Curso de Especialista en Psicoterapia


Freud y su obra – Carlos Gómez Sánchez



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Freud y su obra – Carlos Gómez Sánchez


“Freud y su obra. Génesis y constitución de la Teoría Psicoanalítica” – Biblioteca Nueva

El Nacimiento del Psicoanálisis




De la hipnosis a la asociación libre

Freud llegó a París en Octubre de 1885. Jean-Martín Charcot impresionó a Freud desde un principio. “No sé si la semilla llegará a dar fruto algún día, pero tengo la certeza de que jamás hombre alguno ha influido en mí de igual manera”.


Lo que más le sedujo fue el estilo científico de Charcot en sus presentaciones de los enfermos de la Salpetriêre, con detallados informes, sin ocultar sus dudas o vacilaciones, agrupando y diferenciando los trastornos.
Ese afán clasificatorio, nosográfico, le había llevado a Charcot a no ver en la histeria simple simulación teatral, sino una enfermedad auténtica, que, pese a su etimología (de histeron, útero), también podía afectar a los varones.
Lo más sorprendente era que los aparatosos síntomas de los que la histeria se veía acompañada (parálisis, convulsiones, alucinaciones), sin encontrar causas orgánicas que los justificaran, se suprimían a través de la palabra, cuando los enfermos se encontraban bajo el influjo de la hipnosis. Ello le llevó a Freud a decir “Parece que en la histeria actúan factores psíquicos, debido a los cuales la fuerza del afecto que acompaña a un recuerdo luego olvidado y sólo recuperable bajo hipnosis se manifiesta somáticamente”, sin base orgánica alguna, como lo probaba el hecho de que, en el trance hipnótico, el enfermo pudiera mover un miembro paralizado y otros fenómenos similares.
De vuelta a Viena, Freud abre un consultorio médico de “enfermedades nerviosas”. El arsenal terapéutico con el que Freud contaba sólo contenía dos armas: la electroterapia y la hipnosis. La primera era aplicada cuando los médicos no sabían qué hacer.
La hipnosis ofrecía mejores resultados, pero no todos los sujetos son hipnotizables. Además, la desaparición de unos síntomas va acompañada del surgimiento de otros, como si no se hubiera atajado la causa que los genera en su variabilidad. Freud comenzó a pensar en la posible existencia de poderosos procesos anímicos que permanecían, sin embargo, ocultos en la conciencia.
Es en esta época cuando se pone en contacto con Breuer para estudiar el caso de su paciente Ana O, que presentaba una serie de trastornos físicos (tos nerviosa, contracciones, parálisis, alucinaciones,…) que Breuer relacionaba con una abnegada entrega y dedicación a su padre enfermo.
Bajo estado de hipnosis, la paciente relataba a Breuer los sufrimientos del día, tras lo cual se sentía aliviada. En el transcurso del tratamiento, algunos síntomas iban desapareciendo con este método, que la propia paciente calificó de cura por la palabra (talking cure), o limpieza de la chimenea (chimney sweeping), que es a lo que Breuer llamó método catártico.
La hipótesis de Breuer era que, como sucedía en los estados posthipnóticos, en la histeria se retenían algunos recuerdos, calificando de estados hipnoides a esos momentos de la conciencia en los que determinadas ideas no se asocian. La función de la purga del alma (catarsis) era hacer accesibles a la conciencia los recuerdos “retenidos”, con lo cual los síntomas, uno tras otro, parecían desvanecerse.
Aunque todavía no se trata del psicoanálisis, el método catártico o de cura por la palabra se encuentra en su origen. Es cierto que descuida los fenómenos transferenciales; que la utilización de la hipnosis evita la resistencia, en lugar de analizarla; que la teoría de los estados hipnoides trata de explicar la división de la conciencia, más que proponer la idea del inconsciente y que esa terapia de la histeria no permitía deducir la posibilidad de un marco teórico válido para todo el psiquismo, patológico o normal. Pero, cuando Freud consigue la colaboración de Breuer para escribir juntos “Estudios sobre la histeria”, algunos pilares básicos de la futura teoría están siendo alzados.

Hacia la asociación libre

Cuando, sin recurrir a la hipnosis, el enfermo era invitado a tratar de recordar algunos acontecimientos que pudieran estar a la base de sus síntomas, encontraba grandes dificultades para acceder a ellos, silenciaba determinados episodios y el proceso de rememoración en su conjunto, y especialmente en algunos momentos, se le hacía doloroso. Era esta resistencia la que la hipnosis ocultaba, pero Freud haría de ella un instrumento fundamental del análisis, pues ponía de manifiesto la importancia del conflicto en la vida psíquica. Pero para ello había que sustituir la hipnosis por la asociación libre, es decir, por la expresión de todos los pensamientos que pasen por la mente, por disparatados, vergonzosos o nimios que puedan parecer.



Histeria hipnoide, histeria de retención e histeria de defensa

La histeria hipnoide se caracteriza por la incapacidad del sujeto para integrar en la conciencia representaciones emergidas durante los estados hipnoides, formando entonces aquéllas un grupo psíquico separado que actúa como factor patógeno.


