Curso de Especialista en Psicoterapia


La identificación: Duelo y melancolía (1915)



Descargar 2.92 Mb.
Página15/56
Fecha de conversión10.12.2017
Tamaño2.92 Mb.
1   ...   11   12   13   14   15   16   17   18   ...   56

La identificación: Duelo y melancolía (1915)

En general, la identificación designaría aquel proceso mediante el cual un sujeto asimila un aspecto o atributo de otro y se transforma total o parcialmente, sobre el modelo de éste, constituyéndose la personalidad a través de una serie de identificaciones con diversas figuras, entre las que las de los padres permanecerán como modelos últimos de referencia.


Donde tiene lugar el reconocimiento de la amplitud del proceso de identificación es en Duelo y melancolía en el que Feud tratará de aclarar un fenómeno normal, el duelo por la pérdida de un ser querido, a través de otro patológico, la melancolía, dando ese nombre a lo que hoy se denominaría psicosis maníaco-depresiva, en la que se alternan estados eufóricos con otros de profundo abatimiento. Ambos fenómenos, el duelo y la melancolía presentan profundas similitudes: el mismo abatimiento, la misma incapacidad de pensar en algo que no se refiere al objeto perdido, la misma imposibilidad de elegir un nuevo objeto sexual. Sin embargo, existen también diferencias, apreciadas ya por la observación común, la cual no ve en el duelo una manifestación patológica y sí en cambio en la melancolía. La más llamativa consiste en los reproches del melancólico a sí mismo, reproches que sólo en las manifestaciones patológicas de duelo alcanzan tal intensidad reproches que, en el desprecio de sí, pueden acabar por llevar al individuo al suicidio.
El melancólico sabe a quién ha perdido, pero no lo que con él ha perdido. Desconoce el lazo que le unía con el objeto, un lazo ambivalente y narcisista. La ambivalencia provoca que, con la pérdida, los objetos negativos salten a primer plano. La elección de objeto de tipo narcisista, una de las condiciones fundamentales de la predisposición a la melancolía, lleva a una retracción regresiva de esa elección de objeto narcisista al narcisismo. Pero la vuelta no es un retorno sin más: la retirada se lleva consigo el objeto, o algo del objeto, dado que el sujeto se resiste a perderlo y sigue invistiéndolo en el propio yo. Freud habla ahí de identificación narcisista con el objeto como sustituto de la carga erótica, como una forma de retener el objeto perdido.
Ya decía el poeta “Te quiero para olvidarte, para quererte te olvido”.
En el trabajo de duelo la libido acaba por obedecer las órdenes de la realidad, la cual exige al individuo abandonar todas las ligaduras con el objeto, si es que no quiere perecer con él. Dicha exigencia suscita una fuerte oposición y sólo se cumple con gran gasto de tiempo y de energía, al que se denomina, precisamente, trabajo del duelo. Pero el melancólico, a pesar del conflicto (muerte, ruptura), se resiste a abandonar la relación, trasladándose entonces aquél al interior del propio yo, que queda así disociado. Por eso, a diferencia del trabajo del duelo, referido a un objeto exterior, el debate del melancólico es un debate consigo mismo.
Al tratarse a sí mismo como quisiera tratar al objeto, denigrándolo, el individuo puede contrariar la fortísima tendencia a la autoconservación y llegar al suicidio, como forma de acabar con la “sombra del objeto”, mientras preserva una imagen no dañada de sí, cercana a la omnipotencia, narcisista e ideal.
Freud dijo “La identificación es la fase preliminar de la elección de objeto, y la primera forma, ambivalente en su expresión, utilizada por el yo para escoger un objeto. Quisiera incorporárselo, ingiriéndolo, o sea devorándolo”.
Duelo y Melancolía” supone un gozne esencial en el camino hacia la segunda tópica. En efecto “Cuando el proceso de identificación con los objetos sexuales abandonados, como reacción a la pérdida de éstos, se aplique a esos objetos sexuales privilegiados que son los padres, estaremos en presencia de la constitución del superyó”.

Segunda teoría de las pulsiones “Más allá del principio del Placer (1920)

Desde 1914 la teoría freudiana se aproximaba hacia el monismo, del que, por otra parte, el conflicto psíquico y la necesidad de encontrar algo que se opusiera a la sexualidad la alejaban. Será la nueva teoría pulsional, formulada en 1920 la que reafirme el dualismo, generando, a su vez, nuevos problemas.


La compulsión a repetir

A partir de “Más allá del principio del placer” Freud vaa defender un nuevo dualismo pulsional, el de pulsiones de vida (Eros) y pulsiones de muerte (Tánatos).


