Curso de Especialista en Psicoterapia


La angustia: Inhibición, síntoma y angustia (1925). Lo siniestro (1919)



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La angustia: Inhibición, síntoma y angustia (1925). Lo siniestro (1919)




Primera teoría: la angustia deriva de la libido inutilizada por represión

Freud mantuvo que la angustia era el resultado de la libido mal empleada (masturbación: neurastenia) o inutilizada (abstinencia, coitus interruptus: neurosis de angustia), dentro de las que denominaba neurosis actuales, mientras que en las neurosis de defensa la angustia derivaba también de la libido insatisfecha. Al disociar ésta los componentes de la pulsión, la carga afectiva separada de sus aspectos representativos era empleada en inervaciones somáticas en la histeria de conversión.


Dentro de las neurosis de defensa, es en la histeria de angustia en la que éste se hace más patente, pareciendo respetar al obsesivo. Pero sólo es así mientras realice sus ceremoniales o se entregue a sus irresolubles cavilaciones y escrúpulos, pues, si renunciara a ellos, experimentaría una terrible angustia, que le obligaría a ceder. En la neurosis obsesiva, la angustia es reemplazada por los síntomas, que tratan de impedir su desarrollo, de manera similar a como en la histeria de conversión ha sido sustituida por los trastornos somáticos.
Al considerar la angustia como un estado afectivo expectante sin objeto alguno, sin representación que la motive, puede diferenciarse, en principio del miedo, que recae sobre un objeto determinado, y del susto, el cual designa, ante todo, el efecto de un peligro para el que no nos hallábamos preparados por un previo estado de angustia. Se puede entonces decir que el hombre se defiende contra el susto por medio de la angustia.

Segunda teoría: la angustia no es causada por la represión, sino que la provoca

Si en la primera teoría de Freud la angustia neurótica derivaba de la presión libidinal inutilizada, insatisfecha o no elaborada a causa de la represión, ahora Freud estima que “El yo es la única sede de la angustia, no siendo provocada por la represión, sino que más bien ésta es causada por una angustia previa”. Así, la angustia de castración es un peligro exterior, pero conectado con la interna inclinación amorosa por la madre, con lo que el peligro pulsional interior se demuestra “Como una condición y una preparación de una situación de peligro exterior y real”.


Freud diferencia entonces entre angustia automática y señal de angustia. La primera sería una reacción ante una situación traumática, es decir, ante una afluencia de excitaciones, externas o internas, incapaces de ser dominadas por el individuo. La segunda correspondería a la reacción del yo a una situación de peligro, a fin de evitar ser desbordado por excitaciones masivas.
Por otra parte, hay que gtener en cuenta que el concepto de señal de angustia no excluye todo aspecto económico, cuantitativo, pues el afecto, reproducido en forma de señal, debió ser experimentado previamente en forma de angustia automática, es decir, que un peligro real no se transforma en angustia si no reactiva un antiguo trauma.
La angustia de castración, que es el núcleo de la angustia para Freud, ha venido precedida por todas las experiencias de separación: separación de la madre en el nacimiento, destete, excrementos. La condición determinante de esa angustia es la pérdida de un objeto también separable, el pene, cuya posesión garantiza al muchacho la posibilidad de una nueva unión con la madre “O la sustitución de la misma en el acto sexual”.
Sin embargo, en la niña se da complejo de castración, pero no miedo a la castración. Para la mujer no se trata tanto, entonces, de miedo a perder un objeto cuanto de miedo a perder el amor de un objeto.


Repudio, represión, renegación

Se puede entender el repudio como el rechazo primordial de algún significante básico fuera del universo simbólico del sujeto. Se diferenciaría de la represión porque los significantes repudiados no se encuentran integrados en el inconsciente del sujeto y, por tanto, su retorno no se produce desde el interior, sino desde lo real, tal como ocurre en el fenómeno alucinatorio.


Freud señaló que, además del proceso defensivo de la histeria y de la neurosis obsesiva, “Hay aún otra forma de defensa mucho más enérgica y eficaz, consistente en que el yo rechaza la representación intolerable conjuntamente con su afecto y se conduce como si la representación no hubiese jamás llegado a él.(…) En el momento en que esto queda conseguido, sucumbe el sujeto a una psicosis”.
Freud suele describir ese proceso simétrico de la representación neurótica como una pérdida de la realidad. Ahora bien todo trastorno psíquico perturba de algún modo la relación con la realidad, por lo que habría que investigar las diferencias entre neurosis y psicosis. Freud trata de hacerlo presentando la diferencia genética más importante entre ambas del siguiente modo “La neurosis sería el resultado de un conflicto entre el “yo” y su “ello”, y, en cambio, la psicosis, el desenlace análogo de tal perturbación de las relaciones entre el “yo” y el “mundo exterior””. Ambas, sin embargo, serían expresión de la rebeldía del ello contra el mundo exterior, de su incapacidad para adaptarse a la ciega necesidad de lo real.
En la situación inicial de la neurosis, el yo reprime una tendencia pulsional en conflicto con los dictados de la realidad; el conflicto neurótico estalla como reacción de lo reprimido y se manifiesta a través de productos transaccionales que tratan de evitar aquel fragmento de la realidad enfrentado a la tendencia pulsional reprimida. En la psicosis, en cambio, el movimiento primero es el que arranca al yo de la realidad, tratando más tarde de compensar esta pérdida mediante la creación de otra nueva, exenta de los motivos de disgusto, realidad creada por medio de delirios y alucinaciones.
En la deformación de la realidad de ambos procesos juega la fantasía un gran papel, si bien la neurosis se apoya todavía, como los juegos infantiles, en un trozo de realidad, mientras que la psicosis trata de compensar la pérdida de la realidad con una sustitución de la realidad.
Entre las neurosis y las psicosis, Freud agregó una categoría nosográfica hoy en desuso, a la que denominó neurosis narcisista, para referirse especialmente a la melancolía. En ella la libido se encuentra retraída de los objetos y concentrada sobre el yo, a diferencia de lo que ocurre en las neurosis de defensa o neurosis de transferencia (histeria de angustia, histeria de conversión, neurosis obsesiva), en las que la libido está siempre desplazada sobre objetos reales o imaginarios, lo que facilita su tratamiento analítico. Esto posibilita, a su vez, una segunda acepción del término neurosis de transferencia, para referirse a la organización de las manifestaciones neuróticas en transferencia con el analista, no representando sino una reedición de la neurosis clínica, a la que facilita el acceso y su curación. En vista de todo lo cual, se puede completar la fórmula genética antes ofrecida, diciendo: “La neurosis de transferencia corresponde al conflicto entre el yo y el ello; las neurosis narcisistas a un conflicto entre el yo y el superyó, y la psicosis al conflicto entre el yo y el mundo exterior”.




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