Curso de Especialista en Psicoterapia



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Psicosis

El término apareció en psiquiatría a mediados del siglo XIX y se la definió como “enfermedad del alma”. Desde entonces se ha hecho un gran trabajo para separar las principales variedades (paranoia, esquizofrenia, psicosis maníaco-depresiva, estados delirantes, etc.)


Las psicosis son estados graves marcados por trastornos profundos de funcionamiento psíquico, que conducen a desadaptaciones severas de la vida relacional y social. Generalmente, aunque no siempre, la psicosis es patente a los ojos de su entorno: el sujeto está angustiado, elabora un sistema delirante para explicarse lo que le sucede, o bien se encierra en una soledad glacial, utiliza un neolenguaje incomprensible, incluso sufre alucinaciones.
El aspecto más destacado en todos estos estados, es la angustia. Siempre se trata de angustias muy arcaicas, es decir, que han permanecido muy presentes y muy activas desde la primera infancia. Podemos decir que, cuidadosamente reducidas y “encapsuladas” estas angustias arcaicas subsisten en todos nosotros: es lo que retorna cuando las defensas habituales bajan la guardia, en algunas pesadillas, bajo fiebre alta, con determinadas drogas, etc.
Cuando en el corazón del psiquismo subsiste este tipo de angustias, a la vez disimuladas e intensas, su confinamiento puede exigir un gran trabajo defensivo. Sin embargo, unas circunstancias excepcionales (un duelo, una separación, un conflicto traumático,…) pueden someter al aparato psíquico a una sobrecarga de trabajo de tal magnitud que las defensas cedan, entonces estaremos en presencia de una descompensación psicótica.
Cuando esto se produce, una parte del yo se abandona a la alucinación del delirio, creando para esto un mundo imaginario a la medida de sus deseos; otra parte permanece inserta en la realidad, pero marca con la “no existencia” lo que le disgusta. Es la renegación. El sujeto psicótico vive en un mundo que, para él, es real, aunque no lo sea para nadie más: ahí radica el drama.
La psicosis maniaco-depresiva se caracteriza por oscilaciones a más o menos corto plazo entre un estadio de poder absoluto (maníaco) y una depresión profunda.
En las psiconeurosis hay que distinguir, por una parte, las perversiones y, por otra, las psicosis y los estados límite.
El término perversión puede aplicare a conductas aberrantes marcadas por la violencia y por una sexualidad “anormal”. Lo que se consideran como prácticas perversas viene marcado por tres peculiaridades: su carácter repetitivo, a tal punto que el perverso aparece como el esclavo de un guión que se siente condenado a reproducir hasta el infinito para obtener el placer que busca, su carga violenta en sexualidad infantil (sobre todo en el orden de lo anal); y la despersonalización de la pareja, reducida al papel de instrumento de placer intercambiable.
Pero más allá de los comportamientos, nos vemos obligados a considerar la noción de estructura perversa para connotar el conjunto de los procesos psíquicos que, en un individuo en particular, le conducen a llevar esta vida.
Por otra parte, hay que distinguir las psiconeurosis de las psicosis, que remiten a otras formas de funcionamiento psíquico, y que corresponden con más propiedad a lo que comúnmente llamamos enfermedades mentales. En algunos casos los síntomas son muy evidentes, y a menudo angustiosos para sus allegados (delirios, alucinaciones, etc.); en otros casos, los trastornos, aunque no tan evidentes, pueden ser hasta más graves pero permanecer “en sordina”. Pero es, ante todo, la forma de funcionamiento psíquico de estos enfermos lo que permite clasificarlos entre los psicóticos. Se caracteriza por una angustia que, en general, es masiva, reflejo cercano de angustias arcaicas de la más tierna infancia, y que el sujeto intenta reducir con diversos mecanismos; y sobre todo, por una alteración profunda del mundo que lo rodea. Muchos adtos agresivos, a veces realmente peligrosos, constituyen de hecho reacciones defensivas de un sujeto que se siente gravemente amenazado.
En las fronteras de las psicosis, desde hace dos o tres décadas, los psicoanalistas han estudiado particularmente los casos límite, en los que la estructura general de funcionamiento es del mismo tipo, pero más o menos disimulada por unas superestructuras neuróticas.

Personalidad narcisista

Las personas con una personalidad narcisista tienen un sentido de superioridad y una creencia exagerada en su propio valor o importancia, lo que los psiquiatras llaman “grandiosidad”. La persona con este tipo de personalidad puede ser extremadamente sensible al fracaso, a la derrota o a la crítica y, cuando se le enfrenta a un fracaso para comprobar la alta opinión de sí mismos, pueden ponerse fácilmente rabiosos o gravemente deprimidos. Como creen que son superiores en las relaciones con los otros, esperan ser admirados y, con frecuencia, sospechan que otros los envidian. Sienten que merecen que sus necesidades sean satisfechas sin demora y por ello explotan a otros, cuyas necesidades o creencias son consideradas menos importantes. Su comportamiento es a menudo ofensivo para otros, que les encuentran egocentristas, arrogantes o mezquinos.



Personalidad límite (bordeline)

Las personas con una personalidad límite, son inestables en la percepción de su propia imagen, en su humor, en su comportamiento y en sus relaciones interpersonales (que a menudo son tormentosas e intensas). La personalidad límite se hace evidente al principio de la edad adulta pero la prevalencia disminuye con la edad. Estas personas han sido a menudo privadas de los cuidados necesarios durante la niñez. Consecuentemente se sienten vacías, furiosas y merecedoras de cuidados.


Cuando las personas con una personalidad límite se sienten cuidadas, se muestran solitarias y desvalidas, frecuentemente necesitando ayuda por su depresión, el abuso de sustancias tóxicas, las alteraciones del apetito y el maltrato recibido en el pasado. Sin embargo, cuando temen el abandono de la persona que las cuida, su humor cambia radicalmente. Con frecuencia muestran una cólera inapropiada e intensa, acompañada por cambios extremos en su visión del mundo, de sí mismas y de otras (cambiando del negro al blanco, del amor al odio o viceversa pero nunca a una posición neutra). Si se sienten abandonadas y solas pueden llegar a preguntarse si realmente existen (esto es, no se sienten reales). A veces pierden de tal modo el contacto con la realidad que tienen episodios breves de pensamiento psicótico, paranoia y alucinaciones.
Estas personas son vistas a menudo por los médicos de atención primaria; tienden a visitar con frecuencia al médico por crisis repetidas o quejas difusas pero no cumplen con las recomendaciones del tratamiento. Este trastorno es también el más frecuentemente tratado por los psiquiatras, porque las personas que lo presentan buscan incesantemente a alguien que cuide de ellas.

Neurosis

En el siglo XVIII se definía como neurosis a aquellas enfermedades que se entendía procedían de una alteración de los nervios, del sistema nervioso. En el siglo XX Freud,


a partir de su trabajo con pacientes histéricas comprueba que las neurosis no eran anomalías del sistema nervioso sino que respondían a conflictos intrapsíquicos y que los síntomas observables mostraban el retorno de unos deseos que habían sido reprimidos. Habla de psiconeurosis para subrayar que se trataban de trastornos psíquicos y define como psiconeurosis de defensa la histeria, la neurosis de angustia y la neurosis obsesiva.
En las neurosis el Yo se enfrenta a una serie de pulsiones sexuales incompatibles con
las exigencias éticas reprimiendo estas pulsiones. La libido acumulada busca otras salidas, regresando a puntos de fijación anteriores y surge el síntoma como solución de compromiso o satisfacción sustitutiva sexual. El Yo sigue reprimiendo al síntoma que es sometido a modificaciones y desplazamientos que hacen irreconocible su carácter de satisfacción sexual. El síntoma puede expresarse a través del cuerpo, como en el caso de la histeria, del espacio en las neurosis fóbicas o del pensamiento en las neurosis obsesivas.
Sin embargo, histeria de angustia y neurosis fóbica no son lo mismo. El primer término destaca el mecanismo de la neurosis. El segundo se refiere a un momento posterior: la histeria de angustia evoluciona progresivamente hacia la fobia.
El origen remoto de las neurosis deben buscarse en la infancia, cuando se instala una neurosis infantil, pasa necesariamente por su reactivación en la relación que se desarrolla con el analista: entonces se instaura una neurosis de transferencia, un pasaje obligado para la curación.
También existen fenómenos neuróticos que afectan al conjunto de la personalidad y a las relaciones con los demás que son los caracteres neuróticos (trastornos de la
personalidad) donde no se sabe dónde comienza el síntoma y dónde la personalidad, y los procesos defensivos se manifiestan como más eficaces, pero a un alto precio.

Histeria
Neurosis descrita desde los tiempos de Hipócrates y atribuida a una disfunción del útero. Freud investiga los mecanismos psíquicos implicados en la histeria
comprobando que los síntomas histéricos eran resultado de recuerdos y fantasías sexuales que se habían convertido en síntomas físicos. Distinguió entre histeria de
conversión
e histeria de angustia. En la primera se hace frente al conflicto mental convirtiéndolo en síntomas somáticos o disociativos. En la segunda el Yo no puede
superar la ansiedad a pesar de recurrir a mecanismos fóbicos. Hoy en día la denominamos neurosis fóbica o neurosis mixta.
Los síntomas histéricos se manifiestan cuando intentan retomar a la conciencia ciertos
conflictos asociados al periodo edípico en el desarrollo psicosexual. El deseo del objeto incestuoso de amor representa el principal peligro. Los síntomas representan una expresión de fantasías inconscientes que se han desarrollado a modo de compromiso en el conflicto entre un deseo que ha generado angustia y la defensa contra ese deseo.

Los conflictos edípicos pueden contribuir también a la formación del carácter histérico (trastorno histriónico de la personalidad en el DSM).




  • En la histeria la regla parece ser la frigidez y en la unión duradera con la pareja la evitación progresiva de las fijaciones sexuales.




  • Fijación incestuosa a un padre decepcionante: el padre no respondió como deseaba aunque ambién su respuesta era temida.




  • Ambivalencia (fuerte odio) hacia la madre.




  • Fantasma de incesto.




  • Excitación de la niña: erotización del cuerpo.




  • Unión con el padre a través de la sexualidad.




  • Búsqueda insaciable de objeto y necesidad de ruptura cuando se produce su cercanía.




  • Se lleva a cabo la sexualidad adulta con herramientas infantiles.




  • Ambivalencia (fuerte odio) hacia la madre. Fantasma de incesto.



Histeria de Angustia

Término introducido por Stekel y adoptado por Freud que describe cierta perturbación neurótica característica de estados con angustia manifiesta. Estructuralmente es muy


similar a la histeria pero incluye una intensa tendencia a la formación de fobias. La diferencia reside en que en la histeria de angustia la libido liberada de las ideas
patógenas por la represión no era objeto de conversión sino que se transformaba en angustia libre que la mente intentaba ligar asociándola a una situación específica que
podía luego ser evitada. Se dice que la angustia es flotante cuando no se halla ligada a una situación específica.

No es común hoy día este diagnóstico: histeria de angustia y neurosis fóbica no son lo mismo. En la histeria de angustia se resalta el factor constitucional de la neurosis en cuestión. El síndrome clínico está relacionado con el intento de resolver los conflictos de la fase fálico-edípica. Las crisis de angustia y los intentos de transformarla en fobia indican el conflicto mental donde las operaciones defensivas no son suficientes para manejar los impulsos instintuales sin que se produzca un sufrimiento manifiesto. Si además de la angustia existen otros síntomas se busca la etiqueta diagnóstica que mejor le encaje, en este último caso sería la de neurosis fóbica.






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