claro a oscuro y así determinamos el movimiento. Obsérvese que ésta es una heurística que captura el atributo de cambio de color en los objetos producto del movimiento, la cual es muy simple, pero muy productiva y sin embargo nos conduce a un sesgo claro en el contexto de la imagen.
Así mismo, las heurísticas descritas por Kahneman y Tversky son mecanismos simples que nos ayudan a resolver los problemas de la vida cotidiana, pero que representan un problema para la formación de juicios objetivos, cuando las condiciones se hacen más complejas.
Las heurísticas de sustitución de atributos son eficientes para discriminar características relevantes de los objetos para su identificación. Sin embargo, no solo generan un sesgo a la hora de determinar el tipo de objeto, sino que pueden unirse para constituir una imagen del objeto, que puede variar al cambiar los atributos observables. El cambio en dicha imagen puede ser suficiente para que las decisiones respecto a un mismo objeto se modifiquen. Este efecto del cambio en la presentación de un objeto, que se traduce en una elección diferente, se llama Efecto Marco (Tversky y Kahneman, 1981 y Tversky y Kahneman, 1986). Este fenómeno implica que la forma de ofrecer una misma situación de elección puede generar variaciones en la decisión, a pesar que la forma de ofrecer sea simplemente ridícula, ya que afecte solamente la presentación y no los valores de las opciones ofrecidas.

Ya Kenneth Arrow (1982) había propuesto que las preferencias no deberían variar en función de la presentación de las opciones y lo denominó extensionalidad. Sin embargo, y como lo expone Kahneman respecto a otros trabajos realizados en la misma área, “El problema planteado por Schelling (1982) resalta un punto importante. Los efectos marco no son una curiosidad de laboratorio, sino una realidad omnipresente.” (Kahneman, 2003, pp. 1458).


Enmarcar crea un efecto bastante particular sobre la forma como se interpretan los eventos inciertos, los eventos de riesgo y los eventos seguros y el modo como tomamos decisiones respecto a ellos, como se descubre en la teoría de la prospectiva.


  1. LA TEORÍA DE LA PROSPECTIVA Y LA TEORÍA DE LA UTILIDAD.

La psicología de las heurísticas y los sesgos nos permite hallar algunas de los caminos que han evolucionado en el cerebro para alcanzar soluciones a los distintos problemas que la vida de un individuo puede enfrentar. Parte de esos mecanismos que simplifican la actividad cerebral están asociados con la forma en que interpretamos lo que perciben nuestros sentidos, que se realiza a través de comparaciones, como por ejemplo, sabemos al introducir un dedo en un vaso que contiene agua, si esta es caliente o fría, porque nuestro cerebro realiza dos comparaciones, una del registro de la temperatura previo a la introducción del dedo y otra del registro de la temperatura después de introducir el dedo y otra de la temperatura registrada por los nervios de la zona próxima, por ejemplo de la parte superior del dedo, comparándolo con la temperatura registrada en el dedo. Esta comparación simplemente nos permite determinar que es más frío o más caliente, aunque también registramos la intensidad de dicha comparación y podemos interpretar a través de nuestros recuerdos previos, si el registro presente es más o menos frío o caliente que otro registro realizado anteriormente. Un experimento de infancia nos recuerda, sin embargo, que no podemos realizar mediciones utilizando este método (Grolier, 1986, 290-291), ya que si introducimos el dedo inicialmente en agua a temperatura ambiente y luego en un vaso con agua levemente más caliente, no sentiremos mayor diferencia, pero si inicialmente introducimos el dedo en agua fría durante un largo periodo de tiempo y luego lo llevamos al agua cuya temperatura es levemente mayor que la del ambiente, entonces nos parecerá que es demasiado caliente. Otro ejemplo clásico del problema de la referencia se muestra en la Figura III, en la cual hay un piso de baldosas blancas y oscuras. Bajo la sombra del vaso, hay baldosas de color intermedio y baldosas oscuras, que tienen exactamente el mismo nivel de luminosidad que las baldosas oscuras que están fuera de la sombra. Sin embargo, el observador piensa que son de color más oscuro porque el cerebro toma como referencia el color adyacente para interpretar el color; ejemplos similares han sido utilizados por Kahneman (2003, 1455), para iniciar su exposición sobre la teoría de la prospectiva.


