Curso de Especialista en Psicoterapia


Un modelo del psiquismo: la primera tópica



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Un modelo del psiquismo: la primera tópica

En este modelo Freud distinguirá diversas subestructuras, diversas localidades psíquicas, que tratan de dar cuenta de las singularidades de la vida onírica. Estas localidades psíquicas son lugares en sentido metafórico, sin referencia a localizaciones cerebrales, lo que permite permanecer en terreno psicológico. Es a esa visión espacialmente metafórica del aparato psíquico, dividido en diversas instancias o lugares psíquicos con funciones diferentes y dispuestas en un determinado orden, a la que se da el nombre de primera tópica, de acuerdo con el uso clásico, para el que una tópica es una teoría de los lugares.


En diversas ocasiones, Freud se refirió también a ese modelo del psiquismo diciendo que ofrecía una exposición metapsicológica, tratando de dar paso a una nueva psicología en la que lo psíquico no se redujera, como se hacía de manera tradicional, a lo consciente puesto que (es la gran aportación freudiana), lo consciente no es la esencia de lo psíquico, sino “Una cualidad inconstante, que se halla muchas más veces ausente que presente en el psiquismo”. Así pues, lo psíquico no es igual a lo consciente y para referirse a esa psicología que abarca de manera central a los procesos inconscientes, es para lo que Freud echa mano del término metapsicología.
La metapsicología freudiana comprende, en primer lugar, un punto de vista descriptivo, donde la gran división de lo psíquico es la que se produce entre lo consciente y lo inconsciente. Es consciente todo aquello que se encuentra en un momento determinado dentro del campo de la conciencia, mientras que resulta inconsciente todo lo que cae fuera de él y, entonces, tanto podríamos hablar del inconsciente como del subconsciente. Para Freud, las diferencias y oposiciones fundamentales no se dan entre lo consciente lo preconsciente, sino más bien entre el sistema inconsciente, gobernado por el proceso primario, y el sistema preconsciente-consciente, regido por el proceso secundario.
Para abrirnos a estas categorías, es preciso que al punto de vista descriptivo se agreguen, según propone la explicación metapsicológica freudiana, las perspectivas tópica, dinámica y económica.

Perspectiva tópica

Según el punto de vista tópico, el psiquismo humano podría compararse a un instrumento óptico en el que pueden distinguirse diversos lugares psíquicos (que corresponderían a puntos virtuales del aparato, situados entre dos lentes), a los que podemos denominar también sistemas, cada uno de los cuales posee su función y su tipo de proceso.


La primera tópica freudiana diferencia dos sistemas (el sistema preconsciente-consciente y el sistema inconsciente) y tres instancias: dentro del sistema preconsciente-inconsciente, la instancia más externa es la perceptivo-consciente, que rige también la motilidad voluntaria. Detrás habrá que situar lo preconsciente, entendiendo por tal todo aquello que, aun no siendo presente a la conciencia en un momento determinado, puede acceder con relativa facilidad a la misma, sin necesidad de vencer grandes resistencias afectivas ni sufrir importantes transformaciones, cuando se cumplen determinadas condiciones, como cierta intensidad de las representaciones o cierta distribución de la atención. Por último habrá que situar el sistema inconsciente, que no comunica con la conciencia sino a través de lo preconsciente, el cual impone al proceso de excitación, determinadas transformaciones. Entre esos sistemas habrían de situarse, como si fueran barreras, determinadas censuras de las que, la más fuerte es la que separa lo inconsciente de lo preconsciente. La representación gráfica podría ser la siguiente:



Perspectiva dinámica

El punto de vista tópico ha de articularse con la perspectiva dinámica, según la cual entre el sistema preconsciente-consciente y el inconsciente se da una oposición o conflicto: a la actividad del sistema inconsciente se oponen fuerzas represoras, con lo que, cuando los impulsos inconscientes logran acceder a la conciencia, no lo hacen sino deformados y como un producto transaccional entre las fuerzas en pugna, como sucede, de manera eminente, en los sueños.