En la histeria de retención el acento se pone sobre la imposibilidad de descargar por reacción los afectos concomitantes a un suceso vivido traumáticamente, que quedan así retenidos.
Freud encontrará el modelo de una y otra en la noción de defensa de una representación displaciente e intolerable, sustraída a la asociación consciente por la represión a la que es sometida; el intento de acceder a ella provoca la resistencia del paciente, esto es, dolor ante lo que pueda evocar el recuerdo reprimido.
El término histeria de defensa desaparece posteriormente para dejar lugar a los dos grandes grupos en los que finalmente parece poder distribuirse la enfermedad: la histeria de conversión y la histeria de angustia, La defensa misma va a ser considerada como el proceso fundamental de toda histeria, extendiéndose el modelo del conflicto defensivo a las otras neurosis.

Defensa y mecanismos de defensa

Con la noción de defensa Freud se refiere a un conjunto de operaciones cuya finalidad consiste en reducir o suprimir las amenazas que ponen en peligro la integridad y la constancia del individuo. El agente de la defensa es el yo, con el cual puede hallarse en conflicto una determinada representación.


Freud planteó una oposición entre las excitaciones externas, de las que se puede huir o frente a las que existe un dispositivo protector que permite filtrarlas y las excitaciones internas, de las que no cabe escapar. Será frente a esta agresión interna, en realidad, la pulsión, frente a la que se constituyan los procedimientos defensivos.
Si nos preguntamos qué es lo que amenaza desde dentro al yo y por qué una satisfacción pulsional, susceptible en principio de provocar placer, puede ser percibida como displacer o como amenaza, habremos de recurrir a una concepción compleja del psiquismo, según la cual lo que satisface a algunos de sus aspectos o niveles es motivo de displacer para otros.

Histeria de conversión

Según Freud: “En el curso de la labor terapéutica llegamos a la concepción de que la histeria nace por la represión de una representación intolerable, realizada a impulsos de los motivos de la defensa, perdurando la representación como huella mnémica (en la memoria) poco intensa y siendo utilizado el afecto que se le ha arrebatado para una inervación somática”.


En efecto, la representación disocia el contenido representativo intolerable del afecto concomitante, cargando éste entonces otras representaciones que, por inofensivas que sean, pueden suscitar reacciones similares a las originadas por aquéllas a las que se encontraba ligado primitivamente. El análisis tratará de disolver esas falsas conexiones y hacer accesibles a la conciencia las representaciones sustraídas a ella. Pero el afecto puede también ser empleado para una inervación somática a través del fenómeno de la conversión, el cual transforma ”La magnitud del estímulo, es decir, sustituye los sufrimientos anímicos por dolores físicos”.

La teoría del trauma psíquico y la abreacción

En la base de los trastornos histéricos, Freud no situaba lesiones orgánicas, sino, un trauma psíquico que definió como “Aquellos sucesos que, aportando a la vida psíquica, en brevísimos instantes, un enorme incremento de energía, hacen imposible la supresión o asimilación de la misma por los medios normales y provocan de este modo duraderas perturbaciones del aprovechamiento de la energía”.


Esos sucesos pueden consistir en un único e intenso acontecimiento o en una acumulación de excitaciones, que acaban por resultar insoportables y los afectos concomitantes no pueden descargarse por una reacción adecuada. Tal imposibilidad depende tanto del carácter del sujeto como del acontecimiento mismo.
Aunque el individuo se defienda de los acontecimientos traumáticos manteniéndolos fuera de la conciencia, eso no impide, sino que favorece su acción patógena, pudiendo, bajo ciertas condiciones, emerger “Con toda la intacta vitalidad de sucesos recientes”.
La terapia tratará de despertar con toda claridad el recuerdo provocador, y con él el afecto concomitante.
A esta descarga emocional, por medio de la cual un individuo se libera del afecto ligado al recuerdo de un acontecimiento traumático es a lo que se denomina abreacción.
El concepto de abreacción se basa en un postulado teórico inverificable, el principio de constancia, según el cual el psiquismo tiende a mantener la cantidad de excitación en él contenida en el nivel tan bajo o, al menos, tan constante como sea posible.

La retroactividad de la causalidad psíquica

Por tal se entiende el proceso en dos tiempos en que se produce la eficacia psíquica de las impresiones traumáticas, las cuales sólo devienen activas en un segundo momento que evoca el primero y lo resignifica.


Para Freud la elaboración retroactiva con consecuencias psíquicas traumáticas no recae sobre todo el pasado, sobre lo vivido en general, sino sobre aquellos acontecimientos que en su momento no pudieron integrarse en un contexto significativo.
De acuerdo con ello, en un primer momento, el niño sufre una agresión sexual (escena de seducción), sin que en él despierte excitación sexual; pero más tarde, normalmente después de la pubertad, otra escena, aunque sea anodina, evoca por algún rasgo asociativo la primera y este recuerdo desencadena un aflujo de excitaciones sexuales que desbordan las defensas del yo: así, la primera escena sólo alcanza carácter traumático retroactivamente y como recuerdo.