La teoría de la prospectiva se erige como una teoría de la referencia en la interpretación de la riqueza, en la mente humana. El gran resultado de la misma es mostrar experimentalmente que los individuos toman en general sus decisiones sobre el dinero en función de comparar los cambios en la riqueza, más que comparar la riqueza en niveles. Este resultado, el más mencionado en economía (Knetsch, 1989, Tversky y Kahneman, 1991, Kahneman, Knetsch y Thaler, 1991 y Bateman et. al, 1997), tiene importantes implicaciones, ya que ha mostrado que los individuos valoran más los bienes que poseen, que aquellos que podrían poseer; este resultado, que se conoce como el efecto dotación y cuyos experimentos han sido mostrados en diversos artículos (Kahneman, Knetsch y Thaler, 1990 y Jolls, Sunstein y Thaler, 1998), indica que los mercados no tienen la suficiente voluntad de acción, por lo menos en el inicio, debido a que los individuos dotados de diversos bienes prefieren quedarse con ellos, que iniciar un proceso de negociación para buscar intercambiar los bienes dotados por el bien dotado a otra persona que podría resultarle más útil5.
Más allá del efecto dotación, está mostrar que la teoría de la prospectiva indica que la utilidad marginal del dinero es decreciente respecto al punto de referencia. Esto que resulta claro para las ganancias, es bueno comentarlo para el caso de las pérdidas: si un individuo tiene que comparar la variación de utilidad entre perder $10 y perder $20, digamos, que la diferencia en la pérdida de utilidad sea de 5 unidades; mas la diferencia en la pérdida de utilidad, por perder entre $50 y $60 es digamos solamente de 4 unidades, y así hasta llegar a una diferencia de 0. Obsérvese que la diferencia en la pérdida de utilidad es decreciente respecto al punto de referencia. Daniel Kahneman, Meter Wakker y Rakesh Sarin (1997) atribuyen a Bentham el descubrimiento de lo anterior.
Finalmente, y para comprender totalmente el porque del efecto dotación, la teoría prospectiva trajo consigo un problema adicional respecto al punto de referencia, que es la denominada aversión a las pérdidas. Este fenómeno, es en el sentido simple, que la variación de la utilidad debida a ganar por ejemplo $100 equivale digamos a 5 unidades de utilidad, pero la variación de la utilidad debida a perder $100 equivale digamos a 12.5 unidades de utilidad, en este caso, una variación negativa. Y los experimentos de Kahneman y otros autores mencionados, han mostrado un parámetro medio de 2.5, como la razón de compensación entre la pérdida y la ganancia. Esto último, implicó explicaciones para el fenómeno de la aversión al riesgo y la miopía de los agentes económicos, incapaces de tomar opciones de inversión con varianza que los ingresa en la zona de pérdidas, a pesar que su promedio de ganancias sea mayor que opciones de inversión con varianza lo bastante pequeña como para no ingresar en la zona de pérdidas, a pesar que su media de ganancias sea pequeña (Thaler, Tversky, Kahneman y Schwartz, 1997).
En síntesis la teoría prospectiva cambió el concepto de la función de utilidad, ya no se habla de la utilidad como función del dinero, sino del cambio de la utilidad como función del cambio del dinero, marginal decreciente respecto a 0 y con la curva de pérdidas mayor que la curva de ganancias.
A esto hay que agregarle finalmente, un elemento poco desarrollado de la teoría de la prospectiva, que viene de atrás, de los juicios bajo incertidumbre y las heurísticas. Durante los experimentos previos a la publicación de la teoría, se encontró que los individuos, a pesar que se les indicaba con claridad la probabilidad de los eventos, tenían un sesgo sobre la habilidad para interpretar realmente las probabilidades, las bajas, se sobreestiman y las altas se subestiman. Curiosamente, a pesar de que la forma funcional de la utilidad descubierta por Kahneman y Tversky se ha mostrado que se vuelve más clásica con la experiencia, es decir, a medida que los individuos tienen más experiencia con las preguntas, las respuestas se vuelven similares a las de la teoría de la utilidad esperada (List 2003 y List 2004), esta parte del sesgo de las probabilidades no parece sortearse fácilmente con la experiencia. Olarte (2003) condujo experimentos para probar las variaciones en la elección debidas a la experiencia, basado en los experimentos de Kahneman y Tversky. Uno de los experimentos propone elegir entre una opción que paga un millón de pesos con 1/1024 de probabilidad o no pagar nada en otro caso; mientras que la otra opción es pagar seguro mil pesos. El ejercicio podía repetirse hasta 25 veces, y en la mayoría de los casos la gente elegía la primera opción, durante una gran parte del juego y no se podía probar que al cabo de varias repeticiones los jugadores estuviesen decididamente inclinados a solamente jugar la segunda opción6.


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