Curso de Especialista en Psicoterapia


Psicoanálisis y género – Nora Levington



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Psicoanálisis y género – Nora Levington


Apuntes de clase
Abordamos este tema desde una perspectiva que nos obliga a partir de temas más generales para irnos llevando a uno de los temas clave: la idealización del amor como gran asunto de la vida de las mujeres y, a partir de allí, de qué forma el reforzamiento del apego y su vinculación con el narcisismo facilita vínculos de dependencia amorosa y en tantos casos patológica.
Como trabajar con mujeres maltratadas sin morir en el intento”.
¿Cómo se constituye la subjetividad femenina y cuáles son los aspectos diferenciales con los hombres?
En nuestro modelo teórico todo nos es dado a partir de la intersubjetividad. Desde el primer momento en que nacemos en un mundo donde hay otras figuras, todo empieza a ser conducido a partir de la significación que los adultos relevantes tendrán en relación a ese niño. ¿Cuáles son sus fantasías respecto al bebé? El conocimiento previo que se tenga sobre el sexo del bebé va a despertar un imaginario diferente.
Puede haber discordancia entre el mensaje verbal y la actitud corporal. Esto lo percibe el niño. Continuamente vamos a estar recibiendo mensajes que van a formar parte de las estructuras de nuestro psiquismo.
Inicialmente la madre es la figura de apego. Las investigaciones nos han hecho corroborar que el apego no tiene únicamente que ver con la nutrición fisiológica sino que el afecto es un factor fundamental en el apego.
La madre aparecerá como figura ideal para el niño: Todo lo puede. Las niñas tienen además el añadido de que por equivalencia de sexo son iguales a mamá. Idealiza la condición no solo de ser mujer, sino de ser madre. Ser mujer es equivalente a ser mamá. Es algo también propiciado por la cultura: los juegos de muñecas, la ayuda a mamá… Una mujer tiene básicamente que ser madre. Esta equivalencia se hace tan imperativa que a las mujeres que no han tenido hijos se les pregunta por qué, mientras que a las que los han tenido no se les pregunta la razón.
Se convierte en una especie de ley implícita el tener que “ser madre” porque esto es lo que le hará sentirse mujer.
A medida que la niña va creciendo se va dando cuenta de las diferencias entre las posibilidades reales de poder y capacidad de decisión entre mamá y papá. Empieza a descubrir que mamá tiene menos poder que papá y esto no solo es en casa.
Llega un momento que mamá deja de ser la aspiración de la niña como ideal de desarrollo para empezarse a cuestionar cuál es el lugar que en tanto niña tiene respecto a las facilidades que pueda tener un varón. Por ejemplo, a los niños se les permite ser arriesgados, que no tengan miedo. Sin embargo, a las niñas no se les permite estas conductas. Las madres desarrollan actitudes que tienden a retener a las niñas. “No te ensucies, no te vayas lejos,…”. Ya en edades muy tempranas hay diferencias de trato notorias. La niña va creciendo incorporando estas consideraciones y asumiendo que estas diferencias son “Lo que corresponde”.
Hasta los últimos veinticinco años en que las cosas han comenzado a cambiar, se negaba cualquier planteamiento relacionado con la discriminación de género.
La pérdida de ideal femenino afecta a las niñas, pero llega un momento en que el niño comienza también a tomar distancia. Tiene que masculinizarse y para ello ser lo contrario de mamá. No tiene que ser dócil, ni obediente, ni bueno. Debe alejarse de este modelo materno que está unido a la debilidad y va aproximándose al modelo masculino como oposición a su madre. Para masculinizarse se desconecta de las emociones. “Los niños no lloran”.
La niña va cada vez más reforzando acciones relacionadas con el apego y los niños van cada vez más acercándose a la figura del padre. De ahí la importancia de la figura paterna en la configuración del psiquismo del niño: Si el padre se permite llorar, si es sensible, el niño no tendrá desconexión de las emociones.
La niña no solo tiene que ser buena sino demostrarlo permanentemente renunciando a la agresividad. Cuando una mujer siente que está haciendo daño merece ser castigada, no solo porque lo que ha hecho es dañino, sino porque trasgredió algo pertinente al formato de género. Un niño es un bruto y una niña es mala.
Hay una valoración añadida que es la tolerancia a umbrales altos de frustración: “Es tan buena que se quedó cuidándome todo el verano”.
La niña no puede elegir ser mala porque el peso de la represión es muy fuerte.
La mujer tiene muy poco entrenamiento para discriminar cuáles son sus deseos porque su necesidad de asegurar las relaciones es tan importante que es muy difícil poder discriminar en deseos que entren en conflicto con ellos. En la mayor parte de los casos lo que va a terminar estableciéndose como condición es preservar el mantenimiento del apego porque eso va a ser la garantía de su autoestima (narcisismo).
Si lo que más le importa a la mujer en la vida es complacer, lo más censurado es ser desobediente y además, lo que más va a necesitar es ser querida y gustar, todo ello junto será un pasaporte para la dependencia amorosa. Todo contribuye a que los varones tengan más habilidades instrumentales en términos de dominio que las niñas.
Las mujeres tienden a tener un solo modelo de relación: ser mamás de todo el mundo.

Factores de género y su incidencia en salud mental

Desde los 70 hemos empezado a ocuparnos de esta cuestión. Las causas que llevan a entender cómo los roles de género afectan a los modos de enfermar de las mujeres. Las mujeres empiezan a revelar síntomas y rápidamente se las silencia, no se les facilita que puedan hablar de lo que les pasa y se les medica desde el primer momento.



Noción de conflicto



Intrapsíquico: Entre diferentes fuerzas internas.


  • Desear ser una “buena madre” Vs. Querer ser eficaz en su role laboral.




  • Deseos sexuales Vs. Creencias morales. Es algo que en los hombres no tiene cabida.




  • Reconocimiento de la propia rabia Vs. El ideal de ser buenas. Reconocer que uno tiene deseos hostiles entra en conflicto con el ideal.


Interpersonal: Con el entorno en el que nos movemos.


  • Ambivalencia. La máxima expresión es amor / odio. Inhibir nuestra agresividad para preservar las relaciones.




    • Para sentirnos buenos




    • Para evitar los enfrentamientos que nos hacen temer ser rechazadas o abandonadas.

La mujer está expuesta a exigencias de renovación que conllevan un alto coste psíquico. Para muchas mujeres que llegar a los 40 – 50 años con un sistema de funcionamiento más similar al que pudo ser el de su familia, las exigencias de actualización llevan también a un violentamiento por tener que vencer las propias convicciones.



Condiciones que sustenta la dependencia:

Depositación en el otro de:


La capacidad para “entonarme” emocionalmente.
Sentirme valiosa, reasegurarme.
Poseer una identidad. Por ejemplo, “ser la mujer de “.
Obtener un registro de conexión emocional que reactive emociones primarias.


  • Expectativa de un amor incondicional que repare situaciones traumáticas (abandonos, aislamiento).




  • Intento de búsqueda de comprensión por las experiencias de vínculos pasados




  • La pareja como refugio frente a las adversidades de la vida.



Duelo por la función romántica como proyecto vital privilegiado y por la expectativa de la “pareja ideal”

Modalidades de agresividad femenina:




  • Tendencia a la evitación del conflicto.




  • Temor al enfrentamiento y al dolor psíquico del castigo bajo la fantasía de abandono o distancia emocional.

A cambio: Agresividad más pasiva.




  • Incremento en el listado de agravios con sus correspondientes rencores (se quejan cuando hablan con otras personas o con la propia pareja, pero no resuelven nada).




  • Estereotipo de recursos defensivos. Ejemplo aprovecha la reunión familiar para criticarle delante de todos.




  • Sintomatología: Cuadros psicosomáticos: insomnio, cefaleas, frigidez, angustia, crisis de pánico,…).




  • Exposiciones inoportunas e inadecuadas por acumulación: “Tú no me entiendes”. No es un problema de comprensión, sino de estar o no de acuerdo con el otro.

Son formas de reacción que carga de rabia a los hombres: Ser juzgados negativamente en una situación social.


Este tipo de respuesta contribuye a reforzar la opinión de que es una histérica e incrementa la sensación de impotencia en la mujer.
Después de este tipo de explosiones la mujer no solo no consigue nada, sino que además se siente “mala”.

Actores sociales del drama de la violencia familiar



Persona abusadora Persona abusada
Sentirse dueño Incondicionalidad

Impunidad Amor

Centralidad Poder (tiene que ver con la vida doméstica

Control Disminución del propio valor

Autoridad Déficit en el registro del malestar
Todo este efecto de impotencia, de falta de asertividad, conduce a reacciones desmesuradas en algunas ocasiones. Es efecto del desplazamiento.
La violencia es el intento masculino de recuperar el poder.
Lo que distingue la víctima del verdugo es el miedo.

Obstáculos de la Psicología y la Psiquiatría para la comprensión del problema de la violencia

Tendencia a psicologizar. La violencia doméstica debe ser entendida como una compleja combinación de factores históricos, culturales, sociales, institucionales y familiares, no como el producto de una estructura patológica.


Intento de abordar el problema desde los modos psicoterapéuticos convencionales. Sin un conocimiento adecuado de la especificidad del problema. Se pueden usar estrategias terapéuticas adecuadas para el tratamiento de conflictos familiares que no lo son para las situaciones de violencia familiar.
No considerar la variable “género” para el diagnóstico del problema que junto con la variable “poder” define la violencia familiar, por desconocimiento de la relación de los géneros con los vínculos abusivos.

Síntomas psíquicos y sociales

La atención sociosanitaria ante la violencia frente a las mujeres


- Depresión - Abuso de sustancias (sedantes,

- Ansiedad ansiolíticos, alcohol, otras drogas)

- Angustia - Incomunicación

- Confusión - Aislamiento social

- Comportamiento disociativo - Bajas laborales

- Hipervigilancia, bloqueo emocional - Además se detecta que la paciente

- Pensamientos obsesivos repetitivos incumple el tratamiento o falta a

- Intentos, deseos de suicidio las citas concertadas o las anula

- Trastornos de la alimentación reiteradamente (ella o su pareja)

Actitud de la mujer maltratada en mujeres con lesiones

El relato que hace no concuerda con la lesión que presenta (“Me caí por la escalera”).


Presenta una historia de “accidentes frecuentes”.
Demora en ir al médico y lo hace cuando las lesiones están curándose. Puede manifestar quejas vagas, difíciles de explorar.
Habla someramente de “problemas en casa”.
Quita importancia a sus lesiones y las justifica.

Segunda victimización

El modelo dominante intenta explicar los síntomas físicos dentro de sus propios esquemas, no considerando la experiencia de victimización como posible motivo. Esto potencia la actitud ocultadora de la mujer (por vergüenza o culpa) y favorece que no se diagnostique el fenómeno de la violencia e género, indicándose tratamientos sintomáticos que no consideran las verdaderas raíces del problema.



Mitos culturales

Características del mito: Resistencia al cambio. Su fuerza reside en que es invulnerable a las pruebas racionales que los desmienten.


Funciones del mito. En el caso de la violencia doméstica:
Culpabiliza a la víctima (la provocación).
Naturaliza la violencia (“El matrimonio es así”).
Impide a la víctima salir de la situación (mitos acerca de la familia, el amor, la abnegación, la maternidad,…).

Mitos y prejuicios

Son creencias que repiten estereotipos, afirmaciones erróneas o consensuadas socialmente, del tipo de:


Las mujeres buscan hombres violentos”
Si está tan mal, por qué se queda con él”
¿Por qué aguantó tanto tiempo y ahora se queja?”
La violencia es un problema de las clases bajas”
Las personas educadas y cultas no son violentas”
Se trata de casos aislados”.

Actitud de la mujer maltratada

En muchos casos la manera de estar, la actitud y el relato que nos hace una paciente, pueden indicarnos que está sufriendo malos tratos:




  • Mujeres angustiadas y tristes.




  • Mujeres asustadas y temerosas que se alteran cuando, por ejemplo, se abre una puerta.




  • Mujeres con una actitud evasiva




  • Mujeres envejecidas prematuramente




  • Mujeres con una actitud sumisa, vergonzosa




  • Mujeres que se desvalorizan, con baja autoestima. No sienten que merecen atención, se creen incapaces y torpes.




  • Recelos en dar información y lesiones que corresponden con malos tratos




  • Historia de problemas psicológicos (depresión, ansiedad, pánico, intentos de suicidio, ingesta de alcohol, drogas o psicofármacos).




  • Aislamiento, falta de actividades y relaciones fuera del seno familiar.







  • Intento de suicidio




  • Accesos de llanto




  • Hablar de la pareja como alguien agresivo y a continuación justificarlo



Marco de intervención

Varía en función de:




  • Tipos de maltrato sufridos




  • La gravedad del maltrato




  • La cronicidad de la situación, el tiempo que lleva sufriendo el maltrato.




  • El deteriore en su salud




  • Su situación económica, sociológica y familiar



Niveles de los efectos de la violencia

Maltratos habituales de baja intensidad. Experiencias cotidianas que conforman una letanía de fondo que anestesia ante la violencia. (“Estás como una vaca”; “Eres una inútil”,…).


Lavado de cerebro (maltrato interno y persistente). La víctima adopta esa misma actitud ante la amenaza que supone defenderse.
Embotamiento. Sumisión extrema.

Intervenciones con mujeres maltratadas

Revisar nuestros propios prejuicios sexistas, mitos y estereotipos.


Cuidar especialmente nuestra empatía, evitando todo comentario que las haga sentir que las estamos culpando de la situación en que se encuentran. No reforzar la victimización. Ayudarles a entenderse a sí mismas.
Hablar claramente con un lenguaje accesible y una actitud respetuosa y cálida que favorezca un clima de confidencialidad y confianza. Legitimar sus sentimientos validando su experiencia.
Hacer preguntas concretas que permitan recoger la información necesaria acorde al ámbito específico de la profesión.
El silencio y el olvido como forma de triunfo sobre los afectos dolorosos y desorganizantes.
La negación del conflicto y la amenaza permiten una reorganización y ajuste a la vida corriente.
El terapeuta tiene que hacer el esfuerzo de comprender cómo en un estado desvitalizado, la idea de una separación puede ser imposible de abordar para la mujer maltratada.

Decodificación del silencio

Los profesionales deben decodificar este silencio para desmentir la creencia de que “callando se olvida”. Lo que se calla, por el contrario, permanecerá alojado en el psiquismo con su potencialidad patógena, atrapado entre sentimientos de hostilidad, odio y venganza.

Una forma de procesar una situación traumática consiste en recuperar el poder de decir para no quedarse con la idea de que el último que habló, amenazó y ordenó no contar, fue el agresor.

Primera entrevista

¿Qué es lo que espera y necesita la mujer maltratada?


Poder poner palabras al dolor sufrido, a las emociones experimentadas, a los pormenores del ataque y su vergüenza.
Crear un yo observados en relación a sí misma y su imagen pasada, a su estado actual y a la posibilidad de futuros cambios.
La finalidad es recoger datos pero no de una manera intrusita, sin que transgreda el límite de lo que la mujer no quiere o no puede contar.
Ofrecer información sobre los servicios necesarios para abordar su situación de maltrato (abogados, asistentes sociales,…).
En algunos casos es necesario que se den orientaciones directivas sobre todo cuando está comprometida su integridad personal porque la extrema ansiedad y la angustia no suele permitirle utilizar eficazmente sus recursos yoicos.
Incluir señalamiento que brinden otras formas de conexión con la experiencia violenta y de relacionar los diferentes problemas que deben afrontar implementando recursos para irlos resolviendo.
Un recurso eficaz consiste en realizar una síntesis de los elementos más significativos de la narración que permita la continuidad del relato para ayudarles a organizar su pensamiento y ofrecerles un modelo de pensamiento para el futuro.
Se trata de contener la descarga emocional sin sobreidentificarse, que permite intervenir sin dejarse impregnar ni desconectarse excesivamente.
Valorar positivamente el inicio del proceso. Que haya podido empezar a hablar, abandonando la negación o justificación, reconociendo una situación muy difícil y solicitando ayuda.
Darle información sobre las habituales estrategias de las maltratadas, del ciclo de violencia para que esté preparada para el período que se avecina. (A veces las mujeres se “enganchan” en los “períodos de luna de miel” y piensan que el problema se ha resuelto).
En algunos casos ellos también se creen que van a resolver su violencia con buena voluntad. Sin embargo es algo que no está bajo su control en muchos hombres.
Indagar sobre las redes de apoyo con las que cuenta.
Establecer pautas para situaciones de emergencia

Intervenciones terapéuticas

Desarrollo de recursos yoicos, de nuevas funciones y habilidades.


Investimiento de la autonomía y el dominio de la propia vida como ideales. El deseo de cambio y el sentimiento de eficacia.
La dependencia emocional: necesidad de modificar modalidades de apego.
Las dificultades de regulación psicobiológica y el reconocimiento de la propia agresividad. Formas de masoquismo, sometimiento, autoinculpación, autocastigo, autoprivación.
La ambivalencia amor / odio, miedo / ira. Deseos de separarse y el temor a conseguirlo.
El duelo por la función que el otro cumplirá y por la fantasía romántica (infantilizada) de pareja.
La culpa: por la relación rota, por no seguir haciéndose cargo del otro, por lo que hizo con su vida, por lo que vivieron los hijos.


  • Por la sensación de fracaso y el temor a que se repita invariablemente.

Los mecanismos de defensa: negación, idealización, desplazamiento, identificación con el agresor.


Necesidad de disponer de un sistema de alarma confiable respecto de cómo responder frente a la hostilidad ajena.
La historia personal. La familia de origen.
Identificaciones Incorporación de estilos de modalidades de relación. Causas y antecedentes de la situación actual.
Las creencias sobre sí misma. Reestructuración del sistema narcisista a partir de las nuevas experiencias. Jerarquizar otras motivaciones ligadas a su crecimiento personal y al autocuidado.

Sostener, cuidar, nutrir

Como sucede con el niño, que frente a una situación penosa, percibe que por si solo no podría calmar la angustia, las mujeres maltratadas perciben que el sufrimiento y la rabia no tendrán fin. Necesitarán entonces de personas que las calmen y aseguren que su dolor no será para siempre.


Esa contención facilita que las situaciones y emociones vividas como peligrosas vayan dando lugar al despliegue de los recursos psíquicos de la víctima para su autocuidado y protección. En este marco de contención, el profesional pondrá en marcha una srie de funciones, o sea, actividades e intervenciones que se ajusten a las peculiaridades de cada consulta y en concordancia con la transicionalidad.

Criterios para el desarrollo del estrés postraumático





  • Miedo intenso







  • Percepción de amenaza vital o riesgo de violencia física




  • Cuadro clínico caracterizado por manifestaciones contrastantes en un amplio espectro entre la activa y la inhibición: hipervigilancia y simultáneamente, embotamiento y desconexión.



La deserción y sus causas

Otro efecto importante de la práctica de violencia es la frustración del profesional frente a las deserciones de las mujeres asistidas.


La discontinuidad y las ausencias, las faltas y los silencios prolongados se deben a las necesidades de protegerse del dolor que produce recordar.

Efectos de ser testigos: Subjetividades en riesgo





  • Disminución de interés en el trabajo, que se suele realizar de forma dispersa y con gran cansancio.




  • Aparición de trastornos en los vínculos familiares.




  • Abuso de alcohol u otras sustancias




  • Desarrollo de enfermedades psicoanalíticas



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