Curso de Especialista en Psicoterapia



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Segunda Tópica

Es de 1920. Describe tres instancias, ello, yo y superyó. El ello es inconsciente, el yo y superyó, inconsciente y consciente.


El ello es el lugar donde están nuestros deseos y fantasías primarias.
Pulsión será todo aquello que implique el deseo a través del amor o del odio, de confundirse con el objeto primero.
En cada una de estas tópicas se utiliza la misma nomenclatura: económico, dinámico y tópico.
El ello está en conflicto con el yo y superyó. Nuestros deseos no son absolutamente aceptados, sino que va a haber negociación entre el yo y el superyó, por lo tanto va a haber conflicto.
La palabra ello no es una creación del Psicoanálisis. Freud dice que cuando nacemos somos mayoritariamente puro ello (o pura pulsión). Es el medio familiar el que irá creando el yo para que ese chico pueda dominar ese mundo pulsional. Freud decía que el yo “Es a veces un pobre payaso que soporta positivamente los impulsos de los deseos y no puede controlarlos”.
Podemos hacernos con nuestros deseos y erigirnos en autores de este teatro interior.
Cuando decimos que un niño está sexualizado, está utilizando su objeto de amor-odio en vez de buscar nuevas formas de satisfacción sustitutivas (tirar del pelo a una muñeca en vez de hacerlo a su dueña).
Freud dijo en la primera tópica que los tres sistemas, preconsciente, consciente e inconsciente tienen las fronteras perfectamente delimitadas. En la segunda tópica las pulsiones, relativamente organizadas en el ello, no se contradicen ni se excluyen. A nivel inconsciente podemos amar y matar a una misma persona. Los deseos no se contradicen, sino que coexisten juntos.
Por ese motivo Freud dice que no se puede hablar de masculino y femenino en el niño pequeño porque coexisten ambas posibilidades.
Cuando uno va accediendo a la parte consciente del yo y del superyó, tiene que resolver esta situación confusional y elegir. El paso de “todo es posible” a “algo es posible”, se llama castración y comienza a resolverse a partir de los 6 años hasta la juventud. Uno tiende a situaciones donde todo es posible, pero toda elección implica una renuncia y esto significa una castración.
Para Freud la palabra castración es renuncia en el sentido de que pierde algo para obtener otra cosa. A algo hay que renunciar.
El pensamiento actual tiende a no pensar en la renuncia. Tiende a la omnipotencia.
Lo que da acceso a la cultura es que no todo vale, que existe lo prohibido y lo permitido. Es lo que Melanie Klein llama pasar de la omnipotencia a la posición represiva (pasar del todo vale a la renuncia).
Lacan habla de la dificultad del ser humano de aceptar la completud.

Apuntes escritos:

Ello

Polo pulsional de la personalidad.


Sus contenidos son las representaciones psíquicas de las pulsiones.
Económicamente: Reserva primaria de energía psíquica.
Dinámico: Sus conflictos son entre el Yo y el Superyó.
Georg Groddeck inspiró a Freud con este término “El hombre animado por lo desconocido” y Nietzsche cita como Ello “Lo impersonal y naturalmente necesario de nuestro ser”.
El Ello al principio gobierna al Yo, quien vive pasivamente las fuerzas desconocidas del mismo.
Tópicamente está localizado solamente en el Inconsciente.
El Yo coge la energía que reside en el Ello para desexualizarla y sublimarla.
La separación del Ello con el Yo y Superyó no es tan definida como en el caso de la primera tópica.
Las pulsiones relativamente organizadas no se contradicen ni se excluyen.
Daniel Lagache plantea que el pronombre neutro Ello es el sinónimo de un sujeto ausente de coherencia.
La génesis de las instancias de la Segunda Tópica obedece a una diferenciación progresiva.

Pulsión

La pulsión utiliza las vías del instinto (boca, ojos, vagina,…) pero se despega totalmente de la necesidad fisiológica.