Psicopatología y psicología neurológica

Freud intentó, en diversos trabajos precisar algunos conceptos nosológicos (Nosología: Parte de la medicina que tiene por objeto describir, diferenciar y clasificar las enfermedades), para lo cual tomó de la psiquiatría alemana una distinción, más o menos bien establecida, entre psicosis y neurosis. Las psicosis se caracterizarían por una pérdida más grave y primaria de la realidad, y en ellas la clínica psicoanalítica acabará, con el tiempo, distinguiendo diversas estructuras, fundamentalmente la esquizofrenia y la paranoia, por un lado, y las psicosis maníaco-depresivas por otro. El término esquizofrenia se creó posteriormente y se caracteriza por una escisión del espíritu y un deterioro intelectual y afectivo que suele faltar en la paranoia, aunque en ambas se den construcciones delirantes, mejor sistematizadas y con abundante labor de interpretación en esta última.


Freud distinguió, dentro de las neurosis entre neurosis actuales y neurosis de defensa (a las que posteriormente llamará también neurosis de transferencia). Siendo ambas el factor etiológico determinante el sexual, la diferencia básica entre ellas es que en la génesis de las neurosis actuales se encuentran disfunciones somáticas de la sexualidad, mientras que la causa básica de las psiconeurosis, no hay que buscarlas tanto en “Los desórdenes actuales de la vida sexual, cuanto en el recuerdo de una experiencia sexual precoz”.
Dentro de las neurosis actuales, o sea aquellas en las que hay que buscar “el motivo de la perturbación en el terreno somático y no en el psíquico”, Freud diferenció entre la neurastenia como una afección caracterizada por una serie de síntomas como la fatiga física, el estreñimiento o el empobrecimiento de la actividad sexual, y la neurosis de angustia, que se manifestaría en forma de pavor nocturnus, de expectación ansiosa capaz de ligarse a cualquier tipo de soporte o con acompañamiento somático en forma de vértigo y trastornos cardíacos. En ambas se da una excitación sexual no satisfecha (en la neurasteia, por un alivio inadecuado de la tensión libidinal a través de la masturbación y en la neurosis de angustia por falta de descarga de dicha tensión).
Aunque Freud nunca desechó el concepto de neurosis actuales, la noción ha tendido con el tiempo a desaparecer, al estimarse que, pese al valor desencadenante de los factores actuales, siempre se encuentran en los síntomas expresiones simbólicas de antiguos conflictos.
Por otra parte, los síntomas que Freud solía incluir como actuales suelen hoy recalificarse bajo el concepto de lo psicosomáticos, en cuyo campo, de todos modos, no habría que tener en cuenta solamente los conflictos derivados de la sexualidad, sino asimismo los generados por el fuerte control o la supresión de la agresividad.
En cuanto a las neurosis de defensa, Freud diferenció dos variantes principales, la neurosis obsesiva y la neurosis histérica. Dentro de ésta acabará por distinguir entre la histeria de conversión y la histeria de angustia.
Cuando una representación se vuelve intolerable para el sujeto, el yo tiende a defenderse y a reprimirla, pero, aunque quede sustraída a la conciencia, no logra hacer desaparecer la carga afectiva a ella ligada, dependiendo la forma de enfermedad del empleo que se de al afecto desligado de sus representaciones originarias: mientras en la obsesión el afecto se desplaza hacia el pensamiento, en la histeria la cantidad energética se utiliza bien para una inervación somática (histeria de conversión), bien carente de representación a la que ligarse, se expresa en angustia, que no es miedo ante algo determinado, sino un montante energético errático, hasta que encuentre en el exterior un objeto al que enlazarse, convertido entonces en objeto fóbico, el cual proporciona el alivio de sustituir una presión interna insuprimible por una angustia exterior focalizada, de la que siempre es más fácil defenderse. Sin embargo, histeria de angustia y neurosis fóbica no son exactamente sinónimos: el primer término destaca el mecanismo de la neurosis, el segundo es más descriptivo y se refiere a un momento posterior, pues como Freud comentó “La histeria de angustia evoluciona cada vez más hacia la fobia”
En las ·”Nuevas observaciones sobre las neuropsicosis de defensa” Freud estima que si, en la histeria, el factor desencadenante es un trauma infantil (normalmente la seducción por parte de un adulto) incapaz de ser elaborado, en la neurosis obsesiva (en la que siempre habría también un componente histérico, es decir, una experiencia sexual pasiva anterior) la pasividad es sustituida luego por una actividad sexual que reproduce de alguna manera la primitiva seducción.
Freud también diferenció entre las neurosis y las perversiones que veremos más adelante.
Podemos concluir que en la psicopatología actual, a las psicosis, las neurosis y las perversiones suelen agregarse los denominados casos límite o borderlines, en la frontera entre neurosis y psicosis, como en las esquizofrenias latentes, cuya sintomatología es aparentemente neurótica.
Podemos resumir lo anterior en el siguiente esquema


Psicosis

Neurosis

Perversiones




Actuales

De defensa




Paranoia

Esquizofrenia

Psicosis maníaco-depresiva


Neurastenia

Neurosis de angustia



Histeria: De conversión

De angustia

Neurosis fóbica

Neurosis obsesiva











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