Los aspectos agresivos del comportamiento, hacia uno mismo y hacia los demás, habían sido tenidos en cuenta desde el comienzo del psicoanálisis, sin verse en la necesidad de postular una pulsión independiente, sino explicándolos a través de mecanismos como la ambivalencia. No obstante, poco a poco, a Freud se le impusieron una serie de fenómenos para los que no parecían suficientes las antiguas explicaciones. Entre ellos se pueden destacar la neurosis traumática, la compulsión a la repetición y, en general, los intensos sentimientos de culpabilidad. Freud reserva un puesto nosográfico y etiológico aparte para referirse a aquellas neurosis en las que el trauma, por su particular intensidad (accidentes, batallas, explosiones), desborda la capacidad de defensa del organismo. Sin ser capaz de responder a él ni de elaborarlo, el individuo repite compulsivamente el acontecimiento traumatizante (por ejemplo, en sueños), como si intentara ligar psíquicamente el monto de excitación no integrado.
Fuera así o no, lo cierto es que la compulsión a la repetición forma parte del cuadro de muchas neurosis y parece contradecir el principio del placer, y su derivado, el principio de realidad, rector de la vida psíquica, al situarse el sujeto, una y otra vez, en situaciones penosas en las que revive experiencias antiguas.

Heros y Tanatos: ¿carácter inercial de las pulsiones?

Freud postula una función anterior al principio del placer, que tendría por misión dominar grandes masas de excitación, ligándolas psíquicamente y procurando su descarga. Si ante los estímulos externos podemos defendernos mediante un dispositivo protector, no hay protección similar contra los internos, a no ser a través de determinados medios de defensa; mas cuando ya no es evitable “La inundación del aparato anímico por grandes masas de excitación, habrá que emprender la labor de dominarlas, esto es, de ligar psíquicamente las cantidades de excitación invasoras y procurar su descarga”.


En el nuevo concepto hay un salto, pues lo peculiar de la obsesión a la repetición no es tanto la falla en esa función de ligazón energética, cuanto su compulsividad, que denota un carácter pulsional e incluso demoníaco, algo irrefrenable, independiente del principio del placer y capaz de oponerse a él.
Para Freud, la impresión de fuerzas que empujan hacia la transformación y el progreso es engañosa. El fin de la vida no sería un estado nuevo sino el regreso a un estado anterior del que circunstancias exteriores obligaron a salir para ir de lo inanimado a lo animado, que tiende, a su vez, a volver al estado inorgánico. El principio de conservación no hace sino asegurar al organismo su peculiar camino hacia la muerte. Así, la muerte aparece inscrita en la necesidad de la vida, como algo interno a ella.
Las pulsiones sexuales se conciben como conservadoras, sólo que lo que tratan de conservar es la vida misma, entrando en contradicción con la pulsión de muerte. Mientras que, abandonados a sí mismos, cada uno de los seres vivientes no haría sino recorrer su propio camino hacia la muerte, a fin de apaciguar todas las tensiones y volver al estado inorgánico, los impulsos sexuales, agrupados bajo el nombre de Eros, luchan contra los fanáticos y tienden a agregar unos con otros los seres y los grupos. La lucha contra la muerte no reside en ningún aislado deseo de vivir, sino en la relación erótica de seres sacados de ese aislamiento, interna y necesariamente mortal.

Entre la clínica y la especulación

Aún cuando la nueva oposición entre pulsiones fanáticas y eróticas sustituye a la que se daba entre pulsiones del yo o de autoconservación y pulsiones sexuales, esta última no es del todo desechada. En primer lugar porque bajo el nombre de Eros se recogen anteriores oposiciones, pues “La antítesis de las pulsiones de autoconservación (del yo) y de conservación de la especie (sexuales), así como aquella otra entre el amor yoico y el amor objetal, caen todavía dentro de los límites del Eros”.


La especulación teórica permite suponer la existencia de dos pulsiones fundamentales manifiestas, a saber: el Eros, pulsión tendente a la unión cada vez más amplia, y la pulsión de destrucción, conducente a la disolución de todo lo viviente. La manifestación energética del Eros se llama en psicoanálisis libido, careciendo de un término análogo a libido par designar la energía de pulsión de destrucción.




Compartir con tus amigos:
1   ...   11   12   13   14   15   16   17   18   ...   56


La base de datos está protegida por derechos de autor ©psicolog.org 2019
enviar mensaje

    Página principal
Universidad nacional
Curriculum vitae
derechos humanos
ciencias sociales
salud mental
buenos aires
datos personales
Datos personales
psicoan lisis
distrito federal
Psicoan lisis
plata facultad
Proyecto educativo
psicol gicos
Corte interamericana
violencia familiar
psicol gicas
letras departamento
caracter sticas
consejo directivo
vitae datos
recursos humanos
general universitario
Programa nacional
diagn stico
educativo institucional
Datos generales
Escuela superior
trabajo social
Diagn stico
poblaciones vulnerables
datos generales
Pontificia universidad
nacional contra
Corte suprema
Universidad autonoma
salvador facultad
culum vitae
Caracter sticas
Amparo directo
Instituto superior
curriculum vitae
Reglamento interno
polit cnica
ciencias humanas
guayaquil facultad
desarrollo humano
desarrollo integral
redes sociales
personales nombre
aires facultad