El cuerpo humano tiene orificios donde se ha roto la piel y quedan restos de mucosa: ojos, nariz, oído, glande, vagina y ano. Son las zonas erógenas, zona oral, anal, genital,… Permiten confundirse con el otro y crean una sensación de mismidad.
La pulsión no es un elemento somático, pero necesita de lo somático para poder desarrollarse.
La pulsión utiliza los orificios erógenos para conectar y volver a la completud. Nunca hay completud total. Siempre hay fisuras. Sin embargo, la pulsión ha necesitado la carretera del instinto para poder expresar sus deseos.
Se sigue confundiendo necesidad e instinto con deseo y pulsión. Esto explica el por qué muchas veces se habla de cegueras psicóticas cuando la persona tiene la vista saludable pero hay cosas que no quiere ver.
Freud dice que los comportamientos del bebé en sus intentos de conectarse con el otro, son los que vamos a encontrar en la vida adulta. Hay niños que no aprenden a tener límites a la hora de relacionarse con un objeto y esto puede llevarlos a perversiones adultas (masoquismo, fetichismo,…). Los síntomas perversos son modalidades del comportamiento infantil normal que no han podido evolucionar y se quedan en pura pulsión. El niño puede darle un beso al perrito de peluche, pero también sacarle los ojos. Se trata de un comportamiento anárquico del deseo infantil que es normal en esa etapa pero que el niño tiene que madurar. De lo contrario, puede caer de adulto en neurosis, psicosis y perversiones.
Freud dice que la elección de los objetos de satisfacción del adulto (trabajo, pareja, relaciones,…) tiene que ver con determinadas motivaciones y deseos que se han producido en los primeros diez años de su vida. Lo que uno ha elegido tiene que ver con la situación pasada.
Durante la juventud todos los orificios erógenos se subordinan al momento de la penetración. Sin embargo, no siempre es así: En un momento de fusión con el otro todas las zonas erógenas aparecen en funcionamiento anárquico y pueden o no subordinarse a la penetración vaginal.
Algunas veces una de las zonas erógenas está sobredimensionada y es a través de ella donde se obtiene el mayor placer. Son por ejemplo las personas que gozan sólo con la vista (voyeures) o con cualquier otra zona.

Apuntes escritos:

Pulsión – Empuje-Fuente-Objeto-Fin

Del alemán “trieb” que significa empuje irrepresible. No hay un objeto predeterminado.


(Instinto: “instikt”, es un comportamiento hereditariamente fijado y que aparece de la misma manera en la especie de individuos).
Freud plantea la diferencia entre escapar de excitaciones externas y la imposibilidad de huir de tensiones internas.
Las modalidades de la sexualidad infantil y las perversiones en el adulto plantean que la pulsión no tiene ni fin ni objetivo predeterminado.
El objeto es variable y contingente, su elección depende de la historia del sujeto.
La posible integración de las pulsiones parciales no viene dada por la maduración biológica.
La pulsión es un concepto “límite entre lo somático y lo psíquico”.
La primera clasificación es el dualismo entre:


  1. Pulsiones de vida




  1. Pulsiones de muerte

La pulsión siempre es parcial y al principio está en estado polimorfo.


La supresión de la tensión se realiza a través de la fuente corporal.

Tipos de pulsión

Freud hace una distinción entre pulsiones de vida y de muerte.


Pulsión de vida
Tendemos a establecer vínculos con otros semejantes y mantenerlos (en el trabajo, en el amor, en los amigos,…). Es como una ameba que cada vez está haciendo conexiones más rápidas.
Freud dentro de las pulsiones de vida distingue, en un principio pulsiones sexuales y pulsiones de autoconservación. Después llegó a la conclusión de que todo era pulsión de vida y las sintetizó en este concepto.
La pulsión es lo que acompaña al discurso biológico “Cuando puse a mi hijo al pecho pensé: Este bebé me va a salir fuerte porque le estoy dando toda mi vida en esta leche”. Es el discurso que va acompañando al niño para transformarlo de un ser biológico a un sujeto.
La pulsión de vida la describe Freud como lo fundamental para neutralizar los aspectos negativos de la pulsión de muerte. Dice que las pulsiones de vida y muerte están entrelazadas unas con otras y que el ser humano tiene una cosa angelical y otra demoníaca dentro de él. La pulsión de vida puede neutralizar a la de muerte.
Las resistencias son pulsión de vida. El ser humano ejerce su capacidad autoterapeútica a través de las resistencias.
Pulsión de muerte
Freud dice que es la tendencia que tiene el ser humano a que no haya ningún tipo de tensión ni de conflicto. Una persona que le dice al terapeuta que no tiene conflictos está dentro de la pulsión de muerte.
Freud dice que la pulsión de muerte tiende primariamente a dirigirse a uno mismo y corre el riesgo de llevarnos a una autodestrucción (a nivel clínico). Es una tendencia que tiene el ser humano a autoagredirse para resolver una situación tensa. Por eso, una criatura que tiene rabietas hasta autolastimarse y muerde a su hermano, es positivo porque está desplazando su pulsión de muerte hacia fuera y entrando en la pulsión de vida.
Los ejemplos más terribles de pulsión de muerte en clínica son los niños psicóticos, los anoréxicos graves y los melancólicos. En muchos casos de adultos, éstos llegan al suicidio.
Una de las formas que tiene el ser humano de expresar la pulsión de muerte, sacándola al exterior, es a través del deporte. Con el deporte, neutraliza la pulsión de muerte y entra en la pulsión de vida, que le llevará a aprender y a crecer.
El dominio es una forma de pulsión de muerte. Dominio es cuando al otro no se le respeta en su diferencia. En el sádico lo importante es que él percibe que el otro se ha convertido en un apéndice de él y, aún maltratándole, sigue siendo de su propiedad. Es una sensación erótica: dominio total.
En el masoquismo primario la queja está fuertemente erotizada. Un ejemplo son los sacrificios y penitencias.
Para Freud, tanto el sadismo como el masoquismo van a pesar mucho en la pulsión de muerte.
Relación terapéutica negativa. Se refiere a los casos en que el paciente no mejora en el tratamiento, a pesar de que la terapia está siendo bien llevada por el terapeuta. Puede ocurrir que el paciente esté encadenado a situaciones regresivas tan profundamente que es imposible rescatarle de su pulsión de muerte, porque no reconoce que hay algo dentro de él que le lleva a no querer cambiar. En estos casos, la terapia es inútil.

Apuntes escritos:
Pulsión (Continuación):
Es la historia del sujeto la que determina el objeto y la modalidad de satisfacción de la pulsión.
Al principio el empuje interno de la pulsión es totalmente indeterminado pero con el devenir del proceso vivido el sujeto le confiere un carácter específico.
¿Cuáles son las fuentes de la pulsión?: Oral, anal, musculatura, etc.
¿Cuáles son los fines?: Ver-ser visto, comer-ser comido, penetrar-ser penetrado, etc.
Cuando la pulsión busca su satisfacción autónomamente corresponde a la fase de autoerotismo.
Las pulsiones están ligadas a representaciones y fantasías.
Son el principal objeto de la represión en el inconsciente.
Pulsiones de autoconservación (o de apoyo)
Conjunto de funciones corporales necesarias para la conservación de la vida del individuo. Su prototipo: el hambre (así como el prototipo de las pulsiones sexuales es el amor).
Un mismo órgano como el ojo es asiento de las pulsiones de auto conservación y sexuales (trastornos psicógenos de la visión).
Las pulsiones de auto conservación se satisfacen en consonancia con el principio de realidad.
Las pulsiones sexuales pueden satisfacerse por la realidad pero también por la capacidad de fantasía.
Permanecen más tiempo bajo el dominio del principio del placer.
El conflicto entre pulsiones de auto conservación y pulsiones sexuales es fundamental para comprender las llamadas neurosis transferenciales.
Freud enumera tantas pulsiones de auto conservación como las funciones orgánicas para sobrevivir.
Las pulsiones de auto conservación indican a la sexualidad el trayecto hacia el objeto.
A partir de 1920 introduce un nuevo dualismo:
La conservación del individuo (pulsiones del yo, de auto conservación, caracterizadas por la necesidad) y las pulsiones sexuales apoyadas en las primeras se engloban en pulsiones de vida.
Y las pulsiones se caracterizan por la reducción completa de tensión, el retorno del ser vivo a un estado inorgánico: pulsiones de muerte.
El amor al yo, y el amor al objeto deben situarse dentro del Eros en oposición a Tánatos”.
Pulsiones de vida
Tienden a constituir unidades cada vez mayores y a mantenerlas.
Comprende las pulsiones sexuales y las de auto-conservación.
Se oponen a las pulsiones de muerte, su relación con la física sería la atracción y el anabolismo (Conjunto de procesos metabólicos de síntesis de moléculas complejas a partir de otras más sencillas).
La sustancia viva, que primariamente era una unidad, se fragmentó posteriormente y siempre tiende a reunirse de nuevo.
Mito de Aristófanes: “El Banquete” de Platón. En él la unión sexual tendería a restablecer la unidad perdida de un ser originariamente andrógino, anterior a la separación de los sexos.
El principio subyacente a las pulsiones de vida es la ligazón.
Pulsiones de muerte
Tendencia a la reducción completa de tensiones.
Retorno a un estado “inorgánico”.
Primariamente se dirigen hacia adentro: autodestrucción.
Secundariamente se dirigen hacia el exterior: pulsión agresiva o destructiva.
La pulsión de vida inhibe la pulsión de muerte, derivando esta hacia el exterior.
Esto se realiza mediante las posibilidades que ofrece el desarrollo neuromuscular.
La pulsión de muerte “canalizada” hacia los objetivos exteriores también se llama Pulsión de dominio, Pulsión de poder, Pulsión destructiva agresiva.
Si este aspecto “exterior” de la pulsión de muerte se pone al servicio de la sexualidad, se trata del sadismo.
El aspecto de la pulsión de muerte que permanece en el interior y ligado a la sexualidad se llama masoquismo primario.
En el desarrollo del individuo se dan ambas combinaciones:
Pulsión de vida-Pulsión de muerte; Sadismo-Masoquismo.
Motivos que impulsaron a Freud a reconocer la existencia de la pulsión de muerte:


  1. Compulsión a la repetición. No es sólo el dominio de experiencias traumáticas y displacenteras.

Estos fenómenos de repetición son de una fuerza irreprimible, independiente del principio del placer e incluso opuesto a él.




  1. Carácter regresivo de la pulsión. Por eso Freud piensa que la pulsión de muerte es la “pulsión por excelencia”.




  1. Clínica de los fenómenos de ambivalencia, agresividad, sadismo y masoquismo. Especialmente en la neurosis obsesiva y melancolía.




  1. Reacción terapéutica negativa. Imposibilidad que las pulsiones de vida estén en estado puro, sin la participación del odio propio de las pulsiones de muerte.

Siempre se encuentran asociaciones pulsionales, no modalidades puras.


El odio es un afecto de las relaciones objetales más antiguo que el amor.
Incluso en los casos en los que la tendencia destructiva de otro o hacia uno mismo es evidente, existe siempre una satisfacción sexual dirigida hacia el objeto o gozo narcisista.
Estos postulados no han sido aceptados fácilmente por sectores del psicoanálisis norteamericano, quienes consideran el odio como una reacción propia del individuo causado por la frustración del objeto.
Es la escuela inglesa con Melanie Klein quien considera desde el comienzo de la existencia humana la importancia de la pulsión de muerte.
Para ella la importancia de la pulsión de muerte no es solo cuando actúa en el exterior sino en el interior causando la angustia de aniquilamiento y desintegración.
Para Freud las fuerzas pulsionales tienden a “conducir la vida hacia la muerte”, pero sus efectos están enmascarados y contrarrestados por las pulsiones de vida.
El “retorno a un estado anterior”, propio de la pulsión es lo más típico de la pulsión de muerte, y es el principio de toda pulsión.
La tesis de la pulsión de muerte coincide con las características de lo inconsciente en cuanto a energía libre, repetición, inercia de “irreal”.
En cambio la pulsión de vida “Eros” es el de la constancia, ligazón, manutención de unidades cada vez mayores y su permanencia.

El Yo

El yo se las tiene que arreglar con los deseos del mundo interior, con las normas del mundo interior (superyó) y con el mundo exterior. Esto no es sencillo.


Así como el ello era el polo de los deseos, el yo es el polo defensivo. Allí están los mecanismos de defensa que están muy presentes en los conflictos.
Freud dice que el yo ofrece la posibilidad de cambio cuando hay una señal de angustia (lo que los psiquiatras llaman factor desencadenante). Lo que se hace en psicoanálisis es ver que hay más allá del factor desencadenante, cuáles son los elementos más profundos de la historia del sujeto que han desencadenado esto. El sujeto entonces, establece mecanismos de defensa porque sacar la historia puede ser muy doloroso. La defensa aparecerá como una barrera para evitar que retorne la profundidad dolorosa de nuestra historia. Esa es la habilidad del Yo, el proporcionar las defensas para que no aparezca la historia pasada tal cual. Las terapias no analíticas trabajan con los factores desencadenantes y las defensas.
La formación reactiva es una defensa típica en la que uno hace lo contrario de lo que inconscientemente le gustaría hacer porque no puede asumir lo que realmente quiere o expresar lo que siente.
Cuando el analista trabaja con estos elementos, Freud lo llama trabajo preanalítico. Freud dice que hay un “timing” en la manera en que el analista va ayudando a desmontar las defensas y profundizando. Freud dice que las terapias que no profundizan mucho hacen que el síntoma se desplace a otro sitio porque no se ha llegado a la profundidad.
Freud dice que la pulsión es irrefrenable. El deseo se necesita expresar siempre, pero el yo le opone el mecanismo de defensa y aparece el síntoma que tiene parte de deseo y de defensa. El síntoma es una condensación entre el deseo y la defensa.
Las identificaciones del yo
Las primeras figuras que han constituido nuestro yo son nuestros semejantes. La identificación es cuando el sujeto se apropia de la imagen de un semejante y la acomoda a su propia forma de ser. Tenemos, como seres humanos, la capacidad de dar nuestra propia impronta. La herida narcisista es saber que la identificación dura hasta la pubertad (hay una primera etapa de identificación que tiene que ver con la historia familiar, en la que uno “quiere ser como” y una identificación secundaria en la que se realiza con figuras fuera de la familia: profesores, amigos,…).
Freud va a decir que los dos aspectos del yo a tener en cuenta es el yo infantil, inmaduro y regresivo. Es el lo quiere y puede todo: el yo ideal. Será aquél amigo insoportable, encantado de haberse conocido y que solo habla de él. Freud habla de “Su majestad el bebé”. Muchas de estas personas no acuden a la terapia porque tienen un nivel intenso de narcisismo. Hay otra instancia en el yo ideal que tiene que ver con los ideales de nuestra cultura (artistas, cantantes, modelos,…) que permitirá que aspiremos más allá de nuestros padres.
Apuntes de clase:
Tópico: El yo mantiene una relación de dependencia con respecto a las pulsiones del Ello, las normativas del Superyó y as exigencias de la realidad. Por lo tanto su autonomía es muy relativa.
Dinámico: Polo defensivo de la personalidad, estas defensas presentes en el conflicto neurótico son motivadas por la percepción de un afecto displacentero: señal de angustia.
Económico: Energía ligada en cuanto a los procesos psíquicos conscientes (atención, juicio, memoria, relación causa efecto), y energía libre en cuanto a procesos defensivos repetitivos, compulsivos.
Génesis: El yo como


  1. Adaptación diferenciada desde el Ello y la realidad exterior




  1. Como proceso de identificación que produce dentro del sujeto un objeto de amor.

Ocupa los sistemas consciente y preconsciente pero también el inconsciente.


A partir de los estudios de 1880, se cuestiona la existencia de un yo uno y permanente. Pierre Janet plantea que en la histeria se presenta un desdoblamiento de la personalidad.
Para Freud esta disociación del Yo es el resultado de un conflicto psíquico. Ciertas representaciones al ser consideradas por el Yo como inconciliables y displacenteras son reprimidas en el inconsciente y mantenidas en él por medio de los mecanismos de defensa.
En “Proyecto de una psicología científica” el Yo interviene inhibiendo el proceso primario.
La función inhibidora es sobre el primer objeto satisfactorio para que este no adquiera una fuerza tal que desencadene el halo de realidad.
De esta manera el yo permite además que el sujeto no confunda sus procesos internos con la realidad.
Inhibición de los procesos primarios, tratando que el deseo no pase a la alucinación, y evitando en lo posible los procesos que ocasionan el displacer.
La falta persistente de la satisfacción esperada, la decepción, es lo que da lugar al abandono de la satisfacción por medio de la alucinación. El Yo representa el estado real del mundo exterior pero intenta una modificación activa de la realidad.
El Yo asume el funcionamiento del principio de realidad, por medio de las pulsiones de auto conservación. Mediante las mismas, El Yo-Realidad, tiende hacia lo útil y asegurarse contra los daños.
Intenta imponer la “prueba de la realidad” a las pulsiones sexuales a través de las pulsiones de auto conservación.
Relación muy estrecha entre el Yo y el sistema preconsciente y consciente, especialmente por medio de la motilidad y percepción.
En las descripciones del conflicto neurótico (especialmente en sus estudios sobre neurosis obsesiva), el Yo se opone claramente al deseo.
El Yo no existe desde el principio del nacimiento “Una nueva acción psíquica” transforma el funcionamiento anárquico y fragmentado de la sexualidad auto erótica, en la unidad narcisista del Yo.
El mismo Yo se ofrece a la sexualidad como objeto de amor como si fuera un objeto de amor exterior.
La secuencia es:


  1. Autoerotismo




  1. Narcisismo




  1. Elección de objeto homosexual




  1. Elección de objeto heterosexual

Desde el punto de vista económico se considera al Yo como reserva de energía libidinal hacia los objetos. No es simplemente un lugar de paso, sino el lugar donde la libido se estanca antes de ser enviada a los objetos (Pequeño animal protoplasmático).


Desde el punto de vista del Yo como lugar de identificaciones, es el residuo intra subjetivo de una relación inter subjetiva.

En la histeria en cambio la identificación aparece como transitoria, intentando a través del síntoma de simbolizar una similitud entre la persona y el otro.


La identificación con el objeto perdido (cuya patología es evidente en la melancolía), es el camino para ulteriores identificaciones.
El prototipo de la primera identificación es a través de las pulsiones orales y la modalidad “Incorporar-ser incorporado”.
A partir de 1920 Freud hace hincapié en los aspectos inconscientes del Yo.
Especialmente se refiere a técnicas defensivas que el sujeto desconoce.
El Yo en su aspecto preconsciente y consciente: control de la motilidad y de la percepción, prueba de la realidad, anticipación, ordenación temporal de los procesos mentales, pensamiento racional.
En su aspecto inconsciente: Desconocimiento, racionalización, defensa compulsiva contra los deseos, y aspectos identificatorios.

Yo ideal

Se refiere al Yo no organizado, totalmente unido al Ello, con las características de la omnipotencia del narcisismo infantil.


El sujeto dejará tras de sí este ideal narcisista, pero aspirará a retornar al mismo.
Para Daniel Lagache el Yo ideal es una identificación primaria con una madre omnipotente. Esto sirve de soporte a las identificaciones con personajes excepcionales y prestigiosos “identificaciones heroicas”. Se caracterizan además por un gran orgullo e independencia. Para este autor la exagerada afirmación en sí mismo conlleva la negación del otro.
Para Jaques Lacan el Yo ideal es también una formación narcisista por la que todos pasamos y tiene su origen en la fase del espejo y pertenece al registro de lo imaginario.

El ideal del Yo

Resulta de la convergencia del narcisismo con las identificaciones de los padres, sus sustitutos, y los ideales colectivos.


En los escritos de 1923 Freud le atribuye al ideal de yo como una subestructura del Superyó. El narcisismo perdido de la infancia como un verdadero delirio de grandeza da paso a idealizaciones posteriores.
En Psicología de las masas y análisis del Yo describe la fascinación amorosa, y la sumisión al líder.

El Superyó

Heredero del complejo de Edipo se forma por la internalización de exigencias y prohibiciones parentales.


También se describe como una parte del Yo que se escinde del mismo, lo cuestiona y lo critica.
En la neurosis obsesiva aparece como un insistente e inconsciente auto reproche.
Pero es en los delirios de observación, la melancolía y el duelo patológico donde Freud claramente distingue esta instancia del Yo cuyos valores son los de modelo y juez. Ideales y Prohibiciones. El Superyó encarna una ley y prohíbe su transgresión.
La renuncia de los deseos edípicos incestuosos y hostiles se encuentra en el origen del Superyó. Ulteriormente actúan las exigencias sociales y culturales.
El Superyó no se forma a imagen de los padres, sino a la imagen del Superyó de ellos.
Se convierte en el representante de la tradición, de todos los juicios de valor que de este modo persisten a través de las generaciones”.
No es cierto que el superyó se forme a los siete años en que el niño tiene “uso de razón”. Las normas han de establecerse mucho antes para que el niño no crea que “todo vale”.
El obsesivo que repite “Tengo que…” está esclavizado en la norma. La norma existe para vivir en la cultura, no para estar esclavizado.
La parte superyoica no es lo verbal que los padres transfieren a los hijos, son las pautas de conducta de los padres las que forman las pautas de conducta de los hijos. En el hacer es donde uno va mostrando lo permitido y lo prohibido.
El superyó como norma es absolutamente interdependiente de la cultura.

Estructura global del Superyó que implica tres funciones:




  1. Auto observación




  1. Conciencia moral (sentimiento de culpabilidad).




  1. Función de ideal (sentimiento de inferioridad y algunas depresiones).



Fase del espejo. Jaques Lacan 1936

Situada entre los 6 y los 18 primeros meses, el niño que está en un estado de impotencia e incoordinación motriz, anticipa imaginariamente la aprehensión y el dominio de su unidad corporal.


Esta unificación imaginaria se efectúa por identificación del otro semejante como forma total.
Es el esbozo y matriz de lo que será el Yo (Yo ideal).
La imagen del semejante actúa como imagen especular y le brinda una unidad que objetivamente le falta.
Esta relación imaginaria y dual está marcada por la tensión agresiva, donde el Yo está constituido como otro, y el otro es un alter ego del Yo.
Esta fase se relacionaría con lo que Freud plantea como autoerotismo y narcisismo.




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