Clínicamente, la censura entre los sistemas se manifiesta en la resistencia frente al acceso de lo inconsciente a la conciencia y en la producción de formaciones transaccionales. El conflicto psíquico, provocado por exigencias internas opuestas, resulta constitutivo del ser humano, bien sea un conflicto manifiesto, por ejemplo entre un deseo consciente y una exigencia moral igualmente consciente, o latente, expresándose este último de manera deformada en conflictos manifiestos y en síntomas.

Perspectiva económica

Es aquella que pretende tener en cuenta la circulación y distribución de la energía en el aparato psíquico.


Desde el punto de vista económico, el funcionamiento psíquico podría describirse como un juego de catexis (se refiere a la carga con la que cierta energía se vuelca u ocupa una representación, una parte del cuerpo o un objeto), siendo la posterior elaboración del concepto de pulsión la que conceptualice la energía de catexis como energía pulsional, que proviene de fuentes internas y ejerce una presión constante, imponiendo al aparato psíquico la tarea de transformarla.

Proceso primario y proceso secundario. Energía libre y ligada.

La triple consideración tópica, dinámica y económica lleva a Freud a distinguir diversos modos de funcionamiento del aparato psíquico, según los diferentes sistemas: desde el punto de vista tópico, el proceso primario caracteriza el sistema Ics. y el proceso secundario el sistema Pcs.-Cs. Esta caracterización introduce un punto de vista genético: el proceso primario correspondería al funcionamiento primitivo del psiquismo, que sólo más tarde, y gracias a determinadas modificaciones, es capaz de ciertas operaciones, como el juicio y el razonamiento.


El proceso primario se caracteriza por la libre circulación de la energía, que fluye sin trabas de una representación a otra, de acuerdo con los mecanismos del desplazamiento y la condensación, y tiende a la descarga completa de la excitación. Pero, controlado el acceso a la motilidad por la censura, la marcha de la excitación no siempre es progresiva, del extremo perceptivo al extremo motor, sino que puede seguir también una orientación regresiva, a través del sistema de representaciones, para cargar plenamente las que se encuentran vinculadas a las experiencias de satisfacción constitutivas del deseo, y provocar la identidad de percepción, como es la reproducción alucinatoria de experiencias de satisfacción original, tal como sucede de manera privilegiada en el sueño.
El sueño busca reconstituir por el camino más corto, en forma alucinatoria, la experiencia de satisfacción. Si se denomina deseo al impulso que a ello le mueve, la identidad de percepción con una experiencia de satisfacción original (por ejemplo la imagen de la madre asociada a la descarga de la tensión impuesta por las necesidades) provoca el cumplimiento del deseo, que nos conduce a las etapas y circunstancias más tempranas en la vida del individuo.
La regresión puede ser considerada, desde un triple punto de vista: tópico (la excitación psíquica, en vez de orientarse desde el sistema Ics. al Pcs., vuelve desde éste al primero), cronológico (retorno a formaciones psíquicas y etapas: fases libidinales, relaciones de objeto, identificaciones, etc., en parte superadas por el desarrollo del psiquismo) y formal, es decir, la sustitución de formas de representación más complejas y diferenciadas por otras anteriores y más primitivas. Pero estas tres clases de regresión son en el fondo una misma cosa, y coinciden en la mayoría de los casos.
El proceso secundario se caracteriza por la energía ligada. Frente a la movilidad de carga del sistema Ics., la energía discurre ahora de manera controlada, las representaciones son cargadas de modo más estable, como corresponde al pensamiento y al examen de la realidad: el aplazamiento de la satisfacción permite experiencias mentales que prueban distintas vías de cumplimiento, por lo que los procesos secundarios vienen a coincidir con las funciones descritas tradicionalmente por la psicología bajo los rótulos de pensamiento de vigilia, atención, juicio, razonamiento y acción controlada.
El proceso secundario no se rige por la identidad de percepción, sino por la identidad de pensamiento, investigando las posibles modificaciones que se pueden introducir en la realidad para encontrar satisfacción, pero controlando la vía corta de la alucinación que quiere imponer el deseo y “Sin dejarse negar por las intensidades de las representaciones”.

Principio del placer y principio de realidad

La oposición entre proceso primario y secundario es paralela a la que se da entre principio de placer y principio de realidad.


En términos generales, el displacer va ligado a un aumento de las cantidades de excitación y el placer a su descarga; en el extremo, entonces, el mayor placer habría de obtenerse al conseguir una evacuación completa de la energía que coincidiría con la extinción de la vida, por lo que la descarga absoluta aparece más bien como un concepto límite al que llamó principio de inercia, entendiendo por tal la tendencia de las neuronas a evacuar completamente las cantidades de energía que reciben.
El principio de inercia se solaparía con lo que Freud denominó principio de nirvana que fue tomado del budismo y difundido por Schopenhauer, que se refiere a un estado de perfecta quietud tras la extinción del deseo humano, fuente de la infelicidad, y la fusión en la totalidad, al desaparecer la ilusión fenoménica de la individualidad. El principio de nirvana regirá las pulsiones de muerte, a las que Freud opondrá las pulsiones de vida, encargadas de mantener y crear unidades vitales, que suponen un nivel elevado de tensión, por lo que no todo aumento de ésta provoca displacer: hay tensiones placenteras.
En líneas generales, podríamos decir que el principio del placer tiende a la evacuación de la energía y sería característico del proceso primario.
El principio de realidad no busca la satisfacción por el camino más corto, como el principio del placer, sino que el psiquismo aprende a dar rodeos, a aplazar su resultado en función de las condiciones impuestas por el mundo exterior.
El principio de realidad no suprime el principio del placer, sino que más bien lo modifica en función de las exigencias de aquélla. Tal sustitución no se realiza de una vez y nunca es completa: el principio del placer continúa imperando en el inconsciente y en las actividades psíquicas características del proceso primario.

Caracteres del sistema inconsciente

Como adjetivo el término inconsciente se refiere a cualquiera de los contenidos que no se encuentran presentes en el campo de la conciencia en un momento dado.


El inconsciente no es equivalente a una segunda conciencia ni a un grado menor de conciencia, sino que tiene contenidos y mecanismos propios.
El sistema inconsciente se caracteriza por una serie de rasgos, que Freud resume en los siguientes: proceso primario (movilidad de carga, energía libre), gobernado por el principio del placer: ausencia de negación, de duda, de grado en la certidumbre; falta de contradicción; ausencia de relación con la realidad exterior, e independencia del tiempo.

La represión

La teoría de la represión es la piedra angular del edificio del psicoanálisis. Principal de los mecanismos de defensa y prototipo de ellos, se encuentra en otros procesos defensivos complejos, como un momento de los mismos. La esencia de la represión consiste exclusivamente en rechazar y mantener alejados de lo consciente a determinados elementos. Es importante destacar que el propio proceso represivo es en sí mismo inconsciente, siendo el hecho de que la represión se encuentre sometida a las leyes del proceso primario lo que la convierte en una defensa patológica frente a una defensa que podría considerarse normal, como, por ejemplo, la evitación de algo que se desea, pero que otras consideraciones incitan a rechazar.


Represión y supresión
Algunas representaciones pueden desaparecer de la conciencia sin volverse por ello inconscientes, sino simplemente preconscientes. Ahora bien, tal tipo de represión o supresión tiene lugar en el nivel de la segunda censura, situada por Freud entre lo consciente y lo preconsciente, y da lugar a una exclusión fuera del campo de la conciencia, pero no al paso de un sistema (Pcs.-Cc) a otro (Ics.). En cambio, desde el punto de vista psicoanalítico, tanto el proceso como los resultados de la represión son inconscientes.
La represión no equivale a la no realización de un deseo consciente, evitado por unos u otros motivos, sino a no ser consciente de algo que se desea, que es lo que motiva su efecto patógeno. Freud nunca alentó a la realización de todos nuestros deseos, sino a ser conscientes de ellos. No obstante, esto no equivale a hacer de la cura psicoanalítica un simple proceso de desrepresión, pues aunque es preciso que determinadas represiones se levanten, el ser humano se constituye sobre una represión primordial e ineliminable, y, en ciertos casos, la terapia habrá de encaminarse a tratar de sellar lo que quedó mal estructurado.
Afecto y representación
El motivo de la represión es que la satisfacción de un impulso pulsional, susceptible por sí misma de provocar placer, puede transformarse en displacer en virtud de otras exigencias, y entonces el individuo se defiende de él, no queriendo saber nada del mismo.
Freud piensa que el afecto nunca se reprime: es propio de los sentimientos el ser percibidos o conocidos. El afecto no fue nunca inconsciente y sólo su idea sucumbió al proceso represivo. “El uso de la expresión “afecto inconsciente” se refiere, en general, a los destinos que la represión impone al factor cuantitativo del impulso pulsional”. Esos destinos del componente afectivo de los representantes pulsionales son básicamente tres:


  1. El afecto puede ser suprimido, coartado en su desarrollo; éste es el verdadero fin de la represión, que no vuelve inconsciente el afecto, sino que, cuando es lograda, lo suprime.




  1. El afecto perdura total o fragmentariamente como tal, mas desplazado, bien sobre el cuerpo (histeria de conversión), bien sobre un objeto exterior (fobia), bien a contenidos del pensamiento aparentemente anodinos, pero que no dejan de acosar al individuo (neurosis obsesiva).




  1. El afecto puede transformarse en otro, cualitativamente distinto, sobre todo en angustia, que sería el afecto carente de representación, la cantidad al desnudo.


Represión primaria y secundaria
Freud distingue una represión en sentido amplio, que comprende tres momentos, y otra en sentido estricto que no es sino el segundo tiempo de la anterior. El primer tiempo constituye la represión primaria. Este es un proceso hipotético pues, según Freud, una representación no puede ser reprimida si no experimenta, junto a la acción ejercida por la instancia superior una atracción proveniente de los contenidos que ya son inconscientes. Esto implica que el inconsciente deja de ser totalmente asimilado a lo reprimido: habría algo constitutivo del inconsciente, que no ha sido reprimido en sentido estricto, aunque lo reprimido no forma por sí solo todo el contenido de lo inconsciente. Lo inconsciente tiene un alcance más amplio. Lo reprimido es una parte de lo inconsciente.
Este núcleo constitutivo de lo inconsciente sería lo reprimido primario y originario, sobre cuyo carácter, se tiene un conocimiento harto insuficiente. Pese a esa oscuridad, podría decirse que consiste básicamente en una fijación de la pulsión a una representación que ve negado el acceso a la conciencia, produciéndose una inscripción de esa representación en el inconsciente: al no poder acceder la representación psíquica de la pulsión a la conciencia, esa negativa “Produce una fijación, o sea, que la representación de que se trate perdura inmutable a partir de ese momento, quedando la pulsión fijada a ella”.
Este núcleo constitutivo de lo inconsciente funcionará como polo de atracción respecto a los elementos reprimidos posteriormente, en la represión propiamente dicha, o represión secundaria o posterior, constituida por un proceso doble, que una a aquella atracción una repulsión por parte de una instancia superior. El tercer tiempo estaría constituido por el retorno de lo reprimido, si bien en forma deformada, en los sueños, los actos fallidos y los síntomas.
Representaciones de cosas y representaciones palabras
Freud distinguió entre “representaciones de cosa” y representaciones de palabra. La representación de cosa es característica del sistema Ics., tiene un carácter especialmente visual y se halla en una relación más inmediata con la cosa. La representación palabra, en cambio, es esencialmente acústica, liga la representación de cosa a la palabra correspondiente y caracteriza el sistema Pcs.-CC. Desde esta perspectiva, la represión podría considerarse como una representación cosa